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Epilogo

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Cuando Hashiba se enteró, no le sorprendió ni un poco. Cuando Kobayashi mostró un destello de asombro en los ojos, pensó que era muy crédulo de su parte.

- Debimos haberlo imaginado, no es culpa de nadie- Intento apaciguar el ambiente, aplicando el razonamiento- Los villanos siempre serán villanos.

- Hashiba, eso suena a refrán de Disney- Dijo Kobayashi, extrañado por su enunciado. Hashiba no supo cómo responder a eso.

Estaban en la oficina de detectives de Kogoro, no era nada nuevo, excepto que su jefe había regresado repentinamente y con un rostro indescifrable. Se veía tan inmerso en algo que ni siquiera Kobayashi quiso hablarle y eso que era un indiscreto hasta para lo más directo.

- Así son las cosas- susurro Nakamura, abrazándose a sí mismo y mirando de vez en cuando a Kogoro, que veía atentamente el computador apagado- Lamento mucho esta decepción- Dijo para el moreno, apenado- Pensamos que podíamos reformarlo y hacer un buen muchacho de él.

- Bueno, al menos termino el trabajo que tenía que hacer- Agrego Hashiba, buscando animar el aire- Ya casi no hay más Veinte Caras entre el público y todo ha vuelto a la normalidad, al menos a la habitual.

- Uuh- Kobayashi todavía no hablaba, tan o más centrado en sus propias deducciones que Kogoro, reflexivo en silencio.

- Kobayashi, entiendo que te simpatizo ese sujeto, pero ya te había dicho que esto pasaría. No se puede confiar en alguien así- Hashiba aprovecho para dar un discurso disimulado de "se los dije, chicos" sin molestarse en dar nombres- Le dimos su oportunidad, el la desaprovecho. Tomo su decisión.

- Ahora, es un criminal buscado- Apoyo el viejo, que no estaba de acuerdo con la idea de quejarse de un reincidente pero no podía hacer ojos ciegos a la realidad- Ya no será Veinte Caras pero sigue siendo potencialmente peligroso. No dudo que el gran detective Akechi Kogoro se haga cargo de este caso con responsabilidad y discreción.

Todos se fijaron en el aludido, que ni siquiera emitió palabra por el asunto.

A Hashiba casi le dio lastima. Mira que confiar en tu amigo y darle una chance para cambiar su vida, y que te traicione a última hora. Kogoro no le dijo a nadie, ni siquiera a Kobayashi, que fue a recoger a Namikoshi y lo aparto de las fuerzas especiales. ¡Hasta ordeno que le quitaran el brazalete rastreador! Caray, debió confiar mucho en él y así le pagaba…Pero el detective también se equivocó. Desde el principio, mezclar esos sentimientos confusos hacia su enemigo y amigo lo hicieron vacilar. Fue un error.

Continuaron discutiendo la cuestión, donde pudo haber huido Namikoshi, si tenía posibilidades de hacerse con una nueva identidad, que si todavía tenía seguidores que le echarían una mano, que cual sería su siguiente teoría del caos para enloquecer al mundo. Ahora, Namikoshi era el criminal más buscado por su habilidad de persuadir a la gente a hacer lo que él quisiera.

Como queriendo cortar de raíz con todo, Kogoro uso la voz más venenosa que tenía.

- Yo me haré cargo de Namikoshi- Declaro, dejándolos helados- Él es mi criminal. Déjenmelo a mí.

- De todos modos, tiene que ser así- Dijo el anciano, con una sonrisa ladeada- No hay nadie mejor que tú para el trabajo, por no decir que el gobierno sería incapaz de reconocer que Veinte Caras se escapó en sus narices. Solo los superiores saben de este fracaso- Kogoro apretó duramente el puño, Kobayashi entreabrió los labios para decir algo que murió en su boca. Hashiba también se molestó ante la palabra "fracaso"- Te lo dejamos en tus manos.

Akechi se tragó dos píldoras de café y el anciano, ya conociendo sus mañas, supo que era momento de retirarse.

Hashiba no quería quedarse a soportar esa insostenible neblina de desconcierto, de ira y desastre que había caído sobre la oficina tan pronto Akechi llego y les dijo, frió y sin emoción: "Namikoshi se escapó", y tampoco quería hacerlas de animador.

- Déjeme que lo acompaño afuera- Dijo el delegado, suplicándole con los ojos al anciano detective que aceptara su cortesía, buscando irse de allí.

- Gracias, joven.

- ¡Ahora lo entiendo!- Kobayashi sorprendió a todos por su repentino comentario, hasta el mismo se descuidó- Oh…- Como dándose cuenta, le pidió disculpas a Akechi con una mirada- Iré a buscar más café- Se ofreció, saliendo antes que Hashiba y el oficial, poniéndose los zapatos con rapidez.

Hashiba no entendía a su amigo, pero el entendía todo. Con una sonrisa renovada de avidez, Kobayashi pidió ir a comer a una pastelería, que estaba de paso al cafetín, llevándoselos fuera de la oficina.

Ya en soledad, Akechi sonrió irónicamente y se levantó para hacer un pequeño viaje.

Como detestaba el tren, colmado de estudiantes a esas horas, y el bus ruidoso, prefirió andar a pie.

En su caminata, le vino esa luz caliente en el hombro, luego sobre la cara. Entrecerró los ojos y pensó en Namikoshi, en el susurro de su voz. Su encuentro en ese cuarto de hotel, su voz hecha un eco repitiendo su nombre, tan persistente como las marcas que le dejo en la piel. Las manos de Namikoshi, suaves y gentiles. Sus labios, que compartieron tanto que se le hacía difícil saber cuál era su sabor verdadero. Esas piernas rodeando su cintura, los arañazos en su espalda, las mordidas juguetonas, los besos repartidos por todo rincón.

Y así, se fue. Como una ilusión.

Con amargor en la boca, entro a un edificio con apariencia de refugio de malhechores e hizo sus cuentas. Después de todo, seguía siendo detective. Subió y hallo una tabla de madera colgando de un clavo.

Indiferente, empujo la puerta y esta cayó a sus pies, sin hacer un escándalo más que dramático.

No necesito hacer una gran inspección del lugar porque a quien buscaba estaba sentado ante un escritorio, laptop y comida a un lado, conectado por unos cables que asombrosamente funcionaban. Tan pronto oyó el pequeño rugido, Namikoshi bajo sus auriculares al cuello, todavía encendidos con una entrañable canción, y se subió su chaqueta hasta los hombros, como si hiciera frió de repente.

- Comienzo a pensar que no me tomas en serio- Espetó Akechi penetrando en el cuarto, equipado de una cama y ese rincón de escritorio, que se mantenía asombrosamente en pie- Idiota, al menos esfuérzate por esconderte en un lugar mejor.

- Me esforcé por encontrar este lugar- Repuso el rubio, girándose en su silla, mirando de reojo al recién llegado.

- Si no te tomas en serio tu papel de fugitivo, yo tampoco lo haré al buscarte- Hizo un sonido con los dientes, molesto- No me hagas perder el tiempo con este juego tan fácil.

Con una sonrisa juguetona, Namikoshi se puso de pie para encarar al detective.

- ¿No trabajamos todos en este juego? Yo también tengo mis cartas escondidas.

- Espero que valgan, cuando te arresten.

Un agarre imprevisto y un beso cargado de erotismo reemplazaron a las palabras. Akechi mantenía los ojos levemente abiertos, observando el rostro del rubio y sus muecas durante el beso. Estaba por tocar su espalda, retenerla en un abrazo, cuando Namikoshi rompió el ósculo y volvió a hablar.

- Que me persigas por todo el país es un halago y a la vez una amenaza- Con sutileza, le beso la mejilla, haciéndolo sonrojar- Esconderme de ti es muy trabajoso.

- ¿Ese es tu nuevo plan?- Señalo el computador donde lo vio tecleando segundos antes.

- Sí, todavía está en sus cimientos. ¿Quieres verlo?

Akechi lo miro hito a hito, incrédulo.

- ¿Vas a enseñarle tus planes macabros a la persona que te tiene que arrestar? No te aproveches de…

- No es eso- Namikoshi lo interrumpió, pasando la mano por su brazo, su mirada se encontró con la suya, calmada y gentil- Ahora, es un prototipo de estrategia. No es la gran cosa. Imagínate, ¿Cómo iré a enfrentarte con una idea tan pequeña? Por favor, revísala.

- ¿Para qué? ¿Para ayudarte a conquistar el mundo?

- No soy tan simple. Soy el único a tu altura. Sería un insulto volver como Veinte Caras y montar un espectáculo nada emocionante. Por eso, te pido que revises mi plan.

Akechi entendió a medida que hablaba. Sí, solo él. No existía nadie más y si lo hubiera, solo querría que fuera él. No existía otro contrincante con el que quisiera competir.

- Con una condición- Se soltó de él, en actitud de detective frente a criminal y lo apunto descaradamente- Mas te vale que sea un reto inolvidable.

- ¡Lo será!- Juro Namikoshi, dándole permiso para ver la laptop y sus datos- Tomate tu tiempo, iré a bañarme mientas todavía haya agua caliente.

- ¿No que este era un hotel para ser derribado? ¿Cómo conserva las cañerías?

- Los plomeros están por todos lados y sus precios son modestos- Resumió Namikoshi, como suficiente información- Siéntete libre de cambiar la formula o agregarle lo que te parezca.

Akechi estaba por sugerirle que también podía inventar una formula completamente nueva y dirigirla a su manera cuando vio al rubio deshacerse de su chaqueta, quitándose la camiseta de mangas largas. Aun podía apreciar sus propias marcas, los indicios de pertenencia en la piel. El pecho de Namikoshi casi parecía un cuadro donde se tallaba el nombre de Akechi desde el inicio del cuello hasta la cadera. Observo que estaba por desbotonar la defensa de sus pantalones, cuando Namikoshi se dio cuenta y se detuvo.

Era irónico, hace un tiempo vivieron juntos. Akechi lo mantenía en vigilancia por sospechas de suicidio y ahora no podían verse sin recurrir a pensamientos provocativos.

- Que curioso que no dejes de observarme- Comento Namikoshi, cogiendo una muda y un retazo de tela que hacía de toalla.

- Solo estoy estudiando tus métodos- Excuso Akechi, volviendo su atención a los cálculos en la pantalla, sin dejar de mirar de soslayo al criminal- Ya sabes, para atraparte en tu propio juego.

- Claro- Namikoshi ni siquiera se molestó en verle el doble sentido a la frase- Porque mis "métodos" son para ti.

- No juegues un juego que sabes que vas a perder- Akechi hablo entre una pastilla y un clic, intentando ignorar que el rubio se le acerco por detrás y apoyaba el mentón sobre su cabeza, también observando la pantalla luminosa.

- ¿No lo sabes, Akechi?- Namikoshi estiro un brazo, tomo el mouse que Akechi sostenía y ejecuto otro clic en una fórmula matemática, que se calculó sobre si y dio un resultado que dejo atónito a Akechi. A Namikoshi, le provoco una risita traviesa- A veces, juegas un juego sabiendo que vas a ganar.

Con los dedos entrelazados sobre el aparato, el moreno observo las proporciones de la formula, desencadenas en números y letras en código, y sonrió de júbilo.

- ¿Y eso que?- Una sonrisa cínica adorno su rostro y busco los labios de Namikoshi, hambriento- Nunca me decepcionas en un juego.

Namikoshi sonrió, feliz.

Quizás eso fuera lo máximo que obtendría de Akechi Kogoro, para él era todo un logro. Porque todo había caído en su lugar solo que, esta vez, era más intrigante y divertido.

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Finalizado.

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