CAPÍTULO 8
Año y medio después…
Os voy a hacer un resumen de este año y medio de entrenamiento intenso: nos ahorramos lo de la vista de águila (ya sabéis por qué), pero de las lecciones de combate con todo tipo de armas, (que debo decir que las hojas ocultas son increíbles), y del hecho de aprender a escalar no me libraba. ¡No sabéis la cantidad de caídas y golpes que me he llevado! Bueno, gracias a eso progresaba rápido.
Os voy a hablar de la vez que les di una terrorífica sorpresa a mis mentores. ¡Que no celebrase Halloween aquel año no significaba que no me diese un pequeño gusto! De modo que, antes de que Ezio y Altaïr llegasen a la sala de entrenamiento (se me olvidó nombrar que era la misma sala donde conocí a ambos Asesinos), me escondí en la parte superior de la sala tras apagar las velas que la iluminaban, dejando una encendida. No pude evitar dibujar en mi rostro una diabólica sonrisa al ver a mis confusos maestros. Entonces, con ayuda de una cuerda, descendí una figura que fabriqué yo mismo con tela negra y madera que había por ahí, logrando crear una silueta en forma de murciélago gigante, y la dejé colgando delante de la vela encendida para que proyectase una gigantesca sombra en la pared que había enfrente de la vela antes de empezar a hacer ruidos siniestros mientras balanceaba la figura. Ambos Asesinos empezaron a ponerse nerviosos. Para continuar con mi plan según lo previsto, dejé caer la figura al suelo haciendo que pareciese un descuido, y me fui rápidamente de mi posición mientras Ezio y Altaïr investigaban la zona donde había caído el artefacto. Yo ya estaba en el suelo, acercándome sigilosamente a ambos por detrás justo mientras Ezio gritaba a la nada:
-¡Estás perdiendo facultades, Jack! Deberías retirarte del puesto de Rey de Halloween.
Entonces di un grito tan terrorífico que ambos Asesinos pegaron tal brinco del susto que un poco más y llegan al techo, si se me permite exagerar. No pude aguantar las carcajadas al ver sus caras.
-¡ME CAGO EN TU MADRE!- gritó Ezio, aún temblando y con una mano en el pecho- ¡Menos mal que estoy muerto, porque si no, menudo infarto me hubiese dado!
-Si te soy sincero- dije, con una sonrisa traviesa- no me arrepiento de nada. Echaba en falta ver caras como las que tenéis vosotros ahora mismo.
-¡Mira que soy difícil de asustar!- exclamó Altaïr.
-Eso es porque no me conocías antes. Tú busca en un diccionario la palabra "miedo" y seguro que sale mi cara.
Tras esta experiencia no volví a dar ningún susto a mis pobres mentores. Aparte, hice algunas misiones a pequeña escala por la ciudad (por supuesto, de incógnito): un interrogatorio por allí, dos o tres hurtos por allá y algún que otro momento en el que tenía que espiar conversaciones.
No todo era entrenamiento físico (bueno, eso era el 99,9%). Resulta que me enseñaron las tres reglas fundamentales del credo de los Asesinos:
1º: Aparta tu hoja de la carne del inocente.
2º: Camúflate entre la gente y fúndete con la multitud.
3º: Nunca comprometas a la Hemandad.
Y por lo que me enseñaron, la máxima del Credo de los Asesinos es algo así como: "Laa shay'a waqui'un moutlaq bale koulon moumkine" Para quienes no sepan árabe, eso significa "Nada es verdad. Todo está permitido". Básicamente, el significado de esta frase es, según Ezio: "decir que Nada es Verdad supone darse cuenta de los cimientos de la sociedad son frágiles y que debemos ser los pastores de nuestra propia civilización. Decir que Todo está Permitido es comprender que somos los arquitectos de nuestros actos y que debemos vivir con las consecuencias ya sean gloriosas o trágicas" Lo que entendí es que somos dueños de nuestros actos y arquitectos de nuestro propio camino, y que no debemos dejar que nadie nos haga cambiar de forma de pensar.
Pero lo más espectacular de todo fue mi primer salto de fe. Para que os hagáis una idea es lanzarte desde un edificio muy alto hasta un montón de paja que hay en el suelo. Es una forma más rápida de bajar un edificio sin tener que deshacer lo que has escalado. Aprovechamos la gran altura de mi casa para hacerlo (que, si se me permite decirlo, hay unas vistas espléndidas desde allí arriba). Para ese día, y por petición de un servidor, me puse la túnica de Asesino que, con capucha y todo, me quedaba como un guante.
-¡Jack, estás increíble!- exclamó el ex alcalde cuando me vio.- Por cierto, Altaïr y Ezio están ya arriba seguro.
-Hay que ver que desconsiderados son –respondí, antes de suspirar- Bueno, pues no tengo más remedio que subir solo.
-Suerte. ¡Y no te rompas un hueso!
-Ese es el chiste más malo que he oído en toda mi vida- dije, entre risas, mientras salía por la ventana para empezar a escalar.
Cuando llegué a lo más alto, vi a ambos Asesinos de pie y de brazos cruzados.
-Bueno,-dijo Altaïr- esta es la prueba de fuego de todo Asesino. Te voy a dar un consejo para el salto de fe. Simplemente ten fe, y salta. No tiene otra ciencia. Si superas esta prueba, eres oficialmente un Asesino.
-¿Hay algo abajo que amortigüe la caída? No vaya a ser que os permitáis una venganza por el susto que os di – dije, mirando mal a mis mentores.
-Tranquilo- respondió Ezio- eso ya está olvidado. Ahora camina por esa pasarela con cuidado de no caer y, cuando llegues al final y cuando quieras, salta.
Hice caso a lo que Ezio me dijo, aunque pasó algo increíble: mientras caminaba por la pasarela, vi a mi derecha una especie de reflejo o visión translúcida de mi padre, también vestido de Asesino, que caminaba a la misma vez que yo por la pasarela. Cuando ambos estábamos el extremo de esta, aquel reflejo me miró con una sonrisa paternal antes de saltar, momento en el que se transformó en una nube de cuervos que desapareció ante mis ojos. Entonces en mi cabeza resonó aquella frase: " ten fe y salta", y me vino un torrente de recuerdos sobre cómo había llegado hasta allí, todos los motivos que me habían dado fuerzas para continuar hasta aquel día, en el que estaba a punto de lanzarme al vacío y convertirme oficialmente en miembro de la Orden de los Asesinos. Entonces salté.
Lo poco que recuerdo de aquellos breves instantes fue la maravillosa sensación que noté, como si estuviese volando. También recuerdo que, cuando caí sano y salvo en la paja, di las gracias a aquella aparición que me dio ese empujón de fe que me faltaba.
Desde aquel día fijamos nuestro punto de mira en el objetivo principal: dar caza a Oogie Boogie, acabar con los templarios y devolver a la ciudad a la normalidad.
