Epílogo.
¡Bien, aquí acaba la historia! … no, es broma XD aún voy a añadir un trocito más ya que quedaron algunos cabos sueltos y quiero meter cizaña en su "relación", si se puede llamar así… os aseguro que me ha costado horrores escribir sobre estos dos personajes, como yo soy tonta e ingenua me cuesta mucho intentar poner pensamientos de dos seres que todo lo que dicen es parte de un juego de engaños… incluso ésta es la segunda vez que lo repaso porque no quiero que me quede algo moñas para el final…
Epílogo (ahora sí es el final…)
Se había levantado más recuperada del catarro, se lavó la cara y fue hasta la sala principal, su hermana mayor estaba sentada junto a la ventana con una pierna encogida apoyando su brazo en ella, tenía la mirada perdida en las nubes del atardecer con todos aquellos colores anaranjados. En principio no le dijo nada, sólo la observó un momento y cuando pasó el rato y no ocurría nada se le acercó tímidamente.
-Esto…- Intentó llamar su atención. -¿Estás bien?
-¿Uhm?- Salió de su ensoñación Luna. -¿Por qué lo preguntas?
-Es que llevas ahí mucho rato pensativa…- Lina desvió un poco la mirada. -¿Es porque me desmayé por el catarro? Siento no haberte hecho caso…
-No te preocupes, ya estás mejor ¿verdad?- Sonrió falsamente Luna.
-¿Y el hermanito?- Preguntó de repente Lina.
-Él…- Luna se la quedó mirando, luego volvió a mirar por la ventana. –Se ha ido.
-¡¿Se ha ido?!- Se alarmó Lina. -¿A dónde, cuándo volverá?
-No volverá, será mejor que le olvides.- Su voz sonaba con un tono algo vacío como nunca había sonado antes.
-¡Mentira, volverá!- Le llevó la contraria con una actuación muy infantil.
Pero su hermana no tenía pintas de estar bromeando sólo para meterse con ella, quizá era que no comprendía del todo lo que significaba ser un demonio, no quería creer que su promesa fuese a romperse así sin más, tenía que ir con ella a la fiesta de mañana.
-¡No se ha ido!- Le gritó a su hermana mayor. –Sólo… se esconde…- Tuvo una rabieta. -¡Porque eres muy mala con él!
-Oh, claro.- Perdió la paciencia Luna. –Que sea un demonio no significa nada, que nos haya utilizado para sus planes tampoco, soy yo que soy muy mala.- Miró a Lina enfadada. –Si soy tan mala y nadie me soporta ¿por qué no te vas tú también?
-¡Pues a lo mejor un día lo hago!- Le gritó dolida Lina. –Me iré y no tendré que ver tu fea cara de nuevo.- Le sacó burla con lágrimas en los ojos y salió corriendo. -¡Hermanito!
Escuchó cómo le llamaba corriendo por la casa, quizá pensaba que él la oiría y vendría corriendo a consolarla, a ella misma también se le hizo un nudo en la garganta, era demasiado pequeña e inocente para entender lo que había pasado. Cuando se cansó de buscarle, la escuchó llorar con aquel llanto infantil que dolía con sólo escucharlo, eso hizo que Luna se pusiese de pie de golpe, se dirigió a su estantería y empezó a rebuscar en sus viejos libros de magia cierto conjuro que leyó una vez, cuando lo encontró escuchó ruido en la cocina, se asomó ligeramente y la vio comiendo vorazmente, aún le caían las lágrimas pero ahora estaba más enfadada que dolida.
-Estúpido demonio…- Murmuraba entre bocado y bocado. –Nunca me uniré a ellos…
Por alguna razón, aquello hizo sentir a Luna cierta tranquilidad, aún así memorizó el conjuro y dejó el libro de nuevo en su sitio.
Como seguía enfadada, cuando Lina se fue a dormir no le dijo nada a su hermana ni dejó que la arropase, tenía el ceño fruncido y había puesto morros, seguía murmurando "aparecerá, lo prometió" sin perder la esperanza.
Por su parte, Luna se quedó tumbada sobre la cama aún con la ropa, sólo se había quitado las botas y estaba boca arriba con un brazo cruzado sobre su cara, se sentía idiota, no debió dejar que se acercase tanto a ellas, había sido un error fingir toda esa confianza con él, aunque para él fuese todo falso ella sólo era humana. Bajó ligeramente su brazo y pasó con sus dedos por su frente donde él la había besado, por su mejilla donde se rozaron para demostrar que ella le hería con su poder sagrado. De alguna manera, cuando se quiso dar cuenta, ya estaba llegando a su lugar de pensar, su escondite del lago.
-¿Por qué he venido aquí?- Se preguntó a sí misma en voz alta. –Él se fue.
Rió un poco, recordaba un viejo cuento sobre una chica y un monstruo que se habían enamorado. Agitó la cabeza pensando en que parecía que se había creído su propia mentira, al menos sabía que eso no iba a ocurrir, lo pensaba como algo gracioso mientras se sentaba a la orilla del lago. Era como si ahora fuese otra persona, tenía muy claro que todo aquello había pasado muy rápido y que sus sentimientos adolescentes luchaban en su contra para confundirla. Se abrazó a sus rodillas apoyando su cara ladeada en sus brazos viendo cómo la luna reflejada había quedado con una mitad oscura, no era una figura perfecta, pero el latido de su corazón tampoco lo era, deseó con todas sus fuerzas volver a ser la que era en principio, era como haber perdido las fuerzas y las ganas de luchar definitivamente.
Oyó un sonido distorsionado tras ella, cortó su propia respiración un momento notando aquella energía oscura ya conocida. Se maldijo porque no pudo pensar en si ya le habían ordenado matarla, sólo se le ocurría que quizá su ofrecimiento no fuese un asunto de trabajo realmente. Se notaba a ella misma apretando los puños como para matarle de un golpe al aparecer, como un instinto, una rabia incontrolada, un odio ancestral que a su vez parecía haber nacido realmente hacía sólo pocos días.
-¿Qué haces aquí?- Preguntó como tantas veces había hecho antes con distintas palabras.
-¡Ahhh…!- Se desperezó Xellos a su espalda. –Ya le he contado todo a mi amo, tanto trabajar me deja hecho polvo.- Se acercó a ella y se sentó a su lado como había hecho la última vez. –Este lugar está bien para descansar.
-Lárgate.- Le giró la cara.
-¿Ahora por qué te enfadas conmigo?- Se acercó a ella. –¿Es por los secretos?
-Vaya, don importante.- Puso ella una voz burlona. -¿Crees que eres el único con secretos?
-Las chicas tienen que tener sus secretos también.- Se hizo el listo Xellos. –Aunque hayamos hablado mucho en este poco tiempo, sé que aún los tienes. Además, deberías preocuparte más por los secretos de Linita, tanto llamarme hermanito para que la acompañe mañana de fiesta…
Tenía el rostro oculto entre sus brazos y parecía que había empezado a temblar, de repente alzó la cara y estalló en carcajadas porque ella no sabía de la fiesta y si él se lo estaba diciendo era sólo para que ella supiese lo importante que era para Lina.
-Eso es cruel, señorita Luna…- Parecía muy confuso el demonio. -¿Qué es tan gracioso?
-Tú eres gracioso.- Luna intentó serenarse. –Ahh…- Respiró hondo y se acercó a él apoyándose en su hombro. –Te volví a salvar la vida y ahora crees que de nuevo me debes algo… eres un demonio muy noble.
-Yo diría que estamos en paz.- Dijo Xellos sin saber mentir sobre ello. –Mis amos no saben nada de la energía caos de Linita…
-¿Y has venido para saber más secretos míos?- Alzó la cabeza apoyada en él para mirarle.
El demonio no se movió de su lado, tenía las piernas cruzadas y se mantenía firme soportando el peso del cuerpo de Luna inclinado hacia él, había abierto los ojos y tenía un semblante serio, pensativo.
-No.- Respondió al fin.
-Entonces ¿por qué has venido?- Volvió a bajar la vista ella.
-…- Él alzó la vista hacia la luna. –No lo sé, para descansar, quizá.
-Yo vengo aquí para pensar, para relajarme, es mi rincón que sólo conozco yo.- Se apartó un poco de él, ahora era el escondite de ambos. –Si también lo quieres para ti, ¿por qué sólo has aparecido cuando yo he llegado?
-No lo sé.- Volvió a decir Xellos con el mismo tono.
-"No lo sé, no lo sé".- Se burló ella mostrando más enfado que diversión. –Eh, yo soy la adolescente con problemas con el mundo que odia a todos.
-Oh, entonces.- Como un hechizo mágico, Xellos parecía poder volver a ser él mismo. –Lo que necesitas es otro abrazo.
-Déjate de tonterías.
Mientras decía eso, Xellos ya se había acercado a ella y la estaba abrazando de nuevo, con la misma intensidad que la noche anterior. Era ya demasiado, dos noches seguidas en brazos del demonio, y esta vez ni siquiera había una razón real para ello, sólo ese juego entre ellos de engaños, como un "impresióname" juvenil. Sin embargo había algo distinto, quizá porque ahora no había motivos para ello, el tema de los dragones vengativos y el cetro estaba zanjado, no había nada más que pudiese obtener de ella, ya había rechazado su proposición de unirse a él y había dejado claro que sin provocación no iba a volver a luchar. Igualmente ahí estaba abrazándola, intentó zafarse de él y forcejeó un poco sin decir nada, quiso ponerse en pie pero resbaló con la hierba y acabó tumbada en el suelo a su lado. Entonces se rindió, aunque fuese imposible, le dejó que la abrazase porque quizá quien más necesitaba ese abrazo era él.
Era absurdo, no sabía bien cómo había llegado a eso, él era un demonio orgulloso de serlo, pero ahí estaba aferrado al cuerpo maldito de la humana que albergaba el aletargado poder del Dios Dragón. Con su rostro oculto disimuló una risita interior, era como estar burlándose de nuevo de los insensatos dragones dorados, un "eh, vuestro Dios está en mis brazos y a mi merced" como si realmente en ese momento pudiese incluso matarla sin que ella llegase a hacer nada. Pero esa sensación que tenía era demasiado novedosa y llamativa para un demonio tan impertinente como él, tenía que abrazarla y seguir así, como esa picadura que te rascas hasta sangrar, pues en su interior aún sentía punzadas comparables a las del cetro clavado en su interior.
-¿Por qué sigue doliendo?- Murmuró Xellos quejándose. –Retén un poco tu poder sagrado.
Ella no dijo nada, siguió pegada a él, ¿cómo iba a decirle que ya lo estaba reteniendo?
-Vamos, sólo un poco.- Insistió él cortando su frase por otra punzada.
-Vaya…- Murmuró ella entrecerrando los ojos y mirando en su interior. –Parece que he roto mi juguete…- Hizo alusión a la grieta blanquecina que veía en el interior del demonio.
A pesar de decir que le dolía no se despegaba de ella, seguía abrazándola y acercando su cara a su pelo, parecía como si de pronto hubiese dejado de pensar, por un momento el mundo dejó de existir ahí en sus brazos, un mundo lleno de cargas para ella que ahora parecían aliviadas. Acarició su nariz por el cabello claro de ella quedándose con su olor, atrapando en él su esencia, la notó subir su posición y acercar su cara a él también, con sus labios posándose en el pequeño hueco entre su mandíbula, su cuello y su oreja. Sintió algún tipo de estremecimiento, una nueva punzada en su pecho, aquel experimento se le iba de las manos, pero por alguna razón no dijo nada en ese momento, tan pegado a ella notaba ese caliente corazón humano latiendo rápido y fuerte, sin embargo ninguno de sus anteriores pensamientos de arrancárselo o romperlo aparecieron, como si abrazándola pudiese sentir el caos del que provenían los demonios más cercano.
Él, por otro lado, no tenía corazón, no podía latirle ni rápido ni fuerte, al menos como representación de los sentimientos, podía cambiar su aspecto para emular las emociones humanas, pero no podía sentirlas, no debía sentirlas. Por eso a Luna le extrañaba tanto todo, se estaba dejando llevar un poco, maldita manía de los humanos de cogerle cariño a todo, y es que ella también sentía cálido su abrazo, podía notar como si él se hubiese puesto serio de verdad en aquel asunto. Intentaba controlarse, de verdad quería apartarse de él, decir algo gracioso e ingenioso y dejarle plantado insinuando que todo aquello era una farsa, pero no podía negarse a ella misma que había caído en aquella red, todo por ese simpático rostro tan gracioso como lo que sentía por él.
En algún momento entre sus engaños y roces había algo que había nacido realmente, todas las malas hierbas de las mentiras y falsedades estaban siendo segadas y lo único que quedaba era la rosa y sus espinas, como un conjuro mágico de cerrar los ojos, contar hasta diez y abrirlos para descubrir que todos esos pensamientos que intentaban aplastarla no iban a lograrlo, nunca más.
Había sido él el que había subido sus manos y las había puesto una a cada lado de la cara de Luna, pero fue ella la que se acercó de forma precipitada para unir sus labios. Ahí, tumbados en la hierba junto al lago lejos de la luz, ahora eran ellos los que parecían brillar, con algo que sabían que era como una estrella fugaz, sin importar a dónde iría a parar aquello. No, no fue una buena idea, estaban fundidos en aquel suave y largo beso cuando a Xellos comenzó a darle punzadas de nuevo, unas tan fuertes que no pudo ignorarlas. Se apartó de ella de golpe, empujándola, y se incorporó.
-Ya te vale…- Se forzó a reír Xellos como si fuese una broma. -¿Tan divertido te parece clavarme tus espinas de poder sagrado?
-¿Qué estás diciendo?- Tardó un momento en reaccionar.
-Eso, que si no retienes tu poder…- Comenzó a decir él poniéndose la mano en su pecho dolorido.
-¡Deja de decir eso!- Le gritó Luna interrumpiéndole. –A lo mejor aún tienes restos del cetro clavados…
Se acercó a él pero se dio cuenta que era sólo con estar cerca que a él le dolía, tragó saliva y se quedó a esa distancia prudencial de él sentada de rodillas, puso sus palmas de las manos en sus ojos apretando con la cabeza baja, no quería llorar, otra vez no, le tembló el labio y los apretó intentando controlarlos.
-¿Luna?- Preguntó él sin entender nada. –Sé que no era tu intención…
Pero diciendo eso ella se sentía peor, porque él notaba la tristeza de ella, se había dado cuenta también él, vaya par de idiotas que no se habían parado a pensar que las emociones negativas le recuperaban pero las positivas le debilitaban, por ello el simple hecho de estar a su lado y notar ese pequeño sentimiento de ella por él era como si le clavase realmente espinas de poder sagrado.
-Vete.- Articuló ella con dificultad poniéndose en pie.
-No quiero irme.- Se quejó él poniéndose en pie también pero con más dificultad.
-¡Si no te vas morirás!- Apretó los puños mirándole con sus lágrimas contenidas.
-No voy a morir.- Le replicó quitándole importancia. –Puedo… recuperarme.
-Te mataré…- Se giró.
-No importa.- Se acercó de nuevo a ella y la forzó a besarle.
-No… ya basta…- Murmuró bajando la cabeza alejándose de aquella calidez. –Las veo… las grietas en tu interior.
Tras eso le dio un empujón mucho más fuerte que el pequeño forcejeo que habían mantenido, tenía que alejarle de ella, el poder oscuro y el poder divino no podían convivir.
-Vete.- Repitió. –Sino acabaré matándote.
Cuando de los labios del demonio salió un "vale" ella notó que su respiración se cortaba, no obstante cuando continuó hablando sintió que se calmaba.
-Hace mucho tiempo, mientras los servidores de los dioses y los demonios se mataban entre ellos, nacieron unas criaturas a las que se les fue mezclando partes de los que cayeron en batalla pegadas a sus almas.- Volvió a contar un fragmento de historia Xellos. –Por eso los humanos podéis usar tanto el poder divino como el demoníaco.
-¿Qué estás insinuando?- Se obligó a sí misma a no girarse hacia él.
-Cuando mueras renacerás de nuevo.- Hizo una pausa tras decir esa obviedad. –Entonces moriré yo también.- Sonrió aún estando lejos de su vista. –Porque mi memoria no desaparecerá, y cuando parte de mí renazca en un ser humano…- Vio cómo ella subía sus manos tapándose las orejas. –Te buscaré.
-Deja…- Cayó ella de rodillas. –De decir chorradas y lárgate.
Él se quedó en el mismo sitio un poco más observándola mientras sonreía, luego dijo "bien" y desapareció. Ella se mordió el labio intentando no llorar, pese a ello notó una lágrima cayendo directa al suelo por la posición de su cabeza, intentó respirar hondo y tranquilizarse, aquello había sido una promesa, una que sólo ellos dos compartirían, porque sabían que habían nacido no sólo en bandos opuestos sino en razas contrarias, unir el poder sagrado y el poder demoníaco sonaba no sólo imposible sino también descabellado.
Al día siguiente, Lina estaba en la fiesta, justo había empezado y ella miraba a todos lados esperando que apareciese el "hermanito" que ella misma había elegido. Cuando vio llegar a su hermana se alegró, aunque no quiso que lo notase.
-¿Y el hermanito?- Preguntó Lina inocentemente.
-¿Qué hermanito?
Sonreía tristemente, en verdad odiaba tener que hacer aquello, pero era lo mejor para todos, se agachó hasta su hermana mientras recitaba unas palabras en un idioma ya olvidado y le besó la frente.
-¿Qué haces aquí?- Preguntó Lina tras un instante.
-No podía faltar a la fiesta de los hermanos.- Sonrió Luna.
Lina se puso muy contenta, la cogió de la mano y estiró de ella hasta el grupo de personas que había más adelante orgullosa de su hermana y habiendo olvidado todo lo referente al demonio.
-Supongo que así está bien.
Fue la última frase de Xellos al ver a Lina jugando con su hermana, aunque él no sabía que le había borrado la memoria, era un tema del que no se volvería a saber hasta muchos años después, cuando a Xellos le encargaron la misión de seguir a Lina y ella no le reconoció, pero aún así todavía había una promesa con ella que quería cumplir, contarle su secreto y cuidarla a sus espaldas.
¡El final! más que nada es fanservice XD ¿Un fanfic XellosXLuna sin besito final? hale, ahí tenéis besito XD
Notas de la autora:
-Al principio Luna estaba tristona, echas de menos cuando se te va el gato de casa .
-Hago un poco juego con cosas que aparecen en la historia oficial, que Lina dijese que lo último que haría sería unirse a los demonios, y sin embargo colabora con Xellos como si nada, aunque no le recuerde, esas sensaciones no se borran, y aunque diga que no le pueden en una batalla, bien que se enfrentaron a Shabranigdu, Gaarv, Fibrizo y tipos más peligrosos que Xellos, así que me parece una excusa tonta lo de "es que Xellos es más fuerte que nosotros" lo que pasa que no hay ganas!
-Y sí, fanservice, fanservice, y ya, a lo Romeo y Julieta, un amor de 3 días que sólo podría acabar en tragedia (Romeo y Julieta digo...) así que separo a Xellos y Luna antes de que se pongan peor las cosas, ¿de verdad alguien pensaba que esos dos juntos tendrían futuro? yo sí porque soy muy friki y ya había pensado en ello, porque al fin y al cabo el poder sagrado y el demoníaco sí se pueden fusionar, todos los que vieron Try lo saben, aquellas vasijas que le dieron la inspiración a Xellos para él crear la técnica luego de unir ambos poderes... me pregunto si en mi cabeza, después de vencer a Estrella Oscura fue a hacerle una visita a Luna para contárselo... ¿Y a qué tanta tragedia? ¿Acaso todo el poder original no viene del mismo L-sama? Los Dioses también provienen de su poder, no sé a qué viene tanto cuento con que son tan distintos, son como el agua fría y el agua caliente...
-Bueno, al final... tampoco es mala idea, los demonios importantes de alguna manera acaban siempre en cuerpos humanos, y acaban despertando y recordando todo, no estaría mal para volver a encontrarse...
Espero que os haya gustado la historia :)
