18 de Abril de 2013

¡Me dio un susto que casi podría haberme dado un infarto allí mismo! La verdad es que no tenía muy buena cara.

Después de eso me arriesgué a buscarla como loco, pero no me di cuenta de que la intentaba encontrar en sitios equivocados.


- ¿¡Qué te ocurre!?

Para cuando Murdoc gritó, ella ya había desaparecido dejando nada. El moreno se tensó y se levantó de la parada, aún en shock.

- ¿Me pides ayuda y te vas? ¡Eso no tiene coherencia alguna!- Gritó hacia donde había estado sentada la fantasma. Una señora que pasó por su lado puso cara rara y aligeró el paso.- ¿Y ahora qué hago…?

El moreno miró hacia los lados sin saber dónde buscarla. Por Dios, que era una fantasma… a saber dónde habría ido.

La mejor idea que tuvo fue buscarla por los alrededores, y como no podía preguntar a personas, preguntaría a fantasmas.

- ¡Tú, escucha!- Le gritó a un fantasma que estaba sentado en una farola no muy alta. Era un chico y tenía varios cortes.- ¿Has visto a una fantasma así, guapita, que viste con pijama?

El fantasma abrió la boca.

- ¡Espera, ¿puedes verme?!

"Ya empezamos…" Pensó el moreno hastiado.

- ¡Contéstame primero, es urgente!

- No sé, he visto a tantos fantasmas que ya no me acuerdo…

Con esta información a Murdoc no le valía, así que le dio esquinazo al fantasma y el mejor sitio a donde podía buscar era el taller. La fantasma siempre le esperaba afuera a la vista de otros fantasmas, podrían acordarse.

Llegó con el pecho acelerado. El taller aún no estaba abierto porque era muy temprano todavía.

Divisó a una niña en la esquina que parecía estar más muerta que viva, así que se acercó.

- Hola, niña. No tengo mucho tiempo, así que escucha, ¿Recuerdas a una fantasma que tenía el pelo muy largo negro y que llevaba siempre un pijama?

La fantasma ladeó la cabeza.

- Esa podría ser yo. Mira.- Se señaló a sí misma.- Yo también tengo el pelo largo y pijama.

- Ya, pero… más alta y más mayor.

La pequeña se encogió de hombros.

- Venga, que siempre esperaba a la puerta de ese taller.- Señaló el local.- ¿Seguro que no te acuerdas?

- No, siento no serle de ayuda. Pero si esa fantasma le esperaba a usted cada día al salir de ese taller le debería de tener mucho cariño.

A Murdoc le entró un dolor malo en la barriga. La culpa de no encontrarla lo estaba matando, encima la niña fantasma le decía eso.

- Bueno… gracias.

- A usted.

Dejó a la niña en su lugar y siguió buscando en parques, restaurantes, calles por las que casi siempre paseaban juntos… hasta que, por ese día, se rindió.

Murdoc, sin fuerzas, volvió a su casa al atardecer, con ganas de dormir. Había trabajado en el taller también y estaba agotado.

Por suerte, Paula estaba en casa.

- ¡Hola Muds! ¿Qué tal el día?- Le saludó. El moreno se sentó a su lado, en el sofá.

- Pues… una mierda…- apoyó los pies sobre la mesita- ¿Por qué tengo que ver fantasmas? ¿Por qué, por qué, por qué?- Se lamentaba a más no poder.

- Oh, cariño…- Ella se acercó un poco a él, reconfortándolo- ¿Te ha ocurrido algo hoy?

- Me encontré con la fantasma, y me pidió que la ayudase. Se la veía muy mal, Paula, y yo me sentí muy mal al verla. Me duele el pecho.

- Murdoc, eso es empatía. Es muy bueno que lo sientas, significa que te preocupas por esa fantasma.- Paula se alegró en parte, porque Murdoc nunca había experimentado ese tipo de sentimiento.

- Pues es un asco. Estuve buscando en la calle, en bares, en el cementerio… ¡En el cementerio, Paula! ¿¡Me has visto alguna vez entrando en un cementerio!?

- N-no…- Contestó algo asustada.

El moreno escuchó el tono de asustada de Paula y se recostó más en el sofá, gruñendo.

- Perdona… estoy algo alterado.

Paula se relajó y se acercó más a Murdoc hasta abrazarlo.

- ¿Tienes hambre? ¿Quieres que cocine algo para la cena?- Paula le peinó el flequillo con cariño.

- No tengo hambre…

"Está muy disgustado…" Pensó Paula.

- Entonces a dormir, que estás muy cansado, venga.

Murdoc le hizo caso, porque era verdad que estaba muy cansado y sólo quería tirarse en la cama y olvidarse de todo por unas horas.

Paula, en cambio, se quedó en el salón, tomando una taza de sopa caliente, pensando. Si tan importante era esa chica para él, lo mejor que podría hacer es investigar para ayudar a Murdoc y que se le pasase ese revente.

Inmediatamente dejó la taza vacía, cogió sus llaves y su abrigo y salió de casa, con cuidado de no dar un portazo.


Lo primero que sintió al despertar fue que Paula no estaba a su lado. Con todos esos meses viviendo juntos había aprendido a no aplastarla y para eso dejaba su brazo alrededor de su cintura, pero esta vez no notó nada.

Se levantó de la cama con sueño. ¿Dónde había ido su novia tan temprano? Aunque tuvo la sensación de que no la había notado en toda la noche.

Salió al salón y no había nadie.

- ¿Dónde se ha metido esta mujer…?- Preguntó preocupado.- Será mejor que vaya a buscarla… estoy harto de buscar…

Antes de ir a cambiarse, escuchó la cerradura de la puerta y entró Paula por la puerta, con un aspecto horrible.

- ¡Polly! ¿Dónde has estado? Tienes muy mala cara, ¿Estás bien?

Paula no dijo nada. Dejó las llaves, el abrigo en el perchero y sacó algo de su bolsillo.

- Esto es para ti. Ahora, me voy a dormir… estoy muerta…

Murdoc no entendía nada. Paula se encerró en el cuarto y se escucharon el ruido de las persianas bajarse.

El moreno desdobló el papel que sacó Paula del bolsillo, y se quedó en shock al ver lo que ponía.

"Bedlam Hospital - Planta 6 - Habitación 383"