¿UN POSIBLE ADIÓS?
El chico castaño esperó a que la pareja se acercase a él. Esperó que la chica más importante del Colegio pasara por su lado y le cogió del brazo haciendo que se parase del golpe. La joven miró sorprendida pero se podía poder ver también algo de miedo y preocupación. Ella sabía quién era ese chico, aunque no podía entender que hacía en ese lugar. Intentó soltarse pero ese chico la tenía bien agarrada y le estaba haciendo daño. Sendoh, molesto al ver que Selenia quería soltarse y él no le dejaba, consiguió que ese chico la liberase y se puso enter ellos. La muchacha rubia se cogió de la muñeca. Le dolía.
-¿Quién eres tú? – Preguntó molesto el jugador de baloncesto.
-¿Dónde está Sumiko? – Interrogó el chico ignorando la pregunta del chico de ojos azules.
-No lo sé pero aunque lo supiera no te lo diría. No pienso dejar que le hagas más daño – respondió Selenia.
-Necesito verla. Dime dónde puedo encontrarla, por favor. Quiero y necesito verla – insistió el chico.
-¡He dicho que no lo sé! Además de que ya no le interesas. Ella está con otro – gritó un poco exasperada ella.
-En cuanto me vea, dejará ese otro chico – dijo seguro el chico castaño. – En verdad, no me importa. Puedo esperarla todo el tiempo que sea necesario pero seguro que no tardará en llegar para ir a clase…. Porque tiene que venir, ¿no? – Expuso con ironía.
Selenia, molesta, se marchó de ese lugar antes de que perdiera los estribos. Ese chico había hecho mucho daño a su amiga y a ella misma pero sin que nadie lo supiera. Sendoh la siguió pero antes, echó un vistazo al chico castaño. No sabía por qué no le daba una sensación extraña en el cuerpo. En cambio, el chico castaño se quedó en ese lugar a espera de que la amiga de la muchacha rubia apareciera. "No me importa si te has echado un nuevo novio, tú eres mía… Sumiko" pensó el chico apretando la vista. Al mirar hacia el patio del centro, observó que varias chicas se habían parado y cuchicheaban mientras miraban hacia la dirección donde él se encontraba.
Smuk-sama entraba en la Residencia todo lo prisa que le daban los pies. Tenía que advertir a su amiga de que él estaba en el Mont Lyons. Comenzó a buscarla por los sitios donde Sumiko solía encontrarse pero no la vio en ninguno de esos lugares. Las demás chicas estaban extrañadas de verla de un lado para otro. Cuando había buscado por todos lados posibles, Selenia subió a su habitación mientras resoplaba. Tenía miedo de que ese chico encontrase a su amiga y le hiciera daño. Al entrar en la Habitación Azul, encontró a Emi y a Aya encima de la cama de la primera chica mientras veían algo que tenía entre sus manos. Selenia se acercó a sus amigas y al sentarse a su lado, comprobó que estaban viendo las fotos de las seis bodas que se llevó a cabo en el gimnasio. Echó las manos hacia atrás mientras suspiraba cansada.
-¿Qué te ocurre Sel? – Le dijo Aya mirándola.
-Ha vuelto. Daisuke ha vuelto – les anunció sin muchos ánimos y volvió a suspirar. – Y dice que no se irá sin hablar con Sumiko.
-¿¡Qué!? – Gritaron las dos chicas a la vez. En ese momento, los chicos que fueron del Ryonan entraron en la habitación y se sorprendieron al escuchar el grito.
-No podemos dejar que vea a Sumiko. A aparte de que nos costó para que se casara también, él ya le hizo bastante daño el año pasado – comentó Aya.
-Llevo buscándola desde que he llegado del instituto pero no la encuentro por ningún lado. Ya no sé dónde puedo buscarla – dijo la muchacha rubia echándose sobre la cama.
-¿Has probado buscarla en el gimnasio que hay detrás de la Residencia? – Le preguntó Emi preocupada.
-Ella no estaría allí… a no ser que haya ido a ver a Hanagata – comentó Aya.
-Cuando vuelva, se lo tendremos que decir – Selenia cerró los ojos.
-¡Oh, no! ¡Mañana es el festival! Mañana podrá entrar y... y… ¡podrá encontrarla! ¿Qué haremos entonces?
-Ya lo veremos pero debemos intentar que Sumiko salga lo menos posible de la Residencia – comentó Emi.
Esa noche, a la hora de cenar, las chicas del Comité estaban sentadas en su mesa y se podía ver que estaban hablando sobre algo importante, ya que las seis estaban muy serias. Parecía ser que Selenia era la única que no le interesaba esa conversación ya que apenas participaba hasta que, de pronto, lo hizo. Lo chicos de Kanagawa los observaban con curiosidad de saber por qué estaban tan serias y querían saber, también, de qué hablaban. Sumiko era la única que tenía el semblante triste, junto a su seriedad. Sin más, la encargada de las alumnas de tercero de secundaria se levantó de su sitio y se marchó de ese lugar. Parecía algo molesta. Ninguna de las demás chicas se levantó para ir detrás de su amiga. En cambio, Selenia suspiró y luego miraba hacia la dirección de la salida.
-Esto va a acabar mal – comentó Chie.
-Ojalá no tengas razón – opinó Selenia bebiendo un poco de agua.
-Cuando está ese chico por medio, es como suele acabar todo – dijo la chica del cabello castaño claro casi rubio con los brazos cruzados.
-No tiene por qué acabar como el año pasado. Nosotras sabemos lo que ocurrió el año pasado y que por eso, este año los profesores son nuevos… la mayor parte de ellos, menos el señor Sendoh. Este año… - comenzó a decir Aya. Las demás chicas miraron hacia otro lado. – E incluso si se lo…
-No, ya la has oído antes. Hanagata no puede saber nada – le interrumpió Marina.
-Aya tiene razón. Esta vez no podemos depender de los profesores y de los guardaespaldas de nuestras familias. Si Daisuke se atreve a tocarla, llamaremos a la policía. No podemos dejar que le hagan daño de nuevo – dijo Selenia antes de levantarse. – No quiero que nuevas vidas se pierdan como el año pasado – y se marchó del comedor.
-Recordad que este año no estamos solas. Ellos están aquí y estoy segura que nos ayudarían si se lo pedimos – agregó Aya levantándose también. – Me voy a la habitación. Este tema siempre hace que se me revuelva el estómago – y se largó de ahí.
-Estas dos… - dijo Marina suspirando.
-Tengo un mal presentimiento sobre todo esto – expuso Emi abrazándose a sí misma.
-Igual que yo… y creo que este año no nos libraremos como el año pasado – comentó Chie con la mirada sobre el plato.
-No nos pasará nada a ninguna de las seis. Debemos ser positivas – las animo Marina aunque ella también opinaba lo mismo que sus amigas.
Las semanas transcurrían rápidas que no se dieron cuenta que el verano ya había llegado. El cambio de uniforme les sorprendió a los chicos de Kanagawa pero también, las continuas peleas de Hanagata y Sumiko. Las demás chicas del Comité se hacían los oídos sordos cuando les preguntaba alguna otra alumna sobre el motivo de la discusión. El uniforme de verano del Mont Lyons consistía en un vestido por la mita del muslo y, desde el pecho hasta la cintura, ceñido al cuerpo, de manga corta y con el escudo de la escuela en una de las mangas. Los filos del vestido tenían un bordado en hilo dorado y el color de dicha ropa, era la misma que la habitación que ocupaban. En cambio, lo único que cambiaban los chicos en su uniforme, era que tenían una camisa del mismo color que su habitación de manga corta y unos pantalones largos pero más finos.
Una mañana soleada y calorosa y a pocos días de que diesen las vacaciones de verano que durarían desde la mitad de junio hasta septiembre, Selenia se encontraba en la sala del Comité Estudiantil sentada en su sitio, mirando unos papeles cuando la puerta se abrió. La muchacha rubia levantó la cabeza de los folios lentamente. Sumiko, que hasta en ese momento se encontraba con los ojos cerrados y los brazos cruzados, miró a las personas que acaban de llegar. Eran dos chicas que tenían el mismo color del vestido, por lo que sabían que iban a la misma habitación. Selenia se levantó de su silla con las palmas de las manos sobre la mesa.
-¿Qué queréis? – Preguntó con mala gana Sumiko.
-Sumiko, por favor – le dijo Selenia antes la actitud de su amiga.
-Smuk-sama, debe detener la expulsión de Miaka. Ella no hizo nada – dijo una de las chicas que tenía el cabello corto y rubio.
-Yo no puedo hacer nada si lo ha decido los profesores – respondió la joven de ojos grises.
-¡Pero es que ella no ha hecho nada! – Gritó un poco la misma chica.
-Sabéis que yo sólo me puedo hacer cargo de las sanciones pero no puedo hacer nada si es cosa de los profesores.
-Smuk-sama, se lo ruego. Si soy expulsada de este instituto y se entera mi padre, puedo ser una deshonra para él – dijo la chica llamada Miaka.
-Ya te ha dicho que no puede hacer nada – intervino Sumiko. – No seáis más pesadas.
-Veré lo que puedo hacer pero no puedo prometer quitarte la expulsión – aceptó Selenia al cabo de un rato.
-¡Muchas gracias, Smuk-sama! – Dijeron las dos chicas a la vez que hacían una reverencia.
-No tenéis que darme las gracias por algo que no sé si podré remediar – dijo la chica de ojos grises.
-Aun así, te damos las gracias – dijo la chica llamada Miaka.
-No debiste aceptar hacer eso – opinó Sumiko cuando las dos chicas se habían marchado.
-Y tú deberías decirle a Hanagata la verdad. Si no quieres decírsela tú, déjame que se lo diga yo – le dijo Selenia sin mirarla.
-Nadie ha visto Daisuke desde que lo viste tú. Ni si quiera apareció por el festival…
-Eso es porque nosotras llamamos a la policía y los guardaespaldas vigilaban por si entraba por algún lado. No queríamos que nada te pasase – hizo una pausa y le miró. – Deberías contárselo a Hanagata. Él te quiere y no dejará que nada malo te pase. Lo que pasó con ese desgraciado el año pasado, no debe frenarte para que seas feliz.
-Tsk. ¿Sabes que no eres la mejor para dar ese tipo de consejos, verdad? – Le dijo con los ojos cerrados.
-Lo sé pero tengo que devolverte el favor – le miró con una pequeña sonrisa y cerró la carpeta. – Es hora de irnos. Pronto será la hora.
Las dos chicas se levantaron y salieron de ese lugar. Después de eso, salieron del recinto escolar hasta que se encontraron con un coche negro donde, en la puerta del vehículo, las esperaban las demás chicas del Comité Escolar. Ese día, los chicos jugaban un partido importante donde se jugaban el pase a la semifinal y querían ir a animarles al pabellón. Todas se montaron en el coche negro y el conductor, al ver que todas las chicas estaban montadas y todas las puertas cerradas, arrancó el coche y puso rumbo hacia el Pabellón Municipal de Miyagi. Todas hablaban animadamente menos Selenia, que estaba mirando por la ventana. No podía evitar pensar en lo que había dicho aquella chica llamada Miaka. Suspiró con la cabeza apoyada en la palma de la mano. Sumiko negó cuando las demás la miraron.
-Selenia, ¿nos pondremos los uniformes de animadoras? La otra vez les vino bien – le preguntó Aya haciendo que la joven de ojos grises le mirase.
-No, yo prefiero ver el partido tranquilamente – respondió la hermana de Rukawa. – Además, ya habrá demasiadas chicas animando al Mont Lyons.
-Es cierto. Hoy van a ir todas las alumnas del instituto… Y pensar que hasta hace poco no podían ni verlos… - comentó divertida Chie.
-Pero no todas – dijo riendo Marina y Emi.
-Aun así, hay tres chicas que todavía intentan hacer que Selenia los eche del instituto. Deberían darse cuenta que ella no va a hacer eso – habló Sumiko.
Mientras que las chicas hablaban, el conductor, de vez en cuando, miraba por el espejo retrovisor que había en su lado izquierdo. Entrecerró los ojos al darse cuenta que había un coche que le estaba siguiendo desde que habían abandonado la colina. Pasó de largo cuando llegaron al pabellón, cosa que les extrañó a las chicas y Aya se giró para mirar por qué había eso pero no vio nada extraño.
-Señor Shunoda, ¿por qué no ha parado? – Le preguntó Selenia.
-Nos están siguiendo, señorita Selenia. Detrás de nosotros va el mismo coche que he visto cuando hemos salido de la colina – respondió el hombre mirando hacia el frente. – Es mejor que os lleve con vuestro hermano.
-Pero… - comenzó a quejarse Aya.
-Es lo mejor, Aya. Ellos lo comprenderán – le interrumpió Marina con el semblante dulce pero ella también quería ver el partido.
-Pero ¿qué le vamos a decir? ¿Qué había alguien siguiéndonos y que nos hemos tenido que ir a casa del hermano de Selenia? Pensarán que estamos locas – dijo Aya. – Además, le prometimos que asistiríamos. ¡Es un partido importante para ellos!
-Nuestra vida es más importante que un partido de baloncesto – dijo seria Chie. Todas la miraron sorprendidas menos Selenia que la miró de reojo y con la boca entreabierta.
-Lo siento señorita Aya pero mi deber, aparte de ser el chófer de la señorita Selenia, es protegerla y a ustedes también. Por eso he creído lo más conveniente dirigirnos sin más a casa del señor Touya – comentó el chófer.
-Tendremos más oportunidades para verlos jugar – le dijo con cariño Emi.
-Odio esto. ¡Odio tener cuidado por la calle porque me puedan matar! ¡ODIO SER LA HIJA DE KASUGA MIKAGE! – Gritó con todas sus fuerzas la chica de ojos negros.
-Aya… - susurraron sus amigas con tristeza.
-Toda mi vida ha sido así… No puedo salir con mis amigas ni a la calle sin llevar guardaespaldas que me vigilen… no podré asistir a un instituto con la persona que quiero… y todo por ser de la familia Mikage – dijo con lágrimas en los ojos. – Quiero ser una chica normal…
Las demás chicas entrecerraron los ojos al escuchar lo último que había dicho ya que ellas también querían ser chicas normales. Selenia seguía mirando por la ventana en silencio. Ella podía entenderla a la perfección, al igual que las demás pero no podían acostumbrarse a esa vida que tenían. Cerró los ojos al escuchar a su amiga llorar y se mordió el labio inferior. No podía negar que quería ver el partido pero tampoco quería ponerse en peligro. Abrió los ojos justo antes de decir:
-Diríjase hacia el Centro Comercial, señor Shunoda.
-¿Para qué quieres ir al Centro Comercial ahora? – Le preguntó Marina abrazada Aya que lloraba en su pecho.
-Pero señorita Selenia… - comenzó a decir el chófer.
-Es una orden, señor Shunoda – le cortó la ojigris.
-Como usted ordene – dijo el hombre y cambió de dirección en la rotonda que había a escasos metros.
-¿A qué vamos al Centro Comercial, Selenia? – Interrogó Emi mirando a su amiga. Aya dejó de llorar y la miró también.
-Esos hombres que nos siguen esperan encontrarse a seis chicas en este coche ¿no? Lo que tenemos que hacer es disfrazarnos de chicos para que piensen que se han equivocado de objetivos. Además, en el Centro Comercial no nos harán nada debido a que siempre hay mucha gente. Lo único que… tenemos que cortarnos el pelo para confundirlos más – les explicó.
-Pero en cuanto vean el color de pelo… - dijo Emi sorprendida. – Además, no creo que a ninguna le guste la idea de cortarse el pelo…
-Créeme que a mí no me hace gracia cortármelo pero no quiero perderme el partido y por ahora es la única manera que se me ha ocurrido para poder escaparnos – dijo Smuk-sama.
-Ni a mí pero si no hay más opción, lo haré. Le prometí a Jun que iría – dijo Aya limpiándose las mejillas.
-Eso sí, debemos ir andando o a su defecto, en autobús para que el señor Shunoda les haga pensar que todavía seguimos en el coche. Y en ningún momento hacer algo que nos delate – habló Selenia mostrando una pequeña sonrisa. - ¿Qué decís? ¿Lo intentamos?
-¡Sí! – Exclamaron todas a la vez.
El corte de pelo de las chicas del Comité Estudiantil dio mucho que hablar y no sólo entre las chicas sino entre los chicos de Kanagawa, al menos entre los chicos que no sabían la verdad. Ellas se habían cortado el pelo en una melena por encima de los hombros. Habían decidido cortárselo todas con el mismo corte. No les había contado el motivo por qué habían decidido cortarse el pelo, el único que lo sabía era Rukawa. El campeonato regional acabó en las semanas siguientes y durante el mes de julio, fueron a la isla privada de la familia de Rukawa donde pasaron unas vacaciones inolvidables. Aunque les hubieran gustado ir a verlos al Nacional, no pudieron debido a la organización del baile de otoño y que cada una de la chicas, se tuvieron que marchar con sus familias sin poder negarse.
Cuatro días antes del baile de otoño, Selenia caminaba despacio por los pasillos de la Residencia en dirección hacia la habitación Azul donde debía coger algunos papeles que estaban encima de su escritorio. En la puerta de la habitación se encontró con Aya que llevaba un paquete en las manos. Abrieron la puerta del cuarto y vieron a una chica que se estaba declarando a Sendoh y otra chica a Rukawa. Las dos chicas del Comité se miraron entre sí y continuaron entrando en el cuarto con la puerta abierta. Las dos chicas, al verlas, se encogieron de hombros. Selenia buscó unos papeles sobre su escritorio y se marchó de la habitación. Sendoh, al ver que había tenido su esposa, salió detrás de ella. Quería aclararle todo porque no quería que malinterpretase aquello.
-¡Selenia, espera! – La llamó él. Ella se giró despacio.
-¿Qué ocurre, Sendoh?
-¿Cuántas veces te tengo que decir que me llames Akira? Recuerda que estamos casados – dijo el jugador de baloncesto.
-Lo tendré en cuenta, lo prometo. Ahora dime, ¿ocurre algo?
-Yo no… esa chica…
-Tranquilo. Me he acostumbrado a ver a chicas declarándose – le sonrió dulcemente. – Además, no puedo hacer nada si eres popular entre las chicas.
-Pero es que no quiero que pienses que…
-Nunca lo pensaría. Otra cosa es que te pille con otra en la cama – comenzó a caminar hacia las escaleras.
-Eso nunca pasará – gritó un poco él. Ella se volvió hacia él y le sonrió con los ojos cerrados. – Nos vemos en la cena.
-Sí. Espero que no se mucho lo que tengas que hacer – le deseó él.
-Tengo un baile que organizar pero lo intentaré – empezó a bajar las escaleras.
El gran día llegado y todas las chicas se preparaban en sus habitaciones. Estaban nerviosas ya que, por primera vez desde que se fundó ese instituto, podían asistir con chicos de otros institutos de la zona y no sólo los de Lyons Graven. Todas estaban entusiasmadas por aquello. Intuían que ese baile iba a ser diferente. Las chicas del Comité estudiantil estaban arreglándose pero una de ellas no paraba de vomitar en el servicio. Las demás se miraron sorprendidas. Sumiko se acercó a la puerta del baño y tras dar varios golpes, preguntó:
-¿Estás bien? Marina, responde.
-Sí, lo siento. A-ahora salgo – dijo Marina desde el baño. Se escuchó la cadena.
-¿Qué es lo que te pasa? – Le dijo Sumiko abriendo la puerta del baño.
-Seguro que tengo el estómago algo revuelto – respondió la chica del cabello castaño oscuro.
-Debemos darnos prisa. Los chicos están a punto de llegar – habló Aya cuando las dos chicas se acercaron.
-Selenia, ¿puedo hablar contigo un momento, a salas? – Le pidió Marina con la mano en el estómago.
-¿Hablar conmigo? – Preguntó sorprendida Smuk-sama. Marina asintió con la cabeza. – Está bien.
Aya tenía un vestido corto de encaje en color maquillaje, sin mangas y con escote redondo; Marina se había puesto un vestido corto de guipur en color menta, que tenía manga corta, escote barco y un detalle de abertura en la espalda; Chie se atavió con un vestido corto de color rosa, con falda de tul y un adorno de strass en la cintura. Los tirantes eran regulables y desmontable, un forro a tono y un cierre de cremallera latera; Emi se decidió poner un vestido corto en color azul marino, con adorno de pedrería en los hombros. Tenía las mangas cortas, forro a tono y cierre en la espalda; Sumiko llevaba un vestido corto en color verde esmeralda con forro a tono. Tenía un escote de palabra de honor y detalles de pedrería en cintura; Selenia acicaló con un vestido tipo kimono con un estampado en beige, naranja y azul, las mangas eran francesas y se puso un lazo en la cintura para ceñirse el vestido al cuerpo. La ojigris se acercó a su amiga y ambas se quedaron un poco apartadas de las demás. No podía creerse lo que su amiga le estaba contando. De pronto, la puerta de la habitación se abrió dando paso a sus acompañantes.
-Díselo. Ya se me ocurrirá algo para que no te expulsen – le dijo Selenia mientras que Mitsui se acercaba a ellas.
-¿Expulsar? ¿A quién? – Preguntó el jugador de baloncesto.
-A nadie, Mitsui. No te preocupes –Selenia le sonrió a su amiga y se acercó a su marido.
-Estás muy guapa – le cogió las manos y les besó los nudillos.
-Gracias, Sendoh – le sonrió Selenia. – Perdón, Akira.
-¿Cuándo será el día en que, nada má verme, me dirás Akira? – Le dijo el jugador de ojos azules.
-Pero si te he llamado por tu nombre – se quejó ella.
-¿Siempre os ponéis de acuerdo para todo? – Les preguntó Koshino desde la puerta.
-Es que esta vez no es obligatorio ponerse vestido largo y estamos seguras que no vamos a ser las únicas que iremos con los vestidos cortos – explicó Emi acercándose a Rukawa. – Además de que con vestidos cortos se puede bailar mejor.
-Eso es cierto – afirmaron Chie y Sumiko a la vez. – Y son más cómodos.
-Venga, chicas. Deberíamos haber ido ya – les dijo Aya cogiendo el brazo de Uozumi.
Las seis parejas bajaron a la planta de abajo y salieron al patio trasero para caminar hasta el gimnasio trasero. Por el camino, Mitsui y Marina caminaban los últimos mientras hablaban sobre algo que les incumbía a los dos. Selenia y las demás parecían no querer saber cuál era el motivo de los repentinos vómitos de su amiga, aunque Selenia ya lo sabía. Cuando entraron el gimnasio, los demás invitados se quedaron mirando. Smuk-sama dio por abierto el baile y todos se pusieron a bailar, por parejas, en grupos…. Los profesores se encontraban pegados a la pared vigilando a las alumnas, a la vez que ligaban con las profesoras del Mont Lyons pero todas preferían irse con el profesor de Física, Akiyoshi Sendoh.
Alrededor de las doce de la noche, Selenia y Sendoh había decidido salir un poco de aquel ambiente y se acercaron a la piscina, donde ella se quitó lo tacones. Le dolía los pies. Ambos se sentaron en las butacas. Ella apoyó la cabeza en el hombro de él con una sonrisa en los labios. Ella cogió la mano del chico que estaba a su lado y la puso entre las de ella. Cada vez que estaba con él se sentía feliz y querida, algo que no había tenido por parte de su abuelo paterno. Aun así, a esas alturas, ya no le importaba ya que lo tenía a él. Entonces, Sendoh le dijo:
-¿Qué es lo que le pasa a Marina?
-Está embarazada, parece ser de poco tiempo – contestó ella cerrando los ojos.
-¿Eso es lo que estabais hablando cuando hemos llegado?
-Sí. Temía que, cuando se supiera, los profesores las pudieran expulsar.
-¿La pueden expulsar por quedarse embarazada? – Preguntó sorprendido.
-Vosotros sabéis algunas de las normas, no todas. Créeme que si se supiera, la mayoría de las chicas ya se habían ido. Además de que nosotras seis tenemos otro tipo de normas… Y sí, le pueden expulsar sino le obligan a abortar.
-Tu instituto es demasiado raro – ella no puso evitar reírse.
-Lo sé pero por mucho que queramos salir de aquí, nunca podremos… aunque estemos casadas con vosotros.
-Eso quiere decir que… - comenzó a decir el jugador de baloncesto.
-No estaré contigo en Kanagawa. Que cuando os vayáis en marzo, será un adiós puede que no se definitivo pero, es un adiós – terminó diciendo ella con tristeza en los ojos y sin mirarle.
-Pero tu hermano está en Kanagawa… lo más lógico es que estés con él… así os contaría la matrícula la mitad y estaríamos juntos.
-No hay otra cosa que más quiera que estar contigo en Kanagawa pero cuando entras aquí, no hay manera de salir o al menos hasta… - se quedó callada.
-¿Al menos hasta…? – Repitió él pero se dio cuenta que ella no se lo iba a decir. – Te esperaré el tiempo que haya falta hasta que te vuelva a ver.
-¿Y si no nos volvemos a ver? – Levantó la cabeza para mirarle mejor. Él le puso la mano en la mejilla.
-Nos volveremos a ver. Al menos eso es lo que siento. Quiero que recuerdes una cosa; sólo me haces falta tú para ser feliz y, créeme que sin ti, no podría ser yo – le dijo él con una sonrisa que mostraba un gran amor.
Se fueron acercando poco a poco hasta que juntaron sus labios. Hacía mucho tiempo que no podían estar solos y ahora que lo estaban, debían aprovechar. Él la fue acostando en la butaca sin dejar de besarla. Puso una de las manos en uno de los muslos, debajo del vestido. Subió esa mano pero esa vez no lo detuvo en ningún momento. Ella rodeó el cuello con los brazos, poniendo las palmas sobre sus omoplatos. Algo dentro de ellos hacía que querían demostrarse lo que sentían el uno por el otro. Se separaron un poco mirándose a los ojos. Sendoh le acarició la mejilla con las yemas de los dedos mientras seguía mostrándole esa sonrisa. Apoyó la frente en el pecho de ella y se puso acariciarle el pelo. Les encantaban estar así. El sonido de unos pasos hizo que Selenia mirase hacia el frente pero en ningún momento apartó a Sendoh.
-Aya… - dijo ella. El jugador de baloncesto se reincorporó hasta que quedó sentado de nuevo.
-Selenia... debes venir ahora al gimnasio – le pidió su amiga.
-¿Ocurre algo? – Expuso extrañada.
-Ven, vamos – le dijo Aya con cara de preocupación.
-¿Quieres que vaya contigo? – Le preguntó Sendoh con un sentimiento extraño.
-No, sólo debe venir Selenia – intervino Aya. – Rápido, por favor.
-Ahora vuelvo – le dijo la hermana de Rukawa al chico con el que estaba.
-Está bien – le sonrió.
Las dos chicas se marcharon hacia el gimnasio. La sensación de intranquilidad fue aumentando al ver que ella tardaba. Se levantó de la butaca y se dirigió al lugar donde se estaba llevando a cabo el baile. Se extrañó al ver a todos los invitados, incluidos a los profesores, afuera y mirando hacia el gimnasio. Se acercó a sus amigos y comprobó que las caras de Hanagata, Mitsui, Uozumi, Jin y Rukawa trasmitían inseguridad, preocupación y miedo. Sendoh optó por preguntar a Koshino:
-¿Qué hacéis aquí?
-Nos han echado de la fiesta – respondió Koshino.
-¿Quién? – Interrogó ente sorprendido y extrañado.
-No lo sabemos. Es un chico castaño que se ha encerrado con las chicas del Comité, incluido con Smuk-sama – le contó Uekusa.
-¿Qué? ¿Selenia está allí dentro? – Exclamó Sendoh. – Debemos llamar a la policía.
-No podemos. Si lo hacemos, las matará a las seis. No nos vamos a arriesgar a que les pase algo – intervino Mitsui.
-Pero… nuestras mujeres… - comenzó a decir Sendoh.
-Yo tengo a mi hermana y a mi esposa dentro. ¿Crees que no me gustaría llamar a la policía y que la saquen de ahí? Pues sí pero no quiero que las mate… a ninguna – habló Rukawa.
-Pero… ¿quién…?
-El ex novio de Sumiko. Parece ser que tienen una cuenta pendiente. Algo que pasó el año pasado…. – contó Hanagata. – Lo siento mucho.
-No debes disculparte. Ya verás que ellas saldrán ilesas – dijo Jin.
De pronto, un disparo se escuchó proveniente del gimnasio. Los seis chicos se preocuparon y rezaron, mentalmente, porque no les hubiera dado a ninguna. Después de eso, todo fue silencio. No saber qué era lo que estaba pasando, les ponía de los nervios. No querían perderlas. Los chicos tuvieron que ser agarrados por sus compañeros para que no se acercasen al pabellón. Varios minutos tiros volvieron a sonar y temieron lo peor. Era como si adentro del gimnasio se librase un tiroteo entre bandas yakuzas. Todos los que estaban ahí tenían el alma en vilo de no saber qué estaba pasando. Sin previo aviso, una gran explosión hizo estallar las puertas y los cristales de las ventanas del pabellón. Los que estaban afuera cayeron hacia atrás debido a la fuerza expansiva de la explosión. Cuando se pudieron levantar, los seis chicos que prometieron proteger a las seis chicas más importantes pusieron los ojos en blanco. El gimnasio estaba envuelto en llamas. No podían creer lo que sus ojos veían. Sus mentes se negaban a pensar que ellas estaban allí dentro. Para ellos, ellas estaban por salir de entre las llamas pero en ningún momento eso pasó.
-Selenia… ¡Selenia! – Gritó Sendoh yendo hacia ese edificio que ardía en llamas pero fue detenido por sus amigos. - ¡Soltadme! Tengo que ir a salvarla…
-¿Estás loco? ¡Puedes morir! – Le decía Koshino.
-Marina… mi hijo… - murmuró Mitsui cayendo de rodillas y con los ojo en blanco.
-Aya… - dijo entre lágrimas Uozumi y con la mano tapándose la cara para que no le vieran llorar.
-Emi… Selenia… - dijo Rukawa en estado shock.
Hanagata lloraba sin poder hablar ni pronunciar ninguna palabra y Jin estaba igual que el ex pívot del Shoyo. Akiyoshi miraba con tristeza a su sobrino. No quería verlo de aquella manera. "Ellos sólo tenían que protegerlas… no enamorarse de ellas" pensó el profesor mirando hacia otro lado. Cuando no tuvo más fuerzas para seguir tirando, Sendoh se dejó caer de rodillas en estado de shock. Sus compañeros le miraban con tristeza pero no sólo por él sino por los seis chicos que lloraban por las chicas que estaban dentro del gimnasio. De repente, una nueva explosión se escuchó pero esta fue más fuerte.
