Ova – Recuerdos.

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Yuu Takanashi Asaino Van Kurosing.

-¿Me ha… alcanzado?

Luego de haber cerrado la puerta cuando aquel ser había atrapado a su madre, Yuu salió por la puerta trasera de la casa. Tenía miedo. Mucho, mucho miedo.

Había corrido, sin detenerse. Todo lo que veía a su alrededor estaba completamente destruido. Podía distinguir los cuerpos de las personas que siempre se habían reído y burlado de ella.

-Todas las personas que me hacían llorar… todos se han marchado –susurró.

Siguió corriendo. De una forma u otra, se las arreglo para sobrevivir un par de días. Nadie podía salir de la ciudad. No se sabía porque, simplemente, no podían.

Yuu había logrado robar comida. Sabía que si alguien la atrapaba estaría muerta, pero ya no podía correr más. Su casa también había sido destruida. Pudo distinguir restos del cuerpo de su madre sobre un charco de sangre. No quería seguir viendo, por lo que se alejo.

-Ya no tengo un lugar a donde ir –susurraba-. Y tampoco puedo estar cerca de mamá. Yo soy una niña buena…

Pero llego un momento en el que supo que no podía correr más. Solo tres días habían pasado desde que aquel demonio había llegado a su hogar, y el lugar ya estaba reducido a escombros. Al no encontrar un lugar donde ocultarse, la encontró.

-Parece que he perdido –sonrió-. He perdido el juego de las escondidas. Es hora de mi castigo.

Aquel ser se acerco a ella. Cada vez que se acercaba, la chica sentía una corriente de viento sobre su pálida piel. El frio le calaba los huesos, ya que no podía protegerse de aquello vestida con un simple vestido blanco de tirantes. Si aquel ser no la asesinaba, moriría de hipotermia.

-De todas formas será lo mismo…

Pero jamás sintió el dolor.

Aun estando muy lejos de la criatura, la chica escucho un fuerte golpe, y el filo de una espada cortando algo. Más específicamente: carne. Sí, eso era. Alzo la vista para saber de qué se trataba, y vio a un hombre sostener una espada de una hoja ornamentada de al menos cinco pies. La empuñadura era un crucifijo dorado que tenía varias líneas verticales de color azul. La hoja era de tono negro con un brillo muy fuerte, una larga espada de un solo filo con una ligera curva al final de la hoja. Se parecía a una cruz de color negro de gran tamaño.

Donde había estado aquel ser, solo había una esfera de color rojo.

-¿Qué… esta pasando? –se pregunto Yuu a ella misma.

De repente, la espada se convirtió en una mujer de cabello marrón, atado en una coleta alta que le llegaba hasta la cintura con dos mechones a los lados de su cara. Tenía jeans azul oscuro, un pulóver rojo, con la parte delantera de con zapatillas marrones. El hombre a su lado tenía jeans marrones claro, camiseta roja y campera azul, con zapatillas deportivas.

-Bueno, con esto ya podemos volver a casa, ¿no? –pregunto el hombre.

-Si –respondió la mujer-. Este demonio era el único pendiente que teníamos. Es una pena que no haya podido convertirme en Death Scythe –se lamento.

¿Demonio? ¿Death Scythe? ¿De qué estaban hablando? Y lo más importante… ¿Por qué aquella mujer se podía convertir en una espada?

-Lo que es una pena es que toda la gente de este pueblo haya muerto. Supongo que llegamos un poquito tarde. Bueno, eso no importa ahora, vámonos a…

-Espera –interrumpió la mujer-. No todos han muerto.

El hombre la miro. Ella estaba mirando al lado opuesto del que se había encontrado el demonio. Ella comenzó a acercarse a ese lugar, y lo que vio lo dejo sin palabras. Allí, cerca de donde ellos estaban, había una persona. Una niña. ¿Cómo es que había sobrevivido tres días con ese ser cerca de ella?

Al ver a la mujer acercarse, sumado al que podía convertirse en arma, asusto en sobremanera a Yuu. Si bien no solía perder la compostura, ya había visto morir a demasiadas personas. El pánico se apodero de ella. Se desmayo.

•••

Al despertar estaba en una habitación blanca, acostada en una camilla del mismo color. Había también varias maquinas que no conocía. Las ventanas dejaban entrar un poco de la luz del sol, lo que la reconfortaba. Al verla despertar, una mujer vestida de blanco dejo caer los papeles que sostenía.

-Asique después de todo si despertó –parecía aliviada-. No te muevas, iré a traer al doctor –y salió apresuradamente de la habitación.

¿Doctor? Asique después de todo estaba en un hospital. ¿Pero cómo había llegado allí? Luego de un tiempo llego el doctor, un hombre de bata blanca, viejo, al que ya se le notaba el color blanco de las canas. Se encargo de revisarla y descartar la posibilidad de que aún estuviera grave. Al asegurarse de que se encontraba bien, salió y hablo con una persona. Luego de un tiempo, dejaron de hablar, el doctor de fue a quien-sabe-donde, y entro en la habitación una mujer de largo cabello marrón, sostenido en una coleta.

Yuu abrió los ojos con una mezcla de sorpresa y miedo en el rostro. Era la misma mujer que había visto en su pueblo, o en lo que quedaba de él.

-No te preocupes –le dijo la mujer, con voz dulce-. No voy a hacerte daño, asique puedes considerarme tu amiga, ¿sí?

Yuu asintió silenciosamente, y su rostro mostro una expresión neutral.

-¿Quién eres tú? ¿Qué era ese ser en aquel lugar? ¿Cómo es que puedes convertirte en una espada? –pregunto sin rodeos.

-Voy a contestarte esas preguntas, pero no en este momento. Solo puedo responderte la primera por ahora. Asique, yo soy Mayu Vann Kurosing. Es un gusto conocerte. ¿Y tu cómo te llamas?

-Yuu Takanashi.

-Es un bonito nombre –sonrió la mujer-. No quiero ir con rodeos, asique solo te lo diré directamente. Tu madre, en este momento, está muerta.

-Ya lo sé –respondió.

-Bien. Segundo, en este momento no tienes con quien quedarte. Estuviste un mes inconsciente, y nadie vino a saber cómo estabas ni nada parecido.

-Ya lo sé –volvió a responder-. Mi madre era el único familiar que tenia. Mi padre murió cuando era pequeña, asique es natural.

-Eso es un poco triste –susurro. Luego suspiro-. Bueno, por esa razón, me gustaría que te quedaras con nosotros. Me sabe mal dejarte en un orfanato, o abandonarte a tu suerte. ¿Está bien por ti?

-¿Nosotros? –pregunto.

La mujer sonrió.

-Me refiero a mí, mi esposo y a mis dos hijas pequeñas. ¿Qué dices?

-No quiero –respondió-. ¿Por qué debería quedarme con una persona que apenas conozco, y con tres que no conozco? Además, no siento ningún tipo de confianza en ti.

La mujer la miro atentamente, sin saber que decir. No imagino que esa niña le respondiera de esa manera. Sabía que la reciente experiencia podría haberla cambiado, pero no creyó que fuera tan fría. En ese momento, un hombre se asomo por la puerta de la habitación. Era el mismo sujeto que había visto en lo que quedaba del pueblo.

-No me importa si no quieres –dijo-. Tampoco me importa que prefieras quedarte en un orfanato donde cualquier tipo de persona de pueda llevar con ella, simplemente al firmar unos papeles. Y tampoco me importa que prefieras vivir en la calle, donde cualquier tipo raro te puede llevar con él. No me importa lo que decidas, pero no creo que esa sea la forma de hablarles a las personas que te salvaron la vida. ¿No crees? No deberías ser tan desconsiderada, sobre todo porque ya no tienes a alguna persona que te cuide.

-¡Staz! No deberías hablarle así, ella…

-Iré –dijo Yuu, con una mirada inexpresiva-. Lo prefiero a vivir en la calle, o a estar en un orfanato.

El hombre sonrió con suficiencia.

-Sabía que responderías eso. Cuando te den de alta vendremos llevarte a nuestra casa. ¿Te parece?

Yuu asintió.

•••

Ya había pasado dos meses desde que Yuu había entrado en aquella casa. No solía hablar mucho con Ruka y Mana, pero estas ya le tenían un profundo aprecio. Siempre estaba encerrada en su habitación o en la biblioteca.

Si bien el primer mes había sido tranquilo, ya el segundo había sido extraño. La habían llevado a un extraño lugar parecido a un castillo, de color negro, con calaveras en algunos sitios. Habían hablado con una mujer llena de vendajes, de la edad de sus "padres". La mujer la había estado examinando durante un par de minutos, y luego, preocupada, fue a hablar con sus tutores.

Desde ese día, Mayu y Staz se los veía mucho más preocupados y nerviosos. Había sido llevada a varios lugares donde la habían examinado, y siempre Mayu volvía con el mismo rostro preocupado de siempre.

Finalmente, el día antes de volver a ser llevada a aquel extraño castillo negro, Yuu le había hecho a Mayu la misma pregunta que le había hecho antes a su madre:

-Mamá –la llamo la pequeña. Mayu levanto la cabeza de sus brazos donde los había estado apoyando-. Mamá, ¿es que estoy enferma?

La niña espero un grito a alguna reacción violenta de parte de su madre, pero esta solo se limito a sonreír.

-No te preocupes, tesoro –le dijo, mientras se levantaba y se acercaba a ella-. No estás enferma, ni tienes nada malo.

-¿Entonces que son todos aquellos lugares a los que me han estado llevando?

-A, eso… es el Shibusen –antes la cara de confusión de la chica, Mayu sonrió-. No debes preocuparte, ¿sí? Es solo que necesitamos verificar algo. Cuando lo hagamos, te lo contaremos todo, ¿bien? –sonrió, acariciándole la mejilla a la niña.

Yuu asintió.

•••

La habían vuelto a llevar al castillo de color negro. Sus padres les habían pedido que esperara, ya que debían hablar con el director. Les hiso caso y se quedo esperando al lado de la puerta, mientras sus padres hablaban en el lugar que habían llamado: Death Room.

No había estado mucho tiempo esperándolos, pero al no tener nada que hacer, lo que era media hora le parecieron dos horas.

Había visto a varias personas, altas, bajas, feas, bonitas, gordas, flacas, verdes, tomate, lechuga, avestruz… ¿De qué estaba hablando?*

En resumen, todo tipo de personas habían pasado frente a sus ojos. Algunas solo la veían de reojo, otros se la quedaban mirando fijamente para luego marcharse, y otros la ignoraban olímpicamente.

Pero la única persona que llamo su atención fue un chico, de aparentemente, un año más que ella. Vestía un traje, lo que le pareció raro para su edad, y su cabello prolijamente peinado. Le llamo la atención las tres líneas blancas de su cabeza; aunque le sorprendió aún más sus ojos color dorado.

Solo lo había visto cuando cruzo un pasillo, el chico la miro de reojo y le sonrió. Ella le devolvió el gesto.

En ese momento, sus padres salieron de la habitación. Preocupados pero un poco aliviados, le dijeron que tenían que hablar de un tema importante y delicado.

•••

En ese momento, Yuu se encontraba sentada (más bien arrodillada) frente a sus padres: Mayu Vann Kurosing y Staz Ukinowa, que se encontraban en la misma posición que ella.

-¿He hecho algo malo? –pregunto, con el tono inexpresivo de voz que siempre solía usar.

-No, no hiciste nada. Pero queremos contarte unas cosas de las que debemos hacerlo ahora –contesto su padre.

Y comenzaron a explicarle una cosa en concreto: el que ella era una Tamashi o Moyashite. Le explicaron lo poco que sabían: que aquella raza era sumamente extraña, que poseía una especie de poder extraño, y lo que habían hecho aquellas mujeres de esa raza hace miles de años.

También le explicaron lo de los demonios, y lo de técnico y arma. Y le dijeron que ella tenía alma de técnico. Yuu no hizo preguntas, ni realizo algo que diera a entender su desacuerdo. Simplemente dijo, con un tono mucho más frio que siempre…

-Ya veo.

Con esas palabras, se levanto y se dirigió a su habitación.

Ella paso dos semanas completas sin hablar ni ver a nadie. Simplemente se encerraba bajo llave en la biblioteca. Los únicos momentos en los que la veían era a la hora de la comida, aunque no lograban que dijera una palabra. Sus hermanas estaban muy preocupadas por ella.

Cuando su Mayu se encontraba cocinando, pensando en que podría hacer para que su hija adoptiva se sintiera mejor, escucho una suave voz formulando una pregunta.

-Mamá, ¿no hay ningún lugar en el que puedan enseñarme a manejar un arma? –pregunto Yuu.

Mayu se sorprendió mucho, tanto que dejo caer sobre la mesa al cuchillo con el cual había estado cortando la ensalada por la sorpresa. Inmediatamente se tranquilizo, sonriendo por el que su hija volviera a dar señales de vida.

-Si lo hay –contesto su madre-. Es aquel lugar al que te habíamos estado llevando para comprobar si eras o no una Tamashi o Moyashite; el Shibusen. Es una escuela Vocacional para Técnicos y Armas de Shinigami, aunque no sé porque se llama vocacional. Se construyo para que lo humanos con sangre de arma entrenen para convertirse en Death Scythe, y ser usados por un Shinigami, con ayuda de un Técnico de arma.

-¿Y los técnicos puede elegir qué tipo de arma quieren utilizar?

Mayu asintió. Yuu se quedo callada durante, aproximadamente, diez minutos.

-Quiero ir al Shibusen –su madre casi voltea la hoya humeante de papas que se encontraba a su lado-. Quiero convertir a un arma en una Death Scythe.

-¿Estás segura de quieres eso? Para hacerlo debes reunir 99 huevos de demonio y un alma de bruja. Cientos de técnicos y armas murieron antes de conseguir esta última…

-Aun así, quiero intentarlo. Quiero convertir a una arma, más específicamente una katana, en una Death Scythe.

-Pero, sabes que podrías crear gran revuelo en el Shibusen si una Tamashi o Moyashite entra, ¿no?

Yuu bajo la mirada, entristecida.

-Es solo que… No se la razón, pero quiero hacerlo. Es como si algo dentro de mí me dijera que debo hacerlo, como si algo me estuviera llamando. No sé como explicarlo…

Más tarde esa noche, Mayu le había contado a su esposo lo que Yuu quería hacer.

-Esta es la primera vez que ella expresa lo que quiere. Siempre se conformo con cualquier cosa. Este es el primer… deseo, por así decirlo, que nos cuenta. ¿Qué deberíamos hacer?

El hombre a su lado le dio un trago a la gaseosa que tenía a su lado.

-¿Cuál es el problema de si lo hace o no? –preguntó él.

-Es solo que… no quiero que la lastimen. Si descubren que ella pertenece a aquella raza, entonces tal vez la lastimarían. No quiero eso. Ya sabes, después de todo ella no es humana…

-¿Cuál es el problema? –la interrumpió Staz. Mayu alzó la vista, ligeramente sorprendida-. ¿A quién le importa si no es humana? Si ella siente, piensa y ama como cualquier otro, ¿cuál es el problema? –la mujer sonrió-. Shinigami-sama ya nos dijo que no habría problema si ella quería entrar. ¿Entonces?

-Es cierto –susurró la mujer, sonriendo-. Después de todo, ella es mi querida hija. Y yo quiero cumplirle algunos caprichos –acto seguido, se recostó en la mesa sobre sus brazos-. Ah, son demasiadas las cosas que le están pasando a una niña de siete años…

•••

Sinceramente, jamás pensó que algún día la iban a despertar de esa forma. Un cubo de agua helada cayó sobre ella, que dormía plácidamente en su cama.

Antes de que Yuu pudiera decir algo, dejaron caer una toalla sobre su cara.

-Levántate, sécate y vístete con esa ropa –esa era la voz de su padre-. Luego baja al patio. Hazlo rápido –con esas palabras, Staz salió, cerrando la puerta detrás de él.

Con el ceño fruncido, la chica se sentó en la cama. Comenzó a secarse con la toalla y se levanto. En su escritorio había un kimono, de color blanco (parte de arriba) y rojo (parte de abajo)*. No quería ponerse eso.

Al ver su armario de se dio cuenta de que no había nada. Nada, nada, nada, Ni una mísera media. Suspirando, se coloco el kimono que le había dejado su padre. Se ato el cabello en una coleta alta y bajo las escaleras.

A llegar al patio, fue recibida con un golpe de una espada de madera en la cabeza.

-¿Qué estás haciendo? –le preguntó a su padre, el cuál sostenía una Shinai (espada de bambú) en su mano derecha.

-¿No dijiste que querías aprender a manejar la katana? –Ante eso, Yuu abrió los ojos con sorpresa-. Tienes que entrenar para poder manejarla –le lanzó a la chica otra Shinai.

-¿Está bien? –pregunto, agarrando torpemente la espada.

-Si –afirmo el hombre-. Ahora, empecemos.

•••

Ya haces un mes que Yuu recibía clases de su padre. Si bien ella solía aprender rápido, no lograba manejarlo de forma perfecta.

En kimono que era obligada a usar la entorpecía, por lo que no podía evitar los ataques. Por esa misma razón, tampoco podía atestarle con la espada a su padre, que no podía moverse libremente. Era algo injusto.

Otro golpe de la Shinai se atesto sobre su cabeza.

-Ah, al menos podrías tratar de esquivarlos –suspiro, mientras su hija se volvía a parar-. Así no puedes aprender nada.

El marcador seguía igual: treinta y tres derrotas, cero victorias.

•••

Otra vez estaba peleando con su padre. Sabía que no podría atestarle un golpe, por lo que se conformaba con solo esquivar los ataques. Se alejo un poco, mientras trataba de volver a tomar aire.

-¿Qué pasa? –Preguntó su padre-. ¿Ya necesitas un descanso?

Yuu suspiro. Lo que iba a hacer era arriesgado. Iba a mandar al carajo todo lo que le había enseñado su padre sobre la postura y todas esas cosas. Lo sabía. Sabía que si no lograba derrotar a su padre, no la dejarían ir al Shibusen. Y no iba a permitir que eso pasara.

No hay remordimientos… satisfacer mi curiosidad.

Eso era lo que normalmente se repetía. Quería satisfacer su curiosidad. Saber sobre las almas, los demonios, las brujas. Quería saberlo todo. No se arrepentía en absoluto el haberle dicho a su madre lo que quería, a pesar de los golpes que esa decisión había causado.

Hay un nuevo mundo esperando… explorar mis posibilidades.

Aquel "nuevo mundo" que quería conocer, se encontraba en el Shibusen. Si lograba entrar, vería cosas que jamás habría visto antes. No le importaba si eran cosas horribles o cosas bellas. Quería conocer aquel "nuevo mundo". Debía explorar todas sus posibilidades: entrar en el Shibusen, o vivir una vida absolutamente normal. La segunda ya estaba descartada: eso solo le había causado dolor. Pero aún no había explorado la posibilidad de entrar en aquel lugar…

No hay garantía… solo mejorar mis habilidades.

No había garantía de poder ser feliz con aquella decisión. Pero estaba bien. En la vida hay que tomar riesgos. Si lo hacía, sus habilidades mejorarían: se convertiría en una verdadera mujer espadachín, hasta al punto de poder convertirse en alguien tan buena como su padre.

Hay que tomar una decisión… estableciendo las prioridades correctas.

Debía tomar una decisión, teniendo en cuenta sus prioridades. En ese momento, su prioridad era convertirse en una espadachín, superando a cualquier otro. Convertir a algún amigo o amiga en Death Scythe. Se decisión: entrar en el Shibusen.

-Dime, Yuu –dijo su padre-. ¿Qué es lo mejor que puedes hacer? ¿Cómo puedes hacerlo?

La chica se quedo en silencio.

-¿Te vas a rendir?

-Si fallo, no perderé mi pasión. Porque darse por vencida no es la única forma. No importa lo que pasara, voy a intentarlo de todos modos –pensó Yuu.

Yuu levanto la Shinai como si fuera un bate de béisbol. A pesar de esa postura, la espada se mantenía firme y recta, señalando hacia el cielo. Staz frunció el ceño. ¿Qué acaso no le había enseñado la postura indicada?

Antes de que pudiera reaccionar, la niña se acerco a ella, gritando. No parecía un grito de miedo ni similar, solo parecía lo que era: que esta vez, Yuu iba enserio.

•••

Marcador: treinta y tres derrotas. Una victoria.

-Finalmente –sonrió la chica de oreja a oreja-. ¡Le he ganado a papá!

N/A: Oh, sí, mucho drama xD.

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Aru Komatsu.

Corría, corría, corría. Sabía que había posibilidades de no llegar a ningún lado, pero aún así, seguiría corriendo. No pararía hasta perder de vista a esos tipos.

Finalmente, al voltear atrás, se dio cuenta de que ya no lo seguían. Eso fue un alivio para él. Pero no duro mucho: al voltear hacia adelante, uno de ellos lo agarro con fuerza por el hombro.

-¿A dónde crees que vas, chaval? –preguntó, mientras lo lanzaba a un callejón. Le hizo una seña a otros tipos, que acudieron enseguida. Los cuatro tipos de dirigieron al chico-. ¿Creías que te ibas a librar de esta, mocoso?

-Vos no te vas a ir de acá hasta que nos pagues todo lo que nos debes –dijo otro de los tipos, haciendo crujir sus dedos.

-¡Ya les dije que ya les pague! ¡Le di la plata a mi padre para…!

-¿Enserio? –Dijo el tercer hombre-. Pues si lo hiciste, lo siento por vos. A nosotros no nos llego nada.

-¿Qué? –el chico estaba sin palabras. No podía creer eso.

-Que no nos llego nada –grito el cuarto-. Tu papi se fue con tu mami de vacaciones. Se gastaron la plata en cualquier cosa y se fueron.

-Por eso, vos todavía nos debes plata –dijo el primero que había hablado-. Y nos la vas a dar, así tengamos que matarte o no.

Aru se mordió con fuerza el labio inferior, haciéndolo sangrar. ¿Qué debería hacer ahora? No tenía la fuerza suficiente como para pelear contra ellos. Lo único que podía hacer era utilizar su única alternativa. Bajo el gran buzo que usaba, el cual las mangas le llegaban hasta arriba de las rodillas, su mano derecha se convirtió en una afilada cuchilla.

-¿Qué están haciendo? –una voz femenina rompió el silencio que se había formado-. ¿Atacando a un menor? Que desagradable…

Al fijarse mejor, Aru pudo ver a una chica de, aparentemente, diez años de edad. Usaba un pantalón de jean azul, y una remera color celeste. Mantenía su largo cabello violeta atado en una coleta alta.

-¿Qué? ¿Quién demonios eres? –preguntó uno de los tipos, mirándola.

Aru abrió los ojos sorprendido. ¿Acaso aquella chica se estaba enfrentando a unos tipos el doble de altos y triple de ancho que ella? No lo podía creer.

-Mi nombre no es de su incumbencia. No tengo la necesidad de revelarlo ante ustedes. Más importante, ¿Por qué demonios se supone que están atacando a un menor? Podrían ir a la cárcel por eso.

Uno de los tipos estrello con fuerza su puño izquierdo contra el rostro de la chica. Sin embargo, esta logro esquivarlo agachándose. Como el hombre había reducido la distancia al agacharse para darle el puñetazo, la chica dio un gran salto, dándole un cabezazo. El hombre retrocedió un par de pasos.

-En este momento, la policía está a menos de cien metros. Un solo grito mío, y vendrán aquí –dijo-. Yo no les recomendaría tratar de atacarme.

Los hombres fruncieron el ceño, y se mordieron los labios. Salieron corriendo de aquel lugar, empujando a la chica que seguía parada frente a la entrada del callejón. Cuando se aseguro de que no podían verlos, la chica tomo de la mano a Aru y comenzó a correr.

-¡Oye! –le gritó-. ¿¡Que crees que estás haciendo!?

-¡Eso no importa! –dijo la chica, mientras reía-. ¡Tan solo sigue corriendo! ¡Sera algo malo si se dan cuenta de que la policía no estaba allí!

-¿¡Eh!?

La chica no dijo nada más, pero seguía riendo. Finalmente llagaron hasta una gran reja. Detrás de esta se alzaba una gran mansión, con un gran patio.

-¿Te encuentras bien? –preguntó sonriendo.

-¡¿Qué importa eso?! –Preguntó Aru, recuperando el aliento-. ¡Mejor dime quién demonios eres!

-Oh, lamento mi descortesía –se disculpo ella, sin perder la sonrisa-. Mi nombre es Yuu Takanashi Asaino Vann Kurosing. ¡Encantada de conocerte! –extendió la mano, en señal de saludo.

Desconfiando, estrecho su mano.

-Aru Komatsu –susurro-. ¿Podrías decirte porque me ayudaste?

-Es que creí que estabas en problemas –sonrió-. Me asuste un poco al pensar en que estabas malherido, pero parece que te encuentras bien… Y además…

La chica tomo su mano derecha, la cual todavía estaba convertida en una cuchilla.

-¡Enserio me sorprendí al saber que eras un arma! –dijo, mientras examinaba su mano.

El chico retiro con brusquedad su mano de entre las manos de la chica.

-Oye, no sé quién eres, ni nada de ti –dijo-. Tampoco me interesa saberlo. Gracias por haberme ayudado, pero me debo ir. Adiós –el chico hiso el amago de irse, pero una mano lo detuvo.

-¿Estás loco? –Preguntó Yuu-. Si estas solo, esos tipos van a volver a buscarte. Y en tu estado no eres capaz de defenderte. Aún si puedes convertir tus manos en cuchillas, no será suficiente. Necesitas tener las energías repuestas para enfrentarte a ellos. ¡Si te vas ahora, morirás!

El chico retiro con brusquedad su brazo de la chica, y comenzó a alejarse. Con el ceño fruncido, y mientras caminaba, dijo:

-Soy completamente capaz de defenderme. Si esos tipos tratan de atacarme, los rebanare. ¿Entiendes? Agradezco el que te preocuparas, pero no es necesario –el tono de su voz era uno molesto-. Si incluso tratan de atacarme por sorpresa, no servirá de nada ya que…

En ese momento, la chica se deslizo por el suelo, y con los pies logro hacerlo tropezar y caer de espaldas al suelo (N/A: Lo que hizo Yuu fue al más puro estilo Sanae Dekomori).

-¿Lo ves? –dijo la chica, levantándose-. ¡Si no puedes defenderte de mí, entonces no puedes defenderte de nadie!

El chico no respondió.

-¿Eh? ¿Aru-kun? –preguntó, acercándose.

Se arrodillo frente al chico. Al notar que estaba inconsciente, su puso muy nerviosa. Cargo al chico sobre su espalda, pero al no soportar su peso, paso la mano del chico por sobre su hombro y ella lo sostuvo por la cintura.

-Mira los problemas que me das –suspiro-. En mi casa estarás bien, te llevaré allí.

•••

Cuando despertó, se encontraba recostado en una cama con frazadas de color rojo. No quería levantarse. Se encontraba a gusto en ese lugar. Un momento… ¿Dónde estaba? Se sentó bruscamente en la cama, sorprendido de encontrarse a aquella chica sentada en una silla al lado de la cama

-Oh, ya despertaste –sonrió con voz cantarina, abrazando sus piernas.

-¿Dónde demonios estoy? –preguntó, enojado.

-En mi casa –sonrió, mientras se levantaba-. Te desmayaste cuando estábamos corriendo, asique te traje aquí para que te recuperaras.

-¡No tenias derecho a eso!

Abrió los ojos con sorpresa cuando la chica se sentó a su lado, con su cara muy cerca de la suya.

-¿Es cierto? –preguntó. Sus ojos irradiaban curiosidad-. ¿Eres una katana?

-¿Eh?

-Pude ver que podían convertir tu mano en una cuchilla –dijo, tomando la mano derecha del chico-, pero no sabía que eras una katana.

El chico retiro con brusquedad su mano de entre las manos de la chica.

-No tengo idea de lo que estás hablando.

-Oh, te lo explicare. Lo que pasa es que…

En ese momento, una mujer de cabello marrón atado en una coleta alta entro en la habitación. Yuu sonrió y se acerco a ella. Se susurraron un par de cosas y luego la chica se marcho.

-Asique te llamas Aru –dijo, mientras se acercaba al chico con una bandeja de comida en las manos-. Yuu-chan me dijo que unos hombres trataron de golpearte. Cielos, eso es horrible. Toma, come.

Le dejo la bandeja con comida sobre sus piernas. El chico se quedo mirando la comida con desconfianza.

-No te preocupes, no está envenenada –sonrió la mujer. El chico tomo el tenedor y comenzó a comer, aún con desconfianza-. ¿Podrías decirme que fue lo que sucedió?

El chico se quedo un par de minutos en silenció, comiendo lentamente aquellos alimentos.

-Eso fue… –no sabía si debía decirlo o no.

-No te preocupes, pueden confiar en mí –esas palabras fueron las únicas que Aru necesito para contarle lo que había sucedido.

-Yo vengo de una familia muy pobre, que tiene muchas deudas. A pesar de que solo tengo diez años, he conseguido varios trabajos de tiempo parcial para ayudar a cubrir las deudas que mi padre obtuvo mientras apostaba. Hoy había logrado conseguir todo el dinero para pagarles a las personas que estaban buscando a mi padre pero –hizo una pausa- me entere de que mis padres tomaron ese dinero y echaron a correr hacia otro lugar, por lo que me dejaron a mí con las deudas. Lo tipos que… Yuu ¿verdad? –la mujer asintió-. Los tipos que vio Yuu eran los que estaban reclamando el dinero.

-¿Y cuanto es el dinero que debes, Aru-kun?

-…

-¿Aru-kun?

-Quinientos… quinientos dólares –susurró.

-Ya veo –la mujer se quedo un par de minutos en silenció-. ¿Quieres quedarte un tiempo aquí? Hasta que te recuperes –dijo, señalando las heridas que tenía en sus brazos.

-¿Está bien? –pregunto el chico, muy sorprendido.

-¡Por supuesto! Además… Hay algo que debemos comprobar.

-¿Qué cosa?

-Eso es un secreto, por ahora –sonrió.

•••

No sabía si era normal o no, pero para comprobar "ciertos asuntos", habían llevado a Aru a varios lugares. Por último lo habían llevado a una especie de castillo color negro. Primero lo había estado viendo una mujer que estaba llena de vendajes. Había estado examinando sus brazos, y ninguno de los dos había dicho palabra alguna.

Más tarde, lo dejaron solo en un pasillo, mientras ellos entraban a una habitación que ellos llamaron Death Room. Se había quedado varios minutos ahí, mientras veía a algunas personas pasar por allí. No hubo nada que le llamara la atención.

-Aru-kun –dijo Mayu, mientras salían de la habitación-. Volvamos a casa.

•••

En la casa, Mayu y Staz se habían encerrado en una de las múltiples habitaciones que había. Según ellos, debían hablar de algo en privado. En ese momento, Aru veía como Yuu estaba practicando esgrima con un muñeco de entrenamiento. Soltó un silbido de admiración cuando vio como el muñeco caía destrozado en el suelo.

-Soy una espadachín genial, ¿verdad? –preguntó sonriendo.

-Muy buena como para tener nueve años –asintió.

Yuu y Aru se habían vuelto amigos muy cercanos. Hablaban sobre varias cosas, y Yuu ya lo consideraba como el hermano que nunca tuvo. A pesar de que Aru siempre se mostraba indiferente, comenzaba a considerarla una hermana menor. Por eso, siempre la pasaban bien juntos. Se habían vuelto así de cercanos cuando Yuu lo había encontrado aislado en un rincón de la biblioteca, y le pregunto porque estaba allí.

-El aislamiento no siempre es tan malo.

-Eso era lo que yo creía –sonrió Yuu-. Pero en exceso si es malo. No está bien permanecer siempre solo, ya que entonces no sabrás como volver a hacer amigos, y te volverás una persona triste y fría.

-¿Y tú que sabes?

-Ya he pasado por eso –dijo, sentándose a su lado-. Hubo un tiempo en el que me sentía sola, y tenía mucho miedo. No sabía qué hacer y tampoco sabía en quien confiar. Me quedaba siempre sola en mi habitación. Pero, ¿sabes? No debería haber hecho eso. Debería haber tratado de ser mejor persona…

-¿A qué te refieres con eso?

La chica lo miro con decisión.

-Cuando una persona decide entregarse a la soledad y a la oscuridad… ¡Su alma se pudre! –el chico abrió los ojos, notablemente sorprendido. No esperaba esas palabras-. Por eso, ven –dijo, tendiéndole una mano-. ¡Seamos amigos!

En ese momento, Mayu y Staz se asomaron por la ventana, diciéndolo que tenían algo que decirle.

-¿Lo es? –preguntó Yuu, sonriendo esperanzada. Aru no sabía a qué se refería, y tampoco entendió porque cuando Mayu asintió, a Yuu se le dio por tirar la espada de madera por los cielos y lanzar un grito de felicidad.

•••

-Lo que me dijeron… ¿es real?

-¿Qué necesidad habría de mentirte?

-…

Aru había escuchado, atenta y pacientemente, como Mayu y Staz le habían contado lo que él era: Una katana. Le habían explicado también lo relacionado con el Shibusen, los demonios, las brujas, los equipos de técnicos y armas… A pedido de él (ya que esperaba algo así, después de todo, no era una niña muy normal), también le habían dicho que Yuu era una técnico y sobre la raza de ella. Aru sabía que podía convertir su mano en una cuchilla, pero jamás espero eso.

Había reaccionado casi de la misma manera que Yuu, solo que él no se había encerrado en su habitación ni en la biblioteca. Pero un día, ya no pudo soportarlo más.

-Oye, Aru –lo llamo Yuu, mientras se paraba a su lado-. Mis padres ya te contaron todo sobre el Shibusen, por eso… ¿Te gustaría que fuéramos compañeros?

A pesar de que jamás creyó que hiciera eso, Aru se levanto completamente enojado y comenzó a gritarle.

-¡¿Por qué demonios piensas que quiero eso?! –Preguntó, asustando a la chica-. ¡Dime quien te dijo que yo querría convertirme en un arma y enfrentarme a demonios y brujas! ¿¡Te piensas que quiero arriesgar mi vida de esa forma!? ¡Pues claro que no! ¡Tampoco tengo la intensión de convertirme en el compañero de alguien que sería capaz de matar a miles de personas! ¡Nadie querría eso! ¡De todas formas, a pesar de saber que puedes matar a miles de personas, y que es muy probable que mueras en aquel lugar, ¿Qué demonios pasa contigo estando tan alegre de ir a ese lugar?!

Yuu lo miraba sorprendida. Bajo la mirada.

-Yo… yo solo…

En ese momento, Aru pareció reaccionar.

-Y-yuu… yo…

-¡No quiero! –Gritó la chica-. ¡Tú eres la única persona que no quiero que me hable de esa forma! ¡¿Por qué tienes que hablarme así, a pesar de ser mi único amigo?! –la chica comenzó a llorar. Acto seguido se dio la vuelta y salió corriendo.

Si en ese momento Mayu o Staz hubieran estado allí, Aru habría recibido la paliza de su vida. Comenzó a correr detrás de Yuu, pero esta corría demasiado rápido.

•••

Había dejado de correr, y ahora solo caminaba mientras se secaba las lágrimas. De repente, Yuu sintió que la tomaban de un brazo y la arrojaban contra un callejón. Levanto la vista, y ahí estaban los tipos que antes le habían reclamado el dinero a Aru.

-¿Qué demonios quieren? –preguntó, sentándose contra la pared del callejón.

-Tu amiguito nos debe dinero –dijo uno de ellos-. Y como él es muy pobre, entonces serás tú la que tendrá que pagar.

-Tus padres nos darán una buena recompensa para volver a verte –dijo otro de ellos-. Y si no lo hacen, de todas formas pagaran bien por ti.

-Qué pena que tu amigo no está aquí para salvarte –sonrió el tercero-. ¿Qué paso? ¿Es que acaso te odia?

Mientras le decían cosas similares y se acercaban a ella, Yuu cubrió su rostro con sus manos y comenzó a llorar. Debido a esto, los hombres comenzaron a burlarse aún más de ella.

Cuando uno de los hombres trato de agarrarla del hombro, un gran grito lo detuvo.

-¡NO SE TE OCURRA PONERLE UN DEDO ENCIMA!

Luego de eso se escucharon muchos golpes. Yuu no sabía lo que estaba pasando, ya que aun mantenía su rostro entre sus manos. Finalmente, el silenció reino en el lugar, solo interrumpió por la respiración agitada del chico.

-¿Te encuentras bien, Yuu? –preguntó Aru, arrodillándose frente a ella. La chica corrió sus manos y asintió con la cabeza. Al ver atrás, vio a los cuatro tipos en el suelo, sangrando. Había varias marcas de cortes en ellos. Aru se veía muy lastimado, con varios moretones en el rostro, y su nariz y su labio inferior sangrando-. Es una suerte que estés bien… lo lamento si mi estado es tan lamentable –decía, mientras recuperaba el aliento-, y también perdóname por haberte gritado así… cuando vi que esos tipos te querían lastimar, me exalte…

La chica abrazó con fuerza a Aru, escondiendo su rostro en su pecho.

-No vuelvas a dejarme sola –sollozó.

-No te preocupes –susurró, mientras acariciaba su cabello-. Si es lo que quieres, te prometo que jamás te dejare sola. Siempre permaneceré a tu lado, hasta que quieras lo contrario. Perdóname por haberte gritado así, estaba un poco… sorprendió… por todo lo que me habían contado, por eso reaccione así. Pero, si quieres, seré tu compañero, yo…

-No te preocupes –susurro la chica, apartándose de él-. Si no quieres entrar en el Shibusen, lo entiendo. No debes preocuparte por entrar si no quieres…

-¡Si quiero! ¡Quiero ser tu compañero! ¡Quiero que entremos en el Shibusen juntos! Después de todo, eres como mi hermana menor. No podría dejarte sola.

-¿Enserio?

-¡Sí!

Tiene que haber un sentido en la vida. De alguna manera, los sucesos inesperados me emocionan.

Aru sabía que todas las cosas sucedían por alguna razón. Por ende, todo tiene un sentido en esta vida. A él siempre le emocionaban los sucesos que llegaban de golpe y porrazo, aunque algunos lo sacaban de quicio. Por eso había aceptado entrar en el Shibusen. Bien, estaba un poco asustado, pero quería hacerlo. Quería encontrarse con cientos de cosas nuevas, cosas que jamás hubiera visto.

Tan solo creer en mí y en mi sueño.

Si seguía creyendo en él mismo, entonces todo estaría bien.

Noticias de último momento:
Han arrestado a cuatro hombres esta mañana. Al parecer, manejaban asuntos turbios, tales como asesinatos a sueldo o tráfico de menores. Serán sometidos a juicio mañana por la mañana. Han sido encontrados en un callejón, cubiertos de golpes y heridas, hechas, probablemente, por un cuchillo. Aún no se ha detenido a culpable de esto.

-Parece –Aru sonreía imperceptiblemente- que ya no debo preocuparme por las deudas de mis padres.

N/A: Si, bien súper la frase de Aru xDD.

-•-•-•-•-•-•-•-•-•-•-•-•-•-•-•-•-
Taku Masakino.

Ya había olvidado cuento tiempo había estado en la calle. Nunca vio la cara de su padre. Hace tiempo se había olvidado de la cara de su madre. A la edad de tres años, fue abandonado en la casa de su abuela, quien lo crio severamente mientras administraba una pequeña casa de comidas, de la cual apenas tenían unas pocas ganancias. A la edad de cinco años, su abuela murió, dejándolo completamente solo.

Debería haber sido entregado a un orfanato, pero logro escapar. Desde entonces, había vivido toda su vida robando para sobrevivir. Arriesgando su vida por un pedazo de pan desde los cinco años.

A pesar de eso, jamás dejo de sonreír. Porque si lo hacía, entonces comenzaría a llorar. Y él no era un niño débil. No. Taku Masakino jamás lloraría.

Por culpa de sus problemas económicos, jamás había ido a la escuela. Todo lo que sabía lo había aprendido en la calle.

Había aprendido a leer y escribir, pero también a robar y engañar. Con su tierna mirada, cualquier adulto que lo viera no dudaría en ayudarlo. De esa manera podía conseguir dinero. Pero robando conseguía aun más. Si llegaban a descubrirlo, entonces podría usar su arma definitiva: el cuchillo. Podía convertir su mano izquierda en un afilado cuchillo, y defenderse de cualquier persona que quisiera hacerle daño. Como jamás se había relacionado con otras personas, pensaba que convertir su mano en un cuchillo era absolutamente normal.

Él no quería vivir así. Pero por desgracia, no tenía otra opción. Tendría que seguir viviendo aquella vida de miseria, en la que todas las noches pasaba frio y hambre.

El día que la conoció no pudo ser más extraño. Jamás creyó que algo así sucedería…

•••

Siempre trataba de robar lo menos posible, por lo que nunca lo hacía si podía evitarlo. Pero ya había estado cuatro días sin comer, y su cuerpo de infante necesitaba nutrirse. Po eso, ese día tendría que robar dinero.

Había estado toda la tarde buscando a alguien para… sustraerle… el dinero, pero en todo el día no había encontrado a alguien a quien hacerlo. Siempre que creía encontrar a la victima correcta, había un policía cerca, o se iban al poco tiempo.

Estaba ya atardeciendo cuando la encontró. Era una niña de, aproximadamente, diez años, uno menos que él. Usaba un vestido color negro, y tenía su cabello atado en una coleta alta. Tenía en su mano una cartera color blanco. Se la veía un poco nerviosa, lo más probable era que se hubiera perdido.

Al principio la veía de lejos, pero poco a poco comenzó a acercarse. Tomo la cartera en sus manos y comenzó a correr. Pero al parecer, la chica reaccionaba rápido, porque instintivamente fue corriendo detrás de él.

-¡Oye! ¡Espera! –le gritó. Ja, como si fuera a hacerlo.

Sin embargo, al no tener los nutrientes necesarios, se fue cansando poco a poco, hasta el momento en el que ya no podía seguir corriendo. Demonios, ¿Cómo esa chica podía seguir corriendo sin siquiera despeinarse?

Maldita la piedra que lo hizo tropezar. Rodo por el suelo, hasta detenerse sobre un charco de barro. Maldita su suerte. La ropa que había conseguido juntando pedazos de tela o en los basureros se descoció. Maldita ropa.

-¿Qué crees que estás haciendo? –Preguntó la chica, arrodillándose a su lado-. ¿Te encuentras bien?

¿Eh? ¿Había escuchado bien? Le había robado su bolso, ¿y le preguntaba si estaba bien? ¿Qué clase de enfermo mental hacia eso?

-¿Te encuentras bien? –volvió a preguntar-. Se ves lastimado…

Si, era cierto. La caída había provocado que Taku se hubiera golpeado la cara contra el suelo, y se hubiera lastimado. Si bien se labio sangraba y tuviera varios raspones, estaba bien.

-¡Contéstame! –pidió la chica, con un tono molesto-preocupado.

-¿Qué te importa? –preguntó el chico, enderezándose-. ¿¡Porque te importa si estoy bien o no!? ¿Te acabo de robar y eso es lo único que te preocupa? –preguntó. Bien, si ya de por si era raro que no hubiera recuperado su bolso, era aun más raro que se estuviera preocupando por él.

-Oh, mi bolso –susurró la chica, tomando la cartera que se encontraba manchada de barro-. Está bien –sonrió-, no es lo que me preocupa.

Bien, definitivamente, algo estaba mal con esa chica.

-¿De qué demonios estás hablando?

-Me robaste porque no tenías más opción –dijo, sonriendo-. Lo entiendo, yo también he pasado por eso.

-… – ¿cómo se supone que debería reaccionar a eso?

-¿Duele? –preguntó ella. El chico se la quedo mirando, sin comprender-. Tu brazo…

El chico se miró el brazo derecho, y abrió los ojos sorprendido. Hasta ese momento no se había dado cuenta de que se había clavado un pedazo de vidrio en el brazo. Sangraba. Se lo saco rápidamente, haciendo una mueca de dolor. Pero no soltó lágrimas. Jamás lo haría.

-Aléjate –susurró.

-¿Eh?

-¡Aléjate! –gritó, convirtiendo su mano izquierda en una cuchilla y amenazando a la chica. No acostumbraba herir mujeres, y menos si trataba de ayudarlo, pero no quería que ella se quedara más tiempo del necesario ahí.

La chica se lo quedo mirando atentamente, hasta que comenzó a reír suavemente.

-¿Eres idiota? –Preguntó ella, con una sonrisa-. Si tratas de herirme, él va a matarte.

-¿…Él?

-Mi… hermano mayor, si se puede decir así –contesto. Acto seguido, su rostro volvió a hacer una mueca de preocupación-. Pero ya, enserio. No te encuentras bien. Debes ir a un medico. Te ves desnutrido y débil y si tu brazo se infecta…

-¿Por qué demonios te preocupa lo que a mí me paso? –preguntó, enojado.

-Porque… las personas que han estado en las mismas situaciones tienen que ayudarse, ¿verdad? –preguntó, con una sonrisa.

El chico se quedo en silenció un par de minutos en los que ninguno de los dos pronunciaba palabra. Un gritó se escucho en la lejanía. Se notaba que la persona comenzaba a acercarse más y más.

-¡YUU!

La chica sonrió de oreja a oreja, y sus ojos se iluminaron.

-¡Aru!

Un chico (Taku supo enseguida que era el que había gritado) abrazó a la chica, recuperando el aliento.

-¿Dónde te habías metido? –se notaba en su voz que estaba preocupado-. Estaba muy preocupado porque desapareciste sin decir nada. ¡Casi me da un infarto cuando pensé que te pudo pasar algo!

Taku se quedo mirando la escena, mientras la chica pedía disculpas. ¿Ese era su hermano mayor? Con que así se trataban las familias…

-¿Eh? –El peli-gris pareció reparar en la presencia del castaño-. ¿Quién eres tú?

Pero Taku no respondió. La falta de comida, sumado a la falta de sueño y sumado a la persecución lo había dejado agotado. Sintió que todo se volvía negro, y no escucho nada más. Se había desmayado (N/A: Si, ya se, siempre se desmayan, pero bueno…).

•••

-Debería haber huido en cuanto tuve oportunidad –murmuro, mientras una luz cegadora lo obligaba a cerrar los ojos.

-¿Qué demonios murmuras? –preguntó una voz femenina de adulta. Taku abrió los ojos, y una mujer de cabellera marrón lo miraba con molestia-. Hasta que despertaste. ¿Quién eres?

-…

-¡Contesta! –exigió.

-Ah, ah… Tuvo la mala suerte de conocer esta faceta de mamá –murmuro una voz detrás de una puerta. Taku pudo ver que la niña de cabello violeta estaba asomándose por esta, mientras un chico a su lado asentía con la cabeza.

-Mi nombre es… ¿Taku?

-¿Por qué dudas? –pregunto la mujer, frunciendo el ceño. Suspiró-. Ah, como sea. ¿Cómo te encuentras?

-¿Dónde estoy?

El chico mantenía su mirada baja, tratando de no hacer contacto visual con nadie.

-Estas en mi casa. Puedo hacerte una pregunta –el chica asintió-. ¿Cómo es eso de que trataste de robarle a mi hija?

En ese momento, la niña de antes irrumpió en la habitación. Tomo a su madre del brazo y le pidió que saliera, que ya era suficiente o algo así. La mayor se retiro, no sin antes darle una mirada aterradora al chico que yacía en la cama.

-Perdónala por eso –dijo el chico que se había mantenido al lado de la chica-. Antes era una matona, o algo así. Como sea, cuídate de ella.

-¿Matona?

-¿Cómo te sientes? –preguntó la chica, parándose a su lado.

-¿Por qué me trajiste aquí? No te lo pedí.

-No la hables así luego de que te salvo la vida –murmuro el chico, molesto-. Aunque es cierto, algún día terminara trayendo a un asesino serial a la casa.

-¡Oye! –Le dio una mirada reprobatoria al peli-gris y se giro para mirar a Taku-. Cuando vi que te desmayaste, me preocupe. Supongo que es cierto que no debo traer a las personas que tratan de robarme a casa, pero está bien. ¿Respondes mi pregunta?

-Me siento bien –dijo, con voz fría. Trato de levantarse de la cama-. Ahora, si no les molesta, me iré…

-¡De ninguna manera! –Dijo la chica, volviéndolo a recostar en la cama de un golpe-. ¡Primero! Aun no te has recuperado del todo. ¡Segundo! Mi padre me dijo que te llevaría con él a un lugar. ¡Tercero! ¿Siquiera tienes un lugar al cual volver?

El chico corrió la vista, molesto.

-Eso…

-¿No lo comprendes? Yuu no te dejara ir por ahora –dijo el peli-gris, suspirando. Acto seguido le tendió la mano-. Mi nombre es Aru. Un gusto conocerte. Ah, y ella es Yuu –la mencionada sonrió.

Taku acepto la mano del chico de mala gana.

-Taku… Masakino.

•••

-Me pregunto cuánto tardaran –murmuro cansada la peli-violeta, comiendo un helado junto al peli-gris-. Taku se mantiene siempre encerrado en la habitación de invitados, y esta es la primera vez que sale a… ¿Cómo se llama ese lugar?

-Otra vez: Se llama Shibusen –contesto Aru, suspirando.

-Sí, eso, el Shibusen. Si se queda siempre en soledad, su alma se pudrirá.

-No digas eso, es aterrador.

La chica asintió de mala gana. Se mantuvieron en silencio hasta que vieron llegar al chico acompañado del padre de Yuu. Su madre estaba un poco enojada por haberle robado a la peli-violeta, por lo que no lo había acompañado.

Al verlos, Taku los esquivo de manera olímpica.

-Una semana aquí y ya trata este lugar como su casa.

-Tú hacías lo mismo, Aru.

-Pero era diferente.

-¿En que cambia?

-En… Bien, no tengo nada.

-Me pregunto por qué las personas le tienen tanta confianza a esta casa…

Luego de decir eso, la chica se levanto del suelo y se sacudió la ropa. Camino un par de pasos hacia la dirección en la que se encontraba su padre, y luego volvió a retroceder. Volteo, y le dio una mirada de seriedad impresionante al chico que seguía sentado en el suelo. Este, extrañamente, se sintió cohibido por la mirada de la chica.

-Aru, ve a hablar con Taku, yo tengo que hablar con mi padre –antes de que pudiera objetar algo, la chica continuo-. ¡Es una orden!

Y con esas palabras, comenzó a correr había su padre.

•••

-¿Qué estás haciendo ahí? –preguntó el peli-gris.

-¿Qué te importa?

-Tienes razón, a mi no me importa, pero a Yuu si.

Taku estaba acostado en un estante de un librero de la biblioteca. Todos los libros que, se supone, deberían estar allí, se encontraban en el suelo, formando una torre. Aru se sentó enfrente del librero, apoyándose en este.

-¿Por qué se supone que le importo?

-Anda a saber –contesto-. Creo que fue… porque cuando ella era pequeña, su pueblo fue destruido. Si quiera seguir viviendo, tenía que robar y cosas así. Por eso creo que cuando te vio, no quiso que tú pasaras por lo mismo.

-Muy tarde.

-Lo mismo le dije –sonrió el peli-gris-. ¿Qué te dijeron cuando fuiste al Shibusen?

-No comprendía de lo que hablaban. Me dijeron que soy un arma, o algo así.

-¿Enserio? ¿Qué arma?

-Una katana… creo. Pero no lo entiendo. ¿Qué se supone que significa?

-Significa lo que significa. Puedes convertirte en una katana –un extraño silencio sobrevino-. Sé que es muy extraño, pero es así. Yo también lo soy. También me costó mucho comprenderlo, y por esa razón… provoque que Yuu llorara…

-¿Ella también lo es?

-¿Un arma? No, ella es un técnico. Ya sabes, las personas que controlan las armas.

-Oh…

Ambos guardaron silencio un par de minutos. Finalmente, harto de eso, Aru volvió a hacer uso de la palabra.

-Estoy seguro de que tienes muchas dudas. Yo también las tenia y nadie se digno a respondérmelas –Taku soltó una risa-. Por esa razón, contestare todas las que tú tengas. Sin falta.

-¿Estás seguro?

-Sí.

-Gracias –el chico asintió, restándole importancia.

•••

-No importa cuánto trate de acercarme, Taku siempre huye. En este tiempo siempre he tratado de que fuéramos amigos, y el solo se queda callado ignorándome. Que cruel, y yo que le di casa, comida… ¿Por qué es que le desagrado?-se preguntaba la Tamashi o Moyashite-. Es que acaso… ¿estoy condenada a permanecer sola? En ese caso, Aru…

-Hola –la chica alzo la vista. Aru la miro, y luego se sentó en el suelo junto a ella-. No te pongas mal. Es solo está un poco confundido. En una sola semana, su vida ha dado muchas vueltas. Imagínate: en un momento estas en las calles luchando por sobrevivir, y al minuto estas en la casa de unas personas que no has visto jamás. Y para peor: la chica molesta trata por todos los medios de acercarse a él, y luego descubre que es un arma y que la chica molesta es de una raza de hace miles de años. No es como si alguien pudiera comprender eso en menos de una semana.

-¿Soy extraña? –preguntó la chica, señalándose a sí misma.

-¿¡Eso es todo lo que entendiste de lo que te acabo de decir!?

-¡No te enojes! Lo sé… sé que no es fácil. ¿Me habré apresurado al traerlo aquí? –murmuro, mirando hacia el cielo.

-Un poco… (N/A: En realidad soy yo que me apresuro al escribir ;-;).

-…

-No te preocupes. Estaba seguro de que le preguntarías si querías ser tu arma, asique ya le he preguntado. Me dijo que lo pensaría, asique tendrás que trabajar más para poder manejar dos espadas.

-¿¡Dos!? ¡Pero si apenas puedo manejar una!

-Oh, ¿entonces no debí preguntarle? ¿O lo prefieres a él?

-¡De ninguna manera! –La chica soltó un gran suspiro-. Al demonio, tratare de hacerlo bien. ¿Me ayudaras?

-No.

-¡Oye!

-Es broma, es broma. Por supuesto que te ayudare.

-Gracias.

•••

Luego de haber hablado con Aru, Taku trataba de comprender que debía hacer. Es decir: hasta hace un par de días estaba en la calle, y de pronto tiene, casa, comida, descubre que se puede convertir en arma, y que la chica que lo salvo era de una raza de hace 5.000 años. Demasiadas emociones para una sola semana. ¿Qué seguía ahora? ¿Acaso le dirían que podía volar? Bueno… eso ya era algo un poco exagerado.

-¿Te decidiste? –la chica estaba parada a su lado, asomándose un poco para ver cómo estaba acostado en el estante. Como su cabeza estaba al revés, todo su cabello llegaba hasta el suelo.

-¿Eh?

-¿Quieres convertirte en mi arma?

-¡Oye! ¡Hace apenas un par de horas me entere que eso, y ya estas…!

La chica acerco su rostro a él, dejándolos a un palmo de distancia. Lo miraba seriamente.

-Se que no somos muy cercanos, y que siempre trato de acercarme a ti, huyes. Por eso, entenderé si me dices que no, pero… ¡Yo quiero que seas mi arma, por favor!

-¿Por qué?

-¿Por qué? Pues… no lo sé. Pero, cuando te vi, no sé como describirla, pero sentía una sensación de nostalgia. Como si hubiéramos sido buenos amigos en otra ocasión. Por eso… se que suena raro, pero… hay algo que me dice que debo permanecer a tu lado –la chica se levanto, y, con una sonrisa torpe, comenzó a rascarse la nuca-. Sé que es algo raro, y entenderé si tú…

-Lo hare.

-¿Eh?

-Yo… me convertiré en tú arma.

La chica mantuvo en ella un rostro que demostraba pura sorpresa, hasta que ese gesto se convirtió en una gran sonrisa. Se agacho hasta que quedaron a la misma altura y le sonrió. Con un movimiento rápido la saco de allí y lo abrazo.

-Ya me he enterado de lo que has pasado. No te preocupes. Somos familia, y no te vamos a abandonar. Por eso, si quieres llorar, siempre voy a estar aquí.

Como un flash back, todos los recuerdos que tenia de su soledad comenzaron a pasar frente a sus ojos. Y, a pesar de que apenas la conocía, sabía que Yuu no lo abandonaría. Que podía confiar en ella. Y, tal vez fue por eso, que comenzó a llorar en los brazos de la peli-violeta.

-Yo tampoco puedo comprenderlo bien, pero creo que tengo la misma sensación que ella. Siempre he estado solo, por lo que no sé cómo debo actuar con ellos. Pero, tengo la una buena sensación. Asique seguiré avanzando, día a día y paso a paso junto a ellos. Estoy seguro de que estará bien.

-Una familia… suena bien.

N/A: Siento que debería haberlo hecho más extenso. Aun así, si estás leyendo esto, es demasiado tarde.

-•-•-•-•-•-•-•-•-•-•-•-•-•-•-•-•-
Yuu, Aru y Taku.

-Aru, ¿estás despierto?

-No.

-Idiota. Oye, creo que escucho a alguien llorar.

-Ve a ver.

-¡Acompáñame, idiota!

De mala gana, Aru se levanto de la comodidad de su cama. Hace seis meses que Taku había llegado a esa casa, y ambos compartían habitación. En ese tiempo, Yuu había mejorado un poco en el "Nitoryu*", pero no lo suficiente.

Chocándose con varios objetos, finalmente logro llegar a la puerta, donde Taku lo esperaba. Cuando llego, comenzó a empujarlo hasta llegar a una habitación de Yuu. Desde allí dentro se escuchaban varios sollozos.

Aru abrió la puerta de par en par, sin acordarse del sueño que tenía. No perdonaría a alguien que hiciera llorar a Yuu.

Abrió los ojos con sorpresa, y se acerco hasta ella, seguido de Taku.

Yuu estaba abrazando a sus piernas mientras lloraba. A pesar de que trataba de hacer que pararan, no lograba detener su llanto. Bajo la mirada al distinguir en la oscuridad a los dos chicos que entraron a su habitación.

-¿Yuu? ¿Qué es lo que sucede? –preguntó el peli-gris, preocupado por el llanto de la chica.

-Ella… ella quiere llevarme…

-¿A qué te refieres, Yuu? –preguntó, esta vez, Taku.

-Ella quiere llevarme… quiere llevarme… por haberla… por abandonarla…

-¿Abandonarla? ¿A quién? –preguntó, mucho más preocupado, Aru.

-Mamá quiere llevársela… mamá quiere llevarse a Yuu porque ella no l ayuda… porque Yuu no fue una niña buena… porque la dejo sola.

Ambos chicos abrieron los ojos con sorpresa y terror mientras Yuu temblaba. Ella le había contado a ambos chicos lo que le había pasado antes de llegar a esa casa. Y por eso sabían lo que le había pasado a su madre. Y, que de repente comenzara a pensar en ella…

-Mamá trata de llevarse a Yuu mientras duerme. Es por eso que Yuu ya no puede dormir.

-Es por eso… ¿es por eso… que siempre te ves tan cansada? –desde hace varias semanas que Yuu mantenía dos enormes ojeras debajo de sus ojos. En los entrenamientos ya no podía poner toda su fuerza, y por eso no había mejorado mucho. Asintió.

-Cuando Yuu está a punto de quedarse dormida… dos manos de color negro… tratan de atraparla –se veía en sus ojos que estaba asustada-. Son las manos de mamá. ¡Tengo miedo! –volvió a hablar normalmente.

Sin pensarlo, ambos chicos la abrazaron.

-No te preocupes, Yuu –dijeron-. No te vamos a abandonar. Y si alguien trata de llevarte con ella o con él, entonces te encontraremos. Te encontraremos, y te traeremos de vuelta. Por eso, no llores, ¿sí?

-Yo solo quiero… volver a dormir en un lugar tranquilo… sin miedo –seguía llorando.

-No te preocupes.

-Nosotros te protegeremos.

Las manos que perseguían a Yuu por las noches se habían ido. Ahora podía volver a dormir tranquila, sin miedo. Su madre no trataría de llevársela nunca más. Y podría seguir con aquellos chicos a los que tanto apreciaba

N/A: Quedo raro, lo sé, pero quería ponerlo.

-•-•-•-•-

-¿Sabes? No eres nada bueno disimulando –le dijo un día Aru a su compañero.

-¿Eh? ¿A qué te refieres? –preguntó Taku, arqueando una ceja.

-Sobre Yuu. Ella… te gusssssssta* –sonrió, alargando la S para darle más énfasis.

El chico se quedo callado, mirando a su compañero mientras el rubor se extendía por todo su rostro.

-Tú… ¿cómo…? ¿Por qué…? ¿Cuándo…?

-No te preocupes, estoy seguro de que ella no tiene ni idea –afirmo, mirando a su técnica que estaba ayudando a su madre a cocinar-. Y si te preguntas como es que lo sé, es muy simple. Se te nota en la cara.

El chico volteo la mirada, sonrojado hasta los orejas.

-¿No se lo dirás?

-¿Cómo podría? –Respondió, por fin, Taku luego de un par de minutos de silencio-. Ella solo me ve como un hermano. Es obvio que no podría decírselo…

-Brotherzone –rio Aru-. Bueno, has como quieras. Pero luego no llores cuando seas mayor y ella tenga novio.

-No te preocupes –sonrió Taku-. Para ese tiempo se me pasara. Estoy seguro.

O tal vez no…

-•-•-•-•-•-•-•-•-•-•-•-•-•-•-•-•-
Un par de minutos antes de partir hacia el Shibusen.

-Estoy ansiosa… Ha pasado tanto tiempo que ya ni siquiera recuerdo como es el Shibusen…

-¡Es enorme! Cuando fui con Aru fue genial, ni te lo imaginas…

-Deja de decirle esas cosas, Taku, o se largara a llorar.

-¡Ah, que cruel!

Los tres chicos estaban parados frente a la puerta. Taku y Aru salieron de inmediato, luego de despedirse de todos. Ruka y Mana le habían jurado a los tres que apenas tuvieran la oportunidad irían a visitarlo. Sin falta.

-Ya me voy –dijo Yuu con una sonrisa, mientras salía detrás de los dos chicos. Pero, antes de que pudiera salir por el portón, una mano en el hombro la detuvo-. ¿Qué sucede, mamá?

La mujer la vio durante un par de segundos, y luego la abrazo.

-Quiero que me prometas algo –luego de escuchar el "por su puesto" de su hija, continuo-. Prométeme que mantendrás tu visión, tu sueño y tu alma con vida. Siempre se cómo eres, y recuerda que siempre estaremos justo a tu lado. ¿Sí?

-¡Po su puesto! –Dijo la chica, mientras una traicionera lágrima se le escapaba-. Después de todo, ustedes son mi familia, ¿no?

-Sí.

Madre e hija de separaron, y esta comenzó a correr hacia donde sus armas la esperaban. Tomarían el tren, y al llegar a cierta parada, comenzarían a caminar.

Antes de desaparecer de su vista, Yuu agito el brazo en señal de despedida.

-Hasta pronto.

-•-•-•-•-•-•-•-•-•-•-•-•-•-•-•-•-

-Debería haber usado un pañuelo blanco…

-¿Eh? –luego de Kid y Yuu se hubieran quedado sentados en el banco de un parque, la chica se había apoyado en el pecho de él, y por poco ambos casi se quedan dormidos.

-Nada –dijo, dándole un corto beso en los labios. Luego, parándose, dijo-: ¿Volvemos?

El chico se paró a su lado, y juntos comenzaron a caminar hacia el Shibusen.

*Referencia a "Hola soy German".
*Kimono basado en el de
Kikyo, del anime "Inuyasha".
*Nitoryu:
estilo de dos espadas. Cualquier parecido con la serie "One Piece" no es pura coincidencia.
*Alargar la letra
S, referencia a "Fairy Tail".

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Notas de la autora:

Finalmente lo termine. Solo para que quede claro, este OVA tiene 28 páginas en Word y más de 10.000 palabras. Nuevo record.
Es triste, pero con esto le he quitado la simetría al fanfic. Ahora en vez de ocho son nueve...
Unas amigas me habían pedido que escribiera el OVA, y como soy tan buena (?) lo hice. Gracias a los que leyeron esto hasta el final.
Por cierto, tenía una duda: ¿A ustedes les gustaría que hiciera una segunda temporada? ¿O quieren que abandone FanFiction para siempre? Yo creo que es lo segundo…
Bueno, ahora sí, está realmente terminado este Fanfic (o no, depende de lo que ustedes quieran).
Nuevamente, gracias por leer.

¡De pie!

¡Saluden!

¡Aye!