CAPÍTULO IX

Por primera vez en su vida, Tarian consiguió quedarse dormida (o al menos eso creía ella). Le pareció estar soñando, la veía a Yavanna reprochándole el no servir a la causa por la cual había sido creada.

-En lugar de preocuparte por los bosques, te has pasado tu vida luchando batallas que ni siquiera son tuyas.

-Si no existiera quien mantenga el controlado, ya te podrías haber olvidados de los bosques hace años. No pienso quedar inmóvil junto a un árbol mientras los siervos del mal destruyen todo lo que se les cruza en el camino. –No podía creer estar enfrentando así a la Vala, ni aún en sueños-

-¿Y eso que tiene que ver con los Naugrim?

-¿También vas a reprocharme el hecho de estar protegiendo la creación de tu propio esposo?

-¿Protección es para ti compartir el lecho con uno de ellos?

Ahora entendía todo. Despertó. No sabía si realmente Yavanna le había hablado o si algo en su interior se estaba debatiendo contra sus sentimientos. Pero la reconfortó saber que Kili estaba a su lado, aún dormido, aún abrazándola. Sabía que esta historia con el enano podía complicar su juicio en Valinor, pero qué más daba, prefería tener que custodiar a Morgoth a través de la eternidad antes de no enfrentar sus sentimientos.

Era la primera vez que se sentía formar parte de algo: una compañía. O una familia, lo que siempre necesitó y nunca tuvo; fue creada para cumplir. Y ella, ¿cuándo se sentiría como en casa? Se había pasado la vida protegiendo a los habitantes de la Tierra Media y no contaba ni con un padre convencional, tampoco hermanos, menos una madre. Melian y Galadriel eran grandes amigas, casi hermanas, pero no lo eran y ¿por qué cargarlas con sus pesares e infortunios? Había sentido más de una ocasión a Gandalf actuando "como" un padre. Pero la realidad le mostraba que solo tenía un caballo, una armadura y una espada. Con eso llegó a la Tierra Media, pero esperaba irse sabiendo que tenía algo más que pertenencias.

En esa situación vivió siempre. Pero ahora, aunque fuera vagando con un grupo bastante dispar de un lado a otro, pidiendo refugio como una mendiga, se sentía finalmente en casa. La compañía entera le transmitía alegría. Y Kili le daba fuerzas para seguir, se había convertido en un pilar, en su razón para vivir. Su felicidad, su responsabilidad y su preocupación.

Su preocupación… no podía imaginar cómo seguiría su vida sin el enano a su lado, pero también entendía que la vida que llevarían juntos no iba a ser fácil para ella. Por regla general, los enanos tomaban muy en cuenta la opinión de sus mujeres, pero ni mencionar el hecho de dejarlas participar en una batalla. Aun así, sería difícil alejar a Tarian de la vida aventurera. Llevaba más de 9000 años viviendo de ese modo, y no se entregaría a los rutinarios quehaceres de la vida enana.

Por otra parte, ella había tenido la misma visión que Kili en su sueño: dos niños y una niña, y cuando ella había acercarse a abrazarlos, se esfumaron como el humo de una pipa. No sabía que podía significar su visión, pero le preocupaba.

Ahora, además tenía sentimientos confusos, ya que anhelaba erradicar el mal de la Tierra Media cuanto antes, para que los pueblos libres dejaran de sufrir bajo el yugo que ya hacía miles de años los oprimía. Pero también había empezado a entender que cuando eso pasara debería volver a Valinor para ser juzgada, y si eso ocurría en lo inmediato, debería dejar a Kili para cumplir con su promesa. Aunque también estaba comprendiendo que el mal estaba muy lejos de erradicarse.

Mientras todo eso pasaba por su mente, no había reparado en que Kili la seguía abrazando, pero ahora había despertado y la estaba acariciando. Cuando volvió en sí, la reconfortó tenerlo a su lado, aunque dudara de como seguiría la vida en adelante.

Poco a poco fueron despertando los demás y para sorpresa de todos ni Beorn, ni Gandalf estaban allí, por lo tanto, se dispusieron a preparar el desayuno. Fue una alegre mañana en la que Tarian aprendió cosas de la vida cotidiana y de la historia de los Naugrim que ella desconocía. Balin, que era uno de los más ancianos, narró la sangrienta Batalla de Azanulbizar: luego que Thror encontrara la muerta en la puertas de Moria, su hijo Thrain partió hacia Azanulbizar para vengar la muerte de su padre y junto a él, Thorin mostró su valía mientras miles de enanos eran masacrados por horribles orcos comandados por Azog. Le contaron como el joven príncipe recurrió a un tronco de roble para defenderse y asestar golpes, tras la rotura de su escudo. (Acción que le valió el mote de "Escudo de Roble"). Thorin, mientras se hablaba de él, actuaba evasivo, casi ausente, y Tarian comprendía que había orgullo dentro de su ser, pero también estaba atravesando un gran dolor mientras oía retazos de su propia vida, que aún vapuleaban su orgullo al punto de sentirse miserable. Y ella comprendía esa situación, ya que en más de una oportunidad de descubrió actuando del mismo modo.

Entretanto, algún que otro enano se preguntaba dónde estaría Gandalf y qué estaría haciendo. Y también se preguntaban lo mismo de Beorn, cosa que Tarian creía saber: el cambiapieles, por más aprecio que sintiera hacia la Maia, seguramente habría ido a verificar la historia que le había contado la extraña compañía al llegar a su hogar. Pero ella, nada contó a los enanos.

El día transcurrió tranquilo entre comidas, limpieza de platos, charlas y canciones. Tarian admiraba la capacidad de todos ellos de comer tantas cantidades sin enfermar, se había acostumbrado a la carencia de tantas cosas en momentos difíciles, que verlos en esa glotonería le producía náuseas. Bilbo, en cambio, se sentía a gusto, ya que podía disfrutar de sus dobles desayunos y meriendas y sus múltiples comidas, lujo del cuál últimamente había tenido que prescindir.

Aquí y allá surgían preguntas de los enanos hacia Tarian, de batallas antes de su tiempo, que habían leído en anales o que la tradición oral les había acercado. Tarian con paciencia respondía a todos, a veces reprimiendo el olor de recordar ciertas pérdidas. Bofur era uno de los más interesados, dedicaba mucho de su tiempo a estudiar batallas antiguas, por lo tanto, preguntaba y escuchaba con atención lo que Tarian respondía, apenándose también por las pérdidas como si hubiera estado allí. Era un enano simpático, optimista y de buen corazón, la Maia lo supo con tan solo mirar en sus ojos. Encontró mucha comprensión en él y notó que, a pesar de no ser un guerrero, ardía en él la llama necesaria para salir a luchar y dar la vida por los suyos si era necesario.

A Tarian le divertía ver entretanto a Bombur engullir cuanto trozo de comida se le acercara y Bofur, a pesar de estar atento a su relato, lo reprendía argumentando que ya era suficiente. De todos modos, Bombur ni siquiera dejaba de comer para respirar o comentar algo. También le enterneció ver a Ori y ori desviviéndose por atenderla, tratándola con suaves modales (impropios de los enanos, pero muy reconfortantes para ella).

También sentía ternura por la relación entre Kili y Fili. Este último se acercaba a hablarle a su hermano y ella encontraba en los dos la urgencia de la juventud, que de a ratos los hacía actuar como niños. El hermano mayor se unía a ellos para hablarles y contarles cosas ridículas y los tres dialogaban alegremente. Pero Kili en ningún momento se alejaba de Tarian, y ella lo dejaba ser, entendía que no la habría pasado bien cuando ella se distanció del grupo y luego la vio llegar ensangrentada. Y él aprovechaba para dedicarle largos minutos de contemplación, solo mirándola a sus ojos, o acariciándola. Y cuando advertía que ninguna mirada curiosa les era dirigida a ellos, la besaba apasionadamente, abrazándola y reteniéndola junto a él.

Así el día avanzó y llegó el atardecer, y con él, Gandalf volvió a la casa. Todos se sintieron aliviados y él explicó que había seguido el rastro de Beorn, a través de los campos, por entre los arboles durante todo el día, llegando a la conclusión de que seguramente habría ido a verificar la historia de la compañía. (¡Claro que sí!, Tarian no sólo lo sospechaba, sino que a esas alturas ya estaba segura). Y también creía que se habría reunido con alguien, pero si fue con seres de su clase u otros, lo desconocía completamente.

Mientras los enanos una vez más se dispusieron a preparar la cena, esta vez, sin el dueño de casa, Gandalf volvió a pedir a Tarian hablar a solas. A Kili le disgustó la repetición de esa situación, porque no entendía que tema tan secreto podrían tratar, que él no pudiera estar presente, pero ella hizo caso omiso y se alejó del grupo para atender al mago. Mientras tanto Fili trataba de entretener a su hermano para que los dejara conversar tranquilos, aunque aún era joven, era lo suficientemente maduro como para comprender que Tarian no era una simple muchacha despreocupada, y debía responder a grandes responsabilidades.

-¿Has pensado lo que te he dicho? –inquirió Gandalf.

-No lo sé, me resulta doloroso y complicado.

-Debes decidirlo pronto, Tarian, no queda demasiado para pensar.

-Entiendo, lo pensaré detenidamente. –En sus ojos volvió a aparecer ese destello de tristeza y Gandalf lamentaba poner a Tarian en esa situación-

-Esta noche descansa, quizás el sueño te traiga alguna respuesta.

Ambos se acercaron al resto de la compañía para ayudar en los quehaceres. Kili pregunto a la Maia que sucedía. "Cosas de Maiar, no te preocupes por nada" fue su respuesta, aunque el enano no se sintió para nada satisfecho. Luego se dispusieron a cenar. Otra vez pasaron un momento agradable, charlando sobre los planes que tenían algunos para el futuro, como si Smaug ya estuviera muerto y el tesoro de Erebor recuperado. Tras fumar en pipa y cantar algunas canciones, Gandalf aconsejó retirarse a descansar, pues la aventura debía continuar y el descanso no abundaría en los días que seguían. Todos aceptaron la sugerencia, felices porque creían haber pasado lo más difícil de la cruzada, pero Tarian y Gandalf estaban seguros que todavía quedaban penas por atravesar. De todos modos, todo el mundo descansó placenteramente esa noche.

Una vez más Kili se recostó junto a la Maia, abrazándola como si no hubiera mañana, la besó. Ella se sintió reconfortada por la calidez de sus brazos y cayó una vez más en un sueño profundo.

"-Estas jugando con fuego. Llegará la ocasión en que debas arriesgar tu vida por un simple enano. ¿Estás segura que sacrificarte por él vale la pena?

-Él no es un simple enano. Y vale cada gota de mi sangre…"