Capítulo IX
Ambos permanecían en silencio mientras Len aplicaba un paño frío sobre la frente de su hermana para disminuir la temperatura de su cuerpo. Al final, todo había resultado bien. Rin no había llegado a sufrir hipotermia..., al parecer Len había llegado a tiempo. Y las tomografías mostraban que la herida en su cabeza era sólo superficial, aunque el golpe la hubiera dejado inconsciente. Por otro lado, no era sorprendente que varios días después Rin estuviera en cama, con la fiebre por las nubes. Len había decidido permanecer con ella para cuidarla todo el tiempo. El día anterior, Kaito y Miku habían pasado para visitarlos y revisar la condición de la gemela.
-¿Podrías traerme una muda de ropa, Len? La que llevo se pega a mi cuerpo por el sudor… ¿Por favor?
Su hermano asintió con la cabeza y se incorporó para buscar otros pijamas en el armario. Habían decidido dejar a Rin en su habitación, donde tenía la televisión y sus libros, y Len había colocado el colchón de su propia cama en el suelo del cuarto, para poder descansar junto a su hermana en caso de que necesitara algo.
-¿Éstos están bien? –preguntó, mostrándole a Rin la ropa de dormir que había escogido.
-Sí.
-Voy a salir de la habitación para que puedas cambiarte.
-Len…, me duele todo el cuerpo. ¿Podrías…? –no pudo terminar la frase, y su rostro se sonrojó intensamente.
-¿En verdad necesitas el cambio de ropa?
-Sí… ¿Por favor…?
Su hermano se sentó en la orilla de la cama, y la ayudó a incorporarse. Rin tosió con fuerza. En efecto, le dolía todo el cuerpo, y cada movimiento que hacía le provocaba una intensa punzada de dolor en las sienes.
-Levanta los brazos –le indicó Len.
Ella obedeció y desvió la mirada. Mientras su hermano le quitaba la prenda superior, bajo la cual no había nada más que su piel desnuda, Rin notó que él también había girado la cabeza hacia otro lado.
-A los chicos les gustan más grandes, ¿no?
-¿Qué? –inquirió él, sin quitar la mirada de la pared opuesta de la habitación.
-Los pechos. Les gustan grandes. Los míos apenas se notan aunque use el sostén adecuado.
-No sé –rió él-. Los pechos son pechos, ¿no? Siempre que estén en una mujer van a ser pechos, no importa el tamaño. Eso es lo que creo yo.
Rin lo observó en silencio mientras Len le colocaba las nuevas prendas. Lo que ella no sabía era que el corazón de su hermano latía a ritmo acelerado, y que él se estaba esforzando al máximo para que no se notara el temblor de sus manos.
-Los de Miku son más grandes que los míos, ¿verdad?
-¿Cómo voy a saber eso yo? –la evitó su gemelo.
"Deberías saberlo porque tú y Miku lo hicieron, ¿no?", era lo que quería decir, pero permaneció callada. Cuando terminó de vestirla, Len volvió a cubrirla con las sábanas y suspiró.
-¿Kaito te dijo algo sobre tus pechos?
-¿Qué? ¡No! ¡Por supuesto que no!
-De acuerdo. Pensé que podrías tener esa duda porque él te dijo algo…
-No –insistió ella-, Kaito siempre es muy respetuoso conmigo.
Su hermano emitió un gruñido. Al final, el golpe que le había propinado a Kaito sólo había dejado un moretón no muy oscuro, que Rin no había notado, o bien por el que no había querido preguntar. De cualquier modo, ninguno de los dos varones había comentado nada al respecto. La idea de que ella siguiera con ese tipo después de que la había dejado sola lo frustraba. Y a eso se sumaba la imagen de Rin y su novio besándose y acariciándose en su cocina que invadía sus pensamientos, y no pudo evitar sentir más que rechazo por su gemela.
Len volvía a colocar el paño frío sobre la frente de su hermana. Entre el silencio de ambos, se oía el viento helado del exterior empujando las ventanas, que contrastaba con la calidez del cuarto, provista por la calefacción. El ambiente en general era acogedor, y sin embargo ninguno de los hermanos se sentía contento o cómodo.
-Len –pronunció la chica, en voz baja, casi esperando que él no la oyera.
-¿Sí? –inquirió, mientras deslizaba el paño por el cuello y los hombros de Rin.
-¿Hay algo que me ocultes?
Él sonrió con lo inesperado de la pregunta, pero respondió en seguida:
-Por supuesto que no.
No sabía si eso era del todo cierto. Debido al extraño comportamiento de su hermana, y al hecho de que pareciera no importarle en absoluto lo que él hiciese, había decidido actuar por su cuenta a la hora de tomar decisiones, especialmente en los escenarios que no le incumbían a Rin, como era lo sucedido entre él y Miku. Además, su gemela siempre había sido su mayor confidente, ella lo sabía todo de él… Pero eso tenía que cambiar alguna vez, ¿no? Simplemente no podía describirle con detalle las cosas que hacía con sus novias, o su esposa, o con quien fuera, a Rin. ¡Era su hermana! Estaba seguro de que a ella no le gustaría enterarse de ese tipo de cosas sobre él, así como él no quería imaginarla con Kaito, y mucho menos escucharla a ella misma describir una situación así.
Poco a poco, sus vidas estaban tomando rumbos diferentes. Si bien no era totalmente cierto lo que acababa de decir, no le hubiera parecido correcto decir lo contrario.
Rin se sintió un poco desilusionada al oír las palabras de Len. No quería que él se alejara de ella, no podía soportar la idea de que progresivamente la distancia entre sus vidas se estuviera ampliando. Aunque, en el fondo, lo que quería escuchar era: "Miku y yo estuvimos por hacerlo, pero al final nada sucedió entre nosotros".
Aunque le dolía en el alma no poder confesarle a su hermano que había escuchado la conversación que había mantenido con su novia en la fiesta, esbozó una amplia sonrisa fingida. "Al final, yo también le oculto cosas."
-Len… Gracias por venir a ayudarme. Si tú no hubieras aparecido, si hubiera pasado mucho más tiempo desmayada ahí afuera, yo…
El rostro de su hermano pareció contraerse en una mueca de dolor.
-Tú... nada. Porque sí aparecí, ¿no?
-Sí –sonrió ella, pero él no le devolvió la sonrisa.
-¿Sabes...? -comenzó unos segundos más tarde Len, pero se detuvo.
-¿Qué? -lo incitó su hermana.
-Cuando estaba buscándote afuera... Escuché tu voz, llamándome. Aunque se oía débil, pronunciaba "Len", sin duda. Pero cuando te encontré, estabas inconsciente, es imposible que hubieras estado llamándome.
Rin miró al techo, pensativa. No recordaba nada antes del momento de abrir los ojos -cuando su hermano ya se encontraba junto a ella-, ni mucho menos haber pronunciado el nombre de Len.
-¿Crees que podamos leer los pensamientos del otro? -preguntó.
-Creo que más bien podemos sentir lo que siente el otro.
-¿Te sientes feliz en estos momentos?
-No lo sé. ¿Por qué?
-Porque a mí nada me hace más feliz que saber que Len está siempre a mi lado.
La mano de él se detuvo, presionando con fuerza el paño sobre la frente de su hermana, y el agua se escurrió hacia su cabello y se deslizó por su cuello, hasta sus hombros.
-¡Len! ¡El paño! ¿Qué es lo que estás…? –Rin levantó la mirada hacia su gemelo, sólo para descubrir sus ojos desbordantes de lágrimas- ¡Len! –se sorprendió- ¿Qué sucede?
Todo el cuerpo del muchacho temblaba, y él se esforzaba en vano por contener el llanto. Giró la cabeza para que su hermana no pudiera verle el rostro, y pronunció entre sollozos:
-¿Por qué...? ¿Por qué tienes que ser tan importante para mí...?
Rin, estupefacta, abrió la boca para responderle, pero la reacción de su gemelo la había tomado por sorpresa, y ningún sonido salió de entre sus labios.
Con un único movimiento rápido, Len se arrodilló sobre la cama y la abrazó, enterrando su rostro entre los cabellos de ella. Rin cerró los ojos, sintiendo el dolor de su hermano, y con esfuerzo levantó los brazos para rodearlo con fuerza. Todos esos días él se había estado conteniendo, intentando esconder el miedo, el dolor que había sentido. Pero Len no había podido resistirlo más.
-Ya estoy bien –le susurró.
-Creí que iba a perderte. En el momento en que te vi allí, con el rostro sobre la nieve… Yo… pensé…
Rin chistó con suavidad para calmarlo. Su hermano no paraba de llorar, y a ella se le empañaron los ojos de igual manera.
-No puedo vivir sin ti.
-Eso no importa, porque siempre estarás ahí para protegerme, ¿verdad?
Sintió cómo su hermano asentía con la cabeza contra su cabello, humedecido por las lágrimas.
-Rin, no quiero que nunca nada te suceda... No quiero volver a dejarte sola, yo... Me preocupo demasiado por ti... Por favor, por favor, nunca vuelvas a hacer algo así.
Ella asintió.
Permanecieron en silencio durante varios minutos, y Len dejó que su cuerpo se relajara sobre el de Rin, sin notar que el llanto lo había agotado y que comenzaba a quedarse dormido. Su hermana cerró los ojos a medida que él se fue calmando, y finalmente ambos se rindieron al sueño sobre el mismo colchón.
Cuando abrió los ojos y sintió el calor de otro cuerpo cerca del suyo, Len recordó dónde estaba y qué era lo que había sucedido. Se incorporó despacio para no despertar a su hermana, que yacía debajo de él, empapada en sudor por la fiebre y por el contacto prolongado con su gemelo. Se sintió culpable de haberse quedado dormido de esa forma.
Se sentó en el borde de la cama, y permaneció pensativo un momento, mirando la pared. Finalmente, se volvió para mirar a Rin. -¡Cuántas veces después desearía no haberlo hecho!-
Ella dormía con los labios entreabiertos, las mejillas sonrojadas por el calor, y la respiración pesada. Y entonces, Len pudo ver todas esas cosas que, sabía, nunca podría encontrar en otra mujer. La inocencia estaba pintada en su rostro pálido, la niñez que ambos habían compartido nunca podría borrarse de sus vidas. Era algo que Len no podría compartir nunca con nadie más: era lo que hacía que cuando miraba a su hermana, sintiera deseos de abrazarla y protegerla, de no permitir que le sucediera nada malo, nunca. Se preocupaba por Miku, era una excelente chica, pero no podía ver en ella -ni en nadie más que Rin- esa inocencia frágil que era su debilidad.
Rin dejó escapar un suspiro entre sueños, y sus labios enrojecidos por la elevada temperatura de su cuerpo se abrieron un poco más. Len permaneció inmóvil, serio, observando el contraste entre la blanca piel y el brillo de la boca húmeda de su gemela. "¿Crees que es más linda que yo?", volvió a resonar en su cabeza. Por un momento quiso apartar instintivamente esos pensamientos de su mente, pero en vez de eso, se dejó llevar. ¿Él creía que Miku era más linda que Rin? Miku era sensual, muy atractiva en todos los aspectos, a la vista general de todas las personas, por supuesto. Pero Rin era...
Se fijó en su cabello rubio revuelto, que se desparramaba sobre la almohada y sobre sus hombros desnudos. Sus pestañas negras contrastaban contra el blanco de su piel, y él sabía que, cuando Rin estaba despierta, ese borde oscuro alrededor de sus ojos resaltaba su color azul y su perfecto tamaño.
Siguió con la vista el contorno de sus hombros y su cuello, y se detuvo en el pecho de ella, que se movía rítmicamente con su pesada respiración. La ropa de dormir que llevaba era muy delgada, y transparentaba la armoniosa forma de sus pequeños pechos. Len pensó en cómo había pasado el tiempo: cómo el cuerpo de Rin ahora era tan diferente al suyo propio. Era el cuerpo de una mujer, sin importar cuán aniñada luciera. Y él mismo había crecido y superado considerablemente la altura de ella, pero eso era algo bueno. "Siendo más alto, puedo protegerla mejor", era lo que había pensado cuando ambos empezaron a notar sus diferentes tamaños.
Pensó que, en efecto, los pechos de Miku eran más grandes que los de Rin. Pero eso no significaba nada en absoluto para él.
Sus pensamientos se detuvieron de repente cuando notó que su corazón palpitaba a un ritmo alarmante. El rostro le ardía, producto del calor que empezaba a sentir, en parte por su excitación, y en parte por la vergüenza que le producía darse cuenta de lo que estaba pasando.
Estaba mirando a Rin, pero no como a su hermana, sino como algo más.
Tragó saliva mientras la cabeza comenzaba a darle vueltas, pero no podía dejar de repasar con la mirada el cuerpo semi-desnudo de ella. Podía ver con claridad cada gota de sudor que resbalaba sobre su cutis blanquecino, cada gota que se deslizaba cerca de sus labios rosados y entreabiertos. Casi podía sentir las vibraciones en el aire cada vez que ella exhalaba. Al elevarse su pecho, la ropa se tensaba alrededor de la perfecta redondez de sus senos.
Len se inclinó hacia delante, acercando su rostro al de Rin. Sus movimientos eran incontrolables. No estaba pensando con claridad. ¿Qué estaba haciendo? ¿Qué era lo que quería hacer, acercándose así a ella?
Podía sentir el dulce aliento de su hermana sobre su propia piel. Y cuando su nariz casi rozaba la de ella, se dio cuenta de todo. Él no creía que Miku fuera más linda que su gemela. No habría nunca otra mujer en su vida que él quisiera proteger de esa manera. Para él, Rin era la mujer más hermosa que pudiese existir... Era la única mujer.
Cerró los ojos con fuerza, pensando en cuántas cosas saldrían mal a partir de ese momento.
Y la besó.
