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Entrevista con el Diablo II
La tapa de diarios, la portada de la revista "Times"… horas y horas de programación en la tele dedicada a mí. A favor o en contra, no importaba: todos hablaban de mí.
Mientras una limusina de color negro con chofer incluido me llevaba de casa al canal, observé cómo las calles de la ciudad se llenaban de gente.
Algunos saludaban el paso del coche, otros lo insultaban. Hubo hasta quien arrojó huevos. Nada de eso me sorprendía. Los ortodoxos religiosos, los fanáticos, los extremistas, todos ellos estaban agitados. Desde la cadena de televisión ofrecieron ponerme guardaespaldas para protegerme. Me reí y dije que no los necesitaba. Era inmortal y nada que aquellos locos me pudieran hacer cambiaria eso.
Al llegar a la estación de TV, otra multitud de fanáticos nos esperaba. Apenas bajé del coche, otro predicador bíblico me encaró, con el libro en la mano, vociferando:
-¡He ahí a la Bestia! ¡He ahí el dragón! ¡Hermanos, no se dejen engañar por su belleza o juvenil apariencia! ¡Ya lo dice el Apóstol Juan en el Libro de las Revelaciones sobre él! – y acto seguido, recitó el pasaje entero a sus fieles.
Me quedé a escucharlo, solo por algo de morbo y curiosidad por ver cómo una vez más, usaban la Biblia para atacarme.
-"De modo que hacia abajo fue arrojado el gran dragón, la serpiente original, el que es llamado Diablo y Satanás, que está extraviando a toda la tierra habitada: fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados abajo con él" – el predicador cerró el libro y volvió a vociferar - ¡Este espíritu inicuo es el que el Apóstol describe en las Sagradas Escrituras! ¡Es la gran señal de la Apostasía!
-El Apóstol Juan era un anciano enfermo cuando escribió ese dichoso Apocalipsis suyo – le espeté, desde la distancia – Me compara con un dragón, con una serpiente. ¿Me ven ustedes así? ¿Tengo alas, cuernos y pezuñas? ¿Escupo fuego, acaso?
Desde la multitud se levantó un abucheó general. Alguien tiro una piedra. El predicador montó en cólera.
-¡Maténlo! ¡Maténlo! – gritó.
Mi indigné. En otra época y lugar me hubiera quitado a esa chusma de encima con facilidad, incinerándolos o haciéndoles cosas peores, dándoles un buen susto, quizás. Pero ahora era otra persona, una que estaba aprendiendo a sentir lastima por esos patéticos seres, que seguían aferrándose a doctrinas erróneas y viejos sistemas de creencias.
Les di la espalda y entré en el canal. Los guardias de seguridad y la policía se hicieron cargo de la turba.
Kate me entrevistó de vuelta para su programa. Los tópicos a tratar esa noche eran cuatro: Dios, el Infierno, el alma humana y el reino de las tinieblas.
-¿Dios tiene nombre? – empezó ella.
-¿A que te refieres, Kate?
-Pues a la controversia sobre Su Nombre. El Nombre Divino en las Escrituras Hebreas y en las Escrituras Griegas Cristianas es "Jehová".
-No, no, no – la corregí – Está mal pronunciado. Es "Yahvé", en todo caso. El Nombre de Dios es un verbo – le expliqué. La cámara se centró en mí – La forma causativa, el estado imperfecto del verbo hebreo "Ha-Wah", que traducido seria "Llegar a Ser", o "Ser" simplemente.
-Entonces, ¿"Soy el Que Soy" está bien dicho?
-Ah. ¿Te refieres al Tetragrámaton? Bien, en esencia, el Nombre se escribiría así – tomé un cuaderno y una lapicera. Escribí en la hoja en blanco y luego lo alcé para que la cámara lo tomara – YHWH, sin vocales.
-Pero… ¿Los ángeles no conocen el verdadero Nombre de Dios? ¿Cómo lo llaman?
-Usualmente, al referirnos a Él lo hacemos como "Padre", puesto que eso es lo que es. Nuestro padre. Y también usamos el "Señor", por respeto. Equivale a alguien de inmenso poder, dueño del tiempo, el espacio y la Tierra.
-Si Dios existe, es Todopoderoso y bondadoso, ¿por qué permite el mal?
-Francamente hablando, lo ignoro. No sé por qué no me destruyó cuando le fallé o a la primera pareja humana, cuando lo ofendió desobedeciendo su mandato. Pero, con igual franqueza, entre nosotros, mejor que no lo hiciera. Si no, no estaríamos aquí, ninguno de nosotros.
Hubo un par de risas nerviosas entre los camarógrafos y técnicos. Kate pasó al siguiente tópico:
-Recuérdanos lo que nos contaste en tu primera entrevista: ¿existe el Infierno?
-Sí y no. No existe un Infierno tipo Dante. No, no, no. Nada de eso es real. Existe sin embargo una lóbrega región, un continuo espaciotemporal paralelo a este sumido en las sombras, donde los demonios vagan sin forma. No hay ni fuego ni hielo. Ni cadenas ni látigos. Solo oscuridad y alejamiento de la presencia de Dios. Es todo.
-¿Fuiste echado ahí? ¿Ese fue tu castigo por oponerte a Dios?
-Fue el castigo para los ángeles rebeldes que bajaron del Cielo con la bonita idea de poner al hombre bajo prueba, mediante tentaciones y pecados, por cuenta propia. Dios los castigó convirtiéndolos en demonios, espíritus de sombra que solo pueden habitar esa región incorpórea.
-¿Y tú?
-Oh, mi castigo fue venir a la Tierra. Ya he contado esa historia y por lo que sé, Hollywood pretende llevarla a los cines con el titulo "Yo Soy Lucifer". Daniel Craig va a hacer de mí, pero me enteré de que cambiaron al director a último momento: echaron a Cameron por Peter Jackson. ¡Menos mal! Ya me veía diciéndole a Dios en una escena: "Hasta la vista, baby".
Sonoras carcajadas festejaron mi chiste. Hasta Kate rió.
-Y luego deberé postularme a Gobernador de California – continué – compitiendo con la actriz porno Mary Carey y el chico de "Blanco y Negro".
Más risas. Kate meneó la cabeza. Cuando la hilaridad se apaciguó, continuamos con el siguiente tópico.
-Dinos, ¿Qué es el alma?
-Es la esencia que energiza las cosas, la chispa de vida. Los antiguos hebreos la llamaban "né-fesch". Todo lo que vive tiene alma.
-¿Incluido tú?
-Incluido los ángeles. Es la energía cósmica que nos sustenta.
-¿Qué pasa cuando el hombre muere? ¿Qué le espera? ¿Se acaba el alma con la muerte o continúa existiendo?
-Continua, desde luego. Aquellos que llevaron una vida virtuosa siguiendo los mandamientos de Dios van al Cielo, donde moran los ángeles y nuestro Padre. En realidad, no hay que ser muy virtuoso para ir allá. Basta con llevar una vida normal, no hacer daño a nadie, amar hasta a los que te odian y aceptar a Cristo como Salvador personal. De hecho, Él abrió el camino al Cielo para las almas. Ya lo dijo: "El que en mí crea no morirá, más vida eterna ha de tener".
-¿Qué pasa si la persona no pertenece a la religión cristiana? ¿Qué pasa si es judío, islámico, orientalista o incluso, ateo? ¿También van al Cielo?
-Sin comentarios.
Sonreí, pero nadie me devolvió el gesto. Sabía que al llegar a ese punto, a nadie le iba a gustar mi respuesta. Kate, profesional como era, pasó al último tópico.
-Háblanos más del reino de las tinieblas. ¿Van a ese lugar algunas almas humanas?
-Van las que se aferran a la Tierra, sí. Y las de las personas violentas.
-¿Son castigadas de alguna forma?
-Pues, ya dije que el peor castigo es el alejamiento de Dios. No hay fuego allí – insistí – Solo oscuridad.
-¿Y los demonios? ¿Cómo son?
-Espíritus sin forma. Alguna vez fueron ángeles como yo, pero Dios los castigó por desobediencia de esa manera. Ahora deambulan por ahí, sin recuerdos del Cielo.
-Parece algo terrible…
-Lo es. Creeme que lo es.
-¿Y pueden posesionarse de las personas?
-Sí, pero solo si yo se los ordeno. No hacen nada sin que yo los guíe.
-¿Y eso?
-Parte de mi castigo personal. Debo hacerme cargo de ellos.
-¿Poseen nombres individuales?
-Naturalmente.
-¿Y el que combatiste? ¿El que entró en el Papa? ¿Qué puedes decirme sobre él?
-Que era un grandísimo hijo de puta, con perdón de la mala palabra.
Volvieron las risas. Menos mal.
-Se llamaba Azazel. Era muy potente, pero lo derroté. Hubiera querido que el Papa se salvara, pero no pudo ser. Era… imposible derrotar a Azazel sin dañar su cuerpo huésped.
Se produjo un incomodo silencio. Kate me salvó al finalizar el programa.
-Eso ha sido todo por hoy; mañana nos volveremos a ver. Soy Kate Reynolds. Este fue "El Mundo en Foco: Edición Especial". Buenas noches.
Kate se iba a casa. Me ofrecí a llevarla en limusina.
Al salir del canal de TV una salva de insultos surgió de la multitud de fanáticos religiosos apiñados. Velozmente, el coche se alejó hacia el departamento de Kate.
Al llegar le pregunté si no me invitaba a subir con ella. Vaciló.
-No sé, Lou. Es que… no vivo sola – me confesó.
-Pero… pero… me dijiste que no tenias pareja – el desencanto se trasladó a mi voz. ¿Kate me había mentido? ¿A mí, el "Padre de la Mentira"?
-Lou… tengo que confesarte algo.
"Ay, no. Ahí viene", pensé. Me preparé para lo peor.
-Tengo un hijo. Soy madre soltera.
