Capítulo 8.

—Y pensar que hace un año estábamos en esta nave—comentó el doctor Banner al agente Coulson, admirando los mismos pasillos por los que había cruzado durante el incidente contra Loki. Coulson solo sonrió y lo llevó hasta la habitación principal, donde encontró al capitán Rogers, a la agente Romanoff, al agente Barton y a una mujer que nunca había visto, hablando con una técnica, la agente Morales, que de seguro a ella sí la había visto, pero la otra era una cara completamente nueva para él. Todos los mencionados se pusieron de pié en sus puestos y saludaron amenamente al doctor.

—¿Y tú eres…?—preguntó a la chica nueva.

—Svetlana Schubert—le dio una media sonrisa. —Soy nueva, entré hace poco—él asintió.

—Entonces, ¿me querían para analizar una muestra de sangre, agente Coulson?

—Sí, venga conmigo. Tengo a dos de los científicos más calificados, son jóvenes, pero ayudarán—dijo. —Por aquí—y lo guió hacía otra habitación.

Mientras tanto, Svetlana y Ali aún seguían hablando sobre las posibles ondas junto con Barton, dejando completamente fuera de su círculo a Natasha y Steve.

—¿Ya aprendiste a no molestarte con su presencia? —preguntó la pelirroja a la par de él. Steve solo frunció el ceño y pensó en qué responder, más nada salió de su boca en ese momento. No podía contarle cómo ella le había encontrado husmeando en los archivos de SHIELD. Eso era un secreto.

Como todos aquí.

—No vale la pena amargarme la vida con eso—habló finalmente, no queriendo dar más detalles.

—Pues, he pasado tiempo con ella y no es tan mala como crees.

—Lo sé, ya había hecho las paces.

—¿De verdad? —preguntó fingiendo sorpresa—Pues, no se te nota—dijo. —Ni a ella—murmuró más a sí misma evitando a Steve con la mirada. Él se volvió confundido hacia Natasha. —¿Qué?

—¿Tú qué insinúas? —quiso saber con la misma mirada.

—Nada… nada, excepto que sé que evitó todo el mes.

—Lo sabía—susurró y para el gusto de la mujer, sonó un poco enojado. Ella levantó una ceja, y le dio una mirada de ¿Qué demonios piensas? Él suspiró. —Creo que oculta algo—Natasha rió por lo bajo y negó.

—¿Qué no habías hecho las paces? —usó sarcasmo.

—Lo que trato de decir es que quizás siga tramando algo… o que sepa algo que nosotros no.

—Oh, vamos, Stevie—le dijo burlona. —Deja la paranoia a un lado. —se levantó de la silla. —Si ocultara algo, nos evitaría a todos—caminó hasta donde se encontraban Barton, Svetlana y la agente Morales para ponerse al día, dejando a Steve solo con sus pensamientos.

—Entonces está ocultando algo de mí—murmuró viéndolos a lo lejos. Se levantó también y fue hacía donde, él creía, estaría el doctor Banner investigando la sangre de uno de los agentes de HYDRA.

Según lo que sabía (porque Coulson se lo había contado y no ella), se había logrado hacer una réplica del suero que le había convertido en el héroe que era en HYDRA. En su camino, solo pensaba en lo que había leído sobre la historia de la ex agente de HYDRA; había sido muy dura su vida, entró cuando apenas era una niña en ese negocio. Muchas cosas leyó sobre ella, pero trató de suprimirlas porque consideró que no era apropiado conocer sobre la chica de esa forma. Lo que había hecho era imprudente y lo sabía, pero aún así, lo hizo. ¿Y para qué? Para conseguir esa información que Fury no quería contarle. Negó con la cabeza. Estaba desaparecido y ahora estaba secuestrado en quién sabe dónde, por obra de James Winderfield, o más bien, otro peón de HYDRA.

Tal vez me di cuenta de que estuve trabajando para alguien que al final, cavará mi propia tumba…

La voz de la chica sonó en su cabeza, pero no dejaría que se interpusiera en nada, porque debía averiguar todo. Y con todo se refería a todo. Encontró el laboratorio en donde Banner ya había estudiado el cetro de Loki antes, que por cierto también estaba perdido en alguna parte del mundo ahora, y entró, recibiendo las miradas de otros dos individuos presentes como si de un fantasma se tratara. Una mujer, que dejó de hablar, y un hombre, que parecían muy jóvenes como para ser científicos.

—Espero no interrumpir…—comentó.

—No, no, no, para nada—sonrió la chica. Él le devolvió la sonrisa, y ella juró por un momento que se derretiría ahí mismo, pero debía controlarse. Steve la observó. Era de piel blanca, de tez clara, cabello castaño y ojos grises. El chico era, igualmente, de tez clara, su cabello era castaño, un poco más oscuro que el de ella, y sus ojos eran marrones. A diferencia de la mujer, él lo veía como si fuese un ángel. De pronto el doctor Banner carraspeó y ambos salieron de su trance. —Jemma Simmons—se presentó ella.

—Leo Fitz—él se adelantó y le dio rápidamente la mano, a lo que Steve sintió que el pobre chico podría desmayarse en cualquier momento.

—Bien, como decía—habló Jemma regresando a sus cabales—no sabemos de dónde han robado los rayos vita, sí estudié muchas teorías sobre ello, pero hay que recordar que ellos eran necesarios para que el suero funcionase, sino han probado otro método que desconocemos totalmente.

—Yo no usé rayos vita…—comentó Banner.

—Tal vez eso fue lo que causó su… ya sabe—dijo tímidamente Leo.

—Claro—dijo Banner recordando con recelo cómo se había convertido en Hulk.

—Bueno, ¿y no recuerda nada de lo que usó para crear el suero? —preguntó el científico. Banner negó.

—Estuve adivinando en esos momentos, por lo que tengo entendido, el doctor Erskine no dejó ningún documento con instrucciones precisas para crear el suero—respondió.

—Él fue asesinado el día en el que se me fue inyectado el suero—intervino Steve. —No dejó absolutamente nada, como usted menciona. Lo único que yo puedo decirles es que los rayos vita estaban plasmados en una enorme capsula a la que fue internado en ese momento. Quizás por eso no funcionó con usted, doctor, además…

Otra interrupción. Svetlana se deslizó por la puerta metálica. Entró con paso decidido y se sorprendió repentinamente por la presencia de Steve, pero decidió que eso no la molestaría. Solamente lo ignoró, y llamó al doctor Banner, pero al instante Steve captó la "indirecta" y se disculpó para después salir de ahí.

¿Pero qué demonios? Pensó ella.

—¿Le sucede algo? —preguntó una Simmons confundida.

—Es muy extraño…—respondió Svetlana. —Y muy complicado. Como decía, doctor, ¿puedo hablar con usted? —preguntó. A lo que Banner asintió y los científicos comprendieron que necesitaban hablar a solas, así que salieron del lugar para dejarlos con su plática.


Cuando Steve salió del laboratorio, caminó y se reclinó en una pared por ahí, dentro de un pasillo, tratando de asimilar por qué demonios había salido de ahí de esa forma. No era que se lo tomara muy personal, pero en ese momento sí que se lo había tomado así. Qué estúpido fue eso, pensó. Debía demostrar menos sus sospechas, al menos de ella, porque los dos científicos y el doctor Banner seguro no sabrían nada de lo que estaba pasando entre ellos.

Se quedó en ese lugar por quién sabe cuánto tiempo, y escuchó unos pasos acercarse. Miró de reojo desde la pared para ver a la persona que caminaba ahí, y se dio cuenta de que era Svetlana. Tenía que terminar con todo en ese momento. Ya. Cuando ella pasó cerca, él la tomó rápidamente del brazo, impidiéndole que caminara más y ella solamente le dedicó una mirada de enojo y sorpresa a la vez. Steve estaba más que decidido a hacer eso.

—Deja de jugar con todos nosotros Svetlana, y dime, qué demonios estás tramando en este momento—le dijo decidido.

—¿Qué demonios? —inquirió confundida.

—No te hagas la mosca muerta conmigo y habla ya, ¿qué es lo que ocultas? —la chica abrió los ojos como platos.

—No estoy tramando nada—respondió con tono molesto. Estaba haciendo un enorme esfuerzo por no darle una patada al capitán. —Ya suéltame, ¿quieres? —quiso zafarse de su agarre.

—No te dejaré ir hasta que me digas qué sucede contigo—al igual que ella, Steve también se estaba enojando por su actitud.

—¿Conmigo? —usó sarcasmo. —¡Pero si tú eres el que me tiene privada de caminar en este momento! —elevó la voz. Svetlana forcejeó con él una vez más y después de unos segundos así, logró escapar. —Escucha, no tengo que ocultarte, no entiendo cómo vienes a mí de esa forma, porque si piensas que estoy aún con HYDRA, déjame decirte que no tengo nada que ver en eso y tanto como tú, también quiero ver caerlos a todos y cada uno de sus miembros por haber hecho esto—se refirió al ataque en donde el director había sido secuestrado. Ella trató de encaminarse otra vez hacía su destino, pero Steve le impidió el paso de nuevo y la arrinconó en la pared del pasillo.

—Aún así sé que hay algo que ocultas, como todos en esta organización—su nariz ahora estaba muy cerca de rozar la de Svetlana, quien no se inmutó ni por un segundo. Lo único que hacía era enojarse más y más a cada segundo. Y sí, él tenía razón, ella ocultaba muchas cosas ahora, pero no podía decirle absolutamente nada. Lo que contenía esa carpeta era confidencial y hasta ahora, sólo ella y la agente Hill, además de Fury, sabían que lo había ahí. Pero no. No cedería a contarle. Era demasiado.

—Te juro, Steve, que por todos los dioses de este mundo, no estoy ocultando ni tramando nada—dijo apretando los dientes. —Ahora, si no quieres que te deje estéril, más te vale que te quites de mi camino—habló mirándole a los ojos. A regaña dientes, él le dejó ir.

Svetlana le dedicó una mirada molesta, incluso Steve pensó que podía ver el infierno en esos ojos. Él la siguió, y ella se dio cuenta. Los pasos del hombre se escuchaban en el suelo de metal, y eso la hizo hervir la sangre. Ya estaba harta de todo lo que le había dicho, y debía prepararse por más. Svetlana entró en la sala principal del Helicarrier con Steve tras de ella y vio a la agente Romanoff, a Barton, al doctor Banner, Coulson, y sorprendentemente, la agente Hill.

—Wilson Fisk fue encontrado muerto en la base de HYDRA en Alemania—comentó la agente Hill. En las pantallas de las computadoras que quedaban después del ataque, se mostraron las imágenes en el momento en el que, otro ex jefe de HYDRA, era asesinado.

—Son los mismos agentes de la organización—habló Svetlana. Luego, la base explotó, dejando básicamente nada. Hill detuvo la cinta y se volvió a los presentes.

—Encontramos que, los hombres que los hermanos Winderfield habían contactado, eran socios con Fisk. Lo que aún no me explico es por qué ambos querían hacer negocios con ellos, si él era su jefe—continuó Coulson.

—Nos dijeron que querían dinero—intervino Barton. —Tal vez para recuperar las armas que se perdieron el día en que me enviaron por Svetlana.

—¿Para que querrían armas, teniendo a una de las fuerzas más grandes del universo? —intercedió Steve.

—Eso aún me da vueltas—susurró Natasha para sí misma.

—Esperen—habló por primera vez el doctor Banner. —¿Y si es Loki?

—Ya habíamos conversado con Fury de eso—respondió Steve.

—Espera, ¿hablaste con Fury? —se volvió Svetlana a Steve.

—Todos lo hicimos—explicó Clint.

—Todos, excepto yo—se molestó.

—No eres la única que oculta algo entonces—recordó Steve.

—¿Enserio quieres hablar de eso ahora? —se enfadó ella. Él se cruzó de brazos y encogió los hombros.

—No lo sé, ¿por qué no empiezas tú? Parece que eres experta en eso—dijo sarcástico.

—¿No querrás que te deje estéril ahora o sí, capitán?

—Uhh—gimió Clint. —Golpe bajo—susurró a Natasha. Ella solo negó con la cabeza porque sabía que se estaban portando como niños, mientras los demás solo observaban y se limitaban a sentirse incómodos.

—¡Ya basta los dos!—regañó la agente Hill y rápidamente, ambos recuperaron la compostura. —Debo irme ahora. Tengo un equipo listo desde hace horas para bombardear y atacar la base principal de HYDRA en Rusia. Sólo esperemos que Fury esté ahí porque aún no conocemos su paradero. Espero que pueda controlarlos, agente Coulson.

—Cuente conmigo, agente—asintió él, mientras la mujer dejaba la sala.

Svetlana salió de ahí (muy molesta por cierto) en cuanto pudo, el doctor Banner se retiró educadamente después del episodio de Rogers y la chica nueva, Barton se quedó ahí parado, y Coulson se encargó de organizar a los agentes desde ahí, mientras que Natasha se acercó a Steve muy confundida.

—¿Sigues paranoico? —preguntó, tratando de sonar inocente, Natasha. Pero a Steve no le hizo gracia, entonces salió muy molesto de la sala para calmarse, y escuchó de lejos a Clint queriendo saber qué le sucedía.

En su camino a su habitación, recordó lo cerca que había tenido a Svetlana en el pasillo. Pocas veces la había visto con el cabello suelto, la diferencia ahora era que admiró tan de cerca ese peinado y también su rostro. Sus ojos verdes aún seguían apagados, quizás por todo lo que había pasado en la agencia. Sí, se veía delicada; solo un poco, pero era muy fastidiosa. Nunca la vio tan enfadada e impaciente como hoy, pensó. Tampoco se había dado cuenta de lo bien que le sentaba la ropa particular. Oh, y los pantalones adheridos a ella, como si fuesen su segunda piel... de pronto, salió de su trance. ¿Cómo había llegado a pensar en una mujer de esa manera? Y peor aún, ella. Sí, ella. Al principio se sintió incómodo cuando apenas y le había disculpado por dudar de su persona, pero ahora no le interesaba. Volvió a lo mismo; ya no confiaba en ella.