San Miguel de Tucumán, Tucumán, Argentina. Domingo 23 de Junio del 2019.
En la guerra y en el amor todo se vale.
Capítulo 9: Una cita que no es cita y un secreto que duele.
By Sioa Shun Uchiha-san
Se sentía frustrado y cansado, toda esa semana había pasado muy atareada, tenía tanto trabajo con la firma de autógrafos de la autora de Masamune que no había ido en toda la semana ver a su pareja, apenas se veían dentro de la editorial y poco más y encima pese a que había pensado durante toda la semana como acercarse a su "rival" en el amor no se le caía una sola idea coherente.
No, él no era del tipo persona al que le es "fácil" hacer amigos y mucho menos era un cínico como el desgraciado de su amigo, él no podía simplemente fingir completa simpatía por alguien que le caía terriblemente mal.
Ya era viernes, estaba a dos horas de salir del trabajo y finalmente podría ir a descansar un poco, tenía pensado ir a casa de su pareja ese día, Hiyo le había escrito el miércoles para avisarle que el sábado había una feria de artesanos a la que quería ir con él y su padre, simplemente no podía negarse a los planes de la preadolescente.
Acababa de salir de libros marimo, había tenido una reunión con el gerente para pulir los detalles de la firma, desde cómo iban a distribuir el lugar de la cola hasta cómo iban a poner la mesa de la autora y cómo dispondrían los horarios para que fuera cómodo para todos y la forma en que serían exhibidos los tomos de la edición especial que estaban promocionando con esa firma.
Caminó distraído por las concurridas calles de Tokyo, y se detuvo un momento en una pastelería para comprar unos macarones para llevarle a Hiyo esa tarde. Empezaba a desesperarse, aunque seguía pensado en que hacer simplemente no tenía pistas de qué debería hacer, había pensado en aceptar el pedido de Kirishima de mudarse con él pero el problema era que no tendría sentido formalizar nada si simplemente no podía mantener el interés del editor en él.
¿Qué haría si después de salir del closet frente a sus padres, suegros y Hiyo, Kirishima simplemente lo dejaba por esa mujer? Habría dejado no solo su corazón, sino también su orgullo y su dignidad derrumbarse en vano.
Negó suavemente con su cabeza, su parte más racional, si podía decirle de esa forma, estaba empezando a susurrarle desde lo profundo de su mente que debería dejar de hacer un circo de sí mismo y tragarse lo que le quedaba de orgullo para afrontar la situación como adulto y preguntarle directamente a su novio que era lo que pasaba entre él y su nueva subordinada, sin embargo eso sería reconocer que estaba dejándose devorar por el monstruo verde de los celos.
Las señales estaban ahí, él las veía, esa mujer era un peligro pero simplemente separarlos era más difícil de lo que parecía. Masajeó sus sienes con frustración con una mano mientras volvía a la editorial.
No había estado durmiendo bien durante esa semana asique las ojeras comenzaban a formarse en sus párpados inferiores, Kirishima le había dicho el día anterior durante el almuerzo que debía dejar de ser un adicto al trabajo y descansar como correspondía ¿Qué pensaría en castaño si supiera que no podía dormir por culpa de él y no del trabajo? Seguramente haría mofa de él por el resto de su vida y jamás le dejaría olvidar una confesión así.
Cuando llegó a su oficina, saludó a los pocos subordinados que quedaban y se dispuso a terminar el informe con los acuerdos que había logrado pactar con el gerente de libros marimo.
Estaba concentrado escribiendo, no sabía cuánto tiempo había pasado desde que llegó cuando un golpe en su cabeza lo sacó de su estado de ausencia, al menos cuando trabajaba lograba dejar su mente los suficientemente en blanco como para no pensar en cosas innecesarias.
Alzó sus ojos azul grisáceos para insultar al idiota que estaba molestando pero al ver frente a él la sonrisa juguetona de su pareja resopló. -Kirishima-san ¿Qué hace aquí? - Preguntó en tono profesional, a diferencia de ese descarado, él seguía tratándolo de forma más bien formal en la oficina.
-Es tarde, Takafumi ¿Nos vamos? ¿Me vas a hacer esperar más?- Preguntó divertido apoyándose en el escritorio de forma totalmente despreocupada.
-Que usted no tenga trabajo que hacer, Kirishima-san, no quiere decir que yo esté libre.- Contestó rodando sus ojos.
-Vamos, Takafumi, claro que tengo trabajo pero mis subordinados puede hacerse cargo de todo sin mi.- Alegó guiñandole un ojo. -Es una ventaja de tener un equipo eficiente, además es inicio de ciclo.
Suspirando apoyó el codo en el escritorio y apretó con dos dedos el puente de su nariz con dos dedos. -¿Qué hora és?
-Son las seis.- Contestó divertido el castaño. - Como siempre te desconectas cuando trabajas, Takafumi ¿Qué es eso?- Preguntó señalando la bolsa que estaba junto al hombre.
-Es un regalo para Hiyo.- Explicó mirando de reojo la bolsa que su pareja señalaba.
-¿Sabés? vas a hacer que me ponga celoso, siempre llevas regalos para Hiyo ¿Y mis regalos?- Preguntó frunciendo el ceño. -¿Por qué nunca me traes un regalo a mi?
-No se los merece, Kirishima-san. - Exclamó sonriendo levemente pero con las mejillas sonrojadas, sus subordinados estaban mirándolos con curiosidad pero desgraciadamente desde hace tres años esas escenas ridículas eran casi normales y tanto ellos como él mismo estaban acostumbrados a ver a Kirishima actuando como tonto a su alrededor todo el tiempo. Volvió a poner su vista en el documento que estaba redactando, guardó los cambios y cerró su sesión. -Listo, ahora podemos irnos.- Dijo mientras juntaba sus cosas, colgando el sobretodo de su brazo izquierdo con el maletín sujeto en esa mano y tomando la bolsita de cartón donde tenía los dulces para hiyo con la diestra.
Sonriente, Kirishima se despidió de los demás agentes de ventas en la oficina al igual que su pareja y salió junto con su novio para subir al ascensor. -Hiyo dijo que nos esperará con una cena especial, dice que es una receta nueva.- Comentó alegremente.
-¿De verdad? No me mencionó nada, por lo general me pide ayuda para las recetas nuevas.- Comentó pensativo el menor, ahí había otra prueba de que la castaña ya no era tan pequeña y cada día se hacía aún más independiente. -Solo me dijo que estaba ansiosa por ir a la feria de artesanos de mañana. - Comentó distraídamente.
-Si, al parecer su profesora de artes en la escuela invitó a todos sus alumnos a ir con sus familias porque ella también estaría ahí exponiendo sus pinturas.- Explicó el mayor sonriente. - Además en la noche tenemos otro compromiso.
-¿Otro compromiso?- Consultó mientras salían del edificio para ir directo al auto del mayor. -Kirishima-san, no me arrastres a nada extraño, por favor.- Pidió con el ceño fruncido. -Ni se te ocurra, idiota.
Riendo se encogió de hombros. -No es nada extraño.- Negó con su cabeza. -Shinka-san nos invitó a cenar mañana en la noche, dice que como nosotros la recibimos bien cuando recien llego quiere devolver el favor ahora que está bien instalada y que sus amigos se marcharon hoy, me pareció buena idea aceptar.
El agente de ventas sintió su estómago cerrarse y una vez en su lugar en el asiento del acompañante, se colocó el cinturón de seguridad y giró a mirar a su pareja con el ceño notoriamente fruncido. -Si te invitaron a vos y a Hiyo, yo no tengo absolutamente nada que hacer ahí. - Había escupido las palabras con enojo mal disimulado, estaba demasiado molesto ¿Por qué ella tenía que invitar a su pareja a cenar a su casa tan libremente? Apretó sus puños, sentía hasta ganas de golpear a esa mujer, aunque sabía que jamás sería capaz de algo así.
-Ey, ey, tranquilo osito, tambien te invitó a vos.- Le aclaró mientras conducía de regreso a su casa. -Me dijo que quería agradecerte también por ayudarla con los muebles de su casa cuando llegó y tu amabilidad, pero como no sabía cómo acercarse a ti para decirtelo me pidió a mi que te invitara.
Eso lo sorprendió y arqueó una ceja con incredulidad. -¿No lo estás inventando, Zen?
-No, te juro que no, Takafumi ¿Por quién me tomas?
-Por un mentiroso, no sería la primera vez que me arrastras a algún lado con historias falsas.- Le recordó con tono algo agresivo ¿Esa mujer lo había invitado a él también a cenar? Era extraño, no había sido precisamente agradable con ella esas últimas dos semanas.
-¡Ey! En serio eres demasiado malo conmigo.- Alegó dejando caer apenas la cabeza antes de reír un poco. -Pero si, nos invitó a los tres, asique no te quejes, mañana cuando regresemos de la feria iremos a cenar a su casa.
-Bien, por esta vez te creeré. - Al menos esa era una oportunidad para intentar averiguar las intenciones de esa mujer, pero ahora que lo pensaba ¿Por qué ella no estaba ahí con ellos? Kirishima siempre la llevaba de regreso a la casa del trabajo. -¿Y ella? ¿Dónde está? Creí que la llevabas y traías del trabajo.
-Hoy se fue un poco antes, yo me quedé a esperarte.- Explicó el castaño con calma encogiéndose de hombros pero con una sonrisa traviesa en su boca. -Ella tenía algo importante que atender hoy.
-¿Qué se supone que significa eso?
-Oh, es un secreto.- Alegó giñandole un ojo, y nuevamente sintió a sus órganos retorcerse y jugar a la guerra entre ellos ¿Por qué Kirishima tenía un "secreto" con ella?
Tras llegar al departamento escucharon la voz alegre de Hiyo recibirlos. Dejó sus cosas en la entrada y se quitó los zapatos antes de caminar hasta la cocina donde la castaña cocinaba con su delantal puesto y su celular reproduciendo música en volumen moderado.
-¡Bienvenidos a casa, papá, Oniichan!
-Hola, Hiyo te traje un regalo.- Saludó Yokozawa tendiendole la bolsa de papel que la chica recibió con una sonrisa.
-¡Gracias, Onii-chan! Ahora preparo el té para todos.- Y tras sus palabras se giró para poner el agua a calentar.
El agente de ventas sonrió, asintió y fue a la habitación a cambiarse por ropa de entrecasa. Kirishima lo siguió, apoyándose en el marco de la puerta mientras lo veía cambiarse de ropa de forma casi distraída. -Takafumi.- Lo llamó tras tras unos segundos.
-¡Ah! ¡Carajo! ¡Zen me asustaste!- Reprochó girándose a mirarlo. -¿Qué rayos haces ahí?
-Solo te observaba.- Contestó encogiéndose de hombros para luego acercarse a él extrañamente serio y tomó su barbilla con una mano. -Sabes, vengo pensando en esto hace bastante pero aparte de cansado luces triste ¿Qué es lo que está pasando por tu cabeza últimamente?
-No es nada.- Respondió apartando esa mano de un manotazo suave. -Solo tengo demasiado trabajo, no digas idioteces.
-Puede ser que estés ocupado, pero te he notado muy pensativo y ausente toda la semana y parte de la anterior ¿Qué es lo que pasa?
-Te dije que no es nada.
-No te creo.- Contestó con el ceño fruncido el mayor con sus ojos almendrados puestos en los contrarios. Como siempre esa era una mirada difícil de sostener para el menor, esos ojos sentía que podían mirar a través de él y arrancar de sus labios verdades que no estaba preparado para decir o que simple no quería hacerlo. -Algo te pasa, Takafumi ¿Por qué no hablas conmigo?
-Te estoy diciendo que no es nada ¡Déjame en paz!
-Que reacciones tan agresivo solo me confirma que algo pasa.
-No es nada de lo que tengas que preocuparte ¿Si? Déjalo estar, Zen.
Ambos se miraron en silencio por un largo momento, los dos con el ceño fruncido, el más joven sabía que su pareja estaba preocupado por él pero simplemente esos no eran temas que quisiera realmente conversar y el mayor se sentía no solo preocupado sino que estaba empezando a molestarse ¿Por qué Yokozawa siempre tenía que ocultarle las cosas e intentar solucionar todo por su parte? Esa parte de él le gustaba a veces pero en momentos como ese donde lo veía triste y no recibía explicaciones eran jodidamente frustrante.
-Te dejaré tranquilo pero hablame si lo que te está molestando no se soluciona Takafumi, creí que ya estábamos claro con qué puedes hablar conmigo de lo que te ocurra.- Le recordó seriamente. -Solo dime ¿Tiene que ver con lo de mi propuesta?
El agente de ventas hizo una mueca con sus labios pero luego negó con su cabeza. -No, solo dejame en paz, soy un adulto puedo manejar mis asuntos.
-¡Papá, Oniichan, el té está listo!- El llamado de la niña interrumpió la discusión y Kirishima alzó la voz para contestar.
-¡Ya vamos, Hiyo!- Anunció antes de volver a ver esos ojos azul grisáceos. -Hablaremos después, Takafumi.
Gruñó entre dientes mientras veía al hombre alejarse de él para ir al salón y chascó su lengua. Tenía que ser más discreto, no podía dejar que Kirishima descubriera todo y tampoco quería discutir con él, lo que menos necesitaba ahora era una pelea.
Con pasos lentos fue al salón a disfrutar del té en familia con Hiyo comentando emocionada todas las cosas que habían pasado esa semana en su ausencia.
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Tras llegar a su casa, alimentó a sus gatos, limpió un poco su casa y luego se encerró en su cuarto a revisar de pies a cabeza todo su armario. No podía creer que estuviera tan estúpidamente nerviosa solo por una salida amistosa.
Negó con su cabeza, la culpa la tenían su estúpido jefe y la infradotada de su amiga y su esposo que tras enterarse de la salida que tenía programada con el mangaka habían estado toda la semana molestando con respecto a la "cita".
Esa mañana antes de ir a trabajar había hablado con Aki, ella había comentado en tono más serio y menos juguetón que quizás debería darse una oportunidad de conocerse mejor con Ijuuin, ella había protestado diciendo que solo eran amigos y que ninguno de ellos tenía esas intenciones, sin embargo la castaña había insistido diciendo algo que era desagradablemente cierto.
-Rei-chan, como vos sos muy torpe para estas cosas yo solo te digo lo que veo desde afuera cada vez que lees los mensajes de él o como actuaste con él el día que vino a cenar aquí, él te hace sonreír de una forma diferente, hacía muchos años no te veía tan emocionada por conocer a alguien y contestar tan interesada a mensajes, solo digo que quizás él te interesa más de lo que pensas… Y no hablo de un interés amistoso.
Gruñó entre dientes y negó con su cabeza al recordar también la sonrisa divertida de su jefe esa tarde cuando salía del trabajo mientras le decía con tono casi cómplice: -Ve a ponerte bonita, buena suerte esta noche, Shinka-san.
¿Por qué todos se creían sus celestinas? Salió de sus pensamientos al sentir a uno de sus gatos frotándose en su pierna maullando y con pesadez se agachó para tomarlo en brazos suavemente. -Shiro-chan ¿Vos tambien vas a molestarme hoy? - Le preguntó al felino que solo maulló y ella negó suavemente con su cabeza mientras lo acariciaba volviendo a mover las prendas en las perchas hasta encontrar qué ponerse.
Sonrió divertida al recordar la conversación que había tenido con el mangaka cuando estuvo en su casa. Dejó el conjunto sobre su cama y luego de bajar a su mascota caminó hasta el baño para darse una larga ducha, tomándose el tiempo de utilizar sus exfoliantes, lociones corporales, depilarse y hacerse una mascarilla para el cabello.
En realidad no tenía idea de que podía pasar en esa salida, pero dicen que siempre es mejor prevenir que lamentar, ella no tenía ninguna doble intención pero aun así quería dar una buena impresión.
Para cuando salió del baño eran cerca de las seis y media, secó su cuerpo, se colocó sus cremas, se colocó la ropa interior y paseándose solo en bragas por su cuarto comenzó a secar su cabello con el secador mientras tarareaba bajito, tenía todo el tiempo del mundo hasta las ocho de la noche, recogió el cabello en un alto rodete dejando caer algunos mechones sobre su rostro que luego rizó, con calma tomó su maquillaje y se tomó su tiempo para hacer sus sombras sin usar base, se colocó el iluminador y buscó un oscuro labial rojo intransferible y de larga duración para sus labios y luego se vistió, preparó su cartera con todo lo necesario, tomó la chaqueta y se dirigió al living, aun tenía cerca de media hora asique se preparó un café y encendió un cigarrillo mientras se sentaba en el sofá mirando su celular a la espera de un mensaje del autor.
Se sentía tonta con todo el trabajo que le había puesto a su apariencia y lo ansiosa que se sentía. Suspirando dió una larga calada a su cigarrillo y luego un sorbo a su café, acariciando a Taku en cuanto el gato se acomodó a su costado para pedir mimos fue entonces cuando el tono de llamada de su teléfono sonó.
Sonrió al ver el nombre Kyo en la pantalla y atendió rápidamente. -¿Si?
-¿Ya estás lista, Reika? Estoy abajo en el auto. - Sonrió ¿Cómo es que habían terminando tratándose por sus nombres sin usar siquiera el honorífico san? La verdad no le importaba mucho, no le molestaba.
-Si, estoy lista, ahora bajo, esperame un momento.
-¿Un momento de verdad, o un momento de mujer? Supongo que estaré aquí una media hora hasta que bajes ¿Cierto?
Riendo a carcajadas por sus palabras se levantó del sofá. -Por idiota ahora si debería hacerte esperar.- Contestó alegremente. -Ahora voy, Kyo, no molestes.- Divertida le cortó antes de que él fuera a responder y todos sus nervios desaparecieron, se colocó la chaqueta, la cartera, tomó el par de tacones y caminó hasta el genkan, ahí se los puso y luego se apresuró a salir del departamento para bajar al encuentro con el mayor.
Ijuuin estaba estacionado frente al edificio con el auto aún en marcha, sonriendo, la verdad él también había estado algo ansioso por esa salida, con Reika era fácil hablar y podía ser él mismo, esa ultima semana entre mensajes se había sentido hasta con la confianza de bromear con ella, realmente esperaba que el restaurante a donde pensaba llevarla le gustara.
Cuando la vió salir del edificio quedó boquiabierto, ella caminó hasta el auto rápidamente y se había subido al asiento del copiloto con alegría. -¡Hola, Kyo! ¿Nos vamos?
-Creí que dijiste que ya no usabas cuero.- Comentó él mirándola de pies a cabeza.
-Cierto, pero también dije que aun tenía mis botas y mi chaqueta.- Respondió divertida.
La observó un momento, llevaba una chaqueta de cuero negra corta hasta debajo de sus costillas con tachas en los hombros y los puños, un corset negro de tela opaca que se ajustaba a su figura, resaltando sus voluptuosos pechos y la fina cadena de plata que decoraba su cuello y pecho, usaba una ajustada calza blanca que favorecía a sus torneadas piernas y unas botas de tacón bajo con una caña que le llegaba un poco más abajo de media pantorrilla de cuero negro y acordonadas. -En serio te ves bien, así que ¿Este es tu estilo? Es muy diferente de lo que usas en la editorial.
-Y... una no sale a beber un viernes en la noche con el traje de la oficina.- Contestó divertida. -Pero gracias, también te ves bien, Kyo.- Devolvió el cumplido mirando la camisa negra con los primeros dos botones desprendidos el pantalón de jean azul oscuro y la chaqueta semi formal gris que el hombre vestía, además podía sentir en el aire el masculino perfume que el autor estaba usando, se sentía aliviada de no ser la única que se había arreglado, si él hubiera llegado con su ropa de siempre y apenas peinado se hubiera sentido muy estúpida por exagerar con su indumentaria. -¿A dónde me llevarás?
-Bueno, dijiste que no querías nada ostentoso pero reserve en un restaurante donde pudiéramos tener algo de privacidad y si es de la alta clase.- Explicó mientras comenzaba a conducir. -Pero no te preocupes, no te vas sentir tan incómoda o eso espero al menos.
-Bueno, no suena tan mal.- Admitió mientras encendía la radio a volumen moderado. -No te preocupes, suficiente que me saques un poco del departamento, fueron dos semanas realmente agotadoras.
-Si, me imagino, la primera por mi culpa y la segunda por tus amigos.
-Más que nada por mis amigos, no he dormido casi nada por Kenji con sus baterías inagotables hasta después de las doce de la noche gritando y jugando por todo el departamento.
-Pero estas feliz por su visita ¿O no? Pudiste pasar tu semana con Aki-san.
-Cierto, me alegro tenerlos cerca en realidad. - Admitió con una sonrisa suave.
Entre charlas el camino al restaurante se había hecho rápido y llevadero, se sintió algo fuera lugar al llegar al lugar y notar lo elegante que era, con la reservación del mangaka fueron llevados a un cuarto privado donde había una gran mesa de roble, una decoración simple y grandes ventanales por los que se podía ver toda la ciudad. -Es hermoso…- Murmuró mientras se sentaba junto a la cabecera del lado izquierdo, donde se había acomodado Ijuuin. -Aunque creo que es un poco mucho ¿No te parece?
-Si, pero estaremos tranquilos.- Aceptó el hombre encogiéndose de hombros y a los veinte minutos minutos ambos estaban ya cómodos con sus chaquetas colgado de los respaldos de las elegantes sillas y ambos disfrutaban de una copa de fino vino mientras esperaban por la comida. -¿Y su semana? Espero que no haya sido tan estrambótica como la mía.
-La verdad aburrida, te lo dije, fuera de dibujar en realidad no tengo mucho que hacer y mi agenda de entrevistas y esas cosas gracias al cielo está vacía, en realidad no tolero esa parte mediática de mi trabajo.
-Bueno los autores con los que he trabajado tampoco disfrutan de esas cosas, supongo que es lo normal, los periodistas son unos chupa sangre y tienes que estar siempre perfecto y encantador o te comen vivo ¿Cierto?- Comentó ella divertida encogiéndose de hombros.
-Si, la verdad que esos de mantener una imagen inmaculada es complicado. - Contestó resoplando. -Solo son unos aduladores que esperan que des un paso en falso para deborarte.
-Qué explicación tan gráfica.- Se mofó divertida. -¿Y no tienes otros hobbies? Digo, no puede ser que dibujar sea lo único en tu vida, con razón te deprimes.- Bromeó bebiendo un trago de su vino.
-Bueno, me gusta mucho leer, la verdad paso gran parte de mi tiempo libre leyendo.
-Repito, eso explica porque se deprime.- Repitió alegremente encogiendo sus hombros. -Yo también disfruto mucho leer pero creo que no podría vivir solo de eso y mi trabajo.
-Supongo que tiene razón, quizás debería buscarme algún pasatiempo. - Aceptó la sugerencia el autor mientras jugaba con la copa en su mano. -Pero tengo una confesión importante que hacer.
-¿Confesión?- Consultó curiosa arqueando una ceja. -¿Y de qué se trata?- Inquierio acomodándose un suelto mechón de cabello tras su oreja.
-La verdad que he estado toda la semana incapaz de despegarme de un excelente libro que encontré por casualidad.- Explicó sonriendo ladino y casi enigmático confundiendo aún más a la editora.
-¿En serio? Pues me alegro por usted ¿Esa es toda la confesión? - Consultó sin entender esa mirada de parte del mangaka. -¿Qué libro es? ¿De qué trata?
-Bueno, es complicado decir de qué trata pero podría resumir con que es un libro de suspenso, ficción y horror con una subtrama de un romance tórrido.- Dijo mientras bebía de su copa.
-Suena como algo que me gustaría leer.- Aceptó la chica, girándose en su dirección aun mirándolo a la cara. -¿Cómo se llama?
-"Promesas de sangre"- Contestó esperando la reacción, primero la vio contrariada, luego pálida y luego sus verdes ojos se abrieron tanto que casi caían de sus cuencas. -¡Antes de que me mates, recuerda que yo pagaré la cena!- Se defendió apresuradamente.
-¡IJUUIN KYO! ¡¿EN QUÉ MOMENTO TE METISTE EN MI COMPUTADORA?!- Gritó escandalizada, dejando la copa en la mesa mientras se cruzaba de brazos con el rostro totalmente rojo.
-Lo siento.- Se disculpó con una mueca pero una sonrisa divertida en sus labios. -El sábado pasado cuando fui a tu casa, mientras dormías me metí en tu computadora para pasar el tiempo y me encontré con la novela, me llamó la atención y descargue el archivo.
-¡Eres un descarado! - Exclamó cubriendo su rostro con una mano por la vergüenza. -No puedo creer que hiciera eso ¡Encima la leíste! Dios santo, qué horror…- Susurró achicandose un poco en la silla. -¡Dios! Si no fuera porque voy presa te mataría.
Riendo alegremente negó con su cabeza. -Vamos, te estoy diciendo que es muy buena me quedé totalmente prendado de la historia ¡Te odio por no terminarla! ¿Cuándo crees que la termines?
-¿No tienes ni un poco de vergüenza o remordimiento?- Chilló girándose a mirarlo, descubriendo su rostro con el ceño fruncido. -¡Robaste mi novela, la leíste sin mi maldito permiso y estás ahí todo feliz con cara de imbécil!
-Creo que debes ser la primera mujer aparte de mi madre que me dice imbécil.- Comentó pensativo el autor antes de cambiar su expresión por una más seria apoyando la copa contra sus labios para tomar otro trago de vino. -Ya me disculpé por meterme donde nadie me llama pero en serio, Reika, si puedes escribir así ¿Por qué eres editora?
-No tienes que ser condescendiente Kyo, es sólo un hobbie, lo hago desde pequeña pero sé que no soy buena.- Alegó ella aún abochornada. -Es una forma de catarsis si queres decirle de alguna forma, me ayuda a manejar mi estrés escribir pero no me gusta que la gente lea lo que escribo ¡Ni mi madre leyó mis novelas!
Frunciendo el ceño, entrecerró un poco sus ojos. -¿Por qué? No estoy siendo condescendiente o adulador, es en serio Reika, escribes muy bien, supongo que no es tu primera novela.
-No, no lo es, es la cuarta. - Dijo haciendo una leve mueca. -Tengo algunos cuentos cortos y cuando era más joven me inclinaba más por la poesía, simplemente me siento muy incómoda cuando leen lo que escribo, detesto compartir esas cosas, son muy personales, en serio quiero matarte.
-En serio lo siento, Reika, no pensé que te molestarias tanto.- Admitió con una leve mueca dejando la copa sobre la mesa. -Pero lo digo en serio ¿Nunca intentaste publicar?
-¿Escuchas cuando te hablo? ¡Por supuesto que no! ¡No puedo tolerar que nadie lea nada de lo que hago! ¿Cómo crees que me pondría con un rechazo editorial? ¡¿Quieres que me tire a las vías del tren?
El mangaka comenzó a reírse a carcajadas con esas palabras ganándose un gruñido sumamente molesto de su acompañante y negó suave con su cabeza. -Lo siento, pero te has burlado de mí toda la semana diciéndome depresivo ¿Y tu? Acabas de hacer una afirmación suicida y en serio, tendrían que ser idiotas para rechazar ese libro, estoy seguro de que sería un éxito, tienes que terminarla y presentarla en Marukawa ¿Me vas a desir que escribiendo desde toda tu vida no sueñas con ser una autora?
La pelirroja hizo una mueca y luego dio un largo suspiro volviendo a tomar su copa pero miró el vino por un largo momento sin tomarlo. -La verdad si, pero simplemente no puedo Kyo, no creo poder tolerar un trabajo así y además en serio no tengo talento, solo hago lo que me gusta como hobbie, entré a trabajar a una editorial porque sabía que eso era lo más cerca que iba a estar de publicar libros en mi vida y ame ser editora de literatura a cada momento y ahora ser editora de mangas también es genial, son mejor ayudando a hacer florecer otros talentos.
-Tonta.- Suspiró el hombre dando un largo suspiro. -¿En serio ni siquiera lo intentarás? Pensé que tenías una personalidad más fuerte que eso… - Alegó con el ceño fruncido, molesto de ver a esa joven y hermosa mujer tan triste y derrotada, pero contrario a lo que esperaba ella había comenzado a reír por sus palabras.
-Lo siento, pero me descubriste más rápido de lo que nunca nadie lo había hecho.- Giró su rostro y posó sus verdes ojos en los contrarios. -Tengo una personalidad fuerte, pero con esto… simplemente no tengo confianza, amo escribir, no podría tolerar que alguien más me diga que apesto ¿Entiendes? no quiero arriesgarme, creo que me rompería, simplemente es mi punto débil.
Dejando caer sus hombros el hombre le sonrió de forma tranquila y dulce. -¿No fuiste vos misma quien me dijo que uno tiene que esforzarse aun cuando sea difícil?
-¿De nuevo usando mis palabras en mi contra?- Bromeó ella sonriente.
-Claro, ya lo sabes, todo lo que digas será usado en tu contra. - Le repitió esta vez ambos rieron viendo entrar al mozo que se dispuso a servirles los platos de comida frente a ellos con gran elegancia y presteza para luego servir un poco más de vinos en las copas e irse en cuando ambos comensales aseguron no necesitar nada más.
-Kyo… ¿De verdad te gustó?- Preguntó mientras veía su plato con las mejillas rojas.
El hombre sonrió y asintió con su cabeza. -Por supuesto, Reika, no te mentiría con esto, de verdad me gustó aunque me frustró que la dejaras en la mejor parte, quiero leer el final.
Luego de un largo suspiro del que floreció una enorme y honesta sonrisa, la pelirroja volvió a verlo, tomando los cubiertos mientras ladeaba un poco su cabeza. -Bien, entonces en cuanto la termine te avisaré ¿Bien? aunque ahora estoy un poco… estancada.
-¿Estancada? ¿Por qué?- Preguntó sorprendido mientras comenzaba a comer.
-Bueno, es el último capítulo el que estoy escribiendo ahora y aunque sé como quiero terminar la historia simplemente no encuentro la forma de escribir lo que está en mi cabeza y que me quede medianamente bien, simplemente está ahí pero está, como cuando tenes una palabra en la punta de la lengua pero en lugar de decirla balbuceas como idiota.- Comentó frustrada mientras saboreaba encantada los alimentos.
Riendo el autor asintió con su cabeza. -Ahora entiendo porque sos buena editora, podes entender bien que se siente crear ¿cierto? Sé cómo te sientes, pero ya pasará, no tenes un plazo que cumplir asique podes tomarte tu tiempo.- Bromeó alegremente.
-¡Otra razón más para simplemente ser una aficionada!- Contestó divertida.
-¿Y hay algo que te inspire? - Consultó totalmente interesado, era fresco hablar con alguien "del medio" con quien se llevara bien y con quien tuviera cosas en común.
La mujer se quedó pensativa un momento y luego sonrió. -Bueno, sonará muy cliché pero supongo que la lluvia y la naturaleza ¿Y a vos?
-Supongo ahora tengo una nueva inspiración. - Contestó divertido.
-¿En serio? ¿Cuál?
-Bueno pensar en todos esos fans a los que mis historias los ayudan en malos momentos.- Contestó satisfecho al ver las mejillas de ella sonrojarse y volvió a reírse en tono bajo. -Antes mi inspiración era Misaki pero… - Hizo una leve mueca tras sus palabras.
-Pensar en él ahora te entristece ¿Cierto?
-Si, supongo que un amor no correspondido de seis años es complicado.- Admitió el autor con un resoplido. -El tambien es fanatico de The kan, es difícil aceptar que solo me admira como autor.
-Bueno, no piense en eso ¡Hoy vamos a divertirnos!- Alegó ella estirando una mano para apoyarla en el brazo del mangaka, sonriéndole dulcemente.
-¡Oh! ¡Ijuuin-sensei! ¡Qué sorpresa encontrarlo aquí! - Por la puerta de la habitación se asomó el director de Marukawa Ryuuchiro Isaka, quien luego entró y le tendió la mano al autor sorprendiendose al ver a la chica. -¡ah! ¡Pero si es la inocente palomita!
La colorada hizo una leve mueca sorprendida por ver a su jefe máximo pero aun así le sonrió e hizo una leve reverencia, un tanto molesta por ese ridículo apodo. -Isaka-san, un gusto encontrarlo.
-¡Oh! ¿Estoy interrumpiendo algo, cierto?- Comentó divertido al verlos compartir la mesa llevando una mano a su barbilla con una sonrisa ladina mientras miraba a ambos de forma pícara.
-No se haga una idea equivocada, Isaka-san.- Pidió el autor dando un largo suspiro. -Pero si está interrumpiendo.
-Ijuuin-sensei, que cruel.- Protestó el castaño apoyándose en la mesa mientras miraba a ambos. -¿Y qué hacen en un lugar aquí, solitos? ¿Una cena romántica?- Preguntó cruzando sus brazos sobre la mesa.
-Isaka-san, como Ijuuin-sensei dijo no se haga una idea equivocada.- Pidió la mujer con una leve mueca. -Solo es una salida amistosa.
-Oh, parece que si sos una inocente palomita ¿Sabías que Ijuuin-sensei está enamorado de Chibi-tan? -Preguntó divertido con una sonrisa ladina. -Parece que media editorial es homosexual, no deberías hacerte muchas ilusiones con este hombre, palomita.
-Isaka-san, por favor, no debería estar revelando la vida privada de Ijuuin-sensei.- Contestó ella educadamente.
-¿Oh? Creí que ibas a levantarte y cachetearlo ¿Qué clase de mujer eres tu?- Preguntó decepcionado haciendo que Ijuuin resoplara con cansancio.
-Isaka-san ¿Qué hace aquí para empezar? - Preguntó el mangaka logrando que el ejecutivo volteara su mirada a él.
-Estaba en una cena de negocios, pero me aburri ¿Me puedo quedar? - Preguntó dispuesto a sentarse en la mesa. -Si es una cena amistosa, podemos cenar amistosamente los tres.
La colorada lo miraba desconcertada ¡¿Y ese hombre era su jefe?! Estaba por protestar cuando el serio e inexpresivo secretario del castaño entró en la habitación. -Ryuuchiro-sama ¿Qué hace aquí? Tiene que volver al trabajo.
-Ah, Asahina…- Se sobresaltó el hombre girándose a ver a su asistente personal. -¿Es que no puedo escaparme de vos?
-Es hora de irnos, Ryuuchiro-sama.- Remarcó tomándolo del brazo para luego hacerle una reverencia a las personas en la mesa. -Lamento las molestias.- Y tras eso sacó arrastrando a su jefe de allí.
-¿Qué se supone que fue eso?- Preguntó la chica una vez solos escuchando protestas de dos voces masculinas por el pasillo.
-Isaka-san es un poco molesto.- Alegó Ijuuin encogiéndose de hombros. -Pero es un hombre divertido.
-Debimos invitarlo a beber.- Comentó ella entretenida. -Habría sido divertido verlo borracho.
-Perdón, necesito preguntar ¿Palomita? ¿Por qué te dice así?- Cuestionó el autor alegremente.
-Me encantaría saberlo.- Reprochó ella resignada. -Marukawa es un manicomio, en serio empiezo a darle la razón a Kirishima-san con eso.
-Hablando de Kirishima-san.- Comentó el autor con gesto pensativo. -Sabes, sigo insistiendo con que deberías presentar la novela en Marukawa, yo creo que te publicaran pero si quieres una opinion mas profesional podrías pedirle de forma personal a Kirishima-san que la lea, es un idiota pero profesionalmente hablando no puedo quejarme de absolutamente nada, si tienes dudas de lo que yo te dije él te dará una devolución más fiable.
-Bueno, no prometo nada pero, lo pensaré ¿de acuerdo?
-De acuerdo, es suficiente para mi.- Contestó alzando su copa a ella y ambos chocaron los cristales en un brindis.
-.-.-.-.-.-.-
Despertó desorientada, se sentó en la cama mientras llevaba una mano a su adolorida cabeza, sentía que tenía un manico tocando un bombo dentro de su cráneo había bebido demasiado ¿Dónde estaba? Miró a su alrededor, no reconocía esa habitación y entonces un movimiento a su lado llamó su atención.
Sintió todos los colores trepar a su rostro al ver en la cama junto a ella a Ijuuin Kyo durmiendo plácidamente con su torso desnudo. Saltando de la forma más felina que en toda su vida salió de la cama espantada viendo con horror su corset tirado en el suelo junto a sus botas, su calza y la ropa del mangaka. Tragó saliva al notar que vestía la camisa del hombre y miró el resto de la ordenada habitación ¿Qué carajos había pasado ahí?
Respiró profundo intentado no entrar en pánico y pensó en la noche anterior y no le costó recordar que había terminado yendo a un club nocturno, habían bebido, bailado y en algún punto creyeron que sería divertido competir en cuanto el autor notó que ella era buena bebedora, en algún momento habían terminando ambos tan ebrios que al bailar ella se había caído dos veces y chocado con más de una persona ganándose burlas del morocho que la acompañaba, se habían divertido realmente, se había reído toda la noche con el mangaka con bromas absurdas y las torpezas de ambos, pero al salir del club cerca de las tres o cuatro en la madrugada con la poca consciencia que ambos lograron rejuntar se dieron cuenta de que sería muy estúpido de su parte regresar conduciendo a casa porque terminarían matándose o matando a alguien.
Cubrió su rostro al recordar abochornada que había sido idea de ella caminar un par de cuadras a esa zona hotelera para pasar esa noche ahí, habían hecho un gran ridículo apoyándose uno en el otro para caminar mientras ella tenía un ataque de risa provocado por un comentario muy fuera de lugar de parte de Ijuuin que había consultado si ella había estado alguna vez con un hombre o si era "virgen", por suerte en el primer hotel en el que entraron consiguieron una habitación, ninguno de los dos se había detenido a pensar en que tendrían que compartir cama hasta que fue tarde y se vieron metidos dentro de la habitación.
Recordó ese momento incómodo en que ambos recayeron en la mal interpretable situación y compartieron una insegura antes de volver a reírse cuando ella fue quien exclamó. "Parecemos un par de adolescentes idiotas."
Se encogió en sí misma cubriendo su rostro con ambas manos al recordar lo descarada que había sido al quitarse las botas y la calza frente al hombre que escandalizado le había preguntado qué se suponía que estaba haciendo y ella, impúdica gracias al alcohol en sus venas había acusado al mangaka de puritano al grito de "¿Me vas a decir que nunca viste a una mujer en culo? ¡Sólo son bragas! ¡Por Dios! ¡Y para tu información son muy bonitas!" y se había volteado a mostrarle los detalles de encaje que la íntima prenda tenía por la parte de atrás cubriendo sus glúteos.
-¡Soy una..! Me quiero morir…- Susurró girándose a ver que Ijuuin, ajeno a su ataque se había desparramado por todo lo ancho de la cama y una de sus piernas caía por el borde del colchón roncando bajo con la boca abierta, no era para nada elegante durmiendo, de hecho era un desastre pero no pudo evitar sonreír al pensar que se veía dulce descansado así, sonrojándose levemente al notar su pálido pecho desnudo subiendo y bajando con su ligera respiración.
Alzó su brazo para notar la camisa que la cubría y sonrió, le quedaba un poco grande, era agradable ¿Cómo había terminado usando esa prenda? Recordó entonces lo escandalosa que había sido al ordenarle a su amigo que se quitara la camisa y se la diera para dormir exclamando "No me voy a poner en tetas, vos podes dormir con el pecho dormido pero estas soñando si crees que voy a dormir en tetas con vos." Kyo se había burlado de ella y exclamado que de todas formas no quería ver "sus globos de grasa" y le había dado su camisa y agradeció que aún ebria había tenido la decencia de quitarse el corset en el baño y salir con la camisa puesta para encontrarse al hombre ya metido en la cama solo en boxer, aunque no había sido sutil al empujarlo casi a patadas al lado izquierdo de la cama reclamando que ella dormida del derecho y se había metido ahí después de tirar su corset al suelo y se había quedado dormida mientras conversaban en voz baja.
Se relajó al darse cuenta que nada había pasado entre ellos, aparte de las bromas y coqueteos ridículos en el pub para quitarse de encima a hombres que intentaban abordarla, a ambos le había parecido divertido burlarse de las parejas que habían encontrado en aquel lugar, tonteando como un par de jóvenes joviales. Eso la hizo sonreír, de verdad hacía al menos unos cuatros años que no salía a un club nocturno y se divertía tanto y la última vez que había estado tan borracha tenía menos de veinticinco años y aún estaba en la universidad.
Con calma levantó sus prendas del suelo y miró el reloj en la mesita de luz eran las nueve y media de la mañana, aún tenían tiempo, a las once debían dejar la habitación. Con pasos suaves y sin hacer ruido se metió en el baño para darse una ducha, apestaba a tabaco y alcohol y el sabor en su boca pastosa era demasiado desagradable, agradeció enormemente que entre los implementos el baño encontró un pequeño frasco de enjuague bucal para al menos quitarse esa sensación horrible.
Kyo despertó por el ruido distante de una ducha en funcionamiento y se sentó en la cama con los ojos entrecerrados, mirando a su alrededor. Esa no era su habitación ¿Qué hacía ahí? Notó en el suelo sus pantalones, chaqueta y zapatos, junto a unos tacones, una cartera y una chaqueta de cuero.
Entonces la realidad lo golpeó, él había salido con Reika la noche anterior pero lo último que recordaba era a ellos bailando en medio de la pista de un club nocturno mientras él le susurraba al oído con tono totalmente divertido que había un hombre que parecía querer golpearlo para alejarlo de ella y estuvo un rato haciendo mofa de que ella estaba recibiendo demasiada atención masculina y ella no había dudado en contarle que había más de una mujer que estaba desvistiendolo a él con los ojos. Por mucho que forzara su cerebro eso era el último recuerdo, después de eso era como si alguien hubiera borrado el resto de la grabación.
Frotó su rostro, tragando con dificultad saliva sintiendo su boca pastosa con el gusto del alcohol y el dolor de su cabeza le recordaba que había bebido demasiado. Puso su atención entonces en la puerta cerrada del baño.
¿Qué había pasado entre ellos? ¿Pasó algo entre ellos? Con el rostro sonrojado salió de la cama y tomó su pantalón para ponérselo, luego se puso las medias y los zapatos y se sentó en la cama ¿Qué haría si algo había pasado? Intentó recordar de nuevo pero no consiguió nada.
La mujer salió de la ducha, secó su cuerpo y se vistió con calma tomando la camisa la camisa negra perteneciente al hombre en la habitación y la acercó hasta su rostro sintiendo el suave aroma del perfume que aún estaba impregnado a la prenda y sonrió suavemente. Sí, bueno, quizás podría admitirse que si, Ijuuin Kyo le gustaba un poco, le atraía, y la verdad es que a pesar de conocerse hace tan poco tiempo cada vez se sentía más en confianza con él. Sonriendo suavemente salió del baño y arqueó una ceja al contrarse al auto sentado en la cara con un rostro totalmente mortificado.
-Kyo ¿No te acuerdas nada de lo de anoche, Cierto?- Preguntó acercándose a él y entregando su camisa.
El hombre tomó lo que le era dado con un gesto arrepentido en toda la cara. -Reika yo… lo siento, bebimos demasiado y lo que sea que haya pasado yo…
La colorada comenzó a reírse al escuchar la disculpa y negó con su cabeza. -¡Dios! ¡No! Kyo, no nos acostamos.- Le aclaró negando con su cabeza alegremente totalmente divertida al notar que el hombre se relajaba del todo dejándose caer en el colchón.
-¡Que alivio! Por un momento me asuste…- Contestó frotando su rostro con una mano.
Fingiéndose ofendida frunció el ceño y se cruzó de brazos. -¿Perdón? ¿Tan malo habría sido tener una aventura conmigo? Que poco caballero eres, Kyo, al menos no debiste decir eso en voz alta.
Riendo el morocho se incorporó tirando hacia atrás sus cabellos con una mano. -Rei, sabes que no quise decirlo de esa forma…- Comentó divertido, levantándose para colocarse la camisa. -Pero eres mi amiga.
-Oh, bueno, solo porque reconociste que soy su amiga ya no me enojo.- Contestó ella entre risas tomando su cartera para buscar su celular, verificando la hora y sonriendo al ver un par de mensajes de su madre que se apresuró a contestar. -Pero me tienes que invitar a desayunar.
-Bien, bien, me parece justo, pero necesito una aspirina, mi cabeza va a explotar.- Comentó mientras se colocaba la chaqueta viendo a la mujer colocarse las botas entre leves quejas. -¿Qué pasa?
-Nada, me duelen los pies, no quisiera tener que ponerme esto ahora pero no tengo nada más.- Resopló resignada, colocandose después la chaqueta. -¿Nos vamos?
-Claro.- Contestó él acercándose y apoyando una mano en la cintura baja de ella para salir juntos de la habitación. -Y por cierto, Rei…- Se inclinó solo un poco, ya que ella usando tacones compensaba la poca diferencia de altura que tenían y habló en tono bajo contra su oído. -No me molesta la idea de acostarme contigo, pero si sucede me gustaría al menos recordarlo.
Sonrojada hasta la punta de sus orejas le dió un sabe codazo para apartarlo de ella con una risita baja escapando de sus labios y se giró a mirarlo. -Ni en tus sueños, querido.
Riéndose a carcajadas se apartó para caminar con ella al ascensor y luego de pasar por la recepción para devolver su llave y pagar el cuarto se dirigieron a desayunar en una cafetería del centro.
-¿Y qué fue lo que pasó? ¿Podrías ilustrarme como terminamos en un cuarto de hotel?
-Bueno, estábamos tan ebrios que me sorprende que llegaramos caminando a algun lado.- Admitió ella divertida. -Yo sugerí que nos quedáramos en un hotel porque creo que ni en taxi hubiera llegado en una pieza a nuestras casas.
-Me sorprende en realidad que pudieras beber tanto sin quedar inconsciente.- Bromeó él tomando un sorbo de su café.
-Bueno, soy buena bebedora.- Contestó ella divertida.
-¿Tienes planes para hoy? - Consultó sonriendo suavemente.
-Si, pero en la noche.- Contestó ella con una sonrisa suave. -Invité a Kirishima-san, Hiyo-chan y Yokozawa-san a cenar esta noche a mi casa.
Algo decepcionado el mangaka asintió con su cabeza. -Ya veo, bueno espero que se diviertan y por cierto no olvides pedirle a Kirishima-san que lea tu novela.
-Te dije que iba a pensarlo pero no prometí que se lo pediría.
-Pero vamos, es una buena oportunidad, Kirishima-san podría ayudarte y convencerte de presentar la novela en Marukawa, te digo que es muy buena, ademas te llevas bien con él y no te va a dar una critica destructiva.
-Bien, bien, quizás se lo pida.- Aceptó ella tomando de su café con una leve sonrisa. -Luego de que vayamos por tu auto podemos ir a mi casa si quieres, puedes quedarte a almorzar.- Invitó amabilidad y una sonrisa suave en sus labios.
Kyo la miró así, con su cabello aún húmedo y suelto, la leve mancha oscurecida bajo sus ojos por los restos de maquillaje, sonriente y con la ropa de la noche anterior puesta ahora casi con descuido y no pudo evitar pensar que ella era simplemente hermosa. Rara vez reparaba en la belleza femenina, él había tenido una que otra novia en su juventud y adolescencia pero nunca se había sentido particularmente atraído por mujeres, él nunca fue como sus compañeros que babeaban indiscretamente por las chicas atractivas intentado ver por debajo de sus faldas pero ahora mismo, mientras la escuchaba hablar respecto al menú que podría cocinar y veía su rostro le parecía la mujer más hermosa que había visto en su vida.
-.-.-.-.-.-.-
Había sido una mañana movida, se habían levantado temprano y entre los tres había decidido limpiar la casa de piso a techo, les había tomado menos tiempo de lo esperado porque habían repartido tareas.
Zen había sido el encargado de limpiar el baño y el balcón, Hiyo había limpiado la cocina y su propia habitación y él había quedado a cargo de el living-comedor y de hacer la lavandería.
Habían almorzado los tres juntos con una emocionada Hiyo que no dejaba de hablar con ansiedad de todo lo que quería ver y todo lo que esperaba encontrar en la feria de artesanos además de lo mucho que la emocionaba que su nueva vecina los hubiera invitado a cenar y le había pedido que lo ayudara a preparar una tarta dulce para llevar de postre esa noche a casa de la colorada.
-Oniichan también podríamos hacer galletitas también así le llevamos a la señorita Hakoda.- Comentó alegremente la preadolescente tras terminar de guardar los platos que habían lavado y buscaba su libro de recetas para ver que preparar.
-Me parece buena idea, Hiyo ¿Qué te gustaría hacer? podríamos preparar galletas de chocolate. - Propuso mientras se acercaba a ella para hojear el libro con un gesto apacible. -Tenemos que elegir algo rápido, son la una de la tarde y nos iremos a las tres de la tarde.
-Bueno podemos hacer galletitas de coco y chocolate.- Comentó emocionada yendo hasta la alacena donde guardaba sus cosas de repostería para verificar que tenía todos los ingredientes.
El castaño se acercó entonces a Yokozawa que revisaba el libro de recetas para buscar también la receta para el postre que llevarían a casa de Shinka y se apoyó de brazos cruzados sobre la barra desayunador a mirarlo.
-¿Sabés? No me canso de verte en delantal osito, te ves adorable pareces una tierna ama de casa.- Comentó ladeando un poco su cabeza con una sonrisa en sus labios.
Con el rostro levemente sonrojado, el agente de ventas soltó un resoplido molesto. -Deja de decir estupideces, Zen, sos la única persona en la tierra que piensa que soy adorable deberías ir a un oftalmologo a que te revisen la vista o bien a un psiquiatra para que descifren que mierda tenes en la cabeza.
-Qué cruel… - Resopló divertido mientras lo señalaba con un dedo. -Yo no tengo absolutamente nada malo, vos deberías revisarte la vista para que te des cuenta de lo bonito que sos.
-¿Ah? - Exclamó increduló y estaba por quejarse cuando fue nuevamente interrumpido por el castaño.
-Hiyo ¿O no que Takafumi es bonito y adorable?- Consultó haciendo que la niña se girara a mirarlo con el bote de haría entre las manos.
La chica miró a ambos adultos y sonrió ampliamente. -Si, Oniichan es muy bonito y bueno, en realidad si es adorable.- Admitió alegremente haciendo que el agente de ventas sintiera su cara enardecida de vergüenza.
-¿De qué están hablando ustedes dos?
-¡No puedes contra ambos, Takafumi! Solo admite que sos lindo.- Acusó divertido el castaño.
-¡Cómo si yo fuera a hacer tal cosa! ¿No tienes nada mejor que hacer que estar molestando, Zen!
-No, en realidad no.- Dijo totalmente entretenido al conseguir que el hombre se pusiera algo nervioso. -¿Qué van a preparar?
-Galletitas de coco y chocolate y pensaba hacer tarta de manzana para llevar a casa de Shinka Onee-san esta noche.- Contestó alegremente la chica, dejando lo que iban a necesitar sobre la mesada. -¿Encontraste la receta, Oniichan?
-No todavía, con tu padre molestando es difícil concentrarse.- Contestó Yokozawa volviendo a poner su atención en el libro.
-¿Eso quiere decir que mi presencia te distrae, Takafumi? - Preguntó con tono descaradamente insinuante el de ondulados cabellos.
-¡ZEN! No pongas palabras en mi boca, idiota, yo no dije eso.- Protestó, casi se le había caído el libro de las manos al escucharlo usar ese tono y miró con reproche a su pareja, señalando discretamente a Hiyo con sus ojos intentado decirle al hombre que se comportará frente a la niña.
-Todavía no puse nada en tu boca, Takafumi… -Respondió juguetonamente.
Hiyo los miraba divertida y con una enorme sonrisa, había extrañado tanto esas peleas durante la semana, Yokozawa no había estado en su casa por temas de trabajo y ciertamente le era muy duro pasar los días en una casa silenciosa, su padre era dulce con ella tras llegar de la oficina pero sin Yokozawa se perdía una gran parte de la calidez de su hogar y ahora ahí, en la cocina, a punto de preparar algo rico junto a su Oniichan, con su padre coqueteandole tan descaradamente se sentía completa.
Su familia estaba completa con Takafumi ahí, deseaba que el hombre pudiera vivir con ellos, quería que él se mudara con ellos para que su casa nunca se sintiera sola, pero no quería molestar a los adultos con sus pedidos egoístas, ella sabía que su oniichan debía tener sus asuntos y que por eso no vivía ahí con ellos, pero estaba impaciente porque eso pasará algún día.
Su padre había decidido quedarse a molestar parado ahí en el desayunador mientras ellos se repartían las tareas para hacer las cosas, su oniichan estaba a cargo de la masa de las galletas mientras ella estaba haciendo la de la tarta de manzana.
-¿Y no me convidas? Se ve rico…- Insistió Zen divertido mientras veía la mezcla de chocolate y coco.
-¿Qué edad tienes? ¿De verdad pretendes que te de la cuchara con masa cruda? - Preguntó el menor con el ceño fruncido.
-Mejor dame con tu dedo.- Pidió sonriendo ladino.
-¡Zen, andá a ver la televisión o a hacer algo lejos de aquí! ¡Molestas!
Hiyo no pudo evitar reír, con sus mejillas apenas sonrojadas ante la escena que sus padres estaban armando frente a ella, ambos eran tan adorables. -Oniichan, solo dale con tu dedo así papá deja de andar molestando.- Pidió mientras empezaba a estirar la masa de la tarta en el molde para llevarla al horno.
Con una sonrisa triunfal, el editor en jefe miró a su pareja, desafiando con sus ojos a obedecer a la niña mientras Yokozawa lamentaba interiormente que la niña fuera tan ingenua como para pedirle hacer algo que estaba seguro luego Zen sacaría de contexto y lo torturaría con ello por siempre.
A regaña dientes tomó un poco de mezcla con su dedo índice y la acercó al castaño. -Toma, y vete.
Con un gesto atrevido el hombre se inclinó al frente y paseó su lengua deliberadamente lento por el dígito, limpiandolo de la dulce sustancia para luego relamer sus labios y guiñandole un ojo al menor. -Bien, ya me voy… -Y tan campante se marchó al living dejando detrás de sí a su muy abochornado novio y a su hija con un grito de fangirl atorado en la garganta.
Hiyo intentó disimular su emosión, luego tenía que escribir eso. ¡Sus padres eran tan lindos!
Para las cuatro y media de la tarde los tres estaban paseando por la enorme feria de artesanos. Ahí había de todo, gente que trabajaba en vidrio, con monedas, con alambre, pintores, gente que hacía hermosos tallados de madera, otros que vendían comestibles caseros, dibujantes que hacían retratos algunos realistas y otros en versión caricaturas.
A Hiyo no le alcanzaban los ojos para ver tantas maravillas, la impresionaba tanto ver a gente talentosa exponiendo sus habilidades, quería correr para todos lados y ver tres o cuatro stands al mismo tiempo sin embargo se contuvo, ya no era una niña que podía correr histriónicamente en todas direcciones y había decidido empezar por uno de los pasillos de mesas caminando lentamente junto a sus padres para poder detenerse a ver todo. -Wow, que bonitos…- Comentó al frenar en un stand de bisutería artesanal, preguntando emocionada los precios de varias cosas.
Yokozawa y Kirishima se habían quedado un poco más rezagados mirando a un artista que estaba haciendo una escultura de alambre para un cliente cuando el castaño habló en voz alta.
-Nuestras conversación de anoche quedó inconclusa.- Giró su rostro serio al menor. -Hoy pareces mucho más alegre pero aun estoy preocupado.
-Te dije que no era nada.- Alegó con un suspiro el agente de ventas. -Y no tienes que preocuparte por nada.
-¿Estás seguro? - Consultó entre la intriga y la incredulidad. -¿Pasó algo con tu familia o el trabajo? Dijiste que no tenía que ver con mudarte conmigo.
El agente de ventas hizo una mueca, Kirishima no iba a dejar pasar tan fácilmente el tema y no estaba seguro de si debía quizás tomar una salida fácil y decirle al mayor lo quería escuchar. -No es nada, solo he estado cansado y estresado con la organización del evento de firmas de la autora de Emerald.
-Entiendo eso, Takafumi, pero es que más que estresado luces triste o preocupado.- Contestó el castaño con tono tranquilo.
Soltando un suspiro bajo el hombre dejó caer sus hombros. -Te digo que no ocurre nada, si realmente pasara algo te lo diría.- Alegó evitando la mirada del mayor, sintiéndose algo culpable por mentirle porque si que le ocurría algo y se estaba negando a hablarlo con él de forma totalmente deliberada.
-Mentiroso.- Dijo y tras eso chasqueó la lengua con frustración. -¿Sabés? Aunque soy bueno para leerte y puedo darme cuenta de muchas cosas, eso no quiere decir que tenga una bola de cristal y pueda entender plenamente lo que pasa por tu cabeza, por eso necesito que me hables, la comunicación es importante.
Se sentía regañado, como un niño pequeño que sabe que ha actuado mal y no puede refutar los retos de su madre. -Lo sé, Zen, pero no tienes que preocuparte.
-El hecho de que me pidas que no lo haga es lo que me preocupa.- Aclaró con el ceño apenas fruncido. -Siempre quieres arreglar todo solo, soy tu novio ¿Si? Puedes hablar conmigo, entre los dos tus cargas se harían más livianas.
-No hables como si fuéramos un viejo matrimonio. - Pidió un tanto abochornado pero, aunque jamás lo admitiría, también profundamente conmovido.
-¡Papá! ¡Oniichan! ¡Miren lo que compré!- Los interrumpió Hiyo con una sonrisa, sosteniendo un pequeño sobre de papel en sus manos.
-¿Qué es eso, Hiyo?- Contestó interesado Kirishima, sonriéndole a su hija.
-Es un regalo para ustedes.- Dijo sacando de adentro de la bolsita dos dijes para adornar el celular y dejarlo cada uno en las manos de los adultos. -Yo también tengo uno, es para que los tres tengamos items combinados. - Exclamó con alegría mostrandoles el que ella también tenía en el celular.
Se trataba de tres osos hechos de un material parecido al vidrio liquido, el de Yokozawa era un oso negro parado en sus patas traseras, el de kirishima era un oso pardo de color marrón claro que estaba echado y el de hijo era la cabecita de una osezna color marrón claro con un moño rosa posado en una de las orejas. -¿No son bonitos?- Preguntó alegremente.
Kirishima se carcajeo ante el regalo y asintió totalmente feliz, sacando su celular para colocar el adorno. -¡Son preciosos, Hiyo! ¡Gracias! ¡Ahora los tres combinamos!
Yokozawa se había quedado con las mejillas encendidas viendo su regalo y a su pareja sonriéndole con algarabía a la niña. Le hubiera encantado negarse a poner un adorno tan ridículo y embarazoso en su teléfono, pero un regalo de ella, no podía rechazarlo, además tener algo que los uniera a los tres si era algo tierno. -Gracias, Hiyo, si es muy bonito.- Dijo menos efusivamente mientras tomaba su teléfono para colgar el dije de él.
-¿Verdad? Es que los ví y me pareció que eran perfectos para nosotros. -Explicó alegremente la chica. -Ah, vi que la profesora Hakoda está unos stands más adelante, iré a llevarle las galletas. - Y tras sus palabras se alejó de los adultos.
-Aunque esté creciendo a veces hace estas cosas.- Comentó Kirishima con gesto casi soñador, viendo con el orgullo pintado en su cara como su niña se alejaba. -Quisiera que se quedara así para siempre.- Suspiró.
-Deberías sólo aceptar que ya es una señorita, Zen.- Alegó aunque su rostro se suavizó mientras él mismo miraba con orgullo como la pequeña niña que había conocido hace unos años ahora era toda una jovencita que hablaba con su profesora a unos ocho stands de distancia, entregando su regalo de galletas mientras sonreía alegremente y señalaba en su dirección. -Se está convirtiendo en una buena joven, en vez de quejarte deberías estar feliz de que de alguna forma lograste criarla bien…
-Cierto, no sé cómo es que lo hice.- Admitió divertido el castaño, mirando el dije en su teléfono. -Es enternecedor que nos regalara esto para combinar con ella, pronto no no va a querer ni cerca. - Admitió con resignación pero luego volvió a esbozar una sonrisa. -Takafumi, en realidad, antes de que te mudes…
-No acepté mudarme aún, Zen.- Interrumpió caminando a su lado para acercarse a donde Hiyo conversaba con su maestra para saludar.
-Lo harás eventualmente. - Expusó como si se tratara de una realidad inevitable, mirando de reojo a su pareja. -No interrumpas esta vez, escucha, creo que tienes razón en algo, vivir juntos es formalizar y si hay una persona de la que me importe su opinión es Hiyo, creo que deberíamos decirle.
El agente de ventas se detuvo, mirándolo con incredulidad. -¿Perdón?
-No me mires así, hay que decirle en algún momento y creo que ahora es cuando.- Dijo pasando una mano por su nuca.
-No sabes lo que estás diciendo, de todos modos no deberíamos discutir esto aquí.
-Si, no es el mejor lugar, lo admito pero es que sino nunca es buen momento tampoco.- Argumentó con calma, encogiéndose de hombros. -De todos modos, es más un formalismo tonto, Hiyo te adora y estos items… creo que ella ya te considera parte de la familia.
El hombre más joven hizo una mueca y negó suave con su cabeza. -Hablemos después de esto.- Más que un pedido, aquello había sonado a orden y ambos volvieron a dirigir sus pasos a la pequeña que los esperaba para presentar a su maestra con quien charlaron por unos minutos, llenándose de paternal orgullo al escuchar a la docente llenar de halagos a su educada y aplicada alumna.
Las horas habían pasado y habían terminado comprando algunas cosas, una frutera hecha de bambú que Hiyo había escogido para la casa, algunos productos comestibles artesanales y bajo insistencia tanto de la niña como de su padre se habían hecho hacer un retrato familiar dibujado, donde tras que Hiyo le mostrara una foto de su mascota al artista, éste incluyera a Sorata en su obra y Yokozawa prometió comprar un bonito cuadro para poder poner el retrato en el salón de la casa como Hiyo pedía.
Cerca de las ocho de la noche como fue acordado previamente los tres estaban parados fuera del departamento de Shinka y la mujer no demoró mucho en abrirles, la jovencita llevaba en sus manos la bolsa de cartón con los mangas para devolver aunque aunque no así las novelas que aún no terminaba de leer y Yokozawa cargaba la bandeja con la tarta de manzana cubierta por un repasador limpio.
-Hola, a todos ¡Qué puntuales!- Exclamó la colorada que vestía un claro pantalón de jean un tanto ajustado, su cabello recogido en una coleta alta y una suelta remera negra de algodón de mangas cortas con una estampa del grupo Versailles en ella, sin una gota de maquillaje en su rostro. -¡Pasen por favor! - Pidió alegremente.
-Permiso.- Dijeron los tres al unísono pasando al genkan para quitarse los zapatos y entrar luego en la casa tras la editora. -Trajimos el postre, Shinka-san.- Comentó Yokozawa ofreciéndole la tarta que la mujer tomó gustosa.
-Muchas gracias, no tenían porqué hacerlo.-Comentó dulcemente llevando el postre a la cocina.
-¡Taku! ¡Shiro!- Saludó alegremente la chica inclinándose para acariciar a ambos gatos que se acercaron curiosos a ver a las visitas.
Yokozawa miró sorprendido a los dos felinos y también reparó en lo bien que ahora lucía el departamento con todo en su lugar, sintiendo el aroma afrutado del aire gracias a los inciensos que estaban prendidos en el living. -Shinka-san, todo quedó muy bien.- Halagó intentado ser amable sonriendo al notar que el gato blanco se frotaba contra su pierna y se inclinó para acariciarlo, sonriente al notarlo ronronear contra él, inclinando la cabeza para buscar más caricias.
-¡Muchas gracias, Yokozawa-san! Wow, le agrada mucho a Shiro.- Comentó sorprendida pero alegre. -Eso es raro, ese gato no quiere a nadie.
-No sabía que tenía mascotas, Shinka-san.- Comentó el agente de ventas distraídamente mientras continuaba mimando al animalito.
-Es que cuando usted vino la última vez ellos aún estaban en la guardería veterinaria.- Explicó alegremente. -Veo que Kirishima-san tenía razón.
-¿Perdón?- Consultó girándose a ver a su pareja con una ceja arqueada. -¿Qué fue lo que dijo él?
-Nada malo, solo que usted y Shiro se entenderían bien.- Comentó pensativa la mujer mientras encendía la cafetera y colocaba agua a hervir para preparar el té de Hiyo. -A shiro no le agradó Kirishima-san pero él dijo que ustedes se llevarían bien. - Explicó divertida girándose a verlos a los tres. -Me disculparán pero todavía le falta a la cena, ahora sirvo café.
-¡Yo quiero un té, Shinka onee-san! - Exclamó alegre la chica entonces enseñando la bolsa. -¡Ah! ¡Traje sus mangas! pero aún no terminé las novelas, lo siento.- Se excusó haciendo una leve reverencia.
-No te preocupes, Hiyo, ve a ponerlos donde van, sabes donde es.- Dijo alegre giñandole un ojo. -¿Te esta gustando ese manga?
-¡Es genial!- Gritó alegremente la chica mientras trotaba a la biblioteca para guardar los tomos donde correspondía.
-¿Necesita ayuda en algo, Shinka-san?- Se ofreció Yokozawa educamente para asistir a la mujer. Estaba algo incómodo pero tras mimar al gato tenía que admitir que se había relajado un poco, si ella era una mujer de felinos quizás no fuera tan mala.
-No, Yokozawa-san, muchas gracias pero no se preocupe, es un invitado.- Aclaró ella negando con su cabeza señalando el salón. -Pónganse cómodos, ahí voy.
-Como digas, Shinka-san.- Despreocupadamente, Kirishima avanzó hasta los sillones para sentarse en el dos cuerpos con completa tranquilidad.
Hiyo se había acomodado en uno de los sofá individuales ojeando otro de los mangas con una sonrisa apacible en sus labios. Yokozawa suspiro al ver a padre e hija tan cómodos en una casa ajena, era como si estar ahí les resultara natural a ambos y eso lo hizo hacer una mueca, quería pensar que eso se debía al descaro innato de Kirishima y a la ingenuidad de Hiyo y no a otra cosa. Con pasos tranquilos se acercó al salón, por instinto se iba a sentar en el sofá individual pero luego la idea de que la mujer ocuparía el lugar junto al castaño lo hizo fruncir el ceño y se ubicó junto al castaño, quizás innecesariamente cerca de él por lo que el editor arqueó una ceja intrigado por su actitud.
La pelirroja se acercó entonces con una bandeja con las tazas y las sirvió en la mesita con una sonrisa, café para los adultos, té verde para la jovencita. -Veo que encontraste algo para leer, Hiyo.- Comentó divertida antes de alzar su vista a su jefe. -¿Y cómo les fue en la feria de artesanos?
-Muy bien, compramos algunas cosas, mañana también estarán si quiere podría ir, tiene cosas interesantes.- Contestó el de ondulados cabellos tomando su taza para dar un sorbo antes de sonreír con maliciosa picardía. -¿Y cómo le fue anoche con su asunto?
La mujer arrugó su nariz, ese tic tan suyo cuando algo la molestaba, Kirishima había estado diciéndole "asunto" a su salida con Ijuuin toda la semana, aunque prefería que le dijera así en lugar de "cita", su rostro entonces enrojeció al recordar el detalle de que había terminado ebria compartiendo cama de hotel con el autor ¡Kirishima no podía enterarse de eso! Sin embargo antes de que pudiera contestar su sonrojo fue mal interpretado y su jefe comenzó a reír totalmente divertido. -Wow, no pierde el tiempo ¿Cierto? ¡Veo que le fue genial!
-¡KIRISHIMA-SAN!- Chilló escandalizada y frunció su ceño. -No se haga ideas.- Pidió un poco más tranquila, dándole un sorbo a su café. -Solo dire que me fue bien, y no va a sacar más información de mi.
Yokozawa observaba el intercambio sintiendo que su ácido estomacal subía a su garganta. Le fastidiaba tanto ver esa complicidad entre ellos, la mirada juguetona que su pareja estaba poniendo para ella lo enfermaba, quería escupirle su bilis a esa mujer en la cara pero debía contenerse, debía recordarse que él estaba ahí con un propósito, intentar ser amable con ella para ser amigos, agradeció infinitamente al dios de turno que Shiro se hubiera subido a su regazo y poder desahogar su malestar acariciando al felino. -¿Qué está preparando de cenar, Shinka-san?- Preguntó interrumpiendo la charla de esos dos, no quería que Zen siguiera hablando con ella.
-Bueno preparé, Tataki para la entrada y ahora estoy preparando Yakisoba.- Comentó alegremente con una sonrisa. -Espero que les guste, después de tener un día agitado seguro necesitan reponer energías.- comentó animada, mirando con interés a su gato ronronear sobre el regazo de jefe de ventas. -Me alegré que se lleve bien con Shiro, se ve que es una persona de gatos y debe ser bueno para que mi mascota se sienta cómoda con usted.
El halago había llegado para él de forma desprevenida y no pudo más que sonreír un tanto cohibido quizás. -Gracias, Shinka-san, es cierto que me llevo mejor a con los animales que con las personas.
-Ya veo, Shiro es un gato arisco por lo general, lo recasté hace unos años, estaba herido algún perro lo había atacado y se notaba que era un gato callejero, seguramente fue maltratado me costó mucho que se sintiera cómodo en mi casa al principio pero ahora me quiere.- Comentó con una sonrisa dulce. -Pero es desconfiado de la gente en general, es bueno verlo tan mimoso.
-Los animales rescatados son complicados, pero ha hecho un gran trabajo con él si lo encontró en tan malas condiciones, nunca hubiera imaginado que era un gato callejero.- Admitió el hombre que ahora pasaba sus grandes dedos tras las orejitas del animalito.
-Muchas gracias, Yokozawa-san. - Con calma la mujer se levantó de su lugar y se dirigió a la cocina para continuar con la cena, llevando su café con ella. -Siéntanse cómodos, mi casa es la suya, pueden poner la televisión si quieren.
-Muchas gracias, Shinka-san.- Comentó Kirishima quien tomó el control para encender el aparato.
Yokozawa no se sentía para nada tranquilo simplemente quedándose ahí sin nada que hacer, asique se levantó y se acercó a la mujer. -¿Segura no necesita ayuda, Shinka-san?
-Bueno, puede ir poniendo la mesa si quiere. - Ofreció ella estirando una mano para sacar de un cajón un mantel de color azul oscuro. -Ponga este mantel primero, los palillos están en aquel cajón, los vasos en esa alacena, yo serviré los platos aquí. - Explicó señalando los lugares.
Solícito el hombre se dispuso a hacer lo indicado mientras miraba a la chica cocinar y a los kirishima muy distraídos, Hiyo leyendo y Zen con el televisor. -Puedo preguntarle, Shinka-san ¿Por qué decidió venir a Tokyo?- Consultó intentando sacar algo de conversación, no era del todo bueno en eso de "hacer amigos" pero tenía que intentarlo.
-Bueno, mi vida se estaba volviendo aburrida y quería un cambio, pensé que venir a vivir a una gran ciudad como Tokyo podría darme un poco de emoción.- Explicó encogiéndose de hombros. -No tengo pareja, ni hijos, ni nada que me ate a Sapporo además de mi madre y mis amigos y decidí empezar a buscar trabajo, Marukawa fue mi primera opción y cuando me llamaron para la entrevista y tuve que venir aquí por un par de días me convencí de que era lo correcto.- Explicó con una suave sonrisa. -No sé cómo explicarle, Yokozawa-san, simplemente sentí que tenía que venir, que aquí podrían pasarme cosas buenas y en ese momento pensé que no importaba si no entraba a Marukawa, buscaría trabajo en otro lado pero yo quería venir aquí, era como si algo en la ciudad me llamara. - El hombre frunció apenas el ceño con incomprensión y eso la hizo reír. -Sueno como una loca ¿cierto? No se preocupe, supongo que no cree en cosas como el destino y las frecuencias pero, digamos que fue algo así lo que me hizo tomar la decisión de venir y cuando Marukawa me aceptó fue como la gran señal de que estaba en lo correcto.
-Es una mujer un poco peculiar, Shinka-san.- Se limitó a contestar intentado ser cordial, pero la pelirroja solo se encogió de hombros con su vista en la comida.
-Es una forma elegante de decirme extraña, pero tiene razón, no se preocupe que no me ofender su comentario.- Aclaró antes de que el de cabellos azulados se disculpara. - ¿Usted? ¿Cómo terminó trabajando en Marukawa?
-Solo se me dió la oportunidad de postularme cuando terminé la universidad y es un trabajo que disfruto. - Se limitó a decir acomodando todo en la mesa. - ¿Se siente cómoda aquí? Me refiero a en la ciudad y en la editorial.
-Si, ciertamente, es muy poco el tiempo que llevo aquí pero me siento en casa.- Afirmó girando su mirada en dirección al salón. -Además conocí gente muy buena, tengo excelentes vecinos.
Sus palabras, su sonrisa, él hecho de que mirara a su familia de esa forma hizo que rechinara los dientes, apretando tanto la mandíbula que sus molares dolían. -Ya veo.
-Y el trabajo es agradable aunque…- La mujer hizo una mueca y miró con curiosidad a Yokozawa. - Nuestro excéntrico jefe está un poco loco ¿Cierto? - Preguntó arqueando una ceja. -Es una persona muy extraña, mi jefa anterior, la directora de Originals, Akiyama-san, era una mujer parca y estricta, jamás la vi sonreír en los años que trabajé allí y no era muy agradable en realidad.
-Isaka-san es una persona un poco…- No, no sabía cómo definir a su impresentable director sin ser inapropiado. -Es un hombre particular.
Riendo la mujer apagó la hornalla y se encogió de hombros. -¿Siempre es un hombre tan correcto, Yokozawa-san? Puede relajarse en mi casa
Kirishima giró su cabeza en su dirección y sonrió ladino. -Ni lo intentes, Shinka-san, Takafumi solo se relaja y es adorable en mi casa.
-¡Cállate! ¿A quién llamas adorable?
-A vos, osito, claro.- Contestó el editor en jefe haciendo reír a su anfitriona.
-Papá, oniichan no peleen en casa de Shinka onee-san.- Pidió la adolescente levantando su vista del manga.
-De todos modos la comida ya está lista, asique vengan a la mesa, Hiyo-chan, Kirishima-san.- Pidió la mujer mientras se giraba a busca los tazones para servir el yakisoba y le tendía la bandeja con tataki a Yokozawa para que la llevara a la mesa.
En pocos minutos ya estaba los cuatro disfrutando de la cena. -Wow, cocina increíble Shinka-san.- Comentó Kirishima con una sonrisa. -Ya puede casarse.
-¡En serio cocina muy bien, Shinka onee-san! ¿Me enseñaría a preparar tataki? - Preguntó emocionada la niña
La mujer se carcajeó y asintió con su cabeza. -Claro, Hiyo-chan, cuando quieras puedo enseñarte.- Aceptó gustosa antes de alzar la vista a su jefe. -Y no planeo casarme, Kirishima-san, ya me resigne a ser solterona coleccionista de gatos.
-¿No planea casarse, Shinka-san?- Se atrevió a cuestionar Yokozawa, ciertamente le incomodaba preguntar cosas tan personales a alguien con quien no tenía trato pero se podría decir que ese tema le interesaba.
-No, nunca fue una prioridad para mi eso del matrimonio.-Contestó tranquilamente.
-¿En serio? ¿Y tus padres que opinan de eso?- Cuestionó Kirishima arqueando una ceja, mientras el de ojos azul grisáceos sentía que el interés de su pareja por saber algo así era como patada en sus bajos.
-Mi madre está resignada que los únicos nietos que tendrá son gatitos así que ya no se queja, bueno, no, si, si se queja y mucho pero la ignoro.- Contestó divertida encogiéndose de hombros haciendo reír al mayor en la mesa.
-¿Y su padre?
-Falleció cuando era adolescente.- Contestó ella con simplicidad, negando apenas con su cabeza. -Pero hubiera estado de acuerdo con cualquier decisión que tomará.
-Ya veo, lamento haber preguntado, Shinka-san.- Se disculpó el castaño.
Negando con su cabeza la mujer le restó importancia al asunto y dirigió su mirada a la adolescente en la mesa. -¿Y vos, Hiyo-chan? ¿No hay ningún muchacho arrastrandote el ala?
La pregunta tomó a la adolescente desprevenida y sintió sus mejillas arder, dando un pequeño bote en la silla ante la mirada de los tres adultos sobre ella. -¡¿Qué?! ¡No, no!- Contestó apresurada.
-Ah, ya veo ¿Pero hay alguien que te gusta?- Preguntó divertida al verla tan escandalizada.
-¡No! ¡Mi niña es muy bebé todavía para andarse fijando en rufianes!- Intervino escandalizado el sobreprotector padre.
-¡PAPÁ! ¡NO SOY UNA BEBÉ!- Se defendió abochornada la chica.
-¡Zen!- Lo censuró al mismo tiempo el hombre menor.
Shinka por su parte estalló en carcajadas alegres. -Ay, Hiyo-chan tu padre es muy sobreprotector.- Bromeó mientras bebía un poco de jugo.
Un poco ofuscada, la preadolescente hizo un puchero antes de mirar a su vecina. -Igual no me gusta nadie, Shinka onee-san, pero no soy una bebé.
-Claro que no, pero nosotras nunca dejamos de ser una bebés a los ojos de papá.- Comentó ella divertida giñandole un ojo a la jovencita.
-Cierto ¡Nunca vas a estar lo bastante grande para mi, Hiyo!- Aseveró el de cabellos ondulados ganándose un suspiro de parte de su hija y pareja aterradoramente idénticos, cosa que lo hizo hacer un mohín con sus labios. -¡Ey! ¡Takafumi deja de enseñarle a mi nena a ser como vos!
-Si no fueras insufrible, Hiyo no suspiraba cuando dices idioteces.- Le aclaró él mientras continuaba comiendo despreocupado su cena.
Shinka observó entonces la forma infantil en que su jefe arremedaba al agente de ventas y sonrió,él ya le había dejado muy claro que ellos eran una pareja con una indirecta muy directa y ciertamente al mirarlos con atención la forma en que Kirishima lo trataba, al forma tan natural en la que discutían era dulce y relajante, le hacía sentir que estaba en presencia de un matrimonio que se amaba de verdad, era como ver a Aki y Renji cuando "discutían" y ambos terminaban riendo o compartiendo un beso casto mientras alguno de los dos fingía estar molesto y luego se sonreían, era ese mismo aire, como si pudiera ver de forma palpable el amor entre ellos, ese entendimiento que iba más allá de la cara gruñona de Yokozawa y la juguetona de Kirishima.
Un recuerdo acudió a su mente, ella parada en la barra del club la noche anterior con una mano apoyada sobre el hombro de Ijuuin mientras ambos reían por una mala broma respecto a su mala suerte en el amor, en algún punto ambos habían terminado burlándose de sí mismo y sus pésimas relaciones pasadas, ella le había contado de una ex loca que había arrojado huevos a su casa mientras le gritaba y él le había comentado lo incómodo que lo ponía que el editor Shizuku Ishi lo ponía porque claramente tenía una malsana obsesión con él, se había sentido tan cómoda compartiendo esas cosas privadas de su vida con él de forma tan jovial. Su rostro se sonrojó por completo al notar que acababa de asociar ese momento con lo que veía entre Kirishima y Yokozawa. ¡Pero qué tonta! ¡No! ¡No, tenía de desechar esa idea de su cabeza! ¡Basta!
El agente de ventas entonces reparó en que la editora tenía su mirada casi soñadora puesta en Kirishima y como poco a poco su rostro iba ampliando esa mueca hasta que su rostro empezó a competir en color con su cabello y carraspeó para llamar su atención. No, no podía permitir que ella soñara despierta con su novio, porque estaba seguro que era lo que hacía y le estaba costando mucho luchar contra su asco y celos para no hacer nada estúpido. -Muchas gracias por invitarnos, Shinka-san, ciertamente cocina muy bien.
-Gracias, Yokozawa-san, aunque después de probar su comida en realidad no cocino mejor que usted.- Respondió de forma dulce. -Quizás podríamos intercambiar recetas.
-Oh, claro, cuando usted quiera.- Contestó luchando con su afilada lengua para no mandarla a ella y a sus recetas al infierno.
Cuando la cena terminó, Hiyo se ofreció a recoger todo y Yokozawa decidió ayudarla a pesar de que la dueña de casa les había pedido que no lo hicieran ya que ellos eran los invitados, pero la pequeña insistió. La editora sonrió agradecida y se giró a ver a su jefe que estaba terminando su porción de tarta de manzana y ladeó un poco su cabeza. Ahora que lo pensaba, Kyo tenía razón con la sugerencia que le había hecho, ella jamás le había mostrado sus novelas a nadie, su madre sabía que escribía porque era algo que hacía desde pequeña y aquellas épocas inocentes si que compartía con sus padres su creaciones que eran siempre aplaudidas y Aki a pesar de que sabía que ella escribía nunca había leído más que sus relatos cortos, era su amiga así que siempre la adulaba e insentivaba pero eran gente cercana, no podía tomarse sus cumplidos en serio en cambio Kirishima era solo un colega con quien se llevaba muy bien y esperaba que se hicieran amigos era profesional y quizás su opinión la ayudará a decidirse, lo que Kyo le había dicho sobre su novela aún daba vueltas en su cabeza y sería tonto mentirse a sí misma diciendo que no la había ilusionado la posibilidad de ser publicada.
Mordió su labio inferior con nerviosismo y respiró profundo antes de abrir su boca para hablar. -Kirishima-san ¿Podría pedirle hablar a solas un momento?- Consultó mientras se levantaba de la mesa.
Extrañado por el pedido el editor en jefe parpadeó un par de veces. -Ah… si, claro. - Aceptó aún un poco aturdido.
-Venga un momento, entonces, por favor.- Pidió ella caminando hasta la entrada de su casa, alejándose de los otros dos que terminaban de lavar los platos.
Yokozawa observó incrédulo como su pareja se alejaba con esa mujer y apretó con fuerza el vaso que tenía en su mano. ¿Qué había sido eso? ¿Hablar a solas? ¿De qué? ¿Para qué? ¿Por qué Zen había aceptado?
Una vez en el genkan, Kirishima se cruzó de hombros observándola con una mirada intrigada. -¿Qué ocurre, Shinka-san?
-Bueno, no sé muy bien cómo decirle esto pero ¿podría pedirle un favor personal? - Inquirió ella con sus mejillas encendidas.
-¿Favor personal?- Preguntó divertido, eso se ponía interesante. -¿Debo suponer que se trata de Ijuuin-sensei?
Con su rostro aún más enrojecido, ella lo miró boquiabierta y controló su voz antes de gritarle. -¡Por supuesto que no!- Le aclaró arrugando su nariz. -¿Quiere dejarme en paz con eso?
-No lo haré, es divertido molestarte.- Respondió campante y victorioso. -Pero si no es eso entonces ¿de qué se trata?
-En serio no entiendo como Yokozawa-san lo soporta.- Resopló mientras negaba con su cabeza pero luego se cruzó de brazos con cierta inseguridad reflejada en todo su lenguaje corporal. -Digamos que si tiene que ver con Kyo, pero no como usted cree, él fue quien me sugirió pedir su ayuda con esto.
-Bien, ahora si estoy interesado ¿Mi ayuda? ¿Para qué necesita mi ayuda?
-La verdad no estoy para nada segura de pedirle esto pero creo que en realidad tampoco es tan mala idea.- Admitió dubitativa. -Escuche, soy escritora aficionada y por andar husmeando donde nadie lo llamó Kyo encontró una de mis novelas.- Explicó nerviosamente pasando el peso de su cuerpo de un pie al otro con su rostro cada vez más sonrojado, incapaz de mantener su mirada en su interlocutor así que veía el piso como si fuera lo más interesante que había visto en su vida. -Él me dijo que es buena y me sugirió que la presentara en Marukawa, aún no está terminada, le falta el último capítulo pero… - Tragó saliva con dificultad y se atrevió a mirar al rostro de su jefe por unos segundos. -Me aterra la idea yo quería pedirle que…
-No voy a solicitar que la publiquen Shinka-san.- Contestó tajante y serio el castaño. -Me agradas, somos buenos colegas pero soy profecional en mi trabajo y no mezclo…
-¡No! ¡No! Kirishima-san, por favor, yo jamás le pediría eso.- Lo interrumpió apresurada ella ganándose una mirada curiosa y sorprendida a cambio. -Solo quiero pedirle que le lea.- Le aclaró exhalando su aliento casi derrotada. -Solo le pido eso, como un amigo, o más bien como un colega con experiencia.- Explicó ella encogiéndose de hombros. -Necesito una opinion imparcial no tengo mucha seguridad respecto a mi capacidad como escritora, solo quiero su opinión.- Continuó un poco más relajada. -Lo ví trabajando con Kyo y admito que es admirable su trabajo como editor, solo quiero me diga que piensa, quizás podría ayudarme a decidirme con respecto a si vale la pena llevar mi trabajo a la editorial, nosotros no somos amigos no tiene porque mentirme y confió en que sabrá darme una crítica valedera. Es solo eso.
Más relajado y con una sonrisa amable el castaño asintió. -Ya veo, perdón por malinterpretar, no quise insultala ni nada parecido Shinka-san. - Aclaró más animadamente. -Me halaga que me pida eso en realidad, jamás he sido editor de literatura pero puedo aceptar lo que me pide, no como un ojo experto pero si como un colega.
Sintiendo que se sacaba un peso de encima ella sonrió y descruzó sus brazos. -Muchas gracias, Kirishima-san, en serio lo aprecio, si le parece bien puedo enviarle la novela a su correo.
-Claro, enviamela, la leere ahora que no estamos tapados de trabajo.- Aceptó él con calma.
-Una cosa más, Kirishima-san, por favor no mencione a nadie sobre esto, el que me guste escribir es un secreto ¿Si? no me siento cómoda con que la gente sepa que esa es mi afición, siendo editora no quiero miradas y comentarios de pasillo respecto a que soy una escritora frustrada ni nada así ¿Me entiende?
-La entiendo, Shinka-san, no se preocupe, soy una tumba.
La mujer entonces apoyó una delicada mano en el brazo derecho del mayor, dándole un gentil apretón amistoso mientras le sonreía. -En serio muchas gracias
-No hay de qué, Shinka-san.- Respondió él dándole una suave palmada en el hombro.
Yokozawa se había asomado al pasillo que daba al genkan para informar que ya habían terminado con los platos y sus ojos dilucidaron la forma en que la pelirroja tomaba el brazo de su pareja, su cuerpo se movió y comenzó a avanzar hasta ellos, quería arrancarle la mano ¿Cómo se atrevía esa mujer a tocar con tanta confianza a Zen? ¿Quíen le había dado ese permiso? Vio con horror como el castaño correspondía el gesto palmeando su hombro y al llegar a un metro de ellos carraspeó sintiéndose asqueado por ese intercambio. -Shinka-san, Zen…- Habló en voz alta, no tenía idea de qué estaban hablando antes de que él llegara pero simplemente tenía que interrumpirlos, tenía que separarlos, no la quería cerca de su pareja, definitivamente no quería a esa mujer cerca, vio con indignación cómo ambos se sobresaltaron un poco con su intervención, como si hubieran sido atrapados en medio de algo y su molestia creció. -Ya terminamos con los platos ¿Está todo bien?
-Si, si, Yokozawa-san no se preocupe.- Contestó ella apresuradamente con su rostro aun sonrojado y eso lo hizo a él sentir la urgencia de tomar a Zen y sacarlo de ahí lo antes posible. -Muchas gracias por encargarse de eso, en verdad no debían.
-Usted nos invitó a cenar, Shinka-san, es lo menos que podíamos hacer. - Respondió educadamente pese a que todo él quería hacerla desaparecer del mapa.
-Aún así, muchas gracias.
-Bueno, es tarde, yo creo que mejor ya nos retiramos. - Comentó Kirishima alegremente. -Gracias por todo Shinka-san
-No, gracias a ustedes por venir.- Combinó ella con tranquilidad.
-Iré a buscar a Hiyo entonces.
-.-.-.-.-.-.-
Ya en metido en la cama no dejaba de darle vueltas a lo que había visto, ese intercambio entre Kirishima y la pelirroja aun le revolvía el estómago. Se suponía que estaba leyendo, pero solo tenía el libro abierto frente a él con su ceño fruncido mientras continuaba cuestionandose qué habían estado hablando esos dos para mostrarse tan táctiles el uno con el otro y porqué se habían sobresaltado así con su intervención.
Alzó su vista al ver entrar al dueño de sus pensamientos secándose el cabello con una toalla ya vestido con el pantalón largo que usaba para dormir.
-¿Apago la luz? - Preguntó Zen con calma mientras cerraba la puerta tras de si.
-Si, hazlo, igual estoy cansado no voy a seguir leyendo, fue un día largo. - Admitió el agente de ventas cerrando el libro para dejarlo en la mesa de luz.
El castaño hizo lo indicado y dejando la toalla colgando una silla se subió a la cama con una sonrisa cómplice, besando suave los labios de su pareja. -Es cierto, pero fue un gran día, lo pasamos bien ¿Verdad?
-Si, en realidad si.- Aceptó tras corresponder el casto obsculo.
-¿Sabés? Te extrañé mucho esta semana… - Comentó mientras acariciaba despacio la cintura de su amante.
-Ni se te ocurra.- Espetó dándole un suave golpe a la mano que estaba bajando más de lo que era aceptable.
-¡Ey! No seas aguafiestas ¿No me extrañaste vos, osito? - Consultó divertido inclinándose a besar su cuello.
-Hiyo está en casa.- Lo reprendió apoyando sus manos en su pecho pero sin hacer presión para apartarlo.
-Lo haremos calladitos…- Insistió mordiendo despacio la piel.
-¡No dejes marcas!- Protestó apartandolo de él. -¡Dios! ¡Zen! Compórtate que no sos un mocoso de hormonas revolucionadas.
-Cierto, no soy un mocoso, pero vos si que me revolucionas las hormonas.- Retrucó con tono coqueto, mirándolo a los ojos con la travesura revoloteando en los propios.
-¿Qué clase de frase de ligue ridícula es esa?
-¡Ey! ¡Es una muy buena! Si quieres puedo decirte otras más…
-Gracias, pero no gracias, no me interesa escucharlas.- Respondió poniendo sus ojos en blanco. -No vamos a hacer nada, te lo aclaro Zen.
-¡Oh! ¡Que aburrido!- Renegó metiéndose bajo las mantas, resignado a que su pareja no estaba para nada cooperativa esa noche.
-Te aguantas, vos fuiste el que quiso tener algo con éste aburrido.- Protestó recostandose en la cama y cubriéndose con las mantas.
-Si, no me quejo de eso, hasta cuando estas gruñón y aburrido eres lindo.- Antes de que el menor le contestara selló sus labios con los propios en un beso corto.
-Sos imposible.
-Me lo dices todo el tiempo pero aun así estas aquí, durmiendo en mi cama, así que yo gano. - El agente de ventas no supo qué contestar a eso y negándose a caer en esa pelea verbal que claramente no iba a ganar solo sacudió su cabeza de un lado a otro.
-Por cierto ¿De qué quería hablar contigo Shinka-san?- Consultó, esa era la mejor forma de quitarse la duda, preguntando.
-Solo me pidió un favor.
-¿Un favor? ¿Sobre qué?
-Nada, no es nada.
-Si no es nada entonces ¿Por qué no me lo dices?
-Es un secreto.- Comentó divertido el castaño.
Fue como si tiraran sobre él un baldazo de agua fría, su cuerpo vibró de inquietud ¿Secreto? ¿Por qué? ¿Por qué Kirishima tenía secretos con esa mujer? Su corazón dolió, una punzada lo atravesó y agradeció que la obscuridad en la habitación no dejara ver bien la expresión herida de su rostro.
-Ah, bueno, no importa.- Dijo con el tono más natural que pudo y bostezó en medio de la frase en una actuación perfectamente creíble. -Estoy muy cansado, buenas noches.
-Buenas noches, Takafumi. -Compartieron un último beso y el menor se giró en la cama para darle la espalda a su pareja, apoyando sus manos sobre las del editor cuando él lo abrazó por las caderas y cerró sus ojos.
Un secreto, tenía que averiguar qué era y si Kirishima no habría la boca entonces se lo sonsacaría a esa zorra a como diera lugar. ¡Basta! ¡Era suficiente! ¡Estaba harto! No iba a dejar que esa mujer se acercara más. Él lunes hablaría con ella, estaba decidido, iba a dejarle las cosas claras, intentaría primero por las buenas pero si no lo entendía entonces iba a dejarle claro que nadie se metía en su felicidad, que nada tenía ella que hacer ahí.
Sus manos se apretaron sobre las del editor y sonrió un poco. No, ya era suficiente, Zen era suyo, de nadie más. Lo iba a dejar claro.
-.-.-.-.- Continuará. -
Notas de sioa: ¡Hellow! ¿Y qué les pareció? Nos vamos acercando al final, este capítulo quedó infernalmente largo pero me encantó escribirlo y en realidad si que me gusta como quedó.
Las cosas en la mente de Yokozawa están cada vez más enredadas, igual no lo culpo si me pongo en su lugar entiendo un poco que malinterprete todo.
El título de este capítulo sí me parece una mierda ¿tienen una sugerencia mejor que esa bazofia?
Como les dije sigo metida hasta el cuello en exámenes, entregas y mierdas facultativas que está drenando mi vida, así que lo siento si las actualizaciones demoran cada vez más, ya llegan las vacaciones… ya casi T.T solo falta un poco más.
Cuídense gente linda, los veré en los comentarios que espero que me dejen y que yo siempre les contesto ;D
Besos.
Sioa Shun Uchiha-san.
