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El amor es…
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Dolor físico, mental, emocional… cuántas clases hay. Las personas susceptibles tienden a tener un rango del dolor menor. Las fuertes, dicen que aunque tengan ésa apariencia intachable son las que más necesitan ayuda ante el dolor. En fin, fuertes o no fuertes siempre estamos expuestos al dolor. Siempre nos dolerá una despedida, una traición, una decepción. ¿Pero sabes? El dolor es algo muy subjetivo. Pensar en él lo agrandará, lo esparcirá, y no lo dudes, te consumirá en cuestión de poco tiempo. Es el peor cáncer que puede invadirte.
¿Sabes cómo reaccionar ante el dolor? ¿Dejarlo sacar o ignorarlo para que desaparezca? Te diré algo, el dolor sí desaparece. Su mejor amigo es el tiempo. No se sabe cuánto, porque no hay calendario para el dolor, pero sí para las decisiones.
Decídete a dejar de llorar por algo o por alguien, lo lograrás. Proponértelo es hacerlo, los que no pueden dejar de abatirse, es porque se aferran a seguir así. Quizá puedes pensar: ¿Pero a quién le gusta sufrir? ¡Es absurdo! Te diré algo, el dolor siempre estará presente en nuestras vidas. No podemos evitar que algo nos lastime y nos duela. Es algo natural e inevitable, y hay que darle su tiempo para curarnos. Sin embargo, el sufrimiento solamente lo creas tú. Te dolió que te mintieran, que te engañaran… ¿Sufrirás por eso? ¿Cuánto tiempo? Es una decisión. Tú la creas, o tú la destruyes.
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"Es dolor"
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Unos cuantos días más y sería Navidad. Las tiendas estaban abarrotadas de mercancías y descuentos, de gente y de regalos. En algunos países, la Navidad se celebra con a familia y amigos como tradición. En Japón, es una fecha más "romántica" para pasarla con tu pareja o la persona que te gusta. Esto tiende a formar cierta incomodidad en quienes no tienen ésa pareja, una imposición social que resulta negativa para algunos, y maravillosamente esperada por otros.
Serena tenía pareja. Era de esperarse que perteneciera al segundo grupo, al grupo de los que espera con ansia la Navidad para cocinarle a su amado y tejerle una bufanda o un suéter.
La idea le parecía ridícula.
Para ella, la fecha esperada sería el encuentro con su novio, con el que acababa de pelear y estaba un poco resentido por la distancia que había entre ellos. La princesa pensaba que ésto era algo injusto, puesto que ella no había elegido que él se marchara a otro continente a superarse profesionalmente y luego sufrir las consecuencias de ésa decisión.
Aún con todo ésto, quería y necesitaba verlo.
Miró el aparador lleno de guirnaldas de luces y suspiró. Tenía ya el regalo de Mina y de Amy, estaba un poco indecisa entre el de Rei y Lita. Había visto una corbata perfecta para Darien, le quedaría muy bien. Sin embargo, aún no había elegido el de Seiya. Había buscado en varias tiendas y almacenes y simplemente no sentía que pudiera obsequiarle nada de lo que encontraba ahí. Su ahora recién distante amigo le intrigaba. Le había marcado varias veces en la semana y nada. Le devolvió un mensaje de texto muy simple, diciendo que estaba ocupado, que se verían el fin de semana. Quién sabe qué pasaría. Cada vez le resultaba más difícil no ir a buscarle personalmente y reclamarle ésta dolorosa indiferencia. Ahora comprendía a Mina, no era nada agradable que te ignorara la persona que más quieres.
Momento.
La persona que más… bueno, había que admitir que Serena sí le quería mucho. Pero no sabía si era al que más quería, o más bien, se auto convencía de que no era así. Era su mejor amigo, entonces dentro del rango de los amigos, sí era al que más quería.
¿Y sí existen rangos para medir a las personas?
Ése día se habían quedado de ver en casa de Rei para comer, era la una de la tarde. Tenía casi dos horas para seguir buscando el regalo del chico Kou, era en lo que más le convenía pensar ahora. Se metió a la treintava tienda que llamó su atención, siendo acaparada inmediatamente por las vendedoras.
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Seiya cerró la puerta tras de sí como si pesara cien kilos. Yaten y Taiki estaban ahí, huyendo del frío y de las fans navideñas. Él se dejó caer en su sillón habitual, después de haberse quitado la chaqueta.
—¿Ya vas a contarnos lo de Mya? —preguntó indiscretamente Yaten, solo para mosquearlo.
Taiki miró un momento a Yaten, y luego le dijo a Seiya:
—A nosotros Mya no nos quiso decir nada, Seiya. ¿Todo está bien?
—Seguro. Está fabuloso, está tan grandioso que mírame derrochando alegría —farfulló él sentándose —. No sé qué hacer, he huido de Bombón como un idiota sólo para no contárselo. Y al final creo que tendrá que enterarse.
—Bueno, eso no estaba en tus manos —dijo Yaten —. No tienes porqué sentir responsabilidad.
—Creo que de algún modo la alenté —explicó Seiya —. No sé, no lo entiendo en verdad. Sólo nos vimos una vez, si hablamos cinco minutos fue mucho. Y no terminó precisamente en algo agradable...
—Qué raro, porque Mya sí es agradable —se burló Yaten a propósito.
—¿Qué piensas hacer? —preguntó Taiki.
—Debo decirle a Bombón la verdad. Que ella fue la chica que Kakyuu eligió para mí como esposa, pero que no tiene nada que ver con lo que vaya a pasar conmigo y el futuro.
—No entiendo, ella no tendría por qué molestarse. Después de todo sólo son amigos —recalcó Taiki —. Sería incongruente que te lo reclamara ¿no? Cuando ella misma tiene su vida marcada con Darien.
Seiya bajó la vista al piso.
—Mya dijo que Serena no pudo ocultar desagrado por su llegada —murmuró Seiya—. Eso me ha hecho pensar cosas. Cosas que no me agradan, es otra vez cómo en aquella ocasión, la primera vez que la conocí. Y no he dejado de tener ésos sueños… creo que me necesita.
—Pero tú no eres benefactor de la sociedad, Seiya —le dijo Yaten crudamente —. Eres su amigo, y por tanto también mereces su apoyo y afecto.
—Lo tengo…
—¿Crees que es recíproco? —inquirió Taiki.
Un momento después, Seiya contestó:
—No lo sé, con Serena todo es incierto y confuso. Todo lo que gira alrededor de ella es maravilloso y terrible al mismo tiempo. Como una adicción que no me puedo quitar y tengo… tengo miedo que sólo sea una obsesión, un capricho...
—Pero sí tú le has ofrecido tu afecto desinteresadamente —objetó Yaten —. Eso no es un capricho. ¡Ella es la caprichosa! Te quiere a ti y a Darien al mismo tiempo, no me parece justo.
—No creo que sea así —opinó Taiki, siempre tan objetivo —. Quizá en verdad te quiere como un hermano, Seiya.
—Eso puede aclararse cuando le des una oportunidad a Mya —propuso Yaten, dándole otro sentido a las cosas — Aún no puedo creer que la rechazaras, ¡Serena es tan sosa!
—Sosa o no, yo la quiero —le dijo Seiya lo más calmado que pudo —. Quizá algún día te pase así, Yaten y vas a saber que uno no elige de quién se enamora.
Él se rió con descaro.
—Eso es completamente absurdo —alegó negando la cabeza —. Cada quién puede decidir con quién estar. No estamos marcados por un hilo invisible que nos unirá un día, como dice la leyenda japonesa. Cada quien busca sus gustos y en base a eso forma una relación.
—Mira eso, ¿lo dices por tu nueva novia? —preguntó Taiki levantando las cejas con incredulidad.
—No es mi novia —puso en claro —. Sólo estamos saliendo —definió.
—A ver, espera un momento —detuvo Seiya con una mano al frente —. ¿Estás hablando de ésa chica del instituto de teatro? ¿Estás bromeando? —preguntó inverosímil.
—¿Es linda, no?
—Sí, sí —aceptó —. Pero ese no es el punto. Quiero decir: ¿En verdad te sientes tan atraído por ella? ¿Te imaginas una vida a su lado y...?
Pero Yaten no le dejó continuar.
—No imagino nada Seiya, tú todo lo llevas a un plano muy personal y etéreo. Soy muy joven, sólo estoy divirtiéndome, no me gusta complicarme la vida. Y tú querido amigo, deberías comenzar a hacer lo mismo.
—No puedo andar con Mya sin sentir algo —dijo rotundamente.
—¿De verdad esperas las mariposas al contacto, y los flechazos cuando la veas? —dijo Yaten, escéptico —. Vaya, sabía que eras cursi, pero eso es dejar a Shakespeare como un patán. Quién te viera haciéndote el rudo y resulta que eres un romántico empedernido...
Pero Seiya se defendió.
—Prefiero no engañarme a mí mismo, y no perder el tiempo —dijo Seiya —Es absurdo, e injusto para Mya.
Ahí terminó la conversación Kou, porque ninguno de los tres se iba a poner de acuerdo, ni tampoco habían tratado de descifrar que pasaría. Así que prefirieron darle la mejor de las suertes a Seiya, que no tardaría mucho en decirle a su Bombón que estaba pasando en realidad.
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La casa de Rei estaba acogedora y caliente. Serena aún no había llegado, pero como sabían de la constante impuntualidad de la princesa no la esperaron para comenzar el té, aunque aún no comenzaban a comer. Rei se alegró mucho de verlas, al parecer la pasada discusión había quedado atrás. Sobre todo, le interesaba mucho ver a Serena, con quien menos había hablado últimamente.
—¡Ya casi es Navidad! —se ilusionó Lita dejando su taza en la mesita habitual que solían sentarse, en el recibidor del templo de Rei —. No puedo creer que el semestre se haya ido tan pronto.
—¿Todo eso nos vamos a comer? —preguntó Mina con horror, al ver las cuatro cacerolas que estaban llenas de sopa y guisos — ¡Es demasiado!
—Claro que no, de hecho está muy bien proporcionado para cinco personas —dijo Amy calculándolo inmediatamente.
—Recuerda que estoy a "dieta" —recordó Mina haciendo la típica seña de comillas con los dedos —. ¿Quieres que suba lo poco que he perdido?
—Verdad, no te lo había dicho pero estás demasiado delgada —comentó Rei —. ¿No estás enferma?
—Sí.
—No.
Amy y Mina contestaron al mismo tiempo. Amy la miró con desaprobación, y la rubia solo sonrió inocentemente.
—No tengo nada, ya sabes que Amy es muy exagerada.
Lita negó con la cabeza, sabiendo que de nada serviría decir algo al respecto. Al poco rato Serena llegó congelada, pero feliz de verlas.
—¡Rei! Tenía tantas ganas de verte —saludó tomándole las manos.
—Lo mismo digo —contestó ella sinceramente —. Pasa, que estás helada.
Serena les contó la odisea que era en éstos momentos los centros comerciales, y la eternidad que se había tardado en encontrar los regalos.
—¡Y aún con todo eso, me falta uno! Ha sido muy difícil encontrarlo, no sé si tenga oportunidad de hallar algo idóneo.
—Darien estará contento con cualquier cosa, porque le pusiste mucho esfuerzo —dijo Lita —. ¡Debe ser muy difícil encontrar el regalo perfecto para tu novio!
Serena se calló, y después de pensarlo unos segundos, contestó:
—De hecho ya tengo el suyo. Fue de los primeros que encontré —dijo ella sin mirar a nadie.
No creyó que su respuesta fuera a dar algún efecto, hasta que Rei le pidió acompañarla a la cocina, a servir los platos.
—Serena ¿Para quién es el regalo que estás buscando con tanto ímpetu?
La princesa miró a su amiga, que servía el humeante guisado como si nada, pero sus ojos estaban muy serios. Serena se comenzó a poner nerviosa, Rei era al parecer la más perceptiva para sus actitudes y para sus mentiras.
—Pues…
—Es para Seiya ¿verdad?
La rubia trató de asentir con normalidad, pero Rei no se la tragó.
—Ya sabes cómo es —le dijo fingiendo cierta molestia —. No le gusta cualquier cosa, y pues no quiero que me lo eche en cara después. Ustedes son más fáciles porque conozco sus gustos, igual que los de Darien. Con Seiya me cuesta un poco de trabajo porque pues… no sé. ¡Ya sabes, las estrellas son muy exigentes para algunas cosas!
Y rió, pero salió tan forzado que Rei no se lo tragó.
—Seguro algunas lo son —. dijo Rei por contestar algo, porque en el fondo sabía que famoso o no Seiya era sencillo ante lo material —. ¿Y qué le compraste a Yaten y Taiki?
—A-aún nada...
—Pero vas a comprarles algo ¿no?
—¿A qué va todo esto Rei? —se impacientó Serena —. ¿Qué más da cuales haya o no comprado o quiera comprar? No te entiendo a qué vas.
—Yo no entiendo por qué no puedes contestarme algo tan simple —dijo Rei continuando con la faena del servido —. Sabes cómo terminaron las cosas con Seiya. Darien es paciente, pero no creo que le agrade la idea de que le hagas regalos navideños.
—Es mi mejor amigo —defendió ella —. ¡Él lo sabe! ¡Ni siquiera él me ha reclamado como tú lo haces! Es tan ilógico…
—Entonces las cosas con Darien van muy bien —contraatacó Rei.
—Lo están —mintió Serena lo más segura que pudo, incluso tratando de parecer molesta por la pregunta —. Mejor que nunca,vendrá a verme en Navidad.
Rei afirmó con la cabeza, a pesar de que algo no le convencía.
—Creímos que solamente se lo enviarías por correo —comentó. ¡Pero qué gusto que venga! Sólo… quiero pedirte un favor, Sere. No te hagas la ofendida, sabes que es la verdad.
—De acuerdo —accedió —. ¿Qué cosa?
—Sólo no machaques a Seiya contra la puerta, ¿sí? —pidió Rei, y puso una mano sobre su brazo—. Él es un buen amigo, y todos le apreciamos. No quisiera que se repitiera la historia.
—Créeme, es la última persona a la que querría dañar —le aseguró Serena con los ojos humedecidos —. Antes me lastimaría yo misma.
—Tal vez ya haces —le dijo la pelinegra ladeando la cabeza —. Vamos, que nos están esperando.
Las palabras de Rei retumbaron en la cabeza de Serena durante toda la tarde, aunque se abrieron conversaciones divertidas y se rió, salió el tema de la obra musical de Mina y las cosas se pusieron tensas, aunque Lita habló de la grandiosa cena de Navidad que prepararía en un programa de TV y a todas se les antojó, las palabras de Rei siguieron presentes como si se las hubieran tatuado en la cabeza. "Sólo no machaques a Seiya contra la puerta, ¿sí?".
—¿Y qué vas a darle a Taiki? —quiso saber Lita, haciendo que la peliazul se le subieran los colores en un segundo.
—¡Nada! No tendría por qué darle algo.
—Por favor, Amy —saltó Mina —Ya es aburrido ése rollo de la negación, y que somos amigos, y el estudio, y blah blah. Sólo acéptalo y dejaremos de hostigarte.
Amy no respondió, pero como tampoco lo negó, todas entendieron perfectamente.
—¿Una chaqueta? —consultó Rei.
—¿Una loción? —preguntó Serena.
—¡Una billetera! —propuso Mina.
—Oh, tal vez vas a hacerle una cena especial —inquirió Lita.
—¡NO! —se desesperó Amy, más colorada que un semáforo —. Nada de éso. Sólo…
—¿SOLO QUÉ? —atacaron todas al mismo tiempo.
—Un libro.
Serena y Mina casi se fueron de espaldas, y Lita y Rei pusieron una cara de decepción evidente.
—Vaya, aunque parece que las cosas cambien en verdad no cambian nadita —dijo Mina.
—Hace mucho frío —habló Lita después —. Pero deberíamos de ir a dar una vuelta por ahí. ¡Tiene mucho que no salimos las tres juntas, y fuera hay tanto que ver!
—Coincido —Rei se levantó por su abrigo —. Vamos a tomar un café o un chocolate afuera.
Cuando salieron a la helada calle, a pesar del frío había muchas personas paseando. Las chicas recorrieron algunas de las mismas tiendas que Serena ya había recorrido con anterioridad, bebieron el chocolate y muchos dulces, y se instalaron en una banca de la plaza central. Serena recorrió con la mirada a las personas que estaban sentadas por ahí: Algunos comían almuerzos hechos por ellos, en especial las parejas. Sacó su celular inútilmente para ver alguna llamada, que permanecía tan como mudo como desde hace una semana. El corazón le dio un vuelco cuando pudo ver a un chico de cabellos negros, estaba sentado justo frente a ellas, estaba acompañado de una muchacha de cabellos castaño claro.
Seiya estaba con la chica de nuevo ingreso, Mya, y al parecer se disponían a almorzar o algo parecido. Sin percatarse realmente de lo que hacía, se levantó súbitamente.
—Ésto no era necesario —se apenó Seiya —. Además no tengo hambre.
—Pero si ya es la hora de la comida, además yo misma lo hice — le sonrió la chica —. Aquí le llaman tepanyaki ¡Mira, está delicioso! Prueba.
—Mya, vine porque me dijiste que había algo importante de qué hablar, no me dijiste que pretendías una cita —dijo Seiya apartando su mano, que tenía en los palillos un poco de comida.
—Pero también era una comida —aclaró ella —. Anda, solo un poco.
—No, gracias —insistió, porque comenzaba a incomodarse.
Serena pudo escuchar todo mientras avanzaba. La muchacha cada vez estaba más cerca de él, dándole de comer como si fuera su novio. Algo dentro de ella se había formado como una olla de presión, sumada a la indiferencia de Seiya y el desagrado poco fundamentado que sentía por la alumna nueva. Él seguía resistiéndose con formalidad, y aunque escuchó a sus amigas que la llamaban detrás, no le importó. ¿Por qué se atrevía a hacer eso? ¿Quién demonios era ella para tenerle tanta confianza... ¿Y qué no le había escuchado ya lo que había dicho? ¡Qué ofrecida!
Cuando vio a Mya tomarle la mano, la olla explotó.
—¡Ya déjalo! —le gritó Serena, obligándola a soltarlo. Seiya se giró completamente sorprendido de verle, Mya simplemente le miró fijamente. Pero Serena no se detuvo ahí —. ¡No lo toques!
Y de un manotazo, tiró el recipiente que contenía la comida. Haciendo un verdadero desastre en el suelo.
Seiya se sobresaltó un poco.
—Cuando la gente te dice "no" es no —le espetó Serena, completamente fuera de sus cabales —. Sólo molestas, y... ¡Arrg!
—Er... ¿Bombón? —le llamó él, en un tono como si no la reconociera.
Serena apretó los puños y miró a Mya con rabia. Ésta se limitó a recorrerla de hito a hito.
—¿Y tú eres…? —preguntó ella —. ¿La novia de Seiya, acaso?
Serena se paralizó.
—Ya veo, no lo eres. ¿Sabes que es de pésima educación tratar e interrumpir así a las personas? —preguntó Mya, completamente calmada y fría, calma que desesperó aún más a Serena.
—¡Eso no me importa! —discutió —. Eso no quiere decir que debas actuar así y... yo...
Serena se quedó sin argumentos. Comenzaba a sentir que un llanto estúpido iba a salir en cualquier momento.
—¡Ni siquiera es su comida favorita! —dijo, aunque Mya le sonrió con sarcasmo ante la ofensa.
Luego, Serena miró el desastre que había ocasionado en el piso con el almuerzo. Divisó a sus amigas, mirándola como si estuviera realmente loca. Seiya, que le veía sin comprender e incluso vio también a Yaten y Taiki, (Yaten no pudo evitar soltar la risa ante el interesante espectáculo). Serena sintió que el mundo se la comía de verguenza, y se marchó corriendo de ahí.
Alcanzó a escuchar a Mina que la llamaba, pero ella rápidamente se perdió entre la multitud en el centro comercial donde se coló.
—Bueno… —dijo Mya sonriendo —. Ha sido un placer conocer a tu adorable princesa, Seiya.
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—No la encontré —informó Lita, hizo un gesto en señal de rendición y se dejó caer en la mesa de una cafetería cercana a la plaza —. ¿Y ustedes?
Todos negaron con la cabeza. La única que se había marchado había sido Mya, los demás continuaban ahí porque habían tratado de buscar a Serena.
—Sé que todos están pensando ésto, y como nadie lo pregunta... —empezó Rei —. ¿Alguien sabe qué diablos pasó aquí?
El silencio sepulcral se apoderó de todos. Seiya, que no había ni tocado su café dijo:
—No contestará el teléfono. No tiene caso seguirle marcando…
—Yo creí que estarías buscándola hasta el fin del Mundo —dijo Yaten —. Tú no eres así.
—Creo que todos estamos un poco confundidos —murmuró Taiki —. ¿Alguien sabe de ustedes que le picó a Serena? Se le veía echa un demonio.
Las chicas se miraron entre ellas.
—Estaba muy bien, hasta que los vio —explicó Mina encogiendo los hombros, y refiriéndose a Seiya —. En verdad no comprendo...
—Yo sí —intervino Yaten mirando a Mina y luego a los demás —. Está endemoniadamente celosa, no es la gran cosa. Si le damos la importancia, saldrá peor. Dejen que se le pase y listo.
Seiya se giró a ver a Yaten.
—¿No crees que estás exagerando?
—Serena no es del tipo de chica que se le lanza a otra por… —dijo Lita, y luego recordó todas las escenas de celos infantiles que había hecho con Darien cuando iban en la secundaria —. Bueno, no sé. ¿Ustedes son amigos, no? No tendría por qué...
—Quizá ella ya no lo ve así —dijo Rei —. Dime Seiya, ¿ha pasado algo entre ustedes?
Seiya enrojeció y se enderezó.
—Por supuesto que no, somos amigos como siempre.
—¿No se besaron o algo así?
—¡Rei! — desesperó Seiya, aún más sonrojado e incómodo —. ¡No ha pasado nada! Mya no es mi novia, y Bombón está loca. No sé qué está pasando en verdad, no la tomes conmigo.
—Debería estar feliz que Darien vendrá a verla —dijo Rei para sí misma. Seiya levantó los ojos hacia ella.
—Así que vendrá…
Entonces Rei se arrepintió. A lo mejor Serena estaba guardando algún tipo de secreto y…
—¿No te lo dijo? —preguntó ella con cierto temor.
—Lo siento, no quise ser imprudente.
Seiya negó suavemente con la cabeza, luego siguió mirando su frío café.
—No importa, Rei. Últimamente nos estamos ocultando muchas cosas… no es culpa tuya.
—Se podría decir que este incidente pasó en el lugar y momento equivocado —evaluó Taiki —. Nadie lo podría haber evitado. Aunque todo esto se ve muy confuso, Serena siempre ha sido tu centro de atención, hermano. Y ahora que la has suplantado creo que colapsó.
Yaten sonrió ante el diagnóstico de Taiki.
—Suplantar es una palabra muy fea, Taiki —le dijo Amy.
—Bueno, y como veo que los secretos solo alejan y confunden a las personas, voy a decirles esto: Mya es la prometida que la princesa Kakyuu eligió para mí en nuestro planeta, ella viene de allá. Bombón no lo sabe, iba a decírselo, pero pasó ésto y no me dio tiempo de nada…
Las chicas se sorprendieron, pero ninguna dijo nada sobre la tal Mya o su relación con Seiya.
—Al menos Darien no estuvo presente —conlcuyó Amy, nerviosa —. Creo que la Tierra se hubiera partido en dos.
—¡Ni que lo digas! —exclamó —. Habrá que ver cuando llegue que le parece ésto.
—Momento, Chiba no tiene porqué saberlo —dijo Seiya terminantemente —. Esto es entre Bombón y yo. No tiene nada que ver con él.
Y con las claras y tajantes palabras de Seiya, nadie se atrevió a proponer algo mejor que fuera que él mismo hablase con la princesa cuando lo creyera oportuno.
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Serena se tiró en su cama completamente rendida. Había caminado quién sabe cuántas horas, era muy tarde ya. Luna estaba dormitando en un extremo de la cama, sin atrever a moverse del frío que hacía. Ella misma estaba congelada y vacía, había llorado un poco porque el aire frío le había secado las pocas lágrimas que le habían salido, a pesar de haberse sentido tan alterada. Prefirió meterse a la bañera para calmar el gélido sentimiento de culpa que comenzaba a apoderarse de ella. No solamente había sido el espectáculo o la cara de sus amigas… era la mirada que Seiya le dedicó.
No sabía como interpretar aquello. ¿Qué demonios le había pasado? Parecía un mal sueño, de ésos en los que uno se ve cometiendo un error garrafal y te despiertas agradeciendo al cielo que no era real. Aún así, Serena no despertó, sus músculos se fueron relajando hasta que pudiera despejar los turbios pensamientos que la aquejaban. Había sido grosera, infantil, inmadura, desvergonzada, metida, y… ¿qué faltaba? ¿Cómo describir el sentimiento que tuvo al ver las manos de Seiya entre las de la chica? Ah… qué difícil pronunciarlo. Qué horrenda sensación, tener un infierno dentro y una horrible y helada realidad afuera: celos.
No era posible, pero fue completamente diferente a lo que hubiera sentido antes: no eran los celos que sentía caprichosos por sus amigas cuando veían a Darien con traje de etiqueta, ni los acaparadores de atención que sufría por la molesta Rini, ni la competencia absurda que se había formado con algunas enemigas. Estos celos eran inquietantes. Le irradiaron un miedo terrible, el sentir a ésa persona lejos, de no estar ya ahí, de perder algo muy valioso.
Pues sí, había tenido miedo de perder a Seiya.
¿Pero por qué?
¿Por ser su mejor amigo? ¿Su consejero y cómplice? ¿Por los momentos invaluables que le dedicaba? Eso aún no lo sabía.
—¿Serena?
—¡Luna! —se asombró ella —. Creí que estarías dormida.
—Así estaba, pero oí que abriste el grifo de la bañera. ¿Todo bien en casa de Rei? Ya es muy tarde, se han de haber quedado charlando horas ¿verdad?
—Algo así…
Luna inspeccionó los hinchados ojos de la princesa de la luna, y se preocupó.
—El teléfono sonó mil veces hace rato.
Serena no contestó.
—¿Te buscaban a ti, verdad?
—Supongo.
—Serena, perdóname que te lo pregunte pero…
—Andaba por ahí vagando, Luna —respondió Serena mirando el agua que cubría su cuerpo —. No quería volver a casa aún. Temí que alguien estuviera esperándome aquí.
—Parece que huyes de la policía o algo —dijo Luna acercándose —. ¿Quieres hablar de éso?
Y contrariamente a la retraída Serena que había sido para Luna, fue todo lo contrario. La princesa le habló de todo y a la primera.
—Salimos a la plaza, y vi a Seiya muy cercano con una muchacha, una muchacha de nuestro curso —contó, y en su garganta parecía que quemaba algo molesto —. No sé que me pasó, Luna. Me enfadé de pronto, y...
Serena se limpió algunas lágrimas que le impedían continuar, cerrándosele la garganta. Luna esperó con ojos preocupados.
—Fue como si… no sé, quería ahorcarla. ¡Quería golpearla por estar ahí! No sé que me estaba quitando, no sé qué estaba haciendo. Nada extraordinario, creo yo… pero para mí fue terrible. Me fui de allí por como me veían todos. Les grité… ¡No sé que más hice! Ni siquiera recuerdo las palabras que le dije a… a ésa chica —definió, porque quería decir algo peor.
—Serena…
—Sé que Seiya me ha estado buscando, y las chicas. Pero no puedo, me avergüenza mucho lo que hice, Luna.
—¿Era su novia? —indagó.
—No lo creo. Acaba de ingresar a nuestro curso, pero es claro que la conoce de otra parte.
Luna se acercó a su dueña.
—¿Por qué crees que te está pasando ésto, Serena?
—¡Ay, Luna! Por la misma razón que me levanto con ánimo éstos días. Por la misma razón en que he buscado en media ciudad por un regalo cuando cogí para mi novio lo primero que se me cruzó. Por la misma razón que casi cometo homicidio público por una cita inofensiva. ¡Por que Seiya todo lo provoca! Estoy asustada, porque no puedo hacer ésto. ¡Está mal, no puedo hacerle ésto a Darien!
Serena se echó agua en la cara con las manos, para despejarse y evitar llorar. Luna le puso una patita en la cabeza mojada.
—No te martirices tanto, pequeña. Tienes una enorme responsabilidad y eso te pesa mucho, y es normal. Quizá sólo estés confundiendo las cosas, Seiya te ha ayudado mucho y lo sientes como parte de ti ahora. No te precipites tanto sin estar segura ¿Qué es exactamente lo que más te preocupa ahora? Olvida por un momento a Darien y a los demás.
—Pues… creo que lo que Seiya piense de lo que hice. Que soy mala persona, o una loca, o algo así.
—Ya está, sólo debes aclararle las cosas.
—Sólo lo confundiré más —negó Serena —. No puedo hacerle pasar tan mal rato.
—Pero si ya lo hiciste mi niña —le dijo Luna sabiamente —. ¿Crees que él no piensa ahora en lo que pasó? ¿No crees que está exprimiéndose la cabeza cavilando en el por qué montaste un numerito por una amiga suya?
—Sí, seguro que sí.
—Pídele disculpas, y sé sincera. Es lo único que puedo decirte.
—Pero Luna, tú sabes que eso podría implicar que admita que es especial.
—Te diré algo, Serena —dijo Luna abiertamente —. Como guardiana de la luna te pido que dejes de ver a Seiya. Que no pienses en él y que hagas todo lo posible por ser la mejor novia para Darien. Y no hay más que debatir, es tu deber como persona, y como princesa.
Serena asintió con tristeza.
—Sí.
—Pero como amiga, te pido que hagas lo que tu corazón te diga —le dijo Luna finalmente.
Serena se recargó en la bañera, mucho más tranquila.
—Gracias, Luna.
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En Inter Musical College, los ajetreados ensayos cada vez dejaban más agotada y nerviosa a Mina. Sin duda se sentía más ligera, pero demasiado débil y malhumorada. Se cansaba más rápido, todo el tiempo tenía mucho frío y contrariamente a lo que pasó al principio que decidió bajar su peso, ya no le estaba gustando el resultado.
En el descanso todos hicieron círculos de conversación, Aranna permanecía sola, hasta que Yaten se le acercó. No podía creerlo cuando la chica le habló dulcemente al oído, diciéndole quién sabe qué y Yaten le sonrió, y nunca lo veía sonreír así. Mina sintió que la tierra se hundía debajo de sus pies, y se viró hacia otro lado.
No importaba que ahora lo negara por orgullo o como auto-protección, ni tampoco que hubiera jurado detestarlo por toda la eternidad, porque seguía gustándole y al parecer el maldito sentimiento no iba a desaparecer en un día.
—¡Vaya, son una gran pareja! —dijo una compañera suya con admiración. Mina las miró inmediatamente, al seguir las voces.
—Dicen que están saliendo recientemente —cuchicheó la otra —. ¡Los dos son tan guapos! Aunque Aranna es algo frívola ¿no? Da miedo a veces.
—¿Crees que vayan en serio? —cotilleó la otra compañera, luego se dirigió a Mina al ver qué estaba escuchándolas —. Mina, tú eres amiga del mismo círculo de amigos de Yaten ¿verdad? ¡Ay, por favor no le digas que chismorreamos sobre ellos! Sólo repetimos lo que vemos.
Mina sonrió sin entusiasmo.
—Ni te preocupes, nunca hay nada que contar entre nosotros —dijo Mina sin disimular su rencor —. ¿Es completamente cierto esto, que están... saliendo?
Vaya, decirlo era peor que pensarlo.
—Oh, sí. Parece que aparecieron en la revista Music Top, por un artículo de la obra. ¡Detalla que han salido a lugares, como a recitales y otros lugares muy románticos!
La otra suspiró, y Mina contuvo las ganas de decir una palabrota.
—Mira, qué bien.
Así como dicen, "el show debe continuar" la clase también tuvo que continuar. La mente de Mina no fue a ninguna otra parte que no fuera imaginarse a Yaten siendo el novio formal de Aranna, con todo lo que conllevaba. No era algo que no hubiera considerado capaz de realizarse, siendo realista y después de ver como se llevaban. Pero por lo menos creía que Yaten se tomaba la molestia de conocer realmente a una persona, antes de decidir unirse a ella. También pensó que vería algo más que sólo una fachada insuperable de atributos.
Cada vez se arrepentía más de haberse prendado de él, aunque no por eso se sentía mejor en lo absoluto.
Justo un segundo después de que Hikawa dijo que podían retirarse, Mina tomó sus cosas al aventón, sin siquiera acomodarlas bien y salió lo más rápido que pudo. No quería llevarse otra imagen de Yaten y Aranna que pudiera lograr afectarle. Yaten alcanzó a ver como su cabellera rubia voló por la puerta, y se preguntó por qué habría salido corriendo de esa manera. Chasqueó los labios, porque quería preguntarle qué sabía de Serena, dado a que Seiya le había encomendado ésa misión en la mañana, y no iba a estar tranquilo si no sabía notificación de ella.
—¿Quieres ir a alguna parte? —le propuso a Aranna en cuanto se acercó, al ver que había perdido a Mina —. Tengo toda la tarde libre.
—¿Ahora, después del ensayo? —preguntó ella con vacilación —. No, cómo crees. ¡Estoy horrible, no me gusta salir así!
—Aquí puedes ducharte, además creo que luces muy bonita —dijo él sinceramente —. Sólo hablaba de un café o algo improvisado...
—Nada de improvisaciones, no digas tonterías —escupió Aranna entonces.
Yaten parpadeó y la miró confundido. ¿Había escuchado bien?
Aranna advirtió su garrafal error,y lo compuso muy bien:
—Es que soy un poco vanidosa, y si salgo contigo me gustaría ir apropiadamente...
—Ah, entiendo...—dijo Yaten, pero siguió sin comprender realmente.
—Mejor nos vemos el fin de semana ¿sí? —pidió poniendo cara de niña buena.
—De acuerdo —accedió.
Se despidieron, y Yaten se dirigió a su casillero todavía medio pensativo. Aranna le había dado la vuelta sólo a un simple café, y había actuado de forma muy extraña. Es decir, no sabía que fuera tan importante la apariencia para ella o si alguien los veía o no. Prefirió pensar que así eran todas las mujeres. Bueno, no, no todas. Su querida princesa nunca era así.
Cuando abrió la puerta del locker casi se vacía encima la botella de agua que sujetaba con la mano. En la puerta había una fotografía de Aranna, no tomada con una cámara convencional, más bien de estudio. Se veía espectacular, pero no como si fuera humana. Yaten frunció el entrecejo y miró en ambas direcciones, asegurándose que nadie se hubiera fijado en aquello.
—¿Qué demonios…? —espetó, y cuando iba a arrancarla de ahí, Aranna se apareció detrás de él.
—¿Listo para irnos?
—¿Qué es esto? —preguntó sin contemplaciones, señalando la foto.
—Una foto mía —sonrió provocativa.
—Ya lo sé, me refiero a qué hace aquí —siguió, tratando de ser paciente, aunque ya estaba molesto desde el principio.
—¿No te agrada? Puedo poner otra...
—No, escucha —aclaró —. No se trata de éso. ¿Por qué abriste mi casillero? ¿Y... y por qué no me consultaste antes?
—Intuí que sería tu fecha de cumpleaños tu combinación —dijo muy resuelta, restándole importancia a todo el asunto —. Quería darte algo para que te acuerdes de mí.
Yaten estuvo a punto de reírse, pero se contuvo y dijo:
—Escucha, Aranna —le tomó por los hombros, para que le entendiera bien —. Cuando te dije ayer que quería compartir contigo algunas cosas hablaba de charlar, de ir a alguna parte de paseo. No era una invitación ni de lejos para cambiar mis cosas privadas.
—Quería darte una sorpresa —dijo, y bajó la vista, muy afligida.
—¡Y vaya que me la diste! —reconoció —. Voy a quitarla, ¿vale? No vuelvas a hacer ésto.
Yaten tomó sus cosas y se marchó, dejando a Aranna más furiosa de lo que pudiera haberse siquiera imaginado.
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Taiki salió de la biblioteca lo más rápido que pudo. Había quedado de verse con Amy y ya iba algo atrasado. Le estresaba llegar tarde, así que se dio la mayor prisa que se permitió. Salió tan rápido que chocó con alguien, haciéndole tirar algunas de sus cosas al piso de la entrada sin querer.
—Lo siento, lo siento… —dijo él recogiéndolas automáticamente —. No te…
Cuando alzó la cara vio a Reika Hotori frente a él.
—¡Taiki, no sabía que frecuentaras ésta biblioteca!
—¡Hotori! Qué sorpresa —saludó entregándole el último libro que tiró —. Sí, bueno… es la más completa. Aunque no me quede tan cerca como otras.
—¿No vas a entrar al concurso de ensayos?
—No, prefiero emplear el tiempo en...
—En ayudar a Amy Mizuno —completó ella como si fuera un refrán. Taiki le miró un instante con desconcierto.
—Mmm, bueno, corregirla en algunos puntos no es "ayudarla" tal cual —corrigió —. Todos tienen la oportunidad de tener un asesor. Lo dice en el...
—Sé que dice el manual —completó otra vez, haciendo que Taiki se desconcertara nuevamente —. Pero me gusta hacer las cosas por mí misma. No te ofendas, pero me parece cosa de pre-escolar tener asesores y ésas cosas. Si tienes que hacerlo por ella, sé que no tendré entonces un competidor difícil.
—Créeme, no subestimes a Amy —le condicionó él —. Es muy buena para escribir e investigar.
—Ya veremos —se encogió ella de hombros —. Podríamos apostar.
—¿A qué te refieres?
—¡Al concurso! —dijo —. Tú pareces tener una fe ciega y absoluta en tu Amy Mizuno, yo la tengo en mí y te puedo asegurar que no ganará.
Taiki sonrió con incomodidad.
—No soy de los que cede ante los retos por ego, Hotori —señalizó Taiki. No estaba dispuesto a tomarse ésta rivalidad en serio —. Pero tampoco pienses que estoy ignorándote.
—Mira, si yo gano el concurso, saldremos —ofreció —. ¡No me veas como una psicópata, solo estoy poniéndole algo divertido al asunto! —rió, porque Taiki le miró como si fuera una desfachatez.
—Eres demasiado ególatra, las cosas no siempre salen como uno quiere y no hay nada de malo en ello.
—Bueno, entonces si tan seguro estás, no hay nada que perder —dijo Reika.
Más a fuerzas que de ganas, Taiki asintió.
—Vale, si tanto insistes. Ya tengo que irme.
—Adiós —sonrió ella despidiéndose con la mano hasta que Taiki se subió a su coche, la sonrisa de la pelirroja se esfumó.
Más por la propuesta de Reika y su ambición por superar a Amy, Taiki se convenció de apoyar más a Amy con el proyecto.
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Yaten entró a su departamento haciendo el menos ruido posible. No quería estorbar porque Taiki y Amy estudiarían su proyecto ésa tarde, así que solo consideraba cambiarse e iría a comprar unas cosas por ahí solo, en vista de la "no cita" que tuvo con Aranna para acompañarlo.
Entre más lo pensaba, más le irritaba lo que hizo. Si había algo que no soportaba que violaran era su adorada privacidad, era muy de guardarse sus cosas hasta que él decidiera compartirlas con alguien. Cuando entró en su habitación para tirar la pesada maleta, se encontró a la chica en la que había estado pensando no muy bien que digamos.
Aranna estaba ahí, admirando desde su gran ventana el paisaje de la ciudad que ofrecía la recámara de Yaten desde el balcón.
—¿Aranna?
Ella se giró alegremente.
—¡Hola, cariño! —reconoció —. Quise venir a verte. Ya sabes, por lo de hace rato...
—¿Cómo entraste? —preguntó él, omitiendo completamente la parte de la explicación pseudo-cariñosa de Aranna.
—La señora que asiste en el aseo me abrió.
Por supuesto. Pero él se refería a su cuarto.
—¿Y te pasó acá?
—¡Oh, no! —se tapó ella la boca con las manos, apenada —. No la retes, me daba curiosidad saber cómo era tu habitación...
Pero ésta vez, su cara angelical no fue suficiente.
—Pues no me gusta que indaguen en mis cosas —expresó —. Creí que mi reacción con lo del casillero te lo habría dejado claro.
—¡No te enfades! —suplicó acercándose, y se frotó las manos, con aparente ansiedad —. Sólo eran ganas de saber cómo se veía desde aquí todo, nada malo, te lo juro. Es que… ¡A veces siento que no conozco nada de ti! Sólo vi tus muebles y la ventana, es todo.
Presionado, Yaten cedió una vez más. Y esto de ceder ya comenzaba a cansarle...
—No es necesaria tanta justificación —concedió —. Pero creo que vamos demasiado rápido.
Ella pestañeó, desorientada.
—¿Qué quieres decir?
—Que deberíamos establecer ciertos espacios con límites, acuerdos, no dar por hecho...
Entonces fue cuando Aranna le abrazó.
—Somos especiales y perfectos, Yaten —dijo —. No creo que gente cono nosotros deberían tener límites.
Lindas palabras, pero no.
—Insisto —repuso nuevamente, y quitó él mismo sus brazos alrededor suyo —. O definitivamente ésto no funcionará.
La sonrisa de Aranna se transformó en una mueca despectiva.
—¿No querrás que actúe cómo los mediocres que conoces?
Yaten arqueó una ceja.
—¿Mina Aino? —sugirió de forma desagradable.
—Dudo que la conozcas lo suficiente para decir eso —le recriminó con seriedad —. No deberías hablar así de la gente, Aranna. Quizá no todos tienen tus múltiples virtudes, pero hay quienes se esfuerzan por conseguir sus objetivos a pesar de todo.
—La defiendes demasiado para haber dicho que "no se llevan nada bien" —reprochó colocando sus brazos en la cintura, con sospecha.
A Yaten ni le importó.
—Pues es lo que pienso —retrucó—. Ahora si me disculpas, tengo mucha tarea qué hacer.
Ante la actitud firme de él, no hubo opción para Aranna más que ceder.
—Ay... ésto no irá a otra pelea, ¿verdad? —preguntó calmada, mientras tomaba su mano.
—Eso espero, necesito mi espacio —pidió Yaten, también calmándose —. Por favor.
Para alivio del ojiverde, Aranna no se opuso a marcharse. Aquella situación comenzaba a pasar de la incomodidad a la asfixia lenta y desesperante que tanto temía. Taiki llegó poco después con la cena, y encendió su computadora. Como Amy llegaría en cualquier momento, necesitaba hablar con él cuanto antes.
—Déjame ver si entendí —retomó Taiki, bajando el monitor para poder ver a su hermano de frente —. Tienes unas cuantas citas con ésta chica, y ya está entrando a tu cuarto, abriendo tu casillero personal, te cela como si fueras de su propiedad. Lo que sigue es que le pida a sus padres que arreglen la capilla ¿no?
—No es gracioso, Taiki —dijo él con cansancio, sentándose frente a él —. Es muy raro, actúa verdaderamente como si fuéramos almas gemelas y no sabe ni quién soy.
—Una persona no desarrolla esa clase de fijación por otro a menos que esté convencido que la relación es algo más que algo temporal o casual. Estoy confundido ¿qué hiciste para que creyera eso?
Yaten se encogió de hombros.
—Nada.
—Sólo fuiste "Yaten" —se rió el castaño —. Estableciste ése punto por mí.
—Bueno, ¿y qué hago ahora?
—Pues es inteligente, es bonita, y obviamente se muere por gustarte —dijo Taiki —. Nos dijiste que querías intentarlo así que... no sé, dile cosas que quiera oír.
Yaten no dijo más, porque ya no estaba tan seguro de aquella decisión.
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Después de ésa larga tarde de repasar y repasar la primera parte del proyecto, Taiki le rogó que se dieran un descanso, porque ya no podía más.
—¿Podemos comer algo?
—Oh... —sonrió ella mientras guardaba sus notas—. No te molestes, pero quedé de llegar a casa para cenar.
—¿Vas a rechazar las delicias culinarias que me caracterizan? —le preguntó él desde la moderna cocina.
—¿Tú, delicias? —repitió ella poniéndose de pie a seguirlo —. Vaya, no sabía ése secreto…
—No es un secreto, ¿recuerdas que aprendí varias cosas en ése programa de cocina con Lita?
—Uy, sí —admitió ella —. Oye, Taiki…
Él emitió un sonido de estarla escuchando, aunque tenía atención puesta en sacar los ingredientes del refrigerador,
—¿Tú en serio crees que pueda ganar?
—Claro, ya te lo he dicho mil veces —dijo—. Me decepcionarás si no lo haces.
Taiki lo dijo con la mejor de las intenciones y sin pensarlo realmente, únicamente era un incentivo para que la chica se esforzara más. Pero Amy se estresó con cualquier muestra de presión que se le ejerciera. Se sentía demasiado comprometida ahora, y eso la comenzaba a incordiar.
—Pero si no gano no pasa nada ¿o sí? —tanteó.
—Amy —llamó él señalándola con un paquete de pasta, como si fuera una pistola —. No me he desvelado contigo tantos días para que desaproveches la oportunidad ¿De acuerdo? Perder no es una posibilidad.
—Ya hablas como ésa chica, Reika… —dijo resentida.
—Precisamente por eso lo digo —continuó Taiki, mientras llenaba de agua del grifo un recipiente hondo —. Reika Hotori no piensa como tú. Ella va con todo y contra todos, no quiero que le permitas que se salga con la suya.
—No creo que se trate de éso —le trató de explicar Amy —. No quiero que esto se convierta para mí en algo problemático, solo quería tener la experiencia, no volverlo una competencia a muerte...
—¿Y el viaje no es nada para ti? —le inquirió Taiki arqueando una ceja.
—Pero no es lo más importante.
—Bueno Señorita Moralidad, había pesado que yo también podría aprovechar para viajar. Dicen que es un país increíble.
Enseguida, Amy lo miró con aprensión. Las palabras de Taiki la habían hecho ruborizarse de nuevo por algo que ni siquiera estaba pasando pero... quería viajar con ella.
¿Qué pensar de eso?
—Um...
Taiki advirtió el adorable bochorno de su amiga, por lo que giró rápidamente el tema.
—Podríamos llevar a los demás, sería divertido.
—Sí, lo de la playa fue divertido —desvió Amy, sin saber que más decir.
—Reika me dijo algo acerca del concurso de ensayos —le confió —. Una clase de apuesta…
Inquieta, trató de parecer lo más normal que pudo.
—¿De qué se trata?
—Saldré con ella si no ganas el concurso.
—¿Qué, por qué hiciste eso?
—Sé que ella tiene cierta intención conmigo —dijo él friendo el asado, sin darle mucho peso al asunto —. No quisiera que se piense lo mejor del mundo, no sé si me explique…
—La verdad es que no.
—Pues sería un gran golpe a su espíritu sobre-evaluado que la vencieras —le sonrió Taiki con malicia —. Y por eso acepté su propuesta, de todos modos no pasará de una cita, claro...
—Bueno, no tienes porque darme explicaciones —vaciló ella —. Y no me parece correcto que apuestes algo así, me estás involucrando sin mi consentimiento.
Taiki se giró rápidamente hacia ella, por primera vez dejando de cocinar.
—¿Estás molesta?
—Claro que no —dijo ella pasándose el flequillo de lado, para disimular —. Sencillamente pienso que no está bien. Además solo lograrás estresarme sin razón.
—La gente bajo estrés trabaja mejor —rebatió —. Pero sí te molestó que lo hiciera...
—Que no —negó ella subiendo el tono de su voz —. Solamente me presionas y me comprometes a no fallar, y...
—¿Y?
—¡Y me sentiré fatal si pasa eso! Porque si yo pierdo…
—Oye, oye —le dijo él dejando momentáneamente la comida —. Lo hago para que hagas el mejor de tus esfuerzos. Por que sé que puedes ganarle a ésa chica, no es nada contra ti.
Amy asintió levemente, aunque nada contenta.
—Ya entendí. Regresa para allá, no quiero comer nada chamuscado —. Taiki le sonrió —. Es más, mejor te ayudo.
—Nunca le he cocinado para ninguna chica, así que me lo tendrás que agradecer infinitamente —alardeó Taiki pasándole un frasquito de soya.
—Anda pues ¿me lo vas a cobrar? —le retó Amy —. Por cierto ¿cómo está lo de Serena y Seiya? ¿sabes algo?
—Seiya no haya su lugar en ninguna parte —dijo el castaño negando con la cabeza —. Y por como lo veo, encualquier momento él y su teléfono se unirán en un sólo ente...
Amy rió divertida.
—¿Serena no le atiende?
—No, pero tampoco se atreve a buscarla. Qué bobo, ¿verdad?
—La chica… ¿cómo se llama?
—Mya. Ella sí le ha visto a Seiya, pero él permanece distante. Teme perder a Serena si se entera de la verdad, que es su aparente "prometida". Todo ésto me parece injusto para mi hermano, pero tampoco quiero meterme en sus asuntos, se pone muy roñoso cuando lo hacemos.
—Debe ser terrible estar en su posición. De verdad creí que ésto había quedado en el pasado, que eran buenos amigos... y nada más.
—Eso es lo que Seiya proclama a los cuatro vientos para defenderse, y creo que Serena también. No me negarás que su comportamiento es extraño. Como ése día que enloqueció con Mya...
—Sí, jamás la había visto tan interesada por un chico, aparte de Darien — dijo Amy recordándolo —. Me hace pensar cosas, no sé que crean las otras chicas, pero no sé que tan buena idea sea que sigan siendo "amigos".
—¿Te refieres a ésa tontería del futuro reinado y todo?
—No es una tontería, Taiki —le dijo Amy con severidad —. Es nuestra realidad.
—Cualquier cosa que esté escrita como si fuera tinta en un pergamino en nuestras vidas me parece una falacia, Amy. Cada quién tiene derecho de elegir su propio destino. Por mucho que nos impongan las cosas, no sé. No creo que el amor pueda forzarse así como así.
—Pero Serena y Darien sí se aman, sólo que nuestra princesa se tambaleó.
—Pues se tambalea muy seguido por mi hermano —. le dijo Taiki defendiendo su punto —. No sería la primera vez., no suena a un desliz.
Amy no quiso continuar con la conversación. Evidentemente tenían puntos de vista diferentes, y no quería discutir con él por un problema que ni siquiera era suyo.
—¿Y qué hay de Mya?
—Creo que va muy en serio con Seiya —explicó Taiki, mientras colocaba la comida sobre dos grandes platones —. Es inteligente, decidida... Quizá él necesita esa clase de chica, alguien que apacigue. ¿Me entiendes? Con Serena es como si dos tormentas chocaran todo el tiempo. Ambos son demasiado intensos.
—No creo que la compatibilidad romántica dependa de eso. Digo, tú y yo somos similares y...
—¿Y qué?
—¡Nada, qué hambre! ¿Comemos ya?
Éso era todo lo que Taiki tenía que saber. No le desagradaba a Amy, y no se detendría tan fácilmente. Y aunque Reika le había propuesto abiertamente salir, la sentía más un duelo de poderes que verdaderamente un interés personal. A ver qué pasaba, ahora no le importaba Reika. Solamente pasar el mayor tiempo posible con Amy, la dichosa apuesta era un sólo un experimento. Únicamente quiso averiguar si le importaba verdaderamente que él saliera o no con Reika, eso dependería del resultado del concurso.
¿Cómo podía comparar los sentimientos de la peliazul con un papel? Pues para él sí tenía mucho sentido.
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Mina regresó al Inter para terminar de perfeccionar su coreografía, aunque ya seguro todos se habrían marchado. Sola en el gran salón se sentía libre de todo y de todos, podía evitar las observaciones desagradables de Hikawa y ver a Yaten y Aranna demostrándose ésa ridícula conexión.
Aunque quisiera negarlo, le había dolido mucho enterarse de la nueva relación que tenía Yaten con ella.
¿Por qué ella? ¿Acaso no era obvio cuánto le afectaba no ser así? La verdad, llegó a pensar en la posibilidad de que Yaten lo hacía a propósito, sólo para lastimarla. Pero eso era demasiado cruel ¿no? ¿en verdad Yaten sería una persona tan perversa e insensible? Ultimadamente, eso ya no le importaba. Solo quería que una fuerza sobre natural y catastrófica los hiciera separarse, o encadenar a cada uno de ellos en los extremos del planeta y que nunca más se volvieran a ver las caras. Sí, eso sería reconfortante...
Mientras bailaba pensó en cómo había llegado hasta ahí. A pasar horas y horas pensando en cómo gustarle a Yaten, en vivir en el limbo durante las clases, en haber comprado ése estúpido tratamiento para bajar de peso. Había funcionado, sí, pero ya comenzaba a preocuparse de los efectos secundarios que podría traerle. Siguió las instrucciones del "vendedor" al pie de la letra, pero luego ella misma los violó. No daba resultados inmediatos, por lo que aumentó las dosis al doble. Ésto solo la había conseguido sentirse más fatigada, y sin fuerzas. Sumado a lo que que acabó de rematar fue esa estúpida relación.
¡Cuánto le costaba soportarlo!
Pues sí, las cosas dolorosas son las más difíciles de soportar.
Se tiró en la duela, sudorosa y agotada. Pensó de nuevo en que ellos dos seguro estarían viéndose en algún lugar exclusivo, disfrutando de lo lindo... Ya basta. Tenía que deshacerse de ése sentimiento de impotencia y rencor hacia los dos. Ella podía intentarlo también, aunque su autoestima estuviera por los suelos, estaba más delgada, y la coreografía cada vez le salía mejor. Trataría de negociar con Hikawa que la cambiara de posición en el grupo más adelante. Después de todo, había conseguido lo que prometió ¿no?
Caminó para irse a casa por el pasillo de vestidores, abrió el suyo guardando las cosas que no necesitaría hasta mañana, y encontró una nota del tamaño de media hoja, con letras muy simétricas que decía:
"Es tu primera llamada. ¿Por qué no te vas, ahora que puedes?"
A Mina se le aceleró el corazón, la mano le temblaba ligeramente. Hizo bola el papel y lo tiró al piso, como si estuviera ardiendo. Ella cerró con fuerza su casillero y se apuró a la salida. ¿Quién habría podido escribirle algo así? Se llevaba bien con todos en el curso. ¿Quién podría desearle irse así? No se imaginó encontrar algo como éso, era detestable.
No sabía si decirlo al director o mejor era no tomarle importancia. A lo mejor alguien sólo estaba molestándola, algún envidioso que veía su gran avance y quería desplazarle de la obra, porque la veía como competencia. Eso debía ser.
Ojalá.
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Seiya se equivocó por cuarta vez en la letra de la canción. Maldijo en voz baja, quitándose los audífonos.
—Lo siento.
—¿Está todo bien, Seiya? —le inquirió el coordinador de sonido —. Nunca te pasa ésto.
—Sí, sí —dijo él tocándose la frente —. Sólo necesito concentrarme...
—Parece más que sólo requerir concentración —le dijo el sujeto —. Tómate la tarde libre, si es que la necesitas.
—No es necesario, puedo hacerlo.
—Seiya, mejor hazlo —le dijo Yaten al lado suyo —. Seguirás cometiendo los mismos errores si no solucionas ésto y afectas a terceros.
—Además hay una chica muy linda afuera, esperándote —le animó el manager con interés —. Mejor apúrate.
Seiya asintió despidiéndose de sus hermanos, tomó su chaqueta y salió del estudio. Mya seguro estaría aguardando por él, aún con todo lo que había pasado, no tenía la voluntad para rechazarle abiertamente. Al menos no hasta aclarar su situación con Serena.
Mya le agradaba y todo, pero no la amaba, de eso estaba seguro. También de que quizá nunca la amaría, La luz de la luna le seguía acaparando todo su ser, carcomiéndolo poco a poco desde que la conoció. No era tan fácil desprenderse de un sentimiento así.
Casi sintió que el corazón se le salía cuando vio a Serena afuera, parada en medio del intenso frío con un abrigo rosado. Él, al igual que el clima se congeló, y decidió avanzar hasta que Serena le sonrió un poquito. Cuando estuvo frente a ella sin saber qué decir, Serena habló.
—Espero no haberte interrumpido, si tienes cosas qué hacer…
—No tengo —dijo él con voz suave —. Yo...
—Seiya, déjame hablar, por favor —pidió ella frotándose las manos, más de nerviosismo que de frío —. Ya sé que soy una reverenda estúpida, malcriada y que no merezco tu amistad. Ya lo sé, no tienes porque negármelo. Pero ésta estúpida no ha sabido qué hacer para disculparse correctamente. Soy muy mala en esto y…
—Bombón…
—Ésta niña malcriada necesita tu compañía. Por favor, no me odies por lo que hice. Yo… no supe que hice y lo lamento, pero quiero que sepas que no fue mi intención. O eso creí… es decir, no fue mi intención tirar ése almuerzo que sé que le costó trabajo a tu amiga hacer. Y también gritarle y gritarte a ti a la vez porque también estabas ahí. —como terminó trabándose, sólo dijo muy afligida —. ¡Y entenderé si no quieres volver a hablarme!
Serena cerró los ojos como si esperara que Seiya sacara una vara y la golpeara, pero él sólo sonrió.
—Oye Bombón, no estoy molesto… —dijo Seiya conmoviéndose ante la actitud de Serena —. Pero necesito respuestas: ¿Por qué no contestaste mis llamadas y por qué reaccionaste así? Por favor no me digas que no sabes que te pasó, lo sabes muy bien y es por eso que viniste aquí. Si no, seguirías buscando la respuesta por tu lado.
—Yo… —empezó ella a sentir que los colores se le subían —. Creo que no soporté la idea de verte con otra chica. Pero lo entiendo y acepto si tú la quieres. Es preciosa y bueno, yo...
Serena hizo un ademán con las manos señalándose a sí misma. Como diciéndole "Esto es todo lo que yo soy".
—Bombón… necesito que sepas la verdad también —dijo él tratando de entender los incomprensibles celos de Serena —. Mya es una chica del planeta donde vengo, ella fue presentada en sociedad por la princesa Kakkyu. Es…la chica con la que ella quiere que me case.
—¿Qué? —A Serena sin darse cuenta, los ojos le estaban comenzando a reclamar la burbuja de tristeza inexplicable del pecho.
—No la conozco, estoy haciéndolo. Es una amiga y nada más. Es guapa y muy lista, lo admito. Pero no estoy llenando una solicitud para la esposa perfecta. Kakyuu sabe lo que pienso y fue por eso que me permitió venir a la Tierra. Tú necesitas saberlo, Bombón.
—¿Por qué? ¿Por qué basas tu decisión en mí, Seiya?
—Porque si llegara a enamorarme de Mya, no quiero arrepentirme —dijo Seiya acercándose más hasta su rostro —. Y sólo tú podrías hacer que me arrepintiera, Bombón.
Serena bajó la vista, no sabía que contestarle. Sentía que cada vez que abría la boca lanzaba un cuchillo que apuñalaba a Seiya y luego rebotaba en ella.
—Ya… ya sabes que pienso de ésto —murmuró Serena, después de unos minutos —. Mañana vendrá Darien, perdóname por no decírtelo, pero no quería que lo supieras hasta que fuera necesario.
—Está bien si tu novio viene a verte —le medio sonrió él —. Supongo que querrás pasar Navidad con él, no te preocupes…
—Oye, no quiero pelear de nuevo —y le tomó el brazo —. Por favor. Sólo… te pido me entiendas un poco, baja la guardia un momento… si no lo haces, no podré aclarar ésto.
— No hay nada que aclarar, reconcíliate con él —le dijo Seiya muy serio —. Es necesario que lo hagas, y yo… pues conoceré más a Mya. No puedes prohibírmelo.
—Claro que no —le sonrió Serena, aunque el amargo sabor de su boca no desapareció —. Debe ser agradable si tú te fijaste en ella, deberías pasar Navidad con ella.
—No, no lo haré —dijo Seiya rotundamente —. Esperaré a que vengas conmigo.
—Seiya… —sollozó la princesa —. Éso no va a pasar.
—Siempre puede pasar —declaró, y le dio un beso en la frente —. Adiós, mi Bombón.
Seiya consiguió dejarla ahí, como esperando algo más. Pero no, ahora tenía que ser fuerte. Darien llegaría mañana, y él no podía estar rondando a Serena así como así. A él no le hubiera gustado ésa clase de tretas si él fuera su novio. También, la princesa debía aclarar el problema que tenía con Darien. Si no, ¿qué caso tenía continuar?
Atravesó el semáforo hasta que se perdió en un callejón. No quería voltear la vista, porque al ver ésa figura rosada en medio de la niebla fría podría tentarlo a regresar, a abrazarla y por qué no, no dejarla ir nunca.
Serena no quitó los ojos de su amigo hasta que la bruma no le permitió ver más allá. ¿Qué tan injusta estaba siendo con él? ¿O él que tan injusto sería respecto a Mya o ella? Por lo menos le había perdonado, y una parte de ella se alivió por entre todo el dolor que había causado, y que ella misma estaba pasando también.
Pfff, si todo ésto era parte de enamorarse, fuera en el caso que fuera, tal vez hubiera preferido no enamorarse nunca. O quién sabe, a lo mejor al ver a Darien todo se le olvidaba, y hacía las pases con Seiya definitivamente. Una parte de ella no deseaba entregárselo a Mya, aún con lo contradictorio que pudiera sonar, cuando apenas hacía unos minutos le había pedido que lo intentara con ella.
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Notas:
¡Alohaaaa!¿qué cuentan? Yo aquí, complicándole la vida a mis protagonistas... eso se me da muy bien. *risa macabra*. Bueno, ¿qué les ha parecido? Yaten ya está empezando a caerle mal la bailarina, ya no le parece tan mona como antes. Y es que así es la gente, saca su verdadero yo más temprano que tarde. Pobre Mina, pero tendrá que aguantarse por fijarse en quien se supone que no debía. Lo mismo Seiya... ambos andan sufriendo por sus amores, y aunque Serena se siente culpable, pues no deja de estar comprometida con Darien, ¿correcto?
Creo que la única que ha tenido suerte con el tema es Ami... hasta ahora. Eso parece.
Besos muchos y manden reviews, no se corten y no hay capútulo de vuelta! (chantajista es mi segundo nombre :P)
Kay
