Nota: YA CASI LLEGAMOS. Muchísimas gracias a Cydonnia y Aritou por el apoyo constante (conste que no he mirado cómo se escriben los nombres, los he visto tanto que ya me los sé). El sábado o domingo estará el último cap de la primera parte :D Espero que lo paséis bien leyendo, como siempre :)


Desenmascarada - Parte I: Recuperación - Capítulo 9: Crepúsculo de Sangre

En tus pesadillas, puedes correr; en la vida real, sólo puedes morir o luchar.


Sakura está sentada en el borde de su cama, sujetando una taza de café y tratando de poner sus pensamientos en orden. Misho se esfumó sin dejar rastro alguno, ni siquiera el libro que estaba leyendo. Kiri camina de un lado al otro de la habitación, maldiciendo en voz baja.

—¿Te vas a beber eso de una vez? Riko me mataría si se enterase de que te lo he dado —gruñe el hombre, fulminando con la mirada a la inocente bebida que la chica sostiene en sus manos.

Ella lo mira de mala manera, dando un pequeño trago ofendido. El café no es una cosa que se pueda beber sin pensar, reflexiona Sakura. El hombre está nervioso, sin embargo, así que la muchacha puede entender su humor volátil. Aparentemente, Misho ha estado desaparecido desde que ella lo vio antes de dormirse, anoche.

Kiri le explicó que ni él ni Riko vieron al niño en su habitación, cuando hicieron su chequeo matutino. El personal del hospital está demasiado ocupado, tratando de cuidar de la interminable avalancha de pacientes que llegan cada día, como para notar algo tan insignificante como un niño escabulléndose.

—Se suponía que iba a ver a su familia hoy —musita el hombre, pasándose la mano por el pelo y mirando a Sakura—. Por eso lo trajimos a la reunión, para que pudiera verles… sus padres se ofrecieron a ir a la frontera. Querían tener una última reunión, salir por ahí y comer, por si… —Kiri sacude la cabeza, retornando a su nervioso ir y venir—. No sé qué decirles. No puedo ir ahí afuera y decirles que su hijo se ha perdido.

Sakura remueve su café ociosamente, tratando de juntar las partes del rompecabezas. Misho debería estar aquí, pero nadie puede encontrarle. ¿Qué podría impulsarle a desaparecer? Parecía contento ayer, aunque no dijo ni una palabra sobre reunirse con su familia.

¿Quizá se puso nervioso y decidió salir a dar un paseo? No, eso no tiene sentido; Kiri vino a buscarla porque los padres del chico no tienen ni idea de dónde está. Debería haber estado esperándoles en su punto de reunión, mas allí no había nadie, y ya casi es la hora de la comida.

También se llevó el libro de sellos. No es que sea raro, pero…

—Tengo una idea —comenta Sakura, dejando la quasi llena taza en su mesa y poniéndose en pie.

Mientras ella espera a que se le despeje la cabeza, Kiri se queja: ¿para qué le insistió tanto en tomar café, si ni siquiera se lo ha bebido?

Últimamente, ponerse en pie demasiado deprisa hace que su visión se torne borrosa y oscura. Es sólo por unos pocos segundos, pero sigue siendo molesto. Uno más de los inconvenientes de haber sobrevivido la guerra. Hurra.

Ignorando las quejas frustradas de Kiri, Sakura abandona la habitación y se dirige hacia la salida del hospital. El edificio está sumido en una actividad frenética, como es normal, así que nadie le presta atención. La mente de la kunoichi está puesta en su nueva misión autoimpuesta: ir al parque que ella y Misho suelen visitar.

En algún momento, se da cuenta de que Kiri la ha alcanzado, una mueca de molestia adornando sus facciones. Si le ha preguntado algo, Sakura no se ha dado cuenta.

Como es habitual últimamente, cuando su mente está centrada en algo, la atención que presta a sus alrededores disminuye hasta niveles vergonzosos. De cualquier modo, el ninja reduce sus acciones a seguirla, su rápido paso llevándolos hasta el parque en pocos minutos.

—Busca un libro —instruye Sakura, sin mirar al médico. En lugar de eso, sus ojos escudriñan los arbustos y árboles cercanos al lugar donde ella y el chico suelen sentarse—. O las cenizas de un libro —añade, recordando lo pésimo que es el control de chakra de Misho. Si su intuición es correcta, no sería muy extraño que el niño hubiera causado algún tipo de fuego.

—¿En qué estás pensando? —pregunta Kiri, cruzando los brazos sobre el pecho. Sakura lo mira con impaciencia.

—Le di un libro con sellos elementales básicos —se explica la kunoichi, tan rápida y resumidamente como es posible—. Creo que ha intentado aprender uno de ellos por su cuenta, para impresionar a sus padres. Parecía muy interesado en demostrar su… valía.

La chica se muerde el labio inferior, sin molestarse en continuar la conversación y centrándose en la tarea actual.

Sin importar cómo de grande sea el deseo de Kiri de regañarla por su actitud, él también se une a la búsqueda prontamente. Les cuesta casi diez minutos, pero al fin, el hombre logra encontrar algo.

A estas alturas, Sakura estaba sumergida en sus oscuros pensamientos, una vez más, incapaz de concentrarse cuando hay tantas cosas que le nublan la mente. La chica no puede evitarlo, pero aún así, se da un golpe mental a sí misma por la distracción.

—Encontré el libro —comenta Kiri, acuclillándose junto a un fragante arbusto y señalando al suelo. En efecto, el manuscrito que Sakura le dio a Misho está echado inocentemente en el la hierba. Hay algo más, sin embargo—. También hay sangre. No mucha, pero… quizá esté herido.

"Oh, mierda."

De pronto, se siente como si el mundo estuviese tramando planes en contra de Sakura, para hacer que las cosas vayan de mal en peor.


—¿Repite eso? —inquiere Riko, alzando una ceja y apretando los labios hasta que forman una línea muy fina.

—Intentó invocar algo —replica Sakura, mirando a sus manos por un momento. Están apoyadas en su regazo, sus dedos jugueteando los unos con los otros nerviosamente. La oficina de la médico cae en el silencio tras sus palabras, durante unos largos e incómodos segundos.

Cansado de la situación, Kiri procede a golpear la mesa con el libro que ha causado tantos problemas. Una de las páginas está doblada en una esquina, marcando el lugar donde el autor habla de técnica de Invocación.

—Incluso lo señaló —añade el hombre, casi gruñendo—. ¡Criajo estúpido! Y tú —continúa, volviéndose hacia Sakura, cogiéndola de los hombros y sacudiéndola, su agarre tan fuerte que la muchacha no se puede liberar de él—. ¿Qué demonios estabas pensando? Sabes que es horrible manejando chakra, ¡y aún así le diste un maldito libro lleno de fūinjutsu complejo!

Sakura lo fulmina con la mirada, pero no hay mucho que pueda decir para defenderse. Para ser sincera, nunca pensó en esta posibilidad. Se suponía que iba a ser algo sin peligro, para proporcionar una distracción para Misho y ella misma. Algo en lo que trabajar, en lo que centrarse.

Él no sabe cómo se siente el tener que pasar hora tras hora, tratando de mantener a raya la locura. Viviendo en miedo y pena, sin saber a dónde ir o dónde está. Si deja que su mente divague, aún puede oír las voces… Si se distrae demasiado, puede sentir la sensación de eterna quemazón en la piel y el dolor sordo en su pecho.

Kiri no lo entiende y eso la pone furiosa. Sólo estaba intentando hacer algo bueno…

—No pensé que haría esto —responde Sakura, logrando al fin quitarse las manos del ninja de sus hombros y frunciendo el ceño. Sus palabras están adornadas con ira contenida—. No tienes ni idea del alivio que da el tener algo que hacer, así que no intentes echarme toda la culpa —añade, mirándolo con ferocidad.

Su implicación está clara, sus emociones saliéndose de su control y desbordándose. Ha intentado mantenerlas a raya por demasiado tiempo, y la desaparición de Misho ha sido la gota que colma el vaso.

Da igual lo que haga, siempre sale todo mal… y ahora mismo, a Sakura le da igual si le está echando la culpa a la persona equivocada por ello.

—¿Estás de broma? ¡Yo soy un médico y también estuve allí! —gruñe Kiri, entornando los ojos peligrosamente—. No eres la única que vivió la guerra —prosigue el ninja, sonando más amargado que enfadado.

El hombre respira profundamente, apretando los puños y apartando la mirada de ella. La furia cegadora que Sakura siente parece esfumarse en un instante, cuando se da cuenta de que él es una persona tan cansada como ella misma.

Quizá lo esconda tras humor oscuro y sarcasmo, pero Kiri sí que sabe cómo se siente. Tal vez no esté tan herido, pero… en su mirada, puede ver el mismo sentimiento de pérdida.

—Lo siento —musita Sakura, dejando caer la mirada hasta su regazo de nuevo—. Estoy tan preocupada que ya no sé qué hacer… —añade, suspirando y echándole un vistazo a Riko, quien ha estado un poco demasiado callada.

La mujer ha ignorado su discusión por completo, inclinándose por estudiar el contenido del libro. Kiri se niega a musitar una disculpa, todavía demasiado frustrado y tozudo como para admitir su propio desliz, pero logra calmarse.

Riko parece sentir las atentas miradas de ambos en ella, porque los mira, entendiendo sus preguntas silenciosas.

—Sakura, corrígeme si me equivoco, pero sospechamos que Misho intentó invocar uno de estos —inquiere la mujer, señalando al dibujo de un perro, en medio de un sello de tinta dibujado en el suelo. La chica asiente, inclinando la cabeza hacia un lado.

—Lo que pasa es… bueno, no creo que sepa cómo funcionan las invocaciones —murmura la kunoichi—. No puedes invocar lo primero que te venga a la cabeza, así como así… tienes que hacer un contrato primero —añade, señalando el libro con un dedo—. Sólo he oído hablar de una persona que acabó bien tras usar el jutsu sin un contrato, y se trata de Jiraiya de los Sannin.

La mirada de Riko es tan dura como el acero, la implicación de las palabras de la kunoichi entendida, pero no pronunciada.

—¿Qué pasa si no tienes un contrato? —pregunta Kiri, su mirada tan intensa que es casi intimidante.

—Es difícil decirlo. Mi Maestra me dijo que Jiraiya fue invocado a la inversa, hasta el animal con el que tenía una afinidad mayor. No sé ningún otro ejemplo. Nadie sabe si él fue una excepción, o si simplemente nadie más de los que lo intentaron logró obtener un contrato.

El puño de Kiri cae sobre la mesa violentamente, creando varias grietas en la madera, mientras aprieta los dientes con rabia. Está claro que el estrés ha podido con él.

Ninguna de las mujeres dice una sola palabra, intercambiando miradas significativas. Es una lucha silenciosa por los deseos de cada una, mientras el shinobi empieza a maldecir en voz alta y a golpear los muros.

—Déjame hacerlo —susurra Sakura. No es una pregunta… sino una orden. Hay una resolución clara en sus ojos, sustentada por la sensación de que Misho es su responsabilidad y su protegido.

Su estudiante y amigo, que ayudó a cuidar de ella. También es su culpa que todo este lío sucediera, para empezar.

Riko suspira, cerrando los ojos y frotándose las sienes. Fue encontrada por Kiri y Sakura a mitad de la comida, y arrastrada sin ceremonias hasta su oficina, sólo para que le dijeran todo esto. Sin embargo, es la persona con mayor estabilidad mental en esta habitación: la única que puede hacer las cosas más fáciles o difíciles para Sakura.

—Podemos averiguar su afinidad —argumenta la chica—. Si hay alguna manera de recoger su sangre y analizarla… —murmura ella, agarrándose al borde de la silla con las manos e inclinándose hacia adelante—. Es nuestra única oportunidad. No sobra personal y yo sí que tengo un contrato que nos puede traer de vuelta.

—Tienes un día —anuncia Riko, gravemente, poniéndose en pie y cerrando el libro—. Habrá preguntas sobre tus actividades si tardas más que eso. Si no logras conseguir suficiente información para entonces, el problema será cosa de la Líder médico de Yugakure. —Sakura asiente—. Kiri, dile a los padres del chico que está ocupado con un problema de sellos muy complicado y no será capaz de asistir a su reunión —continúa la mujer.

Kiri para de golpear el maltrecho muro, murmurando un asentimiento y pisando fuerte al salir de la habitación. Las dos mujeres se miran en una atmósfera algo incómoda.

—Te diré algo que no sabrías normalmente, Sakura.

Riko suspira, de pronto pareciendo mucho más vulnerable de lo normal. Más humana, de algún modo. La chica tiene la impresión de que lo que sea que vaya a decir es muy importante para ella. La médico está compartiendo algo especial.

—Yugakure tiene una larga colección de muestras de identificación de nuestros ciudadanos y visitantes. Sangre, pelo, piel… Está todo almacenado y categorizado en el Segundo Hospital. Te daré acceso, si te ayuda en tu investigación —explica la mujer, gesticulando para que la kunoichi la siga afuera de la oficina—. Y sí, los conseguimos mientras nuestros pacientes o visitantes no lo sospechan —añade, al ver que Sakura entorna los ojos—. Es por el bien de la ciencia, no te preocupes.


Sakura está sentada frente al viejo escritorio, mirando la pantalla brillante enfrente de ella con ojos somnolientos. El reloj marca cinco horas desde que entró en esta habitación oscura, para analizar muestras de sangre.

Desde que Riko la dejó aquí, dándole las explicaciones mínimas para que pudiera trabajar, no ha habido un solo ruido que no sea el zumbido de las máquinas o su propio cuerpo.

Es algo inquietante, porque Sakura podría jurar que hay sombras bailando justo en los límites de su campo visual, murmurando cosas en voz demasiado baja como para que pueda entender las palabras.

La chica está segura de que este estrés acabará por empeorar su condición mental, si no lo ha hecho ya, pero lo único que puede hacer es soportarlo y tratar de encontrar una manera de arreglar todo este lío.

Un sentimiento de culpabilidad resuena como música de fondo en sus pensamientos, porque Misho podría estar muerto. Las invocaciones requieren un buen control y moldeo de chakra; en ambos, el niño se terrible. Si no está sufriendo agotamiento de chakra, el sitio en el que está podría ser peligroso.

A decir verdad, Sakura no había pensado que Riko aceptaría tan fácilmente, pero no tiene tiempo para examinar sus sentimientos o lo que podría haber sido.

Cualquier energía que le quede ha de ser utilizada para esta tarea y nada más. La chica intenta recordar las lecciones de su Maestra respecto a la sangre y analización de ADN.

La mayor parte del tiempo, la afinidad de invocación de una persona está basada en su chakra y personalidad. Estos dos están definidos por su código genético y las características de cada alma individual.

Dependiendo de cómo de buena sea la resonancia entre una persona y un elemento o criatura, sus cuerpos estarán más inclinados a aprender técnicas relacionadas a éstos.

Como las afinidades elementales, cuando se trata de invocar criaturas es una mezcla de ADN y carácter. O, como Tsunade lo explicó, "base" y "evolución".

La base está definida por los genes: del mismo modo que algunas personas pueden tener una inclinación hacia los resfriados o poca paciencia, también pueden tener una afinidad hacia, por ejemplo, el Agua.

Conforme pasa el tiempo, las situaciones y experiencias de la vida hacen que algunos de estos atributos cambien. Eso es la evolución. Mientras que la base se mantiene, una persona podría desarrollar resistencia hacia la enfermedad, mantener la cabeza más fría o lograr controlar un nuevo elemento.

Cuanto más joven sea una persona, más probable es que su personalidad se parezca a la base. Por tanto, encontrando qué clase de genes tiene una persona, es posible saber sus afinidades.

Además de esto, está el hecho de que gente con ADN similar suelen tener habilidades y características parecidas; los kekkei genkai son la prueba de que estas similitudes van más allá de tener aspecto semejante o tener debilidades hacia las mismas enfermedades. Chakra también está afectado por los genes.

Es una posibilidad remota, pero tal vez… funciona de la misma manera con invocaciones a través de contrato.

Una cosa sobre el ADN es que es enorme. Tiene tanta información que no ha sido cartografiado por completo todavía. Añade chakra y anomalías individuales, y te lo vas a pasar muy bien tratando de entender qué significa cada cosa.

De ningún modo podría Sakura analizar el ADN completo de Misho y decodificarlo a tiempo, porque ni siquiera sabe dónde está la información respecto a su afinidad de invocación.

Llegando a esta conclusión, la kunoichi decide utilizar la manera ninja y hacer trampa.

Su única posibilidad para saber dónde está Misho es comparar su ADN con el de otra gente de Yugakure o gente de los alrededores. Hay muchas posibilidades de que no haya coincidencias, o que sus afinidades de verdad sean totalmente distintas (aunque sabe que es del tipo Fuego), o que sea completamente imposible hacer algo útil con esta información.

"O quizá ya esté muerto y la has fastidiado al completo," comenta Sakura Interna, alegremente. Bueno… mejor apartar ése tipo de pensamientos a un lado por ahora.

No hay muchos archivos respecto a invocaciones, puesto que Yugakure no ha sido una aldea ninja por mucho tiempo. Sin embargo, hay suficientes menciones del tema como para hacer una lista de las tres afinidades más comunes: rata, ciempiés y salamandra, en ese orden de cantidad.

Le ha costado cuatro horas poder categorizarlos correctamente, pero no está cerca de haber acabado, en absoluto.

El siguiente paso es buscar coincidencias en el ADN de los ninja (y el raro usuario civil) con capacidades de invocación, especialmente los de menos de veinte años.

Aunque Yugakure no tiene shinobi de verdad, sí tienen gente entrenada en algunas de sus artes. Son médicos cuyo estilo está diseñado para trabajar en situaciones peligrosas. Incluso guerras, si hiciera falta.

Por fortuna, los ordenadores que tiene son bastante rápidos. La única razón por la que le cuesta usarlos es la falta de habilidad. No es que a Sakura se le dé mal… simplemente, esta maquinaria es increíblemente compleja. Cualquier otro día, la muchacha habría disfrutado algo de tiempo libre con las computadoras.

Dándose un golpe mental por dejar que sus pensamientos se descarrilen, Sakura deja los procesos en marcha mientras su atención pasa a otro monitor.

El archivo de Misho está ahí: su sonrisa luminosa y oscuros ojos, capturados en una imagen estándar… le cuesta mirar, la verdad sea dicha. No hay mucho listado bajo su nombre, sólo vacunas, alergias y listados de las enfermedades que ha tenido.

Está claro que no se molestaron en examinar su chakra una vez que vieron que no se le da bien utilizarlo. Mirando el lado bueno, al menos ella sí que sabe algunos de sus atributos, lo cual es bastante útil en la investigación.

Cuando la otra pantalla le da una lista de noventa y tres resultados organizados de coincidencias de ADN, Sakura aparta todo otro pensamiento de su mente para centrarse en su analización.

Tiene que comprar los atributos individuales de dichas personas con Misho y con los otros resultados, para estrechar el cerco respecto a qué cualidades definen la habilidad de invocación del niño.

La mayoría de las personas estarían perdidas con toda esta información, pero Sakura… Tsunade la llamó un genio del análisis.

Su habilidad para utilizar datos en bruto y compararlos con su propio conocimiento es lo que hace que sea tan buena con los venenos, antídotos y medicinas. Patrones y detalles… este es su campo. Este, es su juego.

Aún así, le cuesta muchas más horas y escritura manual para tomar notas y tachar posibilidades, pero… al fin, todas las otras opciones han sido reducidas a una palabra, con un porcentaje de probabilidad escrito al lado.

Es muy, muy arriesgado: el número es dieciséis, y la palabra es rata.


Sakura vacía los cajones de su mesilla de noche frenéticamente, en busca de dinero. Para su disgusto, no queda mucho. Apenas queda nada del dinero que Kiri y Riko le dieron hace unos días, tan amablemente.

La chica no pensó que tendría que utilizarlo para algo como esto. Y es seguro que no tiene suficiente para todo lo que quiere, pero tendrá que apañárselas.

Sólo tiene una hora y media para huir de Yugakure, y es muy probable que esté siendo vigilada. La sensación de tener a alguien observándola durante los días pasados tiene sentido: es demasiado valiosa como para que dejen que vaya por su cuenta.

Tratando de recuperar el aliento, la muchacha mira la mochila que logró coger de un armario desprotegido. No es precisamente grande, pero es la única opción.

Tiene una manta, una botella llena de agua, algo de comida robada y un pequeño frasco lleno de sangre. Es todo lo que puede meter ahí dentro. Yugakure le quitó sus armas cuando la admitieron como paciente, así que si quiere alguna, tendrá que conseguirlas por su cuenta.

Tras guardarse el dinero y cubrir su cabeza con un mantel doblado (es lo más parecido a un pañuelo que tiene), Sakura se apresura a través de los pasillos del hospital, quizá por última vez.

La kunoichi sólo desea tener la oportunidad de abandonar la villa sin tener que robar nada, porque asaltar una tienda por y para ninja es probablemente una de las cosas más estúpidas que una persona podría intentar.

Especialmente si dicha persona tiene que salir a toda velocidad de una aldea potencialmente hostil sin ningún chakra de sobra.

Nadie parece darse cuenta de cómo se desliza a través de una de las salidas laterales, tomando las calles más sombreadas en su camino hacia una tienda de equipamiento shinobi.

Es bueno que, incluso con la amenaza de Sasuke, sigue habiendo muchos ciudadanos regresando a la aldea; hacen que sea mucho más fácil esconderse.

Sakura se cuela en una de las tiendas que parecen ser más baratas, un lugar destartalado y pequeño cuyo dueño la fulmina con la mirada, observándola atentamente. La chica busca algo muy específico, una prioridad en su lista: un pergamino Buscador.

Tsunade lo utilizó como inspiración para la Barrera de Sellado de Cuatro Esquinas, una versión mucho más compleja que el original.

Los pergaminos Buscadores funcionan del mismo modo, aunque en una escala mucho menor. Siguen requiriendo un control de chakra muy delicado, pero es la mejor oportunidad que tiene para encontrar lo que busca. Todo lo que necesita es una muestra de sangre, la cual tiene.

Dichos pergaminos no se usan muy a menudo, puesto que el sello tiene que estar justo sobre el objetivo para detectarlo. Suelen ser buenos para identificar cadáveres, mientras que sepas de quién es la sangre que usas. Y por ahora, bastará.

En su camino hacia el mostrador, Sakura coge unos cuantos kunai de poca calidad, un mapa del país y unos cuantos sellos explosivos de tamaño pequeño.

La chica se figura que a falta de poder demoler cosas con las manos, puede hacerlo con éstos últimos. Por ahora, es todo lo que se puede permitir.

El corazón parece estar martilleando contra su pecho, un reloj silencioso que cuenta los segundos que le quedan para llegar hasta su objetivo. La vida de Misho depende de ello.

"Te importan mucho los niños, ¿no?" pregunta Sakura Interna.

¿Por qué está hablando ahora? Normalmente, su personalidad secundaria está ahí sólo para ayudar a desquitarse de emociones sin tener que exteriorizarlas, no para preguntar cosas aleatorias cuando está intentando hacer algo muy difícil.

De un modo u otro, Sakura no puede evitar pensar en una versión joven de Sasuke… y entonces, la persona en la que se convirtió. Todo, porque estuvo solo cuando era un niño

Estaba herido y enfermo, incluso si no era una herida física. Era su mente, hecha pedazos y cayendo en la desesperación. Pero nadie le ayudó. Si sólo hubiera podido entenderlo, en aquél entonces…

Los niños son tan vulnerables al dolor de la guerra y la pérdida… Ella no ha conocido a Misho durante mucho tiempo, pero el chico parece ser la encarnación de ésa inocencia que el tiempo le quita a la gente.

De ningún modo va a dejarlo solo, incluso si significa traicionar a Yugakure demasiado pronto y encontrarlo por su cuenta.

E incluso si él ya está muerto… su familia se merece recuperar su cuerpo. Su hermano pequeño… nadie se merece perder a alguien a quien quieren, tan pronto. No es justo. Y si puede hacer algo para evitarlo, que así sea.

Con dicha resolución, la muchacha paga por sus objetos y sale de la tienda, hacia las afueras de la villa. Sorprendentemente, las personas que la siguen sólo la interceptan cuando está a unos pocos pasos de desaparecer en el bosque.

Kiri y otros dos hombres la rodean, manteniendo una distancia cautelosa, pero amenazante. Los desconocidos llevan una versión más oscura de la vestimenta de médico, aunque a juzgar por su postura y movimientos, deben de tener algún tipo de entrenamiento ninja.

La kunoichi no se molesta en mirarles por más de un instante, centrando la mirada en Kiri. El shinobi muestra una mueca en su rostro, su propio lenguaje corporal reflejando un mensaje silencioso: no te muevas. Y pensar… que Sakura casi podría haberle llamado un amigo.

—Dejadme ir —musita la muchacha, su tono relajado y vacío de emoción alguna. En su interior, la chica puede sentir cómo se forma una tormenta causada por sentimientos y dudas en conflicto.

—No puedo hacer eso —replica Kiri, manteniendo la voz baja y los ojos en ella—. No tienes que hacer esto solo —añade, relajando los músculos. Lo suficiente como para que ella sepa que no luchará de inmediato.

Sakura niega con la cabeza, suspirando. Ahora mismo, ¿es un aliado o enemigo? ¿Sabe él de los planes de Yugakure para usarla como protección contra Sasuke? La kunoichi lo mira con la cabeza inclinada hacia un lado, sólo una fracción de centímetro.

La pelirrosa echa un vistazo a las otras dos personas tras ella. Quizá tengan entrenamiento ninja, pero no parecen shinobi de verdad. Es una oportunidad que no va a dejar escapar.

—Es mi deber —comenta ella, mirando de nuevo a Kiri y alzando las cejas—. Quedarme en Yugakure no está entre mis intereses, por razones de salud. Tengo que irme.

Sakura no se mueve o hace gestos que podrían ser reveladores, pero alberga la esperanza de que Kiri haya percibido el mensaje oculto en sus palabras. Hay un destello de entendimiento en los ojos del hombre, que le deja saber que ha entendido el mensaje: "No puedo quedarme o moriré."

—De un modo u otro, no serás liberada —afirma uno de los desconocidos, dando un paso hacia adelante, amenazador. Sakura se vuelve hacia él, sin moverse de su sitio. No debe mostrar debilidad alguna.

—Me dejaréis marchar, o haré que lo paguéis muy caro —responde ella. La pelirrosa habría querido que no llegara esto—. Sabéis qué tipo de poder tengo, ¿no es así? —Lentamente, Sakura empieza a forzar chakra a través de sus brazos, sintiendo que la piel se le quema y es constreñida por las marcas de chakra.

De inmediato, el hombre da un paso hacia atrás, mirándola con una mezcla de miedo e incredulidad. Puede sentir el calor que irradia del cuerpo de la chica, el aura oscura de energía negativa rodeándola por completo.

—Es un farol —murmura, pero Sakura nota que está desesperado. Tiene miedo.

Sakura suelta una risilla, sonriendo y alzando las palmas de sus manos. El mundo está empezando a volverse revuelto y borroso a su alrededor, mientras su energía vital le es robada más rápido de lo que se puede recuperar.

—¿Quieres comprobar si lo es? —gruñe ella—. Podría matarte a ti, a tu familia y amigos, y destruir tu aldea entera. En el mejor de los casos, tendrías que deshacerte de mí. Porque si no lo haces, no pararé hasta que sea libre o muera. Y créeme —añade, avanzando hacia adelante. El hombre y su compañero reflejan su movimiento con un paso propio, hacia atrás—. No quieres ver eso.

"Creo que van a mearse en los pantalones," comenta Sakura interna, sonando impresionada.

Más les vale… aunque Sakura está segura de que nunca le haría daño a una persona inocente, las dos personas que están tratando de retenerla no lo saben.

Sin embargo, deben de haber oído historias sobre la destrucción que la kunoichi puede causar cuando pierde el control, y probablemente se les ha ordenado traerla viva. No pueden arriesgar una herida letal en ninguno de los bandos.

—Ahora, fuera de mi camino —añade Sakura, volviéndose hacia Kiri una vez más. Él es el único que puede detenerla o dejarla ir, puesto que los otros dos parecen estar demasiado aterrorizados como para saber reaccionar.

El hombre frunce el ceño, apretando los dientes y apartándose.

—No vuelvas —susurra—. No te dejaremos marchar otra vez.

—Entendido. —Es la única manera en que puede darle las gracias.

Sin mirar atrás, Sakura esprinta rápidamente, lejos de la villa y al interior del bosque. Su cuerpo entero se siente como si estuviera en llamas, pero tiene que ser fuerte… Con un poco de suerte, para cuando vayan tras ella, será demasiado tarde.


Keisho aprieta los labios hasta que forman una fina línea, observando al hombre enfrente de ella. Hay que reconocerle que logra mantener la calma, a pesar de la presencia de éste, aún con el aura de peligro que parece irradiar de su cuerpo.

—No está aquí —repite la mujer, tan tranquila como siempre.

La expresión de Sasuke apenas cambia, pero Keisho sabe que está molesto. Y ése pensamiento es suficiente como para enviar un imperceptible escalofrío a través de su cuerpo.

—¿Cómo así? —inquiere él, en un monótono, cruzando los brazos.

La Líder de la jerarquía de Yugakure dirige una breve mirada a uno de los médicos que ocupan su oficina: un hombre con el pelo oscuro y en punta, que parece bastante maltrecho.

Está esperando junto a una ventana, mirando al suelo y junto a una mujer con el pelo azul, cuya respiración es un poco demasiado rápida y poco profunda como para ser normal.

—Kiri dejó que la chica escapara, en contra de sus órdenes —explica Keisho, con la esperanza de apartar la ira del Uchiha de ella y su aldea.

El hombre, Kiri, está casi temblando, pero no mueve un músculo. Ni siquiera cuando Sasuke se aproxima hacia él con unos pocos pasos silenciosos.

Ahora está de pie frente al hombre y puede ver que es un shinobi, sólo por su postura. Es como una trampa, preparada para saltar en cuanto sea necesario. Kiri está listo para luchar si hace falta.

Sólo un ninja pensaría siquiera en luchar en esta situación.

—¿Es eso cierto? —pregunta Sasuke, su voz más baja que nunca, casi como un siseo.

Kiri asiente, forzándose a mirar hacia arriba. Su mirada se encuentra con brillante violeta y rojo, y no puede evitar apretarse contra el cristal a su espalda, ligeramente. A decir verdad, no hay mucha gente que sea capaz de soportar esta imagen sin una reacción. Ni siquiera shinobi.

—No me importan esas órdenes. Mi lealtad es hacia Kirigakure y mis compañeros —murmura Kiri, en voz baja pero clara.

—Qué interesante —replica el Uchiha, arrastrando las palabras.

Sus brazos se mueven hacia adelante, sus dedos cerrándose en torno a los cuellos de Kiri y de la mujer. Los alza a ambos, golpeándolos contra el cristal de la ventana y dejando que cuelguen de sus manos.

Inevitablemente, ambos se agitan en el aire, tratando de evitar ahogarse. El suelo está a bastantes metros bajo sus pies y la presión que Sasuke ejerce sobre sus gargantas está ahogándoles.

—Me pregunto… ¿sabrás a dónde ha ido? —continúa Sasuke, sus ojos centrados en la mujer, aunque su ira está dirigida al hombre que ha tenido que complicar la situación inútilmente.

Puede ver el momento exacto en que la mujer se percata de la cabeza que emerge detrás de él, envuelta en llamas púrpura y con ojos adornados por el Rinnegan.

La médico se congela al instante en cuanto lo ve. El Rey del Infierno… una habilidad muy útil, especialmente cuando Sasuke estaba tratando de reclamar su título de Hokage.

Kiri ha logrado poner sus pies contra el muro del edificio, sujetándose a la pared con chakra. Mira a su compañera, cuyos ojos se abren de horror al ver algo que es invisible para él.

El ninja parece querer preguntar qué está pasando, pero incluso cuando su mano logra sujetar el brazo de ella, la médico no reacciona.

La interrogación no tarda en terminar, y Sasuke está satisfecho al ver que la mujer se negó, testaruda, a responder. Su cuerpo está vacío de vida de inmediato, colgando inútilmente de su mano. Kiri suelta un grito ahogado, mirándola con pánico.

Los médicos ninja son divertidos: incluso en situaciones de peligro mortal, se preocupan más de sus compañeros que de casi cualquier otra cosa.

Qué estúpido. Sasuke pudo darse cuenta de que esta mujer tenía algún tipo de importancia para él.

—Parece que tu amiguita se negó a responder —comenta, soltando su agarre en el cuerpo de la mujer. Presa de la gravedad, éste cae y choca contra el suelo, con un golpe sordo y un horrible coro de crujidos.

Sasuke se aparta de la ventana, arrojando al hombre al suelo enlosado de la oficina. Kiri boquea en busca de aire, sujetándose la garganta como si no pudiera creer que sigue con vida. El Uchiha se agacha junto a él, agarrándole la camiseta y estirando hasta que están cara a cara.

—No me portaré tan bien contigo. Si no me dices dónde se encuentra la kunoichi, me aseguraré de matar a toda la gente que amas y de que vivas una vida muy larga y dolorosa para recordarlo. Considera la muerte de tu amiga un aviso —susurra, inclinándose hacia adelante hasta que sus labios casi rozan la oreja de Kiri. El Uchiha no suele hablar más de lo estrictamente necesario, pero… a veces, unas palabras de más ayudan a que las cosas queden bien claras—. ¿Entendido? —inquiere Sasuke, apartándose y soltando a Kiri.

El otro ninja parece estar en un estado de absoluto terror y shock, tosiendo y escupiendo sangre. Y sin embargo, cuando mira hacia arriba, su mirada es desafiante y furiosa.

—Que te jodan —tose, limpiándose sangre de la boca. Los médicos ninja son, definitivamente, sociables. Sasuke suspira, impaciente.

—Parece que tendremos que hacerlo de la manera difícil —gruñe para sí mismo, forzando a Kiri a mirar su Rinnegan. De inmediato, el hombre cae al suelo, inmóvil.

Ése es uno de los problemas de ser tan poderoso, reflexiona Sasuke, amargamente. Si no tiene cuidado, puede romper personas muy fácilmente. Al menos, sigue habiendo genjutsu que pueden mantener sus cuerpos intactos. Más o menos.

Hay que reconocer que Kiri está aguantando más de lo que alguien normal lo haría: muchos empiezan a suplicar por piedad durante su estado de inconsciencia al cabo de pocos segundos. Aunque no está al nivel del Tsukuyomi, este truco es bastante útil, también.

En su mente, el hombre está viendo una sucesión de imágenes diseñadas específicamente para hacerle daño.

—¡Noreste! —grita el hombre, finalmente sucumbiendo ante la brutal tortura—. Ella… fue hacia el noreste. Eso… eso es todo lo que sé.

La información podría haber sido mejor, aunque el Uchiha está bastante seguro de que el ninja está diciendo la verdad. No conoce a una sola persona que no sucumbiera al genjutsu. Kiri se ha desmayado, exhausto, así que Sasuke dirige su atención a la Líder de Yugakure.

—No os entrometáis en mi camino o lo lamentaréis —murmura, volviéndose para marcharse.

Sin una sola palabra más, Sasuke se ha ido. Cuando Kiri se despierte, todo habrá parecido un muy mal sueño para él. Al menos, hasta que vea la colorida mancha de sangre y carne en el suelo bajo la ventana.

Apartando todo otro pensamiento de su mente, se centra únicamente en su próximo objetivo: Sakura Haruno.


Nota: en algún momento tienen que pasar cosas, ¿no? Decid "hola" a Sasuke. Me da mucho miedo escribir sobre él, pero tiene que hacerse. Explicaciones adicionales que di en el original, por si alguien no lo tiene claro:

¿Recordáis cómo funciona la manipulación elemental de chakra? Tras un poco investigar, me figuré que las afinidades para invocaciones podrían ser similares. No he encontrado mucha info al respecto, así que espero que esté bien (lo de Jiraiya se basa en un filler del anime, sip). Y sí, Sasuke usó el Camino Naraka y un genjutsu de Rinnegan (el mismo que usó en Sakura en el original, de hecho).

Gracias por el apoyo, como siempre :) ¡Hasta el finde!