Capítulo 9
Quedaron nueve para salir esa noche, pero James, que era un divo.
Lily sacó un espejito y se retocó las pestañas, Rudy y Ethan se desmoronaron en un sofá, Remus y Debbie mataron el tiempo de la manera en la que todos los novios recientes acostumbran a matar el tiempo y Sirius por una vez parecía inmerso en un problema serio de tablero de ajedrez. Peter y Laura parecían vagamente desasosegados. Él se paseaba por la sala común en círculos y ella tocaba ritmos africanos con dos plumas y una caja de galletas de mantequilla bretonas.
- Ahem. Laura se rascó la garganta.
- ¿Ahem? Rudy enarcó una ceja.
Rudy y Laura habían tenido una historia improbable. El hiperactivo, auténticamente egocéntrico y larguirucho Rudy se había sentado una vez al lado de Laura a la hora de la cena. Enfrente, James y Sirius hablaban por lo bajo y él se había puesto a contarle tonterías al oído para dar la réplica. Ella le había escuchado, sonrojada, y en el momento de responder le había leído un trozo de cotilleo del periódico que estaba abierto delante. Rudy la había mirado con incredulidad y ni había hecho falta más. Había sido el primero novio de Laura. Rompieron cuando después de una conversación con James una noche de fiesta, él había comentado en broma que la endogamia de los internados le traía loco y que salir con una chica de Gryffindor era casi como salir con su hermana. Ni siquiera la mitología egipcia le había sacado del apuro.
James se había sentido vagamente culpable por aquello, no porque compartiese la opinión de Rudy sobre las chicas de Gryffindor, al contrario, sino porque si no se hubiese puesto a contar como una amiga había salido con todos los chicos de su grupo menos dos, y con algunos varias veces, Rudy y Laura podrían haber seguido encabezando la lista de parejas inverosímiles al menos unos cuantos meses más. Ahora eran amigos sin nada en común, salvo una afición a lo imprevisible y el instinto de protección que Laura había conseguido despertar en él y que, por ser cuerpo extraño para Rudy, había salido indemne de la ruptura. Simplemente no sabía que existía porque no la veía lo bastante.
- ¿Dónde está James? Preguntó ella con un redoble de caja de galletas.
- James se comió mi último chicle, así que lo maté, explicó Sirius levantando la cabeza del tablero. Sabía dónde estaba su amigo. Como siempre que salían trataba de avisar a Emily Gardner, prefecta de sexto de Gryffindor y guardiana del equipo, de que los dos Premios Anuales se iban a ausentar junto con unas cuantas eminencias de la casa. Era lo más cercano a una medida de prudencia que ninguno de los Merodeadores estaba acostumbrado a tomar. Consiguió localizarla gracias al mapa del Merodeador y a unos gadgets que guardaba en el bolsillo y que le permitieron separar a Emily de Frank sin chocar su sensibilidad de espíritu puro y mentalidad elevada.
A la subida, silbando una canción de Simple Minds, tropezó con un individuo desagradablemente cerca de la entrada de la Sala Común. Snape tenía el aspecto de esperar a alguien y de considerar fundirse con el muro como una perspectiva agradable. James no le aguantaba por varias razones. La primera era la más importante y muy superficial: lo encontraba rematadamente desagradable y no ignoraba que detrás de sus dificultades en relacionarse se escondía alguien muy inteligente. Oírle reír le repugnaba. Era una insoportable mezcla de sarcasmo y caso clínico que le daba ganas de lavarse los oídos. Aparte, le tenía el odio atávico de su familia a las artes oscuras.
Le molestaba haberlo maltratado así que se había olvidado convenientemente del asunto. Si alguien se lo recordaba ponía una sincera cara de asombro y decía "Ah, sí es verdad" tras unos segundos de darle vueltas al tema. Sentía que habían salido con las mismas opciones. Nadie le había regalado ni la pertenencia en Gryffindor, ni la amistad de sus amigos. El resto había sido fair play, pero toda la noche en la que Remus por poco se cargaba a Snape había quedado cubierta por una capa espesa de malestar y disgusto y horror, y aunque Sirius parecía pensar que el hecho de que James se hubiese jugado la vida para salvarle era bastante redención para los cuatro, él no se sacudía la impresión de que esa noche había sido un día libre de todo lo que le parecía normal y bueno. Pasó de largo hasta la Sala Común y entró con las cejas fruncidas.
Remus le interrogó con la mirada.
- Snape, respondió James. Snape es tan deprimente. Si no se mata el mismo, probablemente lo haré yo.
Lily le fulminó con la mirada.
- Calma, mujer. Tenemos simples diferencias artísticas.
- Sí, masculló Sirius. Él es el hermano mayor de Vincent Maloy y tú eres…
- Eh eh eh. Vamos a dejarlo antes de que estropees la frase, interrumpió James con prudencia y circunspección.
Danielle apareció en ese momento por la escalera.
- ¿No vienes, Dani? Le preguntó James cariñosamente.
- No.
James sacó la cabeza y arqueó las cejas. Significaba "¿por qué?"
- Por que hoy no me apetece ver tu cara, James, le respondió Danielle de manera también muy amable. Él parpadeó muchas veces y a gran velocidad. Abrió la boca para replicar que si Dani quería iba con dominó veneciano, pero Sirius le interrumpió antes de que pudiese decirlo (y la habría convencido).
- A mí también me pasa, dijo alzando las cejas repetidamente y haciendo mohines.
- Si queréis hablar mal de mí a mis espaldas… hacedlo a mis espaldas, bufó James.
- Bah, déjales, no es culpa suya si les dan dolores de ojos ocasionales, intervino Rudolf. James le miró con incredulidad. Remus se echó a reír.
- ¿Rudy te ha defendido? ¡El fin del mundo, el Apocalipsis!
- ¿Qué tiene de raro? Preguntó Rudy desde su sofá, levantando la mano lánguidamente. Danielle, James y yo somos la única razón por la que Glynnis no necesita un psicólogo y tres pastillas de Prozac antes de cada partido. Somos un equipo.
- Oh. Eres maravilloso, suspiró Lily alzando las cejas.
- Ha, ha, dijo James irónicamente. Me alegra que tengas una perspectiva tan positiva de hacer exactamente lo que yo te diga durante cinco horas cada semana.
-¿Nos vamos ya? Estoy cansado y paso de escuchar a Rudy explicar porqué ve el lado rosa de la vida. Si no nos vamos, me quedaré a descansar, refunfuñó Remus.
Debbie puso cara de horror. Estaba sentada encima de él y con las piernas tan entrelazadas como le permitía su anatomía.
- Si quieres descansar, te dejaré descansar. Descansar en paz, dijo apuntándole con el dedo.
- Si me matas, te enviaré spam desde el otro mundo, amenazó Remus implacablemente. Debbie pareció impresionada
James puso cara de horror y se tapó la boca con la mano. Sirius continuó con seriedad:
¿Anuncios de viagra desde el Hades? Moony, si tiene algo que contar...
Remus le fulminó con la mirada y se puso el abrigo.
- Perdona que no te entienda; ¿te refieres a mi almohada o a mi manta de la suerte?
Todos se echaron a reír ruidosamente.
- ¿Tienes una manta de la suerte? Preguntó Peter con tono cándido.
Remus levantó los ojos al cielo.
- Es la que me pongo encima de la cabeza cuando James vuelve tarde y da portazos. Tú también das portazos cuando estoy durmiendo. Dais todos portazos cuando duermo. Es horrible. No lo soporto.
- Ya. Cuando no estás durmiendo, no lo hacemos, soltó James impasiblemente.
Vuelta a la carcajada general. Al fin, James se acercó a Laura y le tendió el brazo ostentosamente. Lily bromeaba con Ethan, medio girada hacia la puerta, pero vio el gesto y sonrió imperceptiblemente. Había estado preocupada porque se lo pasase bien entre un grupo de gente que de timidez sólo conocía la definición del diccionario.
Esta vez anduvieron hasta una sala desierta de un pasillo del sexto piso y se encerraron dentro esperando a Sirius.
- Esto parece Navidad, refunfuñó Ethan. Lily sonrió, pero fue la única. Los demás no tenían parientes muggles y las habitaciones cerradas y las esperas les recordaba solo a la consulta del médico.
Sirius volvió pronto con una cosa cogida con pinzas para el fuego, que es pequeña, resbaladiza, se ve con cierta frecuencia por el suelo en las calles, a nadie en su sano juicio se le ocurriría coger y era su portoloin. Mucho cachondeo después, llegaron a un square silencioso y gris tan obviamente alejado de toda actividad humana que Ethan, Lily, Laura y Debbie entornaron los ojos. En cambio, Peter tendió los dos brazos hacia delante y lanzó un chillido entusiasmado.
- ¡Metro!
Los otros cuatro miraron a los Merodeadores con rencor.
- ¿Tenemos que ir en metro? ¿Somos magos y tenemos que ir en metro?
James se encogió de hombros.
- No nos atrevemos a llevar el portoloin muy cerca del callejón Diagon. Y a nosotros el metro nos gusta.
- Nos encanta, precisó Sirius.
…
James y Rudy se deslizaron de pie por las barandillas hasta el andén y aseguraron que era mucho más fácil que mantenerse parado en una escoba, pero las muggles a los que ofrecieron la explicación no parecieron entenderlo. Al final, James se cayó, lo que le puso las cosas mucho más fáciles al empleado del metro que les perseguía en ese momento.
Lily había dirigido el momento del cambio del vestuario para procurar que tuviesen pinta normal, pero en un pulso interior su caridad presentó menos resistencia de la esperada. Debbie lucía un vestido blanco algo escotado por debajo de las rodillas, Rudy unas enormes gafas de pasta, Sirius una camiseta de los Clash, Laura unos pantalones hippies violetas, Remus una cazadora negra con la que se pinchó repetidas veces a lo largo de la noche, Ethan un kilt y Sirius y James… bueno, con Sirius y James se había pasado tanto que el Premio Anual le dijo que prefería ir con una funda de almohada que ser visto en ese estado por otro que su tía abuela que era ciega.
Se desperdigaron por el vagón. Pronto se reveló que a Sirius y James les gustaba el metro porque se dedicaban a hacer ejercicios atléticos con las barras laterales. Nada más empezar, una rubia muy arreglada parecía a punto de abordarles cuando James levantó la mirada y le dijo fríamente: "Ni lo intentes". Había que admitir que era un experto en cubos de agua fría.
Lily, Laura, Ethan y Debbie estaban del otro lado del vagón mirando a un tío incomprensiblemente pintado de azul y hipotetizando sobre que le había podido suceder para que acabase de esa guisa, cuando entró una chica y se sentó no lejos de ellos. Peter se acercó y se sentó a su lado en el único sitio que había libre y James le hizo un saludo. Ella se debió confundir porque le dijo a Peter "¿Te importa moverte? Impides que vengan los chicos. Los guapos."
Peter la miró, profundamente ofendido, y le respondió fulminantemente:
- Pues deberían darme las gracias.
Sirius se dobló por la mitad de risa, se acercó y le dio unas palmaditas en la cabeza.
- A veces me acuerdo de por qué voy contigo, tío.
En eso Remus se acercó y por la espalda le taponó la boca.
- Ya has quedado bien. Dios no quiere que lo estropees.
Sirius protestó vehementemente y levantó a Remus sobre la espalda. Debbie consecuentemente se tiró encima de los dos. Rudy agitó los dedos, lo que se veía mucho porque los tenía largos, y declaro:
- Que monos que somos. Nosotros también podríamos ser de esos grupos que salen entre ellos hasta dar la vuelta.
Sirius arqueó una ceja.
- No me importaría salir con Debbie.
Remus le dedicó una mirada de "te-estoy-ignorando-de-tal-manera" y soltó:
- Mira que bien, James… Acabaría llegándote el turno con Lily…
Lily tuvo una de esas sonrisas en las que estiraba la comisura de los labios y replicó, poniéndose al lado de James:
- En esos grupos siempre hay un par de hermanos. James y yo nos presentamos voluntarios.
James pareció indignado.
- Claro, porque el gen del pelo rojo es tan frecuente en mi familia.
Lily le puso una mano en el brazo. James estuvo muy cerca de sonrojarse.
- No me importa ser adoptada.
- No, por dios, suspiró Laura. Si veo una trama más de hermanos sin consanguineidad-se-enamoran creando instantes de duda y de tensión familiar, me abriré las venas.
- Yo también, asintió Peter efusivamente.
Los demás les miraron con inquietud.
- Vamos a evitar preguntar, decidió James caritativamente.
- ¡No me pensaba enamorar de James! Exclamó Lily.
…
Media hora después llegaron al callejón Diagon y se dirigieron a una de las salas más importantes del Londres mago. Todos la conocían, pero ninguno sabía todavía que en concreto iban a ver. En la puerta no había carteles y nadie, y James menos aún, quería responder a sus preguntas.
Mientras atravesaban el corto pasillo oscuro que desembocaba en el escenario y Sirius se abría paso hasta la barra, James se acercó a Lily con la sombra de una sonrisa.
- ¿Qué? ¿Curiosa?
Respondió que estaba demasiado contenta para estarlo. Parpadeó varias veces y levantó la barbilla para decirle algo por encima del ruido, pero en ese momento Peter se acercó y le tiró de la manga repetidamente.
- Oye James, si saliésemos los unos con los otros tendríamos una seria carestía de chicas. Así que o aceptan tríos o tenemos que…
James abrió mucho la boca e iba a gritar su espanto cuando se apagaron todas las luces y salieron los músicos al escenario. Atacaron la intro y apareció la figura de blanco del cantante principal.
- ¡AHHH! ¿¡ELVIS! Chillaron Lily y Ethan al mismo tiempo. James se echó a reír tanto y tan desesperadamente que se tuvo que abrazar a una columna para no caerse.
Laura y Rudy miraban el escenario con ecuanimidad, los labios plisados y cara de aprobación.
- Canta bien, declaró Laura. Aunque suena algo pasado de moda.
Rudy asintió inclinando la cabeza y añadió:
- No sabía que era posible mover las caderas así.
Y le imitó un par de veces.
Lily, mientras tanto, había ido a levantar a James por una oreja y le lanzaba mil preguntas que él no sabía responder. Al final le sacó que era su única cita en Reino Unido y que sí, se había hecho algo en la cara. La pelirroja levantó la cabeza y miró hacia el escenario y el público más raro y heterogéneo que había visto en su vida.
- No todos lo conocen, comentó James, disfrutando de la corriente de complicidad entre ellos.
- Le sienta bien la comida maga, opinó Lily. Ha adelgazado una barbaridad. Parece como si hubiese caído del cielo y luego se hubiese ido a la peluquería.
Reconoció la sorpresa y le tomó por la mano para acercarse a Rudy, Laura, Ethan, Debbie y Remus hacia la mitad de la sala.
Entre tanto Sirius y Peter habían ido a buscar algo para beber y bregaban con las copas a cuestas. A la llegada, sin embargo, James les nombró a los dos "su mejor amigo número uno" y señaló para Sirius en una dirección indeterminada.
- Mira. ¿Y esa cómo ha llegado allí?
Apoyada contra una pared había una rubia de su edad y pinta de pasárselo muy bien. Estaba sola y les sonaba demasiado su cara para no ser de Hogwarts.
- Ni idea. ¿No tenemos el monopolio de las infraestructuras necesarias para salir del colegio? Remus se había acercado a ellos y parecía sorprendentemente picado para un ser con una vena notablemente menos infantil que sus amigos.
Lily miró también y asintió con la cabeza.
- Bue-eno… Pues yo diría… Que no…
Los cuatro Merodeadores le explicaron con la mirada porqué Jack Nicholson no ganó el Oscar por el papel del Joker. Esa expresión la pone cualquiera. Lily tragó saliva y se escondió detrás de James.
- ¿Y quién es, para empezar? Preguntó James con hostilidad. Siguieron unos segundos del silencio relativo que implica el hecho de que estuviesen en pleno concierto.
- Dejadme ir a ver, suplicó entonces Peter. Los tres otros hicieron una mueca.
- ¿Con esa nariz? ¡Bajo ningún concepto! Exclamó Remus al instante y luego se echó a reír de su propia broma hasta que Debbie le dio un pellizco en el hueco del brazo. Entonces paró.
Sirius se encogió de hombros.
- Bueno, da igual, ya voy yo, y se fue camino de la rubia perfectamente impertérrito.
En ese instante James notó que Lily estaba detrás de él con su copa en la mano, mucho más cerca que de los demás. La idea le asombró tanto que estuvo un buen rato absorto en su copa.
Durante ese tiempo, Lily se había puesto a hacer el imbécil con Rudy y Laura según todas las reglas del arte, es decir, meneando las caderas y haciendo gestos por encima de la música. Laura les había enseñado un poco del lenguaje de los sordomudos y se pasaron un cuarto de hora diciéndose "te quiero" los unos a los otros. De manera que en la misma noche a James se le declararon Rudy, Laura, Ethan y Peter. Podría haber parecido más ilusionado.
Sirius, por su lado, había emprendido la tarea de averiguar cómo se había conseguido salir del colegio la chica que había visto James, y después de quedar mal porque no se acordaba de su nombre, tardó 30 segundos en conseguirlo y en pasar a otra cosa. Le perdieron de vista.
Al final del concierto, con los oídos pitando y cada uno un paso más cerca de estar borrachos, se juntaron en la puerta con ánimo de irse a tomar algo a otro lado. Se estaban alejando cuando Sirius les alcanzó corriendo.
- ¿Dónde vais? Chilló dignamente desde cincuenta metros más atrás.
- ¡A la playa! Respondió Remus con sorna.
- ¿Y cómo pretendéis que vuelva yo, pequeños hijos de puta?
- ¿Tu chica no te trae de vuelta, pobrecito mío? Preguntó Debbie.
- ¿Cómo, tía lista? Michelle está allí con permiso de sus padres y de la profesora McGonagall. Y déjame decirte que no era un evento con parejas.
James suspiró ostensiblemente.
- Puees, dile que se venga y vámonos, hombre. Antes de que nos helemos los demás.
- Mira que remajo que eres, replicó Sirius en un segundo, antes de girarse a buscarla.
- Y rebueno que estás, imitó Rudy con voz de aguda.
- Está de relamerse, añadió Remus en tono de conversación.
- ¿Tiene que ser todo con re? Protestó James, el mártir.
- Es que están muy recalentados, observó Laura.
Remus asintió levantando muchas veces las cejas. James puso cara de horror y chilló:
- ¡A ver si os recortáis!
Lily se echó a reír y James la miró con agradecimiento y le pasó un brazo entorno al hombro. Ella levantó la mano y le agarró por la manga y le llevó hacia adelante.
- Panda de retrasados...
Lily guiaba hacia un pub no muy lejos. El brazo de James la hacía sentir poderosa. Evitaba pensar en nada. Escrutaba cada uno de sus gestos, pero estaba relajado y normal. Nunca le había visto relajado y normal. Le parecía milagroso.
…
- Y entonces le dije: "Trixie, ponerte gloss de mandarina no es castigar a Armand. Armand era su novio en su momento, contaba Debbie.
- ¡Armando odia la mandarina! Rugió Rudy por encima de la música.
- Por eso se lo quería poner.
Entonces Ethan se puso a contar una historia complicada de venganza contra una ex novia. James le miró con ojos como platos durante todo el rato, luego le declaró que no había entendido nada y le desafío a un billar de hielos por encima de la mesa. Dos segundos después triunfaba. Lily le vio inquieto pero tenía que ir al baño e hizo como si nada. A la salida, él la esperaba fuera y con un pergamino en la mano y mala cara.
- Lily, me vuelvo a la escuela, le dijo de sopetón.
- ¿Qué pasa? Y se alarmó tanto que se olvidó y se precipitó hacía él a cogerle por el brazo.
Parecía molesto y de mal humor. El contraste era brutal.
- Le di aquel papel a JB para que me avisase si te daba por esperar esta mañana en la sala. Te lo dije. Pues hace cinco minutos que me ha escrito y pone "Ayuda James" y un número de aula y de pasillo. Y le evisceraré si esto es por nada... Pero tengo que ir.
Lily se irritó de manera totalmente irracional.
- Maldita sea, ¿no hay más remedio?
- ¿Qué quieres que te diga? ¿"Anda y que le den"?
James se dio la vuelta por el pasillo y tiró el pergamino al suelo de un movimiento fluido.
- ¡Joder! exclamó.
Lily respiró hondo y a pesar suyo verle enfadado la calmó.
- Bueno… ¿Quiénes de nosotros pueden aparecerse?
Él se volvió a dar la vuelta impulsivamente desde la oscuridad y Lily volvió a ver en él a un James que conocía bien: al James frustrado.
- Yo, tú, Sirius. Ya está.
- ¿Cómo lo hacemos?
- Me vuelvo sólo. Avisaré a Sirius si le necesito.
- Yo también soy Premio Anual.
- Sí. Pero tienes que traer de vuelta el portoloin una vez lo haya cogido yo.
Lily sonrío vagamente y le tocó las mejillas.
- ¿Esta vez no hay metro?
James bajó la mirada, sorprendido, y al verla se aplacó.
- No. Esta vez no hay metro.
