Draco P.V.

Vaya noche más interesante se avecinaba. Con mis labios recorría su cuello, mientras ella encorvaba su espalda contra la pared. Acaricié sus piernas con mis manos. Con fuerza agarré su falda y con un tirón la rasgué de arriba a abajo, para luego dejar que se cayera al suelo a lo largo de sus piernas. Ella gruñó ante el gesto, separó su cuello de mi boca y se alejó de mí.

-Esa falda no era mía, Malfoy -susurró, pasando su lengua por mi labio inferior, consiguiendo que la erección que había surgido dentro de mis pantalones se agitara fuertemente- Ahora me toca comprarla otra.

-¿Para qué tenemos la magia, castaña? -suspiré, volviendo a hundir mi lengua en su boca. De un tirón arrancó los botones de mi camisa, dejando que mi pecho quedara a su libre actuación. Yo solo reí. A ciegas comenzamos a avanzar por el pasillo hasta llegar a mi cuarto. De un empujón la tiré sobre la cama, su pelo se esparció por el lecho, dándole un aspecto felino, mucho más atrayente de lo que ella seguramente pretendía. Apoyada en sus codos me dejó una buena panorámica de sus pechos, apretados por la camisa blanca, que se amoldaba perfectamente a su figura. Lentamente me acerqué a ella, que abrió las piernas para que me pudiera situar entre ellas, y comencé a desabrochar los botones, dejando a la vista un sujetador de encaje negro, a juego con las braguitas.

-Granger, Granger, Granger -suspiré, volviendo a comerle la boca- Me estás matando. Déjame hacerte el amor...Hermione.

Ante lo dicho, se me heló la sangre en las venas. ¿Yo había dicho eso?¿Desde cuando era tan sensiblero? Ella se rió, provocando que se sacudiera la cama, con ella encima. Solo asintió, enderezándose para alcanzar mis hombros y acercarme a ella. Rápidamente envolvió mi cintura con sus piernas, provocando que nuestros sexos se rozaran.

Gruñí, y rápidamente me bajé los pantalones, intentando liberar la presión de los pantalones. Ella volvió a reír -¿No irás borracha, Granger? Mira que no me gusta aprovecharme de las chicas afectadas por exceso de copas... -susurré contra su cuello, subiéndome a la cama, sobre ella.

-Para nada -respondió, tocando con la punta de sus dedos el elástico de mis calzoncillos. Yo gruñí. Necesitaba ¡YA! enfundarme en ella, en su interior, en su calidez, esa que he rozado con mis dedos, nunca mejor dicho. Todo por dentro se me volvió a agitar. ¡BASTA, DRACO! Deja de pensarlo que se te va la situación de las manos.

Ella, volvió a reír, y haciendo fuerza con sus piernas me tiró sobre la cama, situándose a horcajadas sobre mí. Movió su cadera, rozando su sexo contra el mío.

-Vaya, Malfoy -susurró en mi oído, apoyando sus manos en mi pecho- ¿Estas ASÍ, por mí?

-¿Lo dudas? -contesté, besando su cuello- ¿Granger?

Ella se volvió a mover sobre mi erección. -O te detienes... o esto se va a acabar demasiado pronto -susurré, mientras ella gemía fuertemente. Sin piedad, pasé una mano de su cintura hasta sus braguitas. Lo que suponía, empapada. Una pequeña risa se escapó entre mis dientes, mientras ella se sacudía sobre mí.

-Malfoy... ¿qué haces? -susurró, agarrando mis manos y colocándolas encima de mi cabeza. De un salto se levanto de mi regazo mientras un brillo malicioso adornaba sus ojos. Una sonrisa macabra adornaba su rostro mientras se alejaba hacia el armario- Se me acaba de ocurrir algo super, super, Malfoy -abrió las puertas del mueble de un tirón y comenzó aREGISTRAR cajones, hasta que encontró lo que buscaba- Cierra los ojos, rubiazo de ojos grises.

-¿Rubiazo de ojos grises? -reí, apoyándome en mis codos, para ver que traía Hermione en las manos, sin embargo lo escondió tras su espalda. Tras reír y negar con la cabeza esperó a que me volviera a recostar y cerrara los ojos- Ahora sí que nos lo vamos a pasar bien.

Sentí como la cama se hundía ante su peso. Sonreí, sin embargo, cuando con un rápido movimiento mis muñecas quedaron amordazadas se me borró el gesto y miré seriamente a mi acompañante.

-¿Pretendes dominarme, Granger? -susurré, mientras que ella, con sus labios recorría mi mandíbula.

-Naaaa -susurró, acariciando mi rostro con sus labios, mientras alzaba mis muñecas sobre mi cabeza. Alzó una ceja, en claro sentido de que no me moviera ni un pelo- Solo vamos a jugar.

Lentamente pasó las yemas de sus dedos por mi pecho, consiguiendo que mis músculos se tensaran bajo su tacto. Una sonrisa asomó en su boca cuando de mi garganta salió un gruñido como respuesta a sus acciones. En sus ojos se podía ver con claridad el nerviosismo que la consumía por dentro. Sonreí, y le propuse mi sugerencia.

-¿Qué tal si dejamos el juego para otro momento, castaña? -susurré, al ver que al intentar desabrochar el botón de mis pantalones los dedos le temblaban como gelatina.

-Como quieras, rubiazo -susurró, con las mejillas coloradas- ¿Qué quieres hacer entonces?

-Suéltame -susurré, atravesándola con mis ojos mientras soltaba el amarre de mis muñecas.

Con un empujón la tumbé sobre la cama y me posicioné sobre ella, situándome entre sus piernas. Comencé a deslizar mis manos a lo largo de su cuerpo, ella se encorvaba ante el toque, rozando su sexo contra el mío. Sujete sus caderas contra el colchón, puesto que el ambiente se estaba caldeando demasiado y no quería estropearlo. Ella envolvió sus piernas en torno a mi cadera,consiguiendo que su calor se mezclara con el mío. Por lo que solté el aire de mis pulmones lentamente contra su cuello. Ella se estremeció de arriba a abajo.

-Draco... -susurró cuando mis dientes agarraron la carne de su clavícula. Yo sonreí contra su piel, dejando besos húmedos a lo largo de su carne descubierta.

-Dime, castañita -susurré, soplando suavemente en su ombligo. Ella enterró sus dedos en mi pelo, dirigiendo pequeños espasmos de placer a lo largo de mi cuerpo.

-Espabila -susurró, cuando introduje mis dedos por sus braguitas. Estaba muy, muy mojada. Subí por su cuerpo dejando pequeños besitos hasta llegar a sus labios, los cuales devoré como si fueran el último manjar de la tierra. Su lengua peleaba con la mía, humedeciéndola, compitiendo por ver quien ganaba más terreno.

-A sus órdenes -susurré, situando mi cabeza entre sus piernas. Vi como sus mejillas se sonrosaban y ella agarraba de nuevo mi cabello. Deslicé su prenda por sus suaves piernas y dejé al descubierto su sexo. Ella gimió cuando soplé sobre su brillante piel.

-Merlín... -susurró cuando mi lengua recorrió su hendidura. Mi boca capturó su pequeño botón, mientras mis dedos entraban y salían de ella. Cuando estuvo a punto de culminar me detuve y me posicioné sobre ella, aguantando mi peso con los antebrazos para no aplastarla, y la penetré de un solo empuje. Entre gemidos y jadeos comenzamos a movernos, mientras la cama se tambaleaba debido mis estocadas. Sus uñas desgarraban la piel de mi espalda, mientras sus resbaladizas paredes apretaban cada vez más mi miembro. Desplacé mi mano hasta el lugar en el que nuestros sexos se juntaban y rocé su botoncito con mi índice varias veces hasta que con un agudo gritito los espasmos recorrieron su cuerpo- Draco... -chilló clavando sus uñas en mis hombros

mientras se corría y yo la seguía.

-Joder -susurré, escondiendo mi cabeza en el hueco de su cuello. Ese polvo había sido el mejor que había tenido en toda mi vida. Sentí como sus manos se deslizaban a lo largo de mi pelo, alcé mi cabeza y miré sus ojos, los cuales mantenía cerrados- ¿Estás bien?

-Perfecta -susurró, con una brillante sonrisa, siguiendo con las caricias en mi pelo. Con un gran esfuerzo me situé a su lado en la cama y rodeé su cintura con mi brazo- Mmmm.

Gimió cuando se estiró y apoyó su cabeza en mi pecho- Me encantas -susurré, cuando comencé a deslizar mis dedos por su suave espalda.

-Y tú a mi -susurró, besando mi pecho. Alzó su cabeza y me guiñó un ojo- Apaga la luz y duérmete.

Acaté sus órdenes y la agarré por la espalda, apoyándola en mi pecho.

...

...

...

HERMIONE. P.V.

Cuando abrí los ojos la luz del sol me golpeó de lleno, al igual que los recuerdos de la noche anterior. Mis mejillas se ruborizaron y me senté en la cama. La habitación estaba ordenada, mi ropa doblada en una silla, los zapatos colocados detrás de la puerta. Saqué mis piernas por el borde de la mesa y me estremecí. La habitación estaba fría, se notaba que se acercaba diciembre. Fui hasta el armario y saqué una camisa verde, típico de Slytherin. Salí de la habitación y el olor a café recién hecho invadió mis fosas nasales.

-Buenos días -sonrió Draco, en cuanto llegué a la cocina y vi al rubio sentado frente a la televisión- ¿Desayunamos-?

-Claro -contesté, dirigiéndome a la cocina, intentando evitar ver su torso desnudo. Sus brazos me atraparon por la espalda y sus labios besaron mi cuello- Para, Draco. Hay que desayunar... Muero de hambre.

-Esta bien -rió, dándome una nalgada, por lo que froté la zona con mi mano, intentando bajar la rojez de la zona- Por cierto, esa camisa te queda muy bien. Creo que te la voy a regalar. Para que duermas con ella.

-Muchas gracias -reí, sirviéndome una taza de café, con dos tostadas que había encima de la mesa. Mientras desayunaba me fijé en mi vecino. Su pelo... todavía recordaba su suavidad entre mis dedos, como si estuviera agarrándolo ahora mismo, sus ojos, como perlas grises en el fondo del mar, clavaban sus pupilas en mí. ¡EN MÍ! Avergonzada aparté la mirada, haciendo que el riera, por lo que le saqué la lengua, que pronto se vio atrapada entre sus labios. Sus labios, sus suaves y expertos labios. Un gemido escapó de mi boca. ¿Cuanto hacía que estaba frente a mí? Me alzó de la silla y me sentó en la mesa, retirando las tazas y los platos vacíos a un lado de la mesa. Metió las manos por la camisa, haciendo que mi piel se pusiera de gallina.

-Vamos a jugar un poquito -susurró, metiendo su mano entre mis piernas. Me estremecí cuando sus dedos se deslizaron por mi hendidura. Negué con la cabeza, intentando mantener la compostura, sin embargo, cuando entró en mí toda señal de razón desapareció.

-Perfecto -susurró contra mi boca, una vez nos sentamos a desayunar el silencio abordó el apartamento. Mientras recogíamos, su voz interrumpió mis pensamientos- ¿Sabes? Ayer fui al Ministerio de magia.

-¿Y eso? -pregunté, sorprendida de que siguiera en contacto con el mundo mágico.

-Pues me ofrecieron un puesto de auror a cambio de unas pruebas -sonrió mientras me pasaba las tazas para que las fregara- Fui, las hice y me cogieron.

-Eso es genial -sonreí, contagiada por su sonrisa.

-Pero debo aprender a convocar un patronus antes de que acabe el mes -al pronunciar esa frase su estado de ánimo se derrumbó un poco, sin embargo pretendió disimularlo con una gran sonrisa- Solo me sale una niebla espesa... nada más.

-¿Quieres que te ayude? -pregunté antes de poder pensarlo. Vi cómo sus ojos se iluminaban y asentía lentamente con su cabeza- Pues vamos -cogí su muñeca y le llevé al salón, donde le dejé cuando fui a por las varitas a la habitación- Debes pensar en un momento que te haga feliz, en el que puedas centrar tu atención sin dificultades.

-Bien -susurró, cerrando sus ojos- Está.

-Pues ahora, haz el movimiento con la varita, con el recuerdo bien nítido en tu mente -vi como lo llevaba a cabo y una fina neblilla, cada vez más oscura surgía de la punta de se varita.

-¿Ves? -comentó de mala gana, guardando su varita en el bolsillo- Solo me sale eso...

-Eso es porque no eliges el recuerdo adecuado -sonreí, cerrando mis ojos, pensé en el hombre que tenía delante, en nuestros días de Hogwarts, en el día que lo encontré en el descansillo, y sobretodo, en la pasada noche. De mi varita salió la conocida nutria y comenzó a saltar por el apartamento, dejando tras de sí una pequeña estela plateada. Draco miraba la nutria con los ojos brillantes.

-¿En qué has pensado? -me preguntó, haciendo que mis mejillas se tiñeran de rojo. Él sonrió y se acercó a mí- Venga, dime.

-Me da vergüenza -susurré, evitando su mirada, haciendo que sus labios se posaran en mi frente.

-Dímelo -susurró, envolviendo mi cintura con sus brazos y escondiendo su cara en mi cuello- Vamos, castaña.

-En ti -susurré, notando como el calor de mi cara aumentaba, rodeando su cuello con mis brazos para poder enterrar mis dedos en su suave cabello platinado.

-Umm -besó mi cuello, mientras que con una mano masajeaba mi trasera con la otra sujetaba la varita- "Especto patronum".

De la punta de su varita salió una gran nube plateada que fue adoptando la forma de una larga serpiente alada. Sus labios seguían recorriendo mi cuello mientras la nutria corría por el apartamento junto a la larga serpiente.

-Draco -susurré, acariciando el pelo de su nuca, sin embargo, no dejó su actividad- Draco, basta.

-Eres una aguafiestas, castaña -rió, capturando mis labios, para luego centrar su mirada en las dos figuras plateadas- Pues fue más fácil y rápido de lo que pensaba.

-Es que soy una excelente profesora -comenté, colocando mis manos ne mi cintura- Y ni se te ocurra negarmelo... porque sabes que es verdad.

-Lo sé -rió, poniéndose serio de repente- Debo avisar el ministro. ¿Vendrías conmigo?

-Claro -contesté, sin embargo pronto se me pasaron las ganas- Aunque tal vez no debería, por que...

-Si lo dices por Potter y Weasley... -comenzó, ganándose mi atención. ¿Cómo sabía que me refería a ellos?- Legeremancia ¿recuerdas? -yo solo asentí, agachando mi cabeza intentando que no descubriera mi pequeña sonrisa- Bueno, que saben que nos vemos, y creo que te están buscando, Por que su entusiasmo cuando oyeron tu nombre fue extremo... no se si me explico.

-Si lo haces, sí -sonreí, intentando que mis lágrimas no se desbordaran. ¿No habían pasado de mí?¿Seguían con ganas de verme después de todo?

-No llores mujer -susurró, abrazando mi cintura y llevándome hasta el sofá, donde me sentó sobre sus piernas- No me gusta verte llorar.

-Pues en Hogwarts bien que lo disfrutabas, capullo -comenté, mordiendo su cuello, el solo suspiró, introduciendo sus manos por dentro de su camisa, acariciando mi piel desnuda.

-Era un crío, que necesitaba de la atención de los demás para no aburrirse -comentó, masajeando la parte trasera de mis muslos- Y como esa era la única forma de que TÚ me hicieras caso... pues ahí lo tienes.

-Muy bien -susurré, levantándome de su regazo, ganándome un gruñido de su parte- Pues iremos el lunes... ¿vale?

-Jo -susurró, mientras me alejaba por el pasillo sentía su mirada en mí- Como te gusta mandar, Granger.

-Te he oído -chillé, desde su cuarto, cambiándome de ropa.

-¿Qué somos, Granger? -oí que preguntó, me dí la vuelta y le vi, apoyado en el marco de la puerta con las manos en los bolsillos. El tatuaje, ahora gris desgastado, que adornaba su antebrazo destacaba en su pálida piel. Sus marcados músculos centraron toda mi atención- ¡GRANGER! -chilló, sobresaltándome- Contéstame.

-No lo se, Malfoy -susurré, dejando que me envolviera con sus brazos, mientras apoyaba mi cabeza en su pecho, sintiendo los acelerados latidos de su corazón- Pero me gusta como me haces sentir. Me gusta sentirme atractiva a los ojos de alguien.

-Eres atractiva, caliente y sexy y mucho más que eso, Hermione -susurró comiéndome la boca de nuevo. Este hombre era de lo mejorcito a la hora de halagos- Déjame quererte, castaña. Eres lo mejor que me ha pasado, y me gustaría conservarte, conmigo, a mi lado.

-Eres todo un romanticón, Draquito -susurré, presionando mis labios en la comisura de sus labios- Quizá podríamos intentarlo.

-¿En serio? -preguntó, alejándome de él. Yo asentí con la cabeza, rodeando su cuello con mis brazos. Una gran sonrisa ocupó su rostro mientras dirigía sus manos de nuevo a mi cintura- Pues si vamos a ser algo, nada de Draquito o diminutivos de esos cursis, ¿vale?

-Vale -reí, al ver su cara seria, mientras enumeraba con los dedos. Alzó un segundo dedo, dando un pequeño beso en mis labios.

-Nada de cursiladas -asentí, mientras volvía a dar otro beso en mi boca- Me refiero, apodos mutuos, citas cada pos por tres, regalitos, y todas esas cosas cero, ¿vale?

-Perfecto -reí, negando con la cabeza- A mí tampoco me gustan esas cosas.

-Bueno -sonrió, clavando sus ojos en los míos y ahuecando mi rostro con sus manos- Y por último, no me dejes.

-No me des razones para hacerlo -comenté, dejando pequeños besitos en la línea de su mandíbula- ¿vale?

-Vale -susurró, para después meter su lengua hasta las profundidades de mi boca. Su húmeda y caliente lengua recorría la mía.

El beso se prolongó hasta que el sonido de mi móvil inundó el apartamento. Corrí a la silla donde estaba mi bolso y saqué el aparato.

-¿Hola?

-Hermy, ¿eres tú? -oí la voz de Charlotte al otro lado de la línea.

-Claro -contesté, intentando no reír- ¿Quién querías que fuera?

-Era por asegurarme -rió ella, sin mebargo sin alegría, lo que me preocupó- ¿Dónde estás? Estoy en la puerta de tu casa, a punto de quemarte el timbre.

-¡Detente desgraciada! -chillé, consiguiendo que Draco se me quedara mirando raro. La risa de Charlotte se oyó al otro lado del teléfono- Ya voy, estoy un poquito ocupada -Draco me miró con una ceja alzada.

-Deja de hacer cochinadas y ven ahora mismo que tenemos que hablar.

-Lo se -respondí. Colocándome las botas- Voy ahora mismo.

Colgué y me giré a ver a mi rubio. Me atravesaba con su mirada gris, haciéndome temblar. Nos acercamos y nos dimos otro beso. Su boca me estaba volviendo adicta.

-Me voy -susurré, acariciando su mejilla, haciendo que cerrara los ojos ante elCONTACTO . Él solo asintió, dejando un beso en mi frente- ¿Nos veremos pronto?

-Por supuesto -sonrió agarrando mi mano y tirando hacia la puerta- Vamos que la pelirroja te espera.

Salimos de su apartamento y me metió en el ascensor tras pulsar el número de mi planta. Al salir del cubículo de metal me encontré con Charlotte, apoyada en la puerta de mi casa. Besé su mejilla y abrí la puerta. Una vez dentro se tiró en el sofá.

-Empecemos -susurró, frotando su cara con sus manos.

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