Hola! Después de mucho tiempo desaparecida, he regresado. Pasé una larga temporada en el hospital y consecuencia de eso tengo que visitar al médico casi todos los días para que me hagan muchos exámenes. No sé cuando pueda volver a publicar, pero tengan por seguro que lo haré. Aprovecho que estoy en la oficina de mi madre para poder ocupar la computadora, ya que en mi ausencia, decidieron llevarsela para quien sabe qué. Bueno, nos vemos en otra ocasión y disculpen la tardanza.


Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto


Capítulo Nueve: Unpredictable Day.

-¡Por Dios!

Clavó la mirada en el suelo, maldiciéndose mentalmente por ser tan estúpido. Estaba sentado en un parque completamente vacío, pensando en idioteces, que terminaban recordándole a Sasuke. Después de casi comérselo a besos en el patio de colegio había estado a punto de escapar, aturdido, nervioso y esquivo. Hasta llegó a pensar que había cometido un error en haberlo besado.

-¿Naruto?

Levantó lentamente la cabeza, encontrándose con una brillante cabellera roja que relucía bajo el sol. Gaara se sentó a su lado, ocupando un columpio oxidado que chirriaba al menor movimiento. Tenía una bolsa de papel en una mano, de la que sobresalían unas cajas alargadas de cartón. Desvió la mirada rápidamente, volviendo a concentrarse en la tierra bajo sus pies.

-¿Qué haces aquí? –Preguntó Naruto jugueteando con hilo suelto de su uniforme-. Vives bastante lejos de éste lugar.

-Temari me pidió que recogiera unas cosas para ella –agitó un poco la bolsa-. ¿Tú que haces aquí?

-Pensar.

Llevaba tres horas sentado en ese mismo columpio reviviendo con todo detalle lo que había pasado en el colegio. En ese momento se había sentido bien, pero luego, cuando estuvo plenamente conciente de lo que había hecho, una especie de maligna vergüenza le minó poco a poco las fuerzas. Ya mucho le costaba aceptar que estaba enamorado de un hombre, y que ese hombre fuese precisamente Uchiha Sasuke.

-Sentado aquí no vas a sentirte mejor, créeme –se levantó rápidamente, sacando las llaves del auto del bolsillo derecho de la cazadora-. Acompáñame, así te distraes un poco.

Cuando Gaara se había convertido en una persona tan comunicativa, sin mencionar el aire de alegría que lo rodeaba, eso Naruto no lo sabía, pero agradecía de corazón que precisamente ese día le hubiera picado un bicho extraño. Se colgó la mochila del hombro, caminando junto al pelirrojo, ambos sumidos en un cómodo silencio. Normalmente cuando quería estar solo para destrozarse a sí mismo, respondía con negativas rotundas a todo intento de ayuda, pero por primera vez simplemente no pudo decir no.

Exactamente igual como la vez anterior, Gaara lo llevó a su departamento, con la única diferencia de que ésta vez, Temari estaba allí, recostada en el sillón de la sala, leyendo un libro bastante grueso. Cuando vio a Naruto de pie junto a su hermano, corrió a abrazarlo, arrastrándolo al mismo tiempo a la cocina. El pelirrojo, sin mudar la expresión, los siguió al cabo de un momento.

-¡Tienes una cara…! –Comentó mientras servía café en tres tazas-. ¿Mi hermano te hizo algo o estás así por que ya no puedes sentarte junto al Uchiha? –Ante la mención de ese apellido, Temari notó como las manos del rubio se crispaban alrededor de la porcelana-. Así que es eso –susurró para sí misma-. Necesitas relajarte un poco, rubito.

Naruto asintió levemente con la cabeza, intentando, en vano, ahogarse con el café. Gaara lo miró de reojo, tamborileando distraídamente los dedos en la mesa, pensando en musarañas, completamente ajeno a todo. Temari guardó silencio un momento, cavilando en la mejor forma de levantarle el ánimo a su amigo. Terminó de tomarse el café de un trago, arrugando los labios.

-Sé que es a penas lunes, pero… -sacó una botella de las portezuelas bajo el microondas-, esto puede ayudar un poco.

-¿Tequila? –preguntó Gaara entornando los ojos.

-Mi madre me mataría si llego borracho a la casa –miró fijamente la botella sin etiqueta-. Hace un año se me ocurrió esa brillante idea, y como consecuencia tuve que dormir dos noches en el patio esperando a que se le pase el cabreo.

-Yo no he dicho nada acerca de que regresarás a tu casa –con un agilidad sorprendente sacó el móvil del rubio del bolsillo izquierdo de su pantalón-. Ustedes dos vayan a mi habitación, mientras yo hablo de mujer a mujer con tú madre.

Le entregó la botella de tequila a su hermano, quien rodó los ojos con impaciencia, caminando junto a Naruto escaleras arriba. Temari esperó a que se perdieran en el recodo del pasillo para marcar el primer número en el marcado rápido.

-¿Kushina-san? –preguntó la muchacha cuando le contestaron-. Buenas tardes, soy Temari, compañera de clase de su hijo, necesito hablar con usted…

-

-¿Qué dices? –Cerró con desmedida fuerza la puerta de su habitación-. Si es una mentira, Moegi…

-¡Que no! –Replicó la aludida al otro lado de la línea-. ¡Enserio los vi! ¡Tú galán americano está en la otra acera, muy bien acompañado, además!

Sin despedirse, ni añadir nada, Madoka colgó el teléfono. Ahora comprendía la reacción de Sasuke en la librería: había visto el fondo de pantalla que con tanto orgullo exhibía a sus amigas. Se lo esperaba de cualquiera, menos de él. Nunca se le hubiese pasado por la cabeza que uno de los hombres más guapos que había conocido, fuese gay.

-¡Maldición!

Descargó su furia con la almohada antes de volver a marcar a Moegi, para que le explicara detalladamente como había visto besarse en el patio trasero del colegio al muchacho que había proclamado como suyo, con su mejor cliente. Merecía una explicación, y la tendría a como diera lugar.

-

-Vaya milagro –dijo Sai ni bien su hermano entró en el comedor-. ¿Acaso el mundo está próximo a acabarse para que te dignes a comer con nosotros?

Deidara sonrió de medio lado, encogiendo los hombros, en el mismo instante que Sasuke, vestido completamente de negro, se sentaba en el otro extremo de la mesa, un lugar que suponía, ocupaba su padre a la hora del almuerzo. Karin dejó una taza de agua frente al moreno, trayendo un momento después el tarro de café, obviando el azúcar.

-Algo bueno te pasó –afirmó Sai jugueteando con una pequeña cuchara de plata-. ¡No me digas que conseguiste hacer algo con Naruto! ¡Eso sería un milagro!

Aunque el comentario le llegó, no surtió el efecto deseado. Ese día había sido uno de los mejores de su vida, por no decir el único. Miró fijamente a los dos presentes antes de levantarse de la mesa, taza en mano, rumbo a su habitación.

-¿Si dijera que sí, me creerías? –preguntó Sasuke desapareciendo en la oscuridad del vestíbulo.

El pelinegro esperó un momento, antes de contestar en voz baja:

-Claro que no.

-

-Misión cumplida –dijo Temari cuando la puerta se cerró tras ella-. Tú madre quiere que la llames mañana, para saber como va tu resfriado. ¡Oh! Y no olvides mencionarle lo bien que nos va en el proyecto de ciencias –se acostó en la cama, junto a un impresionado rubio-. Mañana no hay clases, así que comencemos.

-¿Mañana no hay clases? –preguntó Naruto un tanto confundido, recibiendo de buen grado un shot de tequila. No recordaba a Kakashi anunciándoles aquello-. Pero si el profesor no dijo nada sobre eso.

-Todos los años, antes del festival, las personas que no participan en la función, no tienen que ir al colegio. Por ejemplo, Sakura está en la obligación de ir, por que ella tiene que cantar… bueno, basta de charla –le pasó un vasito a su hermano-. Se supone que estamos haciendo esto para relajarnos, y es lo que vamos a hacer.

Vaciaron sus vasos de un trago, sintiendo como el amargo sabor del tequila les quemaba la garganta, llegando finalmente a su estómago. Temari llenó los vasos de nuevo, asegurándose de no derramar nada sobre las cobijas de seda. Sonrió a su hermano, al mismo tiempo que encendía la radio.

-Regreso en un momento –anunció Temari-. Iré a comprar otra botella, por que una sola no será suficiente.

Gaara esperó cinco minutos, asegurándose de que su hermana ya se había ido, para apagar la radio, y salir de la habitación sin decir nada. Naruto, confundido, lo siguió hasta la sala, donde arrodillado frente a un aparador, removía de aquí para allá cientos de discos compactos, hasta que aparentemente dio con el que buscaba.

-Si tengo que quedarme en su habitación, al menos escucharé lo que yo quiera –le mostró la carátula que rezaba "Three Days Grace"-. ¿Los has escuchado alguna vez?

-¿Bromeas? ¡Tengo todos sus discos!

-Entonces tienes muy buen gusto.

Volvieron a la habitación, y al cabo de diez minutos, Temari estaba con ellos, peleando con Gaara por que había cambiado los discos sin su permiso. Él simplemente asentía sin decir nada, consiguiendo que la rubia se pusiera cada vez más histérica, hasta que Naruto, conciliador, les recordó el motivo por él que estaban allí, logrando calmar un poco la situación. El reloj de péndulo de la sala marcaba las siete y media de la noche. Aún faltaba mucho para el amanecer.

-

-¿Qué haces aquí? –Preguntó Iruka clavando los ojos en el hombre de pelo gris que lo miraba desde el pasillo-. Hacia tiempo que te pedí que no regresaras más, Kakashi. ¿Ya te cansaste de escapar?

Permitió que pasara, pero no quitó esa expresión de auténtico desprecio. Sacó dos botellas de cerveza de la nevera, y las dejó en la mesilla de la sala, ya abiertas. Iruka se quedó callado, esperando, como llevaba haciendo por mucho tiempo, a que Kakashi pusiera en orden sus pensamientos. Esa noche le dejaría claro que no era un juguete del cual podía deshacerse cuando se le viniera en gana; era una persona con sentimientos, así como él.

-Yo… quería disculparme –dijo al fin-. Quería disculparme por ser tan idiota.

-Ahora sí hablamos el mismo idioma –dio un trago largo a su cerveza, antes de continuar-. Estoy cansado de esto, y lo sabes. Es la tercera vez que vienes a pedirme disculpas, pero no tienes manera alguna de asegurarme que todo será diferente. Te quedarás conmigo un tiempo, luego te irás otra vez sin darme ninguna explicación válida.

-Pero…

-Pero nada, Kakashi –lo atajó con seriedad-. No estoy dispuesto a convertirme en juguete de nadie, mucho menos el tuyo. Cuando me pediste que fuéramos algo más que amigos, pensé que sería para afrontar los problemas de ésta relación como adultos, no como dos niños que no sabrían que hacer. Qué ya no quieras estar conmigo me tiene sin cuidado, pero qué todo esto termine de una manera tan ridícula, me enferma.

-Lo sé, lo sé.

-¿Entonces? ¿Acaso esperas que me conforme con lo poco que me das, cuando yo sacrifiqué muchas cosas por ti? No es justo, para nada justo. Eres un egoísta, al que lo único que le importa son sus propios problemas. Para cuando te des cuenta de que las cosas no son así, será demasiado tarde.

Se puso de pie, encaminándose con paso firme a la puerta, cuando sintió una presión desmedida en la muñeca, que lo obligó a darse la vuelta. Kakashi, con el ceño fruncido, lo miraba fijamente, como si no creyera en todo lo que le había dicho.

-Aún no hemos terminado.

-Pues yo sí.

Se soltó del agarre, abriendo la puerta de entrada.

-Lárgate –ordenó-. Vete ahora mismo.

No le hizo caso. Acorraló a Iruka entre su cuerpo y la puerta, cerrándola al mismo tiempo. Sin esperar a que dijera algo más, lo besó, lo besó como nunca antes lo había hecho.

-

-¿Samantha? –Kushina no cabía de asombro-. ¿Tienes idea de la hora que es? ¿Qué haces despierta?

Escuchó un gruñido al otro lado de la línea. Colin, por lo que pudo escuchar, se había tropezado con unos zapatos, causando un pequeño revuelo. La pelirroja esperó hasta que su sobrina estuviese calmada, para preguntarle nuevamente por que estaba despierta a tan altas horas de la noche.

-Lo siento, tía, pero no se me ocurrió otra forma de contactar contigo directamente –dijo de corrido, sentándose junto a Colin-. Sólo quería disculparme por no haber llegado hace una semana, como se suponía, pero es que tuvimos algunos problemas escolares.

-¿Problemas escolares?

-Colin reprobó tres materias y tiene que quedarse todo el mes en la escuela de verano. Yo sí puedo ir, así que mi madre me pidió que te avisara que mi avión sale mañana, por lo que estaré aterrizando en el aeropuerto de Tokio a una hora más o menos decente.

La pelirroja se sentó en su cama, junto a Minato, quien ajeno a su conversación telefónica, tecleaba sin parar en su portátil. Se miró un momento en el espejo, antes de regresar su atención a la conversación.

-Entonces te estaremos esperando –dijo Kushina-. Naruto se pondrá muy contento cuando te vea, te lo aseguro.

-¿Está en casa?

-No, se quedará a dormir donde un amigo por no sé que cosa de un proyecto escolar, pero le avisaré que llamaste.

-Muchas gracias, hablamos cuando llegue a tu casa –le susurró unas palabras a Colin, que dijo buenas noches-. Buenas noches, tía –añadió ella antes de colgar.

Kushina dejó el teléfono en su peinadora, regresando a la cama.

-Samantha vendrá sola, Colin reprobó algunas materias –comentó la pelirroja, atrayendo la atención de su marido-. Iré a preparar la habitación de huéspedes, y ni una palabra de esto a Naruto, quiero que sea una sorpresa.

-Como digas, mi vida.

* * *

Sakura se sentó en el escritorio del profesor con brío, fastidiada por ser la única alumna de sexto curso que tenía que madrugar para ir al colegio. Encendió su reproductor de música, subiendo el volumen a todo lo que daba, seleccionó la canción que cantaría en el festival al día siguiente y comenzó a seguir el ritmo con sus pies, enfundados en unas botas blancas que le llegaban a las rodillas.

-Llega tarde, Kakashi-sensei –dijo la muchacha cuando su profesor entró en el salón cojeando ligeramente-. ¿Hoy no piensa inventar alguna de sus ridículas excusas?

-No, hoy no –dejó su abrigo en el respaldo de la silla-. Vamos al patio para que escojas la escenografía.

La chica se puso en pie de inmediato, arreglándose la mini falda rosa. Recogió sus cosas con rapidez, adelantando a Kakashi en el pasillo, quien con la mirada perdida en el cielo, recordaba fragmentos de la noche anterior. Su reconciliación con Iruka había salido mejor de lo que esperaba, aunque había tenido que pagar un precio, el cual su trasero se empeñaba en recordarle.

-¿Se siente bien, sensei?

-Sí, sí, estoy algo cansado.

-Como diga.

Cuando llegaron al patio, Sarutobi, el director del colegio, les hizo señas con la mano para que se aceraran. Algunos alumnos de cursos inferiores también estaban en el colegio, de seguro preparándose para el festival. Sakura reverenció ligeramente al director, mientras Kakashi le estrechaba la mano ofrecida.

-¿Cuál será su actividad a realizar en el festival, Haruno-kun? (1) –preguntó el director a la muchacha-. Su curso es el más original, pero esta vez espero que no sea algo tan elaborado como una presentación de ballet.

-Cantaré, director –replico Sakura ligeramente sonrojada-. Éste año no tuvimos mucho tiempo para prepararnos, así que escogimos algo sencillo de hacer. Tenía pensado pedirle a mis compañeros que me ayudaran, pero preferí hacerlo sola.

-A eso le llamo yo iniciativa –comentó Sarutobi-. ¿Qué carrera seguirá una vez se gradúe?

-Medicina, como toda mi familia.

-Una loable elección, pero ahora tenemos otros asuntos de los cuales ocuparnos, como la escenografía para su presentación.

-Yo la ayudaré, Sarutobi-sama –intervino Kakashi-. Parece que alguien lo necesita –apuntó a una mujer de mediana edad que lo llamaba desde el otro lado del patio-. No se preocupe por nosotros.

-Entonces, discúlpenme.

Una vez marchó el director, los otros dos se acercaron al gigantesco escenario de metal montado en el patio. Un muchacho de ojos claros los ayudó a escoger la escenografía, que resultó ser una lona negra con infinidad de dibujos de distintos colores que brillarían gracias a las luces ultravioletas que iluminarían la tarima. Sakura estaba contenta con su elección.

-Todavía no me has dicho el nombre de la canción que cantarás –le recordó el profesor-. Ni siquiera sé si es apropiada.

-La canción está en inglés –le mostró la pantalla de su reproductor-. Ahora, no divulgue el nombre. Mañana en la noche lo diré en voz alta, así que eso es suficiente.

-Bueno, bueno, pero ahora al salón a practicar.

-¡Hai, Kakashi-sensei!

-

-¡Kushina! –Gritó Naruto ni bien entró en la sala-. ¡Mamá…! ¿Dónde demonios se habrá metido ésta mujer? –Se dio la vuelta para arrastrar a Gaara al interior de la casa-. Será mejor que no te quedes afuera.

-¿Por qué?

-Las amigas de mi madre son unas chismosas, lo que más les gusta es inventarse cuentos, en especial de la gente joven –abrió la nevera en busca de algo de comer-. Lástima que tu hermana no pudo venir, pero la familia es primero –le lanzó una lata de refresco al pelirrojo-. Lo que no entiendo es por que no viven con sus padres.

-Es una larga historia, pero en resumidas cuentas te puedo decir que no me llevó bien con ellos –bebió un trago largo con los ojos fijos en el techo-. Temari discutió con ellos por mi culpa, así que decidió venir conmigo.

-¿Y el penthouse? ¿Cómo lo pagan?

-Hace años lo compraron, así que no tenemos que preocuparnos por la renta. Y nuestra madre nos envía dinero todos los meses para lo demás. A veces me pregunto como sería mi vida ahora si no viviese por mi cuenta, si me permites decirlo así.

-Debe ser difícil –sacó otras dos latas de la nevera y salió de la cocina-. Vamos a mi habitación. Tengo que enseñarte mi amplia colección de música, la cual me la gané a pulso.

-Muero de curiosidad.

Hacia tan sólo una hora que estaban de regreso en el mundo de los vivos, con la secuela de la peor jaqueca de sus vidas. Gracias a Temari, a quien milagrosamente la sobredosis de tequila no le había afectado como a ellos, habían logrado caminar sin marearse a cada paso que daban. Se despidieron de ella en el estacionamiento del edificio, enfilando la calle unos momentos después.

-Son todos esos que están ahí –señaló una repisa de dos metros de alto repleta de discos-. Yo iré a ver si a Kushina no se le han quedado pegadas las sábanas; regresó en un momento.

Atravesó el pasillo y abrió la puerta, encontrándose con la sorpresa de que Minato y Kushina seguían dormidos, a pesar de que eran casi las once de la mañana. Acomodó las cobijas y cerró las cortinas para que la luz del sol no los despertara. Sin hacer mucho ruido al cerrar la puerta, regresó a su habitación, dónde Gaara, con los ojos desorbitados, contemplaba la completa colección de discos de su banda favorita.

-Te dije que los tenía todos –le palmeó la espalda, regresándolo a la realidad-. Te los puedo prestar, pero debes saber que si alguno regresa con una raya, por más insignificante que parezca, te mataré. Son originales y están autografiados, así que mucho cuidado.

-No te preocupes, no se me ocurriría dañarlos –aseguró sentándose en la silla frente al escritorio-. ¿No tienes computadora? –Preguntó al notar la ausencia del monitor-. Eso es extraño.

-Si tengo, solo que me da mucha pereza desempacarla –abrió las puerta de su armario y sacó una caja de cartón de tamaño considerable-. Pero como tú eres un gran amigo, me ayudarás, ¿no es cierto?

-Está bien, pero tú la sacas de la caja.

-

-¡Temari-chan! ¡Aquí! –llamó Hinata cuando la vio entrar en la cafetería. Neji estaba con ella, leyendo un pequeño libro forrado en cuero-. ¿Y esas ojeras? ¿Qué estuviste haciendo anoche?

-Me emborraché con tequila –replicó en el mismo instante en que una mesera se acercaba a tomar su pedido-. Naruto y Gaara me acompañaron. Créeme, ese par son un espectáculo cuando tienen un par de copas demás encima.

-¿Qué hacía Naruto-kun en tu casa? –Preguntó la pelinegra, visiblemente interesada-. ¿Él está bien?

-Gaara se lo encontró en la calle todo deprimido, así que lo invitó a la casa. Yo me imaginé por qué estaba tan decaído, así que aproveché que no había clases para animarlo de la única forma que sé: unos cuantos tragos no le hacen daño a nadie, aunque nosotros nos acabamos tres botellas de tequila –le señaló a la mesera la taza que Hinata sostenía entre sus manos-. En fin, se quedó a dormir con nosotros.

La mesera se fue un tanto molesta al saberse ignorada, pavoneándose con la gracia de un pato. Neji la miró de reojo, regresando rápidamente su atención al libro, pero lo que realmente le interesaba era la conversación que mantenían las dos mujeres. Que Hinata estuviese tan interesada en saber de Naruto no le importaba en lo más mínimo, pero no podía decir lo mismo sobre Temari.

-Shikamaru no tarda en llegar, espero que no te moleste que lo haya invitado sin avisarte –dijo Temari mirando por la ventana del local-. Pero bueno, dime qué es eso tan importante que tienes que hablar conmigo.

-En realidad, son dos cosas de las que quiero hablarte –corrigió Hinata, enderezándose en la silla-. La primera, es que Chouji se va a vivir en Nagoya esta tarde, pero como no tenía ánimos para ver a ninguno de nosotros, me pidió que les comunicara la noticia. Shikamaru ya lo sabe –añadió, adelantándose a la pregunta no formulada-. Shino también me llamó desde Chile (no sé por que todos me hablan a mí cuando tienen malas noticias) y me dijo que se quedará allá por tiempo indefinido. Kiba está al tanto.

-Es una lástima, mi pobre Shikamaru debe estar destrozado aunque no quiera demostrarlo –recibió la taza de café con leche que le tendía la mesera-. Y Kiba debe estar igual; es una pena la verdad. ¿Sólo eso querías decirme, o hay algo más?

Hinata sacó una tarjeta morada de su bolsa, la cual te entregó a Temari.

-Es la invitación para la fiesta de Ino éste viernes –explicó la muchacha-. Ella no tiene ni la menor idea de esto, así que no le preguntes nada. Llevo planeando esto desde la semana pasada con la ayuda de Sakura, quien por cierto está bastante nerviosa por la presentación de mañana. Me llamó hace rato.

-Me imagino.

En ese preciso momento la puerta de la cafetería se abrió, revelando la figura de un desgarbado Shikamaru que se apresuró a borrar todo rastro de lágrimas de sus mejillas. Definitivamente la noticia de la mudanza de su mejor amigo le había afectado, aunque no había logrado controlar a la perfección sus emociones. Cuando llegó a la mesa, Temari lo abrazó con fuerza, dándole a entender que ella también lo sabía.

-Hola, chicos –saludó a los otros dos-. ¿Puedes pedirme una taza de café? –preguntó a Temari, haciendo gala de su característica pereza.

Neji se adelantó a las demás, llamando a una mesera que pasaba cerca de ellos. Ordenó el café, y al cabo de cinco minutos reposaba en la mesa, desprendiendo un delicioso aroma.

-Toma –Hinata le entregó una invitación-. El viernes es el cumpleaños de Ino, pero no le digas nada sobre esto; es una sorpresa.

-No hay problema.

-

Karin caminaba distraídamente por la calle, usando un sencillo vestido blanco que hacía resaltar su brillante cabello rojo, cuando chocó contra alguien, y la bolsa de comestibles que había estado cargando se desparramó por el suelo. Pudo ver a una muchacha de largo cabello castaño apresurándose a recuperar unas cuantas manzanas que rodaban hasta la calle. La pelirroja la reconoció de inmediato: era la dependienta de la librería favorita de Sasuke. Una que otras veces ella se había ofrecido a recoger sus pedidos, utilizándolos como una excusa para hablar con él más de lo normal.

-Muchas gracias –dijo Karin una vez todas las cosas estuvieron de nuevo en la bolsa-. Siento haberme tropezado, no me fijé por dónde iba.

-Descuida –replicó Madoka-. Espera un momento, yo te conozco… ¡Tu eres la sirvienta de Uchiha Sasuke! Hacia tiempo que no te veía, no sé si me recuerdes.

-Claro que sí, eres a la única que veo atendiendo el mostrador de la librería –le sonrió de medio lado-. Bueno, tengo que irme. Hasta luego.

Madoka pensaba responder con otro hasta luego, pero entonces un débil recuerdo de su conversación con Moegi le hizo recordar que todavía tenía un asunto pendiente. Decidida a conseguir la mayor información posible, ideó un plan en milésimas de segundo. Tras unas cuantas indirectas mal camufladas, convenció a Karin que la acompañara a una cafetería cercana para conversar un rato. Aunque al principio la pelirroja parecía algo indecisa, aceptó finalmente.

-Siento haber insistido tanto, pero necesito hablar contigo –dijo la castaña una vez sentadas en una lejana mesa de la cafetería-. Es que creo que tú puedes ayudarme a aclarar algunas dudad que tengo desde hacia tiempo.

-Dime –se pasó una mano por el cabello, revolviéndolo un poco-. ¿Qué es eso que quieres saber?

-¿Sabes si Sasuke tiene novia o está interesado en alguien? –Disparó a quemarropa-. No es que me él me interese directamente, pero tengo que saberlo.

-Pues… –pensó un momento-. No tiene novia, pero… pero si hay alguien que le interesa y mucho, aunque no conozco a esa persona. Lo único que sé es su nombre.

-¿Cual es?

-Naruto.

Madoka apretó los puños con fuerza, Moegi no estaba bromeando. Respiro profundo, tranquilizándose; no podía perder los estribos allí, no con ella, quien, aunque no lo supiera, la ayudaría a conseguir lo que quería: a Uzumaki Naruto.

-¿Puedo preguntarte algo personal? –Recibió un débil asentimiento-. ¿De casualidad… a ti te gusta Sasuke?

-Yo… –titubeó, sonrojándose furiosamente-. Sí, me gusta, pero nunca se fijará en mí.

-Yo puedo ayudarte, si eso es lo que te preocupa, pero necesito que hagas algo por mí a cambio; digamos que me pagarás el favor con otro favor.

-¿Qué quieres?

-Quiero que averigües si Uchiha Sasuke es algo más que un amigo para ese tal Naruto –sonrió maliciosamente-. Una vez consigas esa información, yo te diré como puedes hacer para conquistarlo.

-Sí, claro que sí.

-

Sasuke se encontró con Deidara en el vestíbulo. Estaba terminando de ponerse una chaqueta color crema, cuando el rubio se percató de su presencia. No sabía si había sido un efecto óptico, pero le pareció notar una sombra oscura cruzar veloz por esos ojos azules. Lo saludó con una cabezada, encaminándose a las escaleras, pero se detuvo en el tercer escalón, pues el rubio lo había llamado.

-¿Estás ocupado? –preguntó Deidara, contemplando su aspecto en un espejo de cuerpo completo colgado en una de las paredes del vestíbulo.

-No, ¿por qué?

-Quería saber si te interesaba acompañarme a un lugar, es que necesito hacer algo importante –sonrió ampliamente, como solía hacer su primo-. Si no quieres, no importa, pero me pareció una buena idea.

Una corazonada le insinuó que dijera que sí, pero su cerebro, recordando la última vez que había salido con él, se negaba en rotundo. Aún así, asintió levemente con la cabeza, al mismo tiempo que agarraba su chaqueta de cuero negro que colgaba de un perchero cerca de la entrada. Sai, quien estaba de pie en el inicio de las escaleras, sonrió fugazmente, comprendiendo a la perfección lo que se tramaba Deidara.

Una vez en el garaje, Deidara se montó en el Audi de Itachi. Sasuke dudó un momento antes se sentarse en el asiento del copiloto, pero actuó impulsado nuevamente por esa corazonada que no lo dejaba tranquilo. El auto comenzó a acelerar, llegando a los sesenta kilómetros cuando ya rodaba suavemente por la calle. Se pasaron en completo silencio todo el camino, pero cuando el auto comenzó a aminorar la velocidad en una zona residencial que Sasuke conocía muy bien, no pudo evitar soltar una casi inaudible maldición.

-¿Por qué me trajiste aquí? –Preguntó el moreno, reacio a bajarse del auto que ya se había detenido por completo frente a una casa de dos plantas-. ¿Por qué?

-Tenía ganas de visitar a mi primo, pero no me apetecía venir solo –explicó mientras se quitaba el cinturón de seguridad-. Sai estaba ocupado, así que se me ocurrió pedírtelo, pero sabía que si te decía a donde íbamos realmente, te negarías.

Deidara se bajó del auto, seguido casi al instante por Sasuke, quien ahora comprendía el por que de esa sensación tan extraña. Para cuando llegó ante la puerta de entrada, una bella mujer pelirroja ya los estaba invitando a pasar. El pelinegro sintió como esos ojos verdes se clavaban en su espalda por unos segundos, al momento de subir las escaleras. Si su intuición no le fallaba, esa mujer sabía muy bien quien era.

-Naruto no está solo, así que no armen mucho relajo –pidió desde la sala-. O sí no ustedes mismos tendrán que limpiar.

-Tranquila, tía –Deidara le guiñó un ojo-. Tú sabes que no soy capaz de desobedecerte, por que mi cabeza me gusta dónde está.

Sasuke caminaba en silencio tras Deidara, observando con peculiar atención los cuadros que colgaban de las paredes, la mayoría de ellos retratos agrandados, de Naruto con sus padres cuando era un niño. Jamás había visto una sonrisa tan radiante y sincera en toda su vida. Por un momento llegó a envidiarlo, pues su infancia parecía haber sido más feliz que la suya. Escuchó una puerta abrirse y los berridos de su cuñado clamando el nombre del rubio. Se quedó de pie en el pasillo, indeciso.

-¿Qué esperas? –Preguntó entonces Deidara, arrastrándolo al interior de la habitación-. ¡Mira quien vino a visitarte, primito!

Naruto tardó un momento en reaccionar, pero cuando lo hizo, fue con total naturalidad, escondiendo eficazmente la sorpresa que le había causado verlo allí. Les ofreció una lata de refresco a los recién llegados, para sentarse nuevamente junto a Gaara, con quien había estado analizando desde hacia horas, cada una de las canciones de su grupo favorito. Sasuke pudo percibir como las manos de esos dos se rozaban débilmente y sintió celos.

-Lamento haberlo invitado sin avisar –dijo de pronto Deidara-. Pero no pareces muy molesto que digamos.

-No lo estoy –corrigió el rubio-. Sasuke puede venir aquí cuando quiera –añadió mirando fijamente al aludido-. ¿Te parece?

-Sí –replicó Sasuke, repentinamente incómodo-. Tú también puedes venir a mi casa las veces que quieras.

-Entonces estamos a mano.

No le daría el gusto a su primo de verlo nervioso, aunque le estaba costando mantener la compostura, siendo fijamente observado por esos ojos negros como la obsidiana. Regresó su atención a la conversación que había mantenido con Gaara hasta la interrupción de Deidara.

-Tienes ojeras –volvió a interrumpir el rubio-. ¿Acaso a noche no dormiste bien?

-Ayer se quedó a dormir en mi casa –intervino el pelirrojo-. Por algún motivo estaba decaído, así que lo invité.

-Luego nos emborrachamos con tequila y nos acostamos a eso de las tres de la mañana –continuó Naruto-. Necesitaba relajarme un poco después de tanto pensar.

-¿Pensar en que? –preguntó Sasuke por impulso

"En ti" quiso responder, pero se limitó a encogerse de hombros, esbozando una enigmática sonrisa. Decidido a mantener esa extraña situación bajo control, estiró la mano hasta la repisa, agarrando unas cuantas cajas esparcidas junto a ella.

-Gaara y yo estábamos pensando en ver una película, pero no podemos decidirnos por ninguna –les mostró las cajas a su primo y a Sasuke-. Escojan ustedes una, mientras yo voy a la cocina por palomitas de maíz.

-¿Tienes de microondas? –preguntó Deidara

-Picantes, ya lo sé –y abandonó la habitación.

Kushina estaba sentada en la cocina junto a su marido, los dos discutiendo en voz baja, pero parecía algo bastante serio, pues Minato tenía el entrecejo fruncido y tamborileaba los dedos, un tic nervioso que se hacía presente cuando estaba enojado.

-¿Las palomitas de maíz? –Preguntó en voz alta, llamando su atención-. Kushina…

-En la alacena junto a la licuadora –indicó con voz cansina-. Ya las subiré yo cuando estén listas, mejor regresa arriba.

-Claro.

Subió las escaleras de dos en dos, tropezando con alguien en el pasillo ligeramente a oscuras. Reconoció el caro perfume impregnado en esas ropas negras que se confundían con el ambiente. El corazón comenzó a latirle desbocado cuando sintió una mano suave como la seda rozarle débilmente la mejilla. Sabía que si continuaba a solas con él, no lograría mantener la calma.

-Naruto.

¿Por qué Sasuke tenía que pronunciar su nombre con esa voz tan ronca? No supo cuando ni como, pero era vagamente consciente de que su espalda estaba fusionada con la pared y que unos brazos ubicados a sus costados le impedirían escapar aunque lo intentara. Clavó los ojos azules en los negros del moreno, perdiendo completamente el autocontrol. Dejándose llevar por una sensación desconocida, enroscó los brazos alrededor del cuello de Sasuke, besándolo profundamente.

Naruto cayó entonces en la cuenta de que se había vuelto completamente adicto a su boca.


(1) El sufijo -kun se aplica cuando un profesor se refiere a sus alumnos, incluídas mujeres.


Nos vemos!