La bandida ciega fugitiva

Cuando descendió lo primero que Yue deseaba era hablar con Sokka, pero poco le quedaba de divino y mucho de espectro por lo que noto a Sokka inquieto al acercarse y tuvo que conformarse con su compañera de viaje, que no podía verle y a la que igualmente asusto que una voz viniera sin cuerpo que pudiera sentir.

-Deben cuidarse ahora, puesto que la luz de la Luna no puede proteger todos los recovecos y allí donde está ausente la oscuridad prevalece y devora.

Toph se despidió de cualquier oportunidad de descanso esa noche, sin gritar se acerco a abrazar a Sokka y le repitió bajito aquella frase.

Sokka contestó.

-Yue.

El miedo en Toph no desapareció.

Cuando su camino los llevo a un pueblo no tardaron en hallar modos nunca correctos de ganar comida, Katara no había vuelto, estaban solos.

Su modo de vida pronto los volvió paranoicos y se sintieron seguidos, acechados de cerca por policías y soldados, se refugiaron en las montañas; bosques alguna vez tenebrosos. Toph no encontraba valor para imponerse a ese mundo, las formas persistían pero había algo más allá.

-Quizá no debimos alejarnos tanto del pueblo.-Se le adelanto Sokka.

Un crujido, pasos lentos y con ello quejas y una voz vieja y lastimada.

Voltearon al mismo tiempo para encontrar a una anciana, una anciana de hermosos ojos azules que empezó por maldecirlos. Las plantas se secaban y morían a sus pies. Dejaba un camino negro tras de si. Se estaba curando tan velozmente como recibía daños de algo, alguien alguna vez.

-Malditos sean! Malditos! Maldición! La tenían que traer con ustedes! Yo le iba a enseñar mi técnica secreta idiotas!-Les dijo apenas y comprensible, cayo y no alcanzo a secar más plantas sus ojos se cristalizaron y se quedaron bien abiertos.-Ahora esta técnica se muere conmigo.-Se escucho su voz pero sus labios ya no se movían.

Sokka no bajo su espada en un buen rato, Toph le tomo fuerte la mano mientras que con rápidos movimientos enterró el cadáver.

Apenas hubo pasado el shock regresaron sobre sus pasos. No acababan de salir del bosque cuando una mujer en atavíos de la Nación de Fuego les ordeno detenerse. Sokka maldijo y luego se aterró de haber usado las mismas palabras que la vieja. Les habían capturado.

Apenas el sol dejo ver el rostro de la agresora las cosas mejoraron o empeoraron, era una mujer joven con los ojos bien grises.

-La junta interina del Principe Zuko los requiere.