Vaya, sí que hacía tiempo que no actualizaba esto... los exámenes y las típicas dudas existenciales hacen que cosas como ésta se pospongan indefinidamente. Espero haber reanudado esta historia correctamente, ya que la dejé colgada en un momento delicado. Y bajo mi "pequeño" egocentrismo, uso este espacio para dar las gracias a dos personas que para mí son de vital importancia:
A Gerard, por existir,
y a mí misma,
por existir al mismo tiempo
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LUZ DE LAS ESTRELLAS
Capítulo 9: Jugar a hacerse daño
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No tenía sentido aplazarlo por más tiempo, por muy poco que ella lo conociera o por mucho que pudiera doler después. Hinata sabía que había cosas que sólo tomaban sentido si se hacían cuando todo apuntaba que sí, aunque la excepción fuese el raciocinio. Y Gaara había sido la excepción de éste desde el primer día.
La muchacha se encontraba sobre la confortable cama, en la misma posición en la que se había quedado cuando Gaara la acostó cuidadosamente. En aquel preciso momento, el pelirrojo se encontraba tomando una ducha. Él no habría tenido problema en invitarla a entrar con él, pero ella se había adelantado y le había dicho que esperaría su turno. El pelirrojo se había molestado en dejarle un albornoz y un par de toallas limpias sobre la mesita de noche, a fin de prevenir un posible resfriado.
La habitación era amplia, no por nada se encontraban en el hotel más lujoso del pueblo, aunque eso tampoco era decir mucho. Hinata decidió que era hora de reaccionar, y se obligó a mover su cuerpo. Sus pies hicieron contacto con el suelo mientras se quedaba sentada sobre la cama, con la cabeza entre las manos. El porqué de aquel infantil comportamiento no podía responderlo. Después de que Gaara hubiese ido tras ella, después de ver la sangre manchando su blanca camiseta, después de besar sus labios... después de todo aquello, nada tenía en verdad mucho sentido o lógica. Por eso se encontraba allí, casi inmóvil, pero aún así consciente de lo que pasaría a continuación, no por algo tenía ya dieciocho años.
- Está bien, Hinata – dijo para sí-. Nada puede ir mal.
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Gaara había dejado que el agua saliera lo más fría posible.
Necesitaba despejarse, y aquella era la forma más sana y económica. Ahora que la tenía acorralada en su territorio, no estaba muy seguro de qué debía hacer con Hinata. Mientras el agua corría, dejó que su rojizo cabello cayera en mechones desiguales por su rostro, casi logrando tapar sus ojos por completo. ¿Cuándo había sido la última vez que cortó su pelo? No lo sabía con seguridad, pero apostaba unas cuantas monedas a que era más tiempo de lo apropiado. Quizás no fuese un chico muy sano, pero solía tener una higiene más que aceptable, y de eso él era consciente.
Cerró el grifo con cierta parsimonia. No sabía muy bien cómo actuar con la morena, que debía estar pensando en lo obvio de la situación. Él no la obligaría a hacer nada, pero era cierto que en su interior estaba deseando que accediese a sus propuestas, una de las cuales era bastante evidente. Sonrió levemente pensando en la joven, que lo esperaba tras aquella puerta.
Bueno, vamos a ver qué sale de aquí, pensaba en su fuero interno.
Cogió una de las impolutas toallas del hotel y se secó el pelo rápidamente, casi de forma violenta. Cuando se aseguró de que no había gotas que amenazasen con caer por su cuerpo, se la ató a la altura de la cintura, para posteriormente dirigirse al espejo. No había mucho vapor, por lo que éste le devolvió una perfecta imagen de su demacrado rostro. Sus ojos, llenos de ojeras y excesos, no parecían ser la fuente de su encanto. Aunque bien pensado, no tenía ni idea de qué podía tener él para que una joven inocente como Hinata "se dejase hacer", o lo que fuera. Si lo pensaba mucho, tampoco estaba seguro de qué tenía ella para manejarlo tan a su antojo, aunque ella no fuese consciente de aquéllo.
Toc, toc.
Hinata había tocado a la puerta, interrumpiendo los pensamientos del joven. Sorprendido por aquel movimiento, que no parecía muy típico en ella, se apresuró hacia la misma para dejarle vía libre a la joven, antes de que pillase un buen resfriado.
- Gaara... ¿h-has acabad...?
Abrió la puerta antes de que ella pudiese concluir la pregunta. La miró, empapada como estaba y sin rastro de haberse secado lo más mínimo. Gaara bajó una mano y la apoyó en su hombro, sintiendo cómo ella cerraba los ojos al instante.
- Deberías entrar ya si no quieres ponerte peor – dijo severamente, y para su propria sorpresa, preocupado-. Disculpa mi tardanza. Ahí tienes más toallas limpias. Tómate tu tiempo y...
- Gaara – le cortó ella, con aquella dulce voz. Sus ojos se encontraban fijos en los suyos-. Gracias, estaré bien.
El chico se sorprendió por un instante, hasta que de alguna manera lo comprendió. La chica quería asegurarse de que él seguía allí, que no estaba sola, y por eso no había dudado en tocar a la puerta, aún a sabiendas de que él podía haber estado duchándose. Y tuvo la certeza de que hubiera entrado de igual modo aunque aquél hubiese sido el caso.
- ¿Qué has venido a buscar? - preguntó el pelirrojo.
Súbitamente, Hinata acarició con rudeza su pecho desnudo, casi agarrándolo y atrayéndolo a sí misma. Consecuentemente, él la abrazó, estrechándola contra su menudo cuerpo, sintiendo al instante aquella maldita electricidad que le hacía perder la cabeza. Su atadura se fue tornando cada vez más y más fuerte, al igual que la respiración de la joven se aceleraba por momentos.
En tan sólo un segundo, la mente de Gaara fue capaz de pensar en decenas de movimientos diferentes para aquella única situación; movimientos que iban desde un extremo a otro, pero todos físicamente placenteros. Por suerte, la decisión la tomó ella, separándose con cierta velocidad del joven, adentrándose en el baño tras haber sorteado su cuerpo.
- Acabaré pronto – dijo, para el gusto de Gaara, muy sensualmente.
- Há – masculló el pelirrojo, a modo de respuesta.
Cuando el chico se dirigía a la cama, se dio cuenta de que la joven ni siquiera había cerrado por completo la puerta.
Pero tampoco era que Gaara se fuera a molestar...
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El cantar en la ducha había encontrado su primera excepción.
El nerviosismo actual que reinaba en el fornido cuerpo de Hinata le impedía siquiera emitir una nota; tan sólo se dedicaba a serenarse bajo aquella torrencial agua que fluía en aquel reducido espacio. Para su propia sorpresa, había estado actuando de manera segura, guiándose por sus desesperantes impulsos de tenerlo cerca. Oh, Dios, aquel chico en verdad tenía algo que llamaba poderosamente la atención de sus cinco, o a saber cuántos, sentidos. Su salvaje fragancia, su manera de caminar, el contacto con su frío cuerpo... todo aquello la llenaba de increíbles ansias por entregarse alocadamente a él, sin importar las consecuencias, aún a sabiendas de que serían muchas, demasiadas quizás.
No quería hacerlo esperar demasiado, pero era cierto que tenía que relajarse, al menos ahora que acumulaba toda aquella tensión. Una vez hubo aclarado su cabello y su cuerpo, Hinata salió de la ducha. Cogió una de aquellas grandes y suaves toallas, y envolvió su cuerpo en ella. El contacto con ésta le provocó una cierta tranquilidad, que manifestó con un placentero suspiro. Adoraba cómo el vapor del agua caliente inundaba el ambiente, y adoraba el frío provocado por el cambio brusco de temperaturas.
Cuidadosamente, fue secando su pelo, que casi le llegaba a la cintura, para posteriormente cepillarlo con uno de los peines que había en el tocador. Dejó caer el flequillo sobre su frente, rozando sus ojos, y acto seguido se enfundó en el también suave albornoz. No tenía ropa limpia, por lo que aquéllo era la mejor de las opciones y por supuesto, la más recatada. Desvió la mirada del espejo para dirigirla a la puerta y darse cuenta de que ésta no estaba cerrada. Se maldijo a sí misma por haber sido tan torpe, aunque lo que más le preocupaba era qué podría haber pensado Gaara, llegando quizás a conclusiones equivocadas. Aunque realmente, no importaba.
Se armó de autocontrol, o al menos eso creía, antes de cruzar la puerta. Dirigió una rápida mirada al dormitorio para encontrar al joven tumbado boca arriba en la cama con unos auriculares puestos. Tenía también un bolígrafo en la boca, y sobre su pecho descansaba un trozo de papel que mostraba signos de al menos cuatro dobleces. La joven estuvo un buen rato observándolo, allí acostado con los ojos cerrados y con una "vestimenta" que era incapaz de pasar por alto. Lentamente fue avanzando hacia su posición, percibiendo más notoriamente a cada paso el elevado volumen del reproductor de Gaara. El chico seguía con sus ojos cerrados, por lo que no había manera de que supiese de su posición. Hinata tenía serias dudas, pues tampoco quería molestarlo... o sí, quizás sí quería, pero no era una opción admisible por su parte. Con un cuidado sorprendente, la morena levantó una de sus rodillas para situarse de cuclillas en a
el colchón. Cuando ésta hizo contacto con el blando material, Gaara se incorporó y abrió de repente sus ojos, dejándola en una situación ciertamente ridícula. Había sido algo inocente, pero el joven mostraba una expresión tan variopinta como un cóctel, e iba desde la mayor de las sorpresas hasta un pequeño atisbo de miedo, o al menos eso creyó Hinata.
Tras unos segundos en los que ninguno de los dos movió un sólo músculo, el pelirrojo sacó sus auriculares aún con aquella extraña expresión, y dijo muy pausadamente:
- Haz como si no hubiera pasado nada – y acto seguido, volvió a colocarse los auriculares.
El joven volvió a acostarse y a cerrar sus ojos, aunque esta vez no había calma en su rostro. Sus globos oculares se movían nerviosos, eso lo pudo constatar la joven mirando sus párpados. Y aún un minuto después de aquellas extrañas palabras, Hinata no tenía ni idea de qué estaba pasando. ¿Hacer como si no hubiera pasado nada? ¿Estaba ignorándola? ¿Qué pasaba por su mente?
¿Acaso no se daba cuenta de que ella no podía obviar tan fácilmente las cosas?
A la mierda, Gaara, se dijo a sí misma. Aquellos días habían sido un auténtico suplicio, y aunque su cuerpo le pedía un descanso, ella estaba dispuesta a retarlo de nuevo, pero esta vez tenía pensado pasárselo mejor que en las noches en vela.
¿Por qué esconderse ahora? Sabía cómo funcionaban esas cosas. Sabía cuáles eran las palabras mágicas, y sabía qué movimientos debían seguir su mano y su cadera, pero aún así... ¿qué le pasaba a aquel chico? ¿Acaso no deseaba su imagen virginal e inocente? Dios, la estaba haciendo pensar demasiado, y eso en ella nunca era bueno. Demasiadas preguntas y pocas respuestas por parte de él, sobre todo cuando incluso se ahorraba síes y nos con extraños gruñidos. Ese chico era demasiado.
Pero aún si no tenía eso en mente, ella sería su agujero negro. Y caería, tarde o temprano.
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Gaara notó algo en su entrepierna. Aunque realmente, "algo" no era la palabra más apropiada.
Abrió los ojos para ver a la chica sentada encima de su parte más sensible... vaya, no había pedido tanto, pero cogería la propina de buen gusto. Definitivamente, ella no sabía lo que estaba haciendo, porque si así fuera no lo tentaría de tal manera. Las piernas de ella tenían por toma de tierra el fino edredón de la cama, y desde aquella posición se adivinaban extremadamente largas. La chica tenía la cabeza un poco agachada, casi podía aventurar que con expresión avergonzada. Aún así, parecía que hoy la vergüenza no era una de sus opciones.
- Deberías probar esto – empezó él, sacándose los auriculares de nuevo-. Tengo una vista espectacular.
Hinata irguió su rostro y lo miró directamente a los ojos. Sus mejillas ligeramente coloradas hicieron que las teorías de Gaara sobre ella se desmoronasen ahora con increíble facilidad, incluso bajo aquella máscara. Ella no era la chica tímida que había pensado que era; al menos no encajaba con sus actos. ¿Cuándo había empezado a hacer aquellas cosas con él? El joven cayó en la cuenta de que apenas se conocían de unos días, aunque tenía la sensación de que ese tiempo equivalía a miles de años. De algún modo, la había estado esperando.
- ¿Acaso no vas a bajar de ahí? - le preguntó mientras comenzaba a acariciar uno de sus muslos – No es que me moleste, pero...
- Shhhhh – siseó ella, haciéndole callar.
Ella inclinó su cuerpo y ahora recostaba su rostro contra su pecho, justo debajo de su clavícula. Con una mano comenzó a acariciar su pelo rojizo, enredándolo cuidadosamente en sus dedos. Y él, calladito.
- Me encanta tu pelo – aseguró mientras seguía con aquella tarea.
Que Gaara no hablase no significaba que no pudiera acariciarla como ella estaba haciendo con él, así que decidió moverla un poco de aquella parte para evitar cualquier colapso mental y comenzó a acariciar también sus cabellos. Jugaba en desventaja, pues ella vestía aquel molesto albornoz que le restaba centímetros de piel que poder explorar. Pero no importaba, pues estaba seguro de que era cuestión de tiempo para que le ganara la guerra.
Hinata se había acomodado a un lado de su cuerpo y había incorporado una nueva y cálida mano que jugueteaba alrededor de la cintura de Gaara, allí donde comenzaba su única "prenda". Lo estaba encendiendo, ella no podía negar sus intenciones. El pelirrojo la besó de improvisto, iniciando aquel baile de lenguas con severos mordiscos en el labio inferior de la muchacha. Aquel gesto había logrado sobresaltarla, pero no mostró incomodidad alguna ante un registro más salvaje.
Mientras exploraba la boca de Hinata, no dejaba de girar su poco musculado cuerpo sobre ella, el cual tenía un sólo destino.
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Hinata lo separó unos centímetros cuando lo notó encima.
Los labios del joven eran del color de la sangre. La morena había perdido la noción del tiempo, por lo que no estaba segura de cuánto habían estado besándose; además, era extrañamente relajante, aún con toda aquella rudeza de por medio.
- ¿Gaara? - preguntó, aunque no sabía muy bien qué estaba haciendo.
- ¿Qué pasa? - respondió él, dejando que una poca preocupación invadiese sus ojos.
- Déjame a mí encima – pidió la morena con un susurro.
Era divertido ver la expresión del pelirrojo, totalmente desconcertado ante aquella respuesta. ¿Estaba ella fingiendo ser alguien que no era? No, definitivamente. Ella sólo estaba confirmándole las ganas que tenía de él, de su presencia y de su cuerpo. No quería ser una sombra más atada a su cama, como seguramente había tenido a tantas otras chicas. Ella estaba allí, porque ella quería, y estaba segura de que él también lo quería así. Porque él la deseaba con las mismas ganas que ella... ¿verdad?
La risa de Gaara la sacó de sus meditaciones, mientras salía de encima de ella y se acostaba a su lado en la cama. Ella se inclinó sobre él, de modo que sus rostros se encontraron de nuevo a escasos centímetros. Antes de que nada nuevo pudiese comenzar, el chico abrió un cajón de la mesita de noche y sacó un paquete de cigarrillos. Ella analizaba todos sus movimientos, pues resultaban muy atrayentes. Él colocó el pitillo en sus labios, y lo encendió con el mechero que guardaba en la propia cajetilla. Le dio una calada que parecía eterna, y segundos después soltaba lentamente el humo por entre sus finos labios. Hinata estaba hipnotizada con aquel pequeño ritual, y apenas parpadeó en los dos minutos que estuvieron en silencio.
- ¿Te molesta el humo para continuar con tus asuntos? - preguntó él sonriendo.
La joven se ruborizó levemente, pues él siempre sabía tornar una situación tensa en una más comprometida.
- No, tranquilo, esperaré a que acabes – contestó ella, mirándole a los ojos.
Gaara dio una segunda calada, esta vez más corta que la anterior. Expulsó el humo para a continuación acomodarse en la cama, incorporándose. Miró a la morena mientras disfrutaba un poco más de aquel cigarrillo.
- ¿Y si no acabase nunca? - preguntó entonando concienzudamente las palabras, al tiempo que depositaba la ceniza en un cenicero de cristal.
Ella estaba preparada para una pregunta de ese tipo, por lo que no la pilló por sorpresa. En su lugar, sonrió brevemente mientras se inclinaba hacia la oreja izquierda del pelirrojo, para susurrarle de la manera más sensual que pudo:
- Eso tendría que verlo...
Sensualmente... bueno, lo intentó al menos. Gaara comenzó a reírse tras escuchar aquello, y a un nivel que la chica desconocía hasta ahora. Resultaba contagiosa, por lo que ella tampoco pudo evitar reírse inocentemente de sí misma.
- Lo siento, no se me dan bien estas cosas – se excusó ella, avergonzada.
- ¿Qué cosas? - preguntó Gaara, al tiempo que le daba una última y larga calada al susodicho cigarrillo.
- Ya sabes, esas cosas qu...
Hinata no pudo acabar la frase. Él la había acercado a sus labios, y ahora mismo la besaba en lo que parecía la explosión de un volcán entre el humo, el calor y lo salvaje que emanaba de la boca del joven. Ella se rindió una vez más, entrando en aquel juego en el que dos extraños jugaban a hacerse daño.
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La adoraba.
Lo desconcertaba, lo volvía loco y lo confundía, pero la adoraba. Adoraba cada centímetro de su existencia, fuera lo hermosa u horrible que fuera. Lo hacía porque era lo único que se le daba bien. Ella se le daba bien, tan bien como tocar una guitarra o como enfadar a la gente, pero no a un mismo nivel, porque al menos recibía una respuesta ajena. Y esta vez era en forma de ronroneo.
Acariciaba su cuello mientras la besaba con ímpetu, acortando las distancias que pudiera haber. Sin embargo, sus cuerpos aún seguían en hemisferios distintos, como si hubiese una alerta por bomba o algo parecido. Pero no importaba, sería suya de todos modos.
Gaara volvió a colocarse encima de ella, apoyando ambos brazos en el colchón, cercando el cuerpo de la chica. Ella no parecía nerviosa, pero semejaba querer decirle algo con la mirada, algo que él no lograba descifrar bajo cavilaciones.
- ¿Estás bien? - le preguntó.
Ella sonrió levemente, a modo de respuesta. Hinata alzó una mano en dirección a su pecho, acariciando suavemente su pezón, deteniéndose a su paso en la areola, bordeándola, como si quisiera memorizarla. Para entonces el fino vello de Gaara se hallaba completamente erizado ante tan sensual e íntimo contacto, por muy inocente que pudiera parecer. Él observaba los movimientos de sus dedos, dejando volar su imaginación y notando cómo el instinto se apoderaba de él de nuevo.
Se contenía demasiado, y ni siquiera sabía por qué. Vale, debía admitir que no era una chica cualquiera, pero al fin y al cabo servía para lo mismo, ¿no? Decidió probar suerte desatando el nudo de su albornoz.
- ¿Puedo...? - preguntaba al tiempo que el nudo se iba deshaciendo.
Hinata no emitió ni un sólo sonido. Tragó saliva sonoramente, pero no hizo ningún tipo de movimiento en contra de Gaara. Miraba fijamente los cristalinos ojos del pelirrojo mientras él la desnudaba, lentamente. La marcha atrás de aquel enorme tren se había perdido hacía exactamente un movimiento en falso, que imposibilitaba cualquier recule en el pasado.
Ella seguía acariciando sus pectorales y el lugar en el que hubieran estado los abdominales de él. Por el contrario, sólo había una superficie lisa y pálida, un cuerpo poco desarrollado, pero pura fibra al fin y al cabo. Él comenzó a impacientarse y la despojó del albornoz más bruscamente de lo que le hubiese gustado. Hinata cesó sus movimientos, para desviar la mirada a un lado, totalmente avergonzada, algo que Gaara no entendía.
Sus pechos, de un tamaño perfecto bajo su juicio, se erguían bien definidos y con una fuerza puramente adolescente. Su pelo azabache caía sobre uno de ellos, interrumpiendo el goce visual del pelirrojo, así que lo apartó con cuidado. Ella no llevaba ropa interior, por lo que otras partes más comprometidas también quedaron al alcance del joven, que se encontraba reprimiendo las ganas de poseerla salvajemente en aquel preciso instante.
Descendió con su boca por el cuello de ella, haciéndole soltar sonoros gemidos. Resultaba muy excitante dominarla de aquella manera, mientras ella manifestaba su placer según la fuerza con la que tirase de su rojizo cabello. Él seguía descendiendo por su cuerpo, deteniéndose esta vez en los atractivos pechos de Hinata. Su lengua recorría ahora el pezón de ella, del mismo modo que la joven había hecho con él momentos atrás. Usó una de sus manos para agarra la curvatura de su cadera, siguiendo el cauce de la misma hasta su muslo derecho. Por aquel entonces, ella había cambiado su cabello por su espalda, arañándolo (no muy delicadamente, todo hay que decirlo) cuando Gaara lo hacía bien, muy bien.
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Hinata gemía bastante, pues no se contenía.
Estaba tan inmersa en aquella escaramuza del placer que su mente obvió dieciocho años de existencia. Gaara era ahora su única creencia, y se lo estaba demostrando a un ritmo frenético. En un momento dado, la joven lo había intentado separar de ella, a fin de que le proporcionase un poco de calma en aquel caos, pero él no le dio ese placer. Al menos no ése.
Sus manos se aferraban a su huesuda espalda cuando él masajeaba sus pechos o jugaba con su ombligo. Ella no tenía fuerzas para instarlo a detenerse, en parte porque no quería. Pero sabía que debía devolverle aquellos premios de una manera u otra.
Sintió sus largos dedos en su intimidad, a modo de inspección, y cerró los ojos con fuerza. Se siente bien, pensaba la joven, pero si pretendía hacerla desconectar del momento debía probar con otra técnica aún más efectiva. Por consiguiente, ella decidió acariciar las partes íntimas de Gaara, que se encontraban tapadas aún por aquella toalla. En el momento en el que ambos ejercían contacto con el cuerpo del otro, sus miradas se cruzaron, pupilas dilatadas, y sus respiraciones se aceleraron notablemente. Hinata subió aquella mano para despojarlo de tan molesta prenda y tener así plena libertad sobre su...
- ¿Estás segura? - sintió la ruda voz de él sobre su pecho.
La pregunta la había sacado de sus meditaciones, sorprendiéndose una vez más ante tal absurda duda. ¿Cómo no iba a estar segura? Empezaba a pensar que el pelirrojo había tomado algo que le había afectado mentalmente, pues de otro modo aquéllo no tenía sentido. Asintió con la cabeza ante su pregunta, concentrándose de nuevo en el roce con su ahora descubierto pene. Vaya, pensó para sí. Era un poco más de lo que se esperaba (ahora que lo pensaba, ¿en qué momento había pensado en eso?).
- No te preocupes, tendré cuidado – anunció él mientras introducía lentamente un dedo en ella y volvía a besarla.
- ¿Cuidado? - preguntó ella, desconcertada.
Él se detuvo a escasos centímetros de su boca, mientras sus ojos se tornaban en una expresión desconcertada.
- Sí – dijo el pelirrojo muy lentamente, arrastrando las palabras-. Porque tú eres... virgen... ¿no?
Hinata se llevó una mano a la boca, pensando en que los chicos a veces eran realmente torpes. Sin previo aviso, agarró aquella parte del joven y la dirigió a su interior, y a partir de ahí podrían escribirse miles de novelas, pero ninguna mínimamente fiel a la abrumadora realidad.
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Los pies de ella se enredaban en los de él... y viceversa.
Las impolutas sábanas blancas tapaban sus cuerpos, y la luz de la luna y de las estrellas se filtraba por la fina cortina que cubría la amplia ventana. Aún no era medianoche, pero sus cuerpos reflejaban ya una fatiga demencial. Gaara había estado encima de Hinata durante mucho tiempo, varias horas quizá. Había sido tan lento en sus movimientos que la morena no estaba segura de si le estaba haciendo el amor o simplemente acariciaba su interior. Ni siquiera se había detenido después de haber llegado al clímax, sino que había seguido empujando dentro de ella hasta que no pudo soportar más el dolor. De algún modo, aquéllo la había sorprendido; aquella dulce faceta del joven, aunque no por eso menos pasional. Ella había notado todas las gotas de sudor cayendo sobre su pecho desnudo. Había notado cómo sus manos la habían tocado en partes que la volvían loca, haciéndole gemir y retorcerse. Hinata, por su parte, había estado todo aquel tiempo acariciando su cabello, su espalda y su pecho, a la vez que acompasaba su cuerpo al ritmo de él. Pensar en todo lo que había pasado resultaba extraño, pues el recuerdo era borroso en su mente.
Pero no importa, pensaba para sí mientras se acurrucaba al lado del joven.
Mañana será otro día.
Gracias por leer.
