9. La Boda.
- Esperen sólo un poco más. Me dijo que estaba a punto de llegar.
Maya miraba por la ventana ansiosamente. Debían salir para Jeju enseguida, pero ella aún esperaba a Gina. Entonces vio aparecer un taxi en la entrada.
- ¡Es ella! Abuelo, te presentaré a mi hermana.
- ¡Maya!
- Gin, este es el abuelo... quiero decir, el abuelo de Ji Hoo – presentó Maya – Abuelo, ésta es mi hermana menor, Gina.
- ¿Puedes decirle ya abuelo? ¿No es un poco pronto? - preguntó Gina, haciendo sonrojar a su hermana, porque lo había dicho en inglés, de modo a que el abuelo y Ji Hoo pudieran entender.
El abuelo sonrió.
- Yo mismo le he pedido a Maya que me llame así.
- Abuelo, es hora de irnos – indicó Ji Hoo.
- Por supuesto. Acompáñenos por favor, señorita.
A Gina le parecía que ese señor de verdad quería que Maya fuera su nieta, en el sentido más literal de la palabra.
- ¿Otra vez caminando por este campo? ¿No te parece un tanto repetitivo?
- ¿Recuerdas que dijiste que te daría lo mismo un casamiento arreglado que uno que tú escogieras? - preguntó Ga Eul, trayendo a la mente recuerdos menos felices que los días presentes.
- Lo recuerdo – dijo serio, pero luego le sonrió – Estaba equivocado, porque entonces no sabía que lo que quería era a ti.
- Estoy tan contenta con esta boda. Debió haber sido así desde hace mucho tiempo atrás.
Luego de que Joon Pyo y Jan Di se casaran, harían público su compromiso y la boda, que sería en un mes, cuando sus amigos hubieran vuelto de su luna de miel. Eso sólo le agregaba más felicidad a ese acontecimiento.
- Soy afortunada – dijo Ga Eul.
- Soy yo el afortunado, ga Eul. Temo que te des cuenta y me abandones.
- Eso no sucederá, puedes olvidarlo – dijo ella sonriéndole - ¿Cuántos encuentran a su alma gemela y al amor de su vida en una sola persona?
Yi Jeong lo sabía. Cuando veía a Joon Pyo, Jan Di y Ji Hoo, se daba cuenta que eran realmente afortunados. Pero todo gracias a Ga Eul, que había sabido persistir y demostrarle que él podía amarla.
- Pero creo que serán felices.
- Si – contestó ella – pronto todos seremos de lo más felices.
- ¡Ga Eul, quiero presentarte a alguien! - llamó entonces Maya, que corría a través del campo y llevaba consigo a Gina.
Maya llevaba un claro vestido celeste, que le llegaba por encima de las rodillas, con un corte campana. Se veía muy linda, igual que Ga Eul y Jae Kyung como damas de honor. La presencia de ésta última no resultó la molestia o tensión que imaginaron: Jae Kyung llegó con su energía habitual para animar la despedida de soltera de Jan Di, y para sorprender y hacer reír a todos.
Min Seo Hyung también había llegado para la boda. Maya escuchó decir que ella había sido el primer amor de Ji Hoo, además de la mejor amiga de los F4 por muchos años, antes de irse a Londres y en el momento en que Jan Di llegó a sus vidas.
A pesar de la distancia, los jóvenes todavía parecían simpatizar mucho con ella, y se dirigió con especial cariño a Ji Hoo.
¿Por qué no podía dejar de fijarse en eso? Nunca se había sentido de esa manera en su vida, pero Maya sabía perfectamente lo que eran: celos.
- A sus lugares – dijo, tratando de animarse – Ustedes, padrinos, vayan a buscar a Goo Joon Pyo o Jan Di acabará llegando antes que ella.
Al fin, ambos estaban en el altar, siendo declarados marido y mujer. Fue una boda perfecta, y Maya no pudo evitar llorar.
También ella debería estar casándose, con su alma gemela. Marco y ella siempre hablaban del día en que crecieran lo suficiente para casarse.
- No llores, hermana – le dijo Gina, sosteniendo su mano – Tú encontrarás a alguien que te haga feliz, también. No se necesita de un alma gemela para serlo.
Durante la fiesta, Woo Bin la sacó a bailar, y luego a Gina. En serio, debería empezar a tener cuidado con el Don Juan. ¿No la hubiera conquistado a ella también, de ser posible?
Luego se quedó en un rincón, escondida, sonriendo y bebiendo su cóctel. Woo Bin ahora bailaba con Jae Kyung, y Yi Jeong con Jan Di. Buscó con la mirada a Ji Hoo, quien apenas hace un momento bailaba con Seo Hyung, pero ya no estaban. Tal vez se habían ido juntos.
- ¿Quisieras bailar conmigo? - preguntó entonces una voz en su oído y su corazón se aceleró.
- Si te hubieras tardado un poco más, habrías perdido tu oportunidad – dijo bromeando.
Ji Hoo no pudo evitar sonreír cuando ella le sonrió, cada vez esa sonrisa se volvía más contagiosa. Ofreció su brazo a Maya y ella lo tomó, dejándose llevar hasta la pista de baile.
Bailaban sin decir una palabra, y sin embargo, cada vez que ella se atrevía a mirarlo, los ojos de él estaban fijos en ella – como se suponía que debía ser – y eso le dificultaba enormemente bailar tan bien como solía hacer. Toda la escena parecía sacada de un cuento de hadas.
Pero era sólo porque ella nunca había vivido algo como esto. La única vez que había estado enamorada había sido siendo una niña, del hijo de un sicario que murió de una forma lamentable. ¿Por qué debía suceder ahora con alguien que ya había encontrado el amor antes? Alguien con el que nunca tendría la más mínima posibilidad.
Le sonrió, tratando de que su sonrisa borrara la tristeza que su rostro debía estar mostrando. Él le sonrió de vuelta. Contrario a lo que pensaba, la sonrisa de Ji Hoo no se había ido, sino que la había visto varias veces esa tarde. Tal vez fuera por el regreso de Seo Hyung, y si era así, debía agradecerle.
Finalmente, cuando la canción terminó, decidió que no podía continuar exponiéndose a si misma, arriesgando a que su corazón saliera tan lastimado como acabaría saliendo si no se retiraba a tiempo. Se liberó del agarre de Ji Hoo, diciéndose que esa había sido la última vez que lo tendría tan cerca.
Maya se separó de él muy rápidamente cuando la canción terminó, casi con brusquedad. Iba alejándose en dirección contraria, y él no se decidía a buscarla, ¿había hecho algo malo?
- ¿Alguien aquí quiere cantar con nosotros a los novios? - preguntó entonces el vocalista del grupo en el escenario - ¿Tal vez la bella señorita por allá? La del vestido celeste.
Maya se detuvo y miró hacia él sorprendida, dudando que se tratara de ella. Pero él empezó a cantarle parte de una canción que ella conocía muy bien.
Beautiful girls all over the world
I could be chasing but my time would be wasted
They got nothing on you baby
Nothing on you baby
They might say hi and I might say hey
But you shouldn't worry about what they say
Cos they got nothing on you baby
Nothing on you baby
- Si, usted, bella. - el hombre bajó del escenario y se dirigió hacia Maya, hasta tomarle de la mano, antes de que ella se arrepintiera y se marchara – Venga, por favor.
Con una seductora sonrisa le desarmó, y tuvo que seguirle.
Woo Bin, Jae Kyung y Gina contemplaban la escena sorprendidos.
- ¿Hay algo en especial que quiera cantar?
Maya dudó. Pero... ¿por qué no? Sólo sería una vez. Tomó el micrófono que el cantante le pasó.
- Bueno, aunque hace tan poco que los conozco... Jan Di, Joon Pyo, son grandes personas y espero que sean muy, muy felices. Ojalá que por cada pelea suya tengan mil satisfacciones más, así su vida estará llena de bendiciones – todos sus amigos rieron, sabiendo de las peleas de ese par. - No todos encuentran a tiempo al amor de su vida, o consiguen ganarlo... así que muchas felicidades. Les quiero.
Los otros tres miembros del F4, Ga Eul, Jae Kyung, Seo Hyung y Joo Hee, los que verdaderamente eran amigos de la pareja, aplaudieron. Joon Pyo y Jan Di sonreían ante esa muestra de afecto.
Maya susurró al oido del vocalista, preguntando si conocían la canción que quería cantar, y ellos asintieron. Entonces la música comenzó.
Tú con los ojos tristes
no estés desanimado
Oh, yo sé
es difícil tener coraje
en un mundo lleno de gente
puedes perder vista de todo
y la oscuridad todavía dentro de tí
te hace sentir tan pequeño.
Todos quedaron con la boca abierta. Hasta Maya se sorprendió de la inusual dulzura de su voz- nunca había cantado mal, ya que de niña tomaba clases, pero tampoco había cantado así – y supuso que era por la tristeza que le embargaba.
Sobre todo, cantaba para él. Le miró al seguir con la canción.
Pero yo veo tus colores verdaderos
brillando a través
Veo tus colores verdaderos
Y es por eso que te amo
así que no estés asustado por dejarlos mostrar
tus colores verdaderos
colores verdaderos son hermosos
como un arcoiris
Ya que ella no podría verlo, al menos aconsejarle que fuera feliz. Que sonriera, con esa sonrisa que ella quería que adornara su rostro para siempre.
Entonces muéstrame una sonrisa
no estés triste, no puedo recordar
cuando te vi riendo por última vez
si este mundo te vuelve loco
Y has tomado todo lo que puedes soportar
puedes llamarme
porque sabes que estaré allí
Ojalá vivieran en un mundo en el que él pudiera amarla, asi no sufriría tanto.
Pero yo veo tus colores verdaderos
brillando a través
Veo tus colores verdaderos
Y es por eso que te amo
así que no estés asustado por dejarlos mostrar
tus colores verdaderos
colores verdaderos son hermosos
como un arcoiris
Al mismo tiempo que no podía dejar de verlo, se preocupaba por lo que le diría al abuelo. Por la fundación y la clínica, y los niños a los que debía visitar. Pero no podía.
Si este mundo te vuelve loco
Y has tomado todo lo que puedes soportar
puedes llamarme
porque sabes que estaré allí
Toda la canción era una mentira, sólo para animarlo a él. Aunque a él le importara poco.
Y yo veré colores verdaderos
brillando a través
Veo tus colores verdaderos
Y es por eso que te amo
así que no estés asustado por dejarlos mostrar
tus colores verdaderos
Y yo veré tus colores verdaderos
brillando a través
Veo tus colores verdaderos
Y es por eso que te amo
así que no estés asustado por dejarlos mostrar
tus colores verdaderos
colores verdaderos son hermosos
como un arcoiris
Al acabar la canción, todos los invitados aplaudieron, y ella sólo sonrió antes de bajar del escenario y salir definitivamente de la fiesta.
Aunque la buscaron por todo el lugar, sólo Gina y Woo Bin lograron dar con ella, en el momento justo en que Jan Di y Joon Pyo se despedían. La novia lanzó el ramo de flores.
Y Maya lo atrapó.
Después de esa fea broma del destino, no pudo más que contener las ganas de llorar.
10. Jugando a las escondidas.
- Lo siento, abuelo – se disculpó Maya una última vez, antes de desaparecer tras la puerta del estudio del anciano. Éste suspiró cansinamente.
No entendía por qué el cambio tan repentino de la joven, cuando todo parecía estar yendo bien. De repente, dejaba la casa, su empleo e incluso el departamento en el que se suponía que iba a vivir.
Apenas había pasado una hora de que la joven se marchara de la casa, cuando Ji Hoo entró.
- Disculpa, abuelo, ¿has visto a Maya?
- Se ha ido – contestó él, sin mirar a su nieto. No se le pasó por alto que era la primera vez que preguntaba por ella.
- ¿Se ha ido? ¿A dónde, a la fundación o a la clínica?
- No, Ji Hoo. Quiero decir que se ha ido de Corea – aclaró él – y esta vez no sabemos a dónde.
Ji Hoo bajó la mirada. Se había ido, entonces, ¿pero por qué? Iba a invitarla a unas vacaciones de fin de semana en Macao pero al parecer no sería posible.
- ¿Sabes? - habló su abuelo luego de un largo silencio – Me rindo. Parece que no importa que tan encantadora, amable o bonita sea una muchacha, nunca sabes apreciarlo a tiempo. Ojalá esa chica encuentre a alguien bueno a su lado.
- Ji Hoo.
- Debo suponer que tienes un motivo para visitarme, ¿verdad?
Woo Bin sonrió, y ocupó un lugar en el cómodo sofá de la oficina.
- ¡Por qué no supones que sólo visito a un amigo? Joon Pyo está de luna de miel, Yi Jeong parece embrujado por Ga Eul.
- Y soy tu última opción.
- Todo depende de la forma en que quieras ver las cosas – dijo – Pero para ser un hombre tan inteligente, Ji Hoo, a veces eres demasiado ciego.
Ji Hoo no respondió, pero le miró interrogante.
- ¿Al menos te has preguntado dónde está ella?
Por supuesto. Desde hacía dos semanas, no podía pensar en otra cosa. Maya había desaparecido de su vida de la misma forma en que había llegado: sorpresivamente, rápidamente, cambiado el orden de su vida. Ella no era importante en su vida, hacía tan poco tiempo que la conocía, y sin embargo, en lugar de olvidarla, cada vez se hacía más preguntas: ¿Dónde estaría? ¿Con quién? ¿Sería feliz? ¿Se habría olvidado de ellos?
- Como sea – dijo Woo Bin, desanimado con la indiferencia de Ji Hoo – sólo venía a decirte que me voy de vacaciones esta semana, así que no intenten buscarme para que les solucione la vida.
Woo Bin si se había interesado más en averiguar sobre Maya, cualquiera de ellos podría hacerlo si quisiera. Gina le llamó luego de pasar una semana sin tener noticias de Maya, y él prometió que la encontraría.
Ji Hoo dejó los expedientes a un lado, y fue a visitar las salas de los niños. No era su tarea, pero era lo que había estado haciendo las últimas semanas.
A la primera en visitar fue a Hyun Ah, una niña de seis años que estaba internada siguiendo la quimioterapia. Ella estaba más contenta y animada que las otras mañanas, jugando con una linda muñeca rubia.
- ¿Cómo estás, Hyun Ah?
- Hoy no me duele tanto, doctor.
Sin embargo, estaba seguro que sí dolía. Simplemente, se entretenía lo suficiente con su muñeca.
- ¿Es un regalo? No lo tenías ayer.
- Me lo regaló mi unnie esta mañana. - dijo, y estiró sus brazos enseñándole la muñeca. Cuando la niña sonreía, Ji Hoo pudo comprender un poco por qué a Maya le gustaba tanto estar allí. Ella siempre quería hacer sonreír a la gente. – Es linda, ¿verdad? Mi unnie me prometió que no se olvidaría de mi... pero no va a volver.
La sonrisa se volvió triste enseguida.
- ¿Tu hermana se fue de viaje?
Hyun Ah negó con la cabeza.
- No va a volver. Ella lo dijo hace dos semanas, antes de irse. Pero dijo que cuando llegara a España me enviaría una muñeca. Aunque... ¿crees que vuelva, sunbae?
- Seguro. Nadie puede vivir lejos de aquellos que son especiales a su corazón.
La niña dejó a la muñeca a su lado en la cama.
- Entonces va a volver – dijo Hyun Ah sonriendo de nuevo – Ella le quiere mucho, una vez dijo que usted tiene una sonrisa muy linda, pero casi nunca sonríe. ¿Puede sonreír, por favor?
Ji Hoo se quedó estático primero, porque comprendió de quién hablaba Hyun Ah, su unnie no podía ser otra que ella. Luego se dio cuenta que ya sabía dónde había huido Maya esta vez, y sonrió.
- Mi unnie tiene razón. Usted tiene una sonrisa muy bonita.
Woo Bin fue al hospital apenas su avión llegó al aeropuerto, dejando su equipaje a cargo de su chofer. Extrañaba mucho la sonrisa y alegría de esa mujer. Su humor mejoraba sabiendo que volvería a verla pronto.
Estaba pendiente de verla salir en cualquier instante, razón por la cual la reconoció en cuanto salió. Sin embargo, distaba de la imagen que tenía de ella: lucía cansada, triste, desaliñada.
- Opino que necesitas una buena siesta.
Maya se sobresaltó al escucharlo.
- W-woo Bin.
- El mismo que viste y calza.
- Me explicas qué demonios haces aquí.
- Cuida tu vocabulario, por favor. No es propio de una señorita como tú.
Maya sonrió y se acercó a él con los brazos abiertos, invitando a un abrazo.
- Eso es mucho mejor...
Entonces un puñetazo encajó en su cara, desencajando su mandíbula. Esa chica pegaba fuerte.
- Digna hija del clan Royce...
- ¿Te crees tan listo y fuerte, verdad? Eso es para que aprendas a no meterte en la vida ajena. ¿Qué haces aquí, Woo Bin?
- Vine a visitarte. Te fuiste sin despedirte de nadie, ¿es eso correcto?
Maya sabía que no, pero... ¿qué podía decir? "Me fui porque no podía soportar seguir enamorándome de tu amigo, ése, el que ya ha encontrado a su alma gemela"
- Lo siento. ¿Qué quieres?
- Que vuelvas a Corea. Pensaba decirte que al menos cerraras el capítulo diciéndome por qué te fuiste, y pedirte que llames a tu hermana que está uy preocupada por ti. Pero viendo el estado deplorable en que estás no puedo dejar que te quedes.
- ¿Y cuál es tu brillante plan, Padrino?
Woo Bin sonrió. Su sonrisa la deslumbró por unos segundos. Y como Woo Bin estaba listo, esos segundos bastaron para que dos de sus hombres la sujetaran con fuerza. Sacó un pañuelo de su bolsillo, y lo presionó contra el rostro de Maya; ella apenas pudo resistirse, quedó inconsciente enseguida.
Maya sintió el cuerpo entumecido primero, pero enseguida se dio cuenta de la situación y recobró los cinco sentidos. Se observó a si misma frente al espejo que Woo Bin había hecho traer exclusivamente para eso: en lugar de la camisa blanca y los jeans desgastados, llevaba un vestido color salmón que le llegaba a la mitad del muslo, y un peinado propio de una princesita.
Woo Bin apareció detrás de ella.
- Estás mal de la cabeza. - escupió.
- No seas malagradecida, Maya. Hace rato parecías una mala versión de cenicienta, pero te he convertido en una princesa. ¿Qué más puedes querer de la vida?
- Aún no logro entender qué pasa por tu cabeza.
- Un avión privado nos espera para volver a Corea, pero primero vamos a almorzar, ¿qué te parece?
- Por favor, para esto. No quiero volver.
- Mentira.
- No quiero – dijo, y sintió como, ridículamente, estaba a punto de llorar. Suplicó – Por favor, olvida que me encontraste, deja que haga mi vida.
- No entiendo por qué te fuiste. - dijo él suspirando, y arrastró una silla para sentarse frente a ella – Desde que te has ido, no he visto a Ji Hoo sonreír ni una vez. ¿Almorzamos juntos, para conversar?
Maya asintió, derrotada.
Ji Hoo sabía cuál era el hotel preferido de Woo Bin. Siempre que viajaban por Europa, prefería quedarse allí.
Sólo tuvo que llamar a Yi Jeong para preguntar y enterarse de que el lugar al que Woo Bin había ido de vacaciones era Madrid. ¿Qué clase de lugar era ese para tomar unas vacaciones?, se preguntó Yi Jeong resoplando. Pero él sabía cuál era el verdadero motivo. Por eso Woo Bin había estado en su oficina en la mañana anterior.
¿Por qué Woo Bin estaba tan interesado en Maya? ¿Tan interesado para viajar hasta allí a buscarla? Y entonces, ¿qué hacía él allí?
Simplemente, no le gustó que luego de haberla acogido tan bien en su casa, se hubiera marchado de esa manera. Al menos merecía una explicación.
- Song Woo Bin. Sí, está hospedado en este hotel, también le dejó un mensaje – dijo la recepcionista.
- ¿Un mensaje?
- Si. Quería que fuera a buscarlo en el restaurante Palazzo, si llegaba antes de las cinco.
Pero Ji Hoo ya no estaba. Apenas supo el nombre del lugar, había vuelto a salir.
Y allí estaba ella, conversando tranquilamente con su amigo.
Sin embargo, lucía triste, algo inusual en ella. ¿Qué le habría sucedido?
- Hola.
Maya quedó del color del papel en cuanto oyó suvoz, y ni siquiera tuvo valor de voltearse para verlo. Woo Bin sonrió.
- ¡Ji Hoo, amigo! Qué sorpresa tan agradable verte por aquí.
Sorpresa, claro.
- Eres tú el que sorprende. Hola Maya.
- Hola, Ji Hoo.
Ella sonrió un poco, una sonrisa que no tenía nada de alegría.
- Creo que hiciste un viaje en vano, Ji Hoo, porque acabo de recordar que tengo una cita en unas horas y si no me voy ahora, no llegaré. Justamente se lo estaba diciendo a Maya. Bueno, adiós.
Maya se quedó viendo al vacío, porque él ya se había ido. ¡Cómo podía! Era un.. un...
Allí estaba de nuevo, teniendo que ver a ese hombre a la cara. Cuando se había consolado diciendo que en la distancia lo olvidaría. Ji Hoo se sentó frente a ella pero no dijo nada.
¿Cómo podía ser que amara a ese hombre? Él era siempre tan contradictorio, algunas veces amable, pero la mayoría del tiempo manteniéndola lejos. Sin duda era una buena persona, pero todo su encanto iba siempre dirigido a otros y no a ella. ¿Por qué entonces, sabiendo eso, lo amaba?
- No he logrado encontrar una explicación.
- ¿Cómo?
- No he logrado encontrar una razón que explique por qué te fuiste de la manera en que lo hiciste- aclaró él.
- Eso... siento no haberme despedido. Es que no te encontré en casa en ese momento.
Él no dijo nada al respecto, aunque sabía que era una clara mentira.
- ¿Eres feliz?
- Creo que seré feliz. ¿Qué hay de ti?
- Estoy bien.
- Qué bien.
Eso iba rumbo a convertirse en los segundos más largos y silenciosos de la historia, así que Maya se puso de pie.
- No me gusta este lugar, Woo Bin casi me obligó a venir. ¿Podemos irnos ya?
- Te acompañaré a tu casa.
- De acuerdo.
Ambos salieron, caminando despacio hasta una parada de taxis – Ji Hoo no tuvo tiempo ni de rentar un coche – y eso sacó una sonrisa a Maya.
- Nunca pensé que pudiera llegar el día de verte a ti en un taxi.
- No tengo ningún problema con subir a un taxi.
- Si. Parte de la buena influencia que Jan Di ha ejercido en ustedes. Me gustaría ver cómo eran antes de ella.
- Joon Pyo era un rebelde, Yi Jeong un casanova y Woo Bin un Don Juan.
- ¿Y tú?
- El extraño.
Maya frunció en ceño y luego volvió a sonreír.
- Bueno, ni tú ni Woo Bin han cambiado nada. Él es un Don Juan y tú un extraño.
Ji Hoo sonrió. Ella volvió a pensar en cuán hermosa era su sonrisa.
- Bueno, el extraño te trajo algo. - dijo, metiendo su mano en el bolsillo interior de su chaqueta.
- ¿Qué?
- Hyun Ah me dijo que eran tus favoritas – dijo, extendiendo su mano y alcanzándole una bella rosa blanca.
Maya se quedó mirando la rosa totalmente sorprendida, antes de tomarla en sus manos. Ji Hoo simplemente le miraba, con las manos metidas en el bolsillo. Él también vestía de blanco, como siempre. Como esa rosa.
Esa simple rosa era la mejor que había recibido nunca en su vida – y era la primera vez, de hecho, que un hombre le regalaba flores – pero prefería mil veces a Ji Hoo. Él era sin duda mejor que las flores.
