Ranma 1/2 pertenece a Rumiko Takahashi.


|||LLEGADA AL PRIMER DESTINO|||

Dos meses luego de empezar su viaje, Ranma aún no llegaba al destino que se había impuesto. Comenzaba a dudar si realmente seguiría allí. La lluvia era bastante intensa ya hacía dos días, y Ranma no se sentía muy bien. Llevando su pesada mochila y con el frío de la lluvia sobre sí, además hacía un día entero que no comía queriendo escapar de la constante lluvia y habiendo tan pocos refugios seguros en esa zona. Tropezó por la mezcla de barro y hojas en una subida y sintió como le costaba mucho más levantarse. Con las pocas fuerzas que le quedaban escuchó unos pasos acercarse, pero no pudo distinguir demasiado. Solo la figura de un hombre joven con un paraguas quien pareció preocuparse por su estado y se acercó hacia él.

- Oi, (ey) ¿estás bien?

Luego Ranma no escuchó nada más, todo se volvió negro.

Cuando abrió los ojos pesadamente, se encontró con un techo sobre sí, el lugar estaba cálido. Estaba tapado y aparentemente limpio. - ¿Qué pasó?

El joven arrodillado a su lado pareció alegrarse – ¡Ojisan! (Señor) Ya se despertó.

- Are… (eehh) ¿dónde estoy? – intentó levantarse.

- Señorita, es mejor que se quede recostada. Está con un poco de fiebre todavía.

Ranma se miró la ropa, estaba con un yukata para dormir y seguía como chica. - ¿Quiénes son ustedes?

- Soy Yamamoto Takeru de la escuela de Artes marciales de armas malabarísticas, y estamos en la aldea Kitanomori.

- ¿La aldea de monjes Zen?

- Así es… ¿cuál es tu nombre?

- Soy Saotome Ranma de la escuela Musabetsu Kakuto Ryu.

- Heee? ¿Sos artista marcial? Estoy buscando una prometida para poder continuar con mi escuela, ya que soy el heredero. ¿Te interesaría?

- Para nada. Yo soy un hombre.

- ¿Hu? (¿eh?) – abrió la parte del pecho del yukata y observó que tenía senos.

- ¡Teme! (¡pelotudo!) ¿Qué hacés?

- Yo te veo como mujer.

Ranma le propinó un duro golpe en el rostro.

- Takeru-san, no moleste a la joven, todavía está débil. – dijo un monje trayendo una bandeja con sopa y arroz.

- Cho-san, creo que ya le bajó la fiebre.

- ¿Cómo se llama señorita? – preguntaba con una sonrisa el joven monje.

- Saotome Ranma.

- ¿Querés que te de de comer? – inquirió seductoramente Takeru tomando el tazón con la sopa.

- ¡Ni se te ocurra! – sacándole el tazón de las manos. – Arigato (gracias) Cho-san…, no?

- Sí. ¿Qué estabas haciendo sola en el bosque? Es un lugar muy peligroso para una joven.

- Estaba buscando este lugar. Vine a hablar con Murakami-san.

- ¿Murakami-sama? ¿Lo conocés?

- No de vista… pero escuché de alguien que habló sobre él y quería conocerlo.

- Murakami-san es quien te cambió la ropa – dijo quejándose Takeru. – No dejó que lo ayudara a pesar de mi ofrecimiento.

- Quedate tranquila que no dejó a ninguno de los otros monjes acercarse. – agregó Cho.

Ranma lo miraba con incredulidad a Takeru – No me puedo creer que vos seas monje.

- No lo soy. Estoy entrenando acá.

- Entonces viniste a hacer lo mismo que yo. – se alegró de haber encontrado el lugar que había estado buscando por tanto tiempo. – Cho-san, me gustaría hablar con Murakami-san. ¿Podrían darme un poco de agua caliente?

- Perdón Ranma-san, pero con estas lluvias está muy complicado conseguir madera para la caldera… - esa sopa pudimos mantenerla caliente gracias a que la olla es de hierro…

- ¡¿No tienen agua caliente?! Hasta acá me persigue la mala suerte…

- Si tenés frío yo puedo darte calor Ranma-chan. – dijo mientras abrazaba a la joven pelirroja.

Ranma le dio un puñete en el rostro lo cual lo alejó lo suficiente. – ¡Hentai! (¡Pervertido!)Ya te dije que no me jodas.

Luego de terminar de comer lo que le ofrecieron se levantó con más energías y fue a donde le dijeron que lo esperaba Murakami. Aún seguía lloviendo. Abrió las puertas del recinto y se encontró con un señor de unos 70 años meditando.

- Pasa por favor Ranma-kun – dijo el hombre sin voltearse.

Entró y cerró la puerta tras de sí. - ¿Usted es Murakami-san?

El anciano se giró y dirigió una mirada que denotaba interés – Noto que estás mucho mejor. Te recuperas muy rápido. – dijo mientras tocaba uno de sus senos.

La joven pelirroja le propinó un fuerte golpe en la cabeza - ¿¡Qué demonios hace!?

- Jeje, soy muy viejo y hace años que no me encuentro con una jovencita. – reía el viejo monje.

- Pensé que usted era un monje, pero veo que resultó ser un viejo libidinoso.

- Jeje, Ranma-kun, toda una vida de devoción y viviendo entre hombres, que aparezca una mujer por momentos es para aprovechar – reía aún más fuerte.

"Mejor mantenerme alejado de este viejo verde" pensaba - Ma… (bueno…) dejémoslo así, ¿quiere? – dijo dándose por vencido. – Quería agradecerle por recibirme.

- Me dijeron que viniste a este lugar a encontrarme.

- Sí. Una persona me habló de usted… Tendo Soun.

- Ah… ¿Soun-kun? ¿Cómo se encuentra?

- Está bien.

- ¿Vos sos el esposo de una de sus hijas?

Ranma se puso algo colorado – Ah-ah, no no… bueno, aún no. Estoy comprometido con una.

- ¿Con la pequeña Akane-chan?

- ¿La conoce?

- Solo por cartas.

Ranma cayó en cuenta que lo llamó esposo estando transformado. – Un momento, ¿usted me conoce? ¿cómo sabe que soy un chico?

- Jajaja – rió abiertamente el monje. – Yo no veo Ranma-kun. Perdí la vista hace muchos años. Solamente percibo la energía a mi alrededor. Y a pesar de que ahora tengas apariencia de mujer, noto claramente que sos un hombre. Parece ser que tenés una maldición con vos.

- Sí, caí en un pozo de Jusenkyo. – "quizás no sea solo un viejo hentai (pervertido) como pensé"

- ¿Así que Jusenkyo? Ranma-kun, por más que entrenes en este lugar no vas a poder quitarte la maldición.

- Me lo imaginaba. Pero… yo en realidad vine por otra cosa.

- Jajaja. Al igual que Soun-kun, viniste por una mujer. En realidad, por dos mujeres.

- No Murakami-san, solamente una. ¿Tendo-san vino por una mujer?

- Así es. Por la mujer que luego se convirtió en su esposa y le dio sus tres preciadas hijas. Pero en tu caso, vos venís por una de ellas y por la mujer que llevás con vos mismo.

Ranma se sorprendió ante sus palabras.

- Soun-kun tenía miedo de casarse con Kimiko-san. Pensaba que ella, una mujer algo ruda, que no podía realizar las tareas básicas del hogar y que su comida era casi veneno, que pudiera casarse con él. Jajaja. En verdad, lo que él más temía era no poder hacerla feliz como ella lo hacía a él.

"Así que de ahí sacó sus genes Akane…" pensaba Ranma. – Y… ¿qué fue lo que hizo que lo convenció?

- No creo que haya hecho algo específico, pero vos estás invitado a quedarte todo el tiempo que quieras. Solamente hay que seguir un par de reglas que los monjes más jóvenes seguramente te van a explicar.

- Arigato (gracias) Murakami-san.

- Ah, Ranma-kun.

Ranma se volteó cerca de la puerta de salida. – ¿Hai? (¿Si?)

- Hay una cascada muy buena para medirar en esta zona. Pedile a Takeru-kun que te la enseñe.


Agregué un pequeño personaje, Takeru, que va a tener un rol decisivo más adelante. Espero te agrede. ¡Nos leemos!