Capítulo 8


Desperté presa de sus dulces besos, tratando de corresponderlos adecuadamente y sonreí vagamente.

-¿Dormiste bien? – preguntó Aoi luego de entregarme una taza de café.

-Como nunca. –al menos eso es verdad. Dí un pequeño sorbo a la humeante bebida.

-Entonces debo suponer que las cosas están yendo bien en tu trabajo ¿me equivoco? –esboza una sonrisa y yo sólo atiné a imaginar todas aquellas conversaciones que tuvimos cierta pintora y yo, o esa vez en la cafetería, que derramé mis fideos en mi pantalón y ella tomó varias fotografías con su teléfono, o cuando…

-muy bien. – alejé aquellos pensamientos y respondí.

-¡Debe ser genial trabajar con Ushio san! –exclamó emocionada. –Por cierto, encontré en internet que se mudó a vivir con su novia. – millones de alfileres clavándose en mi pecho…

-¿Tiene novia? – traté de sonar normal.

-Sí. Creo que escuchó mi consejo y consiguió a su chica. –dijo orgullosa.

-Eres una excelente persona. –digo a pesar mío. –… creo que debo arreglarme para ir al trabajo.

Aún había tiempo, podía quedarme en cama un poco más, sin embargo el rumbo de la conversación estaba destinado a lastimarme de mil maneras diferentes. Una vez más huía de lo que Kazama significaba realmente para mí.

-Debe ser lindo ¿no crees? –expresó de pronto.

-¿El qué? –pregunté sin prestar atención, mientras buscaba algo de ropa entre las cosas de Aoi.

-Vivir juntas. –

-Yo… eh… -ese par de sílabas son suficientes para traer la desilusión a la mirada de mi novia.

-sólo era un pensamiento. –deja ver una sonrisa débil que me hace sentir la peor persona del mundo. –no quise decir que…

Un profundo silencio llenó la habitación. "¡Cobarde!" Podría vivir con ella, volver a enamorarme de ella y echar en el olvido a Kazama… sin embargo una parte de mí se aferra a cualquier falsa esperanza.

-Debo irme. –por costumbre besé sus labios y marché de su casa.

"Novia." Suspiré. "Ushio Kazama tiene novia." Eché a andar mi auto rumbo al trabajo con tal pensamiento en mente.


-Buenos días Murasame-kun –entró con una sonrisa sospechosa. – Dime ¿tienes planes para esta noche?

¿Planes para esta noche?

-Si. –respondí luego de analizar la pregunta un poco. –definitivamente. –aclarar un par de cosas con mi novia merecía llamarse PLAN.

-¡Pues no me importa! –golpeó la mesa. –Te necesito en una pequeñita reunión social a la cual fuimos invitadas. De vez en cuando necesitamos este otro tipo de reuniones para conseguir más socios. –dejó caer un papel arrugado con una dirección anotada en él.

-Lo siento Tomoe, pero hoy no será posible. –expresé con cierto desgano.

-¿ocurrió algo?

-Creo que Azusa está triste… y es por mi culpa. –sin poder evitarlo, una lágrima aparece y recorre mi mejilla hasta caer.

-¿Has intentado llamarla por teléfono y disculparte?

-Lo haré en un rato… -presioné mis sienes con mi mano.

-Hazlo de una vez. –palmeó mi hombro. –incluso puedes invitarla a la reunión y no sé… tal vez hasta puedan tener una apasionada noche de reconciliación.

Reconciliación.

¿Es eso lo que quiero? Ni siquiera sé si merezco estar a su lado. Supongo que no la merezco; no si la persona que acude a mis pensamientos es otra.

Sin embargo sé que no deseo estar sola en esta vida y Aoi se ajusta perfectamente en el rol de una persona a quien puedo llegar a amar.

-¿Hola? –respondió luego de un par de timbres.

-Azusa… -dije en un suspiro. –Yo…

-Si es por lo de esta mañana, no te preocupes. Ya te dije, sólo era un pensamiento, sé que no eres de las personas que le gusten los compromisos.

-De todas formas debo disculparme contigo. Lo siento Azusa. –Hice una reverencia como si la tuviera frente a mí. –te lastimé y eso no es lo que hacen las novias.

-¿Sabes algo que sí hacen las novias? –la pregunta me sorprende y más aún el tono alegre con el que expresó tal pregunta.

-No, -confesé. -¿Qué hacen?

-Son muy amables, se preocupan por su pareja y se disculpan… -soltó una suave carcajada y el sonido me hace sentir aliviada. –justo como tú.

-Azu…

-Te amo.

-Yo también. –respondí suavemente. Al fin y al cabo estoy determinada a amarla algún día.

-Te mando un enorme beso, -dijo luego de un suspiro. –atrápalo y ponlo en tu boca. –colgó.

Aliviada ante la fácil reconciliación, encendí la computadora e inicié mi día de trabajo.

Correos, miles de correos que contestar y mucho más spam por eliminar. ¿Cómo es que no se terminan nunca? Bastaron algunos clics para seleccionar todo aquello que debía borrar. Lo difícil venía ahora que tenía que leer aquellos con un letrero de "urgente".

La mayoría eran reuniones importantes en las sucursales de algunos distritos del país, la parte de urgente terminaba siendo sólo un añadido a fin de que los leyera.

¿Por qué la palabra reunión me hacía sentir que había olvidado algo?

-Como sea… -me dije a mí misma y volví a mi trabajo… al menos lo intenté, pues al momento de enfocar mi vista nuevamente en el monitor, alguien llamó a la puerta.

-Buenos días Sumi chan. –asomó su cabeza la única persona capaz de llamarme de esa forma.

-Hola Kazama. –hice la invitación con la mano para que entrara. -¿se te ofrece algo?

-nop –sonrió brillantemente. –sólo estoy tomando un descanso y decidí visitarte. ¿Estás muy ocupada?

-No mucho en realidad. – "Sólo me falta responder unos treinta correos-e, pero nada que no pueda dejar para otra ocasión" -¿Cómo vas con lo tuyo?

-En realidad todo va muy bien. Ayer por la tarde Hachisuka san aprobó un par de mis pinturas, con esas y sólo me faltan otras cinco y mi trabajo estará terminado. –Cinco más, podría ser demasiado pronto, si termina con ellas, no habrá motivos para venir a la empresa…

-¿y qué piensas hacer después? – No es que quisiera saberlo. Pero… sí quería saberlo en realidad.

-No lo sé. – se hundió en el asiento pensativa. – ¿Pintar tal vez? –después se quedó en silencio, viendo todo y nada a la vez. – O quizás lo intente una vez más con la literatura. Lo importante es que esta vez tendré más estabilidad económica.

-¿y qué dice tu novia al respecto? –pregunté con la naturalidad que me fue posible.

-¿Lotte-chan? –noté cierto sonrojo detrás de su risa traviesa. –No, ella…

-¿Invitaste a Azusa? – Tomoe entró sin previo aviso y con ello interrumpió el diálogo.

-Diablos –tomé mi móvil y comencé a marcar – ¡Lo olvidé! Me sentí toda aliviada luego de que me disculpó por mi estupidez y… lo siento, ustedes no quieren escuchar mi monólogo.

-Debo irme. –se puso de pie y se dirigió a la puerta.

-¿Nos acompañarás esta noche, Kazama-kun? –preguntó Tomoe. Cualquier cosa que haya respondido, no la escuche, pues en ese momento mi novia respondió con un feliz "hola"


En este momento podría estar en casa jugando en la X-box, o quizá de visita en casa de mi padre junto con todos mis hermanos, mejor aún, dormida.

¡Pero no! Estoy en una reunión informal, donde los estirados hombres de traje beben vino, comen manjares caros y cuentan malos chistes. Lo soportaría si al menos Aoi estuviera aquí haciéndome compañía… al menos me regañaría cada vez que hago una mala cara ante los comentarios tontos del sujeto que tengo frente a mí.

-¿me disculpan un momento? -busqué una oportunidad para escapar, si no lo hacía, seguramente comenzaría a ofender personas a diestra y siniestra- debo ir al tocador.

-Adelante. –hago una débil reverencia con la cabeza y me marcho de ahí, con toda la intención de buscar a Tomoe. ¿Dónde demonios se ha metido esta mujer? Sería más fácil encontrarla si respondiera el teléfono, pero dudo que lo haga, si no respondió mis 30 llamadas y 25 mensajes de texto que le he enviado en los últimos veinte minutos, dudo mucho que lo haga ahora.

Esta definitivamente era una reunión rara. Hombres y mujeres vestidos con la mejor etiqueta en un lado y al otro lado ¡un casi completo libertinaje!

Si lo pensaba con detenimiento, tal vez encontraría a mi presa en el lado del libertinaje.

Revisé cerca de la piscina y sólo pude ser capaz de revisar los esculturales cuerpos de algunas invitadas… bien, quizá debo quedarme un poco más, sólo por si aparece cerca de la chica del bikini de lunares.

-¿Sumi chan? –una voz lejana me desconcentró de aquél espectáculo visual.

-¿eh? –hasta ese momento mis neuronas vuelven a funcionar correctamente. –Kazama. –exclamé sorprendida. –No esperaba verte por aquí.

-Hachi-san dijo que era necesario que viniera… aunque en realidad no entendí bien porqué. –miró alrededor. –¿vienes sola?

-Ah, sí. Azusa tiene una reunión con su editor y no pudo acompañarme. –debo preguntarlo, sólo por pura curiosidad, no es que me importe… –¿tu vienes sola?

-No exactamente. –Me permití adivinar: es esa Lotte nosequé de quien habló esta mañana.

-Voy por algo de beber. –la pregunta adecuada era ¿con quién? Pero me sentí abrumada sólo con pensar en la respuesta, además en realidad sí tenía sed. –¿Te traigo algo?

-No, estoy bien. Gracias.

-De acuerdo, vuelvo en un momento. –asintió.

-Murasame san. –me saludó la rubia que asaltaba la bandeja de los canapés.

-Hola Taema san ¿También fuiste arrastrada a esta... –no encontré un adjetivo adecuado– esta cosa?

-Si, al parecer Hachisuka iba a sentirse sola entre tanta sangre heterosexual y decidió hacernos venir a la fiesta de cumpleaños de su hermano. –¡Sabía que había algo raro con esta supuesta reunión! Espera…

-¡¿Tú no eres hétero?! – Dije tan alto como me permitieron mis cuerdas vocales y mis pulmones…

Miyako no fue capaz de darme una respuesta, pero los diferentes tonos de rojo que desfilaron por su cara respondieron mi muy impropia pregunta.

Debía cambiar el tema, de lo contrario ella encontraría la forma de vengarse de mi reciente metida de pata. –¿Has visto a Tomoe?

-Em, sí… hace un momento me topé con ella en el baño.

-Veo… bien, creo que la buscaré y después me iré a casa. – Pero primero debo despedirme de Kazama. Te veo el próximo lunes.

-Si, hasta el lunes. –respondió aún nerviosa.

Oficialmente diré que me fui porque había descubierto el engaño de Tomoe. La versión extraoficial resulta muy dolorosa y no es como si fuera a admitir que tenía celos… porque no los tengo.

No tengo celos de esa chica que de pronto ha abrazado por la espalda a Kazama y la besa en la mejilla. Tampoco es como si me enfureciera el hecho de que aceptó el ponche que la ojiverde le ofreció cuando a mí me dijo que no quería beber nada.

Mucho menos me entristece hasta el fondo de mi alma el encontrar que mis predicciones son ciertas: esa chica es la viva imagen de un ángel… nada parecido a mí.

Pensándolo bien, no tenía por qué despedirme de nadie.

Salí de ahí tan pronto como me fue posible.

El frío de la noche me abriga mientras camino. ¿Hace cuánto tiempo que no caminaba a solas con mis pensamientos? El constante timbre del móvil resultó un cómodo acompañante.

Ya lo había decidido. Kazama no sería más que una amiga y la persona que permanecería a mi lado sería la misma que me ha acompañado los últimos tres años y medio.

Sin embargo no puedo evitar sentir dolor cada vez que recuerdo su fácil sonrisa ante la presencia de la otra chica.

Tal vez… tal vez alejarme de ella sea la mejor opción después de todo. Estuve bien estos últimos años, cuando ella desapareció completamente de mi vida, puedo volver a estarlo.

El suave olor de un césped nocturno me dio la bienvenida en cuanto entré al parque. ¿He caminado tanto?

Ni siquiera me preocupo en preguntarme en qué parte del mundo me encuentro ahora, sólo me recuesto en el pasto, bajo un árbol frondoso que cubre la tenue luz de la lámpara más cercana.

Cierro los ojos e intento no pensar en nada. No hay éxito. Su rostro aparece una y otra vez. Hago un esfuerzo sobrehumano para concentrarme en cualquier cosa, por ejemplo el color verde, así es, ¡Color verde! O cualquier maldita cosa que sirva para no recordar cada mínimo detalle de ella.

Mis ideas absurdas tienen resultado, todo es verde en mi cabeza, puedo incluso imaginar miles de listones verdes cayendo del cielo. Árboles adornando la ciudad y regalando a la humanidad el tan preciado oxígeno para respirar… creo que ya estoy loca.

De pronto tengo la sensación de que alguien se acerca. Quizá sea un policía, debería irme pronto.

Abrí los ojos y la encontré sentada junto a mí.

-Sumi chan. –parecía aliviada. –te estaba buscando… en este momento debes tener unas cincueta llamadas perdidas de mi parte –escondió su móvil y sonrió con cierto nerviosismo. Mientras tanto yo sigo pensando que estoy loca.

Porque es simplemente una locura creer que mis manos fueron hasta su rostro y lo tomaron delicadamente, que mi cabeza se levantó de su comodidad en el pasto para acercarse a ella y… que mis labios buscaron los suyos desesperadamente y que ellos correspondieron de la misma manera.

Es una locura.


Hasta aquí los capítulos que tengo escritos. Actualizaré el fic en cuanto tenga listos los nuevos capítulos. Comentarios, críticas constructivas, etc son bienvenidos (En tanto no sean ofensivos). Muchas gracias por leer. :)