Capitulo 9
Luego de un día de lluvias, el día siguiente todo había cambiado. El cielo azul se levantaba majestuoso siendo acompañado por los gratos rayos de Sol. Las flores empezaban a abrirse, los arboles rebozaban de felicidad danzando y jugando con la calidez del día. Hasta el ambiente dentro del palacio era más agradable.
Francisco desayunaba tranquilamente cuando Manu se asomo al comedor, le sonrió suavemente. El joven inclinó levemente la cabeza en forma respetuosa, y devolviendo la sonrisa se fue a sentar al lado del príncipe. A pesar de que le había sido difícil conciliar el sueño por culpa del Sombrerero Diego, las ansias de volver a casa lo habían despertado con mayor ánimo.
El príncipe blanco le había dicho que para cruzar a su mundo debían viajar a un lugar especial, bajo un enorme árbol floreado llamado Astaros, se dice que en ese lugar la magia se incrementa por lo cual facilitaría el trabajo de Sebastián. Pero como el viaje era largo, y tenían 30 días hasta la próxima Luna llena, tenían que hoy mismo partir rumbo a ese lugar. Para Manu aquello era mucho mejor que pasar encerrado sin hacer nada, además al parecer Diego no los acompañaría, y en las circunstancias en que se encontraba su relación, prefería que fuera así.
— Buenos días — saludo Sebastián mientras entraba al lugar con una enorme sonrisa —. Que agradable día soleado, realmente delicioso.
Manu se quedo mirándolo con curiosidad ¿Como un vampiro podía disfrutar tanto de un día soleado?, se supone que debería estar vuelto cenizas, sonrió con una leve malicia al imaginárselo gritar escandalosamente y volverse cenizas al ver el Sol.
— Y hablando de delicioso, hoy has madrugado Manu — lo miró fijamente con una expresión sexy. Sus ojos que reflejaban maldad hacían un grato contraste con su dulce sonrisa.
No pudo evitar sonrojarse, con esa forma como lo miraba el joven vampiro era difícil no reaccionar así. Desvió la mirada para no seguir mirándolo a los ojos.
— "Maldito Eduardo Cullen" — pensó, este era el apodo que le había dado a Sebastián, porque claro, Vampiro más brillos igual a Eduardo Cullen, un personaje popular de novelas de vampiros. Aunque eso sí, no tenía idea si dicho personaje tenía esa sádica expresión con la que usualmente lo miraba Sebastián.
— Pueden dejar de mirarse de esa forma tan libidinosa, ustedes dos — entró Diego muy molesto y con el cabello desordenado como si se hubiera levantado corriendo de la cama.
Sebastián lo miro con gesto burlesco, mientras que Manuel con cara de querer golpearlo ¿además porque se presentaba en ese estado?.
— Que gracioso lo que los celos son capaces de hacer — comentó el vampiro sin cambiar su expresión.
— Cállate... — lo amenazo Diego —, ¡si abres la boca te la romperé a trompadas!
— Uy, que agresivo, hermanito mío — agregó con fingida inocencia —, no quieres que todos sepan que la única forma que logre sacarte de la cama fue decirte que si llegaba primero al comedor le daría un beso de buenos días a Manu, y que por eso saliste corriendo sin alcanzar a peinarte ni lavarte la cara.
Diego se puso rojo y Manu los miro con cara de desagradable sorpresa.
— ¿Qué cosa se creen ustedes dos que soy yo? — les reclamó de inmediato.
— ¡Maldito! — exclamó Diego lanzándose contra su hermano para golpearlo, pero este al igual que Rosaura tenia la habilidad de desaparecer, y a unos centímetros de recibir el golpe desapareció.
Ni siquiera habían salido de su sorpresa cuando apareció frente de Manu y le dio un sorpresivo beso dejándolos a todos sorprendidos. Francisco levanto las cejas con gesto divertido, mientras Sebastián alejándose de Manu sonreía al ver la expresión de su rostro, aun tenía los ojos abiertos de la sorpresa. Los labios del vampiro eran algo frio, bueno algo lógico si se piensa que es un muerto viviente ¿o eso eran los Zombies?
Para sorpresa de Diego, la reacción de Manuel no fue la esperada, ya que después de su sorpresa torno una expresión tranquila y algo fría, y cruzando los brazos agregó:
— Para la próxima pídeme permiso antes de andar dando besos de esa forma.
— ¿Entonces me das permiso para darte otro? — sonrió Sebastián divertido por lo que le acababa de decir el joven.
— No, ya fue suficiente por hoy — tomo asiento tomando su té como si nada hubiera pasado.
Pero por dentro estaba a punto de gritar y chillar porque este lo había besado sin que él quisiera, que se creían que era, ¿un juguete?. Sin embargo le produjo cierta satisfacción al ver el rostro de Diego, hervía de celos, sobre todo al verlo actuar tan tranquilo, así que debía fingir que no le importaba que Sebastián lo hubiera besado, con tal de molestar más al joven de cabellos claros
— ¡Por lo menos date a respetar! — le grito Diego con rabia al verlo tan tranquilo.
— ¿Me hablas a mí? — preguntó Manuel mirándolo con inocencia —. Yo que recuerde no te he dado ninguna autorización para que opines respecto a lo que debo hacer si alguien me besa o no. Eso es exclusivamente asunto mío, la mayoría de edad ya la cumplí hace mucho como para que alguien como tú me diga lo que debo o no debo hacer.
Diego lo miró fijamente, se veía muy molesto, pero no sabía que decir luego de la respuesta de Manuel. Tenia razón ¿con que derechos le criticaba su forma de actuar si ambos no eran nada?. El ambiente se comenzaba a poner tenso.
— ¡Estamos listo para comenzar el viaje! — exclamo Rosaura con emoción entrando a la sala.
Se detuvo al ver la expresión de Diego, quien no dejaba de mirar molesto a Manu. Este miraba hacia la ventana tomando su té. Sebastián sonreía con malicia mirándolos a ambos, mientras que Francisco algo nervioso sonreía sin saber cómo quitar el tenso ambiente.
Al fin estaban a punto de iniciar el viaje, Manu salió con emoción y se detuvo cuando el Sol lo encegueció en la puerta. De ahora en adelante se enfocaría solo en salir de ahí, nada de Diegos heterosexuales con sombrero, ni gatas pervertidas, solo debía aguantar a ese vampiro brillante, e imaginaba que un par de soldados los acompañaría. En eso algo le llamo la atención, una cosa peluda, enorme, de puro verla se puso azul.
— ¡¿Que mierda hace esa cosa aquí otra vez?! — exclamó soltando las cosas que llevaba para el viaje.
Y así era, su amiga la araña (léase capitulo 1) de tres metros estaba justo ahí, a la salida del palacio. Sobre ella Rosaura lo miraba sin entender.
— ¿Qué te pasa? Es mi amiga Bella, nos llevara hacia el árbol sagrado — exclamo la chica gato.
Manu miro sus patas peludas, sus miles de ojos y esos colmillos que no dejaba de mover, y si estaba azul ahora se puso hasta morado. Por ningún motivo pensaba subirse en esa cosa.
— ¿Estás bien? — preguntó Rosaura sin entenderlo.
— Creo que sufre de aracnofobia — se rio Diego burlesco mientras salía con sus cosas.
— ¿Tú a dónde vas? — exclamo el chico de cabellos oscuros al verlo salir listo para viajar. ¿No se supone que Diego no iría?
— Voy con ustedes, cambie de opinión a última hora — respondió con tono pesado y sin detenerse dio un salto subiéndose al lomo de la araña. — ¿Vienes o te da miedo la arañita?
— Esa cosa no es una arañita ¡Es una arañota! — le gritó molesto.
En eso sintió que alguien lo agarraba de la cintura y lo levantaba en sus brazos. Se encontró con los ojos maliciosos de Sebastián.
— No te preocupes, yo te protegeré.
No supo si estaba mejor en sus brazos o con la araña, de cualquier forma Diego los miraba tan molesto que sus ojos parecían echar chispas.
— Ah sí, nos acompañara el ayudante de su majestad, saluden a Panchito — agregó el vampiro sonriendo suavemente.
— ¡Hola Panchito! — saludo Rosaura.
Manu se quedo viéndolo, a lo lejos se notaba que era el príncipe Francisco, sin su corona y su ropa real, pero había que ser bien tonto para no darse cuenta.
— Hola Pancho — saludo Diego — ¿Tú no le temes a las arañas como ese niñito?
— ¿Como que niñito? — reclamó Manuel —, además como no se dan cuenta que es el príncipe Francisco.
— ¿El príncipe donde? — pregunto Rosaura mirando a todos lados.
— No veo al príncipe en ningún lugar — agregó Diego con gesto de burla — ¿el miedo a las arañas te hace perder el sentido?
— Pero... — no podía creerlo, Pancho y Francisco eran la misma persona, rostros idénticos, solo ropa distinta, ¿Cómo demonios no se daban cuenta? — "Esta cuestión ya paso en "La amenaza Chantasma" ¿cómo no se dan cuenta que es la misma persona?" — pensó sacudiendo la cabeza con desesperación.
