Love Live Sunshine!
El deber de familia
Disclaimer: Love Live! Pertenece a su creadora Sakurako Kimino y a ASCII media works junto con Sunrise.
NdelA: Muero de sueño pero tenía que hacer este capítulo. Al parecer no se ha tenido un buen resultado con esta historia lo cual me desalienta, sin embargo seguiré hasta que pueda poner el fin al final de la historia.
Viendo un vídeo donde un tipo hablaba sobre nosotros los millenials, me sentí identificada. ¡Ah! Somos una generación de seres deprimidos al estilo de la generación X. Yo estoy en la frontera de ambos lo cual hace que sea más culera toda la vida. Eso explica porque soy más propensas a la depresión y la rebeldía.
Me deprime casi cualquier cosa pero sigo adelante a pesar de eso. Eso me recuerda el meme de Hulk.
"¿Cómo le haces para no deprimirse?
Ese es mi secreto, siempre estoy deprimido."
— o —
Con pesadez se despertó esa mañana, por unos segundos no reconoció dónde estaba hasta que de golpe vinieron a ella todos los sucesos de la noche anterior. Abrió los ojos desmesuradamente dándose cuenta de que aún tenía el torso desnudo y se cubrió con vergüenza esa desnudez. En otro extremo de la habitación pudo vislumbrar la silueta de su nueva esposa, ¿o esposo? No sabía cómo debía referirse a ella.
Dia estaba sentada de rodillas terminando de vestirse para iniciar su día. No se esperaba que ella hiciera sus labores diarias después de su boda así que podía darse el lujo de ausentarse por esa mañana. Maru contempló su espalda y su cabello negro cayendo por ella hasta casi llegar a su cintura. Sus formas eran hermosamente femeninas y guardaba ese aire de solemnidad que la noche anterior había perdido completamente. Suspiró enojada y eso alertó a Dia que volteo a mirarla.
Maru se sonrojo al ver el costado de su pecho cuando se giró y solo atino a desviar la mirada como si la visión de aquello fuera fuego que la quemaría si lo veía más de lo adecuado. Se hundió más en la cama tapándose con la sábana para evitar cualquier interacción con la otra persona. Escuchó pasos aproximarse y tembló con la perspectiva de la cercanía de Dia, la imagen que tenía de ella de la noche anterior no ayudaba a calmarla. Su mente le jugaba una mala pasada pensando en cómo tal vez ahora quisiera hacer uso de su derecho sobre ella y forzarla contra su voluntad. La noche anterior se había contenido pero nada le decía que hoy no hubiera cambiado de opinión.
Se quedó esperando pero Día no hizo ningún otro movimiento y el calor debajo de la manta empezaba a sofocarla por la falta de aire y su aliento cálido. No pudo más y se destapó asomando primero un ojo por debajo y luego su nariz para respirar aire fresco. A contraluz vio una pequeña sonrisa en el rostro de la otra mujer que parecía divertida con su reacción.
—Hanamaru-san —habló y su voz hizo estremecer a la chica por lo que dudo en continuar—, yo… quiero disculparme —bajo la mirada—. Sé que no tengo perdón alguno por lo que pasó anoche… No hay excusa aún cuando pueda alegar que es culpa del alcohol que ingerí o la presión de mi padre sobre este matrimonio o la de mi… —titubeo—, mi primo sobre su familia. No tengo manera de disculparme pero quiero hacer el intento de que las cosas sean al menos llevaderas entre nosotras.
—Es… son sensatas tus palabras solo que no sé si confiar en ellas o no —Maru dijo aún con una nota de enojo en su boca—. Tal vez pueda parecer una chica de pueblo que no ha salido nunca del templo pero no soy una tonta por eso zura~ —se llevó la mano a la cara para tapar sus labios al ver que su típica muletilla se había escapado de ellos.
—Me alegra al menos que puedas escucharme y hablar conmigo —dijo un poco más aliviada al ver que la chica al menos no la había corrido de la habitación—, no voy a insultarte menospreciando tu persona aunque debo admitir que tenía ese temor.
—Pues no los soy —se mostró indignada y Día no pudo evitar sonreír ligeramente al verla— ~zura —hizo un puchero.
—De acuerdo —se levantó de donde estaba arrodillada he hizo una pequeña reverencia—, reitero mis disculpas —se incorporó poniéndose seria—. Quiero pedirte que no comentes lo que pasó en realidad, para todos los demás, sobre todo para mi padre, anoche se consumó el matrimonio y con ello la posibilidad del nieto que tanto desea, él no debe enterarse de que no fue así.
—Creo que hay algo mal en todo eso que dices —reflexionó—, somos mujeres, las dos, no hay manera de que le demos un nieto.
—Si… sobre eso… —se sonrojó avergonzada—. Kanan-san, mi primo…
Como una realización o una epifanía Hanamaru comprendió el porqué de la presencia de ese hombre anoche y de las palabras que había dicho.
—Pensaban… —retrocedió y Día vio cómo el pequeño acercamiento que habían tenido se diluía como sal en el agua—, eso es ruin… horrible… yo, yo no quiero verla ahora Kurosawa-san —se mostró ofendida e indignada y en cierto modo le dolió que la llamara por su apellido cuando ya se hablaban por su nombre.
Día se mordió un labio para no intentar decir nada más. Comprendía la reacción de la menor y no iba a forzar su interacción. No dijo una palabra más y solo salió de la habitación dejándola solo como lo quería Hanamaru.
Cerró la puerta con pesar, tendría que hacer mucho para congraciarse con ella. Anduvo un par de pasos cuando se dió cuenta de que había una chica sentada afuera de la habitación esperando con una bandeja con comida. Se le veía contrariada y sorprendida de verla. No la reconoció enseguida, no era de la servidumbre de la casa pero se le hacía conocida. Lo pensó un poco haciendo memoria y dedujo que probablemente se trataba de alguien del templo, la doncella que había bailado en su ceremonia de matrimonio, recordó.
—¡Buenos días Kurosawa-sama! —la escuchó decir y noto un cierto desprecio en su saludo.
—Buenos días, ¿cómo te llamas? —la estudió con la mirada pero la chica no pareció amedrentarse aún cuando había sido bastante inquisitiva.
—Toshima Yohane —hizo una reverencia—, soy la sierva de Kunikida Hanamaru-san.
—Ya veo —había algo en la chica que no le terminaba de agradar, quizás fuera esa extraña aura que emanaba—, por favor atiende a mi esposa, debemos estar listos para la cena de esta noche con mi padre y el resto de la familia, yo vendré por ella cuando sea el momento.
Yohane asintió y siguió de largo dejando a Día en el pasillo. La mujer mayor la vio irse y se detuvo pensando en lo rara que era la chica. No le prestó mayor importancia y se dirigió al dojo para practicar un rato antes de tener que volver. Tenía que sacar el estrés que tenía acumulado.
—
Yohane entró en la habitación y se encontró a Maru llorando mientras abrazaba sus piernas contra su pecho. Pudo notar el desorden en la cama y la desnudez parcial de la chica. Su corazón se estrujo de verla así y de inmediato reaccionó con molestia.
—Juro que si esa mujer te hizo algo voy a envenenar su comida —puso la bandeja que llevaba en las manos en el suelo y se acercó hasta Maru que se aferró a sus brazos en cuanto estuvo cerca—. Voy a invocar a todos los demonios del infierno para que la atormenten por el resto de su vida.
—Yo-chan —exclamó entre sollozos—, Yo-chan soy tan infeliz.
—Ella te hizo algo —la separó un poco y con escándalo vio la marca roja en su mejilla y montó en cólera—. ¿Cómo se atreve a ponerte una mano encima? ¿Te hizo daño? ¿Se propasó contigo de forma vil y rastrera? ¡Juro por todos los demonios del mundo que la voy a matar!
Maru solo se dedicó a llorar en su regazo dejando que acariciara su cabello para darle consuelo aunque el rechinar de los dientes de Yohane era muy notorio.
—El hombre horrible, tu suegro, se regodeó anoche cuando su sobrino le llevó la prueba de que ustedes... de que tu y Dia-sama habían hecho aquello —Maru no dijo nada al respecto, Día le había dicho que no era conveniente decir que en realidad eso no había ocurrido—. Tu padre estaba muy preocupado —el oír la mención de su padre la hizo dejar de llorar.
—No quiero saber nada de él, por su culpa es que está pasando esto, que me ha condenado a esto zura~ —apretó los puños molesta.
—Bueno al menos dejaste de llorar —dio un respiro y escuchó un ruido muy conocido venir del estómago de la otra niña—. Debes tener hambre —atrajo la bandeja y tomó un pan de ella que se lo ofreció a Maru.
—Solo un poco zura~ —cambió su humor al ver la comida, Yohane sabía que eso le pondría de mejor ánimo.
La vio comer con su habitual apetito y eso la tranquilizó, al menos un poco, seguía enojada, muy enojada. Kurosawa-sama no era para nada una buena persona si se había atrevido a golpear a Hanamaru-chan. Esa no era la persona con quién quería que Maru pasará el resto de sus días bajo su cuidado.
—Vaya —volvió a hablar nerviosa—, ya eres… —trago saliva—, ustedes lo hicieron después de todo, ¿eh? ¿Fue muy malo? —su curiosidad sobre el tema le ganó.
Maru dejó de lado lo que estaba comiendo para después darle una gran mordida a su pan negándose a contestar
—¡Lo siento! Me extralimité, no me hagas caso —dijo arrepintiéndose de haber preguntado aquello—. Me… mejor vamos a que tomes un baño, Kurosawa-sama quería que estuvieras lista para la cena.
Sin decir más dejo que la Yo-chan la guiara.
—
You se despertó con un tremendo dolor de cabeza producto de todo el alcohol que había ingerido la noche anterior. Tenía imágenes borrosas de todos los sucesos y ciertamente no sabía si quería recordarlos realmente, sólo que la realidad le golpeó a la cara.
Tenía durmiendo sobre su pecho a una de las mujeres del prostíbulo y en el otro extremo estaba la otra. Miró alrededor y vio a Kanan dormido sobre un roido y viejo sofá con varias botellas de licor vacías a sus pies. Fue entonces que recordó lo que había pasado con mucha vergüenza.
De enmedio de sus piernas se alzaba triunfante aquel falo de cuero con el cual había hecho cosas inapropiadas con las otras dos mujeres. Si, había fornicado con ellas. No había otra palabra para describirlo. Lo peor de todo es que Kanan le había ordenado que y como hacerlo y había obedecido incluso cuando le hizo beber alcohol para desinhibirla y permitir que todo eso sucediera.
Con pesadez se levantó, sentía una gran carga en sus hombros, y con dificultad comenzó a vestirse no sin antes quitarse aquella cosa y guardarla en la caja donde pertenecía. Kanan se despertó y comenzó a reírse cuando lo vio. Eso lo hizo sonrojar sumamente avergonzado. Terminó de vestirse y sin esperar una palabra de Kanan se fue de allí llevándose la caja sin darse cuenta hasta que llegó a la casa Kurosawa.
—¿Donde diablos es que te metiste? —le regaño Yohane en cuanto lo vio—. Apestas a alcohol, ¿que tontería hiciste? —se cruzó de brazos molesta esperando una explicación.
—No tengo porqué decirte nada —trato de desviar la atención poniéndose a la defensiva.
—Eres muy malo para mentir y si no estuviera contigo para ayudarte habrías sido carne de cañón hace mucho, ¿que fue lo que hiciste? —lo miró sin ceder ni un centímetro.
—Kanan-san me llevó a beber para celebrar, nada fuera de lo común —dijo intentando escabullirse.
—¡Saito You-chan! —habló dándole un ultimátum cortándole el paso.
—¡Es la verdad! —exclamó y en parte era cierto.
—Hanamaru-chan te necesita ahora y tú estás de juerga como si fueras un hombre cualquiera —dijo regañandolo.
—Lo siento, de acuerdo —se rindió—. ¿Cómo está ella? —quiso saber.
—Mal, esa Dia-san fue mala con ella, la golpeó para que accediera y… está mal You-chan, me duele verla así —un par de lágrimas asomaron a sus ojos.
—Hablaré con Maru para saber qué pasó y le pediré a Dia-san que la trate mejor —la tocó por los hombros tallandolos para darle ánimos—. Sólo déjame que me cambie y tome un baño.
Yo-chan asintió dejándola ir por fin y aprovecho para salir corriendo, al menos no había preguntado sobre la caja que llevaba en las manos. Tomó el baño y ceno algo en la cocina mientras el resto de la familia Kurosawa tomaba la cena en el comedor principal. Kanan había regresado al poco tiempo después de él y no le había visto hasta la cena y solo brevemente cuando lo vio pasar hacia el comedor.
Yo-chan estaba atendiendo a Hanamaru durante la cena, aunque más bien era correcto decir que permanecía a su lado como marcaban sus deberes de doncella. You termino de comer rápidamente y fue a plantarse fuera del comedor a esperar las indicaciones de Kanan. Lo odiaba pero no por eso iba a dejar de lado sus tareas.
Estaban por acabar cuando un mensajero llegó con un recado urgente para Kurosawa-dono interrumpiendo la velada. You vio todo aquello detrás del mensajero a quien siguió de cerca cuando entró en el comedor. Observó como el rostro del patriarca de la casa reaccionaba enojada ante la misiva.
—¡Los Takami y los Kazuno han declarado la guerra a los Kurosawa! —exclamó iracundo—. Han atacado una de las atalayas del pueblo vecino para advertir de su rebelión.
El rostro de los presentes cambió cuando escucharon eso, reaccionando de formas distintas cada uno de ellos.
—Bueno —fue Kana quien hablo—, era algo de esperar. Yo me encargo de ellos.
Se levantó de la mesa y me llamó con él. Los nervios me invadieron, iba a ir a la guerra.
— o —
