Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.
Mi Destino Escrito con el Tuyo
CAPITULO IX
Descubriendo la verdad
Candy se despertó de una larga siesta que tubo después de comer junto con la tía abuela, Stear y Patty que seguía de visita en la mansión. Sin mucho que hacer se había encerrado en su habitación para leer un libro de medicina, pero el sueño la había vencido que ni una página había alcanzado a leer. De inmediato se levantó de la cama y se colocó unas zapatillas en sus pies. Se acercó a la ventana donde se dio cuenta que el sol estaba resplandeciente. Con ganas de sentir mejor los rayos del sol, salió al balcón sintiendo unas ganas de salir a dar un paseo a caballo, pero no quería hacerlo sola, sino con su esposo. Deseaba tanto tenerlo a su lado, escuchar su voz y sentir esos besos que la hacían sentir tantas cosas. Albert la besaba de una manera sorprendente, que ya no podía vivir sin esos besos llenos de amor, de un amor que ella también estaba sintiendo por él, porque ya no le cabía duda que estaba completamente enamorada de su príncipe de la colina. Sin embargo aún no se lo había dicho, aun no le había declarado su amor. Tal vez porque no había encontrado el momento indicado para hacerlo o tal vez por qué estaba esperando aquello que uniría a un más sus destinos.
Cerró sus ojos y se puso a recordar el dia antes que Albert se fuera de viaje. El inesperadamente la había invitado a cenar a un lujoso restaurante, donde probaron una exquisita comida a la luz de las velas.
Flashback.
—Albert que restaurante tan bonito –le comentó Candy mirando a su alrededor el lugar que era muy elegante, con muchas mesas decoradas con finos manteles, flores y velas dándole un toque muy romántico.
—¿Te gustó, pequeña…?
—Sí, mucho…
—Qué bueno. Quiero que esta noche sea muy especial para los dos.
—Y lo será –le sonrió ella –Aunque mañana te iras a los Ángeles.
—Sí, pero serán por pocos días…A penas termine lo que tengo que hacer me regreso a Chicago. No voy hacer capaz de estar mucho tiempo lejos de ti –le dijo mirándola intensamente –Me dieron unas ganas de besarte en este momento.
—Albert hay mucha gente en el restaurante.
El miró a las otras mesas que estaban repletas de personas.
—Tienes razón…pero cuando salgamos de aquí te voy a comer a besos.
Candy sonrió pensando en esos besos que la hicieron suspirar.
—Sabes pequeña amo tanto tu sonrisa.
—Lo sé...mi príncipe de la colina. ¿Qué vamos a pedir para cenar? –preguntó.
—Lo que tú quieras pequeña…Mira la carta.
Candy tomó la carta y comenzó a mirar todos los platos que tenían disponibles, pensado en cuál iba a elegir.
—William Andrew que sorpresa encontrarte aquí –le dijo una mujer de cabellos rojizos, muy elegante que se acercó a ellos.
Candy levantó su vista al escuchar la voz de la mujer, dándose cuenta que era muy atractiva y miraba a Albert con coquetería.
—¿Samantha cómo has estado? –la saludó Albert colocándose de pie.
—Muy bien y tu tan guapo como siempre.
Candy la observó sintiendo que la mujer era muy lanzada. Como se le ocurría hablarle así a un hombre casado.
—Samantha te presento a mi esposa Candy de Andrew –le dijo Albert dándole su lugar a la rubia.
—Vaya William no sabía que te habías casado, como estaba de viaje –comentó la mujer sorprendida.
—Si me case y soy muy feliz con mi esposa.
—Si lo somos –añadió Candy parándose también haciéndole ver que Albert tenía dueña.
—Los felicito, bueno yo me retiro. Que estés muy bien William. A salúdame a tu tía Elroy.
—En tu nombre Samantha.
La mujer se marchó y los rubios se volvieron a sentar a la mesa.
—Qué mujer tan melosa –comentó Candy con molestia, mientras se acomodaba la servilleta en sus piernas.
—Jajaja parece que no te cayó bien Samanta.
—Claro que no, se nota que es una coqueta.
—Sí, pero muy guapa.
—¡Albert!
—Jajaja pequeña, es una broma.
—Parece que te gusta esa tal Samanta.
—Pequeña no digas tonterías, tu sabes que solo tengo ojos para ti –le dijo tomándole una mano.
—En serio Albert no me dejarías por otra.
—Ni que estuviera loco, tu eres la mujer de mi vida, nadie más. Además por lo que se Samantha está comprometida.
—Creo que hecho el ridículo –expresó Candy avergonzada por su actitud.
—Jajajaja pequeña solo que te pusiste un poco celosa.
—¡Celosa! -exclamó ella pestañando rápidamente, reconociendo que sí, que se murió de celos que esa mujer estuviera coqueteando con Albert, su esposo –¿Y conoces hace mucho tiempo a Samantha?
—Sí, es hija de una amiga de tía Elroy.
—Apuesto que la tía abuela te la ha querido meter por los ojos.
—Algo así –sonrió Albert –Pero no nos vamos a pasar toda la cena hablando de Samantha. Mejor pidamos algo de comer de una vez.
—Si…pero no sé qué…
—No te preocupes princesa, yo te ayudo a elegir.
Después de cenar Candy y Albert regresaron a la mansión, donde se fueron a caminar por el parque que la rodeaba. La noche estaba tan estrellada y cálida que estaba ideal para dar un paseo antes de irse a dormir.
Tomados de la mano caminaban debajo de los altos árboles y siendo iluminados por la luz de los faroles, disfrutaban del silencio de la noche, donde solo sus risas se podían escuchar.
—Jajaja pequeña me has hecho reír mucho esta noche –comentó Albert divertido y deteniéndose frente a una pileta de piedra y al lado de un alto árbol.
—Albert pienso que nunca debí contarte las cosas que hacia cuando niña.
—Estuvo bien, tu sabes que me gusta saber todo de ti –le dijo tomándole un mechón de sus cabellos –Estas tan bella pequeña, me acabo de acordar de lo que te dije en el restaurante.
—¿Y qué me dijiste?
La tomó por la cintura posesivamente.
—Que te iba a comer a besos…
Ella le sonrió.
—Pero aquí nos puede ver la tía abuela –dijo temerosa de la anciana.
—No creo. No te has sado cuenta que estamos muy alejados de la mansión.
Candy miró dándose cuenta que estaban en un lugar alejado, donde ni siquiera se podía ver a lo lejos la mansión Andrew.
—Tiene razón señor Andrew…
—¿Entonces me permite que la bese esta noche señora Andrew…?-le preguntó con una mirada tan intensa que derritió a la rubia por completo.
—Por supuesto que si –le contestó con una coqueta sonrisa.
Albert comenzó a rozar sus labios lentamente causando en Candy miles de sensaciones que la tenía viajando en las nubes, a pesar que era solo un simple roce. Aquel contacto duro un par de minutos, hasta que poco a poco el beso se fue profundizando explorando sus bocas completamente. Ambos estaban cayendo bajo el embrujo del amor y la pasión, donde solo ellos existían en ese momento. Una suave briza envolvió sus cuerpos y Albert con una de sus manos la llevó a la espalda de su esposa, donde comenzó a desabrochándole uno por uno los botones del vestido. Se moría de ganas de acariciar la piel de Candy, esa piel tan suave y perfumada como si fuera un pétalo de una flor.
—Cuanto te amo, pequeña…-le susurró mientras la besaba disfrutando de la dulzura de su esposa.
Candy también quiso decirle que también lo amaba, ya no le cabía duda que él era el hombre de su vida, pero Albert no le daba el espacio para que pronunciará alguna palabra. La besaba de una manera que apenas la dejaba respirar, como si fuera el último beso que le estuviera dando o como si el mundo se fuera a cavar.
Sin dejar de besarse se sentaron debajo de uno de los árboles para estar más cómodos y seguir amándose en medio de esa hermosa noche estrellada, donde serían el único testigo de aquel tal grande amor que había nacido desde que ellos eran niños y que desde entonces había unido sus destinos para siempre.
Fin del flashback
—¡Candy! ¡Candy! –la nombró Patty y Stear entrando a la habitación e interrumpiendo los pensamientos de la rubia.
—¡Chicos! –los nombró Candy saliendo del balcón.
—Candy venimos a buscarte para que nos acompañes a comprar unas cosas.
—Mejor vayan ustedes yo no me siento muy animada, extraño tanto a Albert –dijo dando un suspiro.
—Sabemos que extrañas a mi tio, pero no puedes pasarte todo el dia encerrada aquí –le dijo Stear –Ven con nosotros la pasaremos bien.
—Candy no seas así necesito que me ayudes a escoger unos regalos para mis padres y mi abuela –le añadió Patty –Esta tarde me regreso a Florida ¿Qué me dices nos acompañas?
—Está bien chicos.
—¡Genial! –Exclamó Stear –Voy hacer muy afortunado con salir con chicas tan hermosas como ustedes.
Candy y Patty se echaron a reír.
…
Terry después que se encontró con Fabiola en el hotel, pidió una recamara donde aprovechó para darse un baño y comer algo. Una vez listo se fue a la mansión Andrew en busca de su pecosa, pero se sentía tan nervioso que pasó a un bar para tomar una copa. Necesitaba relajarse un poco, sabía que la situación no sería fácil, pero era la última carta que tenía para recuperar a la mujer de su vida.
Bebió la última copa y se fue a la mansión Andrew dispuesto a todo. En solo minutos llegó en un carruaje a la inmensa mansión de una de las familias más importante del país. Al bajar dio un suspiro y empuño las manos con la mirada fija hacia la residencia donde se encontraba su amada. Se paró en la reja que la envolvía y ahí se quedó esperando en ver alguna sirvienta que le diera información sobre Candy.
Veinte minutos después las puertas se abrieron y salió Candy junto a Patty y Stear para despedir a su amiga que se regresaba a Florida. Terry los observabas fijamente hasta que vio que se marcharan en el automóvil por otra salida de la residencia. Cuando ya Stear y Patty no estaban y la rubia se había quedado sola le hiso una seña.
—¡Terry! –lo nombró Candy espantada, como si estuviera viendo un fantasma en medio de la noche.
Con paso lento y sin poder creer lo que estaba viendo llegó hasta la reja donde estaba el actor.
—¿Qué haces aquí Terry? –le preguntó.
—Pecosa he venido por ti.
—¿Terry que estás diciendo? –le dijo abriéndole la reja –¡Te dije que tenías que olvidarme!
—Nunca voy a poder olvidarte pecosa, te amo tanto como tú me amas a mí.
—¡Terry por favor que locura es esto!
—¡No es ninguna locura, mi amor! –Protestó Terry - Sé que Albert está de viaje por eso he venido a buscarte, para que por fin podamos ser felices.
—Terry entiende que yo…
Él le tomó el rostro con sus manos.
—Pecosa reconoce que me sigues amando que solo te casaste con Albert por la enfermedad de tu abuelo. Se te olvida que antes de la boda nos íbamos a escapar juntos.
—¿Es eso verdad pequeña, es verdad que te ibas a escapar con Terry y que te casaste conmigo solo por tu abuelo? –le preguntó Albert que llegó en ese momento alcanzando a escuchar todo lo que el actor había dicho.
La rubia dio un paso hacia atrás sintiendo que se le helaba la sangre, al ver que el hombre que amaba con todo su corazón había descubierto toda la verdad.
—Si Albert es verdad, lo siento tanto –contestó Candy bajando la mirada.
Albert sintió que el cielo se le caía encima, sin poder creer que su pequeña, la mujer que ha amado toda su vida lo hubiera traicionado de esa manera.
—¿Porque nunca me lo dijiste que querías estar con Terry? –le reclamó Albert tomándola por un brazo con un dolor y una rabia que no podía controlar.
—¡Déjala! -le gritó Terry tirándosele encima.
—¡Déjame! ¡Debes estar feliz que arruinaste mi vida! -le gritó Albert tomándolo por la chaqueta a punto de golpearlo.
—Yo no arruine tu vida, no tengo la culpa que Candy me ame a mí. Si no hubiera existido ese compromiso que hiso tu padre con el abuelo de ella, ahora Candy seria mi esposa.
Albert lo soltó dándose cuenta de lo ciego que había estado todo este tiempo y en lo imbécil que fue al creer que su pequeña lo podía amar a él.
—¡Que ciego he estado!
—Albert por favor perdóname, yo nunca quise hacerte daño -le dijo Candy llorando y sintiéndose la mujer más malvada del mundo, por causarle tanto daño a un hombre tan noble como Albert.
—Espero que ahora que sabes la verdad la dejes libre para que pueda ser feliz conmigo –intervino Terry con una mirada desafiante.
—Por supuesto Terry…no pretendo seguir casado con una mujer que ama a otro.
—Albert yo no quiero dejarte –le dijo Candy aferrándose a el –Yo te…
—Candy ya deja de fingir de que quieres estar conmigo, vete con Terry –la aparto de su lado –¡No quiero volver a verte nunca más en mí vida!
—Albert no me digas eso –le dijo Candy envuelta en llanto –No me iré de la mansión, tenemos muchas cosas de que hablar.
—Vete Candy, ten un poco de dignidad. No hagas que yo mismo te saque de mi mansión –le pidió Albert marchándose del jardín.
—¡Albert tienes que escucharme! –le gritó Candy con ganas de seguirlo, pero Terry la tomó por los brazos.
—Ya pecosa déjalo, es mejor que nos vamos de aquí.
Continuará…
Hola mis lindas chicas.
Espero que todas se encuentren muy bien, difrutando de este dia viernes. Aqui les dejo otro capitulo, espero que les guste y lo comenten, su opinión es muy importante para mi.
Un cariñoso saludo y agradecimiento para :
Awylin0440, Lety Jimnez, Pinky Rose, Alexy fanalbert, C.C. Suu, Rubi, Alebeth, Stormaw, Anahi78, Mary silenciosa, tutypineapple, Luci Andrew, MadelRos, jeanete perez, Isasi, Ster star, EveR Blue, Jennifer, Silvia, Kecs, Patty Martinez, Leti, Guest, sayuri1707, Mary.
Muchas bendiciones para cada una de ustedes.
