Hola! Buenooo ya llegue… Gracias por esperar… y sin tanta vuelta les dejo su capitulo, de antemano mil disculpa por la tardanza… Tengo varios capitulos listo y los voy a subir todos hoy, porque yo entiendo lo que es esperar por una historia que parece que no la van actualizar nunca…

GRACIAS POR SUS MENSAJES…..

Los personajes no son míos y la trama pertenece a Ms. Dragneel Li, Quien me concedió su permiso para publicar… Gracias!

Difícil de Amar

By

Ms. Dragneel Li

Capítulo 9: Acercamiento

Goku solo escuchaba fuertes golpes contra la pared, sabía que Vegeta mataría a ese miserable si no lo impedía pero no podía hacer nada, bien merecido se lo tenía, cuando entraron y vieron a Bulma forcejar con ese miserable notó que su amigo tuvo que controlarse y observar lo que pasaba para luego actuar.

–¡¿No qué eres muy hombre?– le gritaba mientras lo tomaba del cabello y hacía que lo mirara –¡¿Muy hombre para pegarle a esa estúpida no?– Yanmcha tenía el rostro ensangrentado por los fuertes golpes que le había dado contra la pared –Vas a querer estar muerto– le susurró.

Al Vegeta soltarlo le intentó pegar, pero falló.

–¡Maldito Insecto!– le pegó un rodillazo en el estómago causando que Yanmcha se arrodillara del dolor.

Nunca había visto a Vegeta tan enojado, parecía que había perdido la razón, golpeaba sin cesar a Yanmcha en las costillas mientras este se retorcía de dolor. Tenía que detenerlo, si no lo hacía le rompería unas que otras costillas por los fuertes golpes.

–¡Detente! –le exigió Goku cuando se aseguró de que Bulma estuviera bien.

–¡No te metas! –le gritó.

Goku lo miró, sus ojos parecían llamas ardientes, el odio y rencor se podía ver perfectamente y supo que él no se detendría hasta que estuviera seguro que Yanmcha no se moviera.

–¡Maldición ya basta Vegeta! –se interpuso cuando estaba dispuesto a darle el golpe de gloria al Yanmcha – ¡Ella está bien! –le seguía gritando, Vegeta parecía que estaba fuera de si– ¿Qué pretendes?, con matarlo no lograras nada, solo irás a la cárcel –le dijo– ¿Qué mierda le diré a Milk cuándo me pregunte por ti? –le preguntó– ¿Qué le diré a ella cuándo despierte y estés tras una celda? –le preguntó refiriéndose a Bulma.

Vegeta reaccionó ante lo dicho por su amigo, aunque quería matar a ese tipo con todas sus fuerzas, tenía que pensar en su hermana y en Bulma. Suspiró largamente para calmarse.

–¿Dónde están las cosas de Bulmita? –le preguntó Goku a Yanmcha, poniéndose a su altura– ¡Joder, si lo dejaste que ni hablar puede! –exclamó al analizarlo que estaba tirado sobre su estómago en el piso.

Observó a Bulma mientras Goku iba por sus cosas, minutos atrás había perdido la cabeza, se pasó unas de las manos por el cabello y se lo revolvió.

–Niñata estúpida –casi había cometido una locura.

.

.

Estaba observando la figura de la peliazul bajo las sabanas, habían llegado hacía un par de horas atrás, Goku había llamado al doctor para que les dijera como se encontraba. Suspiró, el doctor les había dicho que tanto Bulma como el bebé estaban en perfecto estado. No podía pasarle nada a ese bebé, ese niño era lo único que podía usar contra su madre.

–Hasta que despiertas –le dijo cuando la vio moverse entre las sabanas.

Le costó recordar lo sucedido pero cuando lo hizo le dio la espalda y se acurrucó en la cama, que tonta había sido, Yamncha nada más quería aprovecharse de ella y se lo había permitido.

La puerta se abrió y Milk se acercó.

–¿Ya despertó? –le preguntó a su hermano.

Este no dijo nada.

–Gracias –susurró Bulma, no sabía bien que había pasado cuando se desmayó pero estaba segura que él la había salvado. Todavía le dolía lo que había pasado entre su mejor amiga y Vegeta.

–Te traeré algo de comer, de seguro estás hambrienta –le dijo Milk.

Cuando su hermana hubo vuelto con una bandeja de comida se marchó y las dejó a solas. Al salir de la habitación e ir a la sala vio que ahí estaba Launch discutiendo con Goku.

–Te dije que no es el mejor momento –le decía.

–Me importa una mierda –le dijo– Bulma es mi amiga y quiero estar con ella –dijo decidida.

–Será mejor que te vayas –dijo Vegeta.

–¿Pretendes qué me iré sin asegurarme qué Bulma esté bien? –le preguntó con ironía.

–No pretendo –no tenía nada de paciencia luego de lo que había pasado horas atrás– ¡Saca tu culo de mí casa! –gruñó.

–Te jodes imbécil –espetó.

Al ver que la rubia estaba dispuesta a seguir hasta la habitación Goku le impidió el paso.

–¡Me tienes harto estúpida! –vio como Goku la tomaba del brazo y se alejaba con ella, al Vegeta volver vio que la rubia no estaba– Vieja loca –se quejó.

Las siguientes dos semanas Bulma no había visto a Yanmcha, y no sabía si era bien o no pero Vegeta y ella no hablaban mucho luego de su engaño como quien dice, tampoco había vuelto a hablar con Launch y no quería, esta había intentado hablarle pero ella se negaba. Estaba en su cuarto mes de embarazo y estaba feliz, a pesar de todo lo que le había pasado se sentía muy feliz. Estaba debajo del árbol donde le había dicho a Vegeta casi tres meses atrás que estaba embarazada, estaba sentada en el césped leyendo un libro de maternidad y con la espalda apoyada al tronco del árbol.

–Bulma –la llamó la Launch– Si me permitieras explicarte por lo menos.

–No quiero que me expliques nada –dijo cortante.

–No sé porque te pones en esa actitud –dijo con frustración– Vegeta ni siquiera te gusta –le recordó.

La peliazul se puso de pie mientras cerraba el libro, su vientre estaba algo más abultado, traía la negra falda del uniforme, la camisa blanca de botones y por arriba de esta traía un sweater ocultando un poco su vientre.

–¡Santo Cielo, Bulma, no me digas qué te gusta Satou! –exclamó– ¡Te enamoraste de Vegeta! –le dijo sin creérselo.

–Ese no es tu problema –le dijo.

–Claro que lo es –dijo– No te das cuenta que enamorada de él solo sufrirás –le dijo– Así como se acostó conmigo puede hacerlo con cualquier otra –le dijo con seriedad.

–Por lo menos otras no se le meterán por los ojos –dijo con odio.

–¿Insinuás qué yo provoqué todo? –le preguntó.

–No insinuó, estoy segura –le aseguró– Tu misma me dijiste el día de la fiesta en casa de Zarbon que te acostaría con él –le recordó.

–Nunca fue mi intención lastimarte –le dijo– Si hubiera sabido que él te gustaba nunca me había acostado con él.

–Me duele mucho todo esto –le confesó– Eras mi mejor amiga.

–Pero nunca me dijiste que lo querías –dijo– Pensé que solo hubo sexo esa noche en casa de Zarbon.

Se sonrojó, ahora como decirle a la rubia que no fue solo una vez que estuvo con Vegeta.

–Estuvimos más de una vez –suspiró mientras sentía el rostro caliente.

La rubia la miró sorprendida.

–Dos veces más luego de esa noche –se acarició el vientre.

–Ya veo –susurró– Pensé que nos decíamos todo.

–No quería que me preguntaras que tanto Vegeta me hacía –claro eso y aparte que le daba vergüenza.

–De verdad lo siento mucho Bulma –dijo– Fui una tonta al no notar que Vegeta te gustaba.

–Ya no importa –miraba su vientre mientras le seguía acariciando.

–¿Entonces? –preguntó Launch.

–No sé qué pensar –observó el árbol– Todo me duele mucho, no puedo volver a ser tu amiga –una lagrima se deslizó por sus mejillas– Por lo menos no como antes.

–Si no quiere perdonarme no lo hagas –le dijo– Ten mucho cuidado con Vegeta, no lo conoces –le aconsejó y luego se marchó.

–Deberías de hacerle caso –escuchó la voz de Vegeta– No me conoces.

Su corazón latió con rapidez, ¿Habrá él escuchado su plática con la rubia?

–No quiero hablar contigo –le dijo haciendo una mueca con la boca.

–¿Te salvo el trasero y así me lo pagas muñequita? –le preguntó en tono burlón.

–¿Qué quieres, qué te de las gracias? –le preguntó con una ceja alzada

–Deberías zorrita –se le acercó y la tomó de la cintura.

–Suéltame –le ordenó.

–Aquí quien da las ordenes soy yo azulita –le dijo con una sonrisa. Acercó su rostro hasta dejarlo a escasos centímetros del femenino– Últimamente te pones muy nerviosa con mi cercanía –susurró sobre sus labios.

–Deja de soñar –su voz apenas fue un susurro– Nunca se sabe que se puede esperar de ti –su corazón latía de manera rápida.

–¿Serán solo sueños azulita? –le preguntó.

–Si… –pero él la había besado.

Se opuso al beso, no quería que la besara aunque se moría porque lo hiciera, no podía permitir que Vegeta le siguiera haciendo daño. Cuando la lengua masculina se coló entre sus labios una corriente eléctrica azotó su cuerpo. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que él la besó.

–Eres adictiva azulita –susurró contra sus labios luego de separarse solo un poco– Te follaría aquí mismo como la otra vez –sonrió.

Se sonrojó fuertemente.

–N…no –dijo jadeante por la falta de aire cuando la besó nuevamente.

–Tranquila –sonrió con malicia luego de separarse– No lo haré.

–¿Por qué haces esto? –no pudo evitar preguntarle– Te acostaste con Launch y actúas como si nada –recordar aquello le dolía.

–¿Estás celosa? –su semblante se había puesto serio.

–No...–se mordió la lengua– El peor error que podría cometer es ponerme celosa –susurró pero él la escuchó.

–Jamás te pongas celosa –se había acercado a ella con intenciones de besarla– No eres como ella –al ver como ella retrocedió la tomó de la cintura– ¿Te molestó lo de la otra vez?

No, ella no quería recordar como los había encontrado a ambos.

–Me iré de tu departamento lo más antes posible –le aseguró.

–Puedes quedarte –se separó de ella y miró la copa del árbol– No tienes dinero ni tienes a donde ir –le recordó.

Cuando escuchó decirla que se iría del departamento lo más antes posible había sentido una punzada de dolor en el pecho.

–¿Por qué eres así? –la actitud de él la desconcertaba.

–Porque me da la gana –dijo con simpleza.

–Me gustaría llevarnos bien –le confesó.

–¿Por qué? –su mirada seguía fija en las ramas del árbol.

–Por nuestro bebé –aunque también era porque estaba enamorada de él pero claro que eso no se lo iba a decir.

–Muy bien muñequita, será como tú deseas –llevarse bien con ella era imposible, esa mujer lo sacaba de sus casillas con facilidad, pero como su mejor amigo le había dicho, tenía que tratarla bien aunque fuera por su embarazo.

La miró pero no la vio feliz como esperaba, sus orbes azules estaban tristes.

–Mientras te tenga a mi lado estaré jodido –las palabras abandonaron sus labios –Me gusta el sexo, y no te daré explicaciones de porque me acosté con tu mejor amiga– suspiró –Si esperas que me disculpe no lo haré azulita– la vio bajar la cabeza

–Mientras esté en mi casa no te tocaré, no si tú no quieres, pero no me tientes– le advirtió. Se acercó a ella nuevamente y la miró con una sonrisa –Me gusta...–susurró cerca de su oído.

Al separarse de ella la vio muy sonrojada y su sonrisa se hizo maliciosa.

–Con ese cuerpo es imposible que no me guste el...

Una sonrisa adornó los labios femeninos.

–¡Gracias! –no lo pudo evitar y lo abrazó.

Él no hizo ni dijo nada, lo había interrumpido justo cuando le diría que le gustaba el sexo con ella. Minutos pasaron cuando ella se separó de su cuerpo.

–Muy bien azulita –sonrió– Vamos al baño a celebrar nuestras amistad – prefirió no decirle nada más.

La observó con malicia y nuevamente aquel extraño brillo estaba en sus orbes azules.

–¡Claro que no!– dijo sonrojada.

–Es excitante– su sonrisa se volvió maliciosa.

–¡Eres un pervertido!– exclamó muy sonrojada.

–Y tú una zorrita.

–B-u-l-m-a –le dijo– Si queremos que esto funcione deberíamos empezar por llamarnos por nuestros nombres.

–Como quieras, azulita –dijo con tono burlón.

–No me llames así. Pequeño lobo –sonrió.

–Si me vuelves a llamar así te jodes –la amenazó. Le dedicó una sonrisa de medio lado y se marchó.

Era la hora de salida, había ido a la biblioteca por un libro de maternidad y se encontraría con la hermana de Vegeta a la salida.

–¿Qué le pasó a Yamncha?– un chico la había acorralado contra la pared mientras esta iba bajando las escaleras.

–¿Ah? –preguntó sin entender.

–No te hagas estúpida, sé muy bien que estabas viviendo con Yamncha y ahora de repente él está interno en el hospital –la sostuvo fuertemente de los hombros.

–Suéltame –le pidió al libro caer al piso.

–¿Quién lo golpeó, fue el bastardo de Satou, no? –le preguntó con enojo.

–Si no me sueltas gritaré –lo amenazó.

–Escúchame muy bien mocosa– con una mano le tapó la boca – Esto no se quedará así– le aseguró.

Mientras que con su cuerpo aprisionaba el de ella con una mano le taba la boca y la otra la llevaba a unos de sus bolsillos. Observó con terror al ver como él acercaba una pequeña navaja a su rostro.

–Yamncha me dio una orden mocosa– acarició su mejilla con el filo de la navaja y luego empezó a deslizarla por su cuello hasta llegar a su vientre –Shhhh– le dijo cuando ella se movió tratando de apartarlo –Pero antes de hacer algo podría divertirme.

Su corazón latía con rapidez, estaba muy asustada. Trató de golpearlo entremedio de las piernas pero él se lo impidió. Mientras la peliazul era obligada a ir hacia unos de los salones, Vegeta y los demás se encontraban a la salida del instituto

–¿Dónde está Bulma?– les preguntó Milk.

–No somos sus niñeros– le dijo su hermano.

–Creo que iba a la biblioteca– le dijo Goku.

–¿Y pensaban dejarla sola?– les preguntó con enojo.

–Ella sabe llegar a casa– dijo Vegeta sin más.

–Vamos a buscarla –le dijo– Está embarazada y si le pasa algo de camino –tomó a su hermano del brazo y lo jaló– Es tu hijo Vegeta y quieras o no te harás responsable –le decía.

No encontraban a la peliazul por ningún lugar y los estudiantes que había no la habían visto. Vegeta se detuvo cuando luego de llegar a mitad de las escaleras y vio un libro de maternidad.

–¿Un libro de maternidad?– dijo su hermana cuando él recogió el libro.

Mientras ellos se preguntaban dónde podía estar la peliazul, esta estaba en unos de los salones de clases.

–Muy bien perra– decía el chico que la había acorralado, era de cabellos negros, alto, musculo y sabía que era amigo de Yamncha, pertenecía al grupo de boxeo del instituto – Hasta que Yamncha despierte me encargaré de ti– la observó de arriba abajo.

La peliazul trataba de moverse, ese estúpido la iba a violar, iba a lastimar a su bebé y no lo podía permitir.

–No sé porque Yamncha se ha obsesionado tanto contigo– ella tenía la boca tapada con un trapo, estaba amarrada contra una silla –Solo estás para follarte y ahora que estás embarazada pareces balón de fútbol– dijo.

–Por ponerle las manos encima es que el insecto de tu amigo está en el hospital– la voz de Vegeta lo hizo mirar hacia la entrada del salón.

–¡Oh!– exclamó al ver a los tres, posó su mirada sobre la pelinegra– Esa es tu pequeña hermana –observó a Milk de arriba abajo con malicia.

–Estoy pensando seriamente que Yamncha y sus amigos solo tienen basura en la cabeza– dijo Goku con una sonrisa– ¿Verdad Puar?

–¿Qué se supone que estás haciendo?– le preguntó Goku.

–¡Maldito miserable!– chilló Milk quien era agarrada por Goku, ya que al ver como Bulma estaba amarrada quiso acercarse.

–Estaba a punto de divertirme con esta perra –les dijo.

–Ya veo –dijo Vegeta– Que mal que interrumpimos –observó a Bulma.

La manera que lo miraba era como pidiéndole ayuda, jodida mujer, siempre metiéndose en problemas.

–Mandaste a Yamncha al hospital –dijo el tal Puar.

–Y si no sueltas a esa estúpida tendrás la misma suerte –le advirtió.

–¿Crees qué puedes conmigo? –le preguntó en tono burlón.

Estaba perdiendo la paciencia. Se acercó a Bulma y sin importarle que ese sujeto lo observaba la empezó a desamarrar.

–Estúpida –le dijo cuándo la hubo desamarrado.

–Por un momento pensé que te gustaba la zorra esta –le dijo Puar que solo sonreía.

–Si sigues hablando mierda te cierro la puta boca –dijo en tono amenazador Vegeta

–No te irás tan fácil –dijo al ponerse contra la puerta– No sin antes de que te cobre todas las que le hiciste a Yamncha.

Murmuró unas maldiciones, definitivamente algunas personas solo entendían a golpes.

–Mañana– le dijo Vegeta –Mañana en la cancha de fútbol –estaba cansado.

–¿Pelear frente a todo el instituto y humillarte?– le preguntó en tono burlón.

–Sí y también si ganas te quedas con esta tonta– le dijo señalando a Bulma.

–Me parece justo –sonrió– ¿Es un trato? –le dijo ofreciéndole la mano.

Vegeta solo lo miró con odio y sonrió de manera perversa.

–A la primera hora de descanso –no dijo más nada y salió de aquel salón.

Estaba furiosa, ese miserable de Vegeta luego que hablan de manera tan íntima bajo aquel árbol y quedaran con que se llevarían bien ahora la había puesto como trofeo para ese tal Puar, estaba en la tina, solo se le podía ver la cabeza, de la nariz para arriba. Agradecía que él la había salvado pero que va, la salva y luego la ofrece como trofeo.

–¡Tonto Vegeta! –chilló con las mejillas infladas y haciendo un puchero.

Zas!...fue justo como invocarlo, vio como la puerta del baño se abría y él entraba, su corazón latió con rapidez al ver todo su perfecto torso desnudo, solo llevaba una toalla rodeándolo de la cintura, la boca se le secó y el sonrojo se apoderó de sus mejillas cuando él la observó.

–Estúpida –dijo él.

Si estaba sonrojada cuando lo vio en toalla lo que él hizo a continuación causó que se pusiera roja como tomate. Se había quitado la toalla, ¡Oh Dios Santo!, ¿él no era consciente de lo que causaba en ella mostrándose así desnudo?. No soportó el caliente de su rostro y hundió la cabeza en el agua. Él la observó con una ceja alzada y se metió en la regadera, cuando fue a tomar su shampoo descubrió que no estaba ahí.

–¡Maldición! – gruñó, salió de la regadera y se acercó dónde estaba Bulma- Deja de tomar mis cosas –le advirtió.

Ella tenía la cabeza recostada y los ojos cerrados, no quería mirarlo.

–Te estoy hablando –acercó su rostro al de ella luego de ponerse a su altura.

–Huele rico –abrió los ojos y se encontró con la mirada de Vegeta.

Murmuró maldiciones, desde que había vuelto al departamento usaba su shampoo porque supuestamente olía rico, mejor que el de ella.

Su mirada se posó sobre una pequeña gota de agua cuando él se hubo erguido nuevamente, la gota se deslizó desde los negros cabellos masculinos, cuello, torso, apartó la mirada cuando la gotita de agua se perdía por su plano vientre.

–Deja de sonrojarte tonta –le dijo.

Con disimulo lo observó cuando le dio la espalda.

Estaba incomoda, sentía mucho color, se movía en la cama buscando comodidad. Sintió como una mano femenina acariciaba su fuerte espalda. ¿Qué diablos le pasaba a esa estúpida mujer?, se preguntaba, desde hacía ya bastantes minutos la sentía moverse contra su cuerpo. Se había levantado varias veces para ir al baño, la había observado sin que lo notara.

–Vegeta…– la escuchó susurrar.

Se incorporó en la cama dejando escapar un suspiro, se sentía extraña, desde que había despertado la primera vez por el sueño que tuvo con Vegeta sentía su cuerpo caliente y agitado.

–¿Qué me pasa? –se preguntó al llevarse la mano al pelo. Últimamente se levantaba a media noche por soñar con él y no eran sueños muy sanos que digamos.

A veces la escuchaba jadear entre sueños y eso lo excitaba, ella soñaba cosas eróticas con él y cuando despertaba corría al baño a vomitar.

–Estás caliente azulita –giró entre las cobijas y la miró a través de la oscuridad.

–Siento haberte despertado –se disculpó, iba a salir de la cama cuando él la agarró de la muñeca.

La obligó a recostarse nuevamente y la acercó a él.

–N...no –no pudo evitar jadear cuando él acarició unos de sus pechos sobre la tela de la bata.

Estaba muy sensible debido al embarazo y sus pechos estaban empezando a hincharse.

–Shhhh –susurró mientras acariciaba su cuello con los labios.

Se había puesto duro, desde que ella se había levantado la primera vez para ir al baño estaba duro, la erección entre su entrepierna le molestaba. Con rapidez le quitó la bata dejándola solo en bragas. No quería caricias, lo necesitaba dentro de ella, necesitaba que la tomara.

–Vegeta...–gimió cuando él le acarició unos de sus pequeños pezones con la lengua.

–Tranquila –susurró contra su pecho a la misma vez que sus manos buscaban el elástico de sus bragas y empezaba a quitárselas. Ella olía a él, gracias a su shampoo tenía su olor y que ella lo llevara solo lo excitaba más. Sonreía con malicia mientras la tocaba, ella estaba húmeda, húmeda y caliente. Su cuerpo estaba muy sensible.

–Te...te necesi...to–la escuchó jadear cuando tocó con lentitud su húmeda cavidad.

–Me tendrás–la besó.

Introdujo la lengua en su húmeda boca, robándole el aliento y haciéndola jadear, ella sabía tan malditamente bien. Se apartó para quitarse su ropa interior y ella protestó, no lo quería lejos, lo necesitaba, su cuerpo lo necesitaba tanto que le dolía. Mientras ella permanecía recostada él estaba erguido frente a su cuerpo, con la escasa luz que se colaba por unas de las ventanas observaba el cuerpo femenino fascinado.

–Estás hermosa –susurró humedeciéndose los labios.

Tomó su miembro y lo llevó hasta la pequeña entrada de su cuerpo, se frotó contra su húmedo sexo y gruñó.

–Mi...rame –le pidió.

Buscó su negra mirada entre la oscuridad, el hambre con que él la miraba la dejó sin aliento. Jadeó de placer cuando se empezó a introducir en su cuerpo. Llevó las piernas femeninas hasta sus hombros para hacer más cómoda la penetración.

Esa noche no fue solo sexo y ambos estaban conscientes de eso. ¿Estarán dispuestos a hacerle frente a sus sentimientos?