n/a: Sseiya no es mio (por si no lo he dejado ya suficientemente claro...¬¬)


Capitulo 9: El sacrificio

Bajando por las escaleras del Santuario, Andrés y Andrea llegaron a la décima casa. La casa de Capricornio. Andrés entró volando. Desde que aprendió a volar apenas pisaba el suelo. Dentro de la casa encontraron al serio Caballero que la protegía. "Buenas tardes¿Eres tú el Caballero de Capricornio?"

"Si. Mi nombre es Shura." Entonces Andrés recordó. Ese es el que veía en mis visiones…

Tras las presentaciones le siguieron hasta una estancia donde había una estatua que mostraba una dama entregándole a un Caballero una espada. "Es una representación de cuando la diosa Atenea entregó a su mas fiel servidor la legendaria Escalibur. Ahora su poder lo guardo yo."

Andrés se sintió interesado por eso "¿Puedo ver esa espada?"

Shura se lo quedó mirando un rato como si lo estuviese valorando. "Creo que si. Veréis, yo opino que como Caballeros de Atenea está en nuestro deber el protegerla a toda costa ya que así protegemos la paz en la Tierra, incluso llegando al extremo de dar la vida por ella. ¿Lo entendéis?"

"Si, pero al ser una Diosa¿Como es que necesita nuestra protección?"

"Ella se reencarna en un ser humano. Los asuntos de las batallas os las dirá otro Caballero. A mi me basta con que demostréis que estáis dispuestos a grandes sacrificios."

Andrea ladeó la cabeza. "¿Cómo lo hacemos?"

Él la miró con detenimiento. "Tu ya lo has hecho. Según tengo entendido, nadie te obligó a hacerte Caballero. Sacrificaste tu pacifica existencia y vida para protegerlos a todos"

Ella se quedó sorprendida. "Entonces… ¿Ya he pasado la prueba?"

"Si"

"¡Genial!"

"Y yo ¿Qué?"

Shura se volvió hacia Andrés con semblante serio. "Tu estas aquí obligado. Eso no me vale. El hecho de que de no ser porque estabas preso en tu armadura ya te habrías ido a casa, no me inspira mucha confianza que digamos. Pero si veo que estas realmente dispuesto a sacrificarte para pasar esta prueba cambiaré de opinión."

"¿Qué debo hacer?" Preguntó desde las alturas.

"Lo primero, bajar."

"Jo…"

Andrés aterrizó junto a Shura. "Veo que te gusta volar."

"¡Oh si! Es estupendo. Además con estas alas puedo lanzar ataques."

"Ya veo… Bien, puedes quedarte aquí y dejarnos la lucha a nosotros. No te voy a obligar a pasar la prueba."

"¿Ah, no?"

"Pero si quieres ser Caballero. Si de verdad lo quieres… Demuéstralo. Sométete a la prueba."

Andrés frunció el ceño. "Estoy decidido. ¡Pruebame!"

"Deja que primero te cuente de que va la prueba y luego decides."

"Tienes que mostrar que puedes sacrificar algo muy valioso para ti."

El pobre no se atrevía a preguntar. "¿Cómo que?"

"Como tus alas."

"¿Qué? Pero las necesito. Nos salvamos gracias a ellas y es el único ataque que tenemos."

El Caballero estaba impasible. No iba a ceder. "Si no es valioso para ti, no sería un sacrificio."

"Si, vale… de acuerdo."

"Hay algo mas. Ahora que las puedes usar, forman parte de ti. Arrancándolas sentirás como si te arrancasen los brazos. Dolerá." Ninguno dijo nada, aunque Andrea puso cara de horror.

Finalmente, Andrés musitó. "Yo… necesito pensarlo."

"15 minutos." Andrés iba a salir de la casa para pensárselo y su hermana se le acercó para decirle algo, pero Shura la detuvo. "No le digas nada. Es decisión suya." Ella accedió de mala gana.

Andrea se sentó en las escaleras de la entrada trasera de la Casa de Capricornio. Observó como su hermano volaba en círculos sobre ella. Parece un buitre enorme. Shura se sentó a su lado. "¿Sólo él conoce un ataque?"

Ella bajó la cabeza, como si se disculpase. "Si, yo aun no se hacerlo."

"Tranquila, seguro que aprenderás."

"¿Sabes tú que ataques usaba el anterior Caballero de Géminis?"

"Ataques psíquicos, ilusiones. Pero la Explosión de Galaxias era su ataque más poderoso. Mortal. Pero no le gustaba usarlo demasiado."

"No parece eso lo que me habéis dado a entender. Con todo lo que se ha descubierto sobre él…"

"Lo se, no me lo explico. El no era así. Era bondadoso. Casi tanto como…Aioros"

Andrea observó como su cara se llenaba de tristeza. "Lo siento. ¿Le conocías bien?"

Él ocultó la cara entre sus manos. "Era como un hermano para mi y aun así yo… lo maté."

"¡Oh, no! Es terrible…"

"Lo se. Se que solo cumplía órdenes… pero eso no me quita la culpa, aunque él me perdone. Me he prometido que seré mas juicioso."

"Pero ¿Cómo pudo Saga hacer algo así?"

"No lo entiendo, a menos que lo poseyera un demonio…"

Ella puso cara de horror y se levantó asustada. "No lo dirás en serio… Pues casi que me lo creo. Desde que llegué aquí me habéis desajustado la realidad. Cualquier cosa parece posible." Shura no la miraba porque había alguien a su espalda. Andrés. Andrea vio en la expresión de su rostro la decisión que había tomado.

"¿Estás seguro?"

"Si"

"De acuerdo. Tendrás que dejar tu defensa al mínimo. Aun así tardaré en cortarlas, pues las armaduras son muy resistentes. Sobretodo las de oro."

Aquello no le gustó nada a Andrea. "¿Qué quieres decir con eso?"

"Que no será rápido."

Andrés suspiró. "Cuanto antes empecemos, mejor."

"Date la vuelta. Dijiste que deseabas ver a Excalibur. Pues la vas a ver."

Lo que ocurrió a continuación fue algo que Andrea no pudo olvidar nunca. Una hora después de que Shura empezase a lanzar ráfagas de energía con los brazos, que incluso cortaban el suelo de piedra, cuando Andrés estaba ronco de tanto gritar, se desprendió el ala derecha. Desgraciadamente la otra ala tardó aun más. Cuando todo acabó Andrés había perdido el conocimiento y no solo las alas habían caído, sino que casi toda la armadura que cubría la espalda estaba destrozada.

El caballero estaba impresionado. "No se apartó ni una vez a pesar del dolor. Me ha convencido. La siguiente casa es la suya. Deberíais descansar allí. Pero no demasiado tiempo. No nos sobra." Andrea cogió el cuerpo de su hermano y se disponía a partir cuando Shura le detuvo. "No olvides llevarte las alas."

"¿Para que? Ya están rotas."

"Tu hazme caso. Cuando lleguéis a la casa de Aries sabrás el porque." Mientras Andrea salía por la entrada de la casa de Capricornio se preguntaba a que venían las prisas del Caballero-Cuchillo por acabar las pruebas.


En una pequeña región de Alemania Una joven vestida de negro tocaba el arpa. Sabía que se acercaba el momento. El momento de reunirse de verdad con su hermano perdido. Por lo menos eso era lo que le habían dicho los dos grises visitantes. Grises como todo lo que la rodeaba desde que tiene uso de memoria.