— I —

Luego de reunirse en aquel café, Umi había llevado a Clef a un par de sitios, y como lo había previsto, la librería había sido el favorito de él, tranquilo y lleno de información por descubrir. Umi no podía contener la risa mientras Clef le explicaba cómo había creído una vez, al pasar por una tienda, que estaban siendo atacados por monstruos de otro planeta y que los televisores eran dispositivos para mantener informados a los habitantes de ataques, similar a las ciudades de Autozam, cuando en realidad se trataba de una película de superhéroes.

—Resulta que los Vengadores no son de verdad...—dice Clef con una sonrisa mientras transitaban por la acera de una muy transitada avenida. —Imaginé que en el mundo místico habían personas como ustedes, pero entonces recordé que cuando llegaron, ninguna sabía de magia.

A Umi le parecía un tanto adorable el desconcierto de Clef. —Debió haber sido decepcionante. Al menos no te tocó ver alguna de esas películas en donde se acaba el mundo, o algo por el estilo. Cada cierto tiempo alguien predice que el mundo se acabará. No creas todo lo que lees o ves. —dice Umi encogiéndose de hombros.

—Tendré en mente tu consejo. —dice Clef sonriente.

Ambos continúan caminando por varios sitios. Umi le señala un edificio amplio de cual salían varias personas con uniformes deportivos. Allí era el sitio en donde había participado en la final del campeonato de esgrima y en el que habían estado Hikaru y Fuu dándole ánimos aquel día, explicándole que esa era la razón por la que estaba tan desesperada en un primer momento, por volver a Tokio. Umi había ganado aquel duelo, lo que le otorgó no solo el primer lugar, sino también la oportunidad de ir al extranjero. Confesaba que no lo habría logrado de no ser por las experiencias que había vivido en Cefiro.

En medio de detalles como ése, se detienen antes de cruzar la calle, un río humano de personas sumidas en sus propios asuntos, ignorantes de su entorno pasaba en varias direcciones. Umi mira a Clef brevemente mientras se apresuran a cruzar. Parecía calmado mientras estaba pendiente de la luz roja. Umi tuvo que respirar y enfocarse en el momento en vez de dejar que su nerviosismo volviera a apoderarse de ella mientras se preguntaba hasta qué punto podría seguir guardando ese secreto. Una parte suya demandaba el decir lo que había silenciado durante años.

Ambos caminaron por largo rato sin intercambiar palabras, hasta la estación del tren.

—¿Umi? —le llama Clef y ella despierta de sus pensamientos. —¿Todo bien?

Umi sonríe disimulando su predicamento aunque podía sentir la mirada inquisitiva de Clef sobre ella y eso solo provocaba que su nerviosismo aumentara.

—¡No es nada!

Aunque Umi se riera con evidente nerviosismo, Clef permanecía con la misma actitud de cautela.

—Si hay algo que te inquieta, sabes que puedes contar conmigo. —dice el cefiriano solemne. —Aunque no pueda preparar el té tan rápido como en Cefiro, he aprendido unas cuantas pociones de tu mundo que deben servir en caso de ansiedad.

Umi apenas podía soportar que el fuese tan educado y amable. Distinto a todos con los que había intentado alguna relación.

—Clef...hay algo que debes saber...

Umi estaba lista para confesarle sus verdaderos sentimientos a Clef. Quizás la estación del tren era el lugar menos apropiado y en verdad no sabía como decirle todo pero tenía que hacerlo ahora. Tenía que hacer algo.

—¡Clef!

Umi se alarmó al ver a Clef caer al suelo de rodillas, las manos sosteniendo su cabeza, visiblemente afectado por el dolor. Los transeúntes señalaban al cielo mientras ella intentaba hacer algo por Clef.

—¡¿Que tienes?! ¡¿Qué pasa?!

Umi trató de levantarle y llevarle hasta una de las bancas que estaban cerca. Clef respiraba hondo y Umi estaba a punto de llamar a una ambulancia cuando Clef le detiene, sujetando su mano.

—Ya estoy mejor...no te molestes...

—¡¿Que disparates dices?! ¡Tienes que ir a un médico!

Clef le mira y sonríe. —Este dolor no es...físico.

Umi se preocupa aun más al escucharle eso. Recordaba su debilitamiento mientras el defendía el castillo y su mente se aproximaba a la posibilidad de que estar tanto tiempo lejos de Cefiro le estuviese afectando gravemente.

—Tranquila, Umi. Ya esto ha pasado antes.

Umi apretó sus manos en impotencia. —¿Acaso la falta de magia...?

—No. —le interrumpe Clef y señala al cielo con cierta debilidad. —Mira, de nuevo las luces...

A pesar de estar un tanto molesta con él por no darle importancia a su salud, Umi dirige su mirada al cielo y con sorpresa observa de nuevo aquel enigmático destello de tonalidades verdosas.

— II —

Ferio no sabía que opinar del Señor Houhouji. Primero lo había intimidado, en cierta forma insultado y ahora explicaba entusiasmado un montón de cosas que no entendía. Hasta tuvo la oportunidad de ver unas fotos de Fuu cuando ésta era niña.
—Y ésta es cuando entró en el equipo de Kyudo. ¿A que es preciosa? —decía mientras Fuu, cruzada de brazos fruncía la mirada. Fuu había anticipado que su padre se comportaría lo más excéntrico posible pero no se esperaba tantos altibajos en la forma de actuar de éste. Ni que le explicara a Ferio su tesis de grado. Para completar su padre estaba interesado en lo que Ferio sabía de esgrima, pero éste se defendió con bastante ingenio, diciendo que tuvo la suerte de aprender con un amigo mayor que él. Era como si su padre tuviese esa intuición de que no era de Japón. A veces deliberaba si su padre le creería que Ferio era de otra dimensión y que mediante magia había llegado a la tierra. O si por el contrario le creería y Kuu y su madre les tomarían por dementes a los dos.

—Debí haber anticipado que haría algo como esto. —dice Fuu con el ceño fruncido mientras ambos salían de la casa.

—Yo habría hecho lo mismo si mi hija llegara con un tipo como yo. Vamos, Fuu... parezco un criminal con estas cicatrices. —admite Ferio riéndose.

—No digas tonterías, Ferio.

—Tal vez me haga un tatuaje o algo parecido para mejorar mi aspecto. —dice Ferio — ¿Que te parece si me tatúo tu nombre?

Fuu alzó una ceja. —Preferiría que demostraras tu amor por mí de otra manera.
—¿si? —dice Ferio con una sonrisa traviesa y baja la voz —¿Y de qué forma sugieres que lo haga?
Las mejillas de Fuu se enrojecieron, pero ella no perdió la compostura. Se acomodó los lentes y sonrió.
—Te lo haré saber.
—Estoy a su entera disposición, señorita Houhouji.
Ambos fueron interrumpidos cuando se percataron que el auto del padre de Fuu estaba saliendo. Fuu adoptó un semblante normal.
—¡Gracias por venir a visitarnos, jovencito! ¡Hasta luego, hija! —dice despidiéndose y sube el vidrio del auto, marchándose rápidamente. Ferio iba a continuar con las insinuaciones pero Fuu parecía distraída.
—¿Que pasa?
Fuu parpadeó y se volvió a ajustar los lentes. Tal vez imaginaba cosas, pero algo no encajaba con el comportamiento de su padre.
—Últimamente trabaja demasiado.
—¿Crees que le esté afectando de alguna forma?
—No se, es solo que... —Fuu tuvo que agudizar la vista. —¿Ves eso?
Ferio dirigió la vista hacia el cielo y se podían ver destellos de tonalidades verdes que comenzaban a tornarse mas intensos.

—Es...justo como aquella noche. —dice Ferio.

Fuu recordaba que al día siguiente de su reunión, habían mencionado en las noticias, la aparición de un misterioso fenómeno en el cielo. Pero que se repitiera en pleno día distaba mucho de ser sólo una simple coincidencia.

—III—

Difícilmente podía ocultar la situación, pero por el bien de ella debía intentarlo. Satoru guardó silencio ante la pregunta de Hikaru mientras ella observaba las fotografías del altar.
—¿Desde cuando trabajas para ese hombre? —repitió Hikaru.
—Hikaru, no lo entiendes...
Ella se volvió hacia él y Satoru se sorprendió de su mirada decidida y un tanto intimidante.
—¿Usas el kendo para esto? —Hikaru estaba claramente indignada.— ¡Pudimos haber buscado otra forma, Satoru!
—Tenia que hacerlo. —insistía Satoru. Hikaru apenas podía dar crédito a lo que escuchaba.
—¿Es por el dinero?
—Hikaru, por favor trata de entender...
—¡Si no me dices lo que pasa entonces cómo puedo entenderte! ¿Acaso quieres terminar en la cárcel o muerto?
Satoru palideció. Ella sin duda recordaba el fallecimiento de uno de los alumnos de su padre. Era el segundo en menos de un año.
—Hikaru, no comprendes...
—Escucha, Satoru, no soy una niña, no pretendas que no me entere de lo que pasa. ¡Esto es peligroso y tu no sabes lo que es cargar con el peso de matar a alguien!
Aquellas palabras le atemorizaron. Hikaru hablaba como si supiera lo que era eso. Para él era imposible, su hermana era una joven de corazón puro, incapaz de lastimar a alguien. No obstante, no podía negar el dolor y la rabia que se vislumbraba en aquellos ojos.

—¡Hikaru! ¡Hikaru! ¡¿A dónde vas?! —Satoru exclamaba impaciente en el momento en que su hermana salía del dojo. Hikaru tomó su bolso y salió mientras Satoru le seguía. Antes de irse, se detuvo sin voltear a verlo.
—Voy a buscar respuestas.

Hikaru siguió su camino, mientras su hermano se quedaba atrás, incapaz de detenerle. Intentaba ordenar el caos de pensamientos, producto de aquellas palabras de ese hombre. Tanto su hermano, como Lantis estaban involucrados en aquello y ella ignoraba todo. Se le revolvió el estómago de pensar que su hermano o Lantis pudieran estar detrás de las muertes de aquellos combatientes. Deteniéndose en aquel terrible pensamiento sintió culpa de siquiera haberlo pensado, pero su hermano claramente ocultaba algo, no solamente la vergüenza de utilizar las enseñanzas de su familia para ganar dinero. Tenía que hablar con Lantis, tenía que escuchar lo que iba a decir, aunque una parte suya estuviera hirviendo con furia. Estuvo caminando por un largo rato, había pasado la zona residencial y estaba cerca de las tiendas. Cruzó en una esquina, en donde alguien le sujeta del brazo inesperadamente y ella estaba a punto de golpear al que fuese hasta que vio de quién se trataba.

—¡Lan...!
—Shhh...—susurró Lantis mientras veía pasar un auto negro, ellos dos escondidos detrás de una pila de cajas.
—¡¿Que está pasando?! —dice Hikaru zafándose. Lantis podía ser mas alto y físicamente más fuerte que ella, pero al verla con esa mirada, Lantis se sintió un poco intimidado. —¡¿Por qué nos escondemos?!
—Hikaru...

—¿Trabajas para Seiji Miyazaki?

Lantis frunció su mirada. —¿Qué te dijo ese hombre?

—No importa. —le cortó Hikaru. —¿Es cierto? ¿Tu también?
Lantis volvió a mirar hacia la calle. —Aquí no es seguro, mejor nos vamos. Te diré todo lo que necesites saber, pero por favor confía en mí.
Hikaru se calmó un poco ante aquellas palabras y aceptó. —Está bien, vamos.

Ambos llegaron hasta la entrada de un templo que Hikaru conocía muy bien, puesto que era el sitio habitual que su familia visitaba durante las festividades. Lucía solitario, bajo aquella sensación de sosiego que ella conocía muy bien. Un par de monjes barrían y al verlos ambos se inclinaron en saludo. Tanto Lantis como Hikaru correspondieron el gesto y continuaron caminando, rodeando el templo.
—Aquí estaremos bien. —le dice Lantis mientras se sientan en una de las escalinatas que conducían a otra sección del templo. Desde allí se alzaba una pequeña colina, poblada de árboles y desde la cual podían ver toda la zona.
—Estoy tan... molesta. —dice Hikaru finalmente, mientras intentaba alejarse del torbellino de pensamientos que tenía.
—Tu hermano hace lo mejor que puede. No quiere decir que no pueda cometer errores.
—¿Acaso sabes lo que esta pasando? Ese hombre aparece y...
Lantis le mira con aprensión. —No te parece de confiar.
—¿acaso tu confías en el?
Lantis mira de nuevo hacia el paisaje. —Le tengo agradecimiento. Cuando llegamos aquí, él y su hermano nos ayudaron a sobrevivir. Me dijo que necesitaba a un guerrero, uno que participara en sus combates. No era algo extraño para mi. En Cefiro es una práctica común. Ayuda a disipar las tensiones entre las personas. Seguramente lo entiendes, ¿no es asi?
Un prolongado silencio se produjo entre ambos.

—Si...es... Yo solía competir en la escuela. —afirma Hikaru recordando sus tiempos en el club de kendo. Pero todo era por deporte, nada de situaciones de vida o muerte.

—Nunca vi a alguien morir, pero eso no significaba que no ocurrieran cosas terribles. Muchos quedaban con el orgullo herido y volvían a batirse en duelos sin espectadores. —continúa Lantis.

—Jamás pensé que...¡es absurdo! ¡¿Para que?! —dice Hikaru exasperada. —¡¿Tanto vale el orgullo, el deseo de venganza?!
Lantis sonríe. —No todos tienen un corazón tan puro como el tuyo, Hikaru.
—No es así...yo...
Aunque sabía que Lantis ni Ferio les habían odiado a ella ni a sus amigas, el recuerdo de aquel sacrificio jamás podría ser borrado.

—Hicieron lo correcto, aunque fuese difícil.

Hikaru cerró sus ojos. —Por eso no quiero que Satoru se involucre más en esas cosas. Y tú tampoco.

Lantis le toma de la mano y ambos vuelven a mirarse.
—Lo que voy a decirte, debes mantenerlo en secreto. —murmura Lantis y Hikaru simplemente le escucha. —Tu hermano...está obsesionado con saber cómo murió tu padre.

Hikaru apenas puede procesar lo que Lantis dice. Nada tenía sentido para ella.

—Mi padre falleció en un viaje a las montañas, ¡fue un accidente! —dice Hikaru, apenas conteniendo las ganas de llorar.

—Escúchame... Tu hermano, al parecer sospecha algo, por eso creo que sigue participando, cree que puede conseguir al asesino entre el grupo que solía entrenar con tu padre.
—¡¿Te dijo eso?!
—No. Satoru es demasiado reservado. Pero lo intuí por medio de otros. Hay varios que sospechan que no fue un accidente y que lo mataron por que él sabía algo muy importante.
Hikaru escondió su rostro entre sus manos, acurrucándose en medio de sollozos, a Lantis mientras éste se lamentaba al verla sufrir. Pero ocultar la verdad a Hikaru le haría mas daño.
Transucurrió un largo rato antes de que Hikaru se calmara y Lantis prosiguiera.
—Cuando llegué aquí, Miyazaki me ofreció dinero a cambio de ganar combates. No era complicado hasta que me topé con tu hermano. Me dio buena pelea, ¿sabes?
—Solíamos entrenar juntos. —murmura Hikaru.
—Después del combate, nos convertimos en amigos. No sabía que era tu hermano después de un tiempo, cuando no tuvo mas remedio que confiar en mí. Cuando hablaba de sus hermanos era con alegría, orgullo y temía no poder cuidarles.
Hikaru cabizbaja, escuchaba aquellas palabras con un nudo en la garganta, en especial luego de haber discutido con Satoru. Todo lo que hacía era protegerles y ser la figura paterna que habían perdido.
—Yo estaba contento, esperanzado. Quería verte. Sin embargo, todo era tan peligroso para todos, en especial para Satoru. Aquella noche, cuando Tsubaki fue a tu casa, era porque había dinero de por medio. Satoru se estaba metiendo en problemas como ése y mi deber era mantener calmado a Tsubaki y por tanto a Miyazaki. De igual forma y a pesar de todo, sé que tu hermano sospecha de mí.
—¿de tí?
—Sabe que oculto algo. Por supuesto, nunca le diría que soy de otro mundo. —sonríe Lantis.
Hikaru se ríe mientras se quita las lágrimas. —Es muy inteligente.
—Por eso dudé un poco en aproximarme a tí. Nos siguen... —afirma Lantis preocupado.
—Entonces...
—No lo sé, Hikaru. Algo no anda bien aquí. Pero haré lo que sea por protegerles. A ti y a tus hermanos.
Hikaru se levanta y camina unos pasos, lejos de él.
—Prométeme que no me ocultarás nada más.
Lantis exhala un suspiro cansado. —Lo prometo.
Hikaru se vuelve a mirarle. —Sé que es peligroso, pero si mi hermano está metido en eso...
Lantis puede intuir lo que Hikaru está a punto de decirle y antes de que pueda siquiera objetar, la pelirroja le detiene.

—Estoy consciente de que es una locura, pero tienes que llevarme hasta ese sitio. Yo misma hablaré con Miyazaki.

—Hikaru... —apenas murmura Lantis, cuando la atención de la joven se desvía hacia el cielo. Con asombro, Hikaru observa de nuevo aquellas líneas irregulares de color verdoso que surcan el cielo, portando aquel enigmático resplandor y nuevamente, aquella extraña sensación de desasosiego en el aire.

—IV—

Varias horas transcurren desde que ambos ven aquel resplandor en el cielo. Luego de reponerse, Clef insiste en que se encuentra bien y a pesar de las protestas de Umi, toman el tren hasta llegar a una estación, cerca de dónde vive Umi, percatándose de que ya estaba empezando a caer la noche.

—Discúlpame por arruinar el momento. — dice Clef mientras se termina de tomar una bebida caliente de una de las máquinas expendedoras, ambos sentados en una de las bancas del parque. Algunos chicos jugaban y varios estudiantes pasaban, saliendo de clases. No obstante, Clef no puede dejar de notar cierta molestia en el rostro de Umi y en su prolongado silencio.
—¿Sucede algo?...ah, ya se... —dice Clef adivinando lo que podria estar pasando. —Estás preocupada...
Umi sigue silenciosa, cruzada de brazos.
—No tienes que...
—¡Por supuesto que tengo que preocuparme! —reacciona Umi malhumorada.

—Umi...

—¡Ni siquiera sabes por qué no puedes usar magia! ¿Acaso no te inquieta la idea de que estar aquí te está afectando tu salud?!

—Umi... —musita Clef, no obstante ella se levanta, temblorosa. Intentando calmarse ante aquella súbita muestra de miedo. Umi estaba visiblemente alterada, temiendo de que Clef pudiese correr un grave peligro y que nadie en su planeta, mucho menos ella, pudiese hacer algo por evitarlo.
—Tienes razón. —admite Clef levantándose y ella todavía de espaldas a él, le escucha. —Sabía de los riesgos, pero aun así lo hice. Tenía que intentarlo.
Ante el silencio de Umi, Clef prosigue.
—Cuando ustedes se marcharon y me tocó asumir la dirección de Cefiro...siempre les enseñé a mis discípulos a ser responsables con sus pensamientos y sentimientos, ya que con ellos, el corazón se fortalece o debilita. La magia misma se deriva de eso. Con el tiempo yo mismo me cuestionaba mis propios deseos. Mi concentración se desviaba cada vez más. En mirar al pasado, en mirar al futuro. En haber dejado pasar las oportunidades.
Umi se volvió a verle, esta vez con tristeza en su mirada.

—No me podía permitir el rezar porque las Magic Knights regresaran, porque siempre significaba que era más deberes para ustedes, quienes no merecían cargar con más problemas. Temía que mis pensamientos me traicionaran, por eso...

Umi se apresura a aferrarse a él, mientras Clef, paralizado, apenas puede estar en pie sin saber realmente cómo corresponder aquél gesto que denotaba temor.

—No soporto que digas eso. ¡Hablas como si no merecieras nada! —exclama la joven con la frente apoyada en el hombro del otro.

Umi siente cómo los brazos de Clef se estrechan alrededor suyo, aferrándose a ella con la misma efusividad que ella por un corto, pero intenso momento, antes de soltarle. Era su forma de agradecerle aquellas palabras pero todavía con la indecisión que Umi reconocía, ya que ella misma había experimentado aquello, deseando tantas veces el olvidarle, enterrar definitivamente aquellos recuerdos, suprimir el arrepentimiento que a menudo le asaltaba. Cuando se separó de el y le miró a los ojos, Umi ya no sintió temor alguno. Ya había tenido suficiente, de huir de aquel pasado y de aquél arrepentimiento.

—En realidad soy un cobarde. —dice Clef con una sonrisa triste. —Fue por eso que yo callé, porque no quería lastimarte. No quería ser una molestia...

—No digas más nada. Es mi culpa también. Jamás creí que tu, el gran maestro mago...se fijaría en una chica como yo...

Umi se ríe nerviosamente aunque no puede dejar de derramar lágrimas.

—¡Míranos, somos unos tontos! ¡Y ahora se va a arruinar mi maquillaje! —chilla Umi mientras Clef exhala un suspiro y le ofrece un pañuelo. —¡Se supone que debo seducirte, o algo parecido, no lloriquear!

Clef se ríe mientras ella se sonroja, al final ambos no pueden evitar reír al final.

—Si quieres, puedes continuar con... esa idea tuya. —dice Clef nervioso.

Umi, por su parte, le observa con una sonrisa pícara mientras se guarda el pañuelo en su bolsillo. —¿Cual idea, eh?

Clef intenta decir algo, pero como pocas veces le había pasado en la vida, apenas logra pronunciar algunos sonidos incoherentes mientras Umi se aproxima a él, con aquella firme resolución en su mirada al tiempo en que le abrazaba y le arrastraba, inexorablemente hacia ella.

Y así, sin importarle el lugar, ni el momento, en medio de las miradas curiosas de los transeúntes, aquellas dos personas se besaron y por un instante el pasado y el futuro habían dejado de existir, sólo aquel instante de eternidad.

Continuara...

Hola!Disculpen la demora! espero que les haya gustado esta actualización.

Quedo un poco empalagoso al final pero XD ya era hora.