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- ¡Libera a Yukina, maldito chaparro!- Harto de ver a la korrine amenazada con ese látigo, creo su Espada Espíritu y corrió hacia ella.
- No lo creo, pelmazo- Sonrió el jefe de la Banda Lavigne- ¡División Two/Two!
Estando a punto de llegar al escenario, Kuwuabara vio como el látigo se dividía en dos tiras, produciendo movimientos serpentinos entre sí, que pronto lo atraparon en el aire.
- ¡No, bastardo!- insulto, con los pies elevados del suelo.
- ¿Porque no jugamos? ¡Descarga Toro/Toro!
Medio estadio escucho el grito agonizante de Kuwuabara.
- ¡Kazuma, no! ¡Kazuma!
A la altura de los reflectores de luz, el cuerpo de Hiei apareció como una gigantesca sombra tenebrosa. Todos en la subasta pudieron verlo.
- ¡Hiei-san!- Yukina abrió los ojos, pasmada.
Hiei salto justo cuando le arrojaron una bola de yoki que tenía por objetivo su cabeza, que logro eludirlo con un veloz movimiento que nadie vio.
- ¿Sigues vivo, inmundo animal?- Hiei entrecerró los ojos fastidiado, antes de tocar tierra.
- ¿A quién le hablas, enano?- Kazuma se hizo oír en el aire, dañado por las descargas eléctricas.
- Hnn. Siempre supe que estabas en las nubes.
Kuwuabara sintió un poder demoníaco que amenazaba a su compañero. El peligro pertenecía a un hombre volador. No estaba volando en realidad, sus piernas desplegaban energía yoki para elevarse del suelo.
- Ya veo- mascullo Hiei- Te revivieron a base de yoki robado. Un truco del viejo negocio.
- ¡Quítate de allí! ¿Que no ves que...?
El demonio impacto contra Hiei.
Cuando Kuwuabara abrió los ojos que cerro por inercia, Hiei retenía el golpe de aquel demonio con una sola mano. Para esclarecer la duda, el "hombre volador" era Koros, "el Matador".
- ¿Qué diablos pasa aquí?- grito Yusuke, desconcertado porque la banda Lavigne estuviera allí.
- ¿No ve que todos los cazadores de recompensas y bandidos de importancia comienzan a aparecer para el gran final, joven detective?
- ¿El gran final? ¿Quiere emboscarnos?
- Solo hice lo que un inversionista haría en momentos de crisis. "Subastas de Jack" cerrara sus puertas con un último gran espectáculo.
- ¿Qué diablos significa eso?
Desde su puesto, Kuwuabara vio que el "el hombre volador" comenzaba a echar humo, no, no era humo, era un flujo de yoki que aumentaba en densidad mientras luchaba con el Jaganshi, este cada vez más cabreado.
- No tengo tiempo...- rugió el pelinegro, furibundo- ¡Para perderlo contigo!
Hiei hizo una maniobra que solo su cuerpo pequeño y ligero podía ejecutar sin falla y pateo la cabeza de Matador con tanta fuerza que lo desprendió de su cuello.
Yukina grito de horror.
Su hermano secreto recogió la cabeza del suelo y metió los dedos dentro de los ojos de su rival caído. Hurgando en la cuenca retina, Hiei sustrajo un pedazo de metal, muy parecido a un chip.
- Vaya, lo encontró- Halago Gran Apostador, impresionado.
- ¿Qué es eso que le saco?- pregunto Yusuke, asqueado al ver a su amigo hacer eso.
- Sin ese dispositivo, el cuerpo del difunto es incapaz de volver a moverse. Veras, es como quitar una carta de una baraja. El juego no tiene sentido si el cuerpo pierde esa pieza y tu colega descubrió el truco muy fácil.
Su breve existencia acabo tan pronto como empezó; Koros desprendió humo hasta que solo quedaron cenizas, muriendo definitivamente.
- ¡Koros!- Booshi gimió, angustiado. Siempre habían usado ese truco para salvar a su amigo y el Jaganshi lo arruino todo, esta vez para siempre. Los Lavigne nunca se preocuparon de verdad por Matador porque sabían que recuperando su cuerpo podían revivirlo las veces que hiciera falta.
Hiei aumento su ira al quemar el chip sin piedad.
- ¡No, eso no!
- ¿Lo rompió?- Gran Apostador se inclinó para adelante para observar mejor, interesado- Debe odiar estos trucos baratos; lo entiendo.
- Desata a la korrine si quieres vivir.
- Ni creas. ¡División Six/Six!
El látigo se multiplico en una docena, seis a cada extremo. Como serpientes, intentaron capturar a Hiei. El desfundo su espada y el choque de energía fue tal que las cuerdas se alejaron, indispuestas a continuar.
- Me late que voy a bailar con un toro- Musito Sombrero, atónito que su ataque no hubiese surtido efecto.
Yusuke sabía que si intervenía solo complicaría más las cosas; Hiei no estaba de su mejor humor para recibir ayuda.
Sintió una presencia. La figura de Fanfarrón se materializaba lentamente en el aire. Recordó lo que le contó Cuerdas sobre las habilidades de cada miembro del equipo. No sería bueno que Isho interfiriera. Subiéndose a las gradas, se lanzó a por Isho antes que este supiera que lo atrapo. En su afán de liberarse, a Fanfarrón no le quedo de otra que golpearle en la frente, esto a Yusuke no le dolió en absoluto pero sintió algo muy raro. Vio cosas extrañas y se sintió liviano, libre, igual que como cuando estuvo muerto.
Oportuna, Botan les dio en la cabeza con su remo a los dos. Fanfarrón vio colores antes de desmayarse y Yusuke se quejó del dolor.
- ¡Yusuke, despierta, no te dejes engañar!
- ¡Botan, maldita...! ¿Qué clase de ayuda fue esa?
-¿Estas despierto?
- Serás…
- ¿Donde esta Isho cuando se lo necesita?- Se preguntó Booshi, evadiendo uno de los golpes de fuego de Hiei.
Kuwuabara noto que debía hacer algo antes que Yukina viera como su héroe a ese enano. Trato de sacudirse entre las cuerdas de energía, que le daban una descarga de yoki cada vez que lo intentaba. En eso, descubrió algo importante.
El látigo mágico tenía un defecto, solo una de sus cuerdas era la verdadera y esa era la que tenía Sombrero.
Kuwuabara no perdió tiempo e invoco su Espada Espíritu. Observando a su objetivo, encontró el momento perfecto para probar su teoría; le dio un estoque a Sombrero, específicamente donde su cinturón llevaba un pequeño indicio de látigo que pocos podían ver.
Hiei paro el combate, rabioso por la interrupción. La estrategia del pelinaranja acabo en éxito cuando las cuerdas que tenían lo retenían tanto a él como a Yukina perdieron su potencia, liberándolos. Kuwuabara estuvo a punto de caer al suelo de la forma más ridícula posible, pero ante los ojos de su bello amor su cuerpo respondió de manera magistral antes que el látigo desapareciera. Yukina no pudo ver su galantería porque ante la presión del látigo mágico en sus músculos estaba exhausta, tocando el piso de rodillas.
- ¡Kazuma!- gimió ella, alegre de verlo ileso.
- ¿Cómo estas Yukina? ¿No estas herida?
- La verdad... Estoy feliz de ser libre.
Su sonrisa cautivo a Kuwuabara, causándole un furioso sonrojo.
- Por supuesto. Nunca dudes que yo siempre...
- ¡Kuwuabara!- grito Yusuke, desde su lugar- ¡Deja de hacerte el macho y huyan de aquí!
- Cierto- Omitiendo el insulto, supo que le llevaba razón- ¡Oye, enano, te dejo a ese!- Kuwuabara no supo porque Hiei lo miraba como si quisiera degollarlo- Ey, ¿Porque me miras así?
- ¡Oh, no, eso sí que no!- Clamo Booshi, tomando un azote ordinario de su cintura. En un segundo, lo convirtió en un vergajo largo y chispeante de yoki- ¡Vuelvan aquí, ganado!- Amenazo a la korrine y Kuwuabara, quien se puso delante de ella para protegerla- ¿Con que tu primero? ¡Aguántate, cara de caballo!
Hiei alzo su espada. No quería cuidarle la espalda a ese imbécil, pero tampoco debió humillarse por ayudarlo pues un imprevisto evento dejo a todos congelados.
- ¡Al ataque!
Una voz sacudió el estadio entero, igual que un anuncio de guerra.
La voz pertenecía a nada menos que a Tooya.
Para asombro de todos, el fue el primero de docenas de demonios que le siguieron, irrumpiendo en el escenario y destrozándolo todo.
Se alzó un escándalo increíble.
- ¡Son los prisioneros!- gritaron los cazarecompensas que reconocieron a sus presas, que esta vez venían por sus vidas. Ellos están tan llenos de adrenalina y deseosos de venganza que el cansancio, la desnutrición y el maltrato fueron pormenores que compensaron en la batalla. Sin pausa, salieron como locos.
Se levantó una pelea entre el público, los cazarecompensas y los prisioneros.
- Esto es una locura...- Botan se cubrió la boca, horrorizada por el subido nivel de salvajismo.
- ¡Al fin empezó la acción!- Celebro Yusuke.
- Veo que los planes cambiaron...- suspiro Gran Apostador, observando aquel caos con serenidad- No está mal.
- ¡No, no! ¡Esto no debe estar pasando!- Reclamaba Booshi con odio, sin saber a quién atacar por la muchedumbre en su camino, a veces empujándolo por culpa de su estatura.
-...No lo puedo creer- comento Kuwuabara, impresionado.
- Kazuma. ¿Habían tantos prisioneros como yo?- Se lamentó Yukina, al borde las lágrimas.
- ¡Yukina, por favor, no te angusties! ¡Vámonos!- La tomo de la mano para correr lo más lejos posible de allí.
Booshi vio ese intento de escape y enlisto el mejor ángulo para usar su vergajo cuando sintió algo rodeando su cintura, inmovilizándolo. Un látigo verde con espinas a punto de cerrársele por su cintura.
- Si lo intentas, te parto en dos.
Kurama miro con decisiva amenaza a Booshi.
- Eres tú, viejo ídolo.
- ¿Que se siente estar en tu propia trampa?- Ironizo, un petulante brillo dorado saltaba de sus ojos.
Ya con los pies en el escenario, Hiei reconoció el tono de esa voz, impresionado por el desprecio puesto en ella.
- Siempre llegas a tiempo, ¿no, Hiei?- le sonrió, como si no estuviera jugando con la vida de alguien en sus manos.
El atropello aumentaba de volumen en forma de bullicio y los ataques de energía combinados hacían estruendo en el espacio cerrado que cada vez se hacía más pequeño. Cada demonio buscaba pelear o defenderse, pocos trataban de huir.
- ¡Allá esta, arriba!- Yusuke apunto con dedo indecoroso al lugar desde donde estuvo observando los hechos, donde Gran Apostador seguía presente.
- ¡Es el!- grito Tooya, incrédulo.
Y no solo él.
- ¿Ese es...?
- No puede ser. ¿Está aquí?
- Nos está viendo desde su palmo presuntuoso, el maldito.
- No cabe duda, es el.
- ¡Gran Apostador!
Pronto, miles de ojos se fijaron en un solo punto: Gran Apostador.
El susodicho los contemplo a todos con una palma bajo su mentón, con un acostumbrado temple de quien es el centro de atención.
- Por favor, continúen- Pidió, con voz neutra.
Un silencio lleno de tenso sacudió a "Subastas de Jack".
Un segundo después, un unánime grito de odio arraso.
- ¡Tontos, no vayan! ¡Es muy poderoso!
- ¡Debemos vengarnos! ¡Él nos puso aquí!
- Oye- Hablo Yusuke, sin entender el ajetreo que se armó- Yo también quiero darle una paliza a ese tipo.
- Urameshi, no te conviene- le detuvo Tooya, temblándole la voz- Él es peligroso. Meterse con él es un suicidio.
- Me he enfrentado a muchos que...
- Él iba a ser el rey del Makai- Yusuke se paralizo al oír ese dato- Así es, es tan fuerte como tu padre o Mukuro. Te lo repito de nuevo, ¡no te involucres con el!
Yusuke quedo impactado. ¿Un tipo así, igual de fuerte que su padre?
- Tooya tiene razón- Botan se presentó encima de su remo- Él fue elegido para ser rey hace mucho tiempo, solo que rechazo el cargo.
Algunos con capacidad para volar fueron los primeros en aproximarse a Gran Apostador pero acabaron siendo repelidos por un campo de fuerza. Otros youkai subieron desesperados por los muros para alcanzarlo, aunque pronto sufrieron las mismas consecuencias.
- Van tras Gran Apostador- Murmuro Kurama, viendo el suceso- No los culpo, los cazadores solo hacían su trabajo, él fue quien los mando a cazar.
- ¿Y que, viejo ídolo? ¿Te molesta, te indigna, te avergüenza? ¡Esta es la esencia de los verdaderos demonios!
- Lo sé… Lo sabemos- Hablo por Hiei y el, sin mostrar flaqueza en su agarre.
- ¡Todos somos despreciables!
Sombrero se echó a reír.
- ¡Tu, maldito!
Hiei resoplo al oír la irritante voz de Kuwuabara. ¿Y que pretendía hacer ahora ese espantajo?
El pelinaranja fue el primero en acercarse realmente a Gran Declamador por detrás. Había usado la ruta convencional del edificio; subiendo pisos.
"Idiota", murmuro Hei en su mente, al no ver a Yukina se preocupó. La busco y encontró a salvo, sobre el remo de Botan.
- Miserable bastardo- escupió Kuwuabara- Por tu culpa, Yukina fue secuestrada. ¡Y miles de esos demonios también! ¿Cómo pueden hacerse eso entre ustedes?
- ¿Necesito una razón?- Gran Apostador se levantó de su silla con elegancia y lentitud frente al muchacho, dedicándole una sonrisa amistosa- Muy bien. Mi razón para todo esto es...Porque es un negocio.
Kuwuabara observo al demonio con creciente odio, aquellas palabras retumbaban en su mente. ¿Un "negocio"? ¿Esa era su respuesta para tanto dolor, la miseria de esa gente y su calamidad? Era cínico, repudiable, asqueroso, el horror en persona.
- ¡Tienes una cabeza muy retorcida! Puedo ver un alma oscura en ese hoyo de tus ojos, llenos de porquería.
- ¿Tú crees?- Gran Apostador chasqueo los dedos, dejando caer el campo de fuerza- Entonces, enséñame lo que es un alma pura.
Kuwuabara no pudo más. Su cuerpo tembló de ira fija y su poder se expandió a sus manos, explotando en un grito de desprecio absoluto.
- ¡No lo hagas, Kuwuabara!- Se hizo oír Botan, temiendo lo que fuera a pasar.
- Esto va mal. Un humano se atreve a desafiar al jefe- Booshi quedo impresionado. Nunca paso algo semejante.
En vez de defenderse o hacer algún movimiento, Gran Apostador mantuvo sus manos tras la espalda, la mirada pasiva y el rostro calmado. No fue por imprudencia, sino por predicción.
Porque el ataque de Kuwuabara nunca llego.
- ¿Que...que me pasa?
Se esforzó y trato de moverse. Lo tenía tan cerca, a un paso de su espada de energía, tanto que el daño seria certero y brutal, sin poder mover la espada por más que intentara.
- ¿Que me has hecho?
- No es la primera vez que nos vemos- le comunico el youkai- "No podrás lastimarme". Veo que tu cuerpo lo recuerda.
-¡¿Qué diablos hiciste?!- No era solo su cuerpo, su voluntad estaba bloqueada- ¡Libérame!
El rubio no respondió y Kuwuabara opto por deshacer su espada para darle un puñetazo en la cara. Su mano ni siquiera lo toco. El puño quedo en el aire, inmóvil como el resto de su cuerpo ante el demonio.
- ¿Qué le pasa a Kuwuabara?- Se preguntaron sus amigos y compañeros, viéndolo desde lejos.
Kurama fue el único que entendió lo que estaba pasando y se volvió a Hiei con apremio.
- ¡Debemos irnos! Gran Apostador está usando su hipnotismo.
- ¿Y eso que?- Hiei se sorprendió de su enérgico grito, tanto que libero a Booshi de su enredadera. Era inusual ver a Kurama tan ansioso- Ningún hipnotismo funciona en mi- A propósito dejo a su Jagan brillar, recordándole que con aquel implante era libre de cualquier tipo de sugestión.
- Hiei, escúchame. Si no nos vamos de aquí pronto...
De pronto, Yusuke grito "Reigan".
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