N/A. La cita es de Sarah McLachlan, de la canción Ice, suficientemente apropiada espero. Este capítulo tampoco es para los niños, que tiene partes de sexo. Es la primera vez que escribo algo así, así que se agradecerán los reviews!

N/T. Lo prometido es deuda: esta vez tardo menos (es que la vez anterior no sé qué me pasó… xD). Sionnain es un poco perra y nos dejó en todo lo interesante jeje. ¿Qué tiene la caja? ¿Apuestas? Lo descubriréis así como que en el primer párrafo de este xapi jejeje.

Estoy muy MUY MUUUUUUUY enganchada a Naruto. Me apetece escribir cosas sobre el anime, pero antes necesito saber más. AHHH PERO ES GRANDIOSA.

HIELO

IX. LA OSCURIDAD RELLENA MI CORAZÓN SECRETO, PROHIBIDO

Dentro de la caja había un único pendiente de diamante. No cualquier pendiente, se dio cuenta, sino el suyo, el que había lanzado al atracador. Enarcó las cejas, empezando a temblar. Los ojos de él eran fríos y tenía una gélida sonrisa de satisfacción al mirarla.

-¿Cómo… cómo encontraste esto? ¿Intentó ese hombre odioso empeñarlo?

Su voz pareció un susurro suave.

-Oh, claro que lo intentó, querida. Tengo varios… contactos digamos… en las joyerías de peor reputación. Simplemente les pedí que me notificaran cuando alguien intentase empeñar tu pendiente. En cuanto pisó la tienda, le reconocieron y me avisaron.

La sonrisa cruel se transformó simplemente en una sonrisa, pero quedó lejos de ser amistosa.

Por primera vez Narcisa sintió miedo en su presencia. Sin embargo, eso no consiguió detener el deseo que seguía corriendo por sus venas ante su tacto, su proximidad, y su oscura, siniestra voz. Eso sin mencionar esa sonrisa que ----, corriendo atrás a la seguridad de la casa y de la sala de baile iluminada. Estoy cansada de dar la espalda a la oscuridad para encontrar la protección de la luz. Algo oscuro fluía en ella y de repente se dio cuenta de lo que él trataba de decirle.

Alzó la mirada y lo vio, realmente lo vio, por primera vez. Lucius Malfoy era peligroso, sádico y cruel. No era el tipo de hombre con el que una bruja joven decente debiera estar a solas en un oscuro bosque. Vio perfectamente claro que el hombre que había ante ella no era nada comparado con lo que podría, y llegaría a ser. Lucius Malfoy haría que Bellatrix pareciera una santa, pensó, mirando a sus ojos grises desalmados. El miedo la excitó, la extraña atracción cercana al dolor la estremece de gusto. Era la oscuridad personificada, era todo contra lo que los Aurores lucharían en su misión de erradicar la oscuridad. Y Narcisa lo quería, lo quería con una pasión que nunca había sentido en toda su vida. Mientras lo miraba a los ojos pudo pensar en que si eso era lo que se sentía al ahogarse, no podía reprochar a Bellatrix el desearlo tanto.

-¿Qué es lo que hiciste, Lucius, cuando encontraste al hombre que me hirió?

Su voz era tan suave como la de él, baja y tenebrosa.

Cogió el diamante e hizo que ella lo cogiera. La pequeña caja negra estaba en el suelo a sus pies, inadvertida, y él lentamente cerró la mano femenina alrededor del pendiente. Narcisa contuvo la respiración por el delicioso y punzante dolor y cerró los ojos en éxtasis. Un gemido escapó de sus labios cuando él la empujó contra el árbol, brutalmente, obligándola a tener las manos por encima de su cabeza, como había hecho antes.

-¿Por que, Narcisa, qué es lo que piensas que haría a un hombre que se atreve a tocar lo que es mío? -Había una vibrante excitación en su voz, como si estuviera impaciente por saber la respuesta. No había duda en la mente de la mujer respecto a lo que él había hecho. Permaneció en silencio, hasta que él acercó su boca para susurrarle al oído-: Lo maté.

La parte racional de Narcisa, la que le decía que se pusiera a salvo, gritó advirtiéndola: ¿de verdad quieres estar con un hombre que mata con tanta facilidad? La oscuridad resurgió en ella, y contestó su pregunta en alto en la fría noche oscura, un sibilante siseo nacido de las profundidades de su alma.

-Sí.

Una ráfaga de viento helado la golpeó cuando él retrocedió. Su cuerpo estaba tenso esperando, miedo y deseo. Se quedó contemplándolo cuando se pegó contra el árbol, sus piernas temblando tanto que apenas la sostenían. La intensidad de su mirada la abrasó.

-Sabes lo que soy, Narcisa. Y yo sé lo que eres. Pero no me molestaré con una mujer que está asustada de ambos. Si me quieres, Narcisa, sugiero que vengas y me tomes.

Hubo un momento en que su mente recordó la niña que había sido, recordó los prados en verano y los arroyos donde nadaba con sus hermanas, languideciendo en la inocencia de su infancia que no conocía ni la oscuridad ni la muerte. Podría haber tenido esa vida si hubiera querido. Podría haberse casado con un hombre que la mantuviera segura, lejos de las tinieblas, y su vida habría sido parecida a los días fáciles de su privilegiada infancia. O podía abrazar a ese hombre que había ante ella, mirándola con sus ojos de mercurio, un hombre que representaba la oscuridad y la muerte. Lucius Malfoy no prometía una vida fácil; no habría prados de veraneo, ni regreso a la inocencia. La vida con él sería como nadar en las profundidades del océano bajo la luz de la luna, a la deriva sin una balsa a la que subirse; espantosa, mortal, pero terriblemente estimulante.

Nunca conoceré la vida si elijo la opción sencilla. Puede que él signifique mi muerte algún día, pero al menos sabré lo que es vivir. Diciendo adiós a su juventud, a la mujer que el mundo le había enseñado a ser, Narcisa Black avanzó y abrazó su destino.

En el futuro, recordaría ese momento como sublime; las manos de él sujetándola firmemente, empujándola contra el frío suelo. Estaba encima de ella, y debería haberlo detenido. No estaban casados, ni siquiera prometidos, pero no importó. Ella ya le había entregado completamente en su mente, y no era incorrecto que también tuviera su cuerpo.

Se quitó la cinta de satén que sujetaba su pelo en una apretada coleta. Su pelo cayó enmarcado su cara; ella nunca lo había visto así y le hacía parecer casi salvaje. Jadeó cuando tiró de su túnica y se movió bajo él, intentando acercarse más.

-Lucius –gimió, y él contuvo la respiración e hizo un sonido que andaba entre la risa y el gruñido. Hubo un rubor en sus altos, pálidos pómulos, y su respiración era pesada e irregular.

Sus manos se deslizaron bajo la ropa de ella, y el roce de sus dedos enguantados sobre su piel era increíblemente erótico. Paseó sus manos por su vientre, y cubrió sus pechos posesivamente, sus dedos apretando sus pezones erectos. Ella se arqueó, el duro suelo bajo ella añadiendo encanto a sus bruscas caricias. Luchó contra los complejos cierres de su túnica; queriendo desgarrar y romper, queriendo que nada lo separase a él de sus manos y su boca ansiosas. Sintió una frenética urgencia, obviamente recíproca. Él le quitó la túnica y ella se retorció en el abrazo, inquieta bajo él.

Se incorporó, besando su cuello y mordiéndolo violentamente. Él siseó y llevó una mano para desabrocharse el pantalón. Le quitó la ropa interior y ella elevó la cadera para ayudarle. La noche era oscura y fría a su alrededor, y podían ser sorprendidos por cualquiera que decidiera dar un paseo, pero a ninguno le importaba. A Narcisa nunca se le había ocurrido que su primera vez pudiera ser de esa manera; pero desde que estaba con Lucius, ¿cómo podría ser de otra forma?

No dijo una palabra a medida que se introducía en ella, que gimió por la intoxicadora mezcla de placer y dolor que la recorrió. Se pegó a él mientras él la obligaba a rodearle con sus piernas. Narcisa cruzó los tobillos a la espalda del hombre y arañó con sus uñas su pecho, sus hombros. Se sentía desenfrenada, salvaje.

Continuaron en silencio en cada embestida, pero ninguno de los dos cerró los ojos, mirándose intensamente. Narcisa sentía su cuerpo tenso cuando él entraba en ese lugar dentro de ella que era una inesperada mezcla de dolor y placer. Las manos masculinas eran bruscas en su cuerpo, le quedarían cardenales por sujetarla de aquella manera. Gritó de placer y gimió su nombre al liberarse, y segundos después sintió que él se corría, colapsándose sobre ella, respirando pesadamente.

Lucius apoyó la cabeza en el pecho de la mujer, y ella acarició con su mano el pelo que se desparramaba por su cuerpo, plateado a la luz de la luna. Fue un extraño gesto lleno de ternura, y él alzó la cabeza para mirarla. Su sonrisa fue relajada, sus ojos más suaves de lo que nunca los había llegado a ver.

-¿Te hice daño? –preguntó, su respiración aún irregular.

Ella sonrió.

-Oh, sí –murmuró-, me lo hiciste.

El marcado placer en su voz cambio su sonrisa por su característica satisfacción, y se incorporó. La sorprendió besándola suavemente en los labios.

-Intentaba complacerte –dijo, y ella rió calladamente.

Lucius se puso de pie en un ágil movimiento que la hizo alzar una ceja.

-Si puedes levantarte tan deprisa, he debido hacer algo mal –musitó con ironía, algo tímida en su presencia mientras se vestían. Miró atrás al iluminado salón de baile de los Travers, y sus mejillas enrojecieron al darse cuenta de lo que él la había robado en ese lugar. No se arrepentía de dárselo, pero era difícil aceptar que lo había hecho en el duro suelo de un jardín de la alta sociedad.

Lucius se acercó a ella, sorprendiéndola al abrazarla de pronto. Puso sus manos en los hombros de ella y la miró a los ojos, su mirada casi reverente.

-Has hecho todo bien –le aseguró, acercándola a la calidez que desprendía su cuerpo.

Se quedaron así por un momento, y se aclaró la garganta antes de añadir:

-Narcisa… -Ella lo observó al escuchar ese desconocido tono de inseguridad en su voz. Nunca había oído a Lucius a no ser que fuera sumamente seguro de sí mismo.

-¿Sí? –preguntó, clavando sus ojos en él. Él la contempló, su mirada precavida.

-Yo… yo sólo quería decirte que… bueno, que lo que acaba de pasar… -Tosió. Narcisa ocultó una sonrisa entre los pliegues de la túnica de Lucius mientras él luchaba por decir lo que quería-. No fue sólo un polvo.

-Oh, Lucius –respondió, un tono burlón en su voz. Le dio unos golpecitos en el pecho y sonrió mirándolo a los ojos-. Lo sé.

Había entendido lo que él quería decir, lo que era incapaz de decir.

Salieron del bosque, y él sacó la varita para hacerlos Aparecer en Ravensden. Una vez llegaron, besó la mano de Narcisa y ella sonrió con coquetería.

-Gracias por devolverme mi pendiente –dijo.

Él sonrió, una sonrisa de verdad, y el gesto suavizó sus rasgos. Lucius era un hombre atractivo, un hecho a veces olvidado por verse atrapado en esa capa de arrogancia y fría crueldad que llevaba tan bien. Le devolvió la sonrisa, y se volvió para irse.

-¿Oh, Narcisa?

Se paró, paralizada por su voz. Se había ido el tono cálido que había usado con ella antes, y cuando se giró para mirarlo, el frío y formal Malfoy estaba donde antes había estado Lucius el amante.

-¿Sí?

-No comparto, señorita Black, espero que recuerde eso.

Su frío susurro, arrastrando las palabras, estaba henchido de imperiosa aristocracia.

Podría haberlo abofeteado por el insulto, si no hubiera sido porque veía tras sus palabras. Estaba tratando de romper su compostura, estaba jugando a su juego, y Narcisa tuvo que impedir que una sonrisa maliciosa asomase a sus labios. Hizo que su expression fuese lo más fría y desapasionada que pudo, a pesar del hecho de que tenía ganas de echarse a reír. Ella cubierta de suciedad y tierra, su cuerpo repleto de las marcas de su frenética pasión. Sin embargo, se quedó tan estirada y orgullosa como una reina –como cualquier Malfoy- y dijo con pompa:

-Yo tampoco comparto, señor Malfoy. Espero que tampoco lo olvides.

Se perdió su impía sonrisa porque ya había cruzado la puerta de su casa, pero Narcisa pensó que había escuchado una sonrisa en la oscuridad antes de que la muerta se cerrase tras ella.

N/A. Siii, xapi terminado jiji. Más diálogo –y vaya diálogo, interesante xD- y, por tanto, escribo mucho más rápido. La verdad es que me sentía un poco mal después de haber dejado tan abandonada esta historia en el xapi anterior, después de todos los reviews que recibió… ahora me redimo XD ¡Y con este quedan solo 11! Cuando lo termine creo que empezaré a traducir alguna otra historia larga. Sionnain tiene un par más creo que de Lucius y Narcisa, aunque no las he leído, pero puede que me vaya por algo más… no sé. Encontré uno buenísimo, aunque actualizar muy poco, de Harry y pedí permiso, pero tendré que hacerlo otra vez porque no me ha contestado T.T Aquí la cosa es insistir xD También tengo algunos antiguos bastante buenos –sobre Snape, sobre Voldemort…- pero hace mil años que los terminaron, así que creo que me resultaría muy difícil, por no decir imposible, localizar a los autores, teniendo en cuenta que algunos incluso ya no está en ffnet snif. Creo que preguntaré a un amigo por fics buenos BUENOS en inglés, que suele leer bastante. ¿O conocéis alguno vosotros? Por ir haciéndome a la idea, pidiendo permiso, que suelen tardar… esas cosillas. Bss!

Joanne

4