Hola, gentesita. Llegue con el siguiente capítulo y no me ausentaré por mucho tiempo. Tengo planeado hacer los otros capítulos para terminar de una vez este fic. y porque el día 11 de agosto entraré a la escuela. Así que esperen actualizaciones cada semana (esto es un TAL VEZ).
¡Atragántense de palabras!
Capítulo #9: Entrenamiento
En algún lugar de Konoha… Años atrás…
Abrió los ojos y se levantó tan rápido que le dolió la cabeza. Decidió sentarse al borde de la cama para que desaparecieran las "estrellas" que estaba mirando. Volteó a su reloj colgado en la pared y se dio cuenta que eran las once de la mañana. Había dormido más de lo normal.
—¡Qué un espíritu éste en tu mente si cansa! —exclamó Inner Mebuki.
¿Fue real?
—Sí —respondió su otro "Yo"—. Y no me creerás cómo llegamos aquí.
Es verdad. ¿Cómo llegamos aquí? No me acurdo de nada.
—Llegamos aquí caminando, pero no lo recuerdas porque Mito-sama estuvo mucho tiempo en tú o nuestra mente —le contestó Inner Mebuki—. Luego vas a recordar.
La plática con su otro lado se vio interrumpida por un golpe en la puesta.
—Hija, ¿puedo pasar?
Era su padre, quien sonada cansado y preocupado.
—He estado tocando por una hora.
—Pasa —dijo Mebuki con voz ronca.
Su padre entró a paso lento a su habitación y se sentó a lado de Mebuki. De esa manera, inició la charla.
—Hija —volteó a sus manos. Aparentemente sin saber qué decir—, ¿cómo has estado?
Eso captó la atención de la niña. Lo usual era que su mamá se ocupara de sus asuntos personales, no su padre. Aunque la mayoría pensaría que es el caso contrario por su característica actitud "bipolar", su madre siempre tenía buenos consejos.
—Bien —respondió mirándolo extraño.
Un momento incómodo se presentó, mientras Mebuki esperaba una frase alentadora por parte de su padre… Definitivamente era una mejor idea que su madre estuviera ahí, ella sabría qué decir, con sus típicos gritos exagerados de ánimo.
—¿Vas a preguntarme qué me pasa?
—Sí —dijo el señor masajeándose la cien—. ¿Cómo le hace tu madre para consolarte?
—Es… Se exalta demasiado.
—Debí suponerlo —fue lo único que pudo decir.
Otro silencio iba a ser invocado hasta que la niña decidió hablar.
—¿Por qué no vas directo al "punto"?
El hombre hizo una leve sonrisa y colocó una mano en el hombro de su querida hija.
—Eres igual a tu mamá —el señor dijo ampliando su sonrisa—. Siempre saben que decir.
Mebuki se apenó.
—Está bien —dijo su papá tomando una postura firme—. Vine aquí para tratar de consolarte con tu problema de ser kunoichi.
La niña lo había olvidado. Su mente estaba enfocado en el asunto de Kushina y que un espíritu entró en su mente mientras dormía, generándole un gran cansancio. Su amiga y su secreto eran casos más importantes. Ni siquiera el día de ayer estaba tan enfocada en la Academia.
—Estuve enojada, pero Kushina me necesitaba y me distraje —dijo Mebuki resumiendo su día. No quería revelar el secreto de su amiga. Se lo prometió a ella y a la antigua Jinchūriki. No las defraudaría.
—Pero, en este momento, ¿cómo te sientes?
—Ya ni me acordaba.
—Perdón —el señor dijo con la culpa encima. Sin embargo, esa sensación fue fugaz y logró reponerse. Transmitir culpa solo empeoraría el asunto.
—Puedes intentarlo el año que viene —su padre dijo haciendo una pose ridícula. Tenía una mano n su cintura y la otra era un puño, como si estuviera preparado para cualquier reto o pelea.
Mebuki no pudo evitar reírse. El señor Kimura sonrió avergonzado.
—Eso haré.
Mebuki caminaba hacia la casa de Kushina. Deseaba saber cómo estaba y conversar con ella. Probablemente se sentía mal por tener un Bijū en su interior y la fallida escapada a la ceremonia de Mito Uzumaki.
—¡Mebuki! ¡Ya te dije que no quiero intentar ser una kunoichi! —gritaba su lado interno, asimilando ser un infante.
Yo quiero ser una kunoichi y ser una de las más fuertes.
—No necesitas demostrarles que puedes ser fuerte así —replicó Inner Mebuki—. Papá es fuerte y no es un ninja.
Era un ninja, eso significa que se hizo fuere de esa manera.
—¡Mebuki —se escuchó alguien detrás.
Se trataba de su amiga Mikoto Uchiha. La niña Kimura ya extrañaba verla junto a su tranquilidad.
—Hola —Mikoto dijo al acercarse más a ella.
—Hola —respondió Mebuki volviendo a tomar su camino y ella le siguió—. ¿Te va muy bien siendo kunoichi?
Asumió que ella sí había pasado el examen. Si un Uchiha no pasaba era de lo más extraño; por lo menos avanzaban a la segunda fase.
—Aun soy una alumna, todavía faltan varias pruebas —la niña dijo intentando no herir los sentimientos de Mebuki—. Puede ser que no lo sea.
—No digas eso. Serás una buena kunoichi —sonrió y Mikoto le devolvió el gesto.
Caminaron en silencio y Mikoto, al darse cuenta que se acercaban a la entrada de su aldea, le preguntó a dónde iba. A veces era lenta cuando debía sacar información.
—Voy a ver a Kushina.
—¡Bien! —dijo entusiasmada—. Yo tenía planeado preguntarle a alguien por dónde vive, y ahora que vas para allá podemos ir juntas.
Mebuki se llevó las manos a su boca, asustada de la posible reacción por parte de Mikoto. La niña no sabía nada del secreto de Kushina. El peso que cargaba ya que a unos sujetos se les ocurrió encerrar a un monstruo en su interior. ¿Tendría miedo?, ¿sentiría confusión?, ¿le creería a Kushina?
—Mebuki, ¿por qué tienes tus manos en la boca?
—Me estoy mordiendo las uñas —dijo llevando la mitad de un pulgar a su boca. Parecía un bebé.
—Está bien, con tal de que no sea una costumbre —Mikoto dijo riendo levemente.
No tardaron en llegar a las afueras de Konoha y a la casa de Kushina. El lugar estaba rodeado de todo tipo de flores, desde petunias a girasoles. Mebuki se preguntaba si se habían osado a comprar cada plata que vendía la familia Yamanaka.
También había un umbral que resaltaba entre tanto arbusto y colores, el cual tenía el símbolo del clan Uzumaki. Una espiral.
Boquiabierta por el panorama, pasó a la puerta principal junto a una Mikoto no tan sorprendida. Era de esperarse por vivir en el área Uchiha, donde estaban todos sus miembros. Ella vivía en un lugar más amplio. Mebuki vivía en un apartamento.
La niña rubia le lanzó una mirada a su acompañante y luego a la puerta, indicándole que tocara. Unos nervios llegaron a ella gracias a la ostentosidad que reflejaba la casa. No quería llegar a ofender por modales insuficientes.
—Por favor —movió su boca para formar esa palabra. Ni un sonido salió de ella.
Sintió simpatía y Mikoto hizo lo que le pidió.
En un instante una mujer de cabello rojo salió, llevaba un mandil y ropa cómoda. Por la apariencia de la mujer, causó que Mebuki se relajara porque su madre o padre a veces atendían a las visitas de esa forma o incluso más informales.
—Buenos días —saludó Mikoto con una reverencia y Mebuki la imitó.
—Buenos días —también hizo una reverencia—. ¿Son amigas de Kushina?
Reconoció su voz al instante. Se trataba de la misma mujer del día anterior. La mamá de Kushina. De verdad se veía que era una versión adulta de la Jinchūriki, quizás decir, Kushina era una versión miniatura de la señora.
—Sí, venimos a hablar con Kushina —dijo la niña Uchiha.
—Es que no la hemos visto desde hace tiempo —mintió Mebuki para influenciarla en dejarlas ver a su amiga.
Su amiga, al darse cuenta de las intenciones de Mebuki, le dio una leve palmada en la espalda. La "víctima" lo único que hizo fue verla confundida y a los segundos se apenó. Tal vez la señora se había dado cuenta de su truco sucio y le vendría una reprimenda. ¿Por qué tuvo que tener tanta confianza con un simple mandil?
—Mamá.
La señora abrió más la puerta para darle paso a su hija, quien quería ver. Ahí estaba Kushina viéndose de lo más normal. Tranquila y sin preocupaciones, nada de lo que esperaba Mebuki.
—¿Puedo salir con ellas?
La señora Uzumaki frunció el ceño. Fue casi imperceptible, aunque no pasó desapercibido.
—¿Qué tal si las invitas a pasar?
Kushina movió sus labios para dar paso a una sonrisa de lado. Sus ojos decían lo contrario a su gesto. Decepción, tristeza y desesperación eran lo que transmitían. Justo lo que supuso desde un inicio. Sabía que, tarde o temprano, se daría paso a esas horribles sensaciones.
Asintió en respuesta a su madre y las dejó pasar.
La casa era amplia y no tan elegante. Había unas escaleras a la derecha, otras habitaciones a la izquierda con sus respectivos adornos y muebles. Las niñas se dirigieron hacia delante. Ahí también se hallaban más habitaciones, con puerta cerrada y más adelante había una puerta que se deslizaba. Pusieron pie en el exterior y el paisaje era casi el mismo que el de la entrada principal. Lo que se diferenciaba era que, además de ser el patio trasero, no había un umbral, sino un árbol de cerezo inmenso. Rápidamente lo reconoció como el primer árbol que miró a distancia al encontrar la casa de Kushina. Se veía viejo y hermoso, con hojas que apenas se caían y así terminar su corto periodo de florecimiento.
La pelirroja cerró la puerta y se sentó en la hierba, bajo el árbol de Sakura. Ellas le siguieron.
—¿Pasaste la prueba? —se dirigió a Mikoto Uchiha.
—Sí —respondió sonriente—. ¿Cómo te ha ido?
Se tomó el tiempo para responder, un indicio del no saber qué decir. Mebuki la miró de reojo y asintió.
—Si tienes algo qué decir, hazlo —Mikoto dijo notando sus gestos. Ella era una observadora nata… o simplemente las chicas habían sido obvias.
—¿Prometes no enojarte o reaccionar de manera exagerada?
—Lo prometo —respondió con seriedad.
Respiró hondo y por un momento parecía que había mantenido el aire más de lo necesario. Transmitía sus nervios a las niñas.
—Soy una JInchuriki —cerró los ojos esperando un regaño por la "broma". Si su otra amiga actuó de esa manera, lo más probable es que ella también.
—¿Es una broma?
Al no recibir respuesta, miró a la otra involucrada.
—Porque no me gusta —continuó.
Kushina le iba a contestar, pero Mebuki decidió hablar.
—Es verdad —alzó la voz alterada—. Yo tampoco le creí.
—¿Cuándo te lo dijo?
Se veía dolida.
—Ayer —dijo Kushina.
—¿En serio?
—Sí, me lo dijo ayer.
—Eso no —exclamó de inmediato—. Me refiero al asunto del Jinchūriki.
—Por desgracia —dijo Kushina triste.
Un momento de silencio, de los que eran costumbre, se manifestó.
La actitud de Mikoto era diferente a la de Kimura. La primera lo tomó de manera tranquila, si a eso se refieren a no gritarle a la víctima; también conocido como "el contenedor del demonio".
—No sé qué decir —por fin se atrevió a hablar—, pero te apoyaré.
—Gracias 'ttebane —se llevó su mano a la nuca.
La niña se acercó y abrazó a Kushina. Nadie se lo esperaba.
Platicaron por un rato. Cambiaron de tema para que no hubiese llantos y enojo. Eso tendría que ser gradual… Con el poco tiempo que llevaban tumbadas en el césped, llegaron a otro asunto importante, el cual Kushina quería llegar a tocar: "Mebuki no pudo ser una kunoichi".
—Iré a la Academia, de nuevo —se encogió de hombros.
—Ya te dije que te puedo entrenar —dijo Kushina emocionada.
La rubia dudó la propuesta. En la Academia de Konoha les enseñaban lo esencial para pasar la prueba y era lo que debían aprender. Ninjas y kunoichis excelentes han salido de la escuela, no solo eran los mejores de la villa, sino del mundo shinobi. Para eso iban. ¿Acaso había un truco que todos sabían menos ella?
—¿Qué me vas a enseñar? —dijo curiosa.
—¡Taijutsu!
—Eso es solo golpear —dijo en tono de burla.
—Mentira —fingió indignación—, es… es…
Kushina aclaró su garganta y miró a Mikoto. Así entendió lo que trataba de hacer.
—Es el arte de la pelea —dijo Mikoto orgullosa.
—¿Y eso me ayudará en la Academia?
—¡Por supuesto! —exclamó Kushina—. Habrá pruebas de fortaleza después del primer examen. Si te ayudo con la fuerza, pasarás sin problemas.
La chica ya sabía que la fuerza se trabajaba bastante en la Academia, aunque nunca llegó a preocuparse de eso; solo quería decir: "Soy fuerte porque soy una kunoichi". Ahora debía mejorar las técnicas y su fuerza. Así podría ser una buena como todo shinobi que se ha graduado.
—Entrena con ella, pero si lo vas a hacer por una tontería… No —interrumpió su lado interno.
Un enojo se formó de inmediato en Mebuki. Se veía tranquila en el exterior y su interior era un desastre.
Tú no quieres demostrar fortaleza siendo kunoichi. Yo sí quiero, pero yo busco algo más. ¡Yo quiero ser kunoichi para sentir que soy buena en algo!
—¿Quieres o no 'ttebane?—le preguntaron, sacándola de sus pensamientos.
Mebuki miró el suelo, acariciando el zacate para disimular haberse quedado mirando por un lago rato. Detestaba quedarse paralizada.
—Acepta —insistió Inner Mebuki.
Su enojo se transformó en desesperación.
¿Qué pasó con el "No quiero demostrar ser fuerte siendo kunoichi"?
—Creí que lo hacías por Hayato —dijo apenada su otro "Yo".
Respiró hondo y apretó los puños. Golpear el suelo le era útil en aquel momento, con respeto a su ira y las incongruencias de su interior.
No me vengas con tus…
La rubia brincó de la sorpresa. Le habían sacudido un poco.
—Por supuesto —Mebuki dijo sacudiendo su cabeza. Tratando de volver a la realidad—. Quiero practicar taijutsu.
Como dije al principio actualizaré cada semana, trataré de hacerlo. La escuela está fea :-P
… Y con esto concluyo. ¡Qué tengan un lindo día, noche, tarde o lo que sea!
