AMOR SANGRANTE

9. Antes de la caza. Segunda parte

—¿Una humana y un vampiro? Eso es una mezcla peligrosa— dijo James minutos después. Una sonrisa maliciosa apareció en su cara cuando lo dijo.

—Si Edward y Bella pueden hacerlo, creo que nosotros podemos— repliqué —Quiero decir, después de todo, eres más fuerte que él— jugué inocentemente con el cuello de su camisa.

—Sólo intentas subirme el ego— dijo James —Y está funcionando— antes de que supiera que estaba pasando, James presionó sus labios contra los míos. Al principio, agarré su camisa para equilibrarme tras su ataque, pero rápidamente deslicé las manos hacia arriba alrededor del cuello. Aunque James mantenía los labios cerrados, pude sentir la emoción a través del beso. Pasé inocentemente la lengua por su labio inferior, haciéndole rugir. Se apartó de mí, aunque mantenía las manos en mis caderas y no se movió más lejos de lo necesario.

Tan pronto como sus labios se apartaron de los míos, aspiré una gran bocanada de aire, sin darme cuenta de cuanto tiempo había estado sin él. James mantenía los ojos cerrados y parecía estar calmando su respiración, aunque no lo necesitara.

—¿James? ¿Estás bien?— pregunté vacilante

—Entiendo porque no ha habido otras relaciones entre humanos y vampiros— replicó James

—¿Qué? ¿Por qué?

—Combatimos el impulso de beberte hasta la saciedad cada segundo en el que estás cerca, pero es soportable. Pero cuando provocas sentimientos que me remueven por dentro… mi verdadera naturaleza toma el relevo

—Y eso quiere decir…

—Quiere decir que si vamos más allá, es fácil que te convirtiera en vampiro esta noche…

—Algo que ya te he comentado y con lo que estoy de acuerdo

—O… también es fácil que bebiera de ti y te matara

—Bueno… eso puede ser un problema— dije, descansando la cabeza sobre el duro pecho de James. Sorprendentemente, la falta de latidos de su corazón no me molestó. En su lugar, el silencio me permitió pensar en cómo solventar el problema… si es que era posible —Ojalá conociera el tema anteriormente, cuando podía haber preguntado a Bella cómo lo hace con Edward.

—Dudo que lo hagan

—¿Por qué?

—Como has dicho, soy el más fuerte— James sonrió con orgullo y no pude evitar reírme. James empezaba a comportarse como un gorila, golpeándose el pecho con todo el orgullo varonil que pudo mostrar. Nos relajamos tanto que me volví a apoyar en su pecho mientras él me acariciaba de nuevo la espalda y los hombros.

—¿Me prometes que volverás a mí?— pregunté

—Lo prometo si me prometes que te quedarás con Laurent para que pueda encontrarte— contestó James

—Lo haré— dije —Nos dirigimos a Alaska. Creo que a Dekani o algo parecido

—Denali. Laurent me lo dijo antes de irse a cazar. Estaré allí tan pronto como me sea posible, o te llamaré si nos podemos encontrar en otro sitio

—¿Cuánto nos queda? — pregunté

—Una hora. Dos como máximo. No mucho

—¿Podemos ir a correr un rato? — pregunté. James asintió y se puso de pie. No tuvo que levantarme porque esta vez ya había saltado a su espalda. Rodeé su cuerpo con las piernas y los brazos como si no le fuera a soltar nunca.

—¿No podrías aferrarte un poco más? — bromeó James

—Entonces, escaparías mucho antes— contesté. Para darle énfasis le apreté un poco más antes de aflojar. Echó a correr hacia el bosque, evitaba todos los árboles, arbustos y rocas sin esfuerzo. Se detuvo en un claro y me depositó en el suelo, incluso aunque yo seguía agarrada.

—¿Te das cuenta de que tendré que irme de todos modos?

—Lo sé, pero no quiero pensar en eso— susurré

—Por cierto, ¿qué ha provocado este cambio en tu corazón?

—Estuve hablando con Laurent…

—Parece ser capaz de conseguir que todo el mundo comparta con él sus más profundos sentimientos— dijo esbozando una amplia sonrisa

—Lo sé, pero bueno, estuve hablando con él y me hizo aceptar lo que mi corazón me estaba diciendo todo el tiempo. Era como si mi cerebro no quisiera aceptar los sentimientos de mi corazón porque quería creer que eras tan sólo un producto de mi imaginación. Sabía que no podía negarlo más tiempo— expliqué como mejor pude, pero mi aclaración me confundió hasta a mí y no sé cómo James la entendió.

—Pensabas que desapareceríamos y si admitías lo que sentías, te partiría el corazón…

—Algo así— murmuré

—Bueno, al menos al final lo has admitido— contestó James. Sabía que había una segunda parte para esa frase y me alegró que decidiera ignorarla —Ahora, vamos a probar lo de los besos otra vez.

—¿Crees que puedes manejarlo?— le provoqué. James solamente sonrió, deslizando su mano en mi cabello y girando mi cara para que le mirara fijamente. Se dobló hacia mí y colocó sus labios sobre los míos. Mis brazos se apresuraron a envolver su cuello y mis rodillas empezaban a flaquear. Los besos aún no habían llegado más lejos que el último y ya tenía las rodillas de mantequilla. El otro brazo de James se deslizó alrededor de mi cintura y me sujetaba contra él para que no me pudiera caer.

Estaba tan perdida en el beso que me sobresalté cuando abrió la boca y paseo la lengua por mi labio inferior. Abrí la boca y succioné su lengua, arrancándole un gemido. No llegamos más allá porque James se apartó de nuevo. Me mantuvo un poco más lejos, pero ahora entendía por qué así que esperé pacientemente a que volviera a calmar sus instintos vampíricos.

Cuando sus brazos se aflojaron, el imán que me empujaba hacia él volvió a actuar y me descubrí dándole besos de mariposa en su pecho.

—Cerys…— me previno con un gruñido

—¿Sí?

—Tienes que parar

—¿De verdad?

—Sí— dije haciendo un mohín pero aparté los labios y me giré de modo que mi espalda estaba contra la suya. La rigidez de su cuerpo contra el mío me hizo mirarle con encendida curiosidad —Te dije que tenías que parar. Si apenas puedo controlar mis instintos cuando nos besamos… no quiero intentar llegar más allá.

—Pero te vas a ir…

—Estaré bien. No te preocupes. Deberíamos volver. Tengo que encontrarme con Victoria pronto— dijo. Su virilidad estaba empezando a relajarse mientras la realidad se colocaba una vez más ante nosotros. No dije nada. Salté sobre su espalda de nuevo y esperé mientras corría entre los árboles. Unas cuantas lágrimas surcaron mi cara, pero se perdieron en el bosque con el viento silbando alrededor de nosotros. Antes de que me diera cuenta, o de que quisiera, estábamos de vuelta en el pequeño claro donde Laurent y yo nos habíamos detenido y donde James me había encontrado dormida. Sin decir nada, el vampiro secó las lágrimas de mis ojos.

—Quédate con Laurente estaré de vuelta antes de lo que crees.

—Una promesa es una promesa.

—Una promesa es una promesa— acordó James. Me besó dulcemente una vez más antes de desaparecer en el bosque. La sensación de sus labios permaneció mucho después de que se marchara. Mientras me tocaba los labios para sentir los suyos, un plan empezó a trazarse en mi cabeza. Intentaría ayudar, sin importar lo que eso significara.

Dejé de respirar durante unos segundos antes de volver a escuchar el mundo a mi alrededor. Unas cuantas hojas susurraron por la silenciosa brisa, pero a parte de eso no había ni rastro de Laurent, Victoria o James. Antes de que tuviera tiempo de volver a pensar mi plan, eché a correr en dirección a la casa de los Cullen… o al menos esperaba que fuera ése el camino.