La tormenta culminó en la madrugada y él estuvo casi toda la noche en vela, mirando a esa dulce muchacha, que estaba despertando su maltrecho corazón, poco a poco. Hasta que el sueño lo venció y se sumergió en él, acurrucando a la joven en sus brazos. No sabía cuanto había dormido o que hora indicaba el día, ya que un grito de ella, lo despertó de golpe.

-¡Alba!- salió a toda carrera de la cueva, colocándose los pantalones en el camino -¡Alba! ¿¡Donde estas!?-

La isla en donde estaban, era la de mayor tamaño, dentro de ese archipiélago y la más peligrosa, ya que la mayoría de los dragones en ella, eran salvajes.

-¡Elliot!-

Volvió a gritar la joven y una explosión, se escucho a unos metros delante de él.

-¡No, por favor!- exclamó con pánico, siguiendo el sentido del humo de la misma -¡Alba!-

Estaba siendo acorralada, por un dragón en tonalidades rojizas y su cuerpo cubierto en llamas, era un Quebrantahuesos. Él, sin pensarlo, produjo fuego con sus manos y atacó el lomo del animal, haciendolo voltear.

-¡Reflejo! ¿¡Que crees que haces!?-

Exclamó en un idioma extraño y con sus ojos zafiros, brillando cómo el fuego en sus manos. Respiraba agitado, por la corrida y la desesperación, pero estaba dispuesto a matar a ese dragón, sino se detenía. La criatura, hizo una reverencia delante de él y salió volando del lugar, descubriendo a la joven, que se encontraba en el suelo, escondiendo su cabeza entre sus rodillas.

-¡Alba!- se precipitó, tomandola de los hombros -¡Mirame!- rogó con el corazón en la garganta -¿¡Estas herida!? ¡Háblame!-

Ella asintió y levantó su rostro, que estaba cubierto de sangre, al igual que su ropa. Tenía profundos cortes en la mejilla, el cuello y parte de su pecho, junto con una enorme quemadura, en su hombro derecho.

-¡Dioses!- la tomó en sus brazos, para llevarla a la cueva -¡Lo siento!- corría asustado, las heridas de dragones, eran graves y podían empeorar, sino se trataban a tiempo -¡Nunca había pasado algo como esto!-

Estaba consternado, sus dragones, tenían la orden estricta, de no atacar a los humanos.

-Esta bien...- mencionó ella, entre quejedios de dolor -Elliot, por favor...- le tocó el rostro, parecía loco, corriendo por la isla de esa manera -Tranquilazate- él no la escuchaba.

-Lejos- susurró y aparecieron dentro de la cueva -¿¡Que fue lo que paso!?-

Pregunto alarmado, acastondala en el catre, en donde habían pasado la noche.

-No lo sé...- trago saliva, por las náuseas que le provocaba el dolor en su cuerpo -Antes de despertar, sentí pasos dentro de la cueva...- hiperventilaba, mientras él, le curaba las heridas -Desperté y al hacerlo, vi una sombra que salía de aquí- él pronunció unas palabras, en el mismo idioma que hace un momento y apoyo una mano en la quemadura, curandola, inmediatamente -Me vestí y salí al exterior, para comprobar, si fue real lo que vi o no- ya se sentía un poco mejor -Caminé unos metros, siguiendo tu advertencia de no alejarme demasiado y un dragón blanco, paso volando sobre mi cabeza- su memoria era increible, a pesar del susto vivido -Y cuando quise regresar aquí, él salió de la nada, como si estuviera escondido en algún lugar, acechandome y me atacó-

Tocó su mejilla, que fue donde el dragón le dio un enorme zarpaso, pero la herida, ya no estaba, seguramente, él la había curado con su magia. La cara del hombre frente a ella, estaba deformada por la furia, que pensaba desatar contra la persona, que había ordenado a ese dragón, para que la atacará. No tenía que pensar demasiado, para saber de quien se trataba y esta vez, no iba a obviar la situación, ya había traspasado todos los límites, que él podía tolerar.

-Lo lamentó...Podrías haber muerto- dijo con culpa y tomó un mechón de cabello de ella, que estaba manchado de sangre -Reflejo es un dragón salvaje, se conocen como Quebrantahuesos y además de incendiar todo su cuerpo, puede camuflarse en el ambiente- explicó, acongojado.

No sabía como disculparse o excusarse con ella, sin sentirse cada vez más culpable, por todo lo que paso.

-Ese nombre, tiene mucho sentido- rió a carcajadas, pero él, seguía serio, hundido en un mar de pensamientos -¡Vamos, Elliot!- lo empujó, divertida -Estoy bien, fue sólo un susto- le acaricio una mejilla, para traerlo de vuelta -¡Oye! ¿Por que hablas otro idioma para comunicarte con los dragones salvajes?-

-Hablo el idioma de los duendes- sonrió al verla bien, ella tenía razón, la había salvado -Sólo los amos de dragones, podemos hablarlo-

-No- ella negó con la cabeza, divertida -Lo duendes también lo hablan, no seas mentiroso-

Él rió con ganas, hacia mucho tiempo que no reía así. Desde que Denisse se fue, que no reía de esa manera.

-¡Eres una loca!- la tumbó sobre la cama, besandola en todo el rostro -¡Cualquier otra persona, estaría llorando después de que la atacará un dragón y en cambio tu, te ríes!- le besó la nariz -Además, ¿De donde sacas esas locas acotaciones o respuestas improvisadas?-

La miró a los ojos, eran tan únicos, que le atraían a mirarlos.

-Vivo en un circo- respondió obvio -Tengo que tener sentido del humor, sino, me echarían a patadas- él asintió, eso tenía mucho sentido.

-Por cierto, ¿El señor Méndez, no te regañara por no volver en la noche?- ella le acariciaba el cabello, escuchandolo.

-No, para nada...- miró hacia la inmensidad de la cueva -Cuando llueve no hay función y además, no es la primer noche que paso fuera- le guiño un ojo, para que entendiera el punto -En el circo, la única regla que tenemos que seguir, es no llevar hombres o mujeres a nuestras carpas- el joven, asintió, de acuerdo -Podemos hacer lo que queramos, siempre y cuando, no nos metamos en problemas que involucren al circo, como robar, por ejemplo-

-Si, claro- él se incorporó, sentándose en su lugar -Podrían ir presos, si eso ocurre, ustedes son una comunidad-

-Si y además, son mi familia, jamás los traicionaria así-

El amo de dragones, camino hacia un enorme baúl y extrajo cómida de allí, estaba seguro, que ella tendría hambre.

-Por cierto, ¿Tus padres estuvieron de acuerdo con que te unieras al circo?-

Tomó asiento junto a ella, entregandole un paquete de galletas. Ellos conversaban de cualquier cosa, como si se conocieran desde hace años.

-No lo sé...- levantó sus hombros, metiendo una galleta en su boca -Quizás si, no conocí a mis padres o al menos, no los recuerdo-

-¿Eres huerfana?-

Pregunto interesado, comiendo galletas como ella.

-No lo sé...- respondió perturbada, sin poder evitarlo -Hace más de un año, que llegue al circo, sin recordar quien era-

Él proceso las palabras de ella, quedando petrificado y mirándola aturdido, había una mínima posibilidad, de que sea ella. No podía ser posible lo que acababa de escuchar, definitivamente, estaba escuchando cosas, que quería oír hace más de un año o al fin, se estaba volviendo loco.

-¿Que?- pregunto sin aliento, sentándose mejor en su lugar, para escucharla -Podrías explicarme, ¿Que quieres decir, por favor?- inspiró profundo, buscando calma.

-Si, claro- respondió como si nada -En realidad, no hay mucho que contar...- aseguró -Hace un año, aproximadamente, o quizás un poco más...- metió otra galleta a su boca, masticando tranquila, mientras él, la escuchaba con su corazón desbocado -El señor Méndez, me encontró en la playa de la isla Claire...- ese lugar, estaba muy lejos de Fanelia -Creo que morí antes de llegar allí, la verdad, no lo sé...- Índico impertérrita, mirando hacia la salida de la cueva -Lo único que sabemos de mi, gracias a los poderes de Angélica, es que, hice un pacto con la diosa del mar, intercambiando todo lo que yo era, para poder vivir- sintió que él la abrazaba y hundía su rostro en el regazo de ella -Según me dijo despues, yo era un tipo de bruja...- pensó un momento, chasqueando los dedos, para poder recordar.

-Una vidente-

Dijo él con la voz apagada, contra las piernas de ella.

-Si, eso- aseguró iluminada y bajo la mirada hacia él -¿Elliot?- lo picó con su dedo, él se convulsionaba de forma extraña, mientras ocultaba su rostro -¿Estas llorando?- pregunto perturbada y él nego -No llores, no es una historia triste...- le acaricio el cabello -Es una historia y punto-

-Estas viva...-

Mencionó con la voz rasposa. Se incorporó sin mirarla, camino unos metros dándole la espalda y froto sus ojos con la mirada en alto, con una mano en su cintura, mientras soltaba largos y profundos suspiros.

-Si, claro que estoy viva- dijo con alegría desde su lugar -El señor Méndez me rescató, Anna me curo, Aggie me acogió sin problemas en su carpa y soy parte del circo, hasta hoy-

Contó con los dedos. Él inhalo y exhalo, profundo, para luego voltear apresurado hacia ella.

-¡Estas viva, mi amor!- aferró su rostro con las manos temblorosas -¡Estas viva!- beso sus labios, como si fuera mentira, que ella estuviera frente a él -¡Te busque!- acomodó su cabello y besó su frente, desesperado -¡Te busque, cada día, por mucho tiempo! ¡Desde que la ola te arrancó de mis brazos, hace más de un año!-

-¿De que hablas?- temblaba igual que él.

-Tu eres Denisse...Denisse Elric- ella negó, no podía creer lo que estaba diciendo -Ahora entiendo todo, porque tu te pareces tanto a ella, porque tu hablas como ella o porque tu cantas las canciones que ella cantaba- la beso de nuevo, una y otra vez -Tu eres ella- aseguró.

-No puede ser- susurró, impactada.

-Si, mi amor...mi muñeca- le limpió una lágrima errante, que escapó sin querer, para surcar su mejilla -Mi hermosa mariposa- sonrió lleno de felicidad y se separó, para acercarse al baúl donde estaban los víveres -Mira...- sacó un viejo cuaderno arrugado de hojas pentagramandas y busco una hoja en particular -Lee esto- se sentó junto a ella, mirándola, expectante.

-Recuerdame...Cuando duermes y adivino lo que sueñas- murmuró, leyendo la letra y melodía escrita allí, giro la página y leyó otra -Mi corazón lleno de pena y yo, una muñeca de trapo- Estaba anonadada, era cierto lo que él decía, sólo ella conocía esas canciones de memoria y nadie más -Dennise Elric-

Leyo la firma al final de una partitura. Tocó su cabeza con un quejido de dolor y llevo la otra mano, hacia las letras en su espalda, que ardían sin razón.

-Esta bien, mi amor...Tranquila-

Intentó calmarla e inspeccionó las letras en la espalda de ella y que aún seguían allí. El hechizo, no se había roto, esa era una buena señal, era casi imposible, romper un conjuro que un dios le aplicó sobre un humano.

-Elliot- sonrió emocionada, ante la idea de haber recuperado su vida, había recordado parte de ella, a pesar del dolor que sentía -Gracias- lo abrazó con fuerza -Gracias por no dejar de buscarme y por no olvidarme-

-Nunca te olvidaría...- la aferró más a él, para no soltarla nunca -Eres lo más valioso y hermoso que tengo en la vida- ella hizo un gesto extraño con su rostro.

-Espera un momento...- se separó, ofendida -¡Te comprometiste con Lucinda!- se incorporó y lo apuntó, histérica -¡Ni siquiera me enterraste y vas casarte con otra!-

Caminó de un lado a otro, totalmente perturbada, por la actual situación de él. Sin mencionar, que era muy extraño para ella, que a pesar de haber descubierto quien era y sus origenes, no se encontrará llorando a mares o lamentándose, por las memorias que perdió. Se lo había tomado bastante bien, después de todo.

-¡Callate!- la levantó en sus brazos, tomandola de las rodillas y besandola con fuerza -¡No quiero que vuelvas a hablar de tu muerte!- advirtió con los dientes apretados y enfrentando sus ojos -En cuanto a ella, hoy se termina lo nuestro o lo que sea que tengamos...- aseguró, sonriendo como psicópata -Y con más razón, teniendo en cuenta, que ella fue la que le ordenó a Reflejo para que te atacará-

-¡Maldita desgraciada!- golpeó su mano hecha un puño, contra la palma de su igual -¡Juh! ¡Tiene suerte de que ya no tenga la inmovilización molecular!- exclamó con cara molesta -¡Sino, la tiraría por un acantilado!-

El amo de dragones, rió a carcajadas, otra vez. La había extrañado tanto, que la vida le devolvió, lo que el destino le había quitado.

-Te amo-

Declaró, antes de besarla y un recuerdo fugaz, volvió a la memoria de ella.

-Y creo que yo a ti- lo miró a los ojos, después de separar.

-Si, ya lo sé...-

Camino con ella hacia el catre, con la mejor cara de depravado que podía tener.

-¡Malditos!- la princesa, estaba dentro de su cuarto, destruyendo todo a su paso -¡Malditos! ¡Malditos! ¡Malditos!- destrozó hasta el vestido de novia, que estaba enfundado en un maniquí -¡Pero no se burlaran de mi!-

Aseguró con malicia, tomando su media corona entre sus manos e ideando un plan, para destruir a esa cualquiera, por arruinarle la posibilidad de ser feliz con él.