Registro del caos

Henry, al teléfono, la llenaba de preguntas para conocer las razones por las que estaba hablando con Emma. Regina lo tranquilizó diciéndole que todo estaba bien, que no tenía por lo que preocuparse. El chico se tranquilizó, porque Emma le había dicho lo mismo. Las dos mujeres intercambiaron una mirada cómplice. La alcaldesa terminó la conversación con una frase que removió el estómago de la rubia.

«Te queremos Henry. Hasta mañana»

El plural implicaba a Emma en ese lazo tan exclusivo y familiar que existía entre Henry y Regina, y ella se conmocionó, aunque no quiso decírselo a la morena que sonreía mientras le devolvía el teléfono.

«¿Algún problema, Emma?» preguntó la morena, asombrada por la mirada vidriosa de la sheriff

«N…no, nada, todo bien, solo un poco cansada»

«¿Quiere descansar? Son solo las seis, pero…»

«No, no, yo…estoy bien…Todo es perfecto, voy a ponerme delante del fuego»

La tormenta estallaba fuera y las rachas de lluvia caían sobre las cristaleras. Emma pensaba en los últimos acontecimientos, al final, no había pasado nada de lo que ella hubiera creído, no había habido una verdadera discusión, Regina le había devuelto su pasado, y dejado propuestas de derechos de visita. La rubia estaba más que contenta, ya no tenía excusa para quedarse más días, pero, sin embargo, quería saber por qué…por qué Regina le había hecho tal propuesta. Pero al mismo tiempo, tenía miedo de esas respuestas. ¿Buscaba Regina una experiencia? ¿Había descubierto una repentina atracción por las mujeres? Tantas preguntas quedaban en suspenso. ¿Sería decepcionante la respuesta? Quizás sí, pero, ¿qué esperaba ella? ¿Que Regina le confesase tiernos sentimientos? Emma suspiró y se sobresaltó cuando relámpago iluminó el cielo.

«¿Está bien, querida?»

Regina habló dulcemente, al ver a Emma algo temblorosa. Tenía ganas de coger en sus brazos a la rubia, pero fue detenida en su acción casi espontanea cuando Emma se levantó y se dirigió hacia el bar.

«Voy a ponerme una copa, eso va a calmarme» respondió al rubia

«Bien, haga eso…» dijo Regina un poco sorprendida ante el comportamiento de Emma que de repente parecía bastante pensativa y no tenía nada que ver con sus reacciones frente a la tormenta.

«¿Le sirvo una?»

«Sí, sírvame una Emma, y dígame qué le atormenta…Parece pensativa desde la llamada de Henry»

Emma le dio la copa a Regina y se sentó a su lado, en el sofá, esa repentina proximidad fue una sorpresa para la joven morena. Ella hundió su mirada verde en la oscura de la morena.

«Tengo muchas preguntas, Regina» el tono de la rubia era solemne.

La alcaldesa sintió cómo de repente su estómago se contrajo. ¿Excitación? ¿Miedo? ¿Deseo? Tantos sentimientos diferentes que parecían alojarse ahí, en su vientre, y que la apretujaban, como una esponja que uno aprieta con rabia.

«Lo imagino, querida»

«Me gustaría atreverme a exponerlas, pero tengo miedo de…asustarla, o que no me responda con la verdad…» dijo Emma después de haberse tragado un sorbo del líquido ambarino que parecía ser coñac.

«No me la voy a comer…Así que hágalo»

La espalda de Regina se contrajo, sus músculos y nervios le dolían.

«¿Por qué?»

«¿Por qué, qué?» dijo Regina, aún imperturbable en su fachada.

«¿Por qué invitarme, de verdad? Acepté sus excusas, hemos arreglado los problemas en curso…Encuentro su compañía agradable, no me malinterprete, pero yo…En fin, nunca hemos tenido…esta relación antes…¿Por qué ahora?»

«Porque era necesario, querida»

Regina tragó también otro sorbo de la bebida

«¿Hasta ese punto? Nos estamos contando nuestras vidas, es…»

«¿Sorprendente?» preguntó la morena

«Inesperado…» respondió Emma mirando el fuego

«Ya veo…»

«¿Qué la ha hecho cambiar de opinión?»

«Buena pregunta, Miss Swan…en fin, Emma…Simplemente me he dado cuenta de que mi petición estaba fuera de lugar, bueno, sobre todo la manera de hacerla, ese contrato…era una idea idiota»

«Pero, de todas formas usted sabía lo que estaba haciendo…» dijo la rubia que lamentó de repente pensar en voz alta.

Regina arqueó una ceja ante la reflexión de Emma que, a pesar de su feo top de color gris, estaba bellísima.

«Para responderle…sinceramente, yo…Sí, sabía lo que hacía, pero fue estúpido creer que usted aceptaría»

Regina se levantó, tomó la botella de coñac del bar y la puso a sus pies.

«¿En serio? ¿Quiere que nos emborrachemos?» dijo Emma riendo ligeramente

«Bueno…No lo sé, pero creo que hemos comenzado bien, si quiere más respuestas, Swan, será necesario que yo olvide mucho de lo que…voy a decir»

«Me temo que no comprendo»

La rubia llevó su copa a los labios mientras miraba fijamente a la morena

«Quiero decir, lo que quizás consiga decirle, prefiero después no acordarme de haberlo contado y sobre todo…Le pido que no me vuelva a hablar de ello. ¡Jamás! ¿Entiende? Ni para reír, ni para derivar alguna otra pregunta, o yo sé qué»

«¿Y si no qué?» preguntó Emma, ligeramente sorprendida por el tono casi de amenaza de Regina

«Si no…No le volveré a hablar, no me echaré atrás en lo que hemos acordado, pero ya no estaré…ya no podría hablarle»

«Ok…Bien, puedo comprender eso, yo "nohablarénuncadelo quenodebemoshablar"»

Emma volvió a tomar un trago encogiéndose de hombros. Regina se levantó y fue a buscar algo para picar porque el alcohol comenzaba a hacer sus efectos y pronto no sería capaz de moverse sin parecer totalmente borracha. Volvió al lado de su invitada que se alegró al ver que todo lo que había traído para comer era calórico, graso o dulce.

«Ya veo…» dijo Regina completamente divertida

«¿Qué ve?»

«Es usted adicta a las guarradas de comer»

«Mmm, no solo a las de comer…» dijo Emma riendo «¡Ups!»

Por lo que se veía, el alcohol la relajaba muy deprisa. Regina estalló en carcajadas.

«Francamente, Miss Swan…Si hubiera sabido que el alcohol le hacía decir tantas tonterías…»

La tormenta había cesado, solo la lluvia continuaba su incansable trabajo, lavando los cristales, abatiéndose a veces por rachas sobre los árboles que rodeaban la casa. El silencio, repentinamente, había vuelto a instalarse entre ellas.

«Si sabía que era un error, Regina, ¿por qué lo hizo?»

Emma lo soltó ya, consciente de que si esperaba a que el alcohol hiciese sus efectos para hablar, sería demasiado tarde para escuchar a la otra mujer o comprender sus palabras claramente. La interrogada se tomó otra copa y pensó que era demasiado tarde para dar marcha atrás, dijera lo que dijera y pasase lo que pasase, podría seguir adelante sin lamentaciones. Esbozó una ligera sonrisa irónica, pensando en cómo le arrancaría la cabeza al doctor Hopper, si esto iba mal.

«Bueno» comenzó «Hay terrenos que yo no manejo, o casi…Pensé que usted podría ayudarme y quise, como de costumbre me dirá usted…controlar las cosas, o más bien controlarla a usted»

«¿Ayudarla? ¿En ese terreno? ¿En el del…sexo? Tengo miedo de lo que he comprendido, Regina…»

«Ha comprendido bien, querida»

Las mejillas de Regina estaban ligeramente sonrojadas. Se levantó del sofá y metió varios troncos en la chimenea aunque no hacía especial frío en la estancia.

«¿Por qué yo? En fin…euh…Regina, no soy la persona más cercana a usted, no en ese momento, por qué…»

Emma estaba confusa y no se esperaba ese tipo de respuestas, quizás esperaba algo más sórdido…

«¡Pare con sus porqués!» dijo bruscamente la dueña, haciendo casi sobresaltar a Emma

«Oh…Hey…Bien…Ok, no es necesario gritar» dijo la rubia, intentando incorporarse ya que estaba sentada a los pies del sofá

«¡Quédese donde está!» La morena, aún irritada, rápidamente añadió «Por favor…»

Emma miró a Regina con expresión completamente perdida, se retractó y se quedó en el suelo, además visto su equilibrio, su estado no requería un desplazamiento en los próximos minutos, quizás solo para una necesidad natural.

«Yo…Perdón, no quería gritar, solo es que a veces es usted irritante…»

«De acuerdo, me iba entonces a explicar…»

«Sí…»

Emma se quedó mirando el fuego y encogió sus piernas para rodearlas con los brazos.

«Yo…Le hice esa propuesta a causa de las películas» soltó la morena, de repente más pálida y el corazón a mil por hora

Emma giró la cabeza hacia ella con expresión inquisitiva, los ojos verdes penetrando a la morena en busca de una respuesta.

«Sus películas…Despertaron algo en mí que yo creía muerto…de verdad…Yo…ya no siento nada en general, ninguna atracción, no siento nada por nadie…nada de…deseo, pulsión, nada…de placer»

Emma, aún en silencio, midió el peso de la confidencia de la mujer a su lado, tampoco estaba cómoda ante eso y tragó rápidamente, el alcohol que bajó por su garganta encontró su camino aunque su respiración era difícil. Regina continuó entonces sus confidencias.

«Yo no me esperaba eso, Swan, si hubiera tenido elección, quizás ni hubiese querido ver las películas, ni tener conocimiento de ello, pero al final…Tuvieron una utilidad para mí. Quise ver si era puramente un…placer visual, un efecto de mi imaginación o si realmente era revelador de mi sexualidad»

«Ahora comprendo mejor» suspiró Emma

Estaba ligeramente más tranquila de que no fuera un delirio perverso por parte de la morena, aunque una parte de ella lo lamentó, pero se guardó esa pequeña revelación para ella, ser el objeto de Regina en una cama no era una idea tan asquerosa. Emma se recobró, ya que Regina estaba confiándose, quizás era el momento adecuado para extraer conclusiones reales y profundas de las cosas, quizás al final podría ayudarla.

«¿Y siempre ha sido así?» preguntó dulcemente, con voz baja y apenas audible

«¿Cómo que si siempre ha sido así?» replicó la morena

«Bueno, esa ausencia de deseo y de placer…»

«No, en la época de Daniel, tuvimos…algo de intimidad juntos y pensar en él…en fin…yo…no era una persona frígida. Fue más tarde…mucho más tarde…»

«¿Y con Leopold?»

«No…Yo…con él era diferente, no sentía ningún placer y le dejaba hacer conmigo lo que quisiera y después él me desatendió…comprendió rápidamente que…a veces fingía o incluso…ni me molestaba en hacerlo…Yo no lo amaba, era un hombre atractivo para la edad que tenía, pero yo…No» Regina bajó la cabeza «Estaba decepcionado de que yo no llegara virgen al matrimonio, me reí por dentro…No, eso él nunca lo tendría…»

Las lágrimas se deslizaban por las mejillas de Regina, y ella las secaba distraídamente con el dorso de su mano.

«Y…¿nunca ha estado con una mujer? ¿Antes o durante?»

«No, siempre le fue fiel, aunque fuera el peor matrimonio que Storybrooke haya conocido. Yo, en fin…las mujeres, no me parecía posible, comprenda, incluso los hombres, no los miraba. Me refugié en mis estudios a distancia de arquitectura, inventaba estrategias…complicadas para no encontrarme en la cama con su padre»

«No lo llame así, yo…ese tipo nunca ha sido mi padre y no lo será nunca»

«Sí…Yo, perdón, Emma…»

«No pasa nada, continúe…»

«Un día, me hizo ir a su despacho y me dijo que tenía la intención de adoptar a un niño, ya que yo era incapaz de darle uno. No conseguía quedarme embarazada y nuestras esporádicas relaciones sexuales no ayudaban a eso…Me sorprendí por su propuesta y después muy feliz cuando llegó a casa con ese niño…al que llamé Henry, como mi padre, a pesar del poco interés que mostraba Leopold, me dejó hacerlo, después se fue desentendiendo del niño…Incluso lo evitaba…»

«Entonces, ¿usted no sabía que era su abuelo?»

«No, lo supe más tarde…cuando murió encontré un montón de papeles sobre las pruebas genéticas, entre ellas las también las de usted…»

«Encantador…» dijo la rubia apretando los dientes

«Lo siento, Emma…»

«No es culpa suya…Continúe…» dijo la rubia que comenzaba de verdad a detestar al hombre que fue su padre.

«Yo, Emma, lo…que voy a decir a continuación, su padre…su…»

«Shhh…Continúe, Regina»

Había escuchado todo mientras la morena se había ido acercando a ella, bajando del sofá y sentándose en el suelo, a su lado. Aunque algo bebida, Emma empezaba a sentir el miedo en Regina y sentía que se propagaba también a ella, temía escuchar lo peor. Aún había sucios pequeños secretos alrededor de su progenitor y tenía miedo de escucharlos en ese momento, pero…era necesario que Regina no fuera la única que cargarse con ellos. Así que, en silencio, tomó la mano de la morena que ya no huía, tiernamente se la apretó, y la morena respondió a ese apretón haciendo lo mismo.