Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
RECUPERANDO LA VIDA
POV Bella
Capítulo 8: Luz.
Había sido la mejor opción, ya no podía ocultarle mi embarazo a Edward. Carlisle lo había dejado en mis manos cuando se lo confesé y aunque agradecí a Alice su discreción, no pude evitar sentirme algo mal por Edward, él no se había portado mal conmigo para ocultarle algo tan importante.
Sabía que sería difícil hacerle entender mi postura, pero parecía haberme entendido. Seguía amándolo como a nadie, y el hecho de que ahora no quisiera volver a vivir con él no significaba que desistiera a verle. Simplemente también era necesario para mi recuperación, y sin duda la persona clave.
Me sentí como una tonta cuando por fin volví a sentir sus labios, ¿cómo había sido capaz de continuar sin aquel simple roce lleno de cariño y amor? Pero me alegré porque aquello me dio más fuerzas y más ganas para seguir superándome. Comprendí al fin que él era mi razón de vivir y aún no comprendía como se me había nublado tanto la razón, cuando el corazón intentaba gritármelo.
La cena prosiguió bien, el único momento embarazoso que pasé fue cuando Esme comenzó a recibir todos los regalos, pero Edward al verme titubeante, se adelantó dándole su regalo por los dos y me regaló una sonrisa, para después guiñarle un ojo a su hermana, entonces me pregunté si Alice le habría comentado algo, pero ya no me importaba. Aunque él seguía vestido de esa forma y con su barba de tres días, podría jurar que algo había cambiado en su mirada al mirarme.
Al salir me ofreció llevarme a casa, así que sin pensarlo acepté. Pude revivir una vez más lo gratificante que era el silencio entre los dos, simplemente disfrutando de su compañía, sabiendo que estaba conmigo. Se detuvo en frente de casa de mis padres y apagó el motor.
-Sabes que no tendría ningún problema en raptarte. - Murmuró sujetando una de mis manos. Yo sonreí.
-Pero no lo harás porque respetas mi decisión. - Él pareció pensarlo.
-Me encuentro muy solo Bella.- Confesó. Me mordí el labio y sentí a mi corazón encogerse. Me solté de su mano solo para llevar las dos a cada una de sus mejillas, sintiendo su áspera barba y le miré de la manera más sincera.
-Te prometo que algún día volveré. Tú y este bebé sois lo más importante ahora, no debes sentirte solo, me tienes aquí.- Dije poniendo una de mis manos en su corazón.- Siempre.
-Te echo mucho de menos. - Dijo entrecerrando sus ojos.
-Y yo a ti.- Me acerqué un poco más y nos abrazamos fuertemente.
-Entonces ven.- Murmuró sin dejar de abrazarme, casi se me rompió el corazón.
-Por favor, no me lo hagas más difícil, solo déjame que me asegure, que note que puedo volver a ser completamente la de antes.- Me separé un poco, solo lo necesario para mirarle a los ojos.- Tu Bella. - Él suspiró.
Nos quedamos un rato mirándonos a los ojos mientras él me acariciaba la mejilla. Aquel momento era realmente especial y hubiese deseado que todo siempre fuera así de perfecto y que mi culpa no saliera a flote, pero aún me sentía mal por mi Carlie y sabía que ello traería consigo discusiones con Edward.
-¿Puedo venir a verte mañana? - Yo sonreí.
-Esto me recuerda a cuando éramos novios, recuerdo que Charlie solía ser un poco desconfiado contigo y siempre me preguntabas "¿Crees que si vengo a verte mañana me sacará de una vez por todas a patadas?" - Formulé la pregunta intentando imitar su voz. Reímos.
-La verdad es que le tenía respeto.- Dijo asintiendo, aun con la sonrisa impregnada en su bello rostro.
-Claro, si cada vez que te veía venía aún con la pistola. - Volvimos a reír. - Admite que el respeto se lo guardabas a ella. - Volvimos a reír por unos segundo más y se quedó mirándome fijamente.
-Echaba de menos verte reír de esa manera. - Volvió a acariciar mi mejilla.
-Te he dicho que he cambiado y una parte de todo este cambio se lo debo a Alice. Me ha ayudado muchísimo.
-¿Mi hermana?- Preguntó extrañado. Asentí. - Sería raro que ella no tuviese que ver nada.
-Tú también has tenido que ver, igual que nuestro bebé.
-Nuestro… - Repitió con la ilusión reflejada en sus ojos.
Nos quedamos mirando algún tiempo más y noté como Edward se inclinaba lentamente hacía mi rostro. Puse uno de mis dedos en sus labios y los acaricié.
-Te quiero.- Musité antes de que sus labios rozaran una vez más los míos.
Sus labios acariciando los míos conseguían hacerme sentir querida, importante, podía notar con cada una de ellas cuánto me echaba de menos. Sin poder evitarlo entreabrí los míos y pasé mi lengua por su labio inferior, aquel sabor tan dulce que tanto ansiaba, volvía a probarlo. Noté su lengua tocar la mía y entonces profundizamos el beso muy lentamente, disfrutando de cada una de las caricias de nuestras lenguas. Me separé unos centímetros.
-Entonces, nos vemos mañana. - Dije sonriendo y le di un beso. Él sonrió.
-Aquí estaré después del trabajo.- Asentí pero salí, noté como rodeaba mi muñeca y al girarme lo vi inclinado en el asiento del copiloto. - Necesito mi beso de buenas noches. Sonreí y me incliné para besar una vez más sus labios. - Te quiero.
-Y yo.
Pasé el umbral de mi casa muy feliz, tanto que me asusté cuando mi madre encendió la luz de la entrada de golpe, provocando que mi sonrisa fuera sustituida por una expresión de susto.
-¡Vamos dile adiós, está esperando! - Susurró Renee, escondida detrás de la puerta. Me giré y me despedí de Edward con la mano, él también se despidió y cuando cerré la puerta escuché como arrancaba el coche.
-¿¡Desde cuando estás aquí mamá!? - Susurré exasperada.
-Acabo de bajar a por un vaso de agua y como he visto que era tarde me he asomado y he visto que te despedías de él con un beso.- Confesó con una enorme sonrisa.- Eso quiere decir… - Suspiré.
-Mañana hablamos mamá. Y sí, he hablado con él, ya sabe lo del bebé y mañana ha prometido que pasará a verme.
-¡Eso es estupendo cariño! - No pude evitar sonreír.
-Hasta mañana mamá.
-Hasta mañana Bella.
Me costó dormir por la noche, pero fue muy diferente a las noches anteriores. No pensaba en qué pensaría Carlie, ahora me parecía más a una adolescente que comenzaba a salir con su novio. No podía dejar de recordar ninguna de sus palabras, tampoco aquellas risas en su coche y mucho menos sus labios besando los míos. Era como volver a tener 19 años, volvía a estar ilusionada. Edward y yo esperábamos un hijo y yo me sentía muchísimo mejor.
Cuando por la mañana me levanté Alice llamó pidiendo explicaciones, así que tuve que comentarle todo lo que había pasado con Edward. Sin dudarlo se emocionó como siempre. Ayudé a mi madre con la comida y después insistió en que descansara un poco, que las embarazadas no tenían que esforzarse demasiado. Intenté entrarla en razón y decirle que demasiado reposo estaba haciendo y que necesitaba moverme un poco más, pero estaba demasiado preocupada por su nuevo nieto, así que subí a mi habitación y miré algunas cosas.
Comencé a mirar en los cajones y descubrí que aún tenía ropa de cuando era adolescente, encontré las cartas que me enviaba con mis amigas cuando a penas teníamos 13 o 14 años. Una de las invitaciones de los cumpleaños de Alice y una de las primeras fotos que me hice con Edward. Ni siquiera habíamos empezado a salir, si embargo transmitía la tensión que sentíamos. Suspiré. Edward a sus 21 años aun conservaba algo de su rostro juvenil. No era una de esas fotos en las que salíamos "acaramelados" según Emmett, pero se notaba aquella conexión que manteníamos.
La guardé en su lugar y me levanté para quedar frente a mi corcho. Sonreí al ver las fotos con Alice y Ángela, algunas con mis padres, y otras con el grupo de amigos que iban conmigo a la universidad. También tenía bastante fotos con Edward de la mano, abrazados, cuando íbamos de excursión con los Cullen o cuando a Alice le daba por sacar la cámara en su casa simplemente porque le apetecía.
Reí al acordarme de todas aquellas situaciones. En una Emmett salía detrás de Edward y de mí haciendo un corazón con las manos. Volví a la mesita de noche, allí no había quedado nada y todo lo que había en ese momento lo había traído cuando decidí dejar a Edward. Abrí el primer cajón y saqué una foto en la que salíamos Edward, Carlie y yo.
Mi niña lucía preciosa en mis brazos a pocos días después de haber nacido y Edward y yo sonreíamos con una felicidad grandiosa. Me llevé la foto al pecho y la apreté con fuerza.
-Nunca te olvidaré hija, te lo prometo.- Susurré.
Una lágrima se escapó de mis ojos, la vida había sido demasiado injusta con mi pequeña, pero la realidad era la que mandaba y yo debía seguir con mi vida, queriendo a Edward y a mi nuevo bebé. Podríamos lograr volver a ser felices. Tenía la completa certeza de que Carlie siempre seguiría en mi corazón pero no podía vivir en la situación que vivía hacía unos meses.
Me duché y me puse unos vaqueros con una camisa sabiendo que Edward no tardaría llegar. Tenía tantas ganas de verle que pude ver a través del espejo como mis ojos brillaban de felicidad. Cuando estuve lista bajé al comedor y me senté con mi madre a ver la televisión, Charlie aún no había llegado del trabajo.
-¿Me has robado perfume?- Preguntó mi madre sonriendo.
-Supongo que podrás perdonármelo, ¿o vas a informar al sheriff?- Nos reímos y en seguida se me quedó mirando.
-Poco a poco vuelves a ser mi niña.
-Ay mamá.- Suspiré dándole un abrazo.
Siempre le agradecería todos los momentos que había estado conmigo, al igual que a Charlie, no podía quejarme de ellos, siempre habían estado conmigo como dos buenos padres. Entonces el timbre sonó y nos separamos repentinamente. Renee me miró impaciente y me hizo un gesto para que me diera prisa y abriera la puerta. Fui hacía la puerta con el corazón latiéndome frenéticamente, a veces parecía que revivía estas situaciones tan sencillas de una manera más intensa que cuando era joven, aunque eso me resultara casi imposible.
Abrí la puerta lentamente y allí estaba él, reluciente como siempre. Su barba la había afeitado, y su cabello no se veía tan descuidado como la última vez aunque igual de despeinado, como siempre. Su sonrisa me encandiló y perdí la noción de la realidad cuando me vi reflejada en su mirada brillante.
-Buenas tardes Bella.- Musitó. Intenté controlar aquella gran sonrisa que se había dibujado sin haberlo pensado si quiera.
-Hola Edward.- Dije sin dejar de mirarlo. Sentí el tibio tacto de su mano al sostener la mía y se la llevó a los labios para acariciarla y besarla lentamente, siempre manteniendo el contacto con mi mirada.
Aquel simple contacto azotó a todo mi cuerpo y noté aquella electrizante sensación que solo él podía lograr en mi. Me sonrió con dulzura y nos quedamos un minuto más mirándonos, diciéndonoslo todo con la mirada. En ese momento me encontraba segura de querer volver a irme con él, incluso me sentía ansiosa por abrazarlo y dirigirlo hacia su Volvo para que volviéramos a nuestra casa juntos, pero me acobardaba aún el saber que podría tener alguna recaída traicionera.
-Bella, no seas mal educada y hazle entrar.- Escuché a mi madre desde el comedor y volví a la realidad.
-Lo siento Edward, pasa por favor.- Él solo sonrió y me siguió hasta donde se encontraba mi madre.
-Hola Renee.
-Hola hijo, cuanto gusto me da verte por aquí.- Saludó mi madre llena de emoción.- Bueno cariño voy a casa de los Weber, tengo que explicarle a Mary un par de secretos para que sus ravioles estén de rechupete. - Pasó al lado de Edward, le dio un beso en la mejilla y otro a mi y salió. Puse los ojos en blanco y me mordí el labio.
-Estoy seguro de que no nos hubiese dejado solos hace unos años.- Bromeó.
-Ni hablar. - Me senté en el sofá y el se sentó a mi lado.
-¿Cómo estás?
-La verdad, me siento cada vez mejor. Las ganas de reír cada vez con más frecuentes.- Sonreí.
-Espero tener algo que ver con eso.
-Por supuesto. - Estreché su mano y me miró algo sorprendido.
-Eres lo más importante para mí.- Dije mirándole a los ojos. Él sonrió y me acarició la mejilla con la mano que le quedaba libre.
-He pensado que tal vez te gustaría salir a cenar algo. Podemos proponérselo a Alice y Jasper.- Asentí.
-También puedes avisar a Emmett y Rose.
-Están de viaje y no vuelven hasta pasado mañana. Se han ido a Washington, ya sabes como son estos dos. - Reí entre dientes.
-Ah, bueno está bien.- ¿Has tenido mucho trabajo?
-Bueno… un poquito, pero no me hables de trabajo por favor, déjalo apartado. - Entonces se me ocurrió algo.
-¿Me esperas? Ahora vuelvo.
Subí inmediatamente a mi habitación y cogí todas las fotos que tenía con él. Su cara de sorpresa y después de nostalgia me afectó de lleno. Estuvimos riendo un buen rato comentándolas una por una y recordando cada momento. Comencé a reír cuando encontramos una de aquellas inolvidables, parecía que lo habíamos planeado. Emmett salía de lejos, detrás de nosotros dos, con el cucurucho en su mano y pidiéndole disculpas a una anciana que había manchado con el helado al querer correr para salir en la foto.
-Es que en serio, Emmett no puede ser más patoso.
-Pero yo puedo ser más patosa que él.- Reí.
-Bueno, pero no vas manchando a la gente con helados.
-Podría si me lo propusiera.
Dejé todas las fotos en la mesa de centro y nos quedamos mirando unos segundos. Edward posó una de sus manos en mi mejilla y cerré los ojos sintiendo su contacto, lo había necesitado mucho.
-Te quiero.- Abrí los ojos con una sonrisa y lo vi demasiado cerca de mi rostro.
-Yo también.- Nos acercamos para besarnos pero justamente la puerta se abrió.
-¡Ya estoy en casa chicas!- Gritó Charlie. Edward y yo nos sonreímos aún cerca, suspiré y nos sentamos mejor en el sofá. Charlie se asomó por la puerta del comedor y cuando vio a Edward se sorprendió. Suponía que él aun no sabía nada.
-Hola Charlie.- Saludó Edward sonriente.
-¿Qué tal Edward? No te esperaba por aquí.- Se acercó y le estrechó la mano.
-Va bien, he venido a ver a Bella. - Charlie me miró y yo solo le sonreí, haciéndole saber que me encontraba perfectamente con él. Así que salió diciendo que iba a ducharse.
-¿Crees que tendría que cambiarme de ropa para ir a cenar?
-En absoluto, estás perfecta.- Alcé una ceja levantándome del sofá.
-No sé ni para que te pregunto. - Contesté. Él me cogió de la cadera e hizo que me sentara sobre sus piernas. Mi corazón pegó un brinco por la inesperada acción.
-Bella, estás perfecta.- Repitió bajito en mi oído.
Me giré y le sonreí, nuestros rostros estaban demasiado cerca y podía sentir su respiración. No pude controlarme y lo besé, no tan cuidadosamente como el día anterior. Con mis manos volví a sentir su cabello una vez más, acaricié sus orejas perfectas y cuando llegué a sus pómulos me separé para mirarlo a los ojos. No dijimos nada, pero el en respuesta me abrazó con fuerza durante unos segundos. Se separó y me comunicó que iba a llamar a Alice.
Así que subí a mi habitación, me vestí con una camisa más adecuada, calcé unos tacones y me puse la chaqueta. Edward me esperaba en la puerta y sonrió divertido cuando notó mi cambio de camisa. Me sorprendió una vez más cuando llegamos a aquel restaurante de comida rápida. Uno de aquellos lugares que solíamos frecuentar cuando nos conocimos. Sonreí y me aferré a su brazo satisfecha. Podía recordar las risas con sus hermanos y cuñados, las peleas entre Alice y Emmet, pero sobretodo aquellas miradas silenciosas entre los dos, tímidas y cómplices.
Alice me abrazó cuando me vio llegar con Edward y saludó a su hermano. Todo esto hacía que volviera a mi pasado, hacía que la antigua Bella volviera de nuevo. Y no podía negar que me sentía realmente bien recordando lo feliz que era, provocando también que la Bella infeliz y que se sentía culpable se alejara cada minuto más y más para volver a ser feliz.
Capítulo XII, espero que os guste :)
Lu343, lunaisabella, JaliceJalice, Paolastef, katlin, Maggice, GRACIAS
kkikkacullen, jajaja me alegra que gritaraas, a ver si vuelves a gritar!
BlackCullen, Edward no tiene que reconquistar nada, la tiene ganada de sobra :) jaja como a todas nosotraas :P
Jos WeasleyC, jaja todas le abrimos el corazon a semejante hombree! jajaja
gioviss, que suerte entonces, viajaras mucho! :P
E. Cullen Vigo, tranquilaa, respiraa que si tiene arreglo :)
HippieLucy, jajaja que vaaa! ojala fueran vacaciones, hoy he vuelto a comenzar clasees, ¬¬
lu!, jajaja bienvenida y graciaas!
Mrs. P. and C. M11, si, avanzaron y hoy parece ser que avanzan más :)
MUUÁ! hasta la proxima chicas!
