"Eres libre de dejarme solo no me engañes y por favor, créeme cuando te digo te amo"
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Después de tanto un pequeño adelanto de lo que vendrá. Discúlpenme la tardanza…
Dedicado a tods las fieles
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La urgencia del no saber se hacía imperativa a cada minuto, y por favor que estamos hablando de Horo, el nunca fue una persona muy paciente. Después de leerse toda las revistas del salón, hacer bolitas de papel para tirarlas en el café de Ren y que este lo mandara a la mierda no tenia mas nada que hacer, sonrió de oreja a oreja, como le gustaba molestarlo y no porque actualmente, hace aproximadamente 6 horas, 35 minutos y… miro su reloj, 23 segundo lo había tenido literalmente entre las piernas se podría dejar de darse ese lujo.
Ver sus mejillas ligeramente teñidas, la venita palpitante en su cien, el labio deliciosamente torcido hacia un lado y esa mirada de te castrare antes de que llegue la tarde valía cada uno de los insultos, impropios o peripecias que podría pasar, quizás era masoquista pero si había algo que Horo comenzaba a resentir era no tener esa absoluta y total (para bien o mal) atención en su persona. Algo no cuadra en todo y era que el chino no se despegaba del aparato ese que se usa para comunicarse.
Si, señores y señoras el ainu estaba celoso de un celular y debía admitirlo se sentía como el peor de los idiotas, o en una mala película de bajo comercial donde él se comportaba como una nenaza al no tener la atención adecuada. Celoso de que este no parara de sonar cada 5 minutos y que el chino se levantara para poner distancia y hablar "libremente" con quien estaba del otro lado. Celoso que pasara de él como un mueble más de esa sala. Y la sensación no era grata, no para nada, era como si tuvieras una coladora en el estomago y este se encendía cada vez que lo veía alejarse.
Cuando Ren decidió acompañarlo pensó que él lo acompañaría, que se sentaría y le controlara los nervios o le diera un golpe para que se esté quieto. Suspiro, no era esto lo que quería. No quería pensar que en esos momentos la vida de lo único que tenia pendía de las manos de los de guantes blancos sumando el hecho de que tenía una especie de deja vu al estar ahí, como si esperara que la puerta se abriera y le dijera que su madre había muerte rompiendo los corazones de su hermana, padre y de paso el de él.
Su vida cambio a mal esa vez y no quería que sucediera lo mismo, y Ren (el punto muerto) estaba tan ido como él quería estar en esos momentos. Sabía que lo estaba culpando injustamente y que por el semblante que a veces ponía era por que de seguro algo le está preocupando, quería preguntar que era y como podía ayudar pero por muy egoísta que sonara no tenía fuerzas para enfrentar otro problema más.
Se puso de pie y salió diciendo que volvía en unos momentos y que si querría algo, cosa que el chino ni se inmuto.
Se encogió de hombros cuando pasó por su lado y este ni siquiera le dio una mirada o le contesto. Partiría aquel aparato en la mitad, lo quemaría y lo empalaría en honor a todos los amantes despechados. Suspiro mientras caminaba por los pasillos sin rumbo, aun faltaban 5 horas para que Pilika saliera de cirugía y necesitaba con urgencia encontrar que hacer para no volverse loco, si es que alguna vez estuvo cuerdo en verdad.
Después de todo Ren jamás le fallarías, de eso estaba seguro.
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Ren Tao estaba furioso, más que furioso, sentía que podía quemar algo con tan solo mirarlo. Hoy, un dia preciso en el que "debía" por así decirlo estar para Horo su padre se había enterado de que los negocios que lo habían llevado a Japón estaban más que firmados, enviados y cerrados. Hace tiempo que debió volver de sus deberes y no lo había hecho. Y ahora quería saber que coños estaba haciendo.
Las preparaciones seguían su curso y sabia que tarde o temprano debía ir a enfrentarlas y posteriormente volver en una pieza, pero el accidente de Pilika no estaba dentro de los planes y eso había retrasado por mucho su regreso. Además que, había algo que ni por torturas admitiría y era el hecho de que no sabía cuál sería la reacción que tendría su familia, bueno la de su padre por supuesto que sí, pero ¿y su madre o abuelo?
Y era por eso que estaba furioso porque sabía que una mínima parte de él, pequeña e insignificante pero existente al fin, tenía miedo. No por su seguridad sino la de los suyos, ¿Qué jugarretas haría su padre? ¿Se atrevería a lastimar lo que ama? ¿Sería su madre o abuelo capaz de rechazarlo por enamorarse de un hombre? ¿De alguien que para ellos no le llenaba todas sus expectativas?
Esas preguntas rondaban su cabeza y no le dejaban concentrarse, sumando el hecho de que Jun, su madre y abuelo no habían dejado de llamarlo, se vio a si mismo inventando excusas y retrasos, maniobrando para que no descubrieran la verdad y ganar un poco más de tiempo. Necesitaba tiempo para hablar con Horo, exponerle la situación y darle la seguridad de que sus intenciones eran serias y que él volvería a toda costa a su lado. No quería, ni podía perder su confianza en estos momentos.
¿Con que cara saldría adelante? ¿Cómo le diría a alguien que siga sus propios sueños si no era capaz de luchar por los suyos propios?
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Se sentía una mierda. Pensar que la cafetería y uno que otro dulce lo ayudaría fue verdaderamente un error. El casi intacto pastel de chocolote le hacia muecas desde el plato y no le parecía tan atractivo como cuando lo vio el la vitrina. El refresco por lo menos fue su gran alivio, ya que no sentía hambre y su estomago estaba en huelga contra los sólidos.
Su aparato telefonico comenzo a sonar…
-¿hola?-
-Ho… supe… Anna…-
-¿Yho?-
-Si… no… Esch… bien-
-Espera te llamo en un momento-.
Pago sus no consumidos dulces y salio en busca de un teléfono publico, al no haber en el piso uno se dirigió a Ren para el favor.
-Ren tu teléfono-.
- Pa…-
- Yho me esta llamando, no tengo señal-.
Con algo de reticencia le paso el aparato y el comenzó a marcar el numero.
- ¿Horo?-. La inconfundible voz de su amigo le llego como un bálsamo, Yho siempre tenia la propiedad de hacer que las cosas parecieran mas fáciles o pasara lo que pasara todo estaría bien.- lo supimos hoy ¿Estas bien?-.
- No lo se, la están operando en estos momentos-.
- Vamos en camino desde el aeropuerto-.
- Yho en serio, todo esta bien por aquí. Llega a tu casa y luego nos comunicamos-.
- Ni hablar, no puedes estar solo en estos momentos-.
- Ren esta conmigo-.
Y lo siguiente hizo que todo se detuviera y que olvidara la verdadera razón por la que estaba ahí.
, Ren se casa esta semana y ya debe estar en china-.
- ¿Cómo?-. Su voz solo fue un murmullo ahogado mientras su mirada se dirigía al que siempre considero el amor de su vida.
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Solo una frase, solo un comentario al descuido puede arruinar todo lo que habías cuidadosamente construido. El como de Horo hizo a su corazón saltar mientras un extraño presentimiento le recorría la piel. Fue demasiado tangible, demasiado rápido, los ojos que lo miraban desconcertados lentamente se entrecerraron en furia, en un dolor ciego y el lo supo, supo que había perdido algo demasiado importante, que se le escurría como arena entre los dedos.
Pareciera como si el universo se estuviera burlando de sus destinos-
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