Capítulo 9

Paso 6: Crea una situación para ustedes dos

Sin darse cuenta de la sorpresa de Ken, Paola siguió con su relato.

-Por eso, por eso comencé a verlo de forma distinta –añadió la chica, suspirando- En ese momento supe que quería estar con él, porque aunque suene ridículamente cursi, él fue el único que ha podido lograr que el corazón me dé un vuelco y sienta las mariposas que sentí en ese momento. Porque eso de las mariposas es verdad, ¿eh? –aclaró seriamente

-Y…¿y cómo supiste que en verdad era Kojiro? –cuestionó Ken dubitativo

-Pues después que me besó yo seguía en shock, pero entonces reaccioné porque quería agradecerle lo que me dijo. Así que salí corriendo, y cuando llegué a la puerta del edificio ví que se alejaba, no había nadie más por ahí. Además sé que era él –aseguró Paola- No hay forma de que lo confundiera

-Ya veo… -murmuró Ken ensimismado- Así que por eso te gusta Kojiro… -añadió, su mente estaba más caótica que antes

-¿Y a ti? –escuchó preguntar a Paola

-¿A mi qué?

-Por qué te gusta Sora –preguntó su amiga

-No es algo tan profundo como lo tuyo con…Kojiro –puntualizó con cierto sarcasmo- Supongo que me llamó la atención como a los demás, porque es muy popular

-Es bonita, sí –admitió Paola en tono neutral- Pero parece bastante superficial, y ojo que no la estoy criticando, es sólo mi punto de vista

-Je, sé que parece superficial, pero no puedo evitar que me guste

-Y te entiendo, los hombres son bastante hormonales –dijo Paola en cierto tono de reproche, rodando los ojos

-¿Me estás diciendo que soy un animal de instinto? –bromeó Ken fingiendo ofenderse

-No, pero…"eso" llama la atención de cualquier hombre –respondió ella, haciendo el mismo gesto de los globos en el pecho que Shimano había hecho horas antes

-Al menos sé con seguridad que ella es la que me gusta y no la confundí con otra –murmuró Ken de mala gana

-¿Perdón? –preguntó Paola extrañada

-Nada, nada, estaba divagando –inventó Ken- ¿Nos vamos ya?

-Sí, vamos –contestó la chica

Ken dio media vuelta porque no tenía ganas de quedarse un segundo más ahí, con la cabeza que ya le había empezado a dar vueltas de tantas cosas que tendría que analizar y no sabía por dónde empezar. De repente sintió que lo agarraron de la mano y un ligero jalón que lo inclinó un poco a su izquierda.

-Gracias –dijo Paola en voz baja, dándole un beso en la mejilla, para luego irse corriendo hacia el ascensor- ¡Apúrate o te quedas! –gritó desde dentro del ascensor, llamándolo con las manos

-Voy… -murmuró él atontado, tocándose la mejilla con la mano

Cuando llegaron, Kazuki los esperaba apostado en la puerta, sentado con las piernas cruzadas sobre el piso, sosteniendo en su mano una espada de bambú de sus prácticas de kendo. Al verlos llegar se paró lo más rápido que sus ya acalambradas piernas le permitieron.

-Dónde estaban –preguntó molesto, sin rodeos, señalándolos con la espada

-De veras que eres el colmo –se indignó Paola dramáticamente- Y yo que quería que fuera una sorpresa, ¿verdad Ken? –añadió, codeándolo amistosamente

-Sí, claro –contestó el aludido sin entender lo que estaba pasando

-Sorpresa de qué –refunfuñó Kazuki

-Quería disculparme contigo por mi desconsideración de ayer, de hecho, QUERÍAMOS disculparnos –puntualizó Paola haciendo un puchero

-De qué estás hablando –gruñó su mejor amigo

-Le dije a Ken que debíamos disculparnos apropiadamente contigo –se inventó Paola, extendiendo una bolsa de papel que llevaba en la mano- Perdónanos Eirinita*, jamás volverá a pasar –añadió teatralmente, haciendo una reverencia, siendo seguida por Ken que, aunque no terminaba de entender, se inclinó igualmente- ¡No volveremos a dejarte preocupado si me pasa algo!

Curioso, Kazuki abrió la bolsa y se encontró con un par de porciones de tiramisú y algunas galletas macarrón de distintos colores. Intentó conservar su rostro serio, pero ante tal dulce sorpresa no pudo evitar sonreír, aunque claro, no hubiera sido tan glamoroso dejarlo pasar así por así. Después de todo había estado más de dos horas sentado ahí como monje budista. Así que se aclaró la garganta y guardó su espada, volviendo a su rostro serio.

-Bueno, me alegra que hayan recapacitado –dijo en tono paternal- Pero que no se vuelva a repetir

-No te preocupes, jamás pasará –contestó Paola, siguiéndole la corriente

-Vayan, vayan a lavarse que luego hay que ir a cenar –les indicó Kazuki, a lo que ellos respondieron con una breve reverencia y se marcharon de allí rápidamente

-Apúrate antes que se dé cuenta que una de las porciones de tiramisú está a medio comer –dijo Paola entre dientes, caminando lo más rápido que podía

-Dijiste que la terminarías después –le recordó Ken divertido- Y yo me quedé sin tiramisú

-Lo siento, pero con las galletas no iba a bastar –le explicó ella apenada- Si traía la espada, con las galletas no iba a bastar –agregó suspirando

Después de varios intentos, Paola había logrado escribir una carta que no le pareciera ñoña y que fuera al punto pero sin revelar completamente lo que quería decirle a Kojiro. Tarea bastante difícil por supuesto, sobre todo considerando que tuvo que lidiar con su amor propio y la vergüenza que le daba pensar que tendría que darle semejante cosa a su amigo. Así que, como no podía ser de otra manera, convocó a Ken a una reunión de emergencia en la biblioteca cuando tuvo la carta lista.

-Mira –le dijo emocionada, extendiéndole la carta

-¿Esto qué es? –se extrañó Ken, abriendo la carta

-Es la carta que pienso darle a Kojiro –explicó ella sonriendo satisfecha

-¿La qué? –preguntó el chico, leyendo de corrido su contenido- ¿Pero de verdad estás segura de lo que quieres hacer? –le dijo en cierto tono molesto

-Pero claro, ¿por qué? Pensé que te alegrarías por mí y pareces enojado –reclamó Paola, quitándole la carta

-Paola, ya te lo dije, no creo que sea buena idea que te apresures –inventó Ken, tratando de no parecer molesto, aunque ni él mismo sabía el porqué de su reacción

-Y yo ya te lo había dicho, no puedo esperar más –sentenció Paola, guardando la carta en un sobre- Además seguí el manual y dice claramente "paso 6: crea una situación para ustedes dos", y eso hice

-Espero que funcione… -bufó Ken nada convencido

-Va a funcionar, ya lo verás, por eso necesito que me ayudes –dijo ella optimista

-¿Yo?

-Sí, ya tengo todo listo para el sábado. Moví algunas influencias con Furuta, uno de sus tíos es accionista de la torre Mori –explicó Paola- Como Furuta no es de los que anda de preguntones, aceptó ayudarme sin más. Así que el sábado tendré el mirador exclusivamente para Kojiro y para mí –agregó contenta- Espera, ¿eso sonó muy cursi?

-No sé si cursi, pero sigue sin convencerme. ¿Y si te estás equivocando? –le preguntó, pensando en la confusión que había cometido Paola respecto a Kojiro y él

-¿Equivocarme con qué? –se extrañó ella

-Con nada –se retractó Ken suspirando- ¿Y en qué quieres que te ayude?

-Tienes que convencerlo de que el sábado no haga planes, por favor –le suplicó la chica- Escuché que planeaba ir a Okinawa a ver al señor Kozo. Si no lo hago ahora realmente no tendré la valentía para hacerlo después. Tengo que aferrarme al coraje que me nació

-Pero va a ser muy evidente que le diga eso –trató de excusarse Ken. La tarea de facilitarle el encuentro a Paola con Kojiro no le gustaba para nada, sobre todo considerando que técnicamente la carta tendría que ser para él. Momento…¿qué acababa de pasar por su mente?

-Tú simplemente pregúntale qué hará el fin de semana y convéncelo de quedarse aquí, por favor –pidió Paola, poniendo ojos de cachorro herido

-Bueno, y si digamos lo convenzo, ¿cómo harás tú para entregarle la carta? –quiso saber él, comenzando a hartarse del meollo mental que tenía

-Tú no te preocupes, yo me encargo de eso –dijo Paola con optimismo- Lo harás, ¿verdad?

-Sí –contestó Ken lacónicamente

-¡Sí! ¡gracias! –se emocionó su amiga, abrazándolo

-De nada –murmuró Ken, sintiéndose culpable

Ese jueves el entrenador había determinado que los porteros hagan trabajo diferenciado, así que Ken y Matsumoto trabajaron más que los demás, que pudieron irse más temprano. Sin embargo, Kojiro había insistido en continuar entrenando con Ken, ya que era algo que habitualmente hacían. Por lo que cuando Kojiro y Ken terminaron con el entrenamiento se encontraban sólo ellos dos.

Tras un análisis riguroso de cómo podría entregarle su carta a Kojiro, Paola había concluido que dejarla en el casillero diario del Instituto podía ser muy arriesgado, así que pensó que lo mejor sería ir al segundo lugar al que Kojiro iría inevitablemente: los vestuarios de la cancha de fútbol. Como vio que la mayoría de sus amigos estaba ya en el comedor cenando, Paola pensó que a esa hora ya no habría nadie por el vestuario, por lo que hasta allí fue. Una vez ahí vio que las luces aún estaban encendidas, pero pensó que quizás se trataba del personal de limpieza, así que aún con ellos por allí ella no tendría problema en dejar la carta. Así que entró sigilosamente en el vestuario y se detuvo frente al casillero de Kojiro. Por primera vez entendió que lo que vio hacer a muchas chicas antes no era tan simple como parecía. Tener que dejar una carta en el casillero del chico que te gusta requería más valor del imaginado, sobre todo si tenías algo llamado "amor propio" del tamaño del que tenía Paola. Respiró profundamente, abrió el casillero y dejó la carta sobre la mochila de Kojiro. Unas voces que se acercaban la sobresaltaron y sólo atinó a meterse a otro de los casilleros que ahí había.

-¿Estás seguro que no puedes cancelar lo que tienes programado para este sábado? –dijo Ken, entrando en el vestuario con Kojiro

-Ya te lo dije, no puedo –respondió su amigo, descolgando de su casillero su ropa, ya que él y Ken venían saliendo de las duchas- Ya le dije al señor Kozo que iré a visitarlo

Paola asomó los ojos por las rendijas de la puerta del casillero donde estaba metida, pero tuvo que tapárselos rápidamente, poniéndose totalmente roja, al ver que los muchachos sólo tenían una toalla en la cintura.

-Por qué, ¿necesitabas que te ayude en algo? –quiso saber Kojiro, empezando a vestirse

-No, no, es sólo que…nada, no importa –contestó Ken desanimado, vistiéndose, pensando en lo emocionada que Paola había estado planeando su cita con el capitán del Toho

-¿Qué es esto? –se extrañó Kojiro, cuando terminó de vestirse, viendo un sobre sobre su mochila. A Paola le dio un vuelco el corazón

-Parece una carta –dijo Ken poco sorprendido, mientras se ponía los zapatos, pensando que eso debía ser la carta de Paola

-¿Es en serio? –preguntó Kojiro algo fastidiado, sin abrir el sobre- ¿Ahora me dejan estas cosas en este casillero? –añadió, dispuesto a echar el sobre en el basurero

-Espera, deberías al menos saber de qué va –lo detuvo Ken

-Es lo mismo de siempre. Francamente no tengo intenciones de lidiar con otra chica que me diga que le gusto y cosas así –contestó Kojiro con cruel sinceridad, provocando que Paola sienta un nudo en el estómago

-Al menos léelo, no pierdes nada –insistió Ken

-¿Me estás hablando en serio? –bufó su amigo sorprendido- Ya sé de lo que se trata esto, palabras cursis acerca de que no pueden dejar de pensar en mí, que sueñan conmigo y estupideces como ésa

-Sólo hazlo, y si es lo mismo de siempre la botas y ya

Nada convencido, Kojiro abrió el sobre y sacó la carta que contenía. Paola volvió a asomar los ojos por la rendija para ver la reacción del muchacho.

-No puede ser –dijo Kojiro en un hilo de voz

-¿Qué es? –quiso saber Ken, haciéndose el desentendido

-Es una carta de Paola –le contó su amigo con cara de sorpresa

-¿De Paola? ¿y qué dice? –inquirió el portero, simulando interés

-Que me quiere ver el sábado porque tiene algo que decirme –añadió Kojiro, sin dejar el tono de sorpresa

-Pues qué será lo que quiere decirte –fingió demencia Ken

-¿Tú sabías esto? –lo enfrentó Kojiro de malas pulgas después de analizarlo por unos segundos, lo cual sorprendió tanto a Ken como a Paola

-¿Yo? ¿saber qué? –Ken comenzó a ponerse nervioso

-A ver, no me tomes por tonto –trató de no enojarse Kojiro- Tú andas insiste e insiste con que esté disponible el sábado y ahora esto. ¿De qué va todo esto? –le reclamó- ¿Tú sabías de esta carta?-insistió, sacudiendo la carta frente al rostro de su amigo

-No –mintió Ken, parándose a recoger su mochila

-No te creo –dijo el otro chico bastante serio- Siempre hemos sido honestos el uno con el otro, dime la verdad

Ken se sintió acorralado, sin saber qué decir. Nunca había sido bueno mintiendo, y Kojiro tenía razón, siempre se habían dicho las cosas con franqueza, sin ocultar nada, sea lo que sea.

-A Paola le gustas –le dijo directamente, bajando la mirada- Le gustas más que como amigo

-¿Qué? –soltó Kojiro incrédulo- ¿Me estás diciendo que…? No, no puede ser

-Tienes que ir el sábado –le pidió Ken, mirándolo seriamente- Ella realmente quiere decírtelo

-Esto es una broma, ¿verdad? –preguntó Kojiro, tirando bruscamente la carta dentro de su casillero

-No, no lo es –aseguró Ken

-A Paola no le puedo gustar de ese modo –dijo Kojiro aprensivo

-¿Pero por qué no?

-Porque…simplemente porque no puedo. Yo siempre la veré como si fuera mi hermanita –le explicó confundido- Tratar de verla de otra forma…no puedo

Cada palabra que decía Kojiro se sentían como punzadas dolorosas en el corazón de Paola. Se tapó la boca con ambas manos para que no puedan escucharla, mientras sus mejillas comenzaban a empaparse de lágrimas.

-Vamos Kojiro, al menos escucha lo que quiere decirte –le pidió Ken

-No, no podría ir fingiendo que no sé nada, sería peor darle falsas ilusiones. Yo la aprecio como amiga mía que es, pero no podría decirle si quiera que un día la veré de forma distinta porque no es así –continuó su amigo- Sé que suena cruel, pero créeme que lo hago por el bien de ella. No me interesa salir con nadie ahora mismo, mis prioridades son otras. Y aunque quisiera salir con alguien, honestamente no pensaría en hacerlo con Paola

-¿Y entonces qué piensas hacer acerca de lo que te pide ahí? –preguntó Ken, señalando la carta con un gesto de la cabeza

-Hablaré con ella en otro momento, no puedo hacer más –concluyó Kojiro, sacando su mochila y cerrando su casillero- Nos vemos mañana –añadió, dándole una palmada en el hombro a su amigo y marchándose

Ken se quedó mirando el piso, bastante contrariado. Abrió el casillero de Kojiro y tomó la carta. En eso escuchó un gemido que lo asustó. Cuando volteó vio a Paola salir del casillero en el que estaba metida. Al verlo ella se abalanzó sobre él, llorando a todo pulmón abrazada de su amigo. A Ken le partió el corazón verla así, pero no podía hacer mucho por ella, ya que no habría palabras de consuelo si había escuchado todo lo que Kojiro había dicho. Así que se limitó a abrazarla y dejar que ella se desahogue.


N.d.a.: *Eirina es el apodo de Kazuki.

Los pasos del "Manual para conquistar a tu amor imposible" están basados en la descripción hecha en la página de Susana López, titulada Cómo enamorar y conquistar a un hombre, que sirvió de guía para describir el manual del cual se habla en este fic.

Paola Wakabayashi es un personaje creado por mí, así como Sora Okami, Naoko, Tsubaki, Darío Boragno y Matías Dugatkin.

Los personajes de Capitán Tsubasa son propiedad de Yoichi Takahashi y Shueisha.

¡Hasta el próximo capítulo!