Disclaimer: nada me pertenece, excepto ideas. El resto pertenece a JK Rowling y basado en una novela de Yvonne Whittal

The Slender Thread.

Adaptado, tomada la idea principal más no traducida.


Aquella mañana de navidad ya nevaba y Ginny Weasley se había despertado emocionada. Había subido las escaleras en dirección a las habitaciones de la hacienda, abriendo la puerta de Hermione y encendiendo una lámpara a gas junto a su cómoda, para iluminarla y retirar las colchas que su amiga estaba usando.

Hermione tembló en respuesta y pestañeó un poco para ajustar su visión, dándose cuenta de que Ginny estaba de pie junto a ella y parecía una pequeña niña con un enorme abrigo de pieles sintéticas. Se sentó en la cama, frotándose los ojos y temblando ante el frío ambiente de aquel día.

— ¡ES NAVIDAD, HERMIONE! — exclamó, inclinándose para abrazarla y Hermione sintió una cálida alegría que no había experimentado en mucho tiempo. — ¡Ven ven ven... tenemos que seguir con nuestra tradición navideña!

Su mano la condujo fuera de la cama y apenas dándole tiempo para colocarse las pantuflas. La ayudó hasta llegar a la silla a su lado y tan rápido como Ginny podía, bajaron las escaleras hasta detenerse en la cocina. Un dulce aroma se podía sentir desde el salón de visitas y Hermione se preguntó de qué se trataba, para luego cuestionarse el haber olvidado alguna tradición. Se dijo que luego del accidente, la amnesia era algo común.

Al entrar en la cocina y saludar a los hermanos Weasley, Fred y George, se dio cuenta de la raíz de aquel aroma tan delicioso que cruzaba toda la casa.

Panqueques recién hechas, cocoa y tostadas francesas.

Suspiró ante el aroma y Ginny Weasley sirvió dos sendas tazas de cocoa caliente y colocó el desayuno en una vajilla muy festiva, con motivos navideños.

— Desde que éramos unas niñas pequeñas, ¿recuerdas? Tu padre solía pedir que nos hicieran una enorme torre de panqueques y comíamos hasta reventar. Luego íbamos hasta el salón y nos sentábamos en el suelo, mientras tu padre abría un enorme atlas y nos contaba historias de sus viajes. Tú siempre creías que algunas eran inventos para mantenernos interesadas, pero a mí me fascinaban y siempre iba corriendo con mamá, al irnos a dormir, a contarle las historias a ella. Siempre se sentaba en mi cama y me escuchaba atentamente mientras yo trataba de recordar todos los detalles.

Hermione trataba de olvidar el reciente recuerdo de su padre, al morir en aquel año. No podía mentir que extrañaba oír su voz en navidad y no al hombre que se encerraba en su despacho, ebrio y sin esperanza alguna.

Extrañaba al viejo padre que había tenido, antes de todos los problemas. Y al ver su rostro contraído por la angustia, se arrepintió de inmediato de haber dicho semejante cosa.

— ¡A comer! — exclamó tratando de alegrar el ambiente, haciéndole una seña a su hermano Ron quien entraba en la cocina con un poco de leña que apenas había podido rescatar antes del invierno, para que la arrojara a la chimenea. Se quitó su largo abrigo de piel de oso falsa y lo colocó sobre la silla de Hermione, guiándola en dirección al comedor y colocándola en su respectivo lugar para el desayuno. Con la ayuda de sus hermanos, pudieron sentarla en unja silla y Hermione suspiró ante el gran esfuerzo que hacían, pero no queriendo arruinar el espíritu que brillaba en los verdes ojos de Ginny Weasley, decidió permanecer callada y sonreír un poco.

Su madre bajaba las escaleras y luego de besar una de sus mejillas, cariñosamente, se detuvo al ver su apariencia y la de su mejor amiga y también su criada.

— Veo que aún siguen en pijamas.

— ¡Es una tradición, señora Minerva! ¿Recuerda? — exclamó Ginny desde la cocina, mientras se balanceaba con una charola llena de panqueques hasta donde alcanzaba la vista. — siempre tenemos un ameno desayuno en navidad. Su té está en la tetera, listo. Los huevos, las salchichas y el tocino están listos también.

La patrona de la casa, como siempre, se sentaba a la cabeza de la mesa y un desayuno tranquilo parecía lo más oportuno para reparar los ánimos. Los padres de los jóvenes Weasley, Arthur y Molly Weasley, entraron poco tiempo después para reunirse en la mesa. El señor Arthur había estado cortando un pino en el campo y junto a Bill y Charlie, habían podido traerlo hasta la hacienda y pensaban colocarlo pronto en un buen soporte y permitir que las niñas lo adornaran a su gusto.

Él las llamaba así, cuando ya eran unas jovencitas, cuando ya tenían 19 años ambas y se llevaban unos meses de diferencia apenas.

No alcanzaba para muchos adornos navideños, ni muchas de las luces, pero nadie se aburría de ver las mismas decoraciones una y otra vez.

— Y luego de desayunar podemos salir y armar figuras con la nieve, para que reciban a los visitantes de la hacienda. Asumo que algunos familiares vendrán, señora McGonagall. — comentó Ginny luego de que rezaran la acostumbrada oración. La mujer asintió con una sonrisa y agregó:

— Todos desean ver a Hermione. Bueno, tuve que hablarles sobre su accidente para que no se sorprendieran y todos acordaron en venir y traerte regalos, ¿qué te parece? — comentó dirigiéndose a Hermione.

— Genial, lo que necesito mamá... que me tengan lástima.

Minerva no contestó a la acusación que Hermione acababa de hacer y prefirió distraerse con el postre de tiramisú* que Molly Weasley servía en una elegante bandeja de cristal. Había comenzado a hablar sobre lo entretenido que había sido el hacer el pastel con su hija y que añoraba aquellos días donde Hermione hacía dulces y pasteles con ella.

Hermione prefirió no interferir y tomando la rebanada que Ginny le ofrecía, le susurró al oído que por favor la sacara de allí y la sentara en el sofá del recibidor.

Cualquier cosa menos retornar a aquellas viejas memorias de días felices. Y así lo hizo, ambas se sentaron en el salón y al terminar el postre, Hermione soltó una exhalación profunda.

— Ginny... ¿podrías llevarme arriba para que pueda cambiarme?

Sin decir nada al respecto, la joven asintió y luego de un rato ambas estaban arriba. Miraban el viejo ropero de madera caoba, mientras Hermione decidía qué ponerse.

— A veces cuando hablamos del pasado, todo me trae recuerdos de mi padre y de cuánto lo extraño.

— Lo sé y lo siento, no debía hablar tanto de eso. — le confesó su amiga, mientras organizaba un par de ganchos en el ropero. — es solo que trato de hacerte sonreír, de hacerte olvidar lo sucedido. O al menos un poco. — inspiró mientras se sentaba en la cama y observaba a su hermana, porque eso sentía que ambas eran, mirar un vestido negro y morderse el labio inferior. — ¿Sabes? Quizá le pida a mamá que nos de un paseo por la ciudad y nos lleve a ver escaparates. Quiero comprarte un regalo y quiero que lo escojas tú misma.

La primera pregunta que se le cruzó por la mente fue: con qué dinero y desechó la idea antes de que subiera hasta sus labios.

— ¿Ah sí? — comentó, tratando de sonar alegre y emocionada por el asunto.

— Sí. Ya que le regalarás a papá sus medicinas para el asma, yo quiero devolverte algo. Sé que dirás que no debo, que no tengo por qué...

— La salud de tus padres es importante, Ginny. No te cobraré al respecto y por ello no tienes que preocuparte de conseguirme un regalo que iguale la acción.

— Ya sabes como somos mamá y yo, lo vamos a hacer de todas formas. Quieras o no. Quizá no tengamos dinero para un regalo espectacular, pero la intención es lo que cuenta.

— Por supuesto.

Y ambas habían comenzado a reírse, mientras Ginny le confesaba que su hermano había estado en su habitación. Durante la mañana y en cuanto se había despertado, se dio cuenta de que su hermano Bill estaba hurgando en sus cajones de ropa. Sonrojada, le exigió una explicación y su hermano simplemente dijo:

"Me he encontrado con Fleur, ya sabes, en el puesto de tomates del mercado en la ciudad. Quiero saber qué regalarle, pero no sé nada sobre mujeres y estaba investigando."

— ¡Y entonces dije: Ve e investiga en el cajón de calzones de mamá! ¿¡Y sabes qué me contestó!? "Nadie en su sano juicio, se sentiría atractivo con los calzones de mamá. En ellos podríamos dormir cómodamente."

Hermione rió tanto al escuchar aquello, que se ahogó por unos segundos y tosió con fuerza para aclararse la garganta. Mientras trataban de dejar de reírse y ocuparse de vestirse, Minerva subía las escaleras y abría la puerta para mirarlas riéndose y compartiendo la ropa.

Le trajo viejos recuerdos. Siempre había sido así.

— Bueno, veo que al menos el frío no congeló el humor de ninguna. — comentó cerrando la puerta tras ella y sentándose a la cama. — Ginny, tu madre quiere saber si saldrán a pasear en la tarde.

— Sí, eso le decía a Hermione. Por supuesto, primero necesitamos su permiso.

— Como si yo fuera una niña.

— No insistas, Hermione, porque no voy a entrar en polémica contigo. Mira lo que te haces en cuanto sales sola. — señaló a la silla de rueda y Hermione desvió la vista. — por supuesto que tienen mi permiso, Ginny. Espero que se diviertan mucho y también espero que dejen mis saludos a todos nuestros conocidos de la ciudad.

Ambas asintieron en silencio y el sonido incesante del teléfono, rompió con el dulce ambiente dentro de la habitación. Sprout quien se encontraba abajo tomando un poco de té y pensando en subir a ver a Hermione, cogió el teléfono junto a las escaleras.

— Hacienda Granger, ¿en qué podemos ayudarle?

— Tiene una llamada del hospital principal de Londres. ¿Le comunico? — dijo la operadora y Pomona se preguntó de qué podía tratarse. Se dijo a sí misma que lo sabía y que dejara de hacer conjeturas sobre lo obvio.

— Sí por favor.

Lo supo en cuanto escuchó la voz al teléfono.

Pomona... ¡pero qué casualidad!

— ¿Severus? ¿Es que acaso sucede algo?

Bueno, no precisamente. Llamaba para invitarte a una cena navideña. En realidad llamaba para invitar a toda la familia Granger, aunque acabo de recordar que ellos son más que solo 2. Es por eso que decidí reservar un pequeño salón y hacer una cena navideña. Ya sabes cuán aburridas son las cenas del hospital y sería una gran oportunidad para que la señorita Hermione pueda conocer a más personas que solo las que conoce en la hacienda y también para que salga y coja un poco de aire. ¿Qué te parece?

— No te cansas, ¿no es cierto?

¿De qué estás hablando? No tengo malas intenciones. También decidí invitar a los Lovegood, ¿crees que es mala idea? Yo no lo creo.

Se mordió el labio y alzó la mirada para encontrarse con Minerva McGonagall quien la observaba desde el piso superior, llena de curiosidad por el extraño llamado.

— No sé qué estás tramando. — murmuró para que la mujer no pudiera oírlo. — pero espero que tus intenciones sean meramente amistosas y que no te pases de listo. Conversaré con la familia y te llamaré más tarde para confirmar.

Al cortar la comunicación, Sprout negó con la cabeza ante lo testarudo que podía llegar a ser y se preguntó si se había estado juntando con Nymphadora, si le había estado dando coraje para que siguiera adelante con su intentona de conquistar a Hermione Granger.

Sabía que estaba tras ello y aunque él se negara una y otra vez, a ella no podía mentirle.

— ¿Sucede algo? — preguntó Minerva al bajar y Pomona negó con una sonrisa suave.

— Se trataba del doctor Snape. Quería invitarnos a la cena anual de navidad que hace el hospital y se preguntaba si nos interesaba acompañarlo. Invitó a la familia de Ginny también.

Al escuchar aquello desde la planta superior, Ginny había soltado una exclamación de emoción y había girado mientras el vestido danzaba con ella. Al finalizar su giro, tan solo aplaudió emocionada.

— ¡Será divertido! ¡Me encantan las fiestas y bailar toda la noche!

— Oh, pero si el doctor se toma muchas consideraciones para con nosotras. — dijo McGonagall y Sprout quiso decir que sí, pero se contuvo. — pero no es educado rechazar la invitación que tan amablemente nos ha hecho y no después de todo lo que ha hecho por esta familia. ¿Podría decirle que aceptamos su invitación?

La enfermera asintió mientras discaba el número nuevamente y sonreía al darse cuenta de que Snape siempre se salía con la suya. Así como había dicho el día anterior.

Antes de escuchar a la operadora, incluso, escuchó a Ginny hablar sobre sus hermanos y decir: "Así Bill podrá llevar a Fleur y demostrarle su amor. ¡Será maravilloso! Podremos encontrar un buen vestido que él pueda regalarle y que así vayan a la fiesta juntos... ¡le avisaré a mamá!"


*Tiramisú: (del italiano tiramisù) es un postre frío de cuchara que se monta en capas. No existe una receta única de elaboración, sino variantes a partir de una serie de ingredientes base que pueden ser representados por distintos productos.