Capítulo 8: Lo que muestra el sfora.

Parte 2

- Muéstrame un momento en la vida de Lilium – dijo Ciel finalmente.

Entre la niebla rojiza comenzó a formarse una imagen que al conde le pareció extraña al asociarla con la chtonian. Era una habitación amplia, de color blanco. Frente a lo que parecía ser un tocador con un espejo, estaba sentada Lilium, vestida con un peplo, una especie de túnica griega. A su espalda había una joven, quien no parecía tener más edad que Lilium, y le peinaba el cabello lentamente. La chtonian se veía más joven, como de unos quince o dieciséis años, y su mirada denotaba justamente lo que su nombre significaba, inocencia y pureza. Una mirada que Ciel no le conocía.

Mientras le cepillaban el cabello Lilium parecía impaciente, como si esperara algo.

Dos golpes en la puerta fueron seguidos por la entrada de un hombre a la habitación. Era un hombre rubio, alto y de ojos azules, con un rostro que revelaba que había pasado los cuarenta, pero que aún conservaba su atractivo juvenil.

- Hola, padre – saludó Lilium en un idioma que Ciel no pudo identificar, pero aun así entendía, aunque no comprendía el por qué.

- Déjanos – le dijo el padre de Lilium a la joven que peinaba a su hija. Esta abandonó la habitación luego de hacer una pequeña reverencia.

Ciel estaba sorprendido e intrigado a la vez. El hombre que Lilium llamaba padre no se parecía en nada a ella. Además, la vestimenta que ella tenía puesta parecía ser griega, y el idioma que hablaban se le parecía. Ciel no hablaba fluidamente el griego, pero entendía lo suficiente como para notar la similitud entre el idioma que hablaban las personas en el sfora y el griego que él conocía. Probablemente era griego antiguo, pensó Ciel. Aunque no se explicaba cómo era capaz de entenderlo. Quizás tenía que ver con lo que había hecho la chtonian antes de marcharse con Sebastian.

- Supongo que sabes por qué estoy aquí – dijo el padre de Lilium.

- ¿Porque soy tu hija adorada y no podías esperar más para verme? – respondió la chtonian, intentando hacerse agradable.

- Estuve con Ajax esta tarde, – el padre de Lilium parecía enfadado, Ciel pensó que quienquiera que fuera Ajax le había dado malas noticias – me dijo lo que ocurrió con su hijo Eudor.

Lilium se puso de pie, resoplando molesta.

- ¡No pongas esa cara, Lilium, sabes perfectamente que obraste mal! – dijo el padre.

- ¿Qué obre mal? – Lilium sacó a relucir su mal carácter - ¿Por qué? ¿Porque él es un idiota que no sabe comportarse con los demás? ¡Cree que por ser hijo de la mano derecha del rey de Dydimos puede hacer lo que se le antoje, y que porque yo soy una mujer debo aguantarlo!

Su padre la miraba sorprendido, al parecer no esperaba estas palabras de su hija.

- Lo siento, padre, no quise perder la paciencia – agregó ella, más calmada. – Es solo que él realmente me molesta, tan altanero, con tan poca inteligencia, y espera que yo sea una mujer complaciente, recatada, sin ninguna opinión de nada…

- Basta Lilium. – Él se calmó, y suavizó la mirada, era evidente que adoraba a su hija – Entiendo cómo te sientes, yo tampoco quisiera en realidad que tu consorte fuese alguien como él, solo permití que se encontraran y conocieran por una sugerencia del rey, pero tu actitud lo ha hecho desistir de tomarte por esposa, algo que en realidad agradezco…

Lilium sonrió ampliamente al oír a su padre, pero éste continuó.

- Aun así no debiste insultarlo de esa manera delante de los sirvientes, humillarlo así…

- El comenzó, con todas esas estupideces de cómo debe comportarse una buena mujer, intentado darme sermones, como si no se notara a distancia que es un tonto que solo repite lo que ha oído desde que nació, y que no tiene una opinión propia.

- ¡Lilium!

- Lo siento padre – ella pareció calmarse de nuevo.

- En realidad, yo lo lamento. Lamentablemente te di demasiadas libertades y no di prioridad a tu educación como una mujer, no pensé en ti solo como en mi hija, y te di una educación reservada para los hombres. Las consecuencias las observo ahora, pero eras una niña tan inquieta, e inteligente, que no fui capaz de cortar tus deseos de aprender. Lamentablemente los hombres no siempre quieren mujeres a su lado que cuestionen todo lo que dicen y que definitivamente sean más inteligentes y capaces que ellos mismos… - el padre de Lilium pareció pensar en algo y luego agregó - Quiero que el hombre que sea tu esposo te quiera y respete como yo quiero y respeto a tu madre.

- Padre, no es necesario que tenga un esposo.

- Claro que lo es. Tu madre y yo no estaremos aquí siempre, y no queremos que tú estés sola.

- No digas eso, padre – Lilium se acercó a su padre y lo abrazó – Ustedes estarán mucho tiempo conmigo.

- Pero cuando ya no estemos, todo lo que poseemos pasara a manos de otros, tu no tendrás nada y serás obligada a tomar esposo o convertirte en una sacerdotisa de Hestia. Quiero estar con vida cuando te desposes, y ser quien encuentre al candidato más idóneo para ti, pero no puedo hacerlo si tienes ese comportamiento con aquellos jóvenes que puedan ser buenos para ti.

- Creí que estábamos de acuerdo en que Eudor no era bueno para mí – dijo ella alejándose de su padre.

- Así es, pero vendrán otros, y quiero que el que tu madre y yo consideremos el correcto para ti, quiera estar contigo, con nadie más.

Ciel estaba sorprendido, no esperaba esta revelación acerca de Lilium. En realidad ella había sido, alguna vez, una joven inocente y pura, aunque con carácter.

La imagen en el sfora cambió. Ahora se veía una alta figura encapuchada entrando a lo que parecía ser un gran estadio que funcionaba como teatro. Caminó entre las personas y se sentó junto a otra figura encapuchada, pero más alta y corpulenta. Ambos estaban rodeados por personas vestidas de forma común, campesinos, y gente del pueblo. Ciel pudo notar que la figura encapuchada más pequeña era LiIium. Ella se veía como de dieciocho años aproximadamente, y definitivamente se comportaba como si estuviese haciendo algo prohibido. El hombre encapuchado a su lado tenía el rostro completamente oculto. Era una situación extraña, ambos encapuchados, rodeados por una multitud que disfrutaba una obra de teatro. Ella miró hacia el lado, algo inquieta, quizás por lo sospechosa que se veía la persona a su izquierda, quien a su vez hacía lo mismo. Al parecer ambos vieron sus rostros, porque Lilium abrió desmesuradamente los ojos como reconociendo a la persona junto a ella. Luego ocurrió algo muy curioso. El sujeto encapuchado junto a la chtonian se puso de pie y salió del estadio. Lilium se quedó perpleja por unos segundos y luego lo siguió, dándole alcance junto a un pozo.

- Príncipe Acheron – dijo Lilium, tomándolo de la capa para detenerlo.

El hombre se giró bruscamente, deshaciéndose del agarre de la chtonian, consiguiendo que la capucha que cubría su cabeza cayera sobre sus hombros.

Ciel no podía estar más sorprendido. Sin duda era Acheron, con sus ojos plateados, pero luciendo un poco más joven, y algo pálido, como si estuviera enfermo. Además su cabello era rubio dorado, no negro, como él lo había visto personalmente. ¿Príncipe? No esperaba esto, ni la actitud de Lilium, quien hablaba con un profundo respeto al dios.

- Yo no soy ningún príncipe, ya te lo dije una vez – dijo Acheron.

Lilium parecía sorprendida por la brusquedad de Acheron, pero aun así, logró sonreír.

- Veo que me recuerda – dijo la chtonian.

Acheron parecía aun más molesto, pero finalmente dijo:

- Es difícil olvidar unos ojos tan curiosos como los tuyos. Así como los míos, somos un par de fenómenos ¿o no? Después de todo tu también te ocultas ¿cierto?

- Es solo que yo no debería estar aquí.

- Ya somos dos, ahora si me disculpas, debo irme. – Acheron se puso la capucha de nuevo, e intento irse.

- ¡Espera! Hay algo que debo saber… Yo aun no estoy segura de lo que ocurrió hace ocho años, cuando nos conocimos ¿recuerdas? Siempre he tenido la duda, tú dijiste…

- No hay nada que aclarar, puedes estar con tu conciencia tranquila. Olvida lo que pasó, y olvida que me conociste, yo lo intento todos los días.

- Pero, príncipe…

- ¡Créeme, una dama como tú no quiere saber ese tipo de cosas, y deja de llamarme príncipe, yo no soy nada! – Podía notarse la amargura en la voz de Acheron.

- ¡Lilium! – dijo un hombre joven, parecía tener unos veinte años, de cabello castaño claro, y ojos azules, acercándose a ellos, provocando que Lilium se pusiera pálida primero, y se sonrojara visiblemente después.

Eran actitudes que Ciel no había imaginado que la chtonian pudiera adoptar, y de alguna manera le areció adorable.

- No puedo creer que estés aquí, – dijo el hombre que los había interrumpido – viniste al teatro ¿verdad? Y además estás hablando con desconocidos. ¡Tu padre ya te advirtió que no aceptaría más actitudes como ésta!

- Corban, solo le hacía un par de preguntas a este hombre – dijo Lilium.

- Ya he satisfecho sus dudas, mi señora, ahora me marcho – dijo Acheron en tono burlón, inclinando la cabeza, dejando a Lilium a solas con Corban.

- ¿Quién era ese sujeto? – preguntó Corban, cuando Acheron su hubo alejado.

- Solo alguien que acababa de salir del estadio donde se exhibe la obra – contestó Lilium.

- ¿Y te acercaste a hacerle preguntas a un desconocido? ¿Sabes lo peligroso que es eso?

- Por favor Corban, volvamos a casa ¿quieres?

Corban abrazó a Lilium de manera afectuosa al notar que ella estaba comenzando a enfadarse por su actitud.

- Solo quiero que estés sana y salva, mi querida. Pronto se anunciara nuestro compromiso, y no quiero que nada empañe nuestra celebración. En realidad no me importa que tu padre haya decidido esperar a que cumplas los veinte años para casarte conmigo, entiendo que aun no quiera dejarte ir. Siempre y cuando solo yo exista para ti no me importa esperar dos años para que formemos nuestra propia familia.

Un prometido. Matrimonio. Ciel no entendía nada. ¿Y donde estaban estas personas ahora? Lo que le sorprendía era el hecho de que parecían humanos. El conde sabía que hubo un tiempo en que dioses y humanos se relacionaban en la tierra como algo normal. Pero esto era demasiado, y sin duda lo confundía.

La imagen en el sfora cambió nuevamente, esta vez Lilium estaba en lo que parecía ser un templo. El lugar estaba repleto de gente que hacia sus ofrendas frente al altar, mientras Lilium, quien se cubría con un manto, su padre, Corban, y un pequeño grupo de personas, que parecían ser nobles, por sus ropas y aspecto se encontraban junto a la parte más alta del altar, sentados cómodamente.

- Padre, no quiero estar aquí - le susurró Lilium a su padre, mirando con disgusto a un hombre alto, atractivo y rubio, que estaba sentado junto a un hombre ya mayor, y a otro que era igual a Acheron, solo que tenía los ojos azules.

- Lilium, por favor, debemos rendir respetos a la diosa Artemisa. – dijo el padre de Lilium en voz baja.

¿Lilium rindiendo respetos a un Dios? Cada imagen que veía en el sfora lo dejaba más confuso que el anterior. Hasta el momento había entendido que estos eran los primeros años de la vida de la chtonian. Luego de su segundo nacimiento.

Pero entonces hubo un alboroto general en el Templo. Alguien tropezó y una mujer estuvo a punto de dejar caer a su bebé, quien fue salvado providencialmente por un hombre quien se encontraba entre la multitud. La capa que este hombre llevaba puesta se cayó, dejando al descubierto su rostro: era Acheron.

- ¡Cogedlo! – dijo uno de los hombres que estaba sentado en el mismo lugar que Lilium, parecía tener la misma edad del padre de ésta, pero en su cabeza tenía una pequeña corona que lo investía de autoridad.

Los guardias tomaron a Acheron de los brazos y lo arrastraron ante el rey.

- ¡Cómo te atreves a deshonrar éste templo! – el rey se volvió a los guardias -. Encerradlo en sus aposentos hasta que termine aquí.

Acheron respondió con una sonrisa que parecía maligna, mientras Lilium parecía horrorizada.

La escena en el sfora cambió nuevamente. Esta vez era de noche y el templo estaba vacío, con excepción de un hombre que colgaba desnudo entre dos pilares frente al altar. Su cabello estaba empapado de sangre, y su cuerpo estaba cubierto completamente de latigazos, y heridas.

Lilium entró al templo, escabulléndose entre las sombras. Nuevamente estaba cubierta con la capa, de entre sus ropas sacó lo que parecía ser una bota de agua. Se acercó al hombre inconsciente y le descubrió el rostro. Era Acheron.

- Ya basta, por favor. – dijo Acheron con dificultad.

- Tranquilo, Acheron, soy yo.

Al oírse llamar por su nombre, Acheron pareció recobrar sus sentidos, y miró con detenimiento a la persona que tenía frente a él.

- Deberías irte, si te descubren ayudándome, mi padre no tendrá misericordia de ti, aunque seas la hija de uno de sus hombres de confianza.

- No entiendo porque te hace esto Acheron, él es tu padre. – dijo Lilium, con los ojos llenos de lágrimas.

- Yo me lo pregunto todos los días.

Lilium acercó la bota de agua a los labios de Acheron, quien bebió con avidez, derramando gran parte del contenido por su pecho.

- Traje algo de comida también. – Lilium sacó de entre sus ropas un trozo de pan, que partió en pequeños pedazos y dio de comer en la boca a su amigo. Acheron no se hizo de rogar y comió todo lo que le dieron. – Hubiese querido traer más, pero no quería levantar sospechas.

- Esta bien así, gracias – dijo el atlante una vez comió el ultimo trozo de pan.

- Espero que te liberen pronto, pero si no es así, te traeré algo mañana.

- ¿Por qué haces esto? – dijo él con dificultad. - ¿No sabes lo que dicen de mí? ¿Tu padre no te lo ha comentado?

- Hago esto porque no me parece justo lo que te están haciendo. Y no, mi padre no ha hecho comentarios acerca de ti. ¿Por qué tendría que hacerlo?

Acheron desvió la mirada, y se mantuvo en silencio.

- Está bien, entiendo, no quieres hablar del tema.

Acheron la miró de nuevo, a los ojos, ella no desvió la mirada, la sostuvo, sin cambiar esa expresión dulce, y casi inocente.

- Tú no eres como las otras jóvenes ¿cierto? – dijo Acheron.

Lilium iba a responder algo, pero apenas movió los labios, unos ruidos provenientes del exterior la alertaron, y sin despedirse se marchó, dejando a Acheron solo con su dolor físico y moral.

Nuevamente la imagen que el sfora mostraba cambió. Esta vez Acheron y Lilium estaban sentados sobre una capa, junto a lo que parecía ser un pozo abandonado, en las afueras del pueblo. Lilium suspiró.

- ¿Qué ocurre? – preguntó Acheron, - hace ya un buen rato que estas ahí como si quisieras decirme algo y luego te quedas callada.

Para evidente sorpresa de Acheron, la chtonian apoyó su cabeza en las piernas del atlante, y permaneció allí.

- El tiempo ha pasado tan rápido. Solo quedan unos meses para que yo sea la esposa de Corban. – dijo Lilium. – Justo después de cumplir los veinte años, una semana después de tu cumpleaños número veintiuno.

- ¿Eso es lo que te tiene tan nerviosa? – preguntó Acheron.

- Es que… no creo que en realidad quiera casarme.

- Creí que querías a ese hombre.

- Si, lo quiero, es solo que ya no siento que él sea igual que antes. Mientras más se acerca el día que serán nuestros esponsales, siento que se vuelve más autoritario, y exigente. Se reúne con más frecuencia con tu hermano Styxx, y eso…

- Piensas que Styxx es una mala influencia para él, ¿verdad?

- Es que… yo conozco a Styxx desde que era pequeño, y sé más o menos la forma en que piensa, que en realidad no es muy diferente a la mayoría de los hombres de Dydimos, y yo de verdad creí que Corban era diferente, pero al parecer me equivoqué. Solo quiere que lo entretenga, como si yo fuera una mascota o algo así.

- Vaya, y ni siquiera están unidos en matrimonio oficialmente. – dijo Acheron esbozando una sonrisa que Lilium no alcanzó a ver. – Generalmente eso ocurre después de ocurridos los esponsales.

- Creo que fui muy ingenua al creer que lo nuestro sería como lo de mis padres. Ellos son una de las pocas parejas que conozco que contrajeron nupcias porque lo deseaban ellos y no sus familias. Ellos se aman, y es eso lo que yo quiero para mí también, y creí que lo encontraría con Corban, sin embargo…

- Lo que ocurre es que no es normal que las mujeres tengan carácter, a menos que seas una diosa, y lamentablemente solo somos humanos. Como humanos nuestros destinos son guiados por los dioses, como hombres por nuestros soberanos, y tú como una mujer, debes estar sometida a la tutela de tu padre o tu esposo. Es lamentable, pero así son las cosas.

¿Humanos? ¿De qué hablaba Acheron? Ellos eran un dios y una chtonian, ¿por qué Acheron se refería a ellos como humanos?

Lilium giró su rostro para ver a Acheron.

- No me gusta no poder controlar mi vida. No me gusta estar sometida a otros. No me gusta no poder hacer las cosas bien, y así como están las cosas, no podré ser una buena esposa, una buena madre, ni siquiera una buena amante, porque no soy una buena mujer.

- Tú, y mi hermana Ryssa son las mejores mujeres que conozco – Acheron sonrió de manera dulce, intentando darle significado a las palabras que decía.

- Pero jamás he sido capaz de hacer lo que se espera de mí. La hija de un noble debería ser capaz de comportarse según las circunstancias, pero no soy lo suficientemente buena para eso. Mi padre me dice todo el tiempo que quizás se equivocó en la manera de educarme, que debió preocuparse más por fomentar mi prudencia que mi inteligencia, y a veces pienso que tiene razón.

Acheron acercó su mano a la cabeza de Lilium y acarició su cabello. La chtonian se sobresaltó al sentirlo.

- Lo siento – dijo Acheron, retrayéndose - ¿Te ofendí?

- Claro, que no – dijo Lilium – Es solo que no estoy acostumbrada a este tipo de actitudes de tu parte. Sé que no te gusta tocar a las personas, o que te toquen.

- Es evidente que eso ya está un poco superado contigo. Estas aquí, apoyando tu cabeza en mi regazo, y no me siento incómodo por eso. Es extraño, pero me gusta la forma en que me miras.

- ¿Y qué forma sería esa?

- Como si yo fuera una persona normal.

Lilium lanzó una carcajada.

- Pero si tu eres una persona normal – dijo la chtonian luego de parar de reír. Al ver la expresión de Acheron, la chtonian se puso seria y agregó: - Yo he oído las historias que corren sobre ti, acerca de que eres el hijo de un dios, pero Acheron, independiente de esas historias, y de la verdad que pueda haber en ellas, para mí tú eres una persona normal, y eres más humano que cualquier otro que haya conocido.

Acheron sonrió al oírla. Para Ciel era evidente que el dios se sentía aliviado al oír a Lilium, lo que le hacía preguntarse cuál era el misterio tras estos dos personajes. Era evidente que existía una parte de la historia que no le había sido contada.

- Eres una niña – dijo Acheron finalmente, provocando que Lilium lo mirara de forma interrogante – Me gusta eso. No cambies nunca ¿quieres? Menos conmigo.

- No comprendo a que viene, pero te diré que hace mucho que dejé de ser una niña. Hay quienes dicen que soy más madura que algunos hombres que pasan por sabios.

- Lilium, incluso tú debes haberte dado cuenta que estoy maldito.

La chtonian pareció reflexionar unos momentos y luego dijo:

- Bueno, en realidad he notado algo extraño en eso. El otro día, por ejemplo, cuando accidentalmente dejaste caer tu capucha, muchos te miraron, y la forma en la que lo hicieron fue realmente… aterradora. Era como si no pudiesen controlarse al estar ante tu presencia.

- Eso ha sido toda mi vida, por eso te digo que estoy maldito. Pero tú eres diferente. Contigo puedo hablar sin problemas, no me miras como si quisieras lanzarte sobre mí y… - Acheron pareció pensarlo mejor y se mantuvo en silencio unos segundos – Visite al oráculo.

- ¿Qué te dijo? – preguntó la chtonian, mirando directamente a los ojos de su amigo.

- Akri di diyum…

- ¿El amo y señor regirá? ¿Qué significa?

Acheron parecía arrepentido de lo que acababa de decir, así que desviando la mirada, y dando la conversación por finalizada, dijo:

- Olvídalo, ¿quieres? Prefiero no hablar estos temas.

Ciel no pudo evitar identificarse con Acheron. Si un dios podía estar maldito de la forma en que fuera, un humano como él con mayor razón. ¿Qué vendría ahora? ¿Lilium también estaría maldita? Y aquellas palabras… él también sentía curiosidad por lo que significaban.

Las imágenes en el sfora volvieron a cambiar. Esta vez fue el salón de un palacio lo que apareció en el orbe. El salón estaba repleto de gente. Todos ellos parecían distinguidos. Pero el sfora se concentró en dos mujeres que conversaban en un costado del salón, junto a la entrada que daba a un pasillo, tratando de pasar desapercibidas y no ser oídas. Una de ellas era Lilium, y la otra una hermosa mujer que parecía estar alrededor de los veintiséis o veintisiete años.

- Princesa Ryssa ¿podría entregarle esto a Acheron, por favor? – dijo Lilium entregándole una pequeña bolsita de lino – Es su regalo de cumpleaños.

Ryssa sonrió, y tomó el encargo entre sus manos, diciendo:

- Será un placer. El se pondrá muy feliz de recibirlo.

El rostro sonriente de Lilium cambió de expresión de manera abrupta. Era evidente que se debía a la persona que se acercaba a ellas en ese momento

- Pequeña Lilium ¿no me felicitarás por mi cumpleaños? – dijo un hombre idéntico a Acheron, excepto por el color de los ojos. Aunque Ciel también pudo notar que este hombre no desprendía la misma aura de atracción que el Dios.

- Príncipe Styxx – dijo Lilium – por supuesto, espero que el nuevo año de vida que comienza este lleno de éxito y sabiduría.

- Tan sería como siempre – dijo Styxx, acercándose más a la chtonian - ¿Es que nunca me regalarás una de tus hermosas sonrisas?

- No la molestes, Styxx – dijo Ryssa, intentando que su hermano dejara en paz a Lilium.

- No es contigo con quien hablo – dijo Styxx de mala manera – Además, padre necesita hablar contigo, deberías ir a verlo.

Ryssa pareció dudar unos minutos si dejar a Lilium a solas con su hermano, pero si su padre quería hablar con ella debía ser importante, así que finalmente los dejó solos.

- Así que pronto tú y mi gran amigo Corban se desposaran. Queda tan solo unos días para tan magno evento – dijo Styxx, acercándose más a Lilium, quien retrocedió unos pasos sin perder en ningún momento la seria expresión de su rostro. – Realmente es un hombre muy afortunado, teniendo una belleza como tú a su lado. Es una lástima que yo deba casarme con una princesa de algún reino vecino, de otro modo habría pedido tu mano en matrimonio sin demora, pero me debo a mi posición.

A medida que Styxx hablaba se acercaba cada vez a Lilium, quien retrocedía, intentando mantenerse alejada de él. Pero al parecer eso era justamente lo que el príncipe quería, porque cuando Lilium notó que habían llegado al pasillo, y que estaban completamente solos en el lugar, era ya tarde para huir, lo cual, obviamente era lo que la chtonian quería hacer.

- No me tienes miedo ¿verdad? – dijo Styxx al ver a Lilium mirando ansiosamente hacia la entrada que daba al salón.

- ¿Debería? – preguntó la chtonian, desafiante.

Ante este comentario Styxx sonrió, de una manera que hizo que a Ciel se le erizara la piel, y temiera por Lilium.

- Debes ser toda una fierecilla en la cama ¿o no? Qué envidia me da Corban, solo espero que sepa aprovecharte como se debe.

Evidentemente el comentario molestó a Lilium, quien endureció aun más su mirada. Pero esto no intimidó a Styxx, quien a juicio de Ciel, era demasiado estúpido para darse cuenta lo mucho que estaba molestando a la chtonian. Si ella era solo la mitad de agresiva que en la actualidad, el principito podía irse despidiendo de alguna de sus extremidades.

Apenas treinta centímetros separaban a la chtonian del príncipe. Este último levantó su mano derecha para acariciar el rostro de Lilium, pero nunca llegó a su destino, ya que un carraspeo a espaldas de Styxx lo detuvo.

- Veo que están aquí – dijo Corban, evidentemente molesto.

- Corban, amigo – dijo Styxx, dándose la vuelta, y sonriendo – comentaba con tu prometida lo afortunada que es de desposarse con un hombre como tú, teniendo en cuenta que ella fue adoptada por su familia, y no sabemos con seguridad cual es su origen. Aunque quizás su padre tenga razón, y ella es un regalo de los dioses.

Luego de decir esto, Styxx regresó a la fiesta. Lilium se había puesto pálida al oír el comentario del príncipe, mientras Corban la observaba con evidente mal humor.

Ciel no podía creer que el hermano de Acheron hubiese dicho algo como eso. Si quería humillar a Lilium, sin duda lo había conseguido. Aunque estaba más sorprendido de no ver ninguna reacción sobrenatural de parte de la chtonian. Mínimo que hiciera aparecer una espada en su mano derecha y emprendiera un ataque contra el mentiroso y mal educado príncipe.

Pero Ciel no pudo ver si Styxx había recibido o no una lección de parte de la chtonian, ya que la imagen en el sfora cambió rotundamente.

Ahora estaba de vuelta en la habitación de Lilium, y ésta yacía sobre la cama, profundamente dormida, con la mano izquierda sobre el abdomen y la derecha junto al rostro que había girado en esa dirección. Al verla así, Ciel no pudo evitar preguntarse si aquel que le había dado el significado de pureza, inocencia y belleza a la palabra lilium había visto a la chtonian dormida alguna vez, porque el rostro relajado, y siempre hermoso, solo podía inspirar esas palabras. Ciel estaba gratamente sorprendido, preguntándose si en la actualidad, cuando dormía, aun tenía esa expresión. La encontró mucho más hermosa y radiante ya que el mal humor no nublaba su vista. Se quedó allí, mirándola, fascinado, y podría haber seguido observándola durante mucho tiempo más, pero la entrada de alguien a la habitación interrumpió su velada contemplativa.

El recién llegado era Corban, quien se quedó petrificado junto a la puerta del cuarto al ver a Lilium durmiendo tan plácidamente.

Por las ropas que ambos llevaban era evidente que los acontecimientos que Ciel observaba habían ocurrido el mismo día que la fiesta de cumpleaños del príncipe Styxx. Interiormente Ciel rogó que el matrimonio no se hubiese llevado a cabo. Aunque esto era muy extraño, sin duda, ya que si Lilium se hubiese casado, su esposo debería haber estado en algún lugar de Bascania, o al menos un vestigio de que había formado parte de la vida de la chtonian, de la misma manera que los retratos de Dorus atestiguaban que él había vivido allí. Pero… se supone que Lilium se había ido a vivir a Bascania cuando Dorus había aparecido en su vida, y antes de eso había estado viviendo con Acheron. Entonces ¿en qué momento había estado viviendo con su esposo?

A Ciel no le gustó para nada la forma en que Corban miraba a Lilium. Era una mirada llena de lujuria, poco confiable. Además era evidente que el hombre había estado bebiendo, ya que sus ojos tenían esa expresión tan característica de a quien se le han pasado las copas.

Lentamente Corban se acercó a la cama de Lilium, mientras iba quitándose la túnica, hasta quedar desnudo. La chtonian estaba completamente ajena a lo que ocurría en su habitación, mientras el corazón de Ciel comenzaba a acelerarse a raíz de lo que estaba viendo. Aunque no quería ver a Lilium con otro hombre, una parte de él quería saber cómo terminaría esto.

Corban se sentó en la cama junto a su prometida, y lentamente comenzó a recorrer su cuerpo con su mano derecha, acariciándola, y dejando al descubierto sus piernas. Lilium se removió en la cama, inquieta, para luego abrir los ojos. Al ver a Corban junto a ella, abrió desmesuradamente los ojos, sorprendida, e intentó sentarse en la cama, pero las manos de Corban, en sus hombros, se lo impidieron.

- Quédate así – dijo él, acercándose a besarla.

Lilium giró la cabeza hacia la derecha, haciendo un gesto de disgusto.

- Estuviste bebiendo – dijo la chtonian, recuperando la compostura, y tratando de incorporarse nuevamente, pero sin éxito. Entonces pareció notar que su prometido estaba desnudo junto a ella, porque con un leve tono de pánico en la voz preguntó - ¿Qué pretendes?

- Lilium, ¿no es obvio? Quiero dejar mi marca en ti para que ya nadie vuelva a pensar siquiera en mirarte, o tu pienses en alguien más.

- ¿De qué estás hablando?

- No me gustó nada lo que vi esta tarde con Styxx. - Corban comenzó a besar el cuello de la chtonian, sin preocuparse que ella intentara rechazarlo.

- No pasó nada con el príncipe Styxx – dijo Lilium, intentando alejar las manos del hombre, que trataban de quitarle el peplo.

- No pasó nada porque yo llegué, pero si me hubiese tardado un poco…

- No digas tonte…

Los labios de Corban impidieron que la chtonian continuase hablando. Mientras la besaba y la mantenía inmovilizada en la cama con ambas manos, el futuro esposo de la chtonian se puso sobre ella. Lilium pareció entrar en pánico porque comenzó a removerse aun más bajo el cuerpo del hombre desnudo. Repentinamente, con un gesto de disgusto Corban dejó de besar a Lilium. Al ver un hilo de sangre saliendo del labio del hombre, Ciel no necesito de mucha imaginación para suponer lo que había ocurrido: la chtonian lo había mordido.

- ¡Maldita sea! – exclamó Corban. Luego ocurrió lo más inesperado para Lilium, y Ciel. Corban le dio una bofetada a la chtonian, quien se quedó quieta, mirándolo con una expresión extraña, entre sorprendida y dolida. – No deberías retarme. En menos de una semana serás mi esposa y harás lo que yo diga.

- ¡Pues aun no soy tu esposa, ni estoy bajo tus órdenes, suéltame de inmediato! – gritó Lilium, recuperando el mal carácter.

Pero Corban era demasiado fuerte para la chtonian, y no tuvo ninguna compasión de ella, mientras le quitaba el peplo y la tocaba de manera agresiva.

- ¿Lo estás disfrutando? – le preguntó Corban, masajeando con fuerza uno de los pechos de Lilium, que había dejado al descubierto.

- ¡No! – dijo ella, formando una mueca de dolor.

- Mejor, solo los hombres y las prostitutas lo disfrutan.

Fue un nuevo shock para la chtonian, quien al parecer estaba conociendo al verdadero Corban.

Ciel estaba horrorizado también. En ese momento tuvo ganas de matar al maldito que lastimaba a Lilium. ¿Por qué ella no se defendía? ¿Por qué no lo hacía desaparecer con el pensamiento?

La única forma de que ella se librara de lo que su futuro esposo estaba a punto de hacerle era que alguien llegara a salvarla, de otro modo…

- Ahora serás mía, y de nadie más, siempre… - dijo Corban separando las piernas de la chtonian.

Repentinamente la niebla roja inundó el sfora, y un aura extraña rodeó al conde, provocándole escalofríos. El miró a su alrededor, buscando el origen de lo que sentía. Se quedó petrificado al ver a Lilium, observándole con una mirada para nada amigable.

- ¡Que estabas haciendo! – dijo ella, acercándose a Ciel.

- Yo… yo solo quería saber…

La chtonian sabía perfectamente lo que Ciel había estado haciendo. Lo sintió en el momento que puso un pie de regreso en Bascania. También sabía todo lo que había visto, y se maldijo a si misma por no haber llegado antes y evitar que el conde se enterara de lo que había ocurrido con Corban.

- ¡Por qué…! – dijo Lilium intentando leer los pensamiento de Ciel, pero para su sorpresa la mente del conde estaba en blanco para ella.

- Déjame que te explique… no fue mi intención, solo que todo se salió de control – dijo Ciel, preocupado.

Lilium nuevamente intentó saber lo que Ciel pensaba respecto a sus motivaciones y opiniones sobre lo que había visto, pero nada pasó. Esto la alteró ¿Por qué no podía saber lo que él pensaba? Era empática, así que podía sentir la preocupación que provenía del conde, pero no sabía a qué se debía esa preocupación, o qué pensaba de ella. ¿En qué momento había dejado de saber lo que él pensaba? Las emociones de la chtonian ahora si estaban fuera de control

- ¡Yo te ayudé! ¡Te permito quedarte en mi hogar! ¿¡Y tú me pagas de esta manera! ¡Espiándome! – ella gritaba.

- Yo…

- ¡Será mejor que te alejes de mi vista!

Dicho esto Lilium desapareció de la habitación llevándose el sfora, dejando a Ciel completamente solo, y muy preocupado. El conde no tenía claro que hacer, quizás lo mejor en esos momentos era abandonar Bascania.

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N. A: ¿Que les parece hasta ahora? Espero que le guste, y que por favor dejen algún comentario, se los agradeceré profundamente. Por ahí nos leemos.