Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, pero la historia es mía. Fruto de mi puño y mente.

Lo que está escrito en cursiva son conversaciones en la lejanía o conversaciones telefónicas.

Lo que está escrito "entre comillas" son los pensamientos de el/la protagonista.

En esta historia los personajes son humanos.

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Capítulo 8.

¿Amor?

El domingo me desperté a las diez de la mañana, gritando de nuevo, para no perder la costumbre Al principio, había dormido muy bien, lo que me había sorprendido a mi misma, pero al final había vuelto a soñar con el día en el que había perdido a mis padres.

Me levanté de la cama con calma, me vestí con vaqueros y camiseta y decidí ir a dar un paseo.

Había llamado a Emmett al día siguiente de instalarme en mi nuevo hogar y me había mandado un teléfono móvil. Había intentado devolvérseo, pero no me había dejado. Me lo había mandado de nuevo.

Cuando llegué al pueblo, fui a comprarme algo para desayunar y llamé a mi amigo con mi nuevo teléfono. Me dijo que estaba haciendo unos recados, pero que estaría conmigo en menos de una hora. Una hora que se me hizo un poco pesada, por no decir mucho.

- Madre mia! Estás genial! - exclamó Emmett en el momento en que se bajó del coche, en el aparcamiento del instituto. - Estás preciosa!

Abracé a Emmett, sonriendo. Aun no acababa de acostumbrarme a que la gente sintiera algún afecto por mí.

- Gracias.

- ¿Has engordado?

- Si. - dije, orgullosa. Apenas pesaba cuarenta quilos cuando había llegado allí. En una semana ya llegaba a los cincuenta, y no me molestaba nada coger un poco más de peso. - ¿Se me nota mucho?

- Se te ve mucho más sana. Y aun deberías engordar un poco más.

- Con calma. - dije, dándole un leve golpecito en el hombro.

- Se nota que las cosas te van mucho mejor. - dijo, sentándose a mi lado en el banco en el que le había estado esperando. - Y me alegro mucho.

- ¿Qué tal te va a ti? ¿Como está tu chica?

- Genial. Hoy ha quedado con su hermana.

- Guai.

- Cuéntame, ¿como va ese trabajo tuyo?

Le conté a Emmett todo, incluso lo que sentía estando cerca de mi jefe, lo que pareció hacerle mucha gracia.

- ¿Qué es lo que te hace tanta gracia? - exclamé, golpeándole de nuevo en el hombro, aunque ahora con más fuerza.

- Parece ser que te has enamorado.

- ¿Qué? ¿Amor? Eso no existe! - exclamé, poniéndome en pie, sintiendo como me sonrojaba. - No digas tonterías, Emmett.

- Nessie, va, siéntate y pensemos bien. - me cogió de la mano e hizo que me sentara de nuevo a su lado. - Aunque tu no creas en el amor, está ahí. Y si tu no puedes dejar de pensar en ese chico y te pones tan nerviosa cuando le ves, está claro.

- Tampoco pienso tanto en él. - mentí.

- Seguro que estás pensando en él ahora.

- No. - mentí de nuevo.

- Eres demasiado transparente. Aunque mientas...

- Bueno, vale, cállate ya. - dije, golpeándole de nuevo. - tal vez si que me gusta un poco, pero tiene una prometida y no va a poder haber nada entre nosotros.

- ¿Y eso por qué?

- Porque tengo dieciocho años y él veintiseis.

- Son ocho insignificantes años. - dijo, quitándole importancia al asunto. - Tuvo a su hija siendo muy joven.

- Si... Solo tenía...

- Tu edad.

- Si.

- Por lo que me has dicho, la niña te quiere mucho.

- Solo le caigo bien.

- Te quiere. - dijo, acariciando mi mano. - igual que yo.

- ¿Que dices? - exclamé.

- Como amigo. Ya sabes. Te quiero como amigos que somos. - dijo, poniéndose nervioso. No lo pude evitar y me puse a reír. - No intentes liarme.

- ¿Como estás haciendo tu conmigo?

- Yo no te estoy liando, solo te digo lo que hay. - dijo Emmett, poniéndose en pie, tendiéndome su mano. - Vayamos a dar un paseo. A ver si así te aclaras.

Iba a replicarle, pero sabía que iba a ser inútil. Solo iba a hacer que me diera aun más cuenta de lo enamorada que estaba de Jacob.

Paseamos por el pueblo cerca de una hora y fuimos hacia mi casa a comer.

- Me gusta mucho como tienes esto. - dijo, cuando comenzamos a comer los espaguetti que le había preparado. - Ya esta comida. Está riquísima.

- Gracias.

- De nada. Es la verdad.

- Aunque me gusta más esa otra. - dije, mirando por la ventana, hacia la casa en la que me había criado. - Recuerdo que cuando tenía doce años, me escapé del orfanato y vine aquí.

- ¿Para qué?

- Yo me crie en esa casa y siempre quise volver.

- El destino te ha traído de vuelta.

- Si...

- ¿Qué hiciste cuando te escapaste para venir? - preguntó. Parecía estar in teresado por mi historia.

- Me metí en mi antiguo dormitorio, me encerré en el armario y tallé mi nombre y el de mis padres con un cuchillo.

- ¿Vivia alguien aquí? ¿Te vio alguien?

- Una chica de unos veinte años. Me sacó del armario y me preparó un enorme tazón de sopa caliente. - dije, recordando en mi mente a aquella chica. - Estaba embarazada. Era muy guapa. Era como... Oh Dios mío. El bebé!

- ¿Qué?

Cientos de imágenes vinieron a mi mente. La chica, el bebé, los ojos grandes y castaños, las fotos... Oh Dios mío. El bebé era Jackie!

- Cuando vine aquí, los Black ya vivían en esta casa. - comencé a murmura, poniéndome en pie. - Yo... conocí a la mujer de Jacob.

- Renesmee, tranquila. - dijo Emmett, acariciando mi espalda. Me estaba abrazando. - Que el pasado no te impida vivir el presente.

- Esa chica me ayudó y me llevó de vuelta al orfanato. Habló con la directora e hizo que las cosas me fueran mejor. - dije, poniéndome a llorar. Una idea terrible estaba viniendo a mi mente. - Está muerta, Emmett. Está muerta y Jacob solo tiene una hija.

- Nadie ha dicho que esa chica murió en un accidente de coche.

- ¿Pero y si fue así? Yo la maté.

- No digas eso! - me abrazó aun con más fuerza, mientras que yo no podía dejar de llorar.

La idea de que la chica hubiera muerti por ayudarme, me partía el corazón. El simple hecho de pensar que por mi culpa Jackie era huérfana de madre... No podía seguir viviendo con esa familia a la que dejé sin madre y esposa, y sin el bebé que tenía que nacer.

Noté como Emmett me cogía en brazos y me llevaba a mi cama. Me cubrió con la sábana y se sentó a mi lado. Yo seguía llorando. No podía quitarme la imagen de la sonriente chica de la cabeza.

- Tú no hiz¡cizte nada. - dijo Emmett, acariciando mi frente. - No pienses más en ello.

- Pero... No lo puedo evitar.

- Sth... Duerme un poco.

- No quiero dormir. - dije, cerrando los ojos, viendo a mis padres sonreírme. También les sonreí. - No quiero tener pesadillas.

- Te despertaré si las tienes.

- Ojalá no se hubieran ido nunca.

- Me hubiera gustado conocerles.

- Te hubieran caído bien. Y tú a ellos. - dije, notando como empezaba a adormilarme.

- Duerme, pequeña Renesmee.

- No quiero...

- Yo te protegeré de tus pesadillas.

.-.-.-.

- Papá! Mamá!

- Sujetala. Aun no está del todo recuperada de su lesión en la clavícula.

Abrí los ojos, respirando agitadamente. Emmett me sujetaba por los hombros, mientras que Jacob acariciaba mi mano con una mano con una de sus manos, mientras que con la otra acariciaba mi frente. Volví a sentirme culpable por su mujer. La mujer que había amado y que seguro seguía amando.

- Lo siento. - murmuré.

- ¿Qué es lo que sientes? - preguntó Jacob.

- No le hagas caso. Solo está nerviosa por la pesadilla. - dijo Emmett.

- ¿La misma pesadilla de siempre? - preguntó Jacob, mirándome a los ojos. Asentí con la cabeza. - No pasa nada. Ya estás aquí, conmigo.

- Si...

- Bueno... Yo ya me marcho. - dijo Emmett. Le miré, ya estaba en la puerta. - Te llamo mañana.

- No te vayas, Emmett, por favor.

- Ya tienes a tu lado a quien necesitas. - me guiñó un ojo y se marchó.

Me quedé tumbada, mirando hacia la puerta, por la que se había marchado Emmett. Cuando miré a Jacob, me di cuenta de que nuestras manos seguían unidas. Me sonrojé.

- ¿Te encuentras bien? - dijo, mirándome a los ojos.

- Si. Ahora si.

- Me alegro mucho.

- ¿Donde está Jackie? - pregunté, intentando cambiar de tema.

- En casa.

- Habeis llegado pronto del parque de atracciones.

- Leah no se encontraba bien. - dijo, apartando la mirada.

Se puso en pie y fue hacia la ventana. No dijo nada más. Era como si estuviera pensando en algo. Me puse en pie y me situé a su lado, también en silencio. Leah estaba en el jardín, riendo y hablando por el móvil. A mi no me parecía que estuviera enferma, pero no le dije nada a Jacob.

- Para un día que puedo estar con mi hija...

- Seguro que Leah ya se encuentra mejor.

- Si es que se ha encontrado mal en algún momento.

- ¿Crees que ha fingido? - pregunté, mirándole.

- Empiezo a creer que no le gusta mucho que tenga una hija.

- Podrías haber tenido dos. - murmuré, volviendo a la cama, en la que me senté.

- ¿Como sabes tú eso?

- ¿El qué?

- ¿Como sabes que podría haber tenido otra hija? - Jacob estaba delante de mí. Le miraba los zapatos, ya que no me atrevía a mirarle a la cara. - Responde.

- No... No lo se...

- ¿Entonces por qué diablos has dicho eso?

- No lo sé. - dije, reprimiendo las lágrimas. - Lo siento mucho. No sé porque he dicho eso.

- No me mientas. No en esto.

Estaba tan serio que me daba miedo levantar la mirada.

- Renesmee...

- No lo sé. - grité, cubriendo mi rostro con mis manos. - Lo siento mucho, yo no queria. No quería que le pasara nada...

- ¿Qué? - sentí como me cogía por las muñecas. - ¿Qué es lo que has dicho? - levantaba la voz y yp aun lloraba con más fuerza. - ¿Qué es lo que has dicho? - repitió.

- Ella me ayudó cuando yo tenía doce años. - Quería soltarme de sus manos, pero no me dejaba. - Yo no quería que le pasara nada.

- Tú eres la niña del orfanato.

Jacob me soltó y de alejó de mí. Levanté un poco la vista y vi como iba hacia la puerta. Se quedó unos segundos ahí, quito, aunque se marchó a los pocos segundos, sin mirar atrás.

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