-Parece un gran trozo de carne asándose
El Hammer Head ahora era un gran pedazo de fierros retorcidos por el fuego, pero aun había algo que no habían considerado. El fuego se extendió hasta llegar al Core. Al tocarlo, se desencadenó una reacción en el interior de este, provocando una enorme explosión que creó una ola de arena.
Thomas y Van estaban a una distancia relativamente cerca. No pensaron en que esto podría pasar, así que no vieron la necesidad de alejarse. La explosión los tomó por sorpresa. Aunque intentaron escapar, la ola los alcanzó, sepultándolos bajo varios metros de arena. Pasarían varios minutos para que el polvo y la arena levantada se despejaran y el panorama volviera a la normalidad.
Parte de la arena comenzó a moverse, hasta que el brazo de Thomas salió a la superficie y rápidamente buscó el lugar donde estaba su cara para retirar la arena que había sobre él, ya que se hacía cada vez más difícil el respirar. Van hizo lo mismo. Ambos yacían en el suelo solo con sus caras descubiertas y mirando al cielo.
-¿Estás bien Thomas?
-Sí. Por lo menos aun siento mi cuerpo
-Sí, yo también me siento completo. – Respondió Van - Será mejor que salgamos de aquí.
Con algo de trabajo lograron salir y sacudirse la arena del cuerpo. No pasaron muchos minutos para que se dieran cuenta en la situación en la que estaban
-Y ahora como saldremos de aquí. El Hammer Head está destruido y no tenemos un radio – Thomas se sentó en la arena cruzado de brazos.
-Ya vendrán por nosotros, al darse cuenta que no hemos llegado a Guylos, nos buscarán, solo es cuestión de tiempo.
-¿Pero y si todo fue una trampa desde el principio y no nos esperan en Guylos?
-Le dije a Fine que le llamaría constantemente, cuando eso no suceda vendrán a buscarnos.
Thomas intentaba ver las cosas un poco más negativamente – Podría pensar que estamos ocupados y por eso no te comunicas con ella. Cuando por fin se preocupe y llame a Guylos para preguntar por nosotros y no sepan de nuestro paradero, entonces es que mandarán equipos de búsqueda. Para eso podrían pasar muchos días y no tenemos tantos, no tenemos comida ni agua.
La situación no era esperanzadora. La hora del incidente fue cerca de las 6:00 de la tarde y a pesar de la hora, el sol en el desierto calentaba como un horno. Se sentaron a la sombra de unas rocas que estaban cerca, pero aun así el calor era insoportable. El sudor corría en la cara de ambos como pequeños arroyos.
-Tengo hambre... tengo mucha sed
-Yo también... si no como algo moriré... – el estómago de Thomas gruñía y se escuchaba como una pequeña estampida de Dibisons.
-Rayos, sin saber dónde estamos no podemos intentar ir a algún lado. Nos perderemos más de lo que ya estamos. Además, si no encontramos rápido el pueblo o lo que sea que busquemos, moriríamos deshidratados.
-Van, no recuerdo haber visto un solo pueblo mientras sobrevolábamos el desierto. Pronto oscurecerá, será mejor prepararnos para pasar la noche.
Los dos hombres buscaron entre los escombros del Hammer Head algo que les pudiera servir para pasar la noche o para construir algo que les permitiera avanzar más rápido por el desierto. Lo único que encontraron fueron fierros retorcidos.
Cerca de las 7:00 de la tarde ya no hacía tanto calor, pero eso era lo que temían. En el desierto, por el día se puede sentir un calor que te quema, pero por las noches el frío puede llegar a congelarte.
Thomas desvió su mirada al horizonte, solo para encontrarse con un atardecer de lo más bello. El cielo y las nubes estaban teñidos de color rosa y naranja. Era tan reconfortante y pareciera que la naturaleza le había dado un último regalo antes de morir en ese desolado lugar – Como quisiera estar en Playas del Sol.
-¿Que dijiste Thomas?
-Nada Van, es solo que estoy… - Bajó un poco la cabeza y alcanzó a divisar una silueta algo borrosa por el efecto del sol. Le comentó a Van lo que estaba viendo y con unos pequeños binoculares lograron tener una idea más clara de lo era. Esa imagen comenzó a acercarse y a volverse más nítida. Era nada menos que el Lightning Saix aproximándose a toda velocidad.
Habiéndose acercado lo suficiente, Van y Thomas le hicieron señas. El zoid bajó la velocidad hasta detenerse completamente frente a ellos, se abrió la cabina y saltó de ella la joven Rebecca.
-¿Cómo nos encontraste? – preguntó Thomas
-Minutos después de que se fueron, un soldado le pidió a la tía Moonbay recoger un cargamento en un pueblo cercano. Yo me ofrecí a escoltarla. Cuando íbamos de camino, pudimos ver la señal del Hammer Head en nuestro radar por unos momentos y luego desapareció. Pensamos que sería normal y que solo había salido del rango, pero tiempo después vimos una columna de humo a lo lejos. Subí en el Lightning Saix para adelantarme y ver que estaba pasando y aquí estoy.
-Así que Moonbay viene en camino ¡Genial! ¿Cuánto tiempo crees que tarde en llegar? – Van dio un salto de alegría
-Considerando la velocidad de Gustav, tal vez una hora o más.
-Tendremos que esperarla aquí a que llegue con Gustav, prepararé una fogata – Thomas se preparó a recolectar lo necesario para encenderla
-Oh… - a Rebecca se le había ocurrido una "brillante idea" – podemos irnos todos en Lightning Saix. Estaremos algo incomodos, pero así llegaremos con la tía Moonbay más rápido.
Habiendo desechado la idea de Rebecca, Thomas y Van se prepararon a crear una fogata con lo que habían encontrado en el Hammer Head, ya casi oscurecía. De pronto, el radar del Lightning Saix comenzó a sonar desenfrenadamente. Rebecca corrió a la cabina para encontrarse con varias señales de objetos que se acercaban a su posición.
-Algo no está bien – se escuchaba en la bocina exterior del Saix – hay demasiados objetos en el radar. Iré a investigar
-¡Ten mucho cuidado Rebecca! - Van le hacía señas con una mano
Rebecca se alejó unos cuantos cientos de metros pero era muy extraño no ver nada aun cuando el radar le indicaba lo contrario. De pronto se vieron envueltos en todos estos objetos extraños.
-¡Cuidado Thomas! – un zoid salió de la tierra para atacar a los únicos desprotegidos que se encontraban ahí. Van empujó a Thomas lejos y el zoid misterioso de nuevo se escondió bajo tierra – ¡Rebecca! ¡Son Heldigunners! Están bajo tierra, ¡ten mucho cuidado!
-Pero si son cerca de 20… - miraba boquiabierta el radar.
-Debe ser una tropa de reconocimiento. Tal vez las siguieron mientras nos buscaban– argumentaba Thomas.
Los zoids tipo iguana comenzaron a movilizarse.
-¡Rebecca, no podrás sola! Rayos si tan solo tuviera mi Dibison
Rebecca se preparó para enfréntalos sola. El enemigo empezó cercándola. Cinco de ellos trataron de cerrarle el paso, pero para evitarlo, disparó sus cañones justamente al frente y avanzó a toda velocidad entre ellos para así abrirse paso. Logró derribar a uno pero aún quedaban 19 más.
-¡Son sleepers! – Trata de advertirle Van – ¡No pararán de atacarte!
Una vez más se escondieron en la tierra, se dirigieron a ella y no le dejaron otra alternativa más que hacer lo que sabe hacer bien: correr. Para alejarlos de donde estaban Van y Thomas, corrió sin un rumbo y el plan funcionó. Los Heldigunners la siguieron de muy cerca bajo la tierra. Ella necesitaba que salieran de donde se escondían para poder atacarlos. Se le ocurrió una idea, correr en círculos, intercalando sus giros entre muy abiertos y muy cerrados y tratar de alejar a uno solo de ellos, para así cuando ella se detuviera súbitamente, el zoid enemigo tratara de atacarla, y Rebecca lo esperaría con su par de cañones.
-Si sigue así, tardará mucho en derribarlos – comentaba Thomas
-Pero su plan es más seguro para ella y para nosotros.
El plan estaba dando buenos resultados, aunque a muy largo plazo. Unos 20 minutos después de haber iniciado el combate, solo había derribado a la mitad.
-Tontos zoids, no se dan cuenta que he estado jugando con ellos. Pero si fuera más hábil ya hubiera terminado.
A pesar de ser sleepers, después de un largo tiempo de procesamiento pudieron entender las intenciones de la joven y ya no cayeron en la trampa. Al momento que ella esperaba a que uno de ellos saliera de la tierra para atacarlo, como había estado haciendo, un par más de Heldigunners aparecieron por detrás y le dispararon. Debía confrontarlos cuerpo a cuerpo. El lighthning Saix está dotado de afiladas garras en sus patas delanteras con las que puede dañar las armaduras de sus enemigos, Rebecca las utilizó a su favor para sacar de combate a ese par. Mientras tanto, otros dos se enfilaban para atacarla desde los costados. Pudo verlos con las cámaras externas y de un salto los esquivó. Estos volvieron a esconderse en la tierra.
-Estoy muy cansada y me faltan 8, ojala la tía Moonbay llegue pronto.
En un arrebato de coraje porque después de un buen tiempo ya no era capaz de engañarlos, la joven comenzó a intimidar a los Heldigunners, cavando en el suelo, tratando de descubrir donde estaban. A lo lejos tres de ellos comenzaron una carrera hacia el Saix. Rebecca tenía la intención de esperarlos hasta que estuvieran muy cerca para abrir fuego contra ellos.
De pronto, la voz de un hombre se escucha por la radio – ¡Atrás de ti, niña!
Rebecca no se dio cuenta que era una trampa, pero la voz de aquel misterioso hombre la hizo reaccionar para escapar del ataque seguro de dos de los zoids enemigos que se acercaban por detrás, saltando a un costado y alejándose. Detrás de una pequeña colina apareció un Red Horn sin emblema o insignia de pertenecer a alguna de las naciones en guerra. Este se preparó para disparar y, utilizando los múltiples cañones de los que dispone, derribó de un solo tiro a seis de los 8 Heldigunners. Los dos que faltaban salieron de su escondite bajo tierra para atacar al nuevo adversario, pero Rebecca ya los esperaba con sus cañones y fueron eliminados.
Contenta, la joven se dirigió a donde estaban Thomas y Van a festejar con ellos. Aprovechando el momento, el conductor del Red Horn intentó escapar sin que nadie se diera cuenta.
-¿Vieron? Pude hacerlo
-Así es, pero de no haber sido por el conductor del Red Horn no hubieras podido escapar ilesa de ese último ataque. –le comentó Van
-¿Red Horn? – La adolescente se rascaba la cabeza – Es cierto, escuché una voz en el radio que me advirtió, iré a agradecerle.
Pero el Red Horn no estaba ya a la vista. Eso no sería problema para el zoid tipo guepardo que con su velocidad alcanzó al zoid rojo que no estaba muy lejos de ahí.
-Hola, quiero agradecerte por haberme ayudado con esos Heldigunners. – Pero el conductor no le hizo caso y siguió avanzando.
Rebecca intentó acercarse más – ¿Podrías ayudarnos un poco más? Tuvimos un problema con un Hammer Head y… - a lo que recibió solo silencio en el radio. Como una punzada en la cabeza, no pudo dejar que un presentimiento la abordara. Ante la actitud del piloto y siguiendo su corazonada, se adelantó y le cerró el paso – ¡Oye! ¿Quién eres? Tu voz creo conocerla. – Pero el zoid no se detuvo. – ¡En nombre de la Fuerza Guardián, te ordeno que te detengas!
El conductor se detuvo. Lentamente comenzó a dar vuelta y colocó la cabina del Red Horn lo más cerca posible del suelo. Para esto, Rebecca, aun sorprendida de que hubiera funcionado mencionar que pertenece a la Fuerza Guardián aunque no fuera cierto, ya había bajado del Saix. A lo lejos podía verse a Van y Thomas acercándose a pie a ver porque la chica tardaba en regresar. El piloto bajó de la cabina. Aún era oscuro pero podía verse levemente el rostro. Lo cubría una especie de pañuelo y solo podían verse unos ojos azul grisáceos. Al levantar el rostro y retirarse el pañuelo de la boca, Rebecca pudo ver quién era el misterioso conductor y no pudo tener otra reacción más que de asombro.
-Es imposible...No... No puedes ser tú... ¿Papá?
