Él la esperaba paciente detrás de la puerta. Sabía que no podría engañarlo, que lo mejor era admitir que no había cumplido con su tarea. Que en lugar de inmiscuirse en los asuntos de Sesshomaru, ella se había inmiscuido en su boca. Lástima que su padre no lo viera de la misma manera que ella.
No preguntes por qué
Un fic de Inuyasha
Por Yashi
Capítulo IX:
Kagura había recibido los golpes en silencio. No quería llorar, no quería gritar, solamente una cosa pasaba por su mente. El ardor en la espalda y en la mejilla no cambiaba el calor que sentía en los labios, en el pecho. Ahora el dolor sabía a libertad, a redención.
Le leía a Rin en voz bajita, le leía para no pensar. Habían pasado dos días, era lunes por la mañana. Sesshomaru se había marchado al minuto de que ella llegara, siquiera le preguntó cómo estaba, solamente le robó un beso de los labios y se esfumó. Aquello la desconcertó después de esos días sin verse, pero a su vez la alivió. No sabía cómo enfrentarlo, cómo se suponía que debía hablarle o tratarlo. Kagura sonrió. Al fin y al cabo sí podía portarse como una adolescente normal.
Oooo
Sesshomaru llegó puntual a la empresa. Algo le decía que Naraku no se haría esperar. Quería recibirlo él en persona, antes de que pudiera fastidiar a su padre. Mandó a preparar una bandeja con té y otra con el mejor sake.
-Su alteza- masculló una voz irritante a sus oídos.
-Bienvenido, Naraku- respondió Sesshomaru con igual ironía.
-¿Ahora te ocuparás tú de los asuntos que tu padre tiene conmigo?- preguntó el hombre mientras se acomodaba en uno de los asientos.
-¿Sake?- respondió con una pregunta evasiva.
-Por favor- replicó Naraku levantando la copa- ¿por qué quieres brindar?
-Por la verdad- respondió Sesshomaru llenando también una copa pequeña para él- que es el final de todos los caminos.
-Salud!- ironizó Naraku con un brillo en sus ojos. Luego de tomar un trago, agregó:-¿y qué verdad buscas conmigo?
-No solo los pasos a seguir ante la muerte de los Hiraikotsu, lo cual los deja a mi padre y sobre todo a ti bien parados en el negocio, sino, revelar algunos misterios-explicó Sesshomaru también dándole un trago a la bebida- ¿Vas a negarme que tenías cautiva a Sango y que posiblemente tienes a su hermano?
-No tengo por qué…- respondió Naraku sonriendo complacido por lo directo del discurso de Sesshomaru- a fin de cuentas no podrás acusarme de nada y en caso de que lo hagas, ningún juez te escuchará.
-Puede ser, pero no todos los fiscales están comprados por ti, ¿no es así?- analizó el hombre- solamente necesitamos un par de testigos y desbaratar esos lugares que tienes por las rutas cercanas a Tokyo - agregó dándole otro trago al sake que sabía a otro disparo contra su rival.
-¿Me llamas solamente para que sepa que no eres tonto o tienes algo para negociar?- preguntó Naraku sin perder la sonrisa burlona.
-Solamente advertirte que estoy tras tus pisadas… y que algún día te alcanzaré y podré cazarte como mereces- contestó Sesshomaru con brillo en su mirada.
-Puedes intentarlo… estoy más cerca de lo que crees- finalizó la conversación el otro hombre, apoyando la copa de sake y dejando una marca sobre la madera de la mesa al irse.
Oooo
Kagura estaba dormida. No lo escuchó entrar, solo lo sintió cuando él cerró la puerta de la habitación de Rin, dejándola descansando al lado de la niña.
Vaciló. Levantarse requería no sólo el esfuerzo de terminar de despertar sino también el valor de hablarle, de despejar de una vez la duda de su cabeza acerca de cómo seguía aquello…
El sol de la tarde le dio en los ojos. Resplandecieron rojos como los de su hermana, como los de su padre. Decidió levantarse y acercarse a la cocina.
-¿Quieres té?- preguntó para iniciar la charla pendiente desde la mañana, atreviéndose a tutearlo sin rodeos.
-No, gracias- respondió él, sentado en el sillón.
Kagura se acercó con su taza entre las manos y se sentó frente a él. Lo miraba expectante y a Sesshomaru aquello le incomodó. Hacía mucho que nadie esperaba nada de él.
-¿Estuvo muy molesta?- preguntó refiriéndose a Rin.
-No, para nada. Creo que ya me he acostumbrado- replicó Kagura- no era por eso que me quedé dormida, es que…
-No tienes que darme explicaciones- la interrumpió él.
-Pero…- vaciló Kagura, necesito decírtelo, pensó. Le dio vergüenza imaginar la reacción de él al saber que esta vez quería admitir que su padre le pegaba, que siquiera había dormido esas dos noches, por el dolor en la espalda y porque no podía sacarlo a él de su cabeza. Cuando volvió a alzar la vista, él estaba en cuclillas cerca de ella.
-¿Te ha pegado de nuevo?- preguntó serio. Kagura asintió con la cabeza y con el enojo brotándole en los ojos.
-No dejes que te cambie la mirada… el otro día tenías unos ojos tan hermosos- respondió sorpresivamente él, acercándose a darle un beso. Al rozarle la espalda para acercarla a él, Kagura chilló.
Sesshomaru se separó de ella con la mirada hecha un témpano pero apretó sus puños con la misma furia que le había pedido a Kagura contener.
-¿Te puedo pedir tiempo? – Exclamó ella de pronto- dame tiempo para huir de él y que no pueda hacer esto nunca más. Por favor, por ahora no te metas con él.
Sesshomaru la observó con seriedad mientras se ponía de pie. No entendía aquel pedido, no comprendía que ella lo apañara o que no le permitiera acercársele para matar a aquel monstruo.
-¿Miedo?
-Terror- aclaró ella- pero no por mí, sino por ti. No quiero que salgas lastimado.
Sesshomaru asintió pero no iba a quedarse quieto. Imagino a Kagura víctima de alguien como Naraku y se le revolvió el estómago.
-Cuando sea el momento te pediré ayuda para liberarme de él- repitió la chica, mirándolo con más calma, hasta intentó forzar una sonrisa.
Acto seguido también se levantó del sillón y se acercó a él. Las mejillas fueron tomando color a medida que se acercaba y posaba despacio sus manos en las del hombre. Él se vio sorprendido por el gesto pero no apartó su mirada de los ojos rojos de Kagura. Esta vez tomándola de la cintura apresuró el encuentro de esos labios con los suyos, esos labios que comenzaban a saber a vicio, a algo que no podría dejar.
-Quiero quedarme contigo- dijo ella una vez que recuperó la respiración- solo por hoy-agregó sintiendo que quizás estaba pidiendo demasiado.
-¿Eso no va a traerte problemas?- inquirió él.
Kagura se alegró por no percibir rastro de frialdad en la respuesta. Sonrió por saber que a él no le desagradaba la idea y negó con su cabeza.
Esa noche descubrió lo buen cocinero que podía ser Seshomaru, lo inconveniente que es hacer que una niña duerma la siesta en lugar de dejarla llegar cansada a la noche, y por último que la cama de ese hombre era mucho más cómoda que la suya, la de Rin o el sillón.
Sonrió mirando hacia el techo, aún con las mejillas sonrojadas por lo que acababa de ocurrir en esa habitación. Sesshomaru con el torso desnudo la contemplaba impasible. Sonrió de lado antes de hablar
-¿Puedes dejar de mirarme?
-Nunca- respondió él.
Oooo
Una semana después, Sesshomaru dejaba la oficina del único fiscal que consideraba seguro para encomendar la investigación de los negocios sucios de Naraku, adentrándose en las calles agitadas del centro de Tokyo. Su rostro no expresaba la repentina exaltación que le provocaba saber que había dado un paso más en busca de meterlo preso y sacarlo de su vida. Sentía seguridad en cada paso que daba y eso le llenaba el pecho de aire, de algo similar a la felicidad que solamente le provocaban Kagura y Rin.
Sabía que lo que había ocurrido la otra noche no era del todo correcto, pero cuando la veía necesitaba mantenerla cerca. Se imaginaba otra vez solo en su departamento, la podía ver a ella otra vez sin nadie a quien recurrir y un sabor amargo la invadía la boca. Se necesitaban y eso los unía. Separados ya no servían de nada.
Oooo
Kagura esquivaba nuevamente las preguntas de Kanna sobre la noche que no volvió al departamento. Tuvo suerte de que Naraku no regresara pues había pasado toda la noche en uno de sus "bares". Su hermana la había sorprendido al regresar por la mañana, simplemente a ducharse y cambiarse de ropa.
-Sé que has estado con él- insistió Kanna.
-No pienso negártelo- le respondió Kagura esa tarde- ¿por qué no se lo dices a Naraku?
Su hermana la observó con la misma impasibilidad que reconocía en Sesshomaru.
-Él puede hacerte daño- sentenció.
-¿De quién hablas?- inquirió la chica sin entender a cual de los dos hombres se refería.
-De ambos.
Kagura bajó la mirada y suspiró.
-Lo sé, pero quiero tomar el riesgo. En los dos casos- explicó- además Sesshomaru quiere ayudarme a liberarme de él. Es mi única chance.
Kanna la observó con tristeza y se dispuso a buscar a Kohaku para llevárselo. Kagura prefirió no preguntar con qué fines. Sabía simplemente que Naraku quería encargarle "un trabajo especial".
Dejó volar su mente al echarse sobre la cama. Esa noche lo vería nuevamente. No podía evitar que su corazón se acelerara, que la ansiedad la invadiera y una sonrisa luchara por formarse en sus labios. Pensó en los labios de Sesshomaru, en sus manos amplias acariciándola. Esperaba que esta vez Rin se durmiera rápido. Quería tenerlo al menos una vez para ella. Estaba dejando de reconocerse cuando lo tenía al lado, tampoco lo reconocía a él. Tan distante y correcto, ahora tan cercano y humano a la vez. Se apresuró a ponerse un vestido negro sencillo, esta vez quería que la viera como una mujer. Bajó corriendo las escaleras y apenas le dio tiempo a abrirle la puerta, porque se arrojó a abrazarlo. Lo necesitaba y él a ella. Era todo lo que importaba.
Continuará…
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