Sombras y Susurros
Disclaimer: Naruto no me pertenece.
Capítulo: "Le gustas"
"Es más fácil analizar una situación cuando no se está dentro de ella. En ocasiones, son terceros los que saben más que los actores principales de una acción. Todo se basa en una secuencia de demostración y observación."
Repasando mentalmente, Shikaku se sentía un idiota. Es decir, había estado los últimos dos días pensando una buena excusa, había ido hasta allí, y en el preciso momento en que sus puños se apretaron para tocar la puerta; retrocedió. Maldijo en voz baja, él no era un cobarde y por ende, no iba a echarse para atrás. Tocó la puerta.
El joven esperó pacientemente un par de minutos antes de volver a tocar.
Pasados tres intentos, Shikaku supuso que Yoshino no estaba en casa y que estaba perdiendo en tiempo aguardando por alguien que no se hallaba del otro lado de la puerta.
— Si buscas a Yoshino ella está de misión.
Shikaku se giró topándose con Kushina Uzumaki. La chica iba comiendo un par de dulces y llevaba ropa de entrenamiento. Shikaku asintió y bajó los escalones del pórtico antes de saludarla correctamente.
Kushina parecía tan sonriente como era usual, aligerando su ocasional mal carácter con sus mejillas arreboladas por un esfuerzo anterior.
— No sabía que eras amigo de Yoshino, ella es genial — Expresó con total libertad, terminando su dulce. — No tan genial como yo, obviamente, pero está bien.
Shikaku no respondió. No podía decirse que fuera amigo de la chica, a pesar de que habían conversado mucho no se habían citado por el placer de verse, por lo cual no encajaban como amigos. Conocidos, más bien.
Pero un conocido no iría en su búsqueda con una excusa para conversar con ella. Bien, no era del todo una excusa, pero lo era a medias.
Kushina parloteo un rato, conversando con él, cuando de repente lo miró seriamente antes de sonreír para un lado con cierta malicia.
— Oye, Shikaku, no será que ella te gusta ¿Cierto?
Shikaku suspiró, negando con la cabeza ¿Por qué Kushina procuraba emparejar a todo el mundo desde que empezó a salir con Minato?
— Kushina, apenas conozco a Yoshino.
La pelirroja se encogió de hombros, restándole importancia al argumento.
— ¿Qué con eso? Puede gustarte alguien sin que lo conozcas mucho.
— Eso sería algo platónico, Kushina.
La joven se rió estruendosamente.
— Que va, para que sea platónico tiene que ser irrealizable. Aunque Yoshino es difícil…. Oh, cierto, Minato me espera — Kushina comenzó a corretear apresuradamente, pero unos segundos luego de giró y gritó — ¡Suerte con ella!
La muchacha se interrumpía a sí misma en medio de las oraciones, murmurando y maldiciendo en momentos, cuando perdía la paciencia. Shikaku sonrió, sí, era refrescante ver que a pesar de que él se veía olvidado a crecer, otros permanecían llenos de juveniles ánimos.
Shikaku volvió a negar con la cabeza, resignándose a que Kushina nunca cambiaría. Por otro lado pensó, debería irse él también. Comenzó a caminar, buscando un sitio donde tomar una siesta. Normalmente iría a su casa, pero estaba tratando de huir de sus deberes, al menos por un par de horas. Desde que había aprobado el matrimonio de su primo, numerosas familias lo habían amonestado por eso. "Hay cientos de buenas chicas en el clan, debiste haberlo hecho reconsiderar eso" "¿Habiendo tantas otras candidatas, ella?" "¡Shikaku, es una locura!"
Suspiró. No iba a reconsiderar nada. Era la decisión de su pariente, no suya. Y si le preguntasen, cosa que nadie había hecho, a él le daba lo mismo la procedencia de la esposa. Es decir, su técnica familiar no era hereditaria, sino aprendida. Por lo cual la modificación sanguínea no era demasiado importante.
Caminó por Konoha hasta encontrar un pequeño espació entre el follaje. Lo que le pareció media hora luego sintió como una sombra cubría sus ojos, donde antes el sol le daba de lleno calentando sus mejillas. Abrió los ojos y un par de segundos luego, enfocó lo que eran largos mechones de cabello oscuro. Yoshino estaba parada a su lado, con una mueca que no supo identificar si era de molestia o burla.
— ¿Qué haces en medio de la nada, Nara? ¿Sabes qué hora es?
Shikaku se sentó en la hierba, apoyando su peso en un brazo y fregándose los ojos con la mano libre. Noto como el sol había cambiado de dirección. Había dormitado más que "solo media hora". Masculló una maldición y redirigió sus ojos hacia la figura femenina que sin una sola palabra más se desplomó a su lado.
— Me dormí… ¿No estabas de misión?
Yoshino alzó las cejas.
— Sí ¿Cómo lo sabes?
Shikaku le dijo, sin demasiadas vueltas, que había ido a buscarla a su casa por instrucciones de superiores porque necesitaban de sus servicios. Luego de esto, comentó que Kushina le había informado sobre la misión.
— Ya veo — Respondió y comenzó a sobarse las pantorrillas — ¿Y la parte de que te duermes en cualquier sitio, Nara?
— Estaba muy cansado, aparentemente tú también lo estás ¿Qué haces tú aquí?
Ella se encogió de hombros mientras arremangaba los bordes de su pantalón y procedió a explicar que había estado entrenando cerca de allí cuando lo vio tendido en el suelo.
— ¿Acabas de llegar y entrenas?
— A tu diferencia, Nara, no soy holgazana.
Shikaku se incorporó mejor y dejo descansar sus brazos sobre sus rodillas dobladas. Eso de "Nara" había comenzado a fastidiarlo. Yoshino lo usaba con un tonó de suave reproche, y para mantener una prudente distancia entre ambos. Una que él mismo no había notado, pero que ella misma había impuesto como regla.
No había tardado en darse cuenta que ella era una mujer que mantenía las relaciones en constante equilibrio. Ella elejía cuidadosamente quien podría acercarse a ella, y las formas en las que lo permitiría. Aquel hecho, llamarlo por su apellido, mantenía la prudente distancia entre ambos.
— Llámame Shikaku, mujer. — Él le indicó, con un ligero tono de molestia.
— Todos los nombres de los Nara suenan parecidos; Shikaku, Shikamaru, Shikano, Shikaru, Shikami, Shikari, Shikaremi… — Yoshino enumero, masajeando los músculos de su pantorrilla — Oye, ya es bastante tarde ¿Entrenamos y cenamos luego?
Yoshino se levantó del césped y le tendió la mano. Ella había arremangado su pantalón para masajear sus músculos adoloridos y mientras la joven acomodaba los bordes de nuevo, Shikaku apreció de reojo las modeladas piernas de ella. Ciertamente el era, y siempre sería, un hombre de piernas. Y Yoshino las tenía largas, fibrosas y esbeltas.
Para su buena fortuna, ella no se había percatado del camino de sus ojos sobre ella.
— Bien.
Shikaku se levantó de su lugar y comenzaron su entrenamiento. Su primer pensamiento al ver a Yoshino, recordó, fue que ella era una mujer y por ende debería de ser más débil. Luego, al verla luchar, descubrió en sus ojos una determinación que no lograba hacer encajar con el modelo que le había asociado a primera vista. Pero cuando ella lo golpeaba sin piedad, pensó que, demonios, ella podría matar a cualquiera.
Al principio había planteado contenerse, pero a medida de que iban avanzando, dejo poco a poco su energía resurgir. Aunque, siendo honesto, siempre contuvo sus ataques de una u otra forma, principalmente porque no iban del todo en serio. Ella tampoco luchaba con todo lo que tenía.
El cabello de Yoshino flameaba en una flotante masa espesa de cabello oscuro. Nunca pensó que podría distraerse con algo tan mundano como eso. Pero allí estaba, él mirando las distintas tonalidades que la melena morena de ella podía tomar al sol. Y las formas apenas onduladas que formaban en el aire cuando ella giraba.
Al anochecer se detuvieron. El entrenamiento había sido netamente físico, sin armas de por medio. Ya que, según ella, la misión había sido puramente democrática y ella necesitaba estirar sus músculos. Cuando Yoshino calló de nuevo al suelo, extasiada por la liberación de energía, le enseñó la que fue la primera sonrisa abierta por su parte.
Decir que quedo deslumbrado sería exagerado, pero le parecía hermosa. Gustoso, disfruto el pequeño gesto hasta que ella lo oculto tras su puño, pero sus ojos aún brillaban por la sonrisa. Shikaku sonrió también, más por corresponder su gesto y por la complacencia de hacerla sonreír que por el gusto de terminar un entrenamiento.
— Eres un buen compañero de entrenamiento, Shikaku, pensé que serías más vago.
Él frunció el cejo, apoyándose contra un tronco se cruzó de piernas aún de pie. Sonrió ligeramente cuando escucho su nombre. Algo tan impersonal como "Nara" no era de su agrado.
— Puedo ser tan activo como sea necesario en ocasiones — Acotó, encogiéndose de hombros — Pero tiene su cuota de energía ¿Cenamos?
Ella tomó la mano con la que él le ayudó a levantarse y asintió comenzando a caminar sin esperarlo. Sin consultarle lo dirigió hasta el primer restaurante que encontró y se sentó en la barra. Shikaku se dejó guiar, sin importarle demasiado el sitio y encontrando encantador de una curiosa manera la forma apenas coqueta en que Yoshino lo guiaba hasta el destino.
Sentados en la barra se encontraron con amigos, mientras estos engullían sus respectivos platos, Inoichi, Moruken, Chouza, Chitsu, Kushina, Minato, Mikoto y Tai. Ellos al verlos llegar juntos no tardaron ni un par de segundos en mirarlos de arriba hacia abajo, preguntándoles con una sonrisa. Para gusto de Yoshino, Moruken interrumpió y desvió la conversación en múltiples ocasiones.
Pero como Kushina no se rendía con facilidad apenas tuvo un momento, y recordó lo que deseaba preguntar cuando Shikaku detuvo sus ojos más de lo necesario en Yoshino.
— Oigan ¿Qué hay entre ustedes dos, uh?
Yoshino y Shikaku se miraron y se encogieron de hombros.
— Somos compañeros y entrenamos juntos, a veces. — Yoshino dijo — Nos salvamos el pellejo en un par de ocasiones, solo eso.
— ¿Y salen a cenar juntos, por qué…? — Mikoto consulto, mientras procuraba que Tai Inuzuka no le robara sus condimentos.
— Terminamos de entrenar y teníamos hambre — Shikaku respondió. — Si esto fuera una cita, estaríamos en un lugar más apropiado ¿No es así?
Yoshino asintió, volviendo a sorber sus fideos.
— ¿Y ustedes, por qué no nos invitaron? — Se quejó la morena.
— Porque no los encontramos en ningún sitio — Chouza indicó, mientras Chitsu se pegaba más a su brazo. — Calculábamos que se habían perdido por allí.
Yoshino frunció el cejo y Shikaku se sonrojo ligeramente. Él conocía las expresiones "educadas" se sus amigos.
— Ea, Chouza, no me adhieras una maña de Inoichi. — Shikaku bromeó.
— ¡Eh, que solo fue una vez!
La cena pasó rápido. Era ameno juntarse de vez en cuando, aunque fueran solo unas pocas horas y sin un motivo en especial. Entre las risas, las anécdotas, las memorias traídas a colación, las burlas y las conversaciones atípicas, la noche voló. La amistad era algo que habían encontrado en ese grupo y antes de darse cuenta, nuevas integrantes se habían agregado y una nueva salida se había planeado.
Moruken sonrió mientras movía sus caderas en un contoneo grácil, casi como si el ruido de sus tacos formarán una canción para ella. Un par de pasos y comenzó a tararear. A su lado Yoshino la observaba curiosa. Era notable que la relación de Inoichi y su mejor amiga no hacía otra cosa sino mejorar, podía apreciarlo en los ojos brillantes de Moruken.
Caminaron por las calles casi vacías de su pueblo con los tarareos de la rubia como única melodía. El frió álgido había caído finalmente sobre las calles, anunciando un próximo invierno. Las jóvenes se refugiaron más en sus ropas, aunque disfrutaban de los golpes sutiles de las ráfagas frías. Al final de aquella velada todos se habían despedido en la puerta. Yoshino era estúpida, había reparado en como Shikaku la miró de reojo, dubitativo, antes de irse por su camino.
¿Había estado a punto de ofrecerle acompañarla a casa?
Nunca lo sabría porque Moruken, ingenuamente inoportuna, le recordó que iban por el mismo camino. La natural avidez de la rubia se veía nublada por floridos sentimientos y especulaciones sobre su relación. No podía culparla por vivir entre esponjosos algodones de amor. Cursi.
—Creo que le gustas a Shikaku — Murmuró Moruken suavemente, risueña — No vas a decirme que no te has dado cuenta.
—Te apresuras, tal vez le guste un poco, pero eso no significa nada.
Moruken se giró y comenzó a caminar hacia atrás. Yoshino se había retrasado y mermado el ritmo de su caminata. Las baldosas húmedas por el rocío sonaban contra los tacones de Moruken y eran acompañados por los suaves golpes de su calzado deportivo. La rubia le sonrió con mil palabras en su gesto.
—Él te gusta — Declaró — Y no me llames apresurada, que se que de no gustarte aunque fuera mínimamente, no le habrías permitido acompañarte a cenar. Eres predecible; no das esperanzas a menos que las tengan.
Yoshino le sonrió y se encogió de hombros, no dispuesta a darle una respuesta. Moruken susurró algo como "el que calla otorga" y siguió caminando un par de pasos delante de ella en un cómodo silencio envuelto en brisas frescas por unas cuatro cuadras.
— Bien, es amable.
— ¡Lo sabía! — Moruken estalló.
Había estado conteniéndose, dándole su espacio, caminando despacio solo para picarla y obtuvo lo que quería. Yoshino suspiró, sabiendo su plan desde un inicio y acomodaron su ritmo mutuamente.
— Que no signifique que me guste como para ir a por él — Especifico — y puede que yo tampoco le guste como para que venga a por mí.
— Él fue a buscarte hoy.
— Necesitaban mi colaboración.
— ¿Fue tan urgente para ir a buscarte, pero no para suspender un entrenamiento y una cena? — Moruken se burlo —Oh, le gustas.
Yoshino negó con la cabeza y se rió quedamente.
— Chismosa.
Moruken le sacó la lengua, juguetona.
— Y a mucha honra.
:-:
Me costó un poco continuar la historia. Porque tenía en mente verias formas de hacerlo. Y aunque este capítulo tiene algo en la narrativa que lo siento del todo mío, creo que está bien. De todas maneras, estoy totalmente decidida a terminarlo. Y aunque no creo que sea realmente relevante, le quedan, a los sumo tres capítulos más a este fic.
Amo a esta pareja, que se diferencia bastante del Shikatema, a mi modo de ver, porque tienen ese algo que los hace funcionar.
Pienso que en el Shikatema, lo que se disputa en la mayoría de las temáticas es un tipo de "control" o "poder" sobre el otro, una negación, y una atracción magnética. Yo pienso en el ShikaYoshi como algo más sutil, más espontaneo y menos dramático. Algo casi lógico. Y a pesar de que adoro el Shikatema, que es como un juego, una pequeña competencia, lo veo diferente que al ShikaYoshi. No sé, cosas mías.
Bueno, gracias por leer, incluso estas notas de autor que no le interesan a nadie, je. Besos.
