Pilla Doll: Bueno… creo que yo hubiera reaccionado igual que Shura, jeje. Y sí, Masky es especial (y se lo dice a sí mismo en el espejo durante 2 horas diarias xD).
Shadir: Claro que le sirvió! Ahora se siente miserable por sus delirios de grandeza xDD.
Navarhta: Gracias!! De hecho hay más Amazonas, pero sus diarios se quedaron perdidos en el despacio, por desgracia. Pero el de Alexiel (Ice Queen, se llama) lo encuentras en mis autores favoritos, escrito por Hyuuga Temari, aunque esté descontinuado sniff.
Y no te preocupes! Parece que muchas se están enamorando de esta versión de Masky xD. Y, en cuanto a Aioria/Marín, los verás más seguido ;)
Diana Artemisa: Wiiii!! Ya somos tres las que amamos a Saga (que no lea Zelha xDD). Qué te puedo decir? Verás más de Camus, Chloe se meterá en más problemas, Masky será un pain in the ass, Shura seguirá tan incompetente emocional como siempre… Muy pronto todo!
Nela: Es un honor tenerte por acá!
El personaje de Masky no sería interesante si nada más lo pintara como un genocida psicópata sin motivos de fondo. En lo personal, me cae excelente y creo que tiene un gran potencial para análisis, por lo que, como podrás ver, me enfoco mucho en él más que en todos los demás.
Chloe es un dolor de cabeza, la verdad xD. Si lo consideras, es una adolescente huérfana con una enorme responsabilidad en sus manos viviendo en un ambiente totalmente extraño. Me alegra mucho saber que logro escribirla realistamente. Créeme, no es fácil, jeje.
La relación entre Shura y Chloe se desenredará pronto, lo prometo. Y, en cuanto a todos colaborando en los entrenamientos… bueno, es una manera de mantener la situación interesante.
Entre Zelha y Chloe hay una gran diferencia: Zelha es sarcástica. Chloe es cínica. Gran dúo, si me lo preguntas xD.
K!tTy: Te sorprenderá lo que viene, entonces kukuku
Barbara-Maki: Entre Chloe y Masky?? No te puedo decir mucho ahorita, pero espero que te guste cómo se desarrollan las cosas entre ellos dos.
Taurus No Hator: Gracias gracias gracias! Ya está la continuación!
-----
Disclaimer: Me compré un encendedor nuevo!! Y todavía no son míos.
-----
FREE TO DECIDE
Si uno se detiene a observar con atención, puede notar que, a menos que esté cerca algún evento especial, el Santuario de Athena puede ser un lugar realmente aburrido.
Claro está que desde que llegué siempre estuve envuelta en cualquier tipo de situación surreal, pero en el momento en el que decidí comportarme, todo perdió la gracia, y más cuando comencé a cortar vínculos. Podrá parecer ridículo, pero el conflicto interno que sufrí aquélla noche me cambió por completo.
Esa mañana, pasando un ameno rato en silencio junto a Camus, me puse a reflexionar sobre lo que debería de hacer. No podía volverme aislada y antisocial en cuestión de minutos, eso era evidente, pero era necesario enfrentar ese absurdo miedo a la soledad que tenía. La cuestión era, ¿cómo demonios llevarlo a cabo?
Y qué mejor que consultar al experto en el tema, sobre todo cuando lo tenía justo ahí.
- Maître -comencé-, ¿puedo hacerle una pregunta?
- Certainment.
- Nunca… ¿usted nunca le ha temido a la soledad?
Eso. ¿Para qué andar con rodeos cuando se pueden hacer las cosas directamente?
El Congelador no dijo nada, y mientras más minutos transcurrían, más llegaba a pensar que había cometido un error al preguntarle. Pero claro, estaba hablando con el más cerrado de toda la Orden, ¿y de pronto le pedía que se confesara con una extraña? Necesitaba un curso urgente de sentido común…
- El miedo a la soledad -murmuró justo cuando yo estaba abriendo la boca para disculparme-, sólo lo sienten las personas que no soportan estar consigo mismas. Cuando necesitas estar con alguien, sin importar quién pueda ser, es porque hay algo en ti misma que no te gusta o le temes.
Después de eso, un pesado silencio se volvió a acomodar entre nosotros, y mientras le daba más vueltas a lo que había dicho, más cierto sonaba. Sí, yo le tenía miedo a lo que era capaz de hacer, sin mencionar todo lo que no me gustaba de mí.
Suspiré sin darme cuenta y el otro soltó una pequeña risa.
- Ne inquiétez pas, gosse (1). La gran mayoría sufre del mismo problema. El secreto está en aceptarse con todo y defectos.
- Pero, ¿qué no se supone que los defectos son algo que deberían de corregirse? -pregunté frunciendo el ceño.
- Por supuesto que se debe intentar -contestó, entrecerrando los ojos cuando el sol comenzó a salir-, pero nadie es perfecto. Todos estamos hechos de virtudes y defectos que nos caracterizan y nos hacen ser únicos.
- Y cuando es por miedo…
- Chloe, entiendo que estés insegura de lo que te ha pasado en los últimos meses -interrumpió con tono no tan frío-, pero quien más te conoce eres tú misma. Necesitas estar al tanto de todo lo que ocurre en tu interior si es que quieres controlarlo y, para lograr eso, debes de pasar el mayor tiempo posible contigo misma.
- Entiendo… -murmuré después de un momento de contemplación.
- Ahora, yo te haré una pregunta -y esperó hasta que yo asintiera para continuar-. ¿Esta conversación se debe a algo en especial?
Ah, conflictos morales.
Por un lado, mi Chloe interior me suplicaba que le dijera para así poder quitarme ese peso de encima, pero por otro lado estaba mi instinto de supervivencia señalándome que si acaso esto se llegase a saber, me quemarían en leña verde por hereje.
- No lo sé -contesté, optando por el punto medio. Ignorance is bliss.
- De acuerdo -concedió el otro, sin creer ni un poquito en mi respuesta. Y luego, poniéndose de pie para regresar a Acuario-: Sólo recuerda que, lo que sea que te pase, no tienes por qué quedarte callada. Hay muchos aquí que podríamos ayudarte.
- Merci -dije con una sonrisa que él no pudo ver.
. : o : .
Siguiendo los consejos de Camus, al día siguiente fui con la única persona que entendería a la perfección lo que me pasaba.
- Honey, I'm home! -grité con voz cantadita una vez que pisé Cáncer.
Cuando no recibí ningún tipo de respuesta, me dirigí hacia la habitación privada del Oscuro, sólo para encontrarlo acostadito en su cama, roncándole a los cuatro vientos.
- Hey, Sebastián -susurré al tiempo que sacudía el pie que se había escapado de la sábana.
- ¿Qué quieres? -gruñó medio despierto.
- ¿Qué pasó con tu servicio social? Pensé que tenías que levantarte temprano ahora.
- Renuncié -volvió a gruñir, abrazando la almohada y dándome la espalda-. Ahora vete.
- Está bien. Sólo quería avisarte que hubo un… incidente con Saga y ahora es albino.
- ¿En serio? -preguntó emocionado, incorporándose como resorte.
- No -contesté con tono sádico.
La siguiente hora la pasé siguiéndolo por toda la Casa de Cáncer, escuchando cómo, cuándo, dónde y con qué me iba a matar por irrespetuosa, a lo que le señalé que esa promesa ya me la había hecho antes y que seguía sin cumplirla.
- ¿Y me vas a decir a qué viniste? -preguntó cuando por fin se le pasó el coraje.
- Eventualmente. Ahora sólo quiero que me expliques -crucé los brazos-, ¿por qué los cadáveres?
- ¿Cadáveres…?
- Claro, tu papel tapiz -señalé uno de los muros-. ¿Por qué?
- Chloe, es muy temprano para que me hagas esto -murmuró, llevándose una mano a la sien.
- Está bien -respondí-. Entonces dime por favor cómo resuelvo la crisis existencial que me quita el sueño. Tengo problemas éticos y tú eres el único que sabe qué hacer.
- Créeme que soy la última persona a la que deberías de pedirle un consejo -dijo divertido mientras se recargaba en una mesita de madera y agarraba una uva-. Para el caso hubieras ido con Shion o con Dohko. Incluso Aioria es mejor en ese tema.
- Ellos no tienen el poder de resucitar a la gente, tú sí.
- Ah, entonces es eso… -murmuró e hizo un ademán para que me sentara junto a él en la mesita una vez que quitó el plato con uvas-. Chloe, no podemos cambiar el destino. Lo que debemos hacer es acoplarnos a él -y, después de un suspiro largo-. Yo sé lo que sientes, pero no debes dejarte llevar por eso. Eres una buena amiga, Chloe, pero al final, eso no va a contar para nada.
- Ya lo sé -contesté-, lo que quiero que me digas es cómo hacerlo.
- Eso es lo fácil -rió acercando el plato para ofrecerme una uva-. Sólo tienes que aceptarlo y, una vez que hayas hecho eso, dejarlo ser viene solo.
- O sea que, una vez que me entre en la cabeza la idea de que no puedo hacer nada, ¿no lo haré?
- Suena absurdo, ¿no? -dijo en voz baja mientras masticaba una uva.
- Bastante -contesté de igual manera, contemplando la frutita en mis dedos.
. : o : .
Al principio, aislarme no fue algo sencillo. Pero, mientras fueron pasando los días, descubrí que esto era algo que podría hacer, sobre todo considerando que todos pasaban la mayoría del tiempo entrenando o haciendo lo que fuera que hiciesen.
Lo único que tenía que hacer era ocupar mis ratos libres y como nunca he sido totalmente ociosa, me mantuve atareada perfeccionando mi griego, el cual rayaba en el insulto.
Obviamente, la primera persona en notar el cambio fue Shura.
- Chloe -dijo desde la puerta de mi habitación-, ¿te sientes bien?
- ¿Por qué iba a sentirme mal? -pregunté, tratando de enfocarme en el libro que tenía en las manos.
- No es eso… Lo que pasa es que no has salido de tu habitación más que para comer y entrenar.
- Encontré un pasatiempo divertido -murmuré, haciendo un esfuerzo por no perderle el hilo al texto.
- ¿Ahora lees Filosofía clásica? -preguntó con tono incrédulo.
- Era eso o Derecho Romano.
- ¿De dónde lo sacaste?
- Athene -contesté, aún sin quitarle los ojos al libro-. Lo cambié por… algunos objetos que encontré en una habitación. El que me lo vendió parecía muy interesado.
- ¿Qué objetos? -susurró el otro, sospechoso de mis palabras.
- Ah, nada de valor, realmente… -y subí la mirada para ver su reacción-. Un par de espadas japonesas y un dije que parecía de plata. Estaban olvidados en un cuarto oscuro y decidí darles un buen uso.
- ¿Que hiciste qué…? -murmuró con una mezcla de horror e ira.
- ¡Cómo crees! -reí cuando ya no pude soportar más-. Cambié un anillo que aún conservaba.
- Qué chistosa estás últimamente -dijo molesto.
- Eso es sólo porque ustedes se dejan -respondí mientras cerraba el libro-. En todo caso, es divertido aunque lo niegues.
- Claro, divertido para ti…
- A girl's got to do what a girl's got to do, ne? (2)
- Y sólo por eso -dijo mientras se le dibujaba una sonrisa perturbadora en la cara-, entrenarás más hoy. Vamos, que no tengo todo el día.
Con un gruñido de exasperación, puse el libro sobre la cama y salí detrás de él… sólo para encontrar que Zelha nos estaba esperando de brazos cruzados, apoyada contra una columna.
— Chèvre! (3) —grité mientras me le echaba encima—. ¿Ya mejor?
— Todo bajo control, Cangreja —me contestó con una carcajada.
Y así pasamos toda la mañana; Shura organizando combates de prueba entre la Cabra y yo, yo quejándome porque él no movía un dedo y Zelha contando cada chiste.
Cuando por fin comenzó a anochecer, me encontraba sentada en las escaleras del Templo, aprovechando la última luz del día para leer las sabias palabras de Platón, cuando Shura me llamó para que entrara, ya que, según él, me tenía una sorpresita.
- ¿Qué piensas hacer en la noche? -me preguntó sin dejar de hacer lo que fuera que estaba haciendo.
- Err… ¿dormir?
- No, antes -rió, poniéndose de pie y caminando hacia mí.
- ¿Prepararme para dormir? No sé, Shura, tienes que darme una hora específica.
- ¿Qué tal… dentro de una hora? -me preguntó con una sonrisa traviesa.
- Bórrate esa sonrisa de la cara -gruñí-. Estás pasando demasiado tiempo con Milo.
- Oye, tú fuiste la que pensó mal -contestó con una carcajada-. En todo caso, soy un poco más sutil en ese tema.
- Ajá -levanté una ceja-, estoy segura.
- Bueno, ¿quieres saber la sorpresa o no? -cuando asentí, el otro mostró una sonrisa aún más amplia, lo que me dio mala espina. Este se traía algo-. Bueno, ¿qué harías si te dijera que botarás esa máscara a la basura? -preguntó señalando mi rostro.
- Lo siento, pero soy monógama -murmuré mientras me cruzaba de brazos-. Tendría que matar al Santuario entero.
- Y, ¿si fuera legal? -susurró, acercándose más a mí.
- Por favor -bufé con desdén-. Este lugar es demasiado machista.
- Not anymore (4) -dijo con un tono casi seductor-. Athena revocó la ley de las máscaras. En una hora, habrá una reunión en el Coliseo para hacerlo oficial.
- ¡¿En serio?! -grité cuando me recuperé del shock, para luego reaccionar como la Chloe de siempre lo hubiera hecho: aventándomele a los golpes-. ¡Maldito sádico desgraciado! ¡¿Cómo se te ocurre no decírmelo antes?!
- ¡Quería que fuera sorpresa! -se defendió entre carcajadas, cubriéndose la cabeza con los brazos.
- Te gusta verme sufrir, ¿verdad? -dije con voz forzada, dejando de atacarlo.
- Pequeña -susurró con algo distinto en su voz que no pude reconocer-, créeme que eso es lo último que quiero que hagas.
Para ser totalmente honesta, ese comentario me sacó de balance, por lo que no dije nada y me senté en el suelo, bastante desconcertada. Al cabo de un momento, Shura se sentó junto a mí y vimos lo que quedaba del atardecer en completo silencio, bastante cómodo, si me lo preguntan.
Pero cuando sentí su mano en mi brazo, me quedé fría como piedra. Lentamente, dicha mano subió hasta llegar a donde la máscara terminaba y comenzaba el resto de mí.
- ¿Puedo…? -preguntó con voz tan baja que casi no lo escuché.
- Es casi oficial -contesté, algo nerviosa-. Aparte, no es algo que no hayas visto antes.
- ¿Antes? -repitió, levantando una ceja.
- Claro, cuando pasó todo el incidente con Saga y demás.
- Te equivocas -dijo con una sonrisa que apenas y pude ver debido a la falta de luz-. Nadie te ha visto más que el Patriarca.
Eso me puso un poquito más nerviosa de lo que ya estaba, por lo que, en lugar de contestar, me enfoqué en no ahogarme. Era la primera vez en toda mi vida que me encontraba en esa situación, y no sabía si reírme o llorar. Llorar de risa hubiera sido una buena opción, pero decidí mejor no hacerlo y evitarme el ridículo.
Al parecer, Shura tomó mi silencio como una afirmativa y comenzó a despegar la máscara de mi rostro. Cuando por fin terminó, un viento helado me hizo saber que, probablemente, me asemejaba mucho a un jitomate en esos momentos.
¡Merci, mon Dieu, por crear las noches!
- ¿Ves? -susurró con voz contenta, viéndome directo a los ojos-, te dije que era más sutil.
Casi sin parpadear, sentí cómo movió su pulgar hasta mi ceja, en donde descansaba una pequeña cicatriz que me había quedado de cuando vivía con mi amado Saga. Al pasar sobre ella, se detuvo por completo y su garganta dejó escapar un sonido de disgusto.
- No sé si deshacerse de las máscaras sea una buena idea después de todo -murmuró.
- ¿Por qué? -pregunté, tratando de sonar como si nada pasara.
- Es… complicado -contestó con una sonrisa. Después de unos segundos de silencio, me dejó la máscara en el regazo y se puso de pie-. Vamos, o se nos hará tarde.
Con un espantoso hormigueo en las manos, me coloqué la máscara y lo seguí calladita.
. : o : .
Llegamos un poco más de un cuarto de hora antes de la atracción principal, por lo que me senté en la arena del Coliseo, con la espalda recargada en un escalón, a observar a los que estaban ahí; Marín se notaba tensa, pero la que realmente me causo gracia fue Shaina. La pobre la agarraba contra cualquier alma desdichada que osara pasar frente a ella para luego temblar como hoja.
¿Cuánto tiempo habrán portado sus máscaras?
'Demasiado,' me respondió mi vocecita.
Y la verdad es que la máscara sí tenía su uso; ya que nadie me veía nunca la cara, podía disfrazar mi voz sin revelar nada cuando la situación lo ameritaba. Pero los beneficios eran muy pocos comparados con la libertad de respirar sin dificultad.
Volteé hacia arriba para encontrar que varios Santos Dorados ya se encontraban sentaditos en sus lugares acostumbrados, pero mi mirada se enfocó en uno en especial.
¡¿Qué demonios le había picado?! Concedido, seguía siendo sólo una niña, pero sabía distinguir cuando alguien me tiraba los perros. ¡Y de qué manera! Qué sutileza ni qué nada. Milo era más sutil con las chicas a las que recogía quién sabe donde.
Cuando notó que lo miraba, me dedicó una sonrisa traviesa. Así que de eso se trataba, ¿eh? Bien, dos pueden jugar el mismo juego y primero muerta antes que dejar que él se saliera con la suya.
Aleisha me hizo una seña para que me colocara a su lado izquierdo, y cuando por fin el Patriarca apareció en escena, se hizo un silencio sepulcral en el lugar. Definitivamente, ese hombre tenía que pasarme la receta.
- Amazonas, blá blá blá -comenzó su discurso ritual, del que escuché poco.
Discretamente, miré a mi alrededor para observar reacciones. Había unas cuántas que se encontraban muy nerviosas, entre ellas, la cabra. Si el asunto no era por decisión propia, entonces tendrían que quitarse las máscaras y sólo Dios sabe en qué acabaría todo. Si ya de por sí las Amazonas habíamos dejado el Santuario patas para arriba…
Aunque, en realidad no le veía el sentido a esconder la cara y no el cuerpo. Si el chiste era hacerles olvidar a los demás el hecho de que éramos mujeres, yo hubiera empezado por ponerle una sábana encima a Shaina.
-…ahora, podrán quitarse las máscaras bajo su propia discreción -eso. Ahí estaba la parte que me interesaba.
Sin perder el tiempo, me quité el asqueroso pedazo de metal de la cara y vi de reojo a Shura, quien se inclinó hacia el imbécil de Saga para decirle algo al oído.
Y justo en ese momento -porque no podía ser antes, por supuesto-, un incidente me vino a la cabeza.
"Tenías fiebre… De todas maneras, no creo que te sirva de mucho ahora."
Maldito, maldito, ¡maldito Saga! ¡Desgraciado manipulador! ¡¿Quién se creía para hacerme una de ese calibre?!
A menos que Shura me hubiera mentido, Saga me había quitado la máscara sin permiso de nadie, ¡y sabiendo que estaba más que prohibido!
Ahora, si la ley se iba, también las consecuencias de romperla se iban con ella, por lo que mis planes para matar a Saguis se derrumbaron tristemente. Pero siempre hay otras maneras de obtener lo que se quiere, y el descarado de Géminis no se salvaría de esa.
Si seguía así, tendría que conseguirme un librito negro y pronto.
En cuanto el Patriarca se fue, me lancé hacia Capricornio con todo lo que daban mis piernas y me encerré en mi habitación. Si había algo que me negaba a hacer, era continuar el momento que se había dado antes entre Shura y yo.
Una vez que me aseguré de que estaba sola, grité furiosa, mi puño atravesando limpiamente la pared a modo de catarsis. Obviamente, redecorar las paredes siempre es terapéutico.
- Merde, Chloe -murmuré observando mis nudillos llenos de sangre-, nada más a ti te pasan estas cosas.
Con un suspiro, me dirigí hacia el pequeño espejo que adornaba mi cuarto y me miré fijamente a los ojos. Estaba más pálida, más ojerosa y más demacrada de lo que había estado en toda mi vida. Pero -sonreí- ya no tenía máscara…
-----
Traducciones:
(1) No te preocupes, pequeña.
(2) Una chica tiene que hacer lo que una chica tiene que hacer, ¿no?
(3) Cabra.
(4) Ya no.
