En esta parte agregué una escena que me pidió una muy buena amiga, la cual es fan del GakupoxMeiko =) Ojala te guste!
(Kaito POV)
El reloj anunció las doce campanadas de medio día, y todo estaba listo para la partida de Rin y Len Kagamine, junto con el resto de la corte de su país. Ambos rubios se despidieron de mi princesa Miku y el Rey con mucho afecto, asegurándoles que volverían a verse pronto. Yo también me vi involucrado en las despedidas, haciendo una reverencia respetuosa hacia Rin, quien me respondió con una pequeña inclinación de cabeza y una sonrisa brillante, y un apretón de manos cortés con Len.
-Espero que hayas podido meditar lo que hablamos esta mañana. – me dijo él en voz baja antes de subir a su carruaje, donde Rin ya lo esperaba.
-Sí he podido, Alteza. – respondí, dejando escapar una media sonrisa de simpatía – Muchas gracias.
-Fue un placer. – dijo el rubio, antes de hacer un último gesto de despedida con la mano y entrar en el carruaje.
Ante la mirada atónita de los presentes que estaban en el campo de visión adecuado, la princesa Rin se subió en las rodillas de su hermano y se sujetó de su cuello con una mano, haciendo que éste se sonrojara mucho y desviara la mirada mientras un lacayo cerraba la puerta del carruaje. La mayoría de los que pudimos ver la pequeña escena reprimimos la risa, no queriendo causarle más vergüenza al pobre príncipe. De esa forma, los carruajes comenzaron a andar y siguieron hasta perderse en el horizonte.
Me di la vuelta, pensando, sin querer, que probablemente extrañaría un poco a los gemelos Kagamine, mientras que iniciaba mi camino de regreso al interior del palacio. Fue entonces que vi a Miku dándole unas agitadas órdenes a algunos lacayos, quienes pasaron por mi lado balbuceando cosas sobre preparar un carruaje para la princesa. Movido por la curiosidad, me acerqué a ella por detrás, sobresaltándola un poco con mi voz.
-¿Está pensando ir a alguna parte, Alteza? – pregunté, hablándole de usted porque sabía que había muchas personas a nuestro alrededor escuchándonos.
-Ella se dio la vuelta y clavó sus hermosos ojos verdes llenos de sorpresa en los míos, y casi me pareció ver que se formaba un ligero sonrojo en sus mejillas.
-Yo… sí, señor Shion. – respondió ella, desviando un poco la mirada con nerviosismo. Me halagaba que mi presencia tuviera ese efecto en ella.
-¿A dónde, si puedo preguntar? – inquirí, con suavidad, para calmarla un poco, aunque no pareció tener efecto.
-Voy al pueblo, a buscar un cerrajero. – respondió ella, antes de que los lacayos volvieran y nos interrumpieran.
Mientras Miku se marchaba con los lacayos que la conducían a su propio carruaje, yo no pude evitar sentir que los latidos de mi corazón aceleraban. Ella había dicho un cerrajero, una persona experta en llaves y cerraduras. Esa persona seguramente sería capaz de decirle que era la llave de un estuche de violín, y ella no necesitaría más que atar unos cuantos cabos en su cabeza para adivinarlo todo. El final de mi plan estaba más cerca de lo que esperaba. No me podía explicar porqué estaba tan nervioso, si al fin y al cabo, eso era lo que yo estaba esperando. Sin embargo, la expectativa superó mi seguridad, y sentí la necesidad de encerrarme en la habitación de invitados y tomar un refrescante baño para prepararme para lo que estaba a punto de suceder.
(Miku POV)
En el camino al pueblo, mi corazón palpitaba por mis nervios. En mi mente estaba grabado el rostro de Kaito, con una sorpresa tan grande que era casi sospechosa, cuando le mencioné que iba a ver a un cerrajero. Mis propios pensamientos se enfrentaban unos contra otros, todos mezclándose y confundiéndome. Si todo salía bien, finalmente podría conocer la verdadera identidad del hombre de la máscara. A pesar de tener la fuerte sospecha de que se trataba de Kaito, no podía estar segura hasta que lo comprobara.
¿Qué sucedería si no era Kaito? ¿Tendría que escoger entre él y el hombre de la máscara? ¿Cómo haría para olvidar a uno de los dos? Lo único que me quedaba era rezar para que ambos fuesen la misma persona.
El carruaje se detuvo antes de lo que esperaba, y el lacayo que me acompañaba abrió la puerta para mí. Estábamos frente a una pequeña tienda de aspecto acogedor, con un pequeño anuncio de madera colgando frente a la puerta de entrada, el cual rezaba: "Cerrajería y Relojería Kamui" en color púrpura.
-El señor Kamui es considerado el mejor cerrajero del reino, Alteza. – dijo la mucama que me acompañaba, una mujer veintidós años que trabajaba para nosotros desde que era una niña.
-Gracias, Meiko. – le dije, y ella sonrió – Te debo una.
-Por supuesto que no, Alteza. – respondió ella, ensanchando su sonrisa – Yo le estoy devolviendo el favor, por aquella vez en que me encontró ebria en la cocina y convenció a sus Majestades de no despedirme.
Yo dejé escapar una pequeña risita, recordando brevemente el incidente. Desde aquél momento, Meiko se había convertido en una de mis mucamas de mayor confianza.
Entonces, respiré hondo y le di la espalda al carruaje, para dirigirme a la entrada de la tienda con determinación. Meiko iba detrás de mí, acompañándome y asegurándose de que estuviera siempre a salvo. El interior de la tienda era tan acogedor como la fachada, con el suelo alfombrado en color violeta y las paredes blancas llenas de estanterías de madera que contenían una colección de relojes de todos tipos, al igual que llaves y piezas de cerraduras muy antiguas. Había una chimenea junto a la entrada, encima de la cual había una cesta llena de berenjenas, con un letrero que rezaba "Cortesía de la casa". Me pareció un detalle muy gracioso. En el fondo había un mostrador de madera, sobre el cual se encontraba recostado un hombre que tomaba una siesta.
Me acerqué al hombre poco a poco, suponiendo que debía tratarse del señor Kamui. Tenía la cara apoyada sobre sus brazos, por lo que lo único que podía ver era su cabello: un muy largo y extravagante cabello púrpura recogido en una cola que se esparcía sobre su espalda, sus brazos y la superficie del mostrador. Vestía una camisa blanca manga larga, la cual estaba desarreglada, junto con pantalones color café. Parecía estar en un profundo sueño, y comencé a dudar sobre si debía despertarlo o no, hasta que la voz de Meiko se hizo oír.
-Ese holgazán… - murmuraba ella, visiblemente enojada, antes de mirarme con una expresión de disculpa – Por favor alteza, le ruego que vea hacia otra parte. Esto podría ponerse feo.
Yo hice lo que ella me pidió, y desvié mi mirada hacia el crepitar de las llamas en la chimenea. Escuché el sonido de un puñetazo estrellándose contra la cabeza de alguien, y luego un gemido de dolor y un bostezo. Dándome la vuelta, descubrí que el señor Kamui se había despertado y se estrujaba los ojos con pereza, ignorando el enorme bulto que salía de su cabeza en el lugar donde Meiko le había golpeado.
-¿Qué sucede? – dijo él, sonando como un niño al que su madre acaba de despertar para que vaya a la escuela.
-Sucede que tienes que hacerte cargo de una tienda, holgazán. – dijo Meiko, enojada – Y quita la cara de idiota, estás frente a la princesa.
Entonces él abrió los ojos, llenos de sorpresa, y finalmente pude ver ambos orbes violetas y las facciones faciales delicadas pero agudas. Era un hombre muy raro, pero no se podía negar que era en cierto modo atractivo. Él hizo una profunda reverencia y tomó mi mano para besarla brevemente, con los modales de todo un caballero, antes de incorporarse y mirarme con una expresión de profunda admiración y felicidad en el rostro. Muy pocas personas me miraban de esa manera luego de conocerme, y eso me hizo sentir que podía confiarle a este hombre mi problema.
-Es el mayor honor de mi vida tener la oportunidad de conocerla, Alteza. – me dijo, con un tono de voz que denotaba mucho entusiasmo – Mi nombre es Kamui Gakupo, soy un humilde cerrajero y relojero, a sus órdenes.
-Me alegra conocerlo, señor Gakupo. – respondí, con una sonrisa – Tengo un pequeño problema, y Meiko me dijo que usted era la persona correcta para ayudarme.
Gakupo miró a Meiko con una mezcla de sorpresa y gratitud en sus ojos, y ella se limitó a desviar la mirada, aunque yo fui perfectamente capaz de notar el pequeño sonrojo que se formaba en sus mejillas.
-Le ayudaré con mucho gusto en todo lo que esté en mis manos. – respondió él, mirándome con tanta devoción que incluso llegué a sentirme intimidada.
Entonces me quité la cadena de la que colgaba la llave y la puse sobre el mostrador frente a Gakupo, para que él la examinara.
-¿Podría decirme a qué clase de cerradura pertenece esta llave? – pregunté, ante la atenta mirada del hombre.
Él la tomó en sus manos y comenzó a mirarla de cerca con un monóculo de aumento que sacó de su bolsillo.
-Hmm… Llevaba tiempo sin ver una como ésta… - dijo, más para sí mismo que para los demás.
Luego de unos segundos de meditar, Gakupo se quitó el monóculo y me devolvió la llave.
-Éste tipo de llave pertenece a una serie especial para estuches de instrumentos de muy fina calidad. Ésta es de plata, así que supongo que debió ser un instrumento extremadamente costoso. – comenzó a explicarme –Además, tiene que ser de algo que haya adquirido hace más de ocho años, porque desde ese entonces ya no se hacen llaves de este tipo por problemas en la fábrica. Eso es todo lo que puedo decirle sobre esta llave a simple vista, Alteza.
No era una explicación muy detallada, pero servía.
-Me ha sido de mucha ayuda, señor Gakupo. – dije, sonriéndole ampliamente – Tiene mi más sincera gratitud. ¿Cuánto le debo por sus servicios?
Esperaba que él me dijera un precio, pero en su lugar sólo dejó escapar una pequeña risa disimulada.
-Alteza, no me debe nada. – respondió, sonriéndome también – Esto lo he hecho por el gusto de serle útil.
Meiko y yo nos despedimos del simpático cerrajero y emprendimos el viaje de regreso al palacio. Ella no paraba de balbucear cosas sobre cómo detestaba a ese guapo holgazán, pero yo no prestaba atención. Estaba inmersa en mis propios pensamientos, cavilando y meditando acerca de la llave que descansaba en la palma de mi mano. Me parecía muy extraño que el hombre enmascarado estuviera en posesión de la llave del estuche de uno de los instrumentos del palacio, cuando yo misma me había encargado de que todas las llaves estuviesen organizadas juntas. La jefa de las mucamas debería tenerlas todas en su oficina.
-Meiko, ¿Neru no te ha mencionado haber perdido una llave en los últimos días? – le pregunté a mi compañera, interrumpiendo su discurso.
-Hmm… No que yo recuerde, Alteza. – me respondió, haciendo un esfuerzo por recordar – De hecho, últimamente no he hablado mucho con ella, ha estado ocupada con todas las visitas. Está insufrible, por poco se le salen las cosas de control. Por ejemplo, esta mañana estuvo a punto de guardar el estuche que está en sus aposentos, Alteza, ese que le dio el señor Kaito de regalo hace diez años, ¡en el salón de música! Parece una principiante, hasta las sirvientas que lavan platos en la cocina saben que usted…
De repente, me dejó de importar lo que Meiko hablaba sobre su jefa, Neru. Sus palabras habían hecho sonar una alarma en mi cabeza. Y todo apuntaba a que mis sospechas podían ser ciertas, después de todo.
(Kaito POV)
Desde que el carruaje de la princesa había vuelto de su visita al pueblo, me encargué de vigilar cada paso que ella daba. Se ponía nerviosa cada vez que me veía, sus mejillas se sonrojaban, e incluso noté su mirada sobre mí varias veces durante la cena. Seguramente ya lo sabía todo. Sólo tenía que esperar a que abriera el estuche, y finalmente toda la verdad saldría a la luz.
Cuando faltaba poco para media noche, y casi todos los habitantes del palacio se habían ido a dormir, la princesa estaba paseando por el jardín del palacio. Desde mi ventana podía verla andar entre los rosales, con la pequeña llave en sus manos. No podía ver su cara desde tan lejos, pero parecía estar meditando profundamente. Yo mismo incluso me dejé llevar por el pacífico viento que soplaba esa noche y la luz de la luna, parecía ser la última noche tranquila de la que disfrutaríamos antes de que el otoño llegara. Yo sabía que no podía quedarme mucho más tiempo en el palacio, debía regresar a mis tierras para cuidar de ellas antes de que el invierno se hiciera presente. De no haber sido por Miku, lo más probable es que ya estuviera de regreso en mi propia casa. Me perdí momentáneamente en mis pensamientos, imaginando todo lo que tendría que hacer cuando regresara, pensando en mis propios deberes que había eludido olímpicamente con la excusa de venir al palacio. Cuando volví a concentrarme en el jardín, mi querida Miku ya no estaba.
En un instante de pánico, abrí la puerta de mi habitación y salí al pasillo, con la intención de salir a buscarla. No obstante, tuve que esconderme en las sombras cuando escuché el ruido de los pasos apresurados de un par de delicados pies. Era ella, mi princesa, corriendo hacia sus aposentos con la llave en mano y una mirada llena de determinación en su rostro. Al verla, intuí que había llegado el momento. Estaba casi seguro de que iba a abrir el estuche de violín, y era crucial ver su reacción al descubrir su interior. Para mí era más que un simbolismo de mi doble personalidad con ella, significaba que finalmente mi más intenso anhelo se haría realidad. Si ella me aceptaba, sería mía. Sólo mía, de una vez por todas.
Corrí detrás de ella, escondiéndome en las sombras para evitar que ella me viera. El calor se apoderaba de mis músculos y mis sentidos ante la expectativa de la verdad final. Incluso tuve que aflojar mucho la corbata que mantenía mi camisa en su sitio, pero sentía que me asfixiaría si no lo hacía. La ansiedad se hizo dueña de mí, y mientras seguía a Miku entre los pasillos lo único que podía pensar con claridad era lo mucho que deseaba hacerla mía en ese instante.
(Miku POV)
Llevaba toda la noche dándole largas, pero no podía seguir prolongando la espera. La hora había llegado.
Podía sentir las mariposas revoloteando en mi estómago mientras caminaba hacia el estuche de violín, casi como un condenado caminaría hacia la guillotina. Había perdido el ímpetu con el que subí desde el jardín hasta mi habitación, ahora sentía miedo. En cierta forma, averiguar esa verdad que me había parecido tan seductora anteriormente ahora me parecía un poco atemorizante. Si la llavecita abría el estuche, quería decir que mis sospechas eran ciertas. Si no lo hacía, entonces tendría que seguir buscando y enfrentarme a muchos otros dilemas.
Pero, a pesar del miedo, sabía que debía averiguar la identidad del enmascarado. Su presencia hasta entonces había sido una magia platónica, una espiral de sensaciones nuevas sin rostro. Saber su nombre real me haría conocer al hombre verdadero, el ser de carne y hueso que había elegido disfrazarse para llegar a mi corazón. Era hora de ponerle fin al misterio.
La conversación que tuve con mi padre esa mañana volvió a mí para darme renovadas fuerzas. No tenía motivos para sentirme culpable, pues había comprendido que el hecho de ser una princesa, una dama, una señorita, no podía ser un impedimento para mi felicidad. Éste era mi deseo, y nadie podía arrebatármelo.
Inhalé y exhalé profundamente varias veces para tomar impulso, antes de dirigirme sin más vacilaciones ni rodeos a la mesita sobre la que reposaba el estuche de violín. Introduje la llave en la pequeña cerradura y le di la vuelta, y escuché el seguro abrirse con un suave clic. Mi corazón se detuvo por unos instantes, mi cabeza era un torbellino de emociones confusas, pero mis brazos levantaron la tapa del estuche por inercia y revelaron ante mí la imagen de un par de guantes blancos y una máscara blanca reposando en su interior. Cuando mi corazón comenzó a latir otra vez, supe que desde un principio mis sospechas eran correctas. Kaito era el hombre enmascarado. El niño de diez años lleno de bondad, el duque frío e indiferente que conocí en la fiesta, el amigo que me apoyó durante mi recital, y el hombre sensual y atrevido que me visitaba por las noches. Todos ellos eran Kaito.
No tuve mucho más tiempo para meditar sobre el asunto, porque algo extraño comenzó a suceder sin que me diera cuenta. Había alguien más conmigo en esa habitación. Un fuerte brazo se enroscó en mi cintura, aprisionándome contra un fornido cuerpo. Escuché el leve silbido de tela resbalando sobre tela, y a continuación vi una corbata negra en el suelo junto a mis pies. Tenía una gran confusión, pero ésta desapareció por completo cuando una voz masculina ronca susurró en mi oído:
-Miku.
Sólo mi nombre, pero el cosquilleo de su aliento en mi piel fue suficiente para que me sonrojara y comenzara a temblar. Sabía que se trataba de Kaito. Sin embargo, algo no era normal, me estaba abrazando con demasiada fuerza, nuestros cuerpos estaban demasiado juntos, sus grandes manos estaban sujetándome demasiado cerca de mi pecho.
Hice un esfuerzo y conseguí separarme de él, pero lo que vi hizo que me estremeciera tanto de temor como de ansiedad y anticipación. La mitad de su pecho estaba descubierto, dejándome ver sus bien definidos pectorales y abdominales. Su cabello azul estaba alborotado, como si acabara de realizar una salvaje carrera, y sus ojos celestes me miraban como si quisieran penetrar en lo más profundo de mi alma. Reconocí esa expresión, esa manera de mirar, era el más descontrolado y fiero deseo. Nuevamente estaba sola en mi habitación con él, pero ahora el secreto había sido descubierto, el hechizo se había roto, y éramos sólo un hombre y una chica a solas a media noche.
-K-kaito… - dije, tartamudeando su nombre, mientras él se acercaba a mí a grandes zancadas.
Con cada uno de sus pasos, yo retrocedía, atemorizada por la intensidad de su mirada. En un abrir y cerrar de ojos mi espalda estaba apretada contra la dura pared, y uno de sus brazos se estampó a mi lado para acorralarme. Una sonrisa de satisfacción se abrió paso en las facciones de Kaito, y yo no pude hacer más que observarlo con temor. Era obvio lo que estaba sucediendo, y sabía que debía rechazarlo, pero sencillamente no podía hacerlo. No quería apartarlo. No podía reunir la fuerza para propinarle un empujón y salir corriendo para llamar a los guardias, ni quería que él se sintiera decepcionado y herido al ver que yo no le correspondía en su pasión. Sobre todo, porque en el fondo de mi alma sabía que sí le correspondía.
-Miku… -susurró él, sujetando mi rostro con su otra mano y acercándose a mí – Llevo mucho tiempo soñando con éste momento.
-Kait-to, y-yo… - traté de decir, pero no podía parar de vacilar y tartamudear como una idiota.
-Miku, te amo. – me interrumpió él, y la solemnidad y seguridad con la que pronunció esas palabras me obligaron a creerle. Mi corazón parecía querer salir de mi pecho, pues comenzó a latir como si no hubiese un mañana. – Te has convertido en mi mayor pasión, mi obsesión, todo lo que deseo. Quiero que seas mía.
Sus palabras y el tono de su voz me hicieron estremecer, sentía fuertes cosquilleos en la base de mi estómago, mi vientre y mis partes más privadas. Quería que Kaito se acercara aún más, que cumpliera con todo eso que decía.
-Sólo necesito tu permiso, Miku. – prosiguió él, acercando aún más su rostro al mío, hasta que ambos estuvimos a meros centímetros de distancia – Dime si me correspondes o no. Sólo tienes que decirme si compartes la misma pasión que yo.
Si el fuego que corría por mis venas en aquél momento era la pasión, entonces sí la compartía. Y si él podía hacer que todo se intensificara de esa manera, entonces debía darle permiso. Dejaría de ser una princesa y una dama respetable por un segundo, para que él pudiera ayudarme a nublar mi mente con esos ojos tan intensos y ese tacto que quemaba.
-Hazme tuya. – susurré, apenas lo suficientemente alto para que él pudiese escucharme, y al ver el brillo renovado en su mirada supe que había comprendido mi mensaje.
Entonces, con el correr del reloj como único testigo, cerré los ojos, preparándome para recibir el impacto de sus labios sobre los míos.
Fin... por el momento.
Espero que les haya gustado ;D pero no olviden que esto no es todo, aún falta el epílogo! donde sabremos lo que el futuro le trajo a nuestros queridos vocaloids =3
Quiero enviarle un gran abrazo virtual a todas las personas que se tomaron la molestia de enviarme un review, quiero que sepan que les aprecio desde lo más profundo de mi corazón de escritora ^^gracias a ustedes tengo la motivación para continuar!
No olviden dejarme un review con sus opiniones, críticas constructivas, y mensajitos navideños x3 yo pediré para Navidad un clon tamaño natural de Len, Kaito y Gakupo para mí solita! xD
Matta-ne!
