Habían cambiado muchas cosas desde la llegada de Scott a la casa de Arthur, pero quizás su presencia allí estaba retrasando algo que Francis quería decirle a Arthur hace tiempo. Llevaban más de dos meses encontrándose, el inglés todavía tenía algunas dudas respecto a tener una especie de relación con él, después de todo, el recelo seguía existiendo dentro de su piel y aún no comprendía del todo si se podía amar a alguien con tantos malos recuerdos en el alma. Sin embargo, comenzaba a quererlo y mucho.
Tanto que podía quedarse semanas en su casa.
Tanto que Arthur podía ir a la suya cuando quisiera.
Tanto que ambos estaban amarrados al otro.
Por su parte Scott se lo tomaba con gran calma, después de todo algo conocía de aquella historia de antaño, de aquel amor prematuro y situaciones que estaban entre el odio y el cariño mal expresado. Tenía pleno conocimiento de que Francis había sido un niño bastante torpe para expresar sus sentimientos, y que además venir recién llegado de otro país, que por muy cercano que fuera a Inglaterra no le quitaba lo ajeno que pudiese sentirse. Por su lado Arthur jamás aprendería a expresar sus sentimientos y seguiría diciendo que odiaba a ese maldito francés de ojos azules incluso luego de casado con él. El pelirrojo comprendía la situación a la perfección, y valoraba la confianza que le tenía su hermano menor para pedirle que cuidara de su departamento cuando se iba a quedar a la casa del francés.
─No se te ocurra traer a una mujer aquí, o si lo haces por favor que sea en tu habitación. Y si compras bebidas me dejas todo limpio, tampoco se te ocurra mirar porno en la mitad de la sala, ¿estoy siendo claro?
─Yes, mom, eres muy claro ─dijo el pelirrojo con sorna.
─Oye, no me llames mamá. Sabes que no me gusta acordarme de ella.
El pelirrojo suspiró y acarició el despeinado cabello de su hermano menor.
─Arthur Eugene, no te pongas triste. Ve a divertirte con tu novio y déjame todo a mí.
─¡Que no es mi novio, joder! Deja de inventar cosas, iremos a comer y me quedaré con él. Tú hazte cargo de la casa.
Habiéndose ido el inglés de cejas frondosas, el pelirrojo tomó una cerveza del refrigerador y comenzó a ver televisión. De repente sintió deseos de ir a su habitación, donde igualmente tenía una pequeña pantalla de plasma. Suspiró, se puso de pie y abrió la cortina de su habitación, no tenía la vista que Arthur tenía hacia el parque, sino que su ventana daba derechamente con unos edificios que había al frente, de repente comenzó a ver una sombra femenina frente a él, cubierta por la cortina de la casa, se paseaba de un lado para el otro. Su corazón se detuvo por un momento, hace muchísimo tiempo que no tenía nada con una mujer y hace mucho tiempo que no conversaba con una tampoco.
La situación se tornó mucho más incómoda cuando la cortina se abrió y la muchacha, de cabello oscuro y ojos claros se le quedó mirando. Le saludó con la mano, estaba en camisa de dormir. El pelirrojo se ruborizó y le movió la mano con gentileza, luego corrió la cortina y se sentó, algo aturdido y sudando frío. No era precisamente de las chicas que le solían gustar, parecía menos esquelética que la mayoría de las mujeres con las que alguna vez tuvo una relación, pudo notar en su camisa de dormir que poseía un cuerpo curvilíneo y atributos bastante prominentes. Se puso de pie, se lavó la cara en el baño y volvió a la sala a buscar el poco de cerveza que había dejado, el cual se tomó de un solo sorbo. Se desnudó y acostó en la cama, apagó el televisor y comenzó a dormir.
─Allistor… Allistor… Scott Allistor!
─¿Si? ─el pelirrojo dormitaba, poco a poco comenzó a despertar.
Ante él estaba su hermano Arthur, recién duchado y con una toalla en la cabeza, no se veía muy alegre y eso preocupó de sobremanera al mayor. Probablemente había dejado todo sucio en el comedor y en el sofá. Se sentó frotando sus ojos y miró a su hermano.
─¿A qué hora te dormiste?
─No sé, tal vez a las once de la noche. No había nada interesante que hacer.
─Llegué pensando que encontraría esta casa hecha un desastre, pero veo que no. Eso me animó bastante, pensé que aprovecharías de traer a alguna chica. Hace mucho tiempo que no te veo interesado en salir a conquistar mujeres ─el rubio se quitó la toalla y secó un poco su desordenado cabello.
Scott se levantó de la cama, se estiró y besó en la mejilla a su hermano, el que reaccionó limpiándose la mejilla.
─Me voy a duchar y saldré a correr, quiero aprovechar que hay un parque cerca de aquí. ¿Cómo está tu novio? ─comentó el pelirrojo mientras se desnudaba y caminaba hacia el baño.
─¡No es mi novio! ─gritó el rubio y fue a dejar la toalla al colgador de ropa─. Pero está bien, me cocinó algo bastante bueno anoche y vimos algunas películas. Su hermana no estaba, parece que encontró novio o algo así.
─¿La chiquilla de lentes? Ella no parece ser el tipo de mujer que frecuenta muchachos ─decía el mayor desde la ducha.
─Si Francis no ha querido decirme es por algo, probablemente a ella le da vergüenza, no seas idiota Allistor.
─Arthur Eugene, no me maltrates.
El día transcurrió con normalidad en Scott, fue a correr al parque con música puesta en su móvil. Dio algunas vueltas al parque, todo iba con normalidad hasta que logró divisar un cuerpo caminando por el parque, sentándose y mirando su móvil. Cabello negro azabache, ojos celestes, de repente se puso de pie y caminó, el pelirrojo se detuvo y se acercó al bebedero, mojó algo su cara y cuando levantó la mirada tenía a la chica de la noche anterior a su lado esperando bebedero.
─Hola ─lo saludó y sonrió abiertamente.
Tomó agua y Scott se quedó ahí, mirando atentamente cada uno de sus movimientos.
─Tú… Vives en ese edificio, ¿verdad? ─dijo, señalando el edificio donde vivía con Arthur─. Creo que te vi anoche, ¿no es cierto?
─Sí, estoy viviendo con mi hermano hace poco. Yo vivía en Edimburgo con nuestra madre, pero decidí dejarla y venir a vivir con él.
Ella abrió los ojos y se mordió el labio inferior.
─Me gusta tu cabello rojo, no hay muchos pelirrojos en esta ciudad, seguramente eres fácil de reconocer donde sea, por eso te miré mientras corrías, anoche tu cabello se veía igual de intenso.
─Oh, bueno ─se sonrojó, la miró con una sonrisa nerviosa─: ¿Cuál es tu nombre?
─Lilith
Su cuerpo se erizó, una voz perfecta para un nombre poderoso.
─Bueno, debo irme, tengo una entrevista de trabajo. Te veo más tarde… ¿Eh?
─Scott Allistor, pero llámame solamente Scott, por favor.
─Adiós, Scott.
El pelirrojo caminó hasta el edificio, se subió al elevador y llegó al departamento de su hermano. Tocó la puerta y el rubio lo recibió.
─¿Qué te pasa? Tienes el rostro todo rojo, ¿te fuiste a correr sin protección solar, idiota? ¡Por qué actúas como el hermano menor si eres el mayor! Entra, te pondré un paño frío en la cara…
─No es eso, cálmate, si me puse protector. Es otra cosa, supongo, lo que me dejó así ─suspiró ampliamente y se sentó en el sofá de la sala.
─¿Viste algo allá fuera que te dejó tan mal? ─preguntó el muchacho rubio mientras se sentaba al lado de su hermano, quien se veía algo sudado y cansado, pero sin intenciones de ir a lavarse.
─Un ángel… Aunque tal vez sea un demonio. ¿Te ha sucedido?
─Ah bueno, creo que sé de lo que hablas ─el inglés se mordió el labio inferior mientras rascaba su nuca─. ¿De dónde salió ese demonio-ángel?
─No te lo diré, puede que esté haciéndome una idea equivocada.
¡Maldición Scottie! pensó el rubio, quien luego de un momento en silencio decidió pedirle que fuera a darse una ducha porque le arruinaría su sofá. Cuando el pelirrojo se puso de pie y fue a bañarse Arthur pasó un paño en el sillón esperando que el sudor de su hermano no hubiese arruinado nada. El rubio suspiró y se preguntó cuál era el motivo de aquella actitud tan extraña, fue en ese momento donde su móvil sonó.
─ ¿Estás ocupado, cher?
─En este momento no, ¿por qué?
─ ¿Puedo visitarte? Pasé a la tienda y compré unas cosas, podemos preparar algo delicioso para la cena de hoy.
─ ¿Me hablaste ahora para decirme que vendrás en la noche?
─Claro que no, Arthur. Voy a ir a molestarte ahora mismo y te obligaré a cenar conmigo, buscando una agradable excusa para quedarme allá.
─Y, ¿qué hay de Louise?
─Mañana tiene concierto (por cierto, no creas que no te obligaré a acompañarme). Se quedará con su profesora para practicar.
─Confías mucho en esa chica que le hace clases a tu hermana, ¿no es así?
─Claro que sí. De hecho, creo que debemos hablar sobre eso.
Después de un rato charlando por mensajes Arthur decidió ir a su cuarto a ordenar alguna ropa. Mientras tanto, el pelirrojo secaba su cabello con la toalla en su habitación, se acercó a la ventana y abrió mínimamente la cortina en busca de aquella chica que lo había cautivado por completo. Para su suerte, aquella cortina también se abrió un poco, mostrando un rostro pálido y sonriente que pareció alegrarse por lo que estaba viendo. Scott le saludó con la mano, ella comenzó a reír mientras hacía lo mismo. El muchacho se percató que seguía en calzoncillos, cosa que a la chica no parecía molestarle.
Ella le lanzó un beso desde la ventana.
Él sonrió mordiendo su labio inferior.
Lilith abrió un poco más la cortina y el pelirrojo pudo percatarse que llevaba una camiseta y por abajo ropa interior. Él se sonrojó, ella parecía coquetearle, no dejaba de mirarlo. Sus movimientos tenían indicios de que pensaba levantarse la camiseta. ¿Traería algo debajo? Scott se preguntaba por qué seguía mirándola a ella y su espectáculo, pero no quería despegarse de ahí. Ella mordía sus labios, él podía garantizar que su figura era perfecta. Finalmente sucedió, se quitó la camiseta y la lanzó lejos, probablemente a su cama si aquella ventana estaba en su habitación. La impresión del pelirrojo fue sobrehumana, hace mucho tiempo que no veía un busto femenino de tal magnitud. Ella sonrió, apretó un poco su pecho y cerró la cortina.
¿Realmente sucedió?
Su cuerpo temblaba, se le había hecho agua la boca. Esa chica le gustaba y todo indicaba que era mutuo. Él no se había sentido tan perturbado por una mujer hace mucho tiempo. Menos una tan bella como Lilith. Se vistió deprisa, se lavó la cara una y otra vez. En la sala se encontraba Francis con su hermano, cuando pasó a verlos se estaban besando con gran intensidad, los había visto hacer eso desde que llegó a Inglaterra, pero luego de aquella situación cualquier muestra de placer sexual lo ponía nervioso. Comenzó a sudar frío, si no iba a buscar a esa chica se moriría ahí mismo.
─Allistor… ¿Estás bien? ─dijo Arthur poniéndose de pie bastante confundido.
─Yes, brother… Estoy perfecto. Solamente me sentí un poco mareado, creo que debo ir a recostarme.
─Si quieres voy por medicina a la farmacia ─dijo el francés.
─No hace falta ─dijo el muchacho con una sonrisa nerviosa que podía descolocar a cualquiera.
Volvió a su habitación, se paseó de un lado a otro a oscuras. La ropa le sobraba, de repente sintió un calor enfermizo en una época fría. Abrió la cortina, sólo podía ver la luz encendida de aquella habitación. Buscó algo capaz de golpear aquel vidrio sin romperlo, encontró una pequeña piedrilla que estaba debajo del mueble, la lanzó en un esfuerzo estúpido de conseguir que ella lo escuchara.
Sin embargo, funcionó.
─Scottie ─dijo ella con una sonrisa al abrir la ventana, estaba con la misma blusa que se había quitado frente a él.
─¿Podemos conversar? ─dijo él intentando mantener la calma.
─Mi habitación es la 38-A, te espero.
Scott salió a la sala lo más calmado que pudo y le dijo a su hermano que iría a dar una pequeña vuelta al parque.
─Vuelve para la cena, Francis cocinará esta noche ─sonrió su hermano.
─Claro, prometo llegar en menos de una hora.
Camino hacia la entrada de aquel edificio, tocó el botón que señalaba el número de la habitación y la puerta mecánica se abrió. Se subió al elevador y salió, buscando la bendita puerta que dijera 38-A. La encontró y se preguntó a sí mismo qué demonios estaba haciendo, conoció a una chica por una ventana y estaba a punto de entrar a su habitación. ¿Qué le diría? ¿Qué hablarían? ¿Sobre la charla en el parque? ¿Sobre el striptease de hace un rato? Tocó el timbre.
─Hola ─dijo ella, estaba vestida de la misma forma que antes, con una pequeña pantaleta y una camiseta de color blanco.
─Hola Lilith.
─Pasa por favor, pelos de zanahoria.
Él sonrió nervioso, incluso con el apodo. Entró en aquel departamento, todo muy bien ordenado, algunas fotos en la pared, de ella con un grupo de escolares y de su graduación, lo normal que puedes esperarte en la casa de una chica joven que probablemente había salido hace poco de la universidad.
Ella cerró la puerta, aparentemente con cerrojo. Se acercó al pelirrojo quien se encontraba mirando la pared, se miraron el uno al otro por mucho rato. Aún no podía creer todo lo que había sucedido. Ella pasó la mano por su rostro, que en ese momento ardía con vehemencia, posó su pulgar sobre los gruesos labios del pelirrojo, quien abrió un poco su boca. Ella era un poco más baja que él, dobló sus pies descalzos para llegar a su rostro y besó sus labios. Parecía una pasión intensa que se había desarrollado en muy poco tiempo. Él no aguantaba más, lo había hecho varias veces. La pegó a su cuerpo, la colocó en la pared y comenzó a devorarle la boca, el cuello, tocar su trasero y lamer su lóbulo. Le arrebató la camiseta y observó su prominente busto, el cual había tenido ya frente a sus ojos, pero ahora podía sentir más de cerca. Acarició uno de sus senos con la mano, apretó y finalmente los colocó en su boca. La muchacha comenzó a desfallecer en sus brazos.
La llevó a su habitación mediante inferencia, cerró la puerta y la colocó sobre la cama, se deshizo de la ropa que tanto le sobraba y comenzó a tomar a Lilith, quien parecía cada vez más feliz. Tanto tiempo sin tocar un cuerpo femenino lo dejaron embobado, no sabía si era la nostalgia del deseo o si realmente aquella chica era perfecta para sus necesidades. La tomó de todas las formas posibles porque su deseo era inmenso, al terminar cayó rendido en esa cama que olía a perfume, observando el cuerpo exhausto de la chica de cabello azabache, quien respiraba con mucha dificultad.
─Tenía altas expectativas, y las cumpliste a la perfección ─dijo ella─. Te encontré delicioso desde que te vi por primera vez y yo siempre obtengo lo que deseo.
─ ¿Crees que pueda repetirse? ─preguntó él, ya completamente calmado y satisfecho.
─Contigo las veces que sea necesario, Scottie.
La besó, ella se colocó sobre él y sus manos comenzaron a recorrerse mutuamente.
─Debo ir a cenar con mi hermano, muñeca. Deberás disculpar a este hombre tan ocupado.
─Te espero mañana, ¿está bien?
Él asintió.
Scott golpeó la puerta del departamento de su hermano, él se demoró largo rato en abrir, podía imaginarse los motivos.
─ ¿Y la cena? ─preguntó el muchacho, afuera ya estaba oscuro y no veía indicios de comida.
─En un minuto, estábamos esperándote para servir.
Claro, y él era muy idiota.
El francés salió de la habitación y fue a ver las ollas, la sopa olía delicioso y la carne en el horno tenía muy buena pinta también.
─Demoraste, ¿sucedió algo? ─preguntó Arthur con gran curiosidad.
─Nada en especial, me quedé admirando algunas cosas.
Francis y el rubio de cejas frondosas se quedaron mirando, era claro que no le creían una palabra. Scott podía ser maduro en algunos sentidos, pero en otros era totalmente ingenuo. Arthur sospechaba que había encontrado a alguien capaz de quitarle el sueño y agitarlo de aquella forma, a como se había marchado de ahí a lo calmado que se encontraba claramente había ido a liberar algo.
