Capitulo 9
Dies Irae (Parte I)
Retrocediendo diez años atrás, bajo un cielo estrellado y la deslumbrante e inusual luna de sangre que era un fenómeno cósmico que se repetía cada trescientos años. Equestria celebraba con entusiasmo una de las noches mas esperadas del año, en donde la elegancia, la fama, y el glamour, se reunían en el Palacio Real de Canterlot para festejar la Gran Gala del Galope.
Los invitados ingresaban en fila galantemente por la entrada principal del palacio, donde eran recibidos cordialmente por la Princesa Celestia que seria su anfitriona de esa noche. Dándoles a cada uno una calurosa bienvenida en lo mas alto de los escalones como era habitual en cada año.
En el gran y lujoso Salón de Baile, la aristocracia de Equestria y de otras partes del mundo se juntaban para beber, charlar, y bailar, estrenando sus elegantes trajes y vestidos hechos por prestigiados diseñadores como Photo Finish, que antes de jubilarse como fotógrafa en el futuro, en aquel tiempo estaba en pleno auge compitiendo contra otros rivales en esta loca e interminable carrera de la moda.
Mientras la destacada orquesta filarmónica tocaba famosas sinfonías que aun perduraban en el tiempo junto con sus instrumentos. Entre ellos se encontraba la madre de Octavia, que así como lo haría su hija en un futuro próximo, manejaría su ancestral violonchelo con una destacable pasión, belleza y elegancia. Los aristócratas danzaban en la pista de baile con sus parejas en una impecable ordenanza y sincronización al son del Ballet No. 2 in G Major del Rosamunde de Franz Schubert… Pero en un rincón alegado de las danzas; y sin estar interesado en hacer amistades con ponis que solamente se llevaban bien por el único vinculo del dinero. Un humilde Mefistófeles que estaba vestido con una fina capa azul zafiro y una artística mascara de gala blanca. Buscaba sin resultado alguno por todo el salón a su amada "Angel of Music", que así era como llamaba cariñosamente a Cadence aludiendo al Fantasma de la Opera.
Una de las cosas que no había considerado Twilight, aunque no la culpaba ya que hizo lo mejor posible por ayudarlo. Era que además del ticket también se requería una invitación firmada por la propia Celestia para ingresar a la gala, cosa que era casi imposible de falsificar en esos tiempos… Pero era allí donde el ingenio y las agallas entraban para hacer su actuación.
Mefistófeles elaboro un ingenioso y osado plan la noche anterior que era secuestrar y paralizar con una poción a uno de los afinados invitados, robándole su capa y suplantándolo en la gran gala sin problemas. Hasta ese momento, el engaño de que era un "educado y adinerado Sir" proveniente de Hollow Shades seguía resultando a la perfección; disuadiendo toda posible sospecha o denuncia ya que la mayoría de los que asistían a esta gala eran ponis arrogantes, discriminadores, y bastante altaneros.
—¿Dónde estará ella? ¿Acaso habrá asistido a la gala? —se preguntaba una y otra vez en su mente Mefistófeles, hasta que en un rincón ve como un caballero de la alta aristocracia le grita furioso a una joven pegaso de la servidumbre que sus copas accidentalmente habían caído en su lujoso traje.
—¡Estupida, este traje me costo muchos bits de oro!.
—¡L-Lo lamento mucho! —se disculpaba atemorizada la pegaso.
—Ahora vas a lamentarlo…
Cuando el aristócrata levanto su casco para abofetearla, Mefistófeles intervino oportunamente lanzándole un hechizo que lo dejo completamente paralizado en el suelo. El unicornio nocturno le escupió con asco, para luego ayudar a la pegaso a levantarse.
—¿Se encuentra bien, señorita?.
—Uhm, si… muchas gracias —sonrió tímidamente a su salvador.
Su melena le cubría parte de su rostro y aunque Mefistófeles lo desconocia, había salvado a la madre de Fluttershy; que en esos tiempos trabajaba en el Palacio como parte de la servidumbre. La belleza y el nivel de timidez eran similares al de su bondadosa hija, que eran casi iguales con la única diferencia que Fluttershy prefería vivir en los alrededores del Bosque Everfree que en Cloudsdale.
—En verdad no se como agradecérselo, fue muy noble de su parte al defenderme.
—Bueno, podrías devolverme el favor ayudándome a encontrar a la Princesa Mi Amore Cadenza, ¿tienes idea en donde se encuentra?.
—¿La Princesa Cadence? Hace unos momentos la vi en una junta con sus amigas y sus amantes en el Jardín Real del Palacio—respondió mirándole dudosa—. ¿Quiere que lo lleve a ella?.
—No… pero si no es mucha la molestia, ¿podrías informarle que un amigo muy especial desea verla en los Jardines de Esculturas?. Necesito hablarle sobre algo importante y quiero que venga sola.
La pegaso asintió con un movimiento de cabeza, agitando sus alas para emprender su vuelo tímido, mientras Mefistófeles estaba muy ansioso celebrándose así mismo de que su plan improvisado estaba marchando a la perfección como una sinfonía, pero lo mas difícil estaba por venir...
Cinco minutos después, el buen Mefistófeles ya estaba en los famosos Jardines de Esculturas de Canterlot, ya que la distancia entre esta y el Palacio Real era bastante corta y muy fácil de llegar. Se encontraba esperando pacientemente la llegada de la Princesa frente a una imponente estatua de una pony alzando una bandera, que simbolizaba la victoria.
Mefistófeles estaba muy nervioso, era la primera confesión de amor con una yegua y todavia no se decidía sobre que decirle y la forma de cómo actuaría. Se paseaba de un lado para otro, con su ramo de giralunas como si fuese un salvaje tigre acorralado dentro de una jaula… hasta que la voz de ella le robo el calor de su sangre.
—¿Mefistófeles? ¿Eres tu?.
El unicornio nocturno se volteo hacia ella lentamente, finalmente habia llegado el momento que habia estado esperando. La Portadora del Amor venia vestida con una curiosa y llamativa capa dorada con brillos blancos, echo especialmente y como obsequio de su ultimo cumpleaños por parte de la Princesa Celestia. Incluyendo su conjunto tradicional de joyas reales, como su corona y su collar hechos de oro puro.
—B-Buenas noches… P-Princesa Mi Amore Cadenza —tartamudeo Mefistófeles con una sonrisa tímida.
—Mefistófeles, me alegra mucho que hayas venido; aunque fue algo inesperado ya que no vi tu nombre figurar en la lista —le saluda con un abrazo Cadence.
—Ah, si. Bueno, es una larga historia que prefiero no contarla —soltó una risa nerviosa, mientras una molesta voz en su mente estaba en conflicto con el—. ¿Qué estas esperando, idiota? ¡Deja de arruinarlo y has lo que viniste a hacer!.
—¡Por Celestia! ¿Esas son giralunas? —pregunto emocionada Cadence.
—¿Uh?… ¡Ah, si! L-Las traje especialmente para ti, Cadence.
—Son muy hermosas. Cuando yo era niña, mi tía Celestia me conversaba mucho sobre estas extrañas flores que crecían en llanuras enteras.
—No sabia que estaban en Equestria —dijo Mefistófeles con interés.
—Fue hace mil años, comenzaron a extinguirse luego de que mi tía Luna fuera desterrada de Equestria; poco antes de que finalizara la Guerra Civil entre diurnos y nocturnos —Cadence olfateo los giralunas, disfrutando su aroma hasta que las dejo a un lado cuidadosamente—. Las colocare en el florero de mi habitación… ¿Cómo es que las conseguiste?.
—En el corazón del Bosque Everfree, allí están creciendo por montón en una pequeño campo abierto… aunque es de admitir que fue un reto extraerlas. Casi hice que me devoraran unas plantas carnívoras emperatrices —rió divertido Mefistófeles, hasta que sintió que ella calidamente lo abrazaba; solo que mas fuerte, quedando su cuerpo totalmente paralizado.
—Muchas gracias, son muy hermosas aunque no debías arriesgarte mucho.
—N-No es nada, Cadence. Me hace muy feliz de que te hayan gustado —contesto con una amplia sonrisa.
Mefistófeles no pudo controlar sus patas en corresponderle ese dulce abrazo que ella misma le ofrecía, sintiendo una calidez que temperamentaba su cuerpo frió. Su aroma era deliciosamente especial, algo que nunca había experimentado; y eso que olfateo muchos aromas alrededor de todo mundo. Cuando llego el triste momento de tener que separarse de ella, se apeno mucho cuando esta le dirigió su mirada .
—Una de las sirvientas me dijo que querías verme aquí para hablar sobre algo importante —Cadence se sentó a su lado, mientras se escuchaba el dulce cantar de los grillos en el ambiente, sonriéndole con dulzura—. Entonces, ¿Qué es lo que querías decirme?.
El unicornio nocturno jamás en su vida se había sentido tan tenso; que al momento de levantar su mirada, sus ojos dorados quedaron sorprendidos ante ella. Hasta ese momento, no había notado lo hermosa que se veía la Portadora del Amor bajo la luz de la luna llena. Tenia un color especial en su crin y en su pelaje; pero mas que nada, en sus propios ojos violeta grisáceo. Su corazón palpitaba mucho por ella, tanto que sentía que en cualquier momento le daría un paro cardiaco, pero había llegado el momento de dejar de acobardarse a si mismo y revelarle sus sentimientos ahora o nunca.
—Mefistófeles, ¿te encuentras bien? Pareciera que tuvieras fiebre… —dijo Cadence posando su casco derecho en su frente.
El unicornio solo negó con un movimiento de cabeza alejando levemente su casco de su frente. Pero al estar demasiado cerca, sus cuernos se cruzaron una contra la otra, mirándose fijamente a los ojos hasta que un rubor intenso apareció en las mejillas nocturnas de Mefistófeles; creando un color que no había conocido la Princesa.
—C-Cadence. A-Antes de que yo… —Mefistófeles cerro sus ojos respirando profundamente, reuniendo la valentía requerida para proseguir, aunque sus labios tiritaban de nervios—. Antes de que llegara aquí a Canterlot, con el único propósito de poder estudiar en la Academia de Magia y así alimentar y poner a prueba mis conocimientos… He tenido una vida que de seguro nadie querría caminar en mis cascos. El brutal asesinato de mi madre, el exilio decretado por mi desgraciado padre; y la marginación por parte de otros ponis, me convirtieron en un unicornio desconfiado y muy distante de los demás. Los viejos libros se convirtieron en los únicos amigos que yo tenia y confiaba… hasta que las conocí a ustedes dos: Tu y Twilight Sparkle.
El unicornio nocturno hizo una breve pausa, recordando los momentos agradables y divertidos que paso con la joven alumna de la Princesa Celestia; que la consideraba para siempre como su única gran amiga.
—El poco tiempo que estuve aquí, descubrí gracias a Twilight lo que era la verdadera amistad. Pero gracias a ti, descubrí algo tan inusual para mi corazón que jamás había experimentado en toda mi vida.
Mefistófeles se quedo en silencio, se encontraba bastante nervioso como para poder continuar… pero para su sorpresa, sintió que Cadence tomaba su pata derecha con suma delicadeza; ayudándole a disuadir esa tensión.
—¿Que fue lo que te hice descubrir, Mefisto? —pregunto Cadence con suavidad.
—¡Te amo, Cadence! ¡Te amo desde la primera vez que te vi! —exclamo Mefistófeles sacándose esas complicadas palabras que se había guardado para si mismo, mirándola fijamente a los ojos—. Cuando estoy cerca de ti, me siento vulnerable y pareciera que me robaras el calor de mi sangre y el aire de mis pulmones. Estoy tan perdidamente enamorado, que no puedo olvidar esos deslumbrantes ojos, esa hermosa sonrisa que pareciera ahuyentar las sombras tenebrosas de mi pasado. Eres muy amable, gentil, compasiva, tolerante, bondadosa… y has encadenado completamente mi corazón nocturno, My Angel of Music.
Por un momento el silencio reino el lugar, pero Mefistófeles sintió como los cascos de Cadence tomaban delicadamente su rostro; no sabia que hacer, todo esto era bastante nuevo para el. Cadence había quedado conmovida por su sincera y sentimental confesión, que para responderle no dudo en posar sus labios en los de el. Un párrafo en el diario de Mefistófeles, explicaba con detalle e inspiración lo que había sentido en ese momento:
Mi cuerpo había quedado totalmente petrificado mientras sentía que mi corazón danzaba de alegría, ¿ella en verdad me había besado?. Sentía que en cualquier momento lloraría de felicidad, mi primer beso; la caricia mas hermosa que puede existir en el amor, con la yegua que mas amaba en el mundo… jamás lo olvidaría.
Mi primer beso fue como una gota de miel en mis labios, sacada del mas puro panal; aunque su sabor era dulce como una cereza en buena época. Fue como el Pilgrim's Chorus "Beglückt darf nun" de la Opera Tannhäuser, me sentí como si estuviese en el Valhala o en la cima de una gran montaña jamás escalada. La rodee fuerte entre mis patas, queriendo no separarme de Cadence nunca, y deseando que estuviésemos juntos para siempre como en un cuento de hadas… Pero fui un iluso al creer que esa noche tendría un final feliz.
Desafortunadamente, una escuadrilla de diez pegasos y unicornios; liderados por un joven guardián que tenia casi la misma edad que Mefistófeles; con armadura reluciente; de cuero blanco y crin azul con brillos celestes, llegaron agresivamente rodeando al nocturno con sus afiladas espadas y lanzas. Su joven líder; que era un simple sargento, se acerco a Cadence que le miraba demasiado tensa.
—Shining Armor… —musito Cadence mientras su "pony especial" le miraba muy molesto—. P-Puedo explicarlo…
—Mas tarde me encargare de ti, pero no vengo por eso… vengo porque la Princesa Celestia decreto una orden de detención para tu "amigo" —informo Shining Armor.
El joven guardia real se acerco hacia el nocturno, era la primera vez que Shining Armor y Mefistófeles se conocían frente a frente. Pero al observarse con indiferencia y frialdad entre ellos, parecía que el destino los puso como enemigos desde que estaban en la vientre de sus madres. A pesar de que ambos llevaban una vida diferente, usaban distinta clase de magia; y tenian un diferente estilo de combate como la esgrima de espada y el naginatajutsu. Los dos unicornios tenían solo una cosa en común: amaban con locura a la misma yegua.
Shining saco su maza de arma tipo Shestopyor mostrándosela de cerca al nocturno; aunque Mefistófeles no se dejaba intimidar por el tan fácilmente. Había vivido con tantas amenazas durante toda su vida que finalmente aprendió a desafiarlos.
—Bajo la autoridad que se me otorga la Princesa Celestia, vamos a castigarte por tu atrevimiento de agredir a un miembro destacable de nuestra comunidad.
—Tengo entendido que no me leerás mis "derechos civiles" ¿cierto? —ríe con burla Mefistófeles.
—Vas a pagarlo muy caro por meterte con Cadence —amenazo seriamente.
—¿Y que te hace pensar que ella es de tu propiedad?.
Mefistófeles no vio venir el fuerte golpe en la sien con la Shestopyor, que además de romper fácilmente su mascara de gala, también le dejo con una herida sangrante en su cabeza. Shining se desquito con el nocturno, siendo ayudado por los demás guardias reales que lo golpearon sin misericordia a pesar de que Mefistófeles estaba desarmado y se negaba a pelear en frente de Cadence; que intentaba frenarlos en vano.
—¡Por favor, ya basta! ¡Lo están lastimando! —exclamaba Cadence, pero sus suplicas eran ignoradas por los rudos guardias que no le quedo otra que levitarlos a todos con su magia para alejarlos de Mefistófeles.
—¡Cadence! ¡¿Por qué te entrometes defendiendo a ese maldito nocturno?! ¿Qué no vez que es un criminal? —acuso Shining mientras ella se interponía entre ellos y Mefistófeles.
—No apruebo lo que hizo, pero tampoco que Uds. lo traten con violencia. ¡Ahora lárguense! —exclamo Cadence muy furiosa.
Mefistófeles se levanto del suelo, con sus patas tambaleantes haciendo un increíble esfuerzo a pesar de los brutales golpes que por poco casi le causaron fracturas en sus extremidades, y cuando alzo su mirada hacia ellos, los guardias reales quedaron sorprendidos ante lo que sus ojos veían; y Cadence no fue la excepción al voltearse hacia el.
La parte derecha del rostro de Mefistófeles parecía estar cubierta por una gran costra amarillenta que casi reemplazaba su piel; y que estaba carcomida como si unos parásitos se lo hubiesen devorado. Su ojo derecho estaba casi medio cerrado por unas extrañas y pequeñas inflamaciones negras del tamaño de un lunar, que parecían tener pulso en su parpado; y que con los años parecían haber crecido un poco.
—Por el amor de Celestia —murmuro uno de los pegasos—. Su cara...
—Cadence, se lo que estarás pensando, pero déjame explicarte… —Mefistófeles se cubrió rápidamente con su capa, tratando de razonar con la joven Princesa, pero una reacción inesperada en ella freno sus pasos.
—No te acerques… —musito Cadence retrocediendo cautelosamente.
—¡Por favor! ¡Esta cosa que tengo en mi rostro, no es mi verdadero yo…!.
—¿Qué no escuchaste? ¡Aléjate de mi, monstruo! —grito Cadence desesperada.
—¡Rápido! ¡Protejan a la Princesa! —exclamo Shining Armor, disparando una esfera de energía como bengala hacia el cielo, mientras los pegasos se abalanzaron contra el unicornio con sus armas.
Mefistófeles al escuchar esa palabra tan hiriente; y mas viniendo de la yegua que amaba con todo su corazón, había quedado choqueado y herido sentimentalmente. Un fuerte golpe en su lomo lo hizo volver en si con el dolor, mientras mas ponis de la Guardia Real; entre diurnos y nocturnos hacían un perímetro alrededor de la zona, bajo la mirada expectante de Cadence.
—¡Cuidado con tocarlo, soldados! No queremos otra epidemia por culpa de este desfigurado bastardo —aviso a lo lejos Shining.
Un unicornio nocturno se encargo de colocarle en el cuello a Mefistófeles un grillete de acero, mientras otros encadenaban sus patas delanteras y traseras, en caso de que este quisiera escapar corriendo. La depresión en Mefistófeles se le notaba en su cara, que no opuso resistencia en cuanto le pusieron una especie de talismán: un anillo de piedra azul recogida en el Tártaro que bloqueaba cualquier energía mágica de su cuerno eficazmente.
En el Reino de Equestria, las enfermedades eran un caso tan normal como un resfriado, que entre la población civil no había razones de temerles, gracias a los avances de la medicina… pero las deformidades de nacimiento eran inusuales que no había muchos registros de ellas. Mas que una "maldición", Mefistófeles había nacido con una mutación o enfermedad facial; el primer caso conocido en el mundo, que aun no había explicación de como pudo nacer de esta forma. a pesar de que no le fue heredado por ningún antepasado en su árbol genealógico, quedando como un enigma de la vida sin resolver.
Los equestrianos allí presentes temían que el fuese portador de una enfermedad "contagiosa" que pudiera crear una devastadora epidemia en toda Equestria, como en su momento lo fue la Viruela Cutie o la Broma Venenosa, que después de desaparecer por si sola dejaron una singular herencia en la mentalidad de la población; y esto era la paranoia, como se demostró cuando AppleBloom se contagio así misma con la Viruela Cutie.
El lugar no tardo en llenarse de curiosos espectadores, que cada vez mas comenzaban a llegar a los Jardines de Esculturas para averiguar el porque del alboroto, pero en cuando se fijaron en el unicornio nocturno con su desfiguración a la vista, muchos ponis le dirigieron miradas de horror y disgusto en sus caras. Una de las amigas mas cercanas de Cadence, la hermosa Fleur de Lis; futura esposa de Fancy Pants, se le acerco a ella con una curiosidad disimulada, haciéndole una pregunta que escucho perfectamente Mefistófeles.
—¿Quien es este unicornio, Cadence? ¿Es amigo tuyo?.
Todos los que estaban a su alrededor esperaban su respuesta; ya que unos ciertos rumores no tardaron en circular entre los invitados de gala, y cuando miro a Mefistófeles que la observaba con una mirada afligida, una respuesta inesperada puso en shock al nocturno.
—… No, no es amigo mió, jamás lo he visto en mi vida. El solo se acerco a mi diciendo que me amaba, pero nunca le entregaría mi corazón a un nocturno, ni mucho menos a un monstruo como el.
Mefistófeles fue jalado de la cadena en su cuello como si fuera un animal salvaje, alejándolo lo mas pronto posible de los Jardines de Esculturas. Habían recibido ordenes de subirlo hacia una de las carrozas militares de la Guardia Real y llevarlo a Appleloosa lejos de Canterlot, ¿tal vez a una prisión? ¿sacarlo de los limites de Equestria?… ¿O asesinarlo y enterrarlo en una profunda fosa en medio del árido desierto?… Sea cual sea su destino, para Mefistófeles, ya no le importaba lo que hicieran con el, estaba tan sumido en una profunda depresión que nublaba toda razón o ganas de seguir existiendo, sumiéndose en sus pensamientos llenos de preguntas.
—¿Por qué? ¿Por qué Cadence dijo todas esas cosas? Ella me beso con cariño y me defendió… ¿Acaso estaba jugando conmigo o fue mi rostro la que la hizo cambiar de opinión?.
—Tal vez debas averiguarlo por ti mismo…
—¿Para que? ¿Para que quede mas herido de mis sentimientos de lo que estoy ahora? —respondió Mefistófeles a su voz interior—. Prefiero dejarlo todo como esta, fracase… como siempre.
—¿Prefieres quedarte con la duda? Créeme que no perderás nada en descubrirlo… El muy estupido guardia que tienes a tu derecha esta casi medio dormido, y el es quien lleva las llaves.
Mefistófeles miro caudalosamente de reojo al guardia, notando que el manojo de llaves de su libertad estaba colgando a la vista y sin precaución en el cuello de su brillante armadura. Luego volteo hacia el otro guardia, que parecía estar mas concentrado en el camino que en su infortunado prisionero. El unicornio nocturno sonrió de medio lado, esperando hasta que la carroza sobrevolara los sombríos territorios del Bosque Everfree, calculando el tiempo de reacción y contando antes de que los pegasos entraran a una densa y tormentosa columna de nubes eléctricas.
En otro lado del mundo, muy alejado de la Gran Gala del Galope y de Canterlot, en los oscuros alrededores de Mnajdra. En el arrecife del antiguo templo sobre la Colina de la Madre Tierra, en donde anteriormente vivía Magnolia y todas sus antepasados. La hechicera Myrrina se despertó muy agitada saliendo del agua de un salto hasta la orilla, ya que había tenido una horrenda e inusual pesadilla que mostraban los sucesos del brutal Genocidio de Trottingham, pero lo que era mas importante, al perpetrador de ojos dorados y de sonrisa cruel, que lideraba a sus escuadrones de la muerte blandiendo con herejía la sagrada naginata; que en el pasado había servido para el bien por las sacerdotisas.
—No… no puede estar pasando. La noche que mas atemorizo a Magnolia y que lo profetice esta a punto de suceder —musito la Sea Pony levantando su mirada hacia el cielo—. Por favor, Atargatis. Te suplico con mi alma que no permitas que Mefistófeles se deje dominar por la oscuridad.
Regresando a Canterlot, en donde se estaba escabullendo lo mejor posible de sus hermanos de raza nocturna. Mefistófeles había regresado a duras penas gracias a las eficaces teletransportaciones que tuvieron que absorber una cantidad enorme de su energía mágica para avanzar sin ser descubierto. El deseo de continuar estaba muy impulsado, ignorando los moretones y rasguños que consiguió en la caída de su escape que alivio levitándose a si mismo.
Había recorrido los Jardines de Esculturas, el Salón de Baile, su propia habitación, y todos los lugares que frecuentaba la Princesa Cadence, hasta que tomo un descanso sentándose justo al lado de la estatua de Discord; que muy seguramente lo estaba observando sin que se diera cuenta.
—Mi tiempo se esta acabando, debo encontrarla antes de que los Guardias Reales den la alerta de que me encuentro aquí.
El unicornio nocturno dirigió su mirada hacia el laberinto, no sabia porque, pero algo le decía que ella se encontraba allí. Conjurando un hechizo especial en sus cascos que le permitían caminar ligeramente como un gato, se adentro dejándose guiar por su corazonada que con resultados lo iba llevando por el camino correcto hasta ella.
—¡Ya detente, Shining…! —exclamo entre risas Cadence, mientras estaba apoyada contra un manzano, recibiendo los besos del guardia real en su cuello—. Alguien nos va a ver.
—No te preocupes, usualmente vienen muchas parejas en este laberinto, y nadie se preocupa de lo que estén haciendo —Shining detuvo sus besos, separándose un poco de ella acariciando su cabello con su casco cariñosamente—. Aun sigo molesto contigo por haberte metido con un nocturno que podía haberte contagiado.
—No te preocupes, los médicos me revisaron y dicen que estaré bien —dijo Cadence, pero noto que Shining Armor la observaba seriamente.
—No me molesta que tengas un ejercito de pretendientes que se te declaren casi todos los días del año, lo que me enfurece es tu infidelidad conmigo que esta vez casi te revuelcas con un nocturno.
Cadence solo estaba en silencio muy avergonzada, mientras sin que ambos se dieran cuenta, estaban siendo espiados por Mefistófeles que podía ver y oír todo lo que ellos decían, aunque estaba muy intrigado con una cosa, ¿a que se refería con que Cadence era "infiel" con el? ¿Acaso ellos eran…? ¡No! Twilight le hubiera dicho que ella tenia novio… ¿O es que acaso ella tampoco lo sabia?.
—Solo estaba jugando un poco con el, ni siquiera pensaba tenerlo como "amante" o algo por el estilo. ¿Cómo podría amar a un nocturno tan feo y tonto como el? Su amor era una simple ilusión, algo infantil… y solo espero no volverlo a ver mas en mi vida —Cadence tomo su rostro con ambos cascos, mirándole provocativamente a los ojos— Tu en cambio, eres atractivo y fuerte; algo que el jamás será, y al único que amare por siempre es a ti, mi amor.
Shining sonrió complacido por la respuesta, finalizando esa tensa conversación con un profundo beso que se intensificaba poco a poco. Mefistófeles ya había escuchado suficiente, queria largarse de allí lo mas lejos posible, si ella no queria volverlo a ver mas… cumpliría su deseo. El dolor en su corazón superaban cualquiera en el ámbito físico que había recibido en su vida, sus lagrimas seguían cayendo por su rostro afligido, y hacia mucho tiempo que no lloraba de angustia desde la muerte de su querida madre, Magnolia.
En su propio diario, había unos párrafos que relataban lo que sentía en ese momento, además de lo que ocurrió después de retirarse de Canterlot:
Cada vez mas, mi corazón se encogía a medida que el dolor poseía mi cuerpo, no podía dejar de llorar; mis lagrimas dejaban un rastro de gotas por todo el camino mientras me dirigía a recoger mis cosas. La yegua que mas amaba, la Princesa que le exprese mis sentimientos lo mejor que pude y que jure en mi interior que protegería aunque tuviera que dar mi vida por ella… yo era un juego según sus palabras. Ella solo se interesa en la belleza física; algo que yo no tenia, y no en los sinceros sentimientos de uno.
¿Cómo es que pude ser tan ingenuo en creer que ella me amaría? Cadence lo había dicho, yo era feo, un estupido deforme enamorado que ya ni siquiera me consideraba su amigo. Aun llevo en la mente esa mirada de horror que puso cuando vio mi rostro… Por Nightmare Moon, aunque yo era tolerante con los demás, no podía evitar odiar esa expresión cuando me veían.
Tome el ultimo tren que llevaba hacia Ponyville, desde allí haría un trasbordo para alejarme lo mas pronto de Equestria. Ya no me interesaba continuar en la Academia de Magia de la Princesa Celestia, lo único que queria era irme de este maldito Reino… Pero cuando llegamos a la pequeña aldea, mi sorpresa no fue nada agradable.
La estación de trenes estaba rodeada de guardias reales, además de algunos hostiles aldeanos con antorchas y tridentes que esperaban mi llegada con la única intención de asesinarme. Los guardias les habían mentido transmitiendo su paranoia, informándoles de que yo era portador de una especie de enfermedad "contagiosa", y que si no tomaban medidas drásticas, causaría una epidemia desastrosa por toda Equestria.
En ese entonces, no tenia intenciones de lastimar a nadie; ni siquiera en defensa propia, trate de razonar con estos ponis, pero tenían la despiadada idea de asesinarme y cremarme en una fosa. Mi única alternativa era correr lo mas rápido que mis patas podían, siendo cazado incansablemente como un animal salvaje, hasta llegar al corazón del Bosque Everfree.
Mientras huía en dirección a la guarida del derrotado dragón asesinado hace unas noches, tropecé accidentalmente cayendo por un profundo agujero que por suerte la caída fue aliviada gracias a un estanque que se encontraba debajo (Debo agregar que el lugar probablemente era de la Era Paleo-Pony, ya que halle unos antiguos fósiles y jeroglíficos en los muros). Mis perseguidores siguieron buscándome en la superficie, pero jamás pensé que en ese escondite mi vida cambiaria para siempre…
Bueno, pido mil disculpas por haberme demorado y no cumplir con mi promesa inquebrantable de Pinkie de no haber actualizado el 31 de octubre. Los deberes del instituto me mantuvieron ocupado y me hicieron retrasarme en tener listo este capitulo tres semana, pero ahora lo posteo recien salido del horno.
Ahora, hemos conocido una parte importante de este Fic que revelo el porque del resentimiento y odio por parte de Mefistofeles hacia Cadence; justificable o no se los dejo a su criterio. Y en el proximo capitulo; que sera prometedor y eso se los aseguro, revelara como dejo que la oscuridad corrompiera su corazon, ademas de muchas otras cosas fuera de sus ultimos recuerdos y de la mision de rescate de Twilight y sus amigas.
Para dejar una curiosidad:
Atargatis: Conocida por otros nombres como əˈtɑrɡətɨs o Ataratheh, era una deidad siria "La Gran Diosa del Norte de Siria", se le describe en la mitologia como una diosa-sirena (probablemente la primera sirena conocida en el mundo) y es la gran diosa de la naturaleza, asi como de la fertilidad y de los mares. Aqui, Myrrina se refiere a ella como su diosa, ya que es la deidad de los mares y tambien de las Sea-Ponis.
El Dies Irae (Parte II) lo actualizare lo mas pronto que sea posible, y no olviden dejar sus preciados reviews.
¡Arrivederci!.
