La Guerra ha terminado y un nuevo Gobierno ha sido instaurado en el Universo de One Piece, por ello, los sobrevivientes de la Antigua Era que combatieron a favor de la libertad y la justicia a través de su oposición a la tiranía del pasado tienen una nueva oportunidad, los Juicios del Nuevo Mundo. Algunos se entregaron de manera pacífica, dispuestos a integrarse normalmente a la nueva sociedad.
Es así como cuentan sus historias y son juzgados bajo la franca bandera de la justicia y la verdad, entre ellos Ler, que guarda tras de si más que una historia, y está decidida a contarla...
Historia alternativa de amor en el universo de One Piece, con nuevos personajes, drama, lenguaje obsceno, escenas sexuales fuertes , tortura y de alto contenido violento. Pero que tras todo esto, sigue siendo de amor, ¿Te atreves a leer el guión de esta historia?
Acto I: Infancia (Purgatorio)
Escena 5: Donde echamos nuestras anclas
-Vamos, Shanks- el hombre alzó las cejas divertido, sin bien el chiquillo expresaba una admiración incuestionable hacia su persona, la forma en la que se dirigía a el no era nada correcta o simplemente respetable, pero lo ignoraba, no es que realmente le importase si alguien lo trataba con formalidad o no, además, Luffy se había convertido tiempo atrás en su pequeño amigo.
Su amigo.
Se tocó el puente de la nariz, estresado, y no precisamente por la insistencia del niño en algo que el jamás iba a aceptar, por lo que estaba de más seguir con el listado de razones por las que debería llevarlo consigo, aún así, cada día se las ingeniaba para tratar otra vez, con excusas o historias tontas, una más absurda que la anterior, pero que ciertamente, a la larga, terminaban divirtiendo en gran manera al hombre y a toda su tripulación, quienes le habían tomado un cariño especial y le respetaban por su perseverancia -y nivel de estupidez, solía decir Ler-.
No, el se encontraba cansado, frustrado, perdido y atacado por la responsabilidad, la sensación de tener un ancla saliendo de cuerpo que no le permitía moverse de aquel lugar. No es que fuese malo realmente, pero Shanks era un hombre de mar.
Rebelde, libre, imparable.
Su hogar era su barco y su familia su tripulación, no había nada más que eso.
Por tal razón no estaba ansioso de llegar a algún lugar, o tenía la necesidad ardiente de volver a los brazos de alguien, el no contaba con ataduras o debilidades porque todo lo que quería, lo que necesitaba, las cosas y personas que eran escenciales para su vida, estaban siempre con el.
Shanks era un hombre de bolsillo.
Vivía persiguiendo el horizonte azul del mar, no por los tesoros o el poder que pudiese alcanzar con ello, si no por las aventuras y peleas que libraria en el camino. Eso era lo que movia, atraía y alimentaba el corazón de cualquier pirata. La sed por el mañana incierto, donde cada día podía ser mejor o peor que el anterior, pero que nunca se repetiría.
Así que comprendía la necesidad flamante en los ojos de Luffy porque le permitiese el acompañarle en su vida, en la conquista de las olas y el mar mientras vivía su vida como sólo pocos la sabían vivir.
Claro que tenía objetivos y prioridades, pero se tomaba su tiempo, iba despacio, pues, sabía muy bien que un día llegaría al lugar que el destino le había preparado, aunque no supiese muy bien en ese momento de que se trataba.
Así la diferencia entre ellos dos no radicaba en si el pequeño podía o no hacerlo, si se lo merecía, si debia, si de alguna manera podía echarse al mar por su cuenta.
No.
No trataba nada acerca de eso en realidad.
Era más bien que el capitán, un hombre fuerte, conocedor, que decidió y forjó su actitud e ideal atraves de los años, dejandose llevar por los errores y los aciertos, cercando la victoria y escupiendo la derrota, conoció la vida en algún punto cercano a la muerte, y decidió seguir . Luffy en cambio, tan sólo era un niño, alguien que creía en un mundo fantástico y romántico donde todo era libertad y diversión. Aún era débil, y por eso, no podía llevarlo con el.
Apretó los puños con pesadez, no podía juzgar al pequeño.
Shanks estaba volviéndose débil también, por que irremediablemente su corazón empezaba a creer que había una razón para quedarse, que el lugar en donde había echado su ancla era Foosha, y las personas quienes le sostenían eran ellos, dos pequeños niños de ojos soñadores que lo admiraban y se habían encariñado de su figura madura y a la vez despreocupada.
Maldijo en sus adentros el día en que se convirtió en el héroe dé Luffy y el amor platónico de Ler. Por que no quería decepcionar a ninguno, no podía decirles que un día se iría y dejaría de contarles historias.
Ya no sacaria a la niña a bailar o la haría reír llorando, ya no jugaria a las peleas con el niño o batallarian por quien podia comer mas.
No podía hacerlo, no podía quedarse. El no era así de egoísta.
¿O si?
Miró nuevamente a Luffy y suspiró desordenado su cabello. Estaba seguro que seguía insistiendole con el mismo objetivo de siempre, lo sabía incluso sin haberle prestado demasiada atención, así que le sonrió de manera despreocupada negando con la cabeza.
La vida nunca había sido tan exigente con el para tomar decisiones. Entonces... ¿Por qué ahora, cuando los ojos café de aquel infante tocaban el fondo de su corazón de hombre, y no de pirata?
Shanks suspiró, otra vez.
-¿Llevarte a ti?- le miró con una sonrisa burlona, de aquellas que son sólo divertidas para quien las da y no quien las recibe, en ese caso Luffy, el cual, haciendo caso omiso a que no lo estaban escuchando desde hacia mucho, hizo un puchero orgulloso, hinchando el pecho, lo que provocó que finalmente el otro se echara a reír- ¡Ni lo sueñes!
Traición.
Decepción.
Shanks siempre jugaba con sus ilusiones cuando se le daba la gana, pero si algo sabía el niño es que no se rendiria, y que si aquel hombre de cabellos de un color curioso no quería llevarle, el se echaría al mar. Solo.
No importaba si era en un gran barco o con una gran tripulación, el sería un pirata y le demostraría al Capitán que sus sueños habían sido realizados aún cuando fue rechazado por el en inumerables ocasiones.
De esa manera, Luffy solía pensar que quizá su mejor opción era ir por su cuenta y probar la suerte que aparentemente los dioses le habían dado -por que si, nació bajo un millar de estrellas quienes a su alumbramiento habían asistido enamoradas y curiosas-, para que un día, finalmente, se volviesen a encontrar.
Y lo venceria.
Luffy supo en ese momento que un día lo haría.
Pero nunca dejarían de ser amigos.
-Eres muy pequeño- aclaró por, quien sabe que vez. Reflejando la calidez y sentido de protección que el mayor tenía con el.
Luffy no podía quejarse por eso.
-Pero...La vida aquí es muy aburrida- presionó un poco más- ¡Quiero encontrar tesoros! ¡Tener grandes peleas y aventuras! ¡Conocer el mundo!...-la duda invadio sus ojos, pero apretando los puños se paró de las gradas y encaró de frente al pelirrojo- Yo se que soy pequeño, pero también soy un hombre, Capitán, puedo hacerlo.
Shanks emitió una exclamación fingiendo sorpresa. Aparto su vista del niño y la dirigio al mar, al inmeso y azul cuerpo que ahora mismo le parecía algo lejano, pero al que extrañamente, no sentía la necesidad por regresar.
-¿Como sabes que eres un hombre, Luffy?- cuestionó curioso, regresando su atención al menor con los labios estirados en una sonrisa sincera.
-Por que tengo bolas- contestó el niño con obviedad mientras golpeaba una de sus manos hecha puño con la otra abierta, como si hubiese alcanzando un nuevo nivel de conocimiento que nunca nadie había experimentado antes.
El pelirrojo entrecerro sus ojos. No era aquella respuesta la que buscaba, al menos no en ese preciso instante.
-No, no - aclaró mientras movía sus manos para explicarse mejor. Puso un dedo sobre su barbilla y medito silenciosamente que palabras serían las correctas para explicarle al niño aquello a lo que se refería desde un inicio- eres un verdadero hombre cuando...
-Tienes sexo con las mujeres, como tu y Ma...- Shanks se lanzó hacia el antes de que terminase, tomándole por el cuello y tapandole la boca, con el sudor corriendo por su frente.
Las cosas se les estaban complicando cada vez más.
El hombre se preguntó por largo rato como es que el pequeño sabía de los encuentros con la camarera de aquel bar, y que por supuesto, le servía como una figura maternal. Lastimosamente no llego a ninguna conclusión y tuvo que soltar al cuerpo gelatinoso en sus brazos que empezaba a tornarse morado por la presión.
-No, Luffy, no me refiero a eso- suspiro Shanks cansado, tocándose la sien una vez más- lo que te hace un verdadero hombre es tu voluntad.
Allí estaba todo.
-¿Voluntad?- El asintió mientras que el entrecejo del niño se juntó, creando una imagen que cualquiera podría catalogar como graciosa, pues, la fiereza del niño se veía opacada por la confusión.
-Para ser un verdadero hombre, no necesitas ser el más fuerte, Luffy- aclaró el mayor, acomodando de manera correcta su sombrero sobre su cabeza y poniéndose de pie- ni siquiera el más inteligente. Sólo necesitas voluntad.
-¿Voluntad?- repitió el niño con extrañeza, expresando con sinceridad su ignorancia acerca de aquella palabra que el pelirrojo le decía con vehemencia.
-Es un deseo...-se rasco la nuca- es algo que te mueve y te mantiene de pie para seguir. Es decir, tu tienes libertad para elegir lo que quieres hacer o lo que no, con quien quieres estar, hacia a donde deseas ir...- el hombre se inclinó, apoyando una de sus manos sobre su rodillas, y la otra, extendiéndose en dirección a Luffy, donde le golpeó la frente con suma delicadeza- la voluntad es luchar por lo que quieres incluso cuando no te quedan fuerzas para hacerlo.
Al pequeño le brillaron los ojos, su corazón, antes esperanzado, latía con mayor rapidez, casi queriendo salirsele del pecho para escuchar las palabras que, sin saberlo, le habían cambiado la vida.
No supo en que momento pasó, tampoco fue consciente porque, pero el calor que rodaba por sus mejillas fue inevitable, hasta que en un arrebato de inspiración y luminosidad en su corta vida, las limpió. Pulcra y violentamente, pues no quería seguir siendo un niño débil llorón.
Quería ser un hombre con voluntad.
-Si realmente eres un hombre, tendrás la voluntad para lograr cada maldita cosa que desees- guardo silencio un momento y se aclaró la garganta, meditando el que hablaba con un niño y no alguien de su edad, por lo que decidió omitir las malas expresiones- para proteger a las personas que ames, y si un día lo quieres, conquistar el mar- concluyó.
Algo dentro de el nació en aquel momento.
Luffy quería ser un hombre.
Y ese día, por segunda vez junto a aquel hombre pelirrojo con sombrero de paja, se juró a si mismo que algún día lo sería. Aunque, ciertamente, esa no fue la última ocasión en la que el pequeño le pidió al hombre que lo llevase con el.
Un verdadero hombre no se rinde nunca, se decía así mismo como excusa.
Aún así, el sentimiento que nació dentro de su ser fue indescriptible, algo que nunca podría decirle a nadie en voz alta, pero que estaba allí, explotando como fuegos artificiales que hacían a sus entrañas arder, le daban la emoción y ansiedad de una gran carrera que parecía no tener fin aunque sus piernas ya no resistieran su peso. La felicidad y calidez como cuando Makino le daba un abrazo y también de comer, mientras, se mantenía expectante por el plato siguiente. Incluso el miedo, una sensación similar a ver a su abuelo, con su larga capa blanca y sus manos echas puño, dispuesto a lanzarle en alguna isla peligrosa para que se hiciese fuerte.
Se estremeció.
Todo crecía dentro de si, corriendo desde sus pies hasta la union de todas sus venas. Le hacía sentir tan grande, invencible, y a la vez, vulnerable.
Al parecer, la voluntad era algo bastante delicado para cualquier hombre. No sólo por lo que significaba para su vida, si no también, para sus seres queridos.
Como si leyera su mente, Shanks hablo:
-¿Podrás protegerlos?- seguía inclinado, manteniéndose a la altura del niño, que ahora pestañaba con rapidez.
Encontrando una oportunidad para expresar aquello que finalmente, había entendido como miedo, el hombre mantuvo la mirada fija en Luffy : -¿Podrías hacerte fuerte por mi? Un día tendré que irme y...¿Quien cuidará de Makino, el alcalde, el pueblo...- una presión en el pecho le pedía a gritos detenerse, pero reuniendo fuerzas, rechazando sus sentimientos y abrazando la sensatez que había perdido desde que la había conocido, continuó- de Ler?
-Pensé que ella viajaba con ustedes...- susurro el niño, anonadado.
-Hay gente, gente muy mala que está tras de ella...Por eso la traje aquí- aclaró el, arrastrando las palabras con suma lentitud, queriendo que el moreno las entendiera a plenitud - Para que ella este segura, para que pueda ser feliz.
"Lo fui, Shanks, te juro que lo fui. Luffy nunca faltó a su promesa, no hasta que decidí huir".
-Entonces, Capitán, ¿vas a irte?- el hombre resolvió su duda mientras le apretaba una de sus manos con tristeza, pero asegurando que al menos, no sería pronto.
-Por eso necesito que me lo prometas, pequeño, vas a proteger a las personas que amas, siempre...No hablo únicamente de Ler, si no de todos aquellos que sean importantes en tu vida, por que no habrá tesoro o aventura que valga más que ellos. ¿Lo entiendes?
Monkey D Luffy, el nieto de un héroe de la Marina, hijo del hombre más buscado del mundo, y ahora, protegido de uno de los personajes más fieros del mar, asintió.
-¿Es una promesa?- Shanks extendió su mano.
Así , el favorito de Urano, del cielo mismo respondio: -Lo prometo- y con una sonrisa, respondió el gesto.
Ciertamente, ambos habían aprendido y entendido muchas cosas ese día.
"- Entonces...- su voz murió, junto con las sensaciones que cualquier ser humano podría sentir en un momento como ese, de pie frente a los seres más magníficos que cualquiera podría ver, durante su vida, tras su muerte- ofezco mi vida.
-¿Tu vida?- la risa melódica del dios de la muerte llegó a sus oídos, y a decir verdad, podía sentir que este estaba muy cerca de ella, erizandole los bellos en su nuca- ¿Que valor puede tener para nosotros la vida de una simple mortal?
Poseidón, tan hermoso como sabio, dio un paso adelante, tomandole del mentón, ignorando las palabras de su imprudente y volátil hermano.
-Te refieres a pasar la eternidad encerrada en este templo- ella asintió, sin que la duda se viese reflejada en sus ojos, pero siendo delatada por el temblor en sus piernas- sin importar si pasan mil años, si nuestros adoradores se olvidan de su gloria, si este lugar, contigo adentro, se hunde a lo más profundo, frío y oscuro del mar. Aún así, ¿Ofreces tu vida?
El corte en su muñeca parecía arderle cada vez más, y la sangre corría fuera de ella con mayor impetud que antes.
Dolía, pero nada se comparaba con el dolor que guardaba dentro de su alma, y aunque le hacía sentir viva, como si no hubiese perdido nada aún -aunque ya lo había perdido todo-, era insoportable.
-Si me dejan volverlos a ver- aclaró, esta vez clavando su vista en el lejano e indiferente Urano- sólo quiero despedirme, entonces viviré por y para ti, Poseidón, a tu templo protegere y guardaré culto, sin importar que pase con los demás.
-No.
Creyó que eran imaginaciones suyas, que el tirón en su hombro era sólo otro de las constantes corrientes de dolor que recorrían su maltrecho y herido cuerpo, pero supo que había sido real cuando miro sobre su hombro, y vio a la belleza de la muerte encarnada en un cuerpo similar al de cualquier mortal, pero que mantenía su porte y apariencia de un ser divino.
Plutón la había detenido, molesto.
-No puedes, no tu...- sus ojos centellaron inseguros, en un sentimiento que ella sólo pudo reconocer como humano, sin embargo, con la misma rapidez que apareció, se fue, rectificando sus palabras - todos están muertos ya en tu futuro, en el verdadero futuro que le sigue a esta guerra. Y tu estas muerta también , lo estas desde hace...- miró el que debía ser su cuerpo pálido e inerte- casi dos horas. Pertences al Inframundo.
-No, nunca ha dejado de ser la Guardiana de Poseidón- intervino esta vez Urano, acercándose a verla también, la diversión bailaba en sus ojos color gris- sigue bajo su dominio.
No supo si se burlaba de ella, o de el.
Evitando una pelea celestial, el dios de los océanos intervino, desacreditado la pelea con un simple gesto de sus manos.
-Lamentó informarte, mi querido hermano, que yo estoy bastante interesado...- su rostro, antes encogido en el miedo y desesperanza, se levantó, brillando con una luz que desde hacia mucho había perdido- Leriana, si yo te dejo regresar al instante de la promesa, antes de que mueras, antes de que todos lo hagan...¿Te olvidaras de la vida humana, y me serviras eternamente a mi?
Antes de que respondiese, la voz de Plutón la hizo temblar nuevamente.
-No voy a permitirlo, no voy a traer a la vida a los muertos- negó con la cabeza, sin perder la paciencia, pero advirtiendo silenciosamente que no fuesen contradichas sus palabras una vez más- ella va a traicionarnos- le apuntó con reproche.
-No estarán muertos si damos unos cuantos pasos hacia atrás...-sugirió de manera cantarina el entrometido cielo- además, alguien tiene que cuidar de este viejo lugar, y no hay ningún otro imbécil como ella- ignoró la ofensa y siguió escuchando con atención, diciendose así misma que no valía la pena retar a un dios- que quiera pasar la eternidad haciéndolo. Nos vendría bien.
-Sin embargo, hay una condición, puedes despedirte, pero no salvarlos- dijo finalmente Poseidón, sonriendole.
¿Podría hacerlo? ¿Podría ella ignorar el sentir de su pecho para dejar que aquellos a quienes amaba murieran?
En esta línea del tiempo, en este mismo instante, no tenía a nadie, no tenía nada, y la peor parte es que no había podido decir adiós.
¿Se conformaria sólo con hacerlo?
¿Con dar un último beso, un último abrazo, para no poder volver a verlos?
No.
Pero ellos no tenían que saberlo.
Durante su lucha interna, los hermanos habian logrado convencer al terco señor de la muerte, que parecía reacio a dejar ir a la humana, pero de alguna manera, a base de comentarios muy bien elegidos, le habían pintado las cosas de una muy hermosa manera -al menos para el-.
-Pero si llegas a traicionarnos, Ler- sus alertas se encendieron cuando la profunda voz la despertó otra vez, pues, esa fue la primera ocasión en que alguien la llamaba así - tendrás que pasar por el peor de los castigos.
No supo cual sería en ese momento, pero lo que si sabía, es que no se arrepentiria en ninguna de sus vidas ".
-Su comida es asquerosa, capitán- comentó Luffy con una mueca mientras intentaba masticar una extraña masa dura que el hombre llamaba carne.
-Me importa una mier...-el pelirrojo siempre olvidaba que no podía hablarle así a un niño, por más rebelde y luchador que fuese- cometelo.
-Eso hago- respondió, murmurando por lo bajo el que había perdido uno de sus dientes durante la batalla- no entiendo, Shanks, ¿Por qué Makino tarda tanto?
-Ya sabes por que- repuso alejándose a servirse un poco de sake y cerrando la barra tras de si.
Luffy bufo, molesto: -¿Ler tenía que llenarse de piojos hoy?
-No se llenó de piojos hoy, no es posible - aclaró el pelirrojo tocando su sombrero por mera precaución- los adquirió días atrás , es una suerte que nos hayamos dado cuenta a tiempo.
El niño le dio la razón, alzando los hombros con resignación - Casi se arrancaba la cabeza por la picazon.
Pero no entiendo por que Makino tiene que estar con ella también, ¿No es suficiente con toda la tripulación ? ¿Porque usted no está allí?
-Por qué Benn y ella están tratando de controlar la infección, es algo difícil si no quieren dejarla calva, ¿Sabes?- explicó mirando de reojo el cabello negro del niño, que apenas ayer había sido declarado libre de los pequeños invasores - la tripulación está limpiando todo el barco para asegurarse de que no quede ninguno y yo...No quiero infectarme también.
-Vaya, ser niña es bastante complicado- concluyó el infante, golpeandose la frente con seguridad, como cada vez que entendía algo incomprensible a los demás- incluso me lleno a mi.
-De hecho, tú la llenaste a ella.
-¡No puede ser!- gruño, exclamando una maldición que Shanks prefirió ignorar mientras le tomaba de la mano y se dirigía con el al barco, guardando la leve sospecha de que todo había acabado ya - soy un niño, no puedo tener piojos.
-El que seas niño no te hace inmune a esos bichos, además, Ler nunca había tenido un brote de ellos en su vida hasta que se juntó contigo- el lo sabía bien- piojoso.
-¡Maldito!
"-Vaya espectáculo el que armamos, ¿no? - silbo el siempre despreocupado Urano mientras miraba el horizonte.
El cielo estaba lleno del humo oscuro característico de una explosión, y el mar, teñido de sangre, con una tonalidad tan carmín que parecía imposible creer que algo tan puro y basto fuese contaminado. Pero lo atemorizante, lo increíble, fue el cúmulo de cuerpos amontonados unos sobre otros, o hundiéndose en el fondo del mar, que había dejado Ler.
-Les dije que iba a traicionarnos- reafirmó el dios de la muerte dandole la espalda al paisaje, dispuesto a regresar a sus aposentos - al final los ha ayudado eliminando a gran parte de sus enemigos, estoy seguro que ahora mismo está corriendo a avisarles.
Poseidón asintió, pensativo.
-Es una lástima que no vaya a encontrar a su motivo principal...- murmuró Plutón con una sonrisa satisfactoria antes de desaparecer."
