Hola a todos, traigo el capítulo nueve en la publicación del viernes Este, como el anterior es bastante largo y me disculpo por entregarlo tan noche, sé que para algunos puede que ya sea sábado; tuve una interesante odisea en la que llevé a mi hermana al dentista y acabamos comprando cinco litros de helado… (Pueden ver las pruebas en twitter) Es mi comportamiento de mujer adulta y responsable.
Me alegra saber que la mamá de "Vizho" aprueba la historia, espero que no le deje de gustar cuando se vuelva "románticamente" SwanQueen, por favor mantenme al tanto ;).
Me encanta leer sus comentarios, saber que aprecian la historia me llena de alegria porque es mi primera SwanQueen.
Twitter: rebevividreams (Casi todo lo que escribo es en ingles, pero soy yo).
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CAPÍTULO 9:
La absurda historia tres veces.
-Yo pensé que los dragones eran diferentes. –Declaró Emma recostada en la mesa de piedra del cuarto para alquimias.
-¿Creíste que sería enorme, con ojos rojos y escamas? –Preguntó dulcemente mientras recortaba alrededor de la flecha que salía de su espalda.
-Más o menos, sí.
-Imagino que estas sorprendida de que sea tan guapa. –Declaró ocasionando una leve risita en Emma.
-Ajá.
-Puedo llegar a ser así, no te dejes engañar corazón. –Rio dejando ver por un instante su mirada de reptil y causándole un breve sobresalto.
-Auch... Me dolió.
-Me impresiona que no te quejaras antes.-Afirmó satisfecha.
-¿Por qué no la sacan? Quiero volver. –clamó impaciente.
-Bueno, la flecha te atravesó, como si nada, si no la saco con cuidado todo tu interior se va a salir por ahí, tu corazón, tus tripas, tu cerebro, todo. –Declaró con seriedad y el rostro de Emma se puso blanco.
-Está jugando contigo, cariño. –Apareció Regina por detrás y le otorgó una mirada severa a la mujer. –No la podemos sacar porque puedes desangrarte y no sabemos qué clase de veneno hay en ella. –explicó pero por la expresión en su rostro pudo notar que aún estaba imaginando todos sus órganos salir por su hombro.
-Bueno, yo sé que veneno tiene. Observa la punta–Pidió moviendo a Emma con suavidad y mostrando una punta sencilla de ónix que no le dio ninguna respuesta.
-Lo siento, no te sigo, es una piedra común.
-Claro. Detenla en esa posición. –Solicitó mientras tomaba trozo de tela y lo introducía en la boca de la pequeña. –Ahora, corazón, esto te va a doler mucho, luego va a dejar de doler y luego va a doler más ¿Entendiste? Eres una guerrera, yo lo sé pero siente la libertad de hacer escándalo, no le vamos a decir a nadie. –Le hizo saber y enseguida clavó por completo la flecha en el cuerpo de la niña haciendo que apretara sus dientes en la tela, abriera los ojos al máximo y las lágrimas se le escaparan automáticamente. – ¡Detén sus brazos y piernas, Regina, estas aquí para ayudar, no te quedes ahí como una perfecta inútil! –Gritó al momento que cortaba la punta cubierta de sangre. –Bien, Emma, ¿Sigues, conmigo? Viene la parte fea, pero vamos a sacar esta cosa. –Recostó con firmeza a la pequeña en la superficie de piedra y con un movimiento constante y sutil sacó la flecha antes de que la sangre empezara a brotar abundantemente.
-Mis tripas. –Dijo Emma antes de perder la Conciencia.
La pequeña siempre sabía cuándo estaba soñando, los colores eran diferentes y su cuerpo siempre parecía más liviano aunque en ese momento no recordaba ninguna buena razón para estar dormida, la habían atacado con una flecha y ahora la estaban tratando de curar, ella debía despertar para seguir luchando, había leído historias de guerreros que con solo un vendaje seguían durante toda una batalla...
-¿Por qué no despierta? –Regina quiso saber sin poder ocultar la nota de angustia en el tono de voz.
-Valoramos muy poco la capacidad que tenemos de sanarnos con magia, querida. –Le sonrió. –La niña está a años de desarrollar la propia y perdió mucha sangre, de eso no va a morir... El veneno, por otra parte, eso si la va a matar.
-Emma no va a morir, tiene que haber una forma, siempre la hay.
-Acabas de sonar como un pomposo héroe. –Le dedicó un gesto burlón y le mostró la punta de flecha.
-Ya te dije que eso no me dice nada.
-Precisamente, Regina, esta punta está hecha con una piedra transparente, con el sol puede verse de un color rosa suave, pero nunca más oscuro que eso, cuando atraviesa el cuerpo de una persona impura y llena de maldad la quema por dentro al instante y la piedra se desintegra, ¿Estás segura de que la flecha no era para ti?
-No, la chica lobo dijo que el objetivo era ella, ¿Por qué atacarían a Emma con algo para mí?
-Esto no te mataría… dolería mucho, te haría enojar y te dejaría una cicatriz fea pero esto es para matar monstruos, pregunto porque... Bueno, pudieron haberlo intentado, es una buena idea, honestamente preferiría estar curándote a ti de esto que a ella porque no sé cómo curarla.
-¿Por qué se volvió negra? ¿Cómo lo pudiste notar?
-No se volvió negra, tú y yo la vemos negra, lo que me parece bastante discriminatorio si me permites decirlo. Cuando despierte tu princesa le preguntaremos el color, solo para confirmar, yo sé que tengo razón, me di cuenta únicamente por el brillo de los bordes, desearía decirte que es una piedra difícil de conseguir pero es bastante común en las minas. Pasar mis años en soledad realmente me está volviendo increíblemente inteligente.
-¿Qué le pasa a las personas puras que son atacadas con ella?
-Lo mismo que a las monstruos lamentablemente, pero el veneno tarda más en corromper el cuerpo de una persona pura, va a empezar a infectar su cuerpo lentamente, Emma es muy buena tenemos tiempo, Regina, debes entender que esto no es magia y no puedes llegar como príncipe azul y besarla, es veneno que vino con la creación y aunque irónicamente es evidente que necesitamos usar magia para curarla, emplearemos más elementos y nada es seguro...
-Ya entendí, es más difícil que un beso de amor verdadero... Pero la vamos a salvar, así tenga que hacer mil tratos...
-Soy muy lista, si hay un modo lo vamos a conseguir, no vayas a los extremos innecesarios aún, por algo acudiste a mí antes que a él esta vez. Aunque debo admitir que siempre estaré herida ante el hecho de que consideres mejor niñera a una tetera.
-Venía con todo y taza. –respondió con el esbozo de una sonrisa. -¿Puedes cuidarla unas horas mientras asesino a todos?
-Por favor, querida, hazlo.
-No... –Un leve quejido interrumpió la conversación.
-Mira quién despertó. –Maléfica exclamó mientras examinaba los ojos de la pequeña.
-¿Cómo te sientes, patito? –La pregunta de Regina surgió cerca del oído de Emma y enseguida le tomó la mano.
-Muy bien, ya no me duele nada ¿Podemos volver?
-Estas mintiendo, debe de dolerte muchísimo. –Ambas miradas se encontraron.
-Tal vez poquito.
-Maléfica te va a dar algo para el dolor, yo tengo que volver.
-No me dejes, por favor, Gi... Regina.
-A veces los héroes tienen que descansar y recuperarse.-Maléfica interrumpió.
-¿Héroes?
-Estabas frente a Regina, Emma, claramente la flecha era para ella, ahora, ¿Puedes decirme de qué color es esta punta?
-Es un cristal, no tiene color. –Afirmó mirándola solo un instante y volviendo los ojos a la reina. -¿Te salvé? –Quiso saber pero Regina no sabía mentirle así que guardó silencio.
-No solo eso, observa. –Continuó Maléfica y con la piedra en un pañuelo, clavó la punta solo un instante en la mano de la reina.
-Ah... –Se quejó con suavidad y su mano empezó a corroerse con rapidez antes de que la otra mujer pusiera un líquido y se detuviera. -¿Qué demonios?
-Solo le demuestro a tu heroína que si la flecha te hubiera dado a ti, en este momento serías bastante fea, querida.
-Si terminaste de jugar conmigo, tengo que revisar a mi ejército.
-Tengo que ir contigo, Regina.
-No, Emma, no vas a ir puedo cuidarme sola, por favor, descansa.
-... Tengo miedo.
-Estás mintiendo, te prometo que volveré de inmediato, necesito ver cómo están todos, soy la reina.
-No los mates solo porque me lastimaron poquito, ya casi ni me duele, siempre hay heridos en las imposiciones de tributo, lo leí.
-Voy a escuchar lo que tengan para decir. –Afirmó terminantemente antes de desaparecer en la nube púrpura.
-Ya se fue, corazón.-Maléfica afirmó sin mirarle.
-¿Si? –Preguntó mientras su labio inferior se doblaba en un gesto de dolor y todo su cuerpo se arqueaba en posición fetal para el llanto.
-Así, muy bien, corazón... Déjalo salir. –La consoló mientras formaba la mezcla para cataplasmas en un mortero. –Eres una tonta valiente frente a ella.
-Me duele mucho, mucho, es como si me quemara por dentro, por favor haz que se detenga.-Lloraba ansiosamente sin poder contenerse.
-No puedo, pero trabajo en ello.
-¿Me voy a morir?
-Vamos a encontrar la cura, tu reina encuentra la forma de salvarte siempre, ¿No es así? Ponte derecha, voy a aplicarte esto y deberías sentir fresco, ¿Te gustaría que te diera algo para que te quedaras dormida?
-No, ¿Por qué no puedes ponerme el agua que usaste en Regina? –Sus ojos ni siquiera podían mantenerse completamente abiertos por el dolor y las leves convulsiones rítmicas del llanto la avergonzaban a sí misma.
-Lo intenté mientras estabas inconsciente, eso no funciona en ti, ¿Alguien te ha dicho que hablar contigo es como hablar con un adulto? Eres muy lista. –Le sonrió abiertamente y la ayudó a incorporarse mientras vendaba el cataplasma alrededor de su lado izquierdo.
Cuando Regina apareció en la plaza, unas cuantas familias que habían resultado heridas se resguardaban bajo el campamento que había montado la guardia, el humo de los incendios provocados por ella aún llenaba el aire y los cadáveres se amontonaban justo en el centro mientras el resto de los habitantes, temerosos esperaban una explicación, al igual que ella.
-¿Prisioneros? –Fue su primera palabra y pregunta mientras un caballero de la guardia la dirigía hasta Graham, donde Roja y Gruñón yacían encadenados.
-No quieren hablar con nadie que no sea usted, su majestad. –Saludó Graham bajando la mirada.
-No creo que tengan información relevante entonces, ¿Tienes alguna herida? –Preguntó tal vez un poco avergonzada.
-¿Su majestad?
-No me sirves si estás herido, cazador. –Espetó con desdén y lo miró fijamente, debía recuperar la compostura y seguridad.
-Una flecha en mi pierna, no tenía veneno, estaré bien.
-Claro que estarás bien, no gracias a tus habilidades con los vendajes. –Dijo duramente mientras con magia curaba la pierna de jefe de su guardia real y continuaba con el resto de los heridos en su ejército, no iba a permitir que su labor se atrasara más de lo debido, mucho menos si estaba en sus planes salvar a Emma.
Con los guardias heridos ya en buen estado reanudó el patrullaje por las calles e inició la atención a las familias, sin mirarles fijamente y concentrada, realmente no tenía claras sus razones pero sabía que si quería que el rumbo de sus acciones tuviera una continuidad lógica este era el modo, aunque se sintiera completamente ajeno a sus valores.
-¿Por qué hace esto? –Preguntó una mujer de familia mientras cerraba una terrible herida en un brazo.
-¿Le gustaría que me detuviera? –Inquirió con un instante de contacto visual.
-No, muchas gracias, me refiero a...
-Se a lo que se refiere y no me gusta la confianza que se está permitiendo al hablarme de ese modo…, sin embargo voy a darle una respuesta, solo porque alguien debe correr la voz y necesito que dejen de mirarme como si hubiera perdido la razón; una de las flechas alcanzó a mi princesa, se encontraba envenenada, es probable que muera, si no me mantengo ocupada empezaré a asesinarlos a todos, dígame usted qué prefiere, yo sé que la princesa Emma prefiere que haga cosas buenas, si sobrevive se va a enterar de que me porté como reina.
-Usted ha cambiado. –La mujer sonrió.
-Soy la misma, lo que difiere es que no hay nadie tratando de quitarme mi reino. –Contestó sin expresión al tiempo que la guardia aparecía con lo que parecía un hombre gravemente carbonizado.
-Lo encontramos en un techo, su majestad, a penas respira. –Declaró y la reina se levantó con una sonrisa amplia y severa simultáneamente.
-Vaya... No está muerto, señor Robin Hood, que alegría. –Confesó mientras le echaba un vistazo a sus heridas, clavando los dedos enguantados en la piel quebradiza y ocasionando que alaridos de dolor salieran del moribundo cuerpo. –Creo que nos vamos a divertir. – Le hizo saber y con una seña les indicó que dieran un paso hacia atrás; en vez de curarlo, tal como lo había hecho con las demás personas, prolongó su sufrimiento revirtiendo mágicamente cada herida con uno de los primeros hechizos que había aprendido. -¿Qué tenemos aquí? Es acaso un juego de costillas rotas? –Preguntó jovialmente con su mano en el pecho del hombre y presionó una y otra vez mientras este escupía sangre y se sofocaba hasta que las costillas recuperaron su lugar en el torso. –Muy bien, eso debe sentirse más cómodo para mi desgracia, ¿Respira mejor? –Inquirió.
-¿Espera que ruegue? –Cuestionó con valentía el irreconocible ser.
-Me es indiferente, de momento me estoy dando gusto. –Respondió mostrando sus dientes blancos en una sonrisa malévola y retirando de su rostro unos trozos de madera incrustados para que las heridas pudieran cerrar. Los gritos del hombre y la risa de Regina hacían de la situación un espectáculo macabro que nadie tenía el valor de interrumpir o cuestionar mientras la magia fluía de forma dolorosa y Robin Hood, de a poco recuperaba una forma más humana. –El resto de las heridas pueden sanar solas o infectarse, no pienso invertir más energía. –Se dirigió hacia el hombre de mirada azulada, había perdido todo el cabello salvo por un mechón detrás de la oreja pero estaba vivo, tenía el gesto contorsionado por el sufrimiento al tiempo que los guardias lo encadenaban con los dos otros prisioneros. –Me encargaré de ustedes tres en este momento, de pronto me siento bastante ilusionada. –Comentó mientras hacía aparecer un asiento y se acomodaba. -¿Cuál de ustedes me va a decir por qué Emma era el objetivo de este ataque?
-Es un gran malentendido. –Roja confesó horrorizada, había pasado la última hora escuchando los gritos de su torturado compañero.
-Me parece que ustedes tenían muy en claro todo, señorita, explique a qué se refiere.- Recargó el dorso de su mano en su barbilla y con una sonrisa cínica, esperó.
-En todos los reinos. –Interrumpió Robin Hood a penas lúcido aunque claramente coherente. –Todos los Reyes han tenido que utilizar la violencia para imponer el aumento de tributos, no trate de hacerse inocente, casi nadie los puede solventar, menos tras un invierno tan duro y quiere que nosotros nos traguemos el cuento de que sencillamente ha ido por todo el reino de forma dulce solicitándolo y sin ninguna baja ha obtenido todo lo que desea...
Con rabia en la mirada, Regina se levantó de golpe y clavó su rodilla en la garganta del hombre, el cuero negro de su pantalón hizo un crujido al tiempo que el hombre se empezaba a sofocar. -¿Crees que ha sido sencillo para la reina malvada convencer a un reino de que deben pagar más en vez de imponerlo? ¿Crees que ha sido cómodo? Podría haberlo ordenado como mandato, estoy demostrándoles a todos ustedes, como se comporta una verdadera reina, no deberían estar pendientes de otros reinos, ilusos.-Dijo esto último en un grito antes de soltarlo y volver a su asiento, el hombre tosía y trataba de recuperar el aliento.
-Se había encariñado con la cosilla, ¿Ah? –El tono burlón en la voz que apenas volvía a respirar le hacían sentir la sangre hervir por el coraje, era demasiada la ignorancia para un solo comentario.
-Así es, has envenenado a mi princesa, podría decirse que me siento bastante afectada.
-¿Princesa envenenada? –Repitió el hombre en voz clara y con genuina confusión. –Creí que el diablillo había explotado como todos los que he matado para su majestad, la reina Aurora.
-Dices un sin fin de cosas sin sentido. –Regina espetó aun sintiendo la rabia por sus palabras anteriores
-Cuando supimos que no estaba matando a nadie. –Comenzó con cautela. -La empezamos a seguir y vimos que llevaba consigo a esa damita, según los libros de las hadas, las brujas como usted utilizan doncellas así para atraer a las personas y convencerlas de hacer cosas aunque pongan en riesgo su supervivencia... ¿No era acaso la niña uno de esos? –Quiso saber mirando hacia los otros dos prisioneros.
-No fue hasta que escuché sobre el tratado... Vi sus ojos... –Interrumpió Roja.
-Esa niña es una princesa real y tiene una genuina devoción por la reina. –Completó Gruñón.
-Es una inocente y ustedes la han envenenado. –Regina se puso de pie y sacudió su abrigo rojo de terciopelo. –Hace ocho años les perdoné la vida y hoy lo volveré a hacer, únicamente porque quiero que seas tú en persona, Robin Hood, quien le diga a la madre de esa niña que planeaste una emboscada exitosa contra su hija, créeme que le va a parecer bastante irónico tras haberle jurado lealtad... –Concluyó dando la vuelta hasta donde Graham se encontraba nuevamente, tal vez había hablado de más o probablemente ellos encontrarían respuestas, pero Emma era suya ahora y permitir ultrajes de ese tipo por mera ignorancia era absurdo, el accidente que había sufrido la niña era completamente absurdo, aparentemente el ejercito de Blancanieves no la necesitaba para ser ignorante e impulsivo sin embargo, si lograba salvar a Emma –Cosa que no se permitía dudar-, la niña tendría que dejar de ser un secreto, aunque sacarla sin prever el impacto social había sido un error que no repetiría, encontraría la forma de que la eliminaran de la equivocada categoría de monstruo y la vieran por sus cualidades tal como los miembros de la realeza lo habían hecho antes del invierno. –Vas a vendarles los ojos, a retirarles las armas y a llevarlos a la mitad del bosque, los vas a liberar, vamos a seguir con acción pasiva. –Ordenó a Graham mientras se quitaba los guantes de piel que aún contenían trozos carbonizados de Robin Hood y los hacía desaparecer. -¿Aún tienes las listas? Vas a hacer que la guardia devuelva a cada familia los tributos de la plaza y vamos a dejar esta ciudad en paz, vas a asegurarte de que el ejército entero se mueva, yo los alcanzaré mañana, quiero los nombres de las cinco personas que te apoyen ahora que no estaremos todo el tiempo Emma y yo y deberemos terminarlo en la mitad del tiempo, repartiré mis horas del día, ¿Alguna duda?
-No su majestad. Puede estar segura y hacerle saber a la princesa que todo está bajo control. –Contestó con la mirada en alto y Regina se evaporó al instante.
-¡NO! ¡No me vas a dormir sin Regina, no importa que la herida queme! –Gritó a todo pulmón parada sobre la mesa de piedra y apuntando a Maléfica con un termómetro, sostenía su brazo izquierdo contra su pecho y las bolsas rojas bajo sus ojos la hacían lucir un poco trastornada.
-¡He tenido niñas peores! –Le gritó jalándola de un pie, haciéndola que se sentara de golpe y empezara a llorar nuevamente. -¡No me puedes hacer dormir!
-Puedo hacer lo que yo quiera, es mi palacio y no quiero lidiar con una criatura que tiene convulsiones y fiebre cada dos horas por el dolor, voy a hacerte dormir, corazón.
-¿Emma tiene qué? –La voz de Regina sonó clara desde el marco de la puerta mientras la niña bajaba de la mesa de piedra y corría a sus brazos.
-¡Volviste! ¿Vamos a ir con la guardia? ¿Mataste mucha gente? ¿Úrsula respondió?
Regina la tomó de la cintura y la regresó a la mesa de piedra. –Estas hirviendo, patito, creo que podría cocinar un huevo en tu frente. No vas a volver con la guardia si no bajas esa fiebre y si no sacamos ese veneno de ese cuerpo pequeño y amarillo. –Besó su mejilla y le sonrió. –Pero te puedo asegurar que no maté a nadie, ni siquiera al hombre que te puso la flecha en el hombro, lo encontré vivo, su nombre es Robin Hood, ¿Lo vas a recordar?
-¿Ni siquiera a él? –preguntó con asombro.
-Se lo voy a dejar a tu mamá para cuando vuelva, No puedo tener yo toda la diversión, ¿O sí?
-Creí que mi mamá era buena y no mataba. –Su confusión era genuina mientras acariciaba las mejillas de la reina, como si hubieran pasado semanas sin verse.
-Y ahora yo también, al parecer. –Una pequeña sonrisa se le escapó antes de continuar. –Ojalá mis intenciones fueran nobles cariño, pero no maté a nadie y Úrsula no ha contestado pero seguiré por la costa mañana y esperaré su respuesta, te informaré a cada paso, luces horrible.
-¿En serio? Porque me siento mucho mejor.
-Y yo ya no te creo nada... ¿Convulsiones y fiebre? –Se dirigió a Maléfica.
-Llanto sin control, montones de dolor, ha sido una tarde... Horrible, ya que no quiere que le dé algo para dormir deberías llevarla a la tina, darle un baño helado y alcanzarme en la biblioteca, va a ser una larga noche.
-No quiero ofenderte en tu propia casa, Maléfica, mucho menos porque eres la única persona en quien confío en este momento, sin embargo, ¿Es posible que Aurora esté detrás de todo esto?
La mirada de la mujer se congeló por un instante y enseguida continuó con la elaboración de nuevos cataplasmas. –Mi palacio, mis reglas ¿Bien? Quiero escuchar a esa niña gritar porque el baño es demasiado frío y enseguida lo que tengas que decir sobre mi princesa.
Emma alzó la vista nerviosamente para encontrar la de Regina pero esta no la miró mientras la sacaba del cuarto de alquimias.
-¿Cómo sabes a dónde vamos? –Inquirió con suavidad; ese lugar era totalmente distinto a su hogar.
-Conozco al dragón, cariño y conozco su palacio ¿Te sientes muy mal?
-No, yo creo que el veneno está saliendo solo y mañana podré irme contigo.
-¿Si? ¿Podrías usar tu mano izquierda para quitar el cabello de mi rostro? Está picando mi ojo. –La retó.
-Oh... Pero... Luce bien. –Sonrió abiertamente al tiempo que le soplaba el rostro y el efecto del aire acomodaba el mechón de forma cómica sobre su cabeza.
-No puedes ni siquiera mover la mano, ¿Cierto Emma? –Su pregunta fue seria y el silencio se dio entre ambas mientras entraban en el baño de mármol, la tina estaba llena pero no humeante como la mantenía Regina siempre en su habitación y sin aviso ni duda la introdujo hasta el cuello.
-No, NO. ¡REGINA! -Gritó sacando el brazo derecho y tomándola de los hombros pero ella era más fuerte y la mantuvo abajo. –¡NO!
-Calla. –Le pidió con suavidad mientras sus gemidos agudos eran interrumpidos por el cascabeleo de sus dientes. –Ni siquiera puedes utilizar el brazo para defenderte. –Argumentó mientras ponía el dedo índice en su frente y la hacía dormir; no podía tolerar un segundo más de esa fiebre y sufrimiento, no en ese momento y no después de haber perdonado la vida de su ignorante agresor.
Amargas lágrimas empezaron a escurrir por sus mejillas mientras removía el vendaje de su hombro y observaba la ennegrecida herida que se iba recorriendo por su brazo como si convirtiera sus venas en piedra, el dolor de Emma debía ser mucho más fuerte e insoportable de lo que ella pudiera imaginar, el contorno de sus ojos iba del rojo al púrpura en tonos intensos y su piel, ahora completamente blanca le hacía extrañar ese tierno amarillento del que tanta mención había hecho a lo largo de los años; la vida de la niña se le estaba desvaneciendo de entre sus manos una vez más.
-De ahora en adelante tal vez tenga que imponerte reglas cariño, por favor, no mueras. –Le rogó y con suavidad besó su frente esperando algún milagro pero nada sucedió salvo el darse cuenta con el tacto de sus labios que la fiebre había disminuido.
-A penas si escuché un grito al inicio. –Se quejó Maléfica al ver que volvía con ella en brazos plácidamente dormida y la depositaba en el diván.
-La escuché gritar y la puse a dormir, no se quedaba quieta.
-Es por ti... Es bastante tierno, creí que ella estaba aguantando todo ese dolor porque quería ser dura pero es por ti, te afecta verla en mal estado y ella te está cuidando.
-No necesito que me cuiden, ella se estaba lastimando y la puse a dormir, no seas absurda. –La mirada vidriosa de Regina hizo que la mujer no insistiera más y le indicara una pila de libros frente a su asiento
-Estos son de piedras venenosas y aleaciones de madera, la flecha es de encino, es un elemento noble que no debe influir pero debemos revisar todo, si me dices por qué sospechas de Aurora puedo ir a sacarle una respuesta, yo la eduqué mejor que eso.
-Cuando encontraron a Robin Hood era una pila de huesos rotos y carne quemada que apenas respiraba, revertí sus heridas durante casi una hora antes de que pareciera humano de nuevo... Necesitaba verlo sufrir. –Confesó en voz tan baja que Maléfica tuvo que estar bien cerca de ella para escuchar todo. –Dijo que había estado matando seres para Aurora con esa piedra en su reino y que todos los reyes han estado utilizando la violencia para imponer los tributos, por eso acudieron al reino con esas armas, porque creyeron que Emma era un monstruo que yo estaba utilizando para de alguna forma intervenir con sus decisiones.
Maléfica dejó salir una risa suave, como si lo que escuchaba fuera demasiado tonto para ser cierto.
-Si mi princesa no estuviera muriendo lo encontraría sumamente cómico también, querida, pero no es el caso. –La voz de Regina se relajó y enseguida continuó. –El hecho de que el ejército de Blancanieves se haya resguardado todo este tiempo en el sur con Aurora explica por qué yo no he tenido ningún tipo de problemas con ellos, pero tu princesa sabe perfectamente bien quién es Emma, la conoce y ha tenido el placer de hablar con ella, ahora; hace ocho años yo hice que estas personas olvidaran la existencia de la niña pero tu princesa, quien los ha tenido todo este tiempo sabe quién es y por alguna razón no les ha dicho nada, honestamente me sorprende que la emboscada no fuera para clavarme esa estúpida flecha y robarme a la niña, hubiera sido inútil y estúpido pero habría tenido mucha más lógica y habría sido una causa en teoría noble, ¿No lo crees?
-Te sigo.
-En el momento que entre la realeza se hizo pública la noticia de que yo tenía a Emma y las suposiciones de que era la hija de Blancanieves fueron confirmadas por mi madre, en cada reunión del consejo alguno siempre han surgido con una idea para mejorar su vida, vamos, han tratado de comprarla, intercambiarla y chantajearme lo cual he encontrado enriquecedor, Aurora ha sido muy protectora al respecto pero también recatada y cuidadosa con sus ofertas, cuando conoció a Emma se sintió genuinamente horrorizada, dijo que había creado a un monstruo, que era cínica y que no podía ser real... Podría no ser nada, pero...
-Esa niña es habladora, Regina, hace más de diez años que no me deja acercarme a ella pero sé que no es una asesina... Déjame hablar con ella. –Le pidió.
-No tengo intenciones de asesinar a tu niña estúpida si es la responsable, al parecer soy una persona diferente y no asesino princesas ni ladrones... –Cubrió su rostro por un instante con lo que pareció ser exasperación. -Te doy mi palabra, pero vas a curar a Emma, ve y habla con ella. –Ordenó antes de que la nube malva la consumiera y se quedara sola en la biblioteca con Emma. –Supongo que es momento de que busque algo en este callejón sin salida, ¿cierto cariño? –Se dijo en voz alta mientras abría un enorme ejemplar de "Piedras Venenosas."
Cuando Maléfica se hizo aparecer en las habitaciones de Aurora, una parte de ella no se sorprendió de encontrarla despierta y con una pequeña espada entre sus manos, Felipe dormía por su lado plácidamente mientras ella se levantaba de la cama y la apuntaba arreglando su bata de noche y su cabello simultáneamente, había pasado demasiado tiempo.
-No seas ridícula Aurora. –Le pidió haciendo que la espada desapareciera al instante y esta se limitó a cruzar sus brazos con frustración, no gritó, no estaba asustada.
-Esperaba a Regina. –Confesó en voz muy baja y esto solo la terminó por destruir un poco más.
-Está ocupada tratando de salvar a Emma, ¿Tiene razón? ¿Corrompiste al ejército de Blancanieves? ¿Planeabas vencerla con esa espada?... ¿Eres estúpida? –Quiso saber con una mano en la cintura y otra en la frente, eran demasiadas emociones.
-Era la espada de caza de mi padre... ¿Qué haces aquí?
-Necesito respuestas, Aurora, ¿Qué te llevó a planear un ataque contra la protegida de la reina?
-No planee ningún ataque, Maléfica, únicamente no lo detuve, tal vez los impulsé, pero no planeé nada, el ejercito de Blancanieves es realmente útil y son capaces de formular planes de batalla por sí mismos.
-Por algo estás en cama con un arma, cielo, no estás libre de culpas. ¿Por qué no me dices qué sucedió y yo me encargo de encontrar una cura para Regina? Nadie te va a matar.
-No fue mi culpa, Felipe me dijo que si el ejército no sabía de la niña tal vez había una razón para eso y me dijo que la descubriera antes de decir cualquier cosa, me pareció sensato aunque nunca me enfoqué realmente en buscar respuestas, ellos son refugiados, básicamente indeseados en su reino y aquí estamos repletos de monstruos como tú que destruyen puentes y villas y plazas únicamente porque no les gusta mi método. Regina tiene a esa pobre criatura embobada, es un monstruo, me trató con insolencia como si fuera una cualquiera cuando le ofrecí esta casa, dijo que era feliz y que Regina la cuidaba bien, ¿No lo ves? Ella no está bien de su mente. El amor que se tienen... –Bajó sus ojos con vergüenza y le dio la espalda un instante antes de recuperar la compostura. –Les dije a todos que el aumento de tributos había sido idea de Regina y que entraría en rigor después del invierno, cuando me enteré de que Emma la estaba ayudando con la acción pasiva fue demasiado. –Sus ojos se pusieron vidriosos y sus manos se cerraron con furia en su cabello rubio mientras maléfica observaba aquel espectáculo con horror. –Les dije que Emma debía ser un monstruo que convencía a la gente y ni siquiera me dejaron retractarme porque salieron en seguida, a proteger sus tierras, a su gente, a su pueblo, ¿Por qué no puedo tener la lealtad que tiene a su pueblo? Ella se fue hace tantos años; supe que había hecho algo mal porque ahora todos los cristales en el reino... ¡Son negros! –Exclamó hecha un mar de lágrimas y con ambas manos a la mitad de su pecho.
-Muy bien cielo, yo voy a solucionar todo, deberías volver a la cama y descansar –Expresó con una sonrisa suave mientras le ofrecía un pañuelo de franela.
-Aleja esa cosa de mí, no te necesito. –Le pidió aún entre sollozos. –Retírate, que vergüenza estar hablando contigo, seguramente es un momento de debilidad, esa niña merece estar muerta.
Maléfica sintió cómo las puntas de sus dedos ardían en magia y sus ojos de reptil ansiaban la metamorfosis, no supo como pero se encontró tomándola con fuerza del brazo y enseguida proporcionándole una fuerte bofetada en la mejilla. –Esta va a ser la última vez que limpie uno de tus desastres, Aurora, cosa que vengo haciendo todos los días por los últimos diez años, es probable que seas la peor reina en la historia y créeme que he vivido muchos años y he visto muchas malas reinas y si no salvo a Emma yo misma voy a venir a matarte aunque te ame, porque yo te hice así de estúpida como eres. –A penas terminó de hablar le devolvió la espada de caza y le sonrió con amargura mientras se fijaba en esos ojos que había visto por tantos años. –Tal vez si necesitas dormir con esto; considera ir tu misma a hablar con los monstruos antes de destruir sus casas para construir puentes y villas y plazas, son tus amigos con los que jugabas de niña. –Le dijo y sin permitir otra palabra, mirada o gesto desapareció tan rápido como había llegado.
El llanto angustioso y el intenso dolor en su brazo terminó por sacar de su profundo sueño a la pequeña Emma, no recordaba haberse quedado dormida pero recordaba la situación embarazosa en que Regina la había visto, parecía estar en una biblioteca y las velas casi se consumían por completo por lo que la penumbra no le permitió ver que la reina se había quedado dormida por completo en un ejemplar antiguo de alquimias hasta que estuvo cerca ella, con cautela siguió el sonido de los gritos y el llanto, que parecían provenir de un piso distinto, sentía que si se quedaba quieta se empezaría a concentrar nuevamente en el dolor en su brazo así que el caminar le parecía buena opción.
"¡Te di toda mi vida!" Los gritos amargos iban acompañados de ruidos similares a aquella vez que ella y Chip habían perseguido a Lucifer por el palacio, los libros cayendo y las vasijas golpeando contra el suelo "¡Esto no tiene sentido!". Esta última exclamación hizo que ubicara la habitación perfectamente iluminada de la que provenía el ruido y reconociera la voz de la mujer que la había cuidado con tanto esmero la tarde anterior; asomó un poco los ojos desde la puerta, sólo para encontrarla en el suelo, devastada y llorando ante una pequeña muñeca rubia de pelo largo y con un pañuelo ya usado secándose las lágrimas.
-Puede usar mi abrigo. –Dijo para llamar su atención mientras se acercaba con cautela y le entregaba la prenda. –No es correcto interrumpir, ni espiar, ni escuchar. Lo siento muchísimo. –expresó en su defensa. -¿Puedo hacer algo por usted? Sé que están pasándola realmente mal tratando de curarme, tal vez yo deba morir, tal vez si mi mamá vuelve... ¿Puedo hacerle una carta? Le puedo pedir que haga otro bebe para Regina, ya morí una vez, no es tan malo.
Maléfica no pudo evitar soltar una risa entre sollozos ante tal ocurrencia y estiro sus brazos para pedirle un abrazo, acción a la que Emma respondió encantada. –Corazón, me encantaría que me acompañaras a mi cuarto de alquimias y le hicieras esa carta a tu madre mientras fabrico la cura, no va a ser necesaria pero me va a traer muy buenos recuerdos en el futuro.
-¿Estas habitaciones son de la reina Aurora?
-Así es, ella vivía conmigo, pero yo no me la encontré, sus padres no estaban perdidos como los tuyos, me la robé y cuando se enteró se olvidó de lo mucho que nos queríamos, yo sé que lo que hice estuvo mal, está bien que no me perdone, no hablemos de ella, no deberías estar caminando, ¿Me das permiso de hacerte aparecer?
-Seguro. –Contestó y minutos después estaban mezclando hierbas, pociones, pieles, cabellos y esencias, lagrimas, sangre, estrellas, deseos, elementos de otros mundos y la misma piedra en aleación con su hermana... Maléfica empezaba a volverse una experta en venenos y mientras más indagaba menos le gustaba lo que descubría.
-¿Por qué me dejaron dormir como si mi saliva en tu ejemplar de "Venenos de Oriente" fuera a ser de ayuda? –Regina entró a la habitación con una copa de sidra en cada mano y la risa de Emma no se hizo esperar.
-En realidad te dormiste sobre "Alquimias Nórdicas", pero lo necesitábamos hace horas. –Le dijo Emma con ilusión desde la mesa de piedra.
-Está diciendo la verdad. –Confesó alzando la vista y desapareciendo las copas de sus manos. –No vas a beber nada en este proceso, tal vez Emma tolere tus hábitos obscenos con la bebida pero yo no, hay té y galletas, come.
-No tengo hábitos obscenos con la bebida, ¿Verdad cariño? –Le preguntó mientras besaba su mejilla y se sentaba a su lado.
-Claro que no, Gina.
-Si tengo hábitos obscenos con la bebida te prometo que...
-Ay por todos los Dioses, Regina, me va a dar el mal del azúcar si no dejas de ser tan dulce con esa criatura. –Se quejó Maléfica desde el otro lado de la habitación mientras le lanzaba una galleta y continuaba escribiendo.
-Tuvo una mala noche. –Le susurró Emma al oído. -¿Puedo ir contigo y la guardia real?
-Claro, si puedes quitarme el pelo de la cara con tu mano izquierda, ya te lo dije. – Expresó esta vez poniendo una enorme cantidad de cabello sobre su cara.
-Puedo ser de gran utilidad aquí. –Concluyó en un suspiro.
-Eso pensé.
-Si vas a irte hazlo ya por favor porque te necesitamos aquí en dos horas, vamos a discutir la cura.
-¿La tienes? –Regina sonrió abiertamente y miró a Emma con anhelo.
-Es muy probable que la tengamos, porque la inventé, así es, pero es tal vez la cosa más complicada que he hecho así que deja las cosas arregladas, no sé, podría tomarme un rato o una semana o podría estar equivocada, solo vuelve.
-Claro, ya me voy.
-¡No! –Gritaron al unísono.
-¡Qué! – Inquirió escandalizada alternando la mirada entre una y otra.
-Estás usando el traje de ayer, cariño, por favor, no dejes que nadie te vea así. –Emma tapo sus ojos con su manita derecha y trató de no reírse mientras Regina cambiaba su atuendo mágicamente por un saco azul cobalto con incrustaciones y un nuevo juego de pantalones de cuero, su cabello arreglado y la loción característica acompañando su atuendo y perfecto maquillaje. –Eso es muy apropiado. –Maléfica continuó trabajando.
-No tardes. –Pidió la pequeña con una sonrisa observándola irse. -¿Es en serio que tienes una cura? –Quiso saber mientras se recostaba por completo en la mesa de piedra.
-Estoy casi segura, corazón, ¿Por qué la pregunta?
-Siento que quema mi garganta y mi pecho, casi no puedo mover mi pierna. Si no tienes la cura, tengo la carta para mi mamá, para mi papá, para Chip, para la señora Potts, para Anastasia y Drizella y para ti y para Aurora y para el Rey midas y la princesa Abigail, para Megara y para el señor Robin Hood, creo que son todas las personas a las que quiero decirles algo, también creo que son todas las personas que conozco, a parte de la gente del servicio en el palacio y Bella y el Sultán de Agrabah a quienes no tengo nada que decir.
-¿Y Regina?
-No sé cómo despedirme de ella... No puedo, no quiero decirle adiós, en todas las cartas les pido que la traten bien, ¿Crees que me hagan caso?
-Yo te haría caso, pero realmente creo que tengo la cura, ¿Puedo revisar tu herida?
-Por favor, hazlo.-Pidió con suavidad. Tal y como había descrito, las venas de la pequeña perecían haberse petrificado hacia el cuello, el pecho y hacia un costado de su cuerpo, el veneno avanzaba de forma rápida. -¿Es normal? –Quiso saber.
-Bastante normal, no es bueno, pero es normal, deberías quedarte recostada, estoy sorprendida de que no tengas una carta para Regina, pero supongo que es así cuando amas a alguien.
-¿Regina me extrañaría? ¿Cree que ella aceptaría al otro bebé que le hiciera mi mamá?-La risa suave de maléfica no se hizo esperar mientras aplicaba un nuevo vendaje en la herida.
-Estoy segura de que Regina te extrañaría muchísimo y que el nuevo bebé no sería tan divertido como tú, corazón, creo que tú no te das cuenta de lo especial que eres para ella, de lo mucho que ha cambiado y de lo agradable que es ahora, ella era una persona bastante desagradable.
-Eso dice ella y eso dicen todos y por eso creo que debe ser cierto... Auch... Duele... –Se quejó cerrando brevemente los ojos antes de continuar. –Pero no es mi realidad. –Concluyó en un quejido más severo. -¿Podrías hacerme dormir? –Pidió y la mujer asintió en una sonrisa suave y puso ambas manos en sus cienes haciéndola caer en un profundo sueño en tan solo un segundo...
-¿Por qué Emma está dormida? –La voz de Regina era severa mientras atravesaba la puerta.- Solo tardé un par de minutos más, he dejado todo listo, no es demasiado tarde ¿O sí? –Quiso saber ansiosamente.
-Tranquila, me pidió que la durmiera, está bien, cuando está dormida el veneno va más lento pero ella es necia, hizo cartas para todo el mundo, si muere, le deja pedido a Blancanieves un nuevo bebé para ti, así que ya no me siento presionada. –Confesó apuntando la pila de cartas y Regina se aproximó con curiosidad.
"Querida madre:
No te conozco pero sé que me amas y no pudiste estar en esta vida conmigo lo cual es muy triste pero está bien porque Regina me ama y fuimos muy felices juntas, por favor dale un bebé nuevo porque no puedo morir en paz sabiendo que ella estará triste.
Con cariño: tu amada hija Emma."
Leyó en voz alta y por un instante olvidó que en la mesa de piedra estaba muriendo su princesa y se permitió reír ante la idea de una horrorizada Blancanieves recibiendo una carta increíblemente inocente e inapropiada de su pequeña hija.
-Estoy totalmente lista para salvar a Emma, no hay forma de que vaya a ir por el mundo entregando cartas así de liberales. –Continuó riendo. -¿Hay alguna para mí? –Quiso saber a pesar de que en su interior conocía la respuesta
-No, dijo que no sabía cómo despedirse de ti, pero todas las cartas piden que te traten bien, tu misma viste que le pide a su madre que te de un hijo y le confiesa su amor.
-¿No sabe cómo despedirse de mí? –Preguntó mientras sus ojos se llenaban de lágrimas y automáticamente se dirigía al inerte cuerpecito. –Cariño, todo va a estar bien, no te vas a tener que despedir. –Dijo besando su frente mientras sus lágrimas escurrían por inercia. –Estoy lista, ¿Qué necesitas?
-Necesito que hagas un hechizo para encerrar su corazón en su cuerpo, que nadie pueda sacarlo.
-Eso es sencillo me tomará un segundo y no lo haré hasta que me digas qué es todo lo que se va a hacer.
-Son varias fases, primero proteges el corazón en su cuerpo y lo unes al tuyo, van a quedar unidas para siempre, la desventaja de eso, como sabes es que no vas a poder sacarlo de tu pecho… vas a estar obligada a sentir por el resto de tu vida.
-Eso me parece demasiado tortuoso y exagerado, debe haber una forma de que las dos podamos dejar nuestros corazones en un frasco y ser felices.
-¿Vas a cuestionar a la mujer que trabaja ininterrumpidamente en la cura? Como te dije al inicio, es veneno no magia pero vamos a utilizar magia para la cura, lo que le está sucediendo a Emma es que se va a convertir en piedra por completo y en cualquier momento sencillamente se va a romper en mil pedazos y solo va a quedar polvo y se va a ir con el viento. –Dijo con exasperación. –Debes proteger su corazón y asegurarlo con el tuyo porque eso lo mantendrá vivo cuando el veneno empiece a llegar al resto de su pecho lo cual debería ser en unos minutos así que por favor ¿Podrías apresurarte y dejar de ser una perfecta cobarde? Estaré encantada de contarte a detalle la segunda y tercera parte de este complicado proceso del cual haré probablemente un libro. –Regina introdujo su mano derecha en el pecho de la pequeña y la izquierda en el suyo, sacando ambos corazones y con un conjuro silencioso que tornó por un instante sus ojos de un color ámbar los devolvió a su sitio, sin tiempo si quiera de admirar por primera vez a proximidad ambos músculos latir con tantas ansias.
-Ni siquiera se movió, ¿Estás segura que está bien? -Expresó ante la inercia, aun reponiéndose ella misma del evento.
-¿Tienes idea del dolor que esa niña ha fingido no sentir? Estoy segura de que sacar su corazón no fue nada. La siguiente parte debe ser más sencilla... En teoría porque nunca lo he intentado; se trata de restituir el sistema petrificado de Emma con la piedra hermana diluida en la cura para seres mágicos, Emma aún no es mágica por lo que esta no produce ningún efecto positivo en ella, todo lo contrario pero mezclada con la piedra hermana tiene un efecto potencializador y restituyente no probado pero muy alentador y si mis cálculos son correctos, que lo son, eso deberá sacarlo de su cuerpo, sin embargo, es también por eso que te pedí que la unieras a ti, tú puedes soportarlo pero la intensidad que va a correr por su cuerpo la va a matar, sólo su corazón funcionará y eso será gracias a ti, pero ella no podrá despertar.
-Estoy segura de que la tercera parte debe agradarme ¿Cierto?
-No, la tercera parte va a quitarte todo lo que te hace humana y se lo va a dar a ella para traerla de vuelta.
