Se despertó de golpe, exactamente tres minutos antes que sonase el despertador. Porque estaba nervioso, muy, muy, muy nervioso; y es que en menos de tres horas tenía un partido contra un Liceo extranjero. John se vistió, consiguiendo ponerse los zapatos al tercer intento,y salió a la calle. Había amanecido sin ganas, y lo único que le dio los buenos días fue el encapotado cielo londinense.
Quiso contraatacar con una buena taza de café ardiente, pero se vio incapaz de ingerir nada. Imposible.
Recibió el mensaje veintitrés minutos antes del partido. No pudo evitar un leve desasosiego al leer Molly en la pantalla. Después se enfadó consigo mismo, ¿quién demonios esperabas que fuese?
11:37 - ¡Johnny! Buena suerte en el partido de hoy.¡Estoy en las gradas! Seguro que lo haces genial. ¡Suerte! - Molly
John esbozó una sonrisa, momentáneamente liberado del nudo que le oprimía el estómago, y la garganta, y todo en general. Aquella era sin duda Molly. Sólo le llamaba Johnny en ocasiones muy especiales. Uno de sus compañeros de equipo le dio una palmada en la espalda y casi se le cae el móvil al suelo del susto.
-Mandándole besitos a tu novia antes del partido, ¿eh, John? No te preocupes, seguro que les pateamos el culo a los imbéciles esos. ¿Has visto a sus delanteros? Ya verás, como se ponga a soplar el viento se caen solos -y fue tan rápido como vino, dejando a John balbuceando un "No, no es mi novia, es una amiga, es Molly, ella simplemente... Yo no tengo...". Tragó saliva, terminando de ponerse las botas. Llevaba cuatro años haciendo rugby y seguía poniéndose nervioso con los partidos importantes.
Menudo imbécil. Y negando con una risa nerviosa salió al campo.
Molly se obligó a sí misma a cerrar el libro que tenía entre manos cuando vio a los jugadores salir al campo. Honestamente, no le gustaba el rugby, nunca le había gustado. Pero conocía a John y sabía que en el fondo le reconfortaba saber que había alguien en las gradas. Suspiró, poniéndose los guantes y arrebujándose en su bufanda, muerta de frío. Miró a su alrededor, esperando a que empezase el partido; a decir verdad, las gradas estaban bastante llenas, pero allá por las primeras filas. En la suya apenas había siete personas. Se fijó particularmente en un chaval, que más que un chaval tenía pinta de señor en toda regla (¿iba trajeado? ¿En serio?), de pie y apoyado en un paraguas tan negro como su abrigo. Molly no pudo apreciar su cara con claridad desde aquella distancia y sin embargo le rodeaba una extraña sombra de respeto, como si fuese superior a todo el populacho ahí sentado, animando a sus equipos y berreando los nombres de sus conocidos. Frunció el ceño ante semejante arrogancia, incluso pese a no conocerle. Seguro que era un cretino. A saber.
(Y, sin embargo, le resultó familiar, y no sabía por qué.)
Treinta y siete minutos después, exactamente tres minutos antes del descanso, Molly volvió a coger su libro, cansada de ver a toda esa gente placarse unos a otros con una bestialidad sorprendente. A uno de los jugadores le sangraba la cabeza y según sus cálculos otro de ellos debía tener al menos una costilla rota, y no entendía por qué seguían jugando. Bufó, exasperada. Hombres. A ver cómo se las arreglaba John si se rompía un brazo... porque no pensaba coger apuntes por él. Algo le hizo levantar la cabeza y mirar a su derecha. El chico de negro seguía ahí, y lo único que le diferenciaba es que ahora tenía un cigarro entre las manos y daba caladas de él de forma regular. El humo no se distinguía, del mismo color blanquecino que el cielo y que las calaveras de pega de la clase de anatomía. De vez en cuando miraba también al campo, y gritaba el nombre de su amigo si veía aparecer su mata rubia de pelo en la lejanía.
El partido terminó. Treinta y dos a veinticinco, ganando el equipo contrario. Molly cerró el libro con una mueca, sabiendo de antemano que John estaría de mal humor y que le tocaría animarle. Bajó, con la intención primeriza de encontrarle a la salida de los vestuarios, pero para su sorpresa ya había alguien ahí hablando con él.
Es más, no era alguien, era el chico arrogante del paraguas de la última fila de la grada. Abrió la boca en una sorpresa muda, quedándose en segundo plano, sin atreverse a intervenir.
Terminado el partido John se quitó las botas embarradas, malhumorado. No es que no supiese perder (reconocería de buen grado que el equipo contrario había jugado, evidentemente, mejor que ellos), pero eso no quitaba que le molestase en menor medida. Y no mejoró la situación el hecho de que, nada más salir del vestuario, recién vestido, le interceptase un chaval con aires de grandilocuencia. Sobre todo porque no estaba de humor para hablar con nadie en aquellos momentos.
-Buenos días.
-Buenísimos, sí -respondió, sin poder evitar el sarcasmo-. ¿Quiere algo?
-¿Es usted... -el desconocido miró una libretita- ... John Hamish Watson?
-John a secas, gracias -¿qué clase de persona te trata de usted hoy día? ¿Hola?-. ¿Por qué?
-¿Y conoce a Sherlock Holmes?
-... apenas. -¿pero este de qué va? No sabría decir si tiene veintitrés años o cincuenta. Algo entre medias.
-Defina "apenas".
-Perdón por el vocabulario pero, para decirlo en plata, ¿quién es usted y qué coño le importa mi relación con Sherlock Holmes?
-Me importa lo suficiente como para saber que le ha estado enviando mensajes recientemente...
-¿Perdón? No sé quién es ni por qué tiene esa información pero me pilla en un mal día y me estoy planteando usar su cara para canalizar mi energía negativa. Así que haga el favor de apartarse de mi camino y dejar de husmear en vidas ajenas.
Mycroft le miró, sin expresión alguna en su semblante, aparentemente indiferente ante las palabras del estudiante. Y sacó su libreta, apuntó cuatro palabras, dio media vuelta y se fue. John bufó, echándose a la espalda la bolsa de deporte, y Molly no tardó en aparecer a su lado tímidamente.
-¿Quién era? -preguntó, no pudiendo contener la curiosidad.
-No tengo ni idea. Pero te puedo asegurar que era imbécil.
Molly sonrió, negando.
-Anda, vamos. Te invito a un chocolate.
-Pero nada de hablar de estudios.
-Nada de hablar de estudios -prometió la chica, tirando de él.
"¿Quién mierdas eres? ¿Jefe de un cartel de droga? ¿Organización criminal?"-JW 00:14
"¿John? ¿Has bebido?" -SH 00:14
"No, pero esta mañana al terminar el partido ha aparecido un cretino preguntándome sobre ti. ¿Te busca la policía o algo? Dime que no era policía, porque le he insinuado bastante directamente que le iba a dar un puñetazo." -JW 00:15
"Violento." -SH 00:16
"Estaba de mal humor... bueno, contesta, ¿quién coño era?" -JW 00:16
"Era mi hermano." -SH 00:16
"TU HERMANO!?" -JW 00:16
"CÓMO QUe tu hermano ¿pero qué dices?" -JW 00:16
"¿Casi le pego un puñetazo a tu hermano? Nuestra relación se afianza. Sin duda la confianza da asco." -JW 00:17
"¿Te has enfadado? Tampoco es mi culpa si tu hermano es un imbécil." -JW 00:19
"¿Sherlock?" -JW 00:23
"Buenas noches." -JW 3:41
