Francia, 1989.

-Señora Monserrat.

Fue el llamado, que hizo una joven de unos 24 años de cabello castaño y ojos miel. Quien, miraba fijamente a una mujer de cabello blanco, peinado en un elegante moño con unos mechones sueltos, uno de ellos cubriendo su ojo izquierdo. Bastante delgada pero sin perder la figura, vistiendo una falda que iba sobre sus rodillas algo ajustada color negra que empezaba en su cintura, una camisa blanca que afinaba la misma, con puños abultados para luego ajustar solo sus muñecas dando una elegante apariencia.

De piernas cruzadas, sentada en un sillón perdiendo la mirada en el vacío, mientras en su mano que reposaba en una mesa cercana, sostenía una larga pipa antigua de la cual sostenía un cigarrillo, aquellas usadas por aristócratas mujeres hacia ya muchos años.

Aquella mujer dio una mirada vacía a la joven, con sus ojos celestes cielo, ya sin brillo. Dando a conocer que era una mujer mayor, pero de su rostro no se desprendía ni siquiera una arruga. Su piel tersa y blanca, quizás las pocas y minúsculas arrugas podían ser tapadas con algún maquillaje. Sea como sea, el llamado la hizo volver a la realidad.

-Que sucede?. Preguntó, con una voz suave pero al mismo tiempo fría.

-Dentro de poco, será el baile de invierno en Londres.

-Y, tiene que ver eso conmigo?. Dijo la señora, dando una bocanada de humo.

-Pensé… que quizás…, usted tendría deseos de ir.

-Creo, que sabes mi situación actual…sería, una gran noticia ir allí.

-S-sí, no lo niego, mi señora. Pero….-aquella joven se ruborizo.-por que, usa esa marca de cigarrillos? teniendo a su alcance muchos otros de mejor calidad?.

La señora, vacilo por unos momentos, cerró los ojos disfrutando como el humo recorría sus pulmones volviendo a sus labios. Dando una media sonrisa, quizás por algunos recuerdos, y la fingida y notable discreción de la joven.

-Hay muchas variantes. Los Shanote, son difíciles de conseguir…es una marca casi extinta…su olor es tentador…su sabor es único…o quizás…. Dijo, vacilando y echando un poco de la ceniza del cigarrillo en un cenicero.

-quizás qué, mi señora?. Pregunto la joven con algo de ansiedad.

-Quizás, los tengo por que me hace extrañarlo menos…

-A quien?. Pregunto la joven casi impaciente, viendo como su señora cerrada los ojos, como recordando cosas bellas en su vida.

-A mi antiguo mayordomo.


Más que tú

Capitulo IX

''Shanote''

-Demonios!. Maldigo Walter, intentando encender un cigarrillo con un fósforo pero sin resultado.-maldita humedad!.

Se encontraba, en su habitación. Frente a el, en el suelo un tablero de ajedrez y Madeleine. Vestida, con un vestido vainilla de mangas largas que en los puños se abultaban haciendo notar y afinar sus muñecas, una cinta ancha violeta que atada en su cintura, que afinaba la misma. Su cabello recogido en un broche dejando su rostro descubierto, a no ser por algunos mechones.

-Podrías intentar, el no fumar. Dijo Madeleine, moviendo su alfil de las piezas negras.-Jaque.

-Esa, no es una solución. Dijo Walter, moviendo su reina.-Jaque mate.

La joven, abrió sus ojos mostrando lo celestes que eran, mirando la partida ganada por su mayordomo.-A pesar que estas desconcentrado, es increíble que ganes tan fácil. Dijo en un suspiro.

Walter, río unos momentos para luego sentir en su bolsillo, su salvación.

-Si! un encendedor!. Dijo con una amplia sonrisa.

En menos, de lo que Madeleine pestañeo Walter ya estaba deleitándose en nicotina. Ella, tomo del otro bolsillo de su pantalón, la cajetilla de cigarrillos que tenia.

-Shanote. Leyó, viendo el paquete.-de donde los sacas?.

-De una tienda, por supuesto. Contesto el shinigami, recostándose en el piso.

-No me refiero a eso, sino que nunca escuche de esa marca.

-Pues, eran de mi tutor y siempre me gusto el aroma. Quieres uno?.

-No, gracias. Dijo la joven, devolviendo el paquete.-No está en mis planes de hoy fumar.

-Alguna vez lo has hecho?. Pregunto el shinigami con curiosidad.

-Veamos….-Madeleine comenzó a recordar, colocando su dedo índice derecho en su mejilla derecha.-A los 16 para una obra teatral…y…cigarros cuenta?-el mayordomo asintió con la cabeza.-entonces, sí a los 16 y luego antes de llegar a Londres un cigarro, de los que usa Arthur.

-nunca pobre uno, a que saben?.

-asquerosos. Dijo ella cortante.

-bueno, me alegra saber que no eres tan perfecta. Dijo Walter, suspirando una bocanada de humo cruzándose de piernas.

Madeleine, se coloco junto a Walter arqueando una ceja, tomándolo de su corbata.-como que te alegra saber que no soy tan perfecta?.

-bueno, sinceramente das esa impresión a cualquiera. Hasta a veces es algo asfixiante…para ti no?. Dijo Walter, arqueando sus cejas.

-bastante. Dijo ella, soltándolo y dando un gran suspiro, recostándose junto a él.-lo bueno, es que por lo menos frente a algunas personas me permito ser natural.

-Me gusta más tu parte natural, aunque la otra parte es increíblemente curiosa…parece sacada de alguna novela, o algo así.

-Eso obtienes cuando desde los 3 años eres educado por la mismísima majestad.

-Pero luego alguien se pone en tu camino…alguien…''como yo''. Dijo Walter, volteándose corriendo los mechones del rostro de Madeleine.

-Si es uno de tus trucos, no caeré. Interrumpió la joven, frunciendo el ceño, sentándose.

-Así? como que trucos?. Pregunto Walter, apagando el cigarrillo y botándolo.

-das la impresión, de que quieres saber que hay debajo de la ropa de cualquier mujer que se te cruce.

El shinigami se ruborizo, desviando la mirada.-No doy esa impresión.

-Entonces, por lo menos por que siempre me miras así?. Como si quisieras decirme algo gritando y nada?.

Walter, se sentó mirando a los ojos a Madeleine, suspirando.


Si…

Si se lo pregunto

Seguramente nunca más me volverá a hablar

Que debo hacer?

Pero…

Si no sé que paso

No hay forma de que pueda ayudarla

Si Madeleine no es feliz,

Yo tampoco lo seré.


-Por que siempre…siempre, quise saber por qué tienes esas cicatrices. Dijo al fin, mirando el suelo.

Madeleine, abrió sus ojos mirando con sorpresa y algo de tristeza, a su mayordomo. De pronto, sus ojos se llenaron de lágrimas y se escucho como le faltaba el aire. Walter levanto la vista, queriendo no creer en lo que pasaba.


Entonces, él lo sabía

Por que

Siento tanto dolor…

Al recordarlo?

Esas cicatrices…

No fueron causa de una sola persona.


-Madeleine…. La llamo, con una voz preocupada.

-Yo no quería hacerlo. Dijo ella entre ahogos, mordiendo su labio inferior, tocando su frente con su mano derecha.

-Que cosa?. Pregunto él, acercándose y tomando su mano.

-Yo…YO NUNCA VOY A OLVIDAR MIS MANOS MANCHADAS CON SU SANGRE!. Gritó ella, desesperada sintiendo la asfixia en el pecho y como su propia cruz de plata la estuviera ahorcando. Apretando la mano del shinigami, quien no entendía que le pasaba a su dama.

Coloco su mano sobre su pecho tirando de su camisa, manchándola de lágrimas. El joven mayordomo, no tenia idea que tenia, no quería dejarla sola pero la soltó corriendo a la puerta.

-Arthur!. Grito por el pasillo, buscando a su hermano mayor.

El sir, se encontraba en su oficina casi dormido por el aburrido papeleo. Cuando, escucho a su mayordomo correr por el pasillo y abrir la puerta de golpe. Supo que algo no andaba bien.

-Algo le ocurre a Madeleine!. Fue lo único que pudo gritar en desesperación, casi sin aire por haber corrido de la otra punta de la mansión.

El shinigami, apenas termino de decir la frase Arthur ya estaba corriendo por los pasillos. Volvió a correr teniendo un segundo aire para ayudar a Madeleine, pero solo escucho gritar a Arthur.

-Trae una bolsa de papel!

Bajando o mejor dicho saltando las escaleras, fue hasta la cocina buscando una bolsa de papel. Después de una desesperada búsqueda, encontró una al fondo de un cajón.

Arthur, llegó para ver a Madeleine intentando levantarse sin resultado, casi ahogada y sin aire para vivir. Desprendió unos botones que formaban el cuello de su vestido, levantándola un poco.

-Arthur…yo no quise hacerlo. Dijo Madeleine en lágrimas, mientras su broche caía en el piso dejando su cabello suelto, sujetando con su mano izquierda su camisa, cerrando sus ojos con fuerza.

El, tomo su mano derecha recostándola en el piso, hundiendo su cabeza en su cuello, cerrando sus ojos con fuerza.


Madeleine…

Lo que tenías en ese entonces,

No era exceso de respiración

Era dolor.

Y el dolor…

No puede curarse con una simple

Bolsa de papel.


Walter, corrió hasta su cuarto donde lo primero que vio fue a Arthur uniendo sus labios contra los de Madeleine. Era cierto, respiración boca a boca, es más efectivo que una bolsa de papel. Siempre pensó que ambos tenían una gran conexión, pero solo fraternal, esperaba que nunca sobrepasara esos limites.

Aunque, su primer pensamiento no fue ese. No fue visto al entrar, pero al ver a Arthur sostener la cintura de Madeleine, sin ver que con su mano tapaba su nariz, su primer pensamiento fue que la estaba besando. En un momento así?, además ella se aferraba fuertemente a su camisa con la mano izquierda y con la derecha como abrazándolo. Que había sido eso?, fue en sí el pensar de Walter.

Se ruborizo y pensó rápidamente, como entrar entregar la bolsa, y no ''interrumpir''. Sea como haya sido, por un impulso quizás entró (de nuevo) de golpe. Arthur, no pareció sorprendido ni expreso ninguna emoción.

-tienes la bola de papel?. Pregunto Arthur, separándose de Madeleine, sentándose junto a ella.

-S-sí!.

Ahora, la bolsa de papel haría su trabajo. Minutos después, Arthur llevaba en brazos a Madeleine a su cuarto. El joven mayordomo, había quedado perturbado pensando en que pasaba. Sentando con la bolsa de papel en su mano derecha, arrugándola y apoyando su cabeza contra su rodilla derecha. Sintió pasos y un tocar en la puerta.

-Estoy seguro, que estas perturbado. Comento Arthur, apoyándose en el marco de la puerta.

-Que le sucedió a Madeleine?. Pregunto Walter, levantando la vista a la puerta.

El Sir, vacilo unos momentos mirando hacia la ventana el caer de la nieve del invierno que acababa de comenzar hacia solo unos días. Encendiendo un cigarro y dando una bocanada de humo.

-Es exceso de respiración. Dijo al fin, metiendo sus manos en sus bolsillos.

-Eso lo sé…me refiero, a por qué le dio eso.

-Esa es la pregunta que yo debería hacerte a ti. Dijo Arthur, mirando a Walter fijamente.-Que pasó, antes que Madeleine tuviera ese ataque?.

Walter, clavo la mirada el piso.-Quizás…fue la pregunta que le hice…

-Que le preguntaste?.

-…-Walter, suspiro levemente.-Por que, Madeleine tiene esas cicatrices?. Pregunto al fin, mirando fijamente a los ojos de Arthur.

Arthur, abrió un poco sus ojos en signo de sorpresa. Los cerro frunciendo el ceño, recordando tiempos pasados, dejando que la ceniza de su cigarro de consuma a largo plazo, y en uno corto cayendo en el suelo.

-Sabes acaso, por que Madeleine cuando toca el piano, dice ''Solo con secretos cual guardar'' y ''Muñeca ilegitima''?.

El shinigami negó con su cabeza.

-Pues…Madeleine…es una hija ilegitima. Una hija bastarda, en simples palabras.

Walter abrió sus ojos de par en par, no creyendo lo que escuchaba. Madeleine? La perfecta lady Madeleine? Una bastarda?.

-Imposible.

Fue lo único que pudo decir, negando levemente con su cabeza. Arthur continúo su relato.

-Madeleine, era hija de mi padre pero no de mi madre. Aun, sigo sin saber con exactitud quien es su madre biológica. Aun así, mi padre opto por criarla como si fuera una Hellsing, aunque tiene la sangre de uno.

-Y la madre adoptiva? Pregunto Walter, encendiendo un cigarrillo.

-Mi madre?. Arthur suspiro, pesadamente.-Ella la odiaba. Allí viene el inicio del problema, uno no podía creer todo lo que mi madre odiaba a Madeleine. Si mi padre o yo, no hubiéramos estado en algún momento, ella hubiera sido capaz de matarla.

En la mente de Walter, resonó: ''podría llegar a decirse, que nunca conocí bien a mi madre. Hasta a veces, parecía que era una carga para ella. '' De aquella conversación que habían tenido hace bastante.

-Ella le hizo, esas cicatrices?.

-Algunas…pero, de allí no comenzó el conflicto.

-Entonces?.

-Ella de verdad intento matarla. Dijo Arthur, terminando su cigarro.

El shinigami, recordó lo que había gritado Madeleine.

''¡Nunca voy a olvidar mis manos manchadas con su sangre!''.

-Ella...imposible…. susurro para el mismo, mirando el piso y nuevamente a Arthur.-Madeleine…al final, mato a su madre…no es así?.

-Sinceramente, aun me cuesta creerlo…ella solo tenia 11 años cuando lo hizo. Contesto Arthur.

-C-como fue?.

-No lo sé. Un día, simplemente en la noche oí gritos…luego, unos disparos. Al llegar a donde provenía tanto bullicio, donde la encontré muerta.

-….

-Madeleine, tenía heridas algo graves, golpes y rasguños. Pero, el arma estaba en sus manos que temblaban sin cesar, nunca incluso hasta ahora la ví así. No hablo durante 9 meses y no canto hasta los 2 años de lo sucedido.

Madeleine, ya no sentía esa presión en el pecho. Pero, sentía como alguien sujetaba fuertemente su mano derecha, donde abrió suavemente sus ojos. Viendo, que era el joven shinigami quien la estaba acompañando, ambos tapados hasta el cuello.

Tomo, la mano del shinigami fuertemente, sintiendo, el perfume de sus cigarrillos en el. El mayordomo, sintió los movimientos de Madeleine, despertando levemente. Mirando como al poco tiempo se levantaba hasta el baño.

La joven, lleno la bañera todo como si fuese automático. De repente, no había brillo en sus ojos, sino que parecía solo un turquesa o zafiro opaco, sin vida. Se arrodillo junto a la bañera, sintiendo el agua, midiendo la temperatura. Vio el movimiento del agua, cortándola para que no fuera a renvalsarse.

Abrió sus ojos ahora opacos, mirando el agua fijamente, viéndose a ella misma cuando era pequeña. Llevando un vestido celeste con blanco, lleno de volados. Su cabello despeinado, siento sujetada por el cuello siendo hundida en el agua, en esa misma bañera.

-Porque…porque…porque…POR QUÉ TENIAS QUE NACER!.

Fue el grito del recuerdo, de su madre. Tomándola por el cuello con solo 6 años de edad, hundiéndola en el agua intentando ahogarla, mientras la pequeña Madeleine intentaba zafarse sin éxito.

-Lo siento!. Fue la aguda respuesta entre ahogos, de la pequeña.

-Eres solo una mancha. Dijo la mujer.-Solo eres una mancha en mi perfecta familia!.

La tomo de su largo cabello levantándola. La arrojo de golpe contra el agua hirviendo, quemando su piel, los gritos siendo cubiertos por el miedo.

-Todo…todo, era perfecto…mi familia, era perfecta…Hasta que tu llegaste!.

Otro grito histérico, Madeleine abrió los ojos a través del agua hirviendo, divisando a su madre llorar desesperadamente. Golpeando la bañera con su puño, su rubio cabello en el rostro, sus ojos miel mirándola con odio.

Todo se disperso. El reflejo siguió moviéndose con el movimiento de sus dedos en el agua, ella apoyando su cabeza contra la bañera. En la misma posición, que su madre solía colocarse, cuando se entregaba a la desesperación. Toco suavemente de nuevo el agua. Mirando las gotas de agua en la palma de su mano, de repente transformadas en sangre.

Una lagrima cayo de su mejilla izquierda, sin siquiera que sus ojos se hincharan, como si fuera automático. Lo recordaba…dentro de poco…seria, su aniversario. El aniversario de la muerte de su madre.

Ahora con 12 años, sentada en un sillón de su cuarto. Estaba perfectamente arreglada como si fuera una muñeca de las que coleccionaba. No sabia, por que su madre la había arreglado así, sus labios rojos y un suave rubor en sus mejillas. Sabía…que no sería bueno. Apareció detrás de ella, como quien no tuviera una mala intención.

-Buenas noches, pequeña Madeleine!. Saludo como con alegría, su madre teniendo una navaja en su mano derecha.

Madeleine, se quedo quieta, dándole la espalda…sintiendo, que era su fin. No respondió el saludo, ni siquiera se volteo a verla.

-Por que no me respondes?. Pregunto la rubia, aristocrática.

-Que quieres?. Fue la respuesta seca y sin vida de Madeleine.

-Oh…parece que te haz levantado con el pie izquierdo, Ana.-ella se iba acercando lentamente.

Bajo su cabeza, lentamente, para que luego al levantarla viera a su madre tener sus guantes blancos puestos y la navaja jugando en sus manos. Entrecerró los ojos, si iba a morir esa noche…no se iría sin respuestas.

-Madre… llamó.

La mujer lo vio venir?o simplemente le molestaba que fuera usada la palabra ''Madre''?. Sea como sea el caso, tenia la marca roja de sus dedos en su mejilla izquierda.

-Oh…pequeña Madeleine. Dijo con una sonrisa acariciándose el rostro.-te he dicho…que, no me dijeras madre…sabes, que no me gusta.

-Porque…toda mi vida me hiciste esto?. Pregunto, sin mirarla teniendo sus manos enguantadas con guantes que en las muñecas tenían algunos delicados volados, sobre su regazo.

-Oh…-respondió la mujer, sonriendo levemente.-siempre la misma pregunta.-se burlo.''Por que esto?''Que hice?'', tantas preguntas y una sola respuesta.

Madeleine la miro a los ojos.

-por que…tu…eres una muñeca sin vida. Esta noche…serás un hermoso cadáver…mi bella Madeleine.

La tomo de su muñeca, levantándola hasta la ventana.-vez la luna, mi niña?. Pregunto suavemente. La pequeña asintió.

-esta es la ultima vez que la verás.

Azotada contra la pared, la tomo por su cabello manteniéndola contra ella. En un golpe seco quiso clavar la navaja en su estomago. Pero, Madeleine tomo sus muñecas tratando de hacer fuerza, mientras lagrimas caían de su rostro.

-yo, nunca hice nada!. Déjeme!. Exigió, mirándola a los ojos.

Ella, no Daria tregua.-que nunca hiciste nada?...tu…eres una maldita. Dijo cortante.-destruiste la familia que hice con tanto amor y devoción…nadie te hizo merecedora del amor de mi esposo!. Grito a los 4 vientos.

La navaja estaba clavada en el estomago de Madeleine. Escupió sangre, pero no había hecho tanta presión como para matarla. Tirada en el piso, mirando a su madre viéndola e intercambiando miradas. No pudo más…por primera vez…no era responsable de sus actos.

Tomo la navaja en su estomago, quitándola del mismo. Con pocas fuerzas quizás, o con mucha por la bravura acumulada, levantándose. El miedo se vio en la cara de su madre, abriendo sus ojos de par en par sintiendo como la misma navaja mezclada con la sangre de Madeleine, se clavaba en su pecho directo a su corazón.

Muchas puñaladas más las siguieron, manchando el vestido blanco de ambas con sangre. Diciendo cosas que ni ellas mismas sabían que era…

-Asesina… fue el último suspiro de su madre.

Madeleine, solo pudo verse a ella misma en el reflejo de la bañera, ya con 17 años. Lagrimas en todo su rostro, sus ojos opacos su cuerpo tenso y frío.

-Madeleine…por favor.

Fue el suspiro que, la hizo voltear su cabeza. Era, el joven shinigami arrodillado junto a ella, su mirada llena de desesperación.

-Walter…. Llamo la joven, mirándolo y sintiendo como el shinigami la abrazaba fuertemente.

Ella se aferro a su camisa, entregándose de nuevo al llanto silencioso. Walter, la tomo por su rostro suavemente, levantándolo para que la viera a la cara.

-Mady…que te sucede?. Pregunto, pegando su frente contra la de ella.

-Yo…yo, nunca pretendí matarla. Dijo en sollozos, abrazándolo por su cuello.

-Arthur me lo contó….dijo el joven, abrazándola por su cintura.

-tu me crees, verdad, Walter?. Dijo ella, hundiendo su cabeza en su cuello, ya sin sollozos.

Walter, acaricio su espalda, luego levantando su rostro levemente.

-Madeleine…Aunque, me estés mintiendo, yo creeré en lo que digas.

Ella, miro a su mayordomo, creerle aunque mintiera?. Adoraba, contenerse y apoyarse en la gentileza del shinigami, sabia que nunca encontraría a alguien así, y si lo hacía, era una actuación bien hecha.

-Yo la maté. Dijo cortante, mirándolo con los ojos sollozos, pero firme en su voz.

-No, voy a juzgarte por eso, Madeleine. Contesto Walter, mirándola fijamente.

Madeleine miro al piso, entrecerrando los ojos, cerrando sus dedos en la camisa del shinigami. Walter, tomo sus muñecas mirándola fijamente.

-Pero….-dijo, obteniendo la mirada de penetrante de ambos.-No quiero, que vuelvas a intentarlo.

-Que?. Pregunto Madeleine.

De pronto, vio nacer una fina gota del ojo derecho de Walter. Arremango la camisa y le quito los guantes a Madeleine, sin que ella casi se diera cuenta. Para descubrir, algunas cortaduras en sus muñecas.

-Nunca, vuelvas a hacerlo Madeleine!. Grito, tomando sus muñecas con fuerza, bajando la cabeza, haciendo que otras lagrimas contenida hace mucho, cayeran al suelo.

Ella, desvío la mirada bajando sus muñecas y cerrando sus ojos, mordiendo su labio inferior.-Solo…quería pagar lo que hice…matándome. Dijo, en voz baja bajando la cabeza ella también, cerrando suavemente sus manos.

-Esa no es ninguna forma de pagar, algo que no fue tu intención. Dijo Walter, mirándola fijamente.-Después de todo…no eres una muñeca, solo eres una princesa malcriada y mal aprendida.

Madeleine, miro fijamente a Walter. Frunciendo el seño y liberando su mano izquierda. Donde, tomo impulso y una bofetada termino en el rostro del shinigami.

-Sé que lo que soy, Walter!. Grito Madeleine. Maté decenas de personas solo por complacer! Mutile, mi propia vida por hacerlo!. Nací, solo para hacer miserables las vidas de las personas a mi alrededor!.

-Tú, no hiciste mi vida miserable, Madeleine!. Contesto el grito Walter, tomándola por los hombros.-Gracias a ti, sé que hay mucho más!, Sé que si tu cambiaste mi vida, yo puedo cambiar la tuya!. No voy a permitir, que seas solo una muñeca, que amanecerá muerta en la mañana!.

-Por qué?. Pregunto Madeleine, bajando la voz desviando la mirada.

-Por que…yo, no moriré…si, no es junto a ti.

Madeleine miro el rostro de Walter y sus ojos. Llenos de lágrimas como los de ella, presionando sus hombros, como si no quisiera que se fuera. Abrazo a Walter por su cuello, mientras él abrazo su cintura hundiendo su cabeza entre sus pechos, manchando su camisa blanca con finas gotas.

-Quiero...que solo seas mía y de nadie más. Susurro el mayordomo.


''Quiero que seas mía de nadie más''

Aun…esa misma frase sigue en mi mente

Walter…ya, no somos jóvenes

Tenemos que afrontar la realidad

Aquel hilo rojo…

Se desato…

Cuando camine hacia el altar?

-Madeleine


Londres, 1989.

Aquella rosa muerta, en la calle espera...

mensaje tras mensaje, preparandose a volar...

Lo único que se escuchaba, en aquella sala tan amplia como un salón. Era el canto de aquella mujer, con esperanzas ya muertas, sus ojos turquesas sin brillo. A través del mismo, recordando toda su vida y aquellos sueños vividos y olvidados.

No creo en el amor y no es por mi...

La fría noche, no parecía afectarle…para ella, su corazón se había acostumbrado al frío. Su voz, que casi nunca se había escuchar…hacia años que no cantaba lo que sentía su corazón, pensaba que tenia demasiados años como para eso. Tocando un piano negro de cola, vistiendo un vestido negro hasta sus pies. Delineando su pequeña cintura, y cuerpo bien conservado, el vestido atado al cuello. Quizás, quería usar por ultima vez, algún vestido de su juventud, o quizás podía tapar la espalda fina y lisa con un chal. Su cabello totalmente blanco, atado en un delicado moño, mechones en su rostro y sus labios rojo pasión.

Con los ojitos empapados en ayer

Con la dulzura de aun amor que nadie ve...

Con la promesa de aquel ultimo café...

Con un monton de sueños rotos...

Siguió unas notas de piano en silencio. La mujer, cerró sus ojos derramando una lágrima de su ojos izquierdo, deteniéndose poco a poco. Al fin, termino de tocar levantándose y caminando hacia la ventana de aquella sala, decorada al estilo victoriano con pocos muebles. Tomo de una mesa cercana la fina pipa y coloco un Shanote en la punta. Tenía guantes negros, en sus muñecas con volados de tela negros y un poco transparentes. En su dedo anular, un anillo con un rubí incrustado. Lo miro, antes de llevarse la pipa a los labios, mirando la escritura de los costados.

-W/M-

Llevo la pipa a los labios, manteniéndola allí por apenas unos segundos. Claro…necesitaba fuego. Ni siquiera lo pensó, no estaba consiente de todo lo que sucedía en aquella sala, sea como fuese un encendedor se vio frente a ella. Con las mismas inscripciones del anillo, mientras el cigarrillo se encendía, la mujer abrió sus ojos de par en par.

Dejo caer su pipa y giro su cabeza apenas un poco, mirando quien sostenía ese encendedor. Apenas unos centímetros mas alto que ella, vistiendo un elegante traje negro, su cabello totalmente negro y atado en una coleta con unos mechones en el rostro. El monóculo característico de el, mirándola fijamente, mientras guardaba el encendedor en su bolsillo.

-Tú…

Fue lo que llego a decir la mujer, suavemente mientras otras lágrimas brotaban de sus ojos. El sujeto, piso el cigarrillo que había encendido, con su zapato, tomando por la cintura a la mujer y sosteniéndola contra si, mientras lagrimas caían de su rostro de ella. Inmovil, a duras penas casi temblando cerrando sus manos en su camisa, sin que sus ojos se vieran.


Madeleine…

Aun, no pienso que todo fue en vano

Y estoy seguro, que tú tampoco piensas eso

Pero…

Dije que nunca te dejaría ir…

Lamento mucho

No haber cumplido lo dicho

-Walter.


New cap, de mas que tu ^^, espero que les haya gustado =).La cancion del final, algunas partes de la cancion de Sueños Rotos de la Quinta Estacion. Miles de thanks, arigato y gracias a Aletse que siempre me anima a seguir esta historia ;)

Cecylik~